Ruby nació en una familia de hombres y mujeres lobo que vivían en manada. Desde que tuvo conciencia que su familia cazaba y comía humanos para vivir. Ella nunca se sintió de acuerdo con el hecho de que comieran humanos, por eso cuando pudo formular y expresar su opinión con fundamentos la dejo saber. Lo que ella pensó que podía llegar a generar un cambio en las costumbres de la dieta de su manada, lo único que en verdad logró fue hacerla el centro de maltrato y discriminación.

Cuando tenía quince años fue atacada por varios compañeros de su manada y abandonada. Ruby pensó que iba a morir, pero algo fantástico ocurrió. Una chica de cabellos dorados y ojos verdes la encontró y al verla lastimada hizo algo mágico, la curó con sus poderes. Al curarse dejó su forma de lobo y volvió a ser humana.

— ¿Estás bien? — Preguntó la extraña.

— Si, creo que si. — Dijo Ruby recuperándose de la sorpresa. — ¿Cómo hiciste esto? — Pidió saber examinando su cuerpo y no encontrando ninguna herida.

— Yo te curé con mis poderes. — Explicó la otra.

— ¿Existen personas con poderes? — Preguntó Ruby maravillada con la idea de que ella y su manada no sean los únicos distintos a los humanos.

— Claro, o por lo menos yo conozco varias personas con súper poderes. — Respondió con seguridad.

— ¿Entonces no te asusta que yo por momentos sea un lobo? — Dijo Ruby expresando una de sus mayores preocupaciones.

— No, no me asusta. Ese es simplemente tu poder. — Contestó con convicción. — Soy Emma y si queres podes venir conmigo a donde vivimos los chicos con poderes. — Ofreció presentándose.

— Soy Ruby. — Se presentó aceptando la mano de la otra para estrecharla.

A partir de ese momento Emma se convirtió en su amiga. Emma la llevó a una casa abandonada, allá vivían varios chicos de su edad. Todos tenían distintos poderes e iban al mismo colegio. Ruby se hizo parte de esa extraña familia y empezó a ir al colegio con todos ellos.

En el colegio conoció una chica muy especial, Belle. A ella le gustaba Belle. Todo de esa chica le parecía magnífico. Ella era inteligente, amable, honesta y hermosa. Siempre que conversaban sentía que la otra la consideraba y le prestaba atención. Ellas habían formado una pequeña y linda amistad, por más que no estaban en el mismo grupo de amigos.

Ruby sintió que había algo raro cuando empezó a notar la atracción que tenía por Belle. En su manada además de que había muchas competencias entre los alfa y los beta, solamente estaban permitidas las relaciones entre hombres y mujeres. Pero ella con sus amigos aprendió que la identidad, la sexualidad, el género y el amor estaban llenas de muchísimas posibilidades más…

Emma y Killian eran pareja, pero a pesar de eso ambos se identificaban como bisexuales.

Graham y Jefferson eran gays.

Mérida era pansexual y Mulan era lesbiana.

Elsa y Merlín eran asexuales.

Tinkerbelle era intersexual y se identificaba como queer.

Ariel era transexual.

David era de género fluido, y estaba en pareja con Mary Margaret quien era demisexual.

A Ruby le gustaría conocer más a Belle y le gustaría poder hacerle saber lo mucho que significaba para ella. Pero tenía miedo, miedo de que Belle se descubra sus poderes y la rechace, miedo de lastimarla… Además Belle era de las chicas más populares del colegio, y según se rumoreaba salía con Will, el capitán del equipo fútbol. ¿Cómo podía competir con eso?

Ruby vivía sus poderes como una maldición. Sus amigos habían estado intentando enseñarle eso, a aceptar y amar sus poderes, a amarse tal cual ella era. Pero ella sentía que sus poderes eran diferentes a los de los demás. Ella todavía no podía controlar sus poderes, entonces las noche de luna se convertía en lobo sin posibilidades de dominar sus habilidades. Ella nunca tenía recuerdos de lo que pasaba cuando estaba en su forma de lobo. Eso le generaba temor y angustia, porque podía llegar a lastimar a alguien. Sus amigos siempre ayudaban provéndola de carne de animales durante la semana de luna llena, para que así no tenga necesidad de atacar humanos. Eso era parte de lo que la hacía sentir diferente, sus amigos a diferencia de ella no necesitaban que los demás la estuvieran vigilando para no lastimar a nadie.

