-3-

Se Busca


Kazuto cierra sesión y abre los ojos, antes de quitarse el ya desgastado NerveGear. Nota el peso extra sobre su cama. Suguha Kirigaya respira entre sollozos, apretando con fuerza ambos puños en los que lleva el pequeño espejo de baño que usa para acicalarse todas las mañanas. El frío del aire acondicionado roza su pecho medio descubierto. Miró en derredor, y nota que algo realmente va mal, cuando distingue el botiquín de primeros auxilios, gasas con manchas de sangre y el teléfono móvil de su prima con el historial reciente de llamadas al 119; encontró curaciones en algunos puntos de su cuerpo, cuando intenta incorporarse. Su cuerpo es más pesado de lo que recuerda; daba la sensación de haberse echado la siesta después de una sesión de cuatro horas en el gimnasio por primera vez en su vida; es decir, como si hubiera dormido sobre las rocas de Alfheim y lo hubieran arropado con otra.

—Es… esto… ¡Esto no tiene sentido! —masculló su prima, reflejando el abdomen de su primo.

Su cuerpo presenta contusiones severas, que iban desde el morado al negro, rodeando pequeñas manchas verdes imitando un panal de abejas. Sus costillas parecían haber sido usadas como saco de boxeo; había moretones en forma de pelotas de golf, y líneas delgadas de color rojo, como si lo hubieran golpeado con una cañería. Su frente también protestaba, justo en el punto donde Seth pateó con más fuerza. La espalda parece haberla dejado olvidada en los percheros en algún trabajo como mula de carga.

—¡¿Me puedes explicar por qué estás lleno de heridas?! —bramó en pleno llanto.

—¡Esto no es gracioso Sugu! ¿¡Por qué me haces esto!?

—¿¡Me crees capaz de una barbarie así!?

Lo confirmaría, pero decidió callar. Respiró lo máximo que pudo sin sentir dolor tratando de relajarse. Suguha no pudo imitar a la perfección los ataques en tiempo real, y por su forma, eran hechas con una espada de punta ovalada. Y no recordaba hacerle algo que quisiera golpearle hasta matarlo.

—¿Alguien entró en casa? —masculló. Su voz estaba reseca, y cada silaba le producía dolor. El sabor de un líquido salado apareció en su boca.

—N-n-no —respondió secándose las lágrimas, aunque no dejaron de salir—. P-pasé llave a la puerta principal igual que todos los días antes de jugar ALO. Pasé por tu habitación y te-te vi. Estabas hiperventilando y su-sudabas como si hubieses corrido una maratón. Empezaron a b-br-otar heridas de la nada por todo tu cuerpo… in-incluso la carne se hundía con cada golpe… aparecieron co-cortes… como si un ser invisible las hiciera frente a mi… sangrabas por la boca…

—¿Tratas de decirme que las heridas del juego se hicieron reales? Eso es… —gritó. Ahogó sus últimas palabras por el dolor—. No-hay tiempo… Sugu, ayúdame.

Se sentó frente a su escritorio y encendió su computadora. Envió un mensaje directo al juego, pidiendo a su novia salir y contactarle por videollamada.

—Hermano… por favor dime qué pasa… estoy asustada.

—Yui… —dijo en voz tan baja que a penas fue audible—. Secuestraron a Yui…

—¿Có-cómo así que secuestraron a Yui? Ella es un programa, no pueden simplemente…

—¡Yo tampoco lo sé! Nos persiguieron con helicópteros y vehículos blindados. Y ese hombre llamado Seth… pudo volar y usar Blandir Doble en Gun Gale Online.

—Pero se supone que es un sho… ¡Dios mío Asuna! ¡Qué le pasó a tu cara! —gritó Suguha horrorizada cuando respondió la videollamada. Tenía un ojo morado.

—No hay tiempo para preocuparse por eso ahora —dijo a toda prisa con voz quebrada—. ¡Debemos hacer algo para encontrarla Kirito, y tiene que ser ya!

Trató de levantarse de su silla y por poco cae de bruces en el suelo. Suguha lo atrapó justo a tiempo, facilitándole su casco. Insertó el cable coaxial en la torre y conectó su cámara VR, analizando toda la información en el monitor, rezándole incluso al Dios virtual de Alfheim lo que no se sabía. Escaneó incluso su NerveGear. Hasta el último circuito donde Yui pudo haberse escondido, incluso la memoria interna conectada al avatar, pero no halló pistas. Su corazón subió hasta su garganta, cuando se disparó un mensaje instantáneo:

"¿Creíste que sería tan sencillo?".

