La situación con Sara la tenía preocupada. Ava estaba contenta de que Sara hubiera despertado, pero el tema de que no hablara era preocupante… Pero finalmente lo hizo, habló y dio su testimonio a los detectives. Luego de que su madre terminará de contarte cómo había ido el tema de su declaración y cómo iba a seguir avanzando el caso, se puso a limpiar su pieza.

— ¿Puedo pasar? — Pidió Randy, golpeando su puerta suavemente.

— Si. — Afirmó ella.

— ¿Cómo está tu amiga? — Le preguntó él.

— No es solo mi amiga, es mi novia. — Lo corrigió ella.

— De acuerdo. — Aceptó él. — ¿Cómo está tu novia? — Volvió a preguntar.

— Mejor, hoy finalmente dio su testimonio a los detectives. — Respondió ella.

— Eso es bueno. — Asintió él.

Ava no entendía bien qué hacía su padre en su habitación, hablándole normalmente como si no la habría ignorado por largos meses y encima queriendo saber sobre Sara. Todo era muy raro y ella no sabía cómo sentirse con la situación.

— Ava quiero pedirte perdón, por todo. — Se disculpó él. — Todo este tiempo que pasé ignorándolas a vos y a Ashley, me hizo dar cuenta lo equivocado que estaba, y la clase de persona que quiero ser. — Admitió él, asumiendo su error.

— ¿Qué clase de persona quieres ser? — Preguntó ella, sorprendida ante su intento de arreglar las cosas.

— Quiero ser alguien que acepta y respeta a los demás como son, y quiero ser un padre que no pierde a sus hijas por no animarse a cuestionar y romper sus prejuicios. — Contestó él con sinceridad.

— Eso suena bien. — Apreció ella, algo emocionada.

— Perdón Ava. — Se disculpó él.

— Acepto tus disculpas. — Dijo ella. — Pero papá nuestra relación no va a volver a ser lo que era, no va a estar todo bien de repente, no cuando me lastimaste mucho y al no aceptarme como soy me hiciste sentir que no me querías como parte de la familia. — Expresó ella lo que sentía.

— Lo entiendo. — Aceptó él. — No te preocupes, soy yo quien tiene que remendar lo que rompí. — Aseguró.

Ava había estado esperando ese momento por mucho tiempo, esas disculpas. Y ahora que las tenía, no sabía qué hacer con ellas. No sabía qué hacer, porque a pesar del arrepentimiento el daño ya había sido hecho. A ella le aliviaba que finalmente su padre se haya dado cuenta de su error, pero eso no era suficiente para recomponer la relación. Para eso, necesitaba volver a confiar en él y todavía no sabía cómo hacerlo.

El mes continuó, resultando intenso y agotador. Fue difícil. Y sabía que ella no era la única que lo sentía así. Lo mismo era para Sara y para las Leyendas. Pero hicieron lo que pudieron, entre todos la acompañaron en lo que ella se dejó acompañar. Y se mantuvieron como una unidad, aún cuando Sara dejó de ir a las prácticas de baile.

Que el juicio resultara positivo para Sara hizo que todos se sintieran aliviados. Malcolm y Dinah fueron sentenciados a veinte años de prisión por abuso y explotación hacia una persona menor de edad, y a Dinah también le anularon su licencia de enfermera.

Todo iba medianamente bien, hasta que Sara rompió con ella. Ava no entendía cómo habían llegado a eso. Se sentía destruida y lo único que quería hacer era llorar. Lo peor de todo era que sentía que Sara todavía estaba enamorada de ella, entonces ¿por qué terminar la relación antes de que pudiera empezar?

— A cenar. — La llamó Amy.

Ava se unió a la mesa familiar para cenar. No estaba de ánimos, pero igualmente intentó comer algo.

— ¿Estás bien cariño? ¿Te sientes bien? — Le preguntó su madre, notando su tristeza.

— Si. — Asintió ella. — Es solo que, creo que Sara y yo terminamos. — Agregó, sintiendo como un nudo se le formaba en la garganta al decirlo en voz alta.

— ¿Por qué? — Preguntó Amy, sorprendida.

— Porque ella siente que no me merece, que yo merezco alguien mejor, y no quiere arruinar nuestra relación con sus problemas. — Respondió ella tristemente, sintiendose derrotada.

— ¿Sabes qué es eso? — Preguntó Pam, llamando su atención. — Autoboicot, después de todo lo que vivió no sabe cómo ser feliz. — Expresó su opinión.

Eso se sintió revelador. Ava no había pensado en eso, pero ahora que lo escuchaba tenía sentido. Lo que su madre decía encajaba perfectamente con Sara.

