Volver a su rutina normal le fue un poco más difícil de lo que había esperado.

Sara había estado esperando desde hace tiempo ser libre, y no tener que lidiar más con Dinah y Malcolm. Pero, cuando llegó el momento se dio cuenta que no sabía qué hacer. Y no es como si los extrañara, porque no lo hacía. Lo que sucedía era que ella no sabía cómo ser feliz, no sabía cómo vivir sin tener siempre presente la presión de que en cualquier momento todo se iba a derrumbar y algo malo iba a ocurrir.

"Date tiempo."

"Deja de auto sabotearte."

"No dejes de hacer las cosas que amas y te gustan, todo lo contrario, continúa haciéndolas porque eso te hace bien."

"Todo lo que sientas es válido."

"Que tu madre te haya hecho creer que no te mereces que te pasen cosas buenas no significa que eso sea cierto."

"Te mereces ser feliz y vivir en paz."

Esos eran los constantes consejos que venía escuchando en la terapia grupal por parte de las doctoras y sus compañeros.

Tal vez era hora de empezar a ponerlos en práctica. O por lo menos, intentarlo.

Fue al gimnasio del colegio y se dedicó a mirar como las Leyendas bailaban. Hace como un dos que había dejado de ir a los entrenamientos, y debía admitir que los extrañaba.

— ¿Lista para volver? — Le preguntó Rip, ubicándose a su lado.

— ¿Me vas a dejar regresar al equipo? — Contestó ella con otra pregunta.

— Claro que sí. — Afirmó él. — Todos entendíamos que necesitabas un tiempo Sara, nadie va a sacarte del equipo solamente porque estabas priorizando estar bien vos primero. — Argumentó su decisión.

— Gracias. — Agradeció ella, sintiéndose emocionada ante la consideración de su entrenador.

— ¿Cómo estás? — Preguntó él.

— Hay días mejores y peores que otros, pero últimamente más bien que mal. — Respondió ella con sinceridad.

— Eso es bueno. — Apreció él.

— Creo que estoy lista para volver. — Le dejo saber ella.

— Entonces, puedes unirte a la práctica cuando quieras. — Aseguró él, señalando a donde estaba bailando el equipo.

Sara miró a las Leyendas bailar, hasta que terminó la canción. Y cuando empezó una nueva, se unió a la práctica. Todos notaron su presencia, y aunque sintió el entusiasmo que sintieron le dejaron su espacio habitual para bailar sin interrumpir la rutina. Ella siguió los pasos lo mejor que pudo, relajándose al sentir la música y dejándose llevar por la guía de sus compañeros.

Una vez que terminaron la canción, todos la saludaron con abrazos. Fue un momento muy hermoso, se sintió como un volver a casa. Porque ella los había seguido viendo en el colegio y habían continuado siendo amigos, pero la forma en que compartían el baile era algo especial.

Otra actividad a la que regresó fue a entrenar. Obviamente no para competir en Amazó, ni ningún otro tipo de competencia de pelea clandestina; sino simplemente por el placer de hacerlo. Una vez por semana se reunía con Jennifer y Nico a entrenar, las tres continuando la costumbre de entrenar juntas porque se divertían haciéndolo.

— Se siente tan bien que Amazó haya cerrado. — Comentó Nico, feliz ante ese hecho.

— Si, yo tengo que admitir que pensaba que me iba a complicar que haya cerrado, pero la verdad es que creo que prefiero trabajar aquí en el gimnasio. — Admitió Jennifer.

De ellas tres Jennifer era la única que no se había sentido contenta con la clausura de Amazó desde un principio, porque a diferencia de las otras ella había elegido pelear por voluntad propia. Pero, ahora que Amazó había cerrado, Maze le había ofrecido trabajo dando clases a principiantes de boxeo y ella se sentía feliz con eso.

A Sara le gustaba ver a ambas chicas felices. Ella se habían vuelto dos amigas a las que quería mucho,

— Bien, sueltalo. — Dijo Jennifer, llamando su atención.

