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Eliot no era estúpido, sabía que tenía que idear un plan para acabar con esa banda, él lo sabía. Sin embargo, también sabía que tenía que investigar y explorar a su objetivo.

Las primeras dos semanas que estuvo en la preparatoria, llamó la atención femenina, por supuesto que no le tomó importancia pero uso ese recurso para llegar a lo que deseaba.

— No te preocupes, bonita, yo me encargo de decirle a Corey que debemos cerrar la piscina temprano — Mencionó Eliot pasando su mano por la mejilla de una chica mientras esta le daba las llaves de la piscina.

— Claro, tal vez después podamos ir por un helado — La chica le extendió su número sonriendo.

— De acuerdo, yo te llamo — El de ojos claros le sonrió mirando como se iba de forma "sensual", luego caminó hacía la piscina tirando el papel con el número a la basura.

Corey era el capitán del equipo de natación, así que normalmente se quedaba algunas horas extras a practicar en la piscina, luego se iba a su casa, practicaba con su banda, hacía sus deberes y dormía. No era la gran cosa, fue fácil saber donde vive y donde ensaya su banda.

Al entrar al lugar en donde estaba la piscina, el chico se detuvo al escuchar voces.

— Entonces, conseguí una tocada el viernes a media noche en el nuevo restaurante de comida italiana — La voz de Laney resonó en el lugar, entonces Eliot se asomó y la vio hincada junto a la piscina en donde estaba metido Corey.

— De acuerdo, Lanes, necesitamos una letra y apetito para comida italiana — El de cabello azul nadó hacía la orilla y salió de la piscina — ¿Es pizza? ¿No? —.

— Si, debemos buscar en internet antes del viernes — Giró los ojos la pelirroja acercándose a su amigo y extendiéndole una toalla un poco sonrojada desviando la mirada.

— Sólo es comida, no te alarmes, hermano — El vocalista le tocó la nariz sonriendo.

— Awww — La chica se sonrojó y chilló de alegría cuando el chico ya estaba caminando hacía la salida.

— Oh Corey, que bueno que ya vas de salida, la piscina iba a cerrar temprano hoy — Eliot apareció en la entrada con una sonrisa.

— Emmm ¿Eliot, cierto?, si, estoy yendo a ducharme y cambiarme, nos vemos amigo — Se despidió con energía Corey pasando a un lado de él.

— Adiós Eliot — Laney se despidió haciendo un signo de paz y siguiendo a su amigo.

Al estar solo, Eliot comprendió una cosa, si quería llegar a destruir a Grojband, tenía que comenzar por una regla que no sólo era una advertencia, sino el punto débil de los tres muchachos.

Tenía que acercarse de forma sutil, y esa tocada que mencionó la chica, era su oportunidad para llegar a Laney.

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Nunca de los nuncas te metas con Laney Penn.

Una regla básica y simple, sencilla de cumplir. Era arriesgado con todo lo que había oído de lo que pasaba sin la rompías. Pero, Eliot iba a tomar ese riesgo, si o si.

— Nananana nanana — Cantaba en voz baja Laney mientras abría su casillero para guardar sus libros y tomar otros. Aunque al abrir su casillero, de este cayó un papel — "Para: La mujer más linda y ruda del mundo", vaya cumplido — La pelirroja asomó su rostro a su casillero y encontró unos chocolates.

— ¿Un admirador secreto? — Una voz sacó de sus pensamientos a Laney y giró la vista hacía su izquierda, era Eliot que estaba a dos casilleros de ella guardando sus cosas.

— No lo sé, usualmente aparecen cosas así sólo en San Valentin — Laney guarda la carta en su casillero y saca sus libros junto a la caja de chocolates.

Puedo adivinar por que. Ríe mentalmente Eliot al escuchar eso.

— Bueno, entonces deberías de disfrutar esos chocolates — El chico cerró su casillero sacando una sola libreta.

— Tal vez tengas razón, pero no me siento cómoda aceptando esto, es como aceptar su amor y no gracias — Agita la cabeza la chica y luego mira al chico extendiendo la caja hacía él — Tomalos, espero que te gusten —.

— ¿Qué?, No, son tuyos, no puedo aceptarlos — Movió sus brazos nervioso el chico.

— No me importa, niño bonito, sólo tomalos, no te van a matar — Se acercó más a él aún extendiendo la caja.

— Mira, tomaré la mitad y tú te quedas la mitad, creo que a tus amigos también les gustarán, ¿Trato? — El chico le extendió la mano a la pelirroja que lo contempló por unos segundos.

— Trato — Abrió la caja para que Eliot tomara un par de chocolates — Pero no andes ahí rumoreando que te di chocolates, no quiero que Kin o Kon sepan que le di dulces a un extraño —.