Antes de que pudiera continuar la conversación, su madre se levantó de la mesa para ir a buscar el postre.

— ¿Te importa en verdad esta chica, Sara? — Preguntó su padre.

Ava lo miró sorprendida, porque jamás habría esperado ese tipo de pregunta de su parte. Lo miró a los ojos por un largo instante, hasta sentirse segura de que sus intenciones eran buenas y sinceras.

— Si, mucho. — Afirmó ella.

— Entonces tenle paciencia, no te des por vencida al primer obstáculo que se les presenta. — Dijo Randy pensativamente. — Si lo que tu madre dice es cierto, dale tiempo. Demostrale que pase lo que pase vas a estar a su lado, y que si hay problemas pueden enfrentarlos juntas. — Aconsejó.

— ¿Cómo...? — Intentó preguntar lo que le generaba curiosidad, pero no supo cómo hacerlo.

— Cuando conocí a tu madre yo estaba pasando un muy mal momento, ella fue quien tuvo paciencia conmigo. Con ella descubrí que el amor es constancia y elegirse cada día. — Le dejo saber.

Todavía estaba enojada con su padre, su rechazo y su indiferencia habían dejado heridas en ella que no se iban a ir de un día para otro. Y no es que ella fuera una resentida, sino que en verdad le había dolido. Porque se suponía que los padres de una son las personas que más tendrían que quererla y aceptarla a una cómo es… Pensó en Sara y Dinah por un momento, y se dio cuenta que tal vez los ideales sociales sobre la familia estaban muy errados a lo que en realidad sucedía.

Por lo menos le alegraba que su padre estuviera haciendo el esfuerzo, que quisiera intentar remendar lo que rompió, que él solo se hubiera insertado en la conversación como si su sexualidad nunca hubiera sido ningún problema para él… Valoraba eso. Las cosas entre ellos nunca iban a volver a ser como antes de revelar que era lesbiana, pero tal vez tampoco tenían que serlo de la manera que habían sido después. Tal vez, en un futuro, podrían encontrar una nueva forma de relacionarse.

Al otro día, Ava se levantó con una nueva resolución. Ella iba a demostrarle a Sara que con una simple pelea no iba a espantarla. Si ambas se elegían, ella iba a estar tanto en los buenos como en los malos momentos; y esperaba que Sara hiciera lo mismo con ella.

Ava fue a buscar a Sara al gimnasio de Maze, la despertó y la convenció para que pasaran el día juntas. Ava las condujo hacia la playa más cercana a Starling. Ella sabía que Sara amaba el mar y sentía que el cambio de aire iba a venirle bien, iba a transmitirle un poco de paz.

— ¿Qué hacemos aquí? — Le preguntó Sara, con curiosidad.

— Vamos a pasar el día. — Respondió ella, mientras estacionaba la camioneta. — Sé que tienes una relación especial con la playa, por eso sentía que era buena idea venir a que puedas desconectar y cambiar de aire. — Explicó sus intenciones.

— Gracias. — Agradeció Sara, observándola con una intensidad especial.

Se bajaron de la camioneta y buscaron un lugar en la playa para acomodarse. Por suerte, al ser otoño, estaba vacía. Acomodaron sus cosas y se dedicaron a disfrutar el momento. Caminaron por la orilla, mojaron sus pies en el mar, se sentaron en silencio simplemente a contemplar y escuchar la naturaleza, almorzaron la comida que Ava había llevado...

— Gracias por esto. — Volvió a agradecer Sara. — En verdad lo necesitaba. — Dijo con sinceridad.

— De nada. — Aceptó Ava. — ¿Crees que estás lista para hablar de lo de ayer? — Pidió saber, su voz temblando un poco ante los nervios que le generaba la situación.

— Solo si puedo empezar yo. — Respondió Sara, poniéndose seria de repente.

— De acuerdo. — Asintió ella.

— Perdón. — Se disculpó Sara. — Ayer no reaccioné de la mejor manera. La verdad es que a veces no sé como manejar todo lo que me pasa y me autoboicoteo. No quiero arruinar lo nuestro con mis problemas. — Explicó lo mejor que pudo.

— ¿Por eso prefieres correr, terminar lo nuestro antes de que pueda empezar del todo? — Preguntó ella, todavía dolida por eso pero entendiendo lo que la otra había intentado hacer.

— Si, supongo que sí. — Aceptó Sara, luciendo algo avergonzada al admitir eso.

— Todos tenemos problemas Sara, y la pareja que elegimos se supone que tiene que estar con nosotras tanto en los buenos como en los malos momentos. O al menos eso es lo que yo espero. — Expresó ella lo que pensaba y sentía.

