Un día en la Madriguera

Hermione y Tonks se tomaban de la mano, por debajo de la mesa, en La Madriguera. No era la primera vez que lo hacían, pues desde hacía ya cinco meses estaban juntas, pero ese día era diferente, porque ese día le contarían a todos de su relación y ambas estaban nerviosas y preocupadas por cómo iban a reaccionar los demás. La castaña estaba en las nubes, rememorando cómo empezó todo.

Cuatro años pasaron desde la guerra, y se había volcado a su trabajo por completo, sin distracciones como noviazgos, hasta el día en que fué a Grimmuld Place a visitar a Harry, y se encontró con la última persona que esperaba encontrar: Niphadora Tonks.

Estaba allí, llorando en el salón. La castaña supuso que se lamentaba por su esposo fallecido Remus Lupin. La casa le debía traer muchos recuerdos pues allí se conocieron y se enamoraron y, aunque había pasado tiempo, la herida aún no sanaba al parecer. La castaña quiso salir de allí intentando no hacer ruido pero Tonks se dio cuenta de que estaba ahí y dijo, temblando un poco a causa de las lágrimas:

-Harry aún no llega, se quedaría con Teddy a la tarde, pero creo que se retrasó en el trabajo- intentó componer una sonrisa pero pronto se volvió a quebrar y la castaña se sentó a su lado y la abrazó. Momentos después sintió unos pasos rápidos que bajaban por la escalera y Tonks, rápidamente, se arregló la cara con un hechizo y le sonrió al niño peliazul que correteaba hacia ellas.

-¡Tía Mione! ¡Tía Mione!- gritó el pequeño Teddy mientras se abalanzaba a su tía favorita.

-Hola pequeño- dijo Hermione, recuperando la compostura y mirando a Tonks de reojo: tenía cara de querer seguir llorando, pero se estaba conteniendo porque no quería que su hijo la viera. Hermione comprendió eso y, alzando al pequeño, lo llevó diciéndole que tenía un nuevo truco que mostrarle. Tonks susurró "Gracias" y se tapó la cara con las manos, con clara intención de seguir lamentándose.

Hermione cayó en la cuenta de que nunca la había visto derramar más que unas pocas lágrimas, pues siempre parecía fuerte por su hijo. Admiró a esa mujer y se prometió ayudarla en todo lo que pudiera.

Hermione podía precisar ese momento como el principio de todo, pero Tonks diría que fue unos días después.

Estaba teniendo una mañana especialmente agitada y estaba algo sobrepasada por la cantidad cosas que tenía que hacer, las cuales incluían hacer el desayuno, vestirse, vestir a Teddy, hacer el almuerzo para llevar y preparar las cosas de la guardería. Cuando aún tenía puesto el pijama, pero con la remera del uniforme, Hermione tocó la puerta de su casa. La había visto el día anterior en casa de Harry, pero le sorprendió encontrarla en su puerta.

-No es que me moleste que vengas, Herms, ni que te éste echando ni nada, pero ¿Qué haces aquí?- dijo Tonks, aún confundida, pues nadie la visitaba sin avisar y menos a esa hora de la mañana.

-Hice una promesa y la estoy cumpliendo- dijo, guiñandole a Teddy -Le prometí a mi sobrino que prepararía el desayuno.-

-Oye… no tienes porqué…- comenzó a decir Tonks.

-Si, si tengo- dijo la castaña con una sonrisa -Ahora, vayan los dos a terminar de cambiarse- Los llevó a las escaleras como si ambos fueran niños -Los espero en diez minutos-

Quince minutos después ambos bajaban más despiertos y se sentaron a la mesa mientras Hermione les servía el desayuno.

-Esto está delicioso, tía- dijo Teddy, masticando sus huevos revueltos. Tonks sólo asintió, estaba consciente de que cocinaba mal y le agradecía enormemente a Hermione el haberla ayudado esa mañana.

Cuando terminaron salieron todos juntos, pues ambas trabajaban en el Ministerio, dejaron a Teddy en la guardería y fueron caminando en silencio, que Tonks rompió al buscar un tema de conversación:

-Y… ¿En qué estás trabajando?- Preguntó.

-Estoy luchando por reabrir la P.E.D.D.O. Empecé un nuevo proyecto esta vez con metas más reales que el anterior- respondió la castaña -Si no quieres, no respondas, pero, ¿Por qué estabas llorando ayer? - No pudo contenerse en preguntar.

-En parte es por Remus, porque lo perdí, porque lo extraño, aunque haya pasado tanto tiempo. Él me hacía ser mejor persona, más centrada, más organizada, aunque nunca me pidió que cambiara, y eso me lleva a lo otro por lo que lloraba, porque él me hacía ser mejor madre. Como ya viste esta mañana, soy un desastre organizando mi tiempo, soy mala cocinera, siempre llego tarde a todos lados por lo tanto también mi hijo. Antes lo dejaba en lo de mi madre y ella se encargaba de todo, le preparaba el desayuno, lo vestía, yo soy un desastre para esto de ser mamá, pero desde que se fue…hace un mes, no puedo evitar pensar que quizás le esté haciendo mal a mi hijo- contó Tonks, desahogándose de todo lo que le estaba pasando desde hacía unos meses.

-No eres mala madre, tu amas a tu hijo, haces lo mejor que puedes. Eres un poco torpe, sí, pero eso no debe hacerte olvidar que eres una excelente auror, y aprendiz de nada más y nada menos que Alastor Moody, uno de los mejores aurores de Inglaterra. Controlas tu don de forma grandiosa, y te has mantenido entera a pesar de todo por tu hijo, hasta ayer jamás te había visto llorar. A partir de mañana iré todas las mañanas a tu casa a ayudarte en lo que pueda, y te enseñaré a cocinar, si tu me lo permites, claro- Terminó de decir la castaña.

-Gracias, por todo. ¿Por qué haces todo esto? Nunca fuimos buenas amigas, ni siquiera hablábamos mucho en la Orden- Consultó la mayor.

-Ayer tuve mi primera sonrisa sincera en meses, y me la sacó tu hijo cuando me dijo que eras mala cocinera. Así que me dije ¿Por qué no ver más seguido a mi sobrino favorito? ¿Por qué no ayudar a su madre que parece sobrepasada por todo?- respondió Hermione. En realidad, había otra razón, se dio cuenta de que odiaba ver llorar a Tonks, y se prometió hacer todo lo posible para que no volviera a suceder.

La metamorfomaga sonrió, una sonrisa agradecida y sincera.

A las pocas semanas, Hermione apenas regresaba a su casa para dormir y cambiarse de ropa, pues pasaba el día en casa de Tonks, que parecía más aliviada, menos atareada y hasta más feliz. Se habían hecho amigas íntimas, se contaban todo. Al cabo de unos meses, un sentimiento más allá de la amistad comenzó a surgir entre ellas.

Los roces seguidos de coloradas mejillas eran moneda corriente en aquella casa.

A ambas les costaba admitir lo que sentían, que se estaban enamorando de una mujer.

Ninguna quería dar el primer paso, hasta que un día, mientras estaban mirando por enésima vez la película favorita de Teddy, y él se