Emma tenía el poder de curar y sanar a otros.

Killian tenía el poder de teletransportarse.

Jefferson tenía el poder de congelar el tiempo.

Graham tenía el poder de hablar con los animales.

Mulan tenía fuerza extrema.

Mérida tenía elasticidad en todas las extremidades de su cuerpo.

Merlín tenía el poder de mover los objetos con la mente.

Elsa tenía el poder de controlar el agua en todos sus estados.

Ariel tenía el poder de cambiar su apariencia física como ella deseaba.

David tenía el poder de volar.

Mary Margaret tenía el poder de hacer crecer las plantas y los árboles.

Todos poderes muy diferentes al de ella. Y aunque estaba agradecida de que sus amigos la cuiden las noches de luna llena, porque así ella lo había pedido; a la vez la hacía sentir menos que los demás.

Cuando Ruby se percató de que estaba empezando a enamorar de Belle decidió que lo mejor iba a ser evitarla. De esa forma iba a doler menos el saber que nunca iban a poder algo más que amigas. Pero su plan no funcionó por mucho tiempo, ya que la profesora Azul las eligió como pareja de equipo para que hagan el trabajo práctico de literatura juntas.

— Me alegra que seamos compañeras de equipo, extrañaba que pasemos ratos juntas. — Dijo Belle alegremente.

— A mi también. — Coincidió Ruby, sintiendo como su corazón daba saltos acelerados al ver la sonrisa de la otra.

— Nos podemos reunir el viernes después de clases para comenzar a avanzar con las consignas. — Le propuso. — ¿Mi casa o la tuya? — Preguntó al ver que la otra aceptaba su idea.

— La mía no por favor. — Pidió Ruby, pensando en como su casa siempre estaba llena de ruidos al vivir muchos adolescentes en ella. Además nadie sabía que vivían sin un adulto que se haga cargo de ellos, y si alguien por fuera del grupo se enteraba podría generar que los denuncien a servicios sociales y queden separados por el sistema de adopciones.

— Bien, entonces iremos a la mía. — Dijo, sin tener problemas de ofrecer su espacio.

El viernes fueron a la casa de Belle y comenzaron a investigar distintas temáticas para así poder elegir una para el trabajo.

— ¿Qué te parece si lo hacemos sobre las leyendas de los hombres lobo? — Sugirió Belle.

— ¿Sobre los hombre lobo? — Repitió Ruby sorprendida y sintiendo un inesperado temor a que la otra haya descubierto su secreto. — No sé qué tanto hay para averiguar y contar sobre esas criaturas. Son solamente mitológicas y malvadas. — Expuso, armando un pequeño argumento para desacreditar la idea.

— No importa que sean criaturas mitológicas, yo creo que podemos encontrar mucho sobre ellas. — Intentó convencerla. — Además no creo que sean malvadas, simplemente tienen que vivir con una maldición. Debe ser difícil convivir con esa maldición para ellas, quizás hasta un poco solitario. Pero supongo que podría ser peor, los lobos son animales hermosos, leales y adorables. — Explicó lo que opinaba.

— ¿Adorables? Un lobo puede atacarte, matarte y comerte. — Dijo disgustada.

— No creo que un lobo te ataque al menos que vos lo ataques primero. Y en cuanto a comer, todos los animales carnívoros comen carne cuando tienen hambre. Pero lo hacen cuando lo necesitan, no cuando quieren. — Argumentó.

— ¿Vas a insistir hasta que acepte? — Preguntó, con una pequeña sonrisa al ver a la otra tan interesada en el tema.

— Si, probablemente si. - Asistió.