—¡Maldita sea, mierda! —gritó, dando un puñetazo en seco al teclado en su escritorio. Algunas teclas volaron como trozos de confeti. Su arrebato de ira le costó una punzada de dolor en el pecho y una costilla derecha.

—¿Qué pasa? —preguntó Asuna, presa de la ansiedad.

—Se fue… —musitó, clavando su cara en el teclado. Ya poco le importaba si su cuerpo dolía o no, o que las lágrimas se deslicen por sus mejillas y causen un corto circuito—. Perdóname, Asuna.

—¡No te disculpes! —reclamó con vehemencia—. Aún podemos hacer algo. Tenemos que regresar y buscarla.

—¿Pero de qué van ustedes dos? —Suguha dejó caer las teclas "M", "A" y la "D", acusando a su primo con el dedo— ¡Están heridos!

—¡¿Y eso qué?! —bramó Kirito.

—Tienes que ver un médico —gritó Suguha—. Ya llamé a emergencias.

—Pues mira, vas a tener que cancelarlos.

—Es el 119, no puedo hacerlo. ¡Por Dios que estás grave! Asuna, di algo.

—Lo siento Sugu, pero tenemos que volver.

Ella se abalanzó sobre su primo, y le arranco el NerveGear que ya se había colocado en la cabeza. Cogió la espada Kendo de Kazuto y se puso en posición de defensa al estilo de Leafa.

—Te quedarás, Kazu.

—No tenemos que hacer esto —dijo el espadachín de negro, dándose la vuelta sentado en la silla—. Entiende… no puedo abandonarla.

—¡Entiéndeme tú! —sollozó, sin dejar su posición—. Si vas, te veré sumido en el mismo sueño infernal por segunda vez. Cada vez que vaya, estarás dormido en un puto hospital, lleno de vías y aparatos, tendido en una miserable cama quien sabe por cuánto tiempo, sabiendo que puedes morir en cualquier segundo. No quiero pasar por eso otra vez. No quiero sentir el frío en tus manos cuando las toque. ¡Y mucho menos que cuando vaya de visita, encuentre la habitación vacía como muchos otros familiares supieron la muerte de sus hijos! ¿Has pensado en mis sentimientos? ¿O en los de mamá? ¡No nos merecemos eso, y la familia de Asuna tampoco!

Las palabras de su prima tienen el poder de congelar sus pensamientos. Kazuto sintió como si un pequeño fragmento del alma de Sugu entrara en su pecho.

Y logra sentirla. Inocente y mullida. De tez fría y suave, como una liebre de la nieve.

Era su miedo. Miedo a quedarse sola por las esquinas, sin su compañero de Kendo; sin su mejor amigo; el hermano que nunca tuvo hasta que lo vio entrar por el umbral de casa desde el accidente de sus padres. El héroe de Sword Art Online utiliza sus pies para hacer que la silla ruede poco a poco hasta Suguha. Su rostro refleja el momento que despertó hace un año, como la llama que ella misma era, entre el frío de la habitación que vuelve a sentir. Recuerda los sollozos distantes a sus oídos maltrechos, con el mismo tono que ahora ella mantiene.

Logra ponerse de pie. Extiende una mano hasta su sable de madera, y la rodea entre sus brazos. Ella temblaba, y supo que lo hacía de verdad, y no por apelar a su lástima. Algo se sobrepuso a la compasión por su prima, y no era el odio ni la ira contra Seth. Era más bien egoísmo. El maldito egoísmo que no lo deja en paz. El mismo que le valió su apodo como Beater; querer poseerlo todo; ser el héroe que los demás necesitan, aunque deje una estela de dolor tras de sí, que lo carcome por dentro. El mismo que le impide abandonar a Yui, y que le obligó a conocer el paradero de Asuna en Yggdrasill, y al que debe recurrir una vez más.

—Yo no moriré, Sugu —susurró, en consuelo de su prima. La tomó por los hombros y la miró con la misma expresión de relajo que dirige a todas las chicas—. Esto no es como SAO. Pude salir, y Asuna también. Los demás harían lo mismo si se tratase de ti.