— ¿Qué cosa? — Preguntó ella confundida.

— Lo que sea que te tiene tan distraída. — Respondió Jennifer.

— Ahh, eso. — Asintió ella. — Es solo que quiero invitar a Ava a una cita y quiero que sea especial, pero no sé me ocurre ninguna buena idea. — Les dejo saber lo que había tenido su mente ocupada la mayor parte del día.

— A Ava le gusta bailar, ¿Cierto? — Dijo Nico.

— Si, ama bailar. — Afirmó ella.

— Entonces conozco el lugar perfecto. — Informó Nico. — Hay un club a las afueras de la ciudad llamado "Uptown Funk" donde las tardes de los sábados y domingos se baila funk en patines. Es un ambiente muy lindo y divertido, y también tiene una terraza desde donde se puede ver el atardecer y cenar algo rico. — Relató detalladamente.

— ¿Cómo es que conoces ese lugar? — Preguntó Jennifer, con curiosidad.

— Karolina me llevó a conocerlo. — Respondió Nico, sonriendo al recordar el momento.

— Por supuesto, debería haberlo sabido. — Comentó Jennifer divertida.

— Gracias, creo que puede ser una gran idea. — Agradeció ella la sugerencia.

Continuaron entrenando un rato más, hasta que se les terminó el tiempo. Jennifer se fue a dar su clase de boxeo, y ellas se irían cada una a hacer sus tareas.

— Eeyy Sara. — La llamó Nico, antes de que se fuera.

— ¿Si? — Preguntó ella.

— ¿Puedo pedirte un favor? — Pidió Nico.

— Claro. — Asintió ella.

— Desde que cerró Amazó que estoy buscando trabajo para ayudar a mi tío, pero está difícil, en ningún lado están tomando chicos o chicas que van a la secundaría sin importar que estamos en el último año. — Comenzó Nico su explicación.

— ¿Quieres que le pregunte a Eliza si necesita una nueva camarera? — Ofreció ella, presintiendo que la otra no iba a animarse a decirlo con palabras.

— Si no es mucha molestia. — Dijo Nico.

— Por supuesto que no es molestia. — Aseguró ella. — Además Eliza toma gente nueva todo el tiempo para reemplazar a los que se van, lo más probable es que tenga algún lugar. — Expresó su opinión.

— Genial, gracias. — Agradeció Nico, relajándose.

— ¿Quieres que vayamos a cenar antes de ir a hacer nuestras tareas? — Propuso ella.

— Si, dale, vamos. — Afirmó Nico.

Fueron a cenar pizza y luego cada una se fue a su casa a hacer las tareas.

Al otro día, lo primero que hizo cuando llegó al colegio fue buscar a Ava. Quería invitarla a la cita que tenía planeada. Quería hacer algo lindo para ella y esperaba que esto le guste. Quería agradecerle por su constancia y su paciencia. Quería demostrarle que la quería y que ella era una persona que le gustaba hacer gestos lindos por la persona con la que tenía una relación.

— Hola Ava. — La saludó, colocándose al lado de su casillero.

— Hola Sara. — Ava le devolvió el saludo.

Ambas se miraron con una gran sonrisa y se dieron un pequeño beso.

— ¿Tienes algo para hacer el sábado? — Preguntó ella.

— No, nada por ahora. — Respondió Ava pensativamente.

— Bien, guardalo para nosotras. — Le pidió ella.

— ¿Para qué? — Pidió saber Ava, algo curiosa.

— Para una cita. — Contestó ella con una sonrisa.

El viernes, Sara fue a trabajar después del colegio ya que necesitaba pedirle dos favores a Eliza.

— Eliza, ¿puedo pedirte un par de favores? — Pidió ella a su jefa.

— Depende lo que sean. — Respondió Eliza, un poco intrigada ante los nervios que notaba presente en la otra. — Te escucho. — Le dejo saber.

— Primero, mañana tengo una cita con mi novia, así que podría hacer solo el turno de la mañana y el mediodía. — Informó ella su primer pedido.