— Bien, lo haremos sobre hombres y mujeres lobo entonces. — Aceptó.

Hacer el trabajo sobre las leyendas de hombres y mujeres lobo no resultó ser tan malo como había pensado. De hecho aprendió mucho que no sabía sobre las personas como ella y sobre ella misma. Lo más importante que aprendió fue que los hombres y las mujeres lobo recién podían controlar sus poderes cuando se convertían en adultos, o al menos todas las leyendas que leyeron coincidieron en eso. Ruby sintió alivio al saber que no siempre iba a estar controlada por sus poderes, sino que cuando cumpla los dieciocho años ella iba a empezara controlarlos. También aprendió que había manadas distribuidas por todo el mundo y en algunas de ellas aceptaban otros tipos de relaciones que no fueran hombre-mujer; y aprendió que no solamente existían los rango alfa-beta, sino que estaban los omegas. Y ahora que pensaba en las características de los distintos rangos era probable que ella fuera omega, o por lo menos sentía que era con la que más identificada de sentía.

Las semanas que pasaron juntas Ruby se enamoró aún más de Belle. Con cada pequeño instante que compartían -como: un abrazo, una unión de manos, una pijamada- su amor crecía por ella crecía.

Una semana después de que habían entregado el trabajo práctico y habían sacado la mejor nota del curso, Belle la invitó a su cumpleaños. Y aunque iba a ser una noche de luna llena, sus amigos la convencieron de que acepte la invitación.

— No te preocupes tanto, está lloviendo. — Le recordó Emma para tranquilizarla.

— Pero ¿Y si deja de llover y de repente se pone lindo el tiempo? — Preguntó Ruby sintiéndose nerviosa.

— Entonces nos iremos antes de que sea medianoche. — Aseguró.

— Bien, Gracias. — Agradeció.

Y así, camino al cumpleaños de la chica que la tenía enamorada, Ruby por primera vez en su vida se permitió hacer un deseo. Ella deseó que por esa noche el tiempo se mantenga lluvioso, para que así la luna llena no salga y no tenga que quedar bajo el dominio de su maldición.


Belle estaba completamente enamorada. Ella nunca había tenido sentimientos tan fuertes por otra persona, pero Ruby había logrado despertar eso en ella.

Cuando se dio cuenta de lo que sentía por ella decidió terminar su relación con Will. Además estaba casi segura de que Will estaba enamorado de Jefferson. Will le propuso que los cuatro mantuvieran una relación poliamorosa, pero Belle rechazó la idea. Ella respetaba a las personas que tenían relaciones poliamorosas, sin embargo no se sentía cómoda estando en ese tipo de relación. Ella no quería compartir a Ruby con otras personas.

Belle no sabía cómo confesarle sus sentimientos a la otra chica. Ruby era una persona bastante reservada y tenía un grupo de amigos muy cercanos, los cuales eran casi inseparables. A Belle le gustaría ser parte de ese grupo, pero por más que se llevaba bien con cada uno de los integrantes sentía que los invadía cuando se unía a ellos.

Ruby se alejó de ella por un tiempo, y Belle tuvo miedo de perderla aún antes de tenerla. Pero por suerte la profesora Azul las eligió como pareja de equipo para el trabajo de literatura. Durante el tiempo que trabajaron juntas se hicieron más cercanas, y Belle se enamoró aún más de ella. Le gustaba cómo se concentraba cada vez que leían algo sobre los hombres y mujeres lobo, le gustaba cómo reflexionaba con cada nuevo descubrimiento, le gustaba como se reía ante sus bromas, le gustaba como a veces le agarraba la mano cuando caminaban por la calle, le gustaba cómo la abrazaba cada vez que la saludaba, le gustaba verla relajarse cuando estaba rodeada de sus amigos, le gustaba que confiará en ella y más de una vez tuvieran conversaciones sobre sentimientos… lástima que hasta el momento no se había animado a hablar de los sentimientos que ella tenía por la otra. ¿Era posible que Ruby sintiera lo mismo?