Ella lo miró. Luego la pantalla donde estaba Asuna, con la misma complicidad de su primo. Kazuto leyó en su rostro que se había quedado sin armas contra ellos. Se inclinó para coger el NerveGear, y lo colocó en la cabeza de su primo.

—Prometan que si es peligroso, no van a correr directos a su muerte. —dijo a su primo, ayudándole a recostarse en la cama.

—¿Qué haremos con las autoridades?

—Yo me encargo. Pero prométanmelo. Prometan que no se van a morir.

—Lo prometo. —dijo Asuna con una sonrisa a pesar de su ojo magullado. Luego colgó.

—Estaremos bien Sugu. Regresaré pronto —Su prima le dio un beso en la mejilla, y permaneció sentada en la silla, colocando las teclas en su sitio para escribir la página del servicio de streaming de Gun Gale Online.


¡Link Start!

Sintió el acostumbrado y lujurioso vacío de su mente, viajando entre luces y destellos con los colores del arco iris, antes de aterrizar en el Desierto de los Lamentos. Nadie dijo palabra alguna mientras Asuna aplicaba sus habilidades de primeros auxilios sobre su novio. La bondad en sus caricias y suavidad de sus manos se asemeja a la de una nube que se deja arrastrar por la guía del viento. Calmaba su dolor a medida que su barra de vida se restaura.

Era mejor que cualquier píldora de droguería, y solo ella era capaz de brindársela.

Klein y Sinon caminan a paso redoblado hacia ellos, acompañados de un jugador desconocido. Vestía un traje completamente negro, adornado por lo que parecían luces de neón azul eléctrico en cada uno de los bordes unidos por costura. Iba armado con un rifle de francotirador tan grande como el de Sinon. Ella llevaba oculta la boca tras su bufanda, notablemente enfadada, armada con su Hecate en el brazo bueno. Klein caminaba entre ellos, sirviendo de muro humano. La cara de ambos chicos mostró cardenales en la parte izquierda en la comisura de sus órbitas.

Era evidente. Sinon les había abofeteado.

—Vete. Pon tu cabeza debajo de un autobús y muere, por favor. —dijo Sinon al extraño cuando llegaron. Las palabras de Sinon conservan la capacidad de dar un poco de miedo, incluso a Kirito.

—¡¿Eres del grupo que se llevó a Yui?! —bramó Agil al extraño apuntándole al pecho con su Minigun.

—¡Lo sabía! —Sinon hizo lo mismo con inusitado placer, tal cual estuviera esperando la oportunidad.

El chico sudaba sin oponer resistencia alguna cuando Klein se interpuso entre ellos. Kirito dio un disparo al aire, levantándose de golpe y lanzando una mirada de advertencia, notablemente enfurecido. Su mirada era clara: "No le apunten más". Agil dejo caer su arma, no sin antes chasquear los dientes. Sinon hizo lo mismo, sentándose sobre las rocas que allí había, con expresión dura y llena de fastidio. Era evidente que deseaba dispararle.

Kirito luego comenzó a contarles lo que había ocurrido en su pelea contra Seth. Escuchaban su exposición atentos a cada detalle. Klein, Agil y Asuna unieron la comisura de sus labios, cuando comentó que contaba con la misma habilidad de los Clearers.

—Eran jugadores de élite dentro de Sword Art Online —explicó Asuna a una confundida Sinon. Se quejó por lo bajo, mordiéndose el labio inferior cuando aplicó los primeros auxilios sobre su hombro—. Ellos luchaban en el frente para completar el juego y salvar a todos los que estaban atrapados. Nosotros formábamos parte de ellos. Fue cuando empecé a ser conocida como el Destello Veloz. Klein era líder de un pequeño gremio que también luchaba en el frente.

—Ya veo… así que todos ustedes eran jugadores de élite. No me sorprende —masculló, mientras mueve su hombro izquierdo poco a poco, ahora con una molestia soportable. Clavó su mirada en Kirito, en plena discusión con Agil y Klein—. ¿Lo conociste en el frente?

—No, en el Pueblo de los Inicios, antes de enfrentar al jefe del primer nivel. Entre los dos logramos vencerlo —Se le dibujó una sonrisa en el rostro—. Lucia tan gallardo en ese momento…

—Pero no es lo más grave —Kirito guardó silencio unos instantes. El miedo se apoderó de su mente, trayéndole recuerdos del pasado, mientras toma una buena bocanada de aire—. Sonará estúpido lo que voy a decir, pero… a partir de ahora esto no es un simple juego.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Sinon.

