Anillos

— Cásate conmigo.

Hermione se quedó mirando la mano de Remus que estaba sobre la de ella, escuchando las dos palabras repitiéndose en su cabeza sin parar. Cada segundo que pasaba hacían que las palabras perdieran el sentido, convirtiéndolas en un simple balbuceo repetitivo, un eco.

— ¿Hablas en serio? - preguntó Hermione atreviéndose a mirar al mago a los ojos.
— Si de verdad quieres quedarte y no hay otra opción - comentó Remus - estoy dispuesto a hacerlo.

Hermione volvió a bajar la mirada y se quedó mirando las manos que aun la sujetaban. Podía sentir el calor que irradiaba, la textura de su piel. Nunca había apreciado las manos de Remus, las arrugas de unas manos trabajadoras, una variada cantidad de cicatrices y uñas bien cuidadas. Lo único que la sacó del trance de sus manos, fue la argolla que rodeaba su dedo anular podía ver la argolla plateada, la razón por la que iba a rechazar su única posibilidad de quedarse en Londres.

— No - contestó Hermione liberando su mano de las de Remus - gracias, Remus, pero no puedo casarme contigo.
— Entiendo - sonrió Remus con su sonrisa característica - espero que no te haya incomodado o que esto cambie nuestra amistad, créeme que sé lo que implica estar casado con alguien con mi condición, entiendo perfectamente que Francia es mejor opción que...
— Remus, creo que no estás entendiendo - le aseguró Hermione - no puedo casarme contigo porque yo misma hice esta ley, sé lo que implica. Aunque hemos quitado las cláusulas de fidelidad, el contrato de matrimonio solo puede disolverse si se elimina la ley, lo que no va a ocurrir en un futuro cercano - Hermione colocó su mano sobre la de él - No puedo ser egoísta, no importa cuánto quiera quedarme, Remus, tú estás libre de esta ley y no voy a ser responsable de quitarte esa libertad.
— Hermione, estabas considerando casarte con Poundstone para poder seguir con las reformas del departamento, quizá si mereces ser un poco más egoísta.
— Podría decirte lo mismo - le recriminó Hermione - estás considerando atar tu vida con la mía, con un contrato mágico que podría durar toda tu vida.
— Quizá mis razones son egoístas, quizá quiero asegurarme que la reforma de hombres lobos sea aprobada.

Sin decir nada, Hermione se levantó de su asiento y caminó de un lado de la habitación a la otra, pensando, calculando, cuestionándose. Remus no la interrumpió, se quedó sentado mientras la bruja chistaba los dedos, igual como lo hacía en la oficina cuando alguien venía con algún problema que necesitaba una solución inmediata.

Una parte de él quería hacerla entrar en razón, decirle que hace mucho tiempo que se había resignado a una vida solitaria y que la libertad de la que ella hablaba no le servía para nada. Pero sabía que ella misma debía llegar a esa conclusión.

— Digamos que hipotéticamente estoy considerando casarme contigo - comentó Hermione parando abruptamente - antes de cualquier decisión necesito saber si estás hablando en serio y necesito estar segura que estás considerando todo lo que conlleva la ley.
— Si de verdad estás desesperada por quedarte, si soy tu única opción - explicó Remus - y si tú también consideras todo lo que significa unirse mágicamente a mi, si, estoy dispuesto a hacerlo.

Antes de volver a sentarse, Hermione movió su varita y una carpeta apareció en el escritorio.

— Remus, necesito que me prometas que si hay algo que te genere dudas, las hagas y si al terminar de revisar la ley ya no estás seguro, me lo dirás - pidió la bruja volviendo a sentarse - no importa si me lo propusiste, puedes decir que no incluso en medio de la ceremonia, no voy a sentir ningún tipo de traición, ni nada parecido.
— Te lo prometo - le aseguró el hombre lobo tomando la carpeta que había aparecido frente a él - ahora, ¿por dónde empezamos?

La ley, le explicó Hermione, no era muy larga, ni complicada. Gran parte de su creación se alargó para poder eliminar cláusulas que el Wizengamot consideraba en la mitad de su creación, pero al final era una ley relativamente corta, pero que contaba con un par de cláusulas que tenía que hablar antes de tomar cualquier decisión.