Belle se sintió feliz cuando Ruby llegó a su fiesta de cumpleaños. Eso era todo lo que había querido de regalo en su día.

— ¡Hola! — Saludó Belle alegremente.

— ¡Hola, feliz cumpleaños! — Devolvió Ruby el saludo y la abrazó.

— Me alegra que hayas venido. — Dijo con sinceridad.

— No me habría perdido tu festejo por nada. — Aseguró.

— ¿Bailamos? — Propuso.

Antes que Ruby pueda responderle la agarró de la mano y la guió a la pista de baile. Allí bailaron un largo rato juntas. Belle disfrutó de poder compartir ese momento con ella frente a todos los demás. Luego de varias canciones se separaron y bailaron también con sus amigos, también llegó el momento de la torta y soplar las velitas.

En un momento de la noche, Ruby le pidió si podían ir a un lugar privado. Belle la tomó de la mano y la llevó a su habitación.

— Tengo un regalo para vos y quería dártelo sin que nadie nos interrumpa. — Explicó Ruby el motivo por el cual había querido estar a solas con ella.

— No era necesario que me hagas un regalo, es suficiente con que estés acá. — Dijo Belle sintiéndose conmovida con el gesto.

— Lo sé, pero quería hacerlo. — Dijo y le entregó un paquete.

Belle agarró el paquete sintiendo como una sonrisa se iluminaba en su cara. Rompió el papel que envolvía el regalo y se encontró con su libro favorito "la bella y la bestia". Observándolo detalladamente notó que era viejo y no estaba muy bien cuidado. Sus manos empezaron a temblar, nunca nadie había tenido un gesto tan bonito con ella. Abrió el libro y pudo ver que era una primera edición dedicada por las autoras.

— Gracias, esto es increíble. — Agradeció sintiéndose emocionada.

Sin poder contener su alegría, la abrazó. Estar en los brazos de la otra fue perfecto. Mientras disfrutaba de lo hermoso que se sentía esa cercanía, decidió que ese era el momento de tener coraje y besarla. Pero antes de que pueda hacerlo, algo extraño paso. De repente Ruby se iluminó en una luz roja, una luz que encandilaba tanto que la hizo separarse de la otra y cerrar los ojos por un instante. Cuando abrió los ojos Ruby ya no estaba, y en su lugar había una gran loba. Belle no podía creer lo que veían sus ojos y se preguntó si estaba soñando o si eso era real.

Se pellizcó el brazo y comprobó que eso era real. Se acercó unos pasos hacia la loba, pero esta reaccionó defensivamente gruñendo y se lanzó sobre ella. Cuando estaban caídas en el piso la loba le mordió el brazo, haciendo que este empiece sangrar. Belle no sabía cómo hacer para salir de la situación, pero la ayuda llegó a ella antes de que pueda pensar una posible solución. De repente la loba fue apartada de su lado por Emma y Killian.

Killian agarró a la loba y de repente desapareció mágicamente con ella, como si se hubieran teletransportado o desaparecido mágicamente. ¿Qué es lo que estaba sucediendo? ¿La magia en verdad existía o se estaba volviendo loca?

— ¿Qué fue todo eso? — Pidió saber Belle, algo desesperada.

— Prometo que te explicaré todo, pero primero déjame ayudarte. — Dijo Emma con paciencia.

Emma agarró su brazo y puso sus manos sobre su herida. Cerró los ojos y se concentró. Una luz dorada comenzó a brillar en las manos de ella y Belle sintió como esa luz penetró por su herida, haciéndole sentir una paz extraña en todo su cuerpo. Cuando Emma apartó las manos de su brazo, Belle pudo comprobar que su brazo había sido curado.

— ¿Cómo es es esto posible? — Preguntó maravillada, sin dejar de observar su brazo.

— Yo tengo poderes que me permiten curar las heridas de demás personas. — Explicó.

— Todos ustedes tienen poderes. — Dijo sacando sus conclusiones y refiriéndose al grupo de amigos del que eran parte Emma y Ruby.