— Perfecto, te veremos en esos turnos entonces. — Aceptó Eliza. — Y suerte con tu cita. — Le deseó.

— Gracias. — Agradeció ella, sabía que Eliza era sincera porque dejaba que sus hijas vivan su sexualidad muy libremente. Alex era lesbiana y Kara era pansexual, y Eliza siempre mostraba su cariño y orgullo por ellas.

— ¿Y lo segundo? — Preguntó Eliza, volviendo al hilo que había comenzado la conversación.

— Una amiga está buscando trabajo y quería saber si hay algún puesto de camarera disponible. — Respondió ella.

— Kelly se va en dos semanas, así que puede tener una entrevista conmigo para ver si quiere ocupar su puesto. — Dijo Eliza, luego de revisar las planillas de sus empleadas.

— Gracias. — Volvió ella a agradecer y hasta se animó a darle un pequeño abrazo.

Su jefa era una mujer grandiosa. Que siempre tuviera en cuenta los pedidos que sus empleadas le hacían era muy amable de su parte, y era algo que hacía que la admiren y la respeten. Sara le envió un par de whatsapp a Nico contándole la situación y pasándole la información de la entrevista.

El sábado, después del trabajo, Sara fue a buscar a Ava a su casa. Sara siguió las indicaciones que Nico le había dado, y se tomaron un tren.

— ¿A dónde vamos? — Preguntó Ava, con curiosidad, mientras miraba por la ventanilla.

— Es una sorpresa. — Respondió ella.

— De acuerdo. — Aceptó Ava, bufando un poquito porque le generaba intriga la sorpresa.

— Solo relajate y disfruta el viaje. — Indicó ella, divertida ante las reacciones de la otra.

Sara sacó unos auriculares de su mochila. Ella todavía no tendría celular nuevo, pero Ava si tenía. Su novia le dio su celular y ambas compartieron los auriculares para escuchar música durante el viaje.

Se bajaron en las afueras de la ciudad y caminaron juntas de la mano hasta llegar al club "Uptown Funk". El lugar era realmente hermoso, tal como Nico le había descrito.

— ¿Qué es este lugar? — Preguntó Ava, sorprendida.

— Es un club. — Respondió ella.

Antes de entrar ya se podía ver a todas las personas bailando, ya que el salón principal tenía enormes ventanales. También se podía escuchar la música, era en vivo. Eso hizo a Sara entusiasmarse, la música en vivo siempre era mejor que la grabada.

— Yo no sé bailar funk. — Dijo Ava, deteniéndose al sentirse nerviosa al reconocer el género de música.

— Yo tampoco. — Coincidió ella. — Pero podemos aprender juntas. — Agregó alegremente.

— ¿En patines? — Preguntó Ava, todavía no muy segura con la idea. — ¿No es demasiado? — Expresó sus nervios.

— ¿Patinaste alguna vez? — Pidió saber ella.

— Si. — Afirmó Ava.

— ¿Y qué tal te pareció? — Continuó cuestionando ella, intentando buscar una manera de calmar las ansiedades de la otra.

— Bien, estuvo divertido las veces que lo hice. — Contestó Ava, tomándose unos segundos para recordar esos momentos.

— Entonces vas a poder con esto, es solo mezclar dos cosas que te gustan: baile y patinaje. — Dijo ella con confianza.

— ¿No crees que haremos el ridículo? — Preguntó Ava.

— No, no lo creo. — Negó ella. — Y si lo hacemos, no hay nada de malo en eso, de hecho me encanta todo lo que es ridículo. — Agregó, logrando que la otra ría.

— De acuerdo. — Aceptó Ava, cuando se recuperó de su risa. — Hagámoslo juntas. — Pidió, agarrándose a las manos de la otra.

— Siempre juntas. — Afirmó ella con una gran sonrisa.

Compartieron un pequeño beso y luego entraron al club tomadas de la mano, listas para tener esa experiencia juntas. Definitivamente esta iba a ser una cita muy interesante.