— Mis labios están sellados, rojita — El chico se metió un chocolate a la boca guiñándole el ojo.

— Bien, niño bonito, nos veremos por ahí — Laney guardó la caja en su mochila justo cuando sonó la campana para las clases y se giró para ir al aula pero se detuvo a medio camino girando a ver al chico — Una cosa más —.

— ¿Qué sucede? —.

— Vuelve a decirme "Rojita" y estás muerto — Fingió una voz dulce al pronunciar el apodo y luego le guiñó el ojo a Eliot.

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— Hola chicos — Saludó Laney sentándose junto a sus amigos con una bandeja de comida.

— ¿Cuantos burritos crees que quepan en la boca de Kon sin digerir?, Yo digo que 32 burritos — Preguntó cruzándose de brazos Corey y mirando a la pelirroja con una ceja levantada.

— Corey, conozco a mi hermano y a las matemáticas, no le van a caber más de 25 burritos — Comentó Kin señalándolo con una mano y apoyándose en su gemelo que miraba su burrito en la mesa.

— Confío en Kon, le pueden caber 30 — Respondió Laney sacando una caja de su mochila.

— ¿Ves Kin?, tus matemáticas no sirven, Kon puede comer... ¿Qué es eso? — Preguntó Corey al ver la caja de chocolates en la mesa.

— ¡Chocolate! — Los gemelos tomaron puños de chocolates y comenzaron a llenarse la boca.

— Los encontré en mi casillero con una nota cursi — Rodó los ojos la chica cerrando su mochila dispuesta a comer su almuerzo.

Es entonces que los gemelos dejan de comer y miran a Corey aún llenos de chocolate, los tres se miran con los ojos entrecerrados y luego miran a Laney. Ellos tenían un acuerdo con todos los chicos (Y algunas chicas) del instituto, no chocolates ni cartas hasta San Valentin. Alguien había violado ese pequeño acuerdo (Que era parte de una regla de la que no estaban enterados).

— ¿Qué pasa? — Preguntó la única chica dejando de comer su pasta y mirando con confusión a sus amigos, de pronto sintió un cambio de ambiente.

— ¿Tenía nombre la carta? — Respondió con otra pregunta Corey preparado para hacerle una "visita" a ese chico.

— No, sólo un ridículo apodo y estos chocolates — Ahora la pelirroja estaba más confundida — En serio, chicos, ¿Qué pasa? —.

— No es nada, Laney — La calmó Kon sonriendo y volviendo a comer los chocolates con su hermano junto a Corey también.

Otra vez, la atmósfera volvió a la normalidad con los chicos comiendo chocolates.

— Awwww Laney, ¿Te comiste muchos chocolates? ¿No piensas en nosotros? — Se quejó Corey haciendo un puchero junto a los gemelos, después de terminar con la caja de chocolates.

— Yo no comí ninguno, le di la mitad a un chico — Respondió con simpleza Laney terminando su almuerzo.

Los tres se pusieron tensos de nuevo y sus corazones se detuvieron unos segundos, sobre todo a un chico de cabello azul, ¿¡Esa pelirroja no podía ver que les iba a provocar un ataque cardíaco!?.

— ¿Cuál? — Preguntó de lo más calmado Kin, mientras que en su mente vino una imagen de un nuevo conejillo de indias.

— Ya saben, el de intercambio, Enom... Elot... ¡Eliot!, si, él, esta a unos casilleros de mí y pues le ofrecí la mitad — Sonrió la bajista pero luego hizo una mueca un poco molesta — Ustedes están actuando muy raro —.

¡RING!

— Bueno, me voy, tengo clase de historia, hablaremos después de los clubs — Se despidió de puño Laney tomando sus cosas y saliendo de la cafetería con otros estudiantes.

— Kin — Llamó Corey a su amigo de lentes que entendió lo que pasaba.

— Estoy en eso — Los gemelos se levantaron y se fueron a su próxima clase.

Corey se quedó unos segundos mirando la caja vacía de chocolates y luego pensando el nombre del chico de intercambio. Si llegará a tener conexión de alguna forma ese tal Eliot con esa caja, se encargará de devolverlo a su país con ayuda de sus amigos, por que nadie nunca se acerca a Laney sin el permiso de los gemelos y de él.

Mientras tanto, Eliot se hallaba oculto en detrás de una pared mirando y escuchando todo, si sus cálculos no fallaban, ahora lo investigarían y lo seguirían sin dejarlo respirar.

Perfecto.

Su plan iba de maravilla, no había prisa.

Al parecer una regla se estaba rompiendo.


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