— Si, todos tenemos poderes. — Admitió. — Pero por favor tienes que guardar nuestro secreto, si alguien más se entera eso puede ponernos en peligro. — Pidió de manera suplicante y luciendo preocupada.

— El secreto está a salvo conmigo. — Aseguró.

— Gracias. — Agradeció, y volvió a respirar aliviada.

— Gracias a vos por curarme. — Dijo con sinceridad. — ¿Qué hay de Ruby? ¿Ella es una mujer lobo? — Cuestionó, necesitaba saber más sobre la chica que la tenía enamorada.

— Si, pero ella lo vive de una manera diferente, ella cree que ese poder es una maldición porque no puede controlar lo que hace cuando es una loba. — Explicó lo mejor que pudo. — Por favor no la lastimes, ella ya ha sufrido mucho. — Rogó, queriendo proteger a su amiga.

— No es mi intención lastimarla, yo estoy enamorada de ella. — Dijo con sinceridad. — Pero, ¿cómo puedo hacerle saber que yo la quiero igual por más que ella sea una mujer loba? — Se animó a pedirle un consejo a la otra, ya que sabía que era la mejor amiga de Ruby.

— Ten paciencia, porque lo más probable es que se aleje de vos para protegerte. Intenta demostrarle que tus sentimientos son sinceros y que la aceptas como es, con sus poderes y todo lo que eso implica. — Aconsejó, luego de pensar por un largo momento.

Belle estuvo toda la semana de luna llena pensando en Ruby. No podía dejar de imaginarla sola y triste. Pero Emma la había asegurado que ella y sus amigos la cuidaban. Así que confió en lo que Emma le había dicho y espero pacientemente a que Ruby vuelva a concurrir al colegio. El primer día que la vio de vuelta sintió un gran alivio al comprobar que ella estaba bien, pero eso no duró por mucho.

— Ruby no me ignores por favor. — Pidió sintiéndose derrotada ante la indiferencia de la otra.

— Lo siento, pero es la única forma. — Se intentó excusar.

— Yo creo que nosotras podemos encontrar una nueva forma juntas, Ruby yo estoy enamorada de vos y tus poderes no cambian lo que siento. — Confesó con valentía.

— No, vos no podes estar enamorada de mí. — Negó, sin poder asimilar que alguien pueda tener ese tipo de sentimientos por ella. — Yo soy una bestia, lo mejor es que te mantengas lejos mío. — Dijo tristemente y se fue.

A partir de ese momento Ruby la ignoró. Pero los sentimientos de Belle no cambiaban por más que pasaban días y días, por lo cual ella no se iba a dar por vencida. Así es como se puso a investigar todo lo que estaba a su alcance sobre los hombres y las mujeres lobo. Haciéndolo recordó los momentos que había vivenciado con Ruby mientras hacían el trabajo de literatura, y finalmente pudo comprender porque ella había rechazado la temática en un principio y cómo ella se sorprendía y maravillaba cuando descubrían algo nuevo. Según lo que pudo averiguar los hombres y las mujeres lobo podían tomar control de sus poderes luego de cumplir los diesiocho años. Ellas tenían diecisiete, así que no faltaba mucho. Pero Belle no quería esperar, para ella estar un año sin Ruby era demasiado tiempo. Así que decidió ir a visitar a las brujas de la ciudad, Regina y Zelena, para ver si podían ayudarla a encontrar una solución.

— ¿Qué es lo que necesitas entonces? — Pidió saber Regina, ya que la historia de amor que Belle contaba no la estaba dejando concentrar en cuál era el verdadero trabajo que tenían que hacer.

— Necesito que ayuden a que Ruby pueda controlar sus poderes de loba antes de que cumpla los dieciocho. — Respondió Belle.

— No sé si eso es posible. — Dijo Zelena pensativamente. — Nosotras no poseemos ese tipo de magia, hasta el momento no se ha descubierto ninguna poción que pueda controlar a los animales. — Explicó.

