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Viernes Negro


Aquel domingo cinco de abril del año dos mil veintiséis, bajo la intensa lluvia de metralla que atraviesa mundos desde el Infierno del Júbilo, Kazuto Kirigaya sabía que iba a morir.

Oculto bajo la barra, el tintineo de cartuchos vacíos acompaña el olor de la pólvora en su nariz. Postrado en el suelo, solo desea que el tiempo regrese dos días atrás, cuando los cerezos todavía mostraban su danza primaveral; bailaban en una lluvia rosa sobre su cabeza, como el metal que rebota contra el muro y aterriza a unos centímetros de su cuerpo. A sus cortos diecisiete años, ya sabía que su paso por el mundo solo es un accidente, y solo al final son los recuerdos que surgen a media noche con los que soñamos, los que cargamos el final.

Todo empieza aquel viernes por la mañana, cuando en la ciudad de Tokyo se vive la costumbre desde el Hanami. Océanos de soldados ambulan por sus calles, vestidos de traje en un siglo que no distingue quien debe usarlo; del pecho corre el caudal de la noche; en otros, corre el vino de sabores aún por descubrir entre sus colores. Otros llevan franelas holgadas, chalecos de seguridad y uniforme con el emblema de algún recinto desconocido. Algunos llevan cascos en el subterráneo, ajenos a la muchedumbre que los rodea. Varios ya discuten incluso antes de salir de casa, pegados al teléfono en sus orejas. Los vehículos circulan a todo galope, con el objetivo de llegar deprisa a sus labores. Y para su mala suerte, muchos terminan sesgados de pureza entre alergias y lluvias que eran incesantes y esporádicas. Una mañana de primavera como cualquier otra de camino al instituto.

Su día en la Escuela de Supervivientes de Sword Art Online es como cualquier otro, como era de esperarse en cualquier lugar lleno de aficionados a los juegos de rol, acompañado de las desventajas que acarrea la popularidad en un entorno lleno de gamers. Su último año está marcado por un sinfín de saludos y agradecimientos por una montaña de desconocidos. Todos lo conocen, incluso el personal de mantenimiento. Su sonrisa calificada de princeso apuesto, la imposibilidad de responder de mala gana, y su educación con el sexo femenino le juegan una mala pasada para escabullirse de la multitud, o al menos, como lo llaman algunos: Kirito, Espadachín de Negro o Aspecto de los Spriggan. Las chicas de otros cursos lo espían por las esquinas; las que llevan un diario, están llenos de sueños mojados y dibujos de su rostro perfectamente esculpido; ojos negros y cabello azabache del que un mechón de flequillo llegas hasta su nariz.

Pero no todo eran luces. Kazuto se enfrenta a la envidia casi a diario. Hasta cierto punto, agradece que en aquel mundo no predominaran las leyes de Aincrad, a pesar de no poder sentir el calor de su hija adoptiva virtual Yui en el mundo real; sobre todo cuando los exmiembros del extinto gremio Caballeros de la Hermandad de Sangre, le lanzaban miradas que podrían disparar rayos láser y herirlo de gravedad en todo su cuerpo, debido a su relación con el Destello Veloz, la conocida subcomandante de dicho gremio: Asuna Yuuki. Ella luce como una modelo en la pasarela de los pasillos del instituto; la llamada chica más apuesta de todo el recinto. Sus admiradores se cuentan por miles, entre hombres y mujeres (que no quisieran asesinarla por salir con Kazuto). Aunque muchos reconocen el fracaso por robar su corazón, ya en manos de Kazuto, no dejaban de abordarla y soñar con recibir el "chocolate por obligación" de sus manos, cada febrero. Ella solo lo daba a sus amigas de SAO, y alguno que otro oficial del gremio. Solía rechazar los regalos del catorce de marzo, para gusto de su novio que no se dejaba intimidar por la enorme competencia. Pero lo más costoso de todo era disfrutar su vida de pareja en público, sin que los espiaran por la esquina de los corredores del concurrido instituto.

Aquella tarde mejoró cuando pudieron salir más temprano que de costumbre, permitiéndose tener una cita tomados de la mano sin prestar atención a miradas curiosas e incómodas. Cuando salen por el umbral de la puerta, solo son un par de desconocidos más en plena vía pública. Caminan por el centro de la ciudad y muchos adolescentes ya estaban allí, sentados en las bancas públicas con sus parejas entre besos y ofreciéndose bocados de comida directamente en la boca entre risas. Otros leían un libro de algún autor famoso. Varios surfean las superficies menos pensadas con sus patinetas, solo para amortiguar la caída con el culo. La multitud no les prestaba atención alguna, incluso cuando en ocasiones llevaban la pequeña cámara VR de Yui para que pudiera conocer la ciudad. La lluvia pasajera, traía consigo el olor a tierra mojada y del césped; los niños chapoteaban en los pequeños charcos sin prestar atención a quienes pasaban por su lado, experiencia que la pequeña niña disfrutaba, deseosa de poder hacerlo algún día.