Por ejemplo, si bien la ley no contemplaba la fidelidad, la pareja si debía vivir en el mismo lugar, por lo que técnicamente, una pareja podría tener diferentes amantes si así lo quisieran y aún así no habría ninguna repercusión legal o mágica, siempre y cuando ambos estuvieran viviendo bajo el mismo techo.

— Hubo un par de magos en el Wizengamot que querían impartir lazos de fidelidad - comentó Hermione - pero obviamente con lazos medievales solo para brujas, justificándose que es la única manera de asegurar el linaje familiar, ¿Puedes creerlo?.

Hermione no esperó respuesta y siguió explicando que en la práctica, Remus podría tener una relación con otra persona, pero hasta no abolir la ley, seguiría indefinidamente unido mágicamente con Hermione.

— No sé qué rumores estás leyendo en Corazón de Bruja - cuestionó Remus luego de que Hermione le repitiera por tercera vez el punto de la fidelidad - pero no tengo planeado tener una relación con otra persona y si llegara a cambiar de opinión, te lo mencionaría y lo mismo esperaría de ti cuando encuentres a alguien.
— Yo…yo no me imagino co… con... - tartamudeó Hermione sonrojándose - ...con na… nadie má.. más q… que Ron.
— Y es exactamente como me siento yo - le recordó Remus calmadamente - puedes colocarlo como una condición, siempre informarnos si alguien encuentra a otra persona.

Hermione sólo asintió, aun sonrojada de pensar en estar con otra persona que no fuera Ron. Intentando distraerse un poco, volvió a los puntos que tenía anotados y decidió pasar al siguiente tema.

— Yo ya entregué mi departamento, aún tengo la casa en Brighton, pero…

El corazón se le aceleró al pensar en el lugar que Ron había elegido para ellos, no solo para vivir, sino que también para su boda. Había dejado a Ginny como su representante

— Sé que la estás vendiendo - interrumpió Remus rápidamente notando lo incómoda que se estaba colocando la bruja - y si no te molesta, hay una habitación extra en el segundo piso, junto a la habitación de Teddy, debo ordenar y sacar las cajas que hay dentro, pero estoy seguro que puedo dejarla lista en un par de horas. Luego, si necesitamos algo más, podemos ver otro lugar.
— Sería perfecto - comentó la bruja aliviada - simplemente no quiero incomodarte a ti, o a Teddy.
— No es ningún problema.

Hermione volvió a ver su pergamino. Estaba lleno de anotaciones que había hecho cuando estaba considerando casarse con alguien de la lista del Ministerio.

— Hablando de Teddy - continuó Hermione - no está explícitamente en esta ley, pero debes saber que por estar casados, se genera un contrato de adopción. Si algo te llegase a pasar, yo sería el primer lazo, junto con Andrómeda.
— Y aunque no me pase nada - agregó Remus resignadamente sin dejar de leer la copia de la ley que la bruja le había dado - al estar unidos, tú tendrías más derechos sobre Teddy que yo. Recuerda que técnicamente Narcissa Malfoy tiene más derecho sobre Edward que yo, creo que cualquier mago o bruja en el mundo mágico tiene más derechos sobre mi hijo que yo.

La licantropía le había quitado muchos derechos en su vida, pero la primera vez que se había sentido realmente pasado a llevar, fue cuando se informó sobre cómo sus derechos paternales eran casi inexistentes y que debía agradecer todos los días que tenía una buena relación con Andrómeda Tonks.

— Remus - le llamó la atención la bruja - creo que tengo una condición.

Hermione apretó sus labios antes de hablar, considerando sus siguientes palabras. Remus la esperó en silencio, sabiendo que probablemente el hecho de ser responsable de Teddy era demasiado para la bruja.

— Me gustaría que hablaras con Andrómeda antes de hacer cualquier cosa, no quiero que tengas problemas con ella por rescatarme de esta ley.
— Absolutamente - asintió el hombre lobo.
— Y también quiero que le preguntes a Teddy si está bien para él lo que vamos a hacer - agregó finalmente Hermione con seguridad - sé que es un niño y que con seis años no va a entender completamente la situación, pero aunque en ningún momento espero reemplazar a Tonks, si nos casamos, voy a ser parte de su vida de manera permanente y si veo que puede afectarle negativamente, no seguiré con esto.