— Ohh, lamento haberlas hecho perder el tiempo entonces. — Se disculpó Belle, sintiéndose decepcionada.

— Espera, nosotras quizás no podamos ayudar, pero tal vez Rumpelstiltskin si. — Dijo Regina.

— ¿Quién? — Preguntó Belle sorprendida, nunca había escuchado ese nombre y le parecía raro.

— Es un poderoso hechicero y el mayor coleccionista de objetos mágicos. — Respondió Zelena.

Regina y Zelena agarraron un gran libro que tenían -tan grande que su altura iba del piso a la mesa- y empezaron a buscar entre las páginas. Las hojas pasaban a toda velocidad por la magia combinada de ellas, hasta que finalmente se detuvieron en una.

— Aquí está, este objeto puede ayudarte. — Dijo Regina mostrándole la página para que pueda leerla.

La página explicaba la existencia de una capa color rojo. Esa capa tenía la magia de que la persona lobo que la posea pueda controlar su forma durante la luna llena y también durante las demás fases de la luna. Es decir, que Ruby lo único que debía hacer para controlar su forma era vestir esa capa. La capa le iba a permitir ser humana o lobo sin importar cómo estaba la luna.

— Gracias. — Agradeció comenzando a sentir alegría y esperanza.

— Rumpelstiltskin es peligroso, así que te vamos a dar una pequeña ayuda. — Decidió Regina.

— La poción paralizadora, buena idea. — Apreció Zelena.

Regina y Zelena hicieron una poción para Belle, según le explicaron esta haría que Rumpelstiltskin se quede paralizado por unos quince minutos. Así que, en caso de que el hechicero no quiera venderle la capa, ella tendría que usar la poción para paralizarlo y tendría quince minutos para encontrar la capa roja y llevársela con ella.

Belle fue a la tienda de objetos extraños y de colección que tenía Rumpelstiltskin en las afueras de la ciudad. Entró, y al hacerlo la puerta hizo sonar una campanita para captar la atención del dueño. Mientras esperaba que el hechicero venga a atenderla se dedicó a inspeccionar la tienda para ver si lograba encontrar la capa. Por suerte logró identificarla bastante rápido, ya que estaba colgada en un perchero que había detrás del mostrador. Estaba medio tapada por otras ropas que había colgadas, pero la capucha roja resaltaba entre ese alboroto y Belle estaba casi segura de que era esa.

— Hola, bienvenida querida. — Saludó Rumpelstiltskin apareciendo de repente y sobresaltándola.

— Hola, mucho gusto. — Dijo ella recuperándose de la sorpresa.

— ¿Qué andas buscando? — Pidió saber él.

— Estoy buscando la capa roja. — Respondió ella.

— ¿La capa roja? ¿Para qué la quieres? — Cuestionó él, sorprendido y curioso ante el pedido.

— Si, la capa roja mágica, la que permite que los hombres y las mujeres lobo puedan controlar sus poderes. La quiero para una persona que amo, ella que le necesita. — Explicó ella con simpleza.

— En caso de que la tenga, ¿qué te hace pensar que te la daría? ¿tienes algo para darme a cambio? — Demandó saber, mostrándose desinteresado.

— Porque como te dije es para ayudar a la persona que amo, y si quieres puedo darte dinero a cambio. Tengo 500 galeones de oro. — Dijo ella y sacó su monedero para demostrar que tenía el dinero.

— No quiero dinero, no me sirve. Y no ando haciendo caridad a las personas que necesitan ayuda. — Dijo él de mala gana. — Lamento decepcionarte pero no tengo la capa que buscas. — Informó.

— ¿Cómo sabes que no la tenes si ni siquiera revisaste la tienda? — Preguntó ella, frustrada ante las mentiras del otro.

— No necesito revisarla. Esta es mi tienda, vete de aquí. — Indicó él bruscamente.