Ambos van felizmente distraídos con la mirada del otro ese mismo viernes, y no era para menos. Faltaban pocas semanas para presentar los exámenes de medio curso, y la tensión ya se siente entre sus estudiantes, cuando podían pasar más tiempo juntos entre sus paredes. Sobre todo, cuando las líderes de su "escolta de vigilancia" brillan por su ausencia. Rika "Lisbeth" Shinozaki casi se duerme sentada durante la hora de matemáticas, y Keiko "Silica" Ayano lucia ojeras al punto de parecer una calavera con piel de sobra.

Kazuto lo disfrutaba. Su cansancio no les permitía vigilar con tanta atención.

Se detuvieron en su local favorito de todos los viernes, el cada vez más concurrido bar llamado Café Dicey. El lugar se mantiene modesto y bullicioso, ambientado con la música blues de la que su dueño Andrew Gilbert "Agil" Miles es fanático. Ya son conocidos parroquianos del local. Mientras caminan entre las mesas, varios se levantan a saludarles.

—Saben que no tienen que acabar aquí en todos los viernes en cada una de sus citas, ¿no? Hay lugares más divertidos a los que ir. —Solía ser el saludo de Andrew, también exjugador de SAO, donde también llevaba una tienda. Se apresuró a servir a Kirito su taza de café mocca con espuma y canela.

—Es el único lugar donde me sirven el café tal cual me gusta. —respondió, estrechando su mano. Agil puso azúcar en su café.

—¿Qué tal la semana? —preguntó Asuna.

—Terrible. No paro un solo segundo desde el invierno. Los clientes llegaban por montones.

—Hombre, cualquiera diría que es bueno tener parroquianos. Debes tener clientela para no cerrar. Deberías abrir uno en Alfheim.

Tsuboi "Klein" Ryoutarou se sentó al lado de Kazuto, saludándole como de costumbre: con un típico golpe en el antebrazo derecho, al que Kazuto dejó de quejarse cuando entendió que no dejaría de hacerlo. Agil le sirvió su entrante de croquetas de salmón y queso crema, incluidos con la copa de sake. Alfheim Online, también conocido entre sus jugadores como ALO, era uno de los más famosos videojuegos de rol masivos online del mundo, creado a partir del mismo sistema Cardinal de SAO como muchos otros, en un intento por salvar la reputación de la realidad virtual. Solo que este cuenta una fantasía épica basada en la tierra de las hadas y la mitología nórdica.

—¿Han ojeado el grupo de wha? —preguntó, bebiéndose de un trago su copa de sake—. Habrá nueva actualización en ALO. Se rumorea que finalmente seremos Alf's.

—Suguha me estuvo platicando esta mañana, pero no le hice mucho caso. —comentó Kazuto. Últimamente pasaba más tiempo jugando Gun Gale Online. Un juego de acción con armas de fuego, en un mundo post apocalíptico invadido por alienígenas. Allí por lo menos no lo conocen demasiados jugadores.

—Pues debemos considerar loguear pronto y prepararnos.

—Después del asalto de hoy, lo charlamos con Shino.

Pasaría mucho tiempo antes que Kazuto pudiera halar el gatillo de su arma contra otro jugador en cualquier juego virtual. El jugador contra jugador era considerado un crimen em Sword Art Online. En dos años de juego, murieron más de dos mil personas asesinadas por monstruos y otros jugadores bajo el gremio de asesinos: El Ataúd Risueño, casi exterminado por completo cuando los Clearers decidieron arrestar a sus líderes de una buena vez. Ambos, incluidos Agil y Klein formaron parte de aquel grupo que pasaron a formar parte de una leyenda entre sus jugadores, como los que avanzaron por los niveles de Aincrad para terminar el juego y liberar a todos los atrapados por su creador Kayaba Akihiko. Recuerdos que aún le ponían la piel de gallina.

Pasaron todo el final de la tarde charlando con Klein y Agil, hasta que llegó el momento de marcharse.

Como cada cita, acompaña a su novia hasta la puerta de su casa. No solo porque le resultara romántico. Unas noches antes, Asuna había comentado que se sentía vigilada cada vez que regresaba tarde de su casa. Al principio, pensó que solo era un acosador del instituto que querría tomar fotos de Asuna, o que quería esperar la ocasión adecuada para hablar con ella; incluso que era una excusa para pasar más tiempo juntos. Pero ese viernes, la obscuridad era extraña y más misteriosa que de costumbre.