Remus le sonrió levemente, tranquilo y agradecido de que Hermione estaba incluyendo a Teddy en la decisión.

— Lo hablaré con él y con Andrómeda - le aseguró Remus - ¿Hay algo más que debo considerar?

— Detalles - explicó Hermione leyendo los puntos que quedaban - está el tema financiero, control de bienes antes del matrimonio, pero un contrato básico puede arreglar cualquier malentendido al respecto, tener nuestros bienes legalmente separados es posibles y es la mejor opción por si la ley deja de regir y bueno, ¿Quieres que tome tu apellido?.
— No es algo que debas hacer - le dijo Remus - además no creo que tener mi apellido te ayude con tu carrera política.
— Eres un ciudadano ejemplar, fuiste profesor de Hogwarts, trabajas para el Ministerio y tienes una Orden de Merlín Primera Clase, ¿sabes lo difícil que es encontrar a alguien así?, aun no puedo creer que nadie te haya ofrecido un matrimonio por conveniencia antes.
— Soy un hombre lobo.
— ¿Voy a necesitar poner una condición sobre mejorar tu autoestima antes de casarnos?
— Si creyeras que funcionara, Hermione - se burló Remus - pero, volviendo al tema, no tienes que tomar mi apellido.

La bruja sonrió, marcó con su pluma el punto de la lista que acababan de resolver y leyó el último. Hermione sintió inmediatamente que sus mejillas se calentaban y estaba segura que si se veía en un espejo, vería que sus mejillas tomaban el tono de un tomate.

Nunca había imaginado que tendría que hablar de esa cláusula de la ley con Remus Lupin. Incluso cuando escribió la ley no fue un tema, porque era un proceso de la unión mágica que no se puede quitar.

— ¿Hermione? - llamó Remus, cuando la bruja había pasado más tiempo de lo esperado leyendo su lista - ¿Todo bien?.
— Hay algo que no sé si has considerado - confesó la bruja, buscando la manera de decirle a Remus lo que pasaba - ambos somos adultos y creo que es algo lógico, no es parte de la ley, pero sí de las uniones mágicas en general. Entendería perfectamente si es muy incómodo para ti, si quieres puedo tomar una poción mul…

El hombre lobo la vio dudar de sus palabras y en vez de interrumpirla, tomó el pergamino de la bruja y vio el último punto de la lista.

"Consumar la unión mágica"

Remus no lo había pensado antes, pero Hermione tenía razón, una unión mágica se sella al tener relaciones sexuales.

- Es solo una vez, no estás obligado…
- No quiero que pienses que es algo que me imaginaba que ocurriría cuando te conocí, Hermione, pero mi oferta sigue en pie, siempre y cuando tú estés dispuesta. Si no te sientes cómoda, si no lo habías considerado antes y ahora te arrepientes, no lo tomaré mal.

Hermione soltó un suspiro, relajándose al ver que Remus le quitaba el peso a la situación, pero sus palabras la hicieron preguntarse si en verdad estaba dispuesta. La respuesta no la tenía clara, objetivamente estaba segura que podía hacerlo, pero una parte de ella sabía que no era una decisión que podía tomar a la ligera. Su corazón empezó a acelerarse y su imaginación le hizo pensar en Ron.

¿Sería como engañarlo?, ¿Sería una infidelidad?.

Remus estaba delante de ella, esperando calmadamente y al verlo Hermione estaba segura que Remus no sería como Riguel Poundstone. Sabía que no tendría el miedo que había considerado con los otros prospectos de pareja, no sería una más en una lista, ni un fetiche de un anciano degenerado.

El mago frente a ella era su amigo y aunque eso la relajaba y le hacía pensar que era mejor, otra parte de ella estaba confundida. Con el resto de los magos en su lista de pretendientes, el sexo era un requisito más, un acto mecánico que no significaría nada, pero quizá con Remus sería algo más íntimo, porque él entendía lo que era perder a quien amabas, porque él lo haría por amor. Quizá no por un amor romántico, pero si por la amistad que se tenían y esa intimidad la aterrorizaba.