Belle dio vuelta para simular que se iba, sacó la poción de las brujas de su bolsillo, y luego volvió hacia el hechicero. Antes que él pueda reaccionar, ella le arrojó la poción sobre su cabeza dejándolo inmovilizado. Cruzó el mostrador y revisó el perchero, hasta encontrar la capa roja. Ella festejó al saber que había estado en lo cierto, esa era la capa roja. La agarró y se fue de la tienda lo más rápido que pudo.

Cuando llegó a su barrio ya era de noche, pero igualmente decidió ir a la casa de Ruby. Emma le abrió la puerta y le dejó saber que Ruby estaba en la terraza. Belle fue por donde Emma le había indicado y llegó a la terraza. Antes de salir se tomó un tiempo para observar a Ruby, quien estaba mirando intensamente al cielo mientras fumaba un cigarrillo. La miró y respiró aliviada de que tenía con ella una posible solución a algunos de los problemas que atormentaban a la chica que se había ganado su corazón.

— Hola. — Saludó Belle haciéndole saber a la otra de su presencia. — ¿Podemos hablar? — Preguntó sentándose frente a la otra.

— ¿Qué haces acá? — Preguntó Ruby sorprendida.

— Vine a verte, te extrañaba. — Respondió con sinceridad.

— Ya hablamos de esto, no es bueno que estés cerca mío. — Dijo, de una manera medio derrotada.

— Vos hablaste y yo te escuché, ahora te toca escucharme a mí. — Dijo con convicción.

— Bien. — Aceptó, después de dar un largo suspiro.

— Ruby a mi no me importan tus poderes de loba, a mi me gustas igual, así tal cual sos. Pero entiendo tus miedos y tus ganas de querer protegerme, por eso decidí buscar una solución. — Expuso lentamente.

— ¿Qué solución? — Preguntó sorprendida.

— Magia. — Respondió con una sonrisa y le entregó la capa roja.

— ¿Magia? — Repitió sin comprender, mientras agarraba la capa con delicadeza.

— Esta capa permite que puedas controlar tus poderes de loba sin importar en qué fase se encuentre la luna. — Explicó y para dar argumento a lo que decía le mostró la foto que había sacado con su celular de la página del libro de las brujas.

— ¿Vos hiciste todo esto por mí? — Preguntó, sin poder creer que alguien haya hecho algo así por ella.

— Si. — Afirmó.

Belle observó como Ruby se emocionó y sus ojos se llenaron de lágrimas. Ella agarró su hombro afectuosamente, intentado transmitirle fuerzas, y le secó una de las lágrimas que caía rebeldemente por su cara. Ruby se levantó del banco y se probó la capa, luego cerró los ojos para ponerla a prueba. De repente ella se convirtió en su forma de loba y Belle festejó que haya funcionado. Se acercó a ella y le acarició la cabeza. Después de unos minutos, Ruby volvió a su forma humana.

— Gracias, no tenes idea lo mucho que significa esto para mi. — Agradeció con todo su corazón y su alma.

— No hace falta que agradezcas, yo lo hice porque te quiero. — Aseguró con cariño.

— ¿Qué pasa si la pierdo, se rompe o me la roban? — Cuestionó pensando futuros temores.

— Nada, encontraremos la forma y sino tendrás que esperar a cumplir dieciocho. — Dijo intentando razonar y hacer razonar a la otra.

— Te amo. — Confesó con una sonrisa.

— Yo también te amo. — Dijo contagiándose la sonrisa de la otra.

Ambas rieron al comprobar que sus sentimientos eran correspondidos. Se acercaron una a la otra y unieron sus labios en un primer beso, un primer beso donde expresaban todo lo que sentían la una por la otra. Dejaron que sus labios se encuentren una y otra vez, y que sus lenguas conozcan como se movían y sabían juntas. Por momentos fue pasional por todo que sentían y querían expresar, pero también por otros fue lento y tierno porque querían tomarse tiempo para descubrirse. Beso a beso se redescubrieron y volvieron a comprobar que sus sentimientos eran reales. Entre ellas había el amor más hermoso y sincero que ninguna de ellas jamás había experimentado en sus vidas.

Fin.