Era húmeda y pegajosa. Los acosaba en cada esquina cual espíritu de ultratumba en busca de hacerse notar; el silencio asfixiante erizó los vellos de la nuca de Kazuto, que trata de ahuyentar con cualquier tema de conversación, que no sobrevive más allá de las materias y anécdotas de aula de la semana. Perdido en sus pensamientos, permanece alerta a los alrededores. Las luces de la calle parecían atraer aquella presencia en lugar de alejarla, igual que los ecos de sus pisadas. El sendero se hizo cada vez más estrecho a medida que se acercaban a la esquina para cruzar al conjunto de residencias lujosas, donde estaba la casa de Asuna. Se giró bruscamente en busca de algún ladrón, pero de nuevo parece ocultarse entre la maleza. Era una sensación desagradable de peligro a lo invisible, listo para estrangular en un abrir y cerrar de ojos en el más mínimo descuido. Se sintió realmente estúpido por temerle a la noche, aún más desde que Death Gun ya estaba bajo custodia.

—Guardaré este momento en mi memoria por siempre —dijo Asuna al mismo tiempo, cerrando los ojos—. Kirito, el espadachín que teme a su propia sombra.

—Ja ja. Muy graciosa. —replicó el chico, rodeando su cintura y retomando el camino.

Comprendió muy tarde que esa noche, la sombra silente intentó advertirle de no loguear.

Cenó junto a Suguha y luego entró en GGO acompañado de Yui, que le saludo alegre con un abrazo a la altura de la cintura. Lucia no como un hada, sino como una pequeña niña normal de nueve años. Llevaba una chaqueta de cuero negra, pantalones de mezclilla, botas, guantes y una bufanda marrón oscuro. No pasó ni un segundo para que gritara de horror y cambiara a su antiguo atuendo de SAO.

Cuando Shino "Sinon" Asada le envió invitación para formar grupo, como siempre es el último en llegar. Klein, Agil y Asuna ya estaban listos para partir de Glocken, la ciudad capital del universo dentro de GGO después de la gran guerra de proporciones galácticas, que acabo con la tierra. Kazuto conducía un vehículo artillado gracias a la más reciente actualización de Gun Gale Online: era un vehículo picap, en cuyo platón iba incorporado una Browning M2 del calibre 50, capaz de convertir el cuerpo humano en un montón de carne picada. Agil iba en el platón, alerta a cualquier alienígena que los atacara desde su nido. Klein iba montado en una motocicleta de alto cilindraje, con Sinon como acompañante. Ahora tras el alias de Kirito, disfrutaba del ambiente del juego.

La tierra de GGO estaba llena de edificios en ruinas, sabanas de asfalto y pueblos abandonados, con abundante olor a muerte. La arena saltaba con el paso de las llantas, dejando escuchar el sonido del socavado que los ingenieros se esforzaron por recrear, directo al llamado Valle de la Muerte. Se trataba de los restos de una enorme plaza alrededor de un cráter de más de tres kilómetros de diámetro, rodeado de desierto. Secciones de tierra estaban chamuscadas. Podían verse algunas calaveras a lo lejos y captarse el olor del aceite quemado. Allí esperaron hasta que se hicieran las veinte horas como decía el informe de inteligencia. Sinon, su líder de escuadrón dio las órdenes de costumbre.

—Usen capas para cubrir su equipo de combate. Kirito, te necesito en primera línea distrayéndolos con tu espada, es lo mejor para que Agil los acribille con su minigun —dijo una estoica Sinon, ocultando parte de su rostro con su bufanda, caminando de un lado al otro con paso firme—. Yo me encargo de dar de baja al enemigo más peligroso desde aquí para probar mi nuevo rifle: el LGC McMillan Tac-50. Asuna se valdrá de su arma láser para arrebatarles sus escudos. Klein, tú la cubrirás con tu fusil. Nos valdremos de la ayuda de Yui para monitorear los pasos del enemigo.

—Pueden contar conmigo. ¡Operación Acribilla a tu enemigo con fuerza letal autorizada, comandante Sinon! —dijo Yui con su voz aguda y cantarina de niña. Hizo el saludo militar, juntando ambos pies. Permanece firme frente a ella, que no pudo aguantar la risa, como pocas veces ocurría dentro del juego.

—No exageres, Yui. —señaló Asuna, aguantándose la sonrisa por su entusiasmo.