— ¿Quieres un tiempo para considerarlo? - preguntó Remus - no tienes que decidir nada ahora.
— No - contestó Hermione saliendo de su nube de ideas - no hay mucho que considerar, en realidad creo que para mi no hay ningún problema, solo necesito que sepas que quizá esté nerviosa, o no lo sé, obviamente estoy dispuesta, pero creo que fue algo que sabía que debía ocurrir, pero que mi cerebro lo bloqueó completamente, ¿entiendes?.

Remus la miró fijamente mientras asentía y Hermione se sonrojó rápidamente, lo que hizo que el hombre lobo se quedara pensando en si su ex alumna era más inocente de lo que el mundo mágico pensaba.

— Hermione, espero no consideres esto como un insulto - dijo el mago en un tono incómodo - y créeme cuando digo que jamás pensé que tendría que preguntar esto, pero tú no eres, digo ya has - Remus se enredó en sus propias palabras - lo que quiero decir es si tú y Ron, si ustedes…
— ¡Oh, por Morgana, Remus, no soy virgen!

El suspiro del hombre lobo casi hace reír a Hermione.

— Lo siento - agregó el mago - es sólo que uno nunca sabe.
— No te preocupes, no es la primera vez, no es algo que tienda a discutir públicamente.
— Quizá Rita Skeeter quiera esta información, ¿no?.
— ¿Por qué quieres hacerme viuda tan pronto, Remus?

Ambos intentaron contener la risa por un momento, pero ambos explotaron al mismo tiempo. Toda la seriedad de la situación se perdió entre sus carcajadas y pasaron minutos antes de que ambos se calmaran.

— Parece que de verdad vamos a hacer esto - comentó Hermione secándose una lágrima solitaria que había salido de tanto reír.
— Parece que sí - respondió Remus volviendo a tomar de su té.
— Necesito escribirle al Ministerio francés y conseguir una hora en el registro.
— Voy a hablar con Andrómeda y Teddy - informó el mago.

Ambos se quedaron mirando, sabiendo que habían tomado una decisión. Hermione miró su mano y el anillo de compromiso que tenía de Ron.

— ¿Crees que Tonks me perdonaría? - preguntó Hermione jugando con su anillo.
— Dora hubiese propuesto que ella se casara contigo para que pudieras quedarte - sonrió Remus mirando su mano - quizá te hubiese pedido una boda de verdad, no como la que yo le di.
— Estábamos en guerra, Remus - le recordó Hermione - y Tonks siempre dijo que fue uno de sus días más felices.
— ¿Estás bien con solo tener la ceremonia en el registro?
— Absolutamente y ojalá solo con los dos testigos, quizá Teddy si quieres incluirlo. Excepto si quieres tener una boda de verdad, estás cambiando tu vida para salvarme, me puedes decir que quieres hacer una fiesta con trescientos invitados y te aseguro que lo puedo organizar.

Hermione pensó en la cascada de chocolate de Ron y la túnica de boda que tenía guardado aún en el closet de su casa. Ya no podía imaginarse casándose como lo había planeado con el pelirrojo.

— ¿Cuándo crees que nos den una hora para la ceremonia? - preguntó Remus.
— Si queremos algo rápido, hay ceremonias de último momento, podemos hacerlo hoy mismo, pero creo que por lo menos debemos hablar con algunas personas primero y hay que organizar los anillos.

La bruja miró su mano y luego a Remus, que hacía exactamente lo mismo.

— Creo que es hora de dejar mi anillo de compromiso - dijo la bruja.
— Y mi anillo de matrimonio - susurró Remus sacándose su argolla.

Ambos se miraron y lentamente se quitaron sus anillos.


Lo sé, ha pasado un tiempo, pero ya saben, la vida ocurre. Ya quiero saber lo que opinan y que esperan para los siguientes capítulos. Para los que seguían Magia Liberal, acabo de subir el tan esperado epílogo y espero les guste, pues creo que cierra muy bien la historia.

Corran descalzos,
Simona Polle.