—Las heridas también las sufre nuestro cuerpo real, por eso Sugu me pidió salir del juego unos instantes. Por eso es correcto asumir… si morimos aquí… también moriremos del otro lado.

Nadie pronunció una palabra. Sintió como sus heridas volvieron a aparecer una por una, como si todos tuvieran el poder de lanzar rayos láser con sus ojos, torturándolo con su silencio antes de amarrarle y enviarle al manicomio más cercano. Kirito no los culpo por no creerle; el mismo no se hubiera tomado en serio semejante historia, de no haber sido testigo directo.

Por aquel entonces, siempre dijo que sufrir heridas por un video juego de realidad virtual era una broma pesada. Incluso en Sword Art Online, porque la muerte se producía por una sobrecarga que da el propio NerveGear al cerebro, cuando los puntos vitales del jugador llegaban a cero. Ninguno de los fallecidos presento contusiones, cortes, rasguños o cualquier clase de marca física. Incluso durante el incidente de Alfheim Online, las extrañas marcas en los cuerpos se debieron únicamente, a que los filtros de dolor subieron a propósito por obra de Sugou Nobuyuki, de las que también fue víctima cuando Kirito clavó su espada Excalibur en su ojo izquierdo, gracias a que pudo acceder al perfil de Kayaba Akihiko.

Los dejó sumidos en sus pensamientos, cuando se dirigió al nuevo chico.

—Gracias por salvar a Klein y Sinon, este…

—Kazemi. —respondió.

—¿Kazemi? —preguntó Asuna—. ¿Eres Kazemi, el Asesino Fantasma?

—¿Desde cuándo lo conoces? —preguntó su novio.

—Solo he escuchado sobre él —corrigió la chica—. Ganó el quinto BoB eliminando a sus adversarios sin que pudieran verlo siquiera una vez. Solo con un manto de invisibilidad, su rifle de francotirador silenciado y una espada de luz.

—¡Bueno, tampoco es para tanto, señorita Asuna! —mencionó, ruborizándose y rascándose la cabeza con nerviosismo.

—Silo di lo que viniste a decir y lárgate o muere. Me da igual lo que elijas. —dijo Sinon con frialdad, recuperando la cordura.

—¿Por qué lo odias tanto? —preguntó Agil.

Los pómulos de Sinon adquirieron un tono rosa. Ella frunció el entrecejo.

—¡Nadie me había dicho eso en mi vida, sucio pervertido!

—Ya me disculpé. —respondió, encogido de hombros.

—¿Qué le dijo?

—Es un genio… Pero se lo dijo a la chica errada. —respondió Klein.

"La historia de mi vida", pensó Kazemi. Suspiró, antes de arrojar tres esferas al suelo; giraron unos centimetros hasta formar un pequeño triángulo equilátero. Instantes después, dispararon luces hasta formar una pantalla de televisión virtual. Las imágenes mostraban las noticias en blogs de videojuegos, y el canal abierto de Gun Gale Online. Lo ocurrido en la autopista y el caos que se había esparcido por la persecución de un gremio profesional a un grupo de jugadores es la noticia del día. Los medios se referían a ellos como: Tramposos del Valle de la Muerte.

—Ahora todos los conocen —dijo, colocándose frente a la pantalla digital—, necesitan ayuda para encontrar a esa niña llamada Yui.

—Solo disparémosle. Seguro algo tuvo que ver. —agregó Sinon apuntándole con su arma. Su mirada lúgubre y opaca, daba a relucir sus intenciones. Kirito solo extendió una mano, para detenerla.

—Te equivocas —la corrigió Kazemi. Desvió la mirada, rascándose la cabeza. Abrió y cerró la boca varias veces antes de hablar—. Miren, solo quiero ayudar ¿vale? Si no, no estaría aquí.

Ninguno respondió, solamente intercambiaron gestos dubitativos.

—Mira, te agradezco que los hayas salvado —dijo Kirito con firmeza—. Pero este asunto no te concierne. Lo mejor es que sigas tu camino.

—¿Y por dónde planean comenzar a buscar? —Kazemi arqueó una ceja, cruzado de brazos—. Ni siquiera saben quién se la llevó.

—No te necesitamos. Piérdete, pervertido.

Sinon se levantó y avanzo a grandes zancadas, alejándose lo más rápido que pudo. Klein vaciló, abrió la boca para decir algo, pero solo terminó despidiéndose.