—Estoy seguro de que el enemigo usara alguna minigun también. Nos hemos hecho demasiado famosos para pasar desapercibidos. Es al primero que tenemos que quitarnos de encima. —opinó Agil. Daba el último mantenimiento a su arma antes de la batalla.

—¿Qué hay de los otros escoltas? ¿Sabes cómo vendrán armados?

—Un par de subfusiles, un francotirador con un rifle clase épica, granadas de impulso y probablemente un lanzacohetes, nada del otro mundo —señaló Sinon, calibrando su mira microscópica, apuntándole a una ventana de un edificio distante—. No se preocupen por esos dos, me encargaré de sacarles del juego.

—Yui, no te separes de nosotros y quédate siempre a cubierto. Si fallamos, debes desaparecer. ¿Entendido? —La niña asintió a su padre adoptivo, ya acostumbrada al mismo discurso en cada uno de sus asaltos.

El escuadrónbajó por el edificio con ayuda de cuerdas y poleas hasta llegar a tierra firme. Avanzaron mil quinientos metros para alejar la batalla de Sinon y aprovechar la sombra del atardecer, ocultos en las antiguas ruinas de un imponente edificio destruido por la guerra. En el centro se encontraba una lápida de mármol pulido, vandalizada con una cruz invertida en pintura negra. Se podían leer las inscripciones: "La fe aún no ha muerto", y "En nombre de su fe", cerca del grabado hecho por un jugador que decía:

"AQUÍ YACE LA FE,
AQUELLA QUE ELIMINÓ A GALILEO,
Y A MUCHOS OTROS LAICOS QUE NO DEFENDIERON AL HOMBRE
COMO CENTRO DEL UNIVERSO".

—¡Ja! Para lo que quedó la institución. —dijo Klein mientras corrían hasta su posición.

—Cállate y concéntrate, Klein. —ordenó Sinon a través del micrófono.

Kirito miró en derredor, valiéndose de su costoso equipo de incursión militar. Sinon aguardaba tan quieta como un búho en la oscuridad del bosque, alerta a cualquier movimiento enemigo. Asuna estaba justo al frente de Klein y Agil, en el punto más alejado de la retaguardia. Permanecen en silencio bajo sus capas, sin apartar la vista del horizonte aun con la cálida brisa del verano sobre ellos. La arena se pega a sus trajes y rostros como una segunda capa de piel asquerosa, dificultando su visión. Valiéndose de miras infrarrojas, podían ver a través de las brumas que sobrevolaban esporádicamente, hasta la altura de sus cabezas en ocasiones.

Lo que más llamó su atención faltando diez minutos para las ocho, fue cuando solamente un miembro del grupo a emboscar apareció en el Valle de la Muerte. Era bajo, casi de la misma edad que ellos y al parecer, poco parecía importarle demostrar que se encontraba indefenso. Iba vestido de gabardina blanca con el símbolo del gremio en su pecho, protegiendo sus ojos con lentes oscuros. Sinon ajusto la mira en busca de sus aliados en los alrededores.

—Yui... ¿ves lo que yo?

—Sí. Esta completamente solo y sin amigos. Hasta su sombra está de espaldas.

—¡Kirito, sal de allí! —dijo aquel sujeto en tono mordaz. Su voz era extrañamente gruesa, tosca y metálica, como si estuviese simulada por computadora— ¡Sé que estás aquí y que Sinon me vigila en las alturas! Solo quiero charlar.

—¿Cómo carajo supo todo eso? —inquirió Klein, apretando con más fuerza su carabina automática FEC SCAR Mk 16—. ¡Mierda, nos engañaron!

—No vayas Kirito. Es obvio que es una trampa. —suplicó Asuna en un susurro.

—Activarla quizás sea lo mejor para salir de esta —opinó—. No sabemos si nos vendieron o si trata de despistarnos. Como sea, morder el anzuelo es la mejor forma de darle seguridad, tenemos que aprovechar eso y arriesgarnos con la primera jugada. Sinon, ¿a qué distancia lo tienes?

—Mil setecientos cincuenta metros —dijo observando su brújula y midiendo la potencia del viento para calcular su disparo—. Ve tranquilo. Puede que sepa mi presencia, pero no me verá venir.

—Ten cuidado Kirito. —susurró Agil.

Salió de su escondite preparado para defenderse. Aun con el apoyo de sus compañeros, el temblor de la caminata nocturna sigue alojado en su cuerpo, resistiéndose a dispersarse, como si algo con dedos largos y callosos buscará de cogerlo del pescuezo en cualquier momento. Respiró hondo dando zancadas firmes hasta colocarse frente a frente con aquel sujeto extraño. Lo miro al detalle y tuvo la desagradable sensación de conocerle de alguna parte no hace demasiado tiempo.

Y en esa lista, los que eran amistosos ya estaban con él, o en ALO.

—Lamento la demora. La verdad prefería encontrarme con ustedes en una situación más real.

—Pues esto es lo más real que verás de mí —contestó Kirito con frialdad inflexible, metiendo las manos en sus bolsillos como excusa para tomar su arma— ¿Quién eres y qué quieres de nosotros? No sabía que ahora se dedican a traficar información falsa. Supongo que te mereces mi enhorabuena.

—Mi nombre es lo que menos importa, pero puedes llamarme Seth, si te place —dijo con una calma difícil de leer a través de su simulador de voz. Introdujo ambas manos en los bolsillos provocando que Kirito se pusiera en guardia. Sinon lo enfocó a tiro. Los demás tenían el dedo puesto en el gatillo—. No hace falta que te alarmes. Aún. Por supuesto, eso depende de tu decisión.

—¿Decisión?

—Verás Kirito, a diferencia de mis colegas, prefiero recurrir antes a la diplomacia —dijo, caminando de un lado al otro como un felino antes de saltar, estudiando el entorno. Kirito vio posar su mirada en las columnas tras suyo, contándolas—. Tienes cierta propiedad que no es tuya, y que mis clientes desean recuperar. Vengo a ofrecerles la oportunidad de evitarles un riesgo innecesario. Solo deben entregármelo y sus vidas serán perdonadas.

—Hablas como si pudieras matarme "de verdad". Tu red de información es impresionante, pero ignoras un detalle importante. Death Gun ya no existe, y no conoces mi dirección ¿Crees que me asustas?

—Solo limítate a contestar. —replicó.

Kirito sintió su peso a través de los cristales oscuros de su máscara. Una pesada, intolerante y puntiaguda mirada.

—Pues que estás loco de remate. Además, yo no he robado a nadie. Solo nos dedicamos a cobrar por eliminar a otros.

—Es una lástima. Supongo que haré lo que he venido hacer desde un principio.

Antes de que pudiera contestarle, sintió una fuerte corriente de aire pasar a su lado, dejando atrás una estela que le congela hasta los huesos. Giro sobre sí mismo y abrió tanto los ojos que pensó que le saldrían de las órbitas, cuando cogió a Yui por un brazo y la sacó de su escondite.

—Tú vendrás conmigo, pequeña niña.

Kirito no había empezado a correr cuando Sinon le disparó directo al pecho. La bala tardó menos de dos segundos en impactarle, seguido de la nube de polvo hecha por la metralla. Seth se quedó allí de pie, inmóvil y despidieron luces fosforescentes de color blanco aperlado, aflojando su agarre. Yui corrió hasta colocarse junto a su madre.

—Ya terminó. Solo era un idiota. —dijo Sinon sin darle importancia—. ¿Están todos bien?

—¡Nunca he estado tan cerca de la muerte desde que tuve que mirar suicidios en SAO!

—Tomaré eso como un no —agregó la conocida francotiradora de hielo, tomando su rifle con una sola mano. Era tal su tamaño, que desde el suelo llegaba hasta sus hombros—. Regresemos y discutamos eso de los Alf's para volver a...

—Oigan malditos... —La voz de Sinon murió en los micros. Kirito quedó congelado cuando aquel hombre recuperó el habla— ¿No creen que ahora ustedes son los que se sobrevaloran?

Aquel suceso marcaría el principio de los eventos del final del que sería recordado como un viernes negro para Kirito. El día que su hija Yui le fue arrebatada de sus manos.

Continuará...


Nota del autor:

¡Al fin, primer capítulo!

Tenía algún tiempo queriendo escribir algo sobre esta serie, y adivinen… ¡Llego la hora de subir algunos capítulos!

De momento, solo será este y otro más, aunque tenga ya seis hechos. Esto se debe a que faltan cosas por acabar de construir y ciertos temas que quiero aclarar antes de subir más seguido. Entre ellos, tener siempre capítulos adelantados, así que un poco de paciencia, porfa please :D.

PD: me gustaría que me dejaran en la sección de reviews/comentarios, que tal les pareció. Se que me arriesgo con el tema que voy a plantear y con… ciertas críticas que iré haciendo a través de las páginas. Pero, se supone, que para eso sirven las historias, y tengo la intención de dar rienda suelta a elementos que nunca he intentado plasmar, o que ningún de historias de ficción hechas por fans y para fans, no se atreven a tocar u hablar por miedo, o por la razón que tengan. Digamos, el siguiente paso para hacer algo propio algún día.

PDD: primer capítulo revisado.