— Yo también espero eso. — Coincidió Sara, tomándose un momento para asimilar lo que la otra había dicho.

— Entonces no me quieras alejar. — Pidió ella.

— Bien, voy a intentarlo. — Dijo Sara, a modo de promesa. — Pero no sé si voy a ser buena, hay malas tendencias que tengo aprendidas que van a ser difíciles de cambiar. — Advirtió.

— Con intentarlo es suficiente para empezar. — Aseguró ella. — Y lo demás, lo iremos descifrando juntas. — Agregó con confianza.

— Juntas. — Repitió Sara, una pequeña sonrisa iluminando su cara. — Vos y yo, en las buenas y en las malas. — Dijo, aunque sonó como una especie de pregunta.

— Hasta el final. — Prometió ella.

Ava le ofreció su dedo meñique para que puedan sellar aquella promesa. Sara rió ante ese pequeño gesto y unió su meñique con el de ella. Ava sintió una paz interna recorrer todo su cuerpo. Esto era todo lo que necesitaban, saber que iban a estar para intentarlo. Obviamente iban a tener malos momentos por delante, pero ella quería vivirlos con Sara. Si el amor de ellas era fuerte, iban a poder contra todo. O por lo menos eso era lo que le gustaba pensar.

— ¿Puedo besarte? — Preguntó Sara, trayéndola de regreso al presente.

— Si. — Afirmó ella. — Eso me gustaría mucho. — Admitió con una sonrisa.

Sara se acercó a ella lentamente y rozó sus labios con una suavidad que sabía a ternura. Ava la miró unos segundos, mientras el beso comenzaba a tomar intensidad, para poder observar sus reacciones. Al notar la felicidad de la otra chica y sentir su sonrisa contra sus labios, Ava finalmente se dejó relajar. Ella también cerró sus ojos y se dejó llevar por todas las sensaciones que los besos de Sara le causaban en todo su cuerpo.

Y así pasaron el resto de la tarde. Besándose y conversando.

— Mamá quiere verme antes de que la trasladen a la prisión de mujeres. — Le informó de repente Sara, rompiendo la paz que se había formado entre ellas.

Eso sorprendió a Ava. No sabía porque Dinah quería ver a su hija, cuáles eran sus intenciones para hacerle ese pedido. Pero Ava sospechaba que parte de las ansiedades de Sara se debían a ese pedido, que era probable que ese haya sido uno de los desencadenantes que la haya hecho querer escapar.

¿Habría opinado Dinah sobre la relación entre ellas? ¿Habría sido ella quien le había metido en la cabeza esa idea de que cuando uno tiene problemas no puede estar con nadie? No sería extraño que fuera Dinah quien le hiciera sentir que ella era una carga para cualquier persona. Pero Dinah estaba equivocada, Sara no era una carga. Era una buena persona, con sentimientos y pensamientos amplios. Sin embargo, ese no era el momento de enfocarse en eso, sino que era momento de resolver la situación que a Sara le tenía preocupada.

— ¿Y vos? ¿Qué queres hacer? — Preguntó Ava.

Ava no sabía qué era lo mejor para Sara en esa situación, probablemente nadie iba a saberlo. Pero quería dejarlo algo bien claro, la decisión era de ella. Y sin importar que eligiera, ella iba a estar para acompañarla. Le agarró sus manos fuertemente, para poder ofrecerle algo de contención.

— ¿Me hace ser una persona horrible si no quiero verla? — Preguntó Sara.

— No Sara, para nada. — Aseguró ella, sorprendida ante el hilo de pensamiento de la otra. — Después de todo lo que vivieron es entendible que no quieras verla. — Le dio su opinión.

— Pero ella dijo… — Comenzó a protestar Sara.

— No importa lo que ella dijo. — La interrumpió ella. — Con todo lo que dice siempre busca lastimarte. — Justificó.

— Es verdad. — Aceptó Sara.

— Lo que importa es lo que vos pensás y sentís. Y si no querés verla, entonces no la veas. Ya no te tenés que sentir obligada a hacer nada más por ella. — Expresó ella su punto de vista.

— Yo no quiero verla. — Admitió Sara.

— Entonces no vayas a verla. — Concluyó Ava.

Sara se derrumbó en sus brazos y ella la abrazó, rodeándola con todo su cuerpo. Se quedaron así por largo rato, abrazadas y en silencio. Observaron el atardecer, hasta que el sol terminó de desaparecer tras el horizonte.

Ese día fue perfecto y sirvió para afianzar la relación que tenían, o por lo menos eso era lo que Ava sentía. Hundió su nariz en el cuello de Sara y aspiró su perfume, y así se permitió volver a sentirse en paz. El amor era más fuerte que las inseguridades.