—Oigan chicos… debimos aceptar su ayuda —susurró Klein—. Nos vendría muy bien, y parece un buen chico.

—Por eso mismo no es de fiar —puntualizó Kirito—. No nos está diciendo todo, y ya son muchos desconocidos para un solo día.

—¿Tienes miedo o qué? A las chicas le gustan los que son valientes. —dijo Klein.

—Ja ja. Muy gracioso.


Caminaron alrededor de una hora hasta llegar al punto más cercano hasta los transportadores a la capital. La ciudad, era en realidad una nave espacial donde los primeros habitantes de la tierra regresaron después de la guerra, el Crucero de Batalla Espacial Glocken. Activarles consistía en un pequeño juego de tiro al blanco, dándole la energía necesaria para activarles, solo una vez cada treinta minutos por jugador.

Aterrizaron en el centro de Glocken. El ambiente seguía igual que siempre a pesar de las actualizaciones. La nave estaba rodeada por enormes estructuras metálicas y tuberías que sobresalen de las mismas; durante las noches, solo se distinguían gracias a las luces que los rodeaban. En los puntos más bajos de la ciudad, parecía incluso penetrar el cielo. GGO era de los pocos juegos cuyo mundo no se actualizaba conforme a la época del año del mundo real. La explicación por parte de la compañía es que trata de una de las varias consecuencias de la guerra, que inestabilizaron el clima de la tierra y eliminando por completo los cambios de clima conocidos. Aunque muchos argumentaban, era por pereza de los programadores.

El cielo estaba cubierto por nubarrones totalmente negras de combustible quemado, a excepción del escenario donde se celebra el BoB. Glocken siempre permanecía inundada por el olor del hollín y del aceite, que penetra en la nariz igual que los perfumes baratos de vendedores ambulantes en el centro del vecindario. Los zapatos de suela metálica hacen que el sonido rebote en las paredes con más fuerza. Los enormes edificios tenían tiendas en los niveles inferiores como antros en una calle a oscuras; daba la sensación de que sufrirían un robo en cualquier momento. Las luces de neón señalan el camino a los diferentes destinos en el laberinto que era la ciudad, a pesar de su simple diseño. Varios jugadores primerizos miraban el mapa de la ciudad que reciben al ingresar, y la cantidad de caminos y pequeños círculos de afuera hacia adentro, los hacía pedir ayuda para ubicarse.

A pesar de las distracciones y los numerosos anuncios e invitaciones para misiones y asaltos, Kirito no podía dejar de pensar en Yui. No sentirla como un pequeño peso en su hombro, en el bolsillo de su traje, revoloteando a su alrededor u andando a su lado, era una sensación desesperante. Era como la navidad con un asiento menos en la mesa, y que nadie menciona, aunque sepan quien debería ocuparlo. Recuerda la ocasión cuando lo celebraron en Aincrad, unas horas antes de la cena en sus respectivos hogares, como regalo para ella. Sus ojos resplandecían como una lluvia de estrellas fugaces, sentada justo a su izquierda, disfrutando los platillos navideños de Asuna. Fue cuando comprendió que los humanos existen para sufrir, desde el mero hecho de su nacimiento. Nacemos del mismo. O al menos, es lo que más suele existir, por mucho que tratemos de fingir que no existe, oculto en las sonrisas que nos forzamos a mostrar a quienes nos rodean.

Esos recuerdos nos atormentan incluso a medianoche, antes de rendirnos al sueño.

—Chicos, no bajen la guardia —dijo Sinon interrumpiendo sus pensamientos. Lleva su pistola con mira telescópica en la mano, dándose media vuelta—. Nos tienen rodeados.

Kirito miró en derredor. Varios jugadores los miraban desde los callejones cercanos. Llevaban varios carteles en las manos, como los que usan los cazarrecompensas de GGO para ubicar reconocer a sus presas. Algunos de ellos salían de su escondite, apuntándoles, exhibiendo sonrisas crueles y sardónicas en su rostro.

—Buenas noches, Sinon. Tiempo que no nos veíamos.

—Dyne. —dijo ella, devolviendo el saludo con sarcasmo.

Aquel jugador era un hombre mayor, vestido con un sobre todo marrón, sombrero cowboy y un pañuelo rojo alrededor de su cuello. Kirito lo reconoció como uno de los participantes del tercer BoB, y antiguo líder de escuadrón de Sinon antes de conocerla. Él también llevaba carteles consigo, echándoles un vistazo con cuidado, depositando su mirada en cada uno de sus rostros. Sus acompañantes rodearon poro a poco a su grupo.

—"Espadachín de Negro", Kirito. "Destello Veloz", Asuna. La Francotiradora de Hielo. "Hectate", Sinon. "Chispa Roja", Klein y "La Torre", Agil. Nos tocó el premio gordo —dijo uno de ellos—. Te dejaré con vida en honor a nuestra amistad Sinon. Maten a los demás.

—Eres valiente cuando te rodean profesionales —gruñó, apuntándole con su arma—. No te dejaré asesinarlos tan fácil.

—No es nada personal créeme. Son estrictamente negocios.

Más de diez armas les apuntaban directamente en todas direcciones. Pegaron espalda con espalda. Asuna estaba en su costado derecho y Sinon detrás. Klein estaba a su izquierda y Agil sacó su pistola, entre Sinon y Asuna. Por primera vez en mucho tiempo, Kirito sudaba frío, apuntando al que tenía más cerca, buscando debilidades de la formación enemiga. Respiraba con dificultad, mientras decide entre disparar y no disparar. Hacerlo significaba arrebatarles la vida por su supervivencia, aunque para ellos solo sería quedarse sumidos en el suelo de la realidad virtual; pero si no lo hacía iba a morir, dejando a Yui a merced de sus captores.

Solo le tomó unos dos segundos decidirse. Por tercera vez, tendría que convertirse en asesino.

Escucharon un disparo que eliminó a Dyne. Kirito activó su espada tan deprisa que sus enemigos a penas y se percataron que sus rehenes se habían movilizado. Logró cortar el cañón de la escopeta con la que le apuntaban y eliminó a su adversario con un disparo limpio en la cabeza. Asuna, Klein y Sinon también abrieron fuego, esquivando las balas por una nariz. Alzaron su mirada al escuchar dos disparos más sobre ellos. Kazemi estaba ayudándoles sobre los techos, inutilizando a sus enemigos antes que pudieran atacarles. Al cabo de dos minutos, habían acabado con todos sus perseguidores.

—¿Así es como se cuidan las espaldas? —Kazemi bajó utilizando una especie de lanza garfios. Apunto al poste por encima de sus cabezas y se dejó caer frente a ellos entre el sonido metálico de sus zapatos, y el equipo agitarse bajo su traje—. No me digan. Lo tenían todo bajo control, y no necesitaban ayuda.

—Gracias… Kazemi. —dijo Kirito.

—Espero les haya servido de lección —dijo, depositando su mirada en el rostro de Sinon y luego en su líder—. Glocken ya no es la misma ciudad pacífica que conocían.

El chico coloco su arma en la hendidura de su espalda. Extendió su mano derecha para abrir el menú del juego, y tomo cinco objetos de su inventario. Eran los mismos carteles que llevaban en la mano sus asaltantes. Kazemi los arrojó al suelo, y lo que vieron los dejó perplejos. Klein cayó de rodillas al suelo, cogiendo uno con manos temblorosas. Sinon se había puesto pálida por primera vez desde que Kirito la invitó a la fiesta en el Café Dicey. Asuna ahogó un grito, y Agil permaneció como una estatua, con la vista clavada en el suelo. Kirito cogió uno de ellos. Tenía una foto suya y bajo ponía:

¡SE BUSCA!

VIVO O MUERTO

ESPADACHÍN DE NEGRO, KIRITO

RECOMPENSA:

10,700,000,000 créditos

Continuará…


Nota del autor:

Hasta aquí el tercer capítulo de esta historia, como digo, a ver qué pasa.

Aquí vemos como solamente tienen un problema tras otro nuestros colegas XD. Y bien gordo, si por Kirito están ofreciendo una recompensa que al cambio… resuelve la vida a cualquiera.

Solo decir, que el rescate de Yui cada vez se complica más.

Espero les haya gustado el capítulo. Por favor no olviden dejarme su comentario/review prfa please. Me ayuda a saber si de verdad esta historia tiene futuro XD. Y realmente estoy tratando de cuidarla para no cometer los mismos errores que con mi primera historia.

¡Saludos y hasta otra, chicos!

¡Gracias por leer!

PD: capítulo revisado.