Fisher Tiger no daba a crédito ¿quién era ese niño? desde luego no era normal observó como el niño hacía lo mismo con sus cadenas y las de su padre para su asombro vio como sus manos brillaban de un color verde sobre la herida en el costado de su padre ¿una fruta diabólica?

Nagato desesperado intentaba curar la herida de su padre pero no podía sentía la energía vital poco a poco desaparecer de su cuerpo, finalmente notó una mano agarrar su las suyas y vio a su padre un entendimiento se extendió entre ambos.

—Me ha llegado la hora—dijo el samurai cansado—Lo sabía desde hacía tiempo Nagato—

Pero el chico desesperado meneó la cabeza en negación solo necesitaba más tiempo y su padre se curaría.

—¡No! Te pondrás bien ya lo verás—

—Nagato he estado enfermo desde hace tiempo y lo sabes tus poderes me temo que no son suficientes, escúchame—Miró febrilmente a su hijo—No te sientas triste los samuráis no lloramos, prométeme que escaparás de aquí y si algún día vas a Wano ve a Ringo nuestro hogar ancestral, busca a Gyukimaru muestrale mi espada el lo entenderá—

Le tendió Nisshoku la espada era oscura como su nombre indicaba.

—Ahora es tuya hijo mío pórtala con valentía y honor—

Nagato sobreponiéndose al dolor y conteniendo las lágrimas la cogió solícito, en ese momento la mano del samurái cayo sin vida.

Se hizo el silencio en la celda Tiger no supo cómo actuar pero el chico acababa de ver morir a su padre así que de forma reconfortante colocó una mano en su hombro temía que lo rechazara pero Nagato, como se llama, no lo apartó.

En cambio el niño de los extraños ojos usó ese extraño poder para curarlo sintiéndose al instante bien.

El niño puso una sábana sobre el cadáver de su padre y a continuación le prendió fuego (para desconcierto del hombre pez). Afortunadamente había una ventanilla y el humo se fue por allí y los soldados estaban ocupados con Big Mom. Cogió las cenizas de su padre y la puso en una improvisada bolsa jurando llevarlas a Ringo no era así como quería enterrarlo pero sus cenizas eran más cómodas para llevar luego le daría un funeral apropiado.

Pasó mucho hasta que el ruido de la batalla paró y continuó navegando.

—Deben haber dejado atrás a los piratas—Tiger miraba hacía el techo—Pronto llegaremos a Mariejois el hogar de los dragones celestiales. Para muchos es pulcro y limpio pero eso sólo es la superficie—por dentro era un lugar lleno de corrupción y suciedad.

Nagato con sus ojos pudo ver que efectivamente se acercaban si esos arrogantes desgraciados creían que se saldrían con la suya lo llevarían claro.

—Dime Fisher ¿Te apetecería ayudarme a hacer una locura?—Nagato pudo percibir los gritos en el hombre pez, el pobre había sufrido mucho y quería venganza pero también justicia.

El hombre pez se hacía una idea él inicialmente vino para liberar a los esclavos después de que escapara pero lo capturaron no esperaba con encontrarse con dos habitantes de Wanokuni y entonces volvió a tener esperanza.

—Precisamente venía a eso pero tendremos que sortear a los guardias y hacer una gran escalada—

Nagato asintió y su rostro se llenó de feroz determinación.

—Por cierto llámame Pain—el traería dolor a sus enemigos.

Nagato, Pain como se hacía llamar ahora avanzó hacía los barrotes Shinra tensei, una fuerza derribó la puerta de la celda y ambos salieron, Pain desenvainó Nisshoku y ambos se lanzaron contra los marines y soldados de los nobles mundiales con sed de venganza.

Akainu acababa de evaluar los daños echos por los despreciables piratas de Big Mom como le hubiera gustado acabar con toda la escoria pero los piratas de los yonko era muy fuertes.

En ese momento sonaron las alarmas seguido de una explosión.

—¡Señor!—uno de sus oficiales se presentó ante con pánico escrito en su cara—¡Los prisioneros de la celda han escapado matando a varios de nuestros hombres y han tomado por rehén al noble mundial.

Akainu abrió mucho los ojos de la sorpresa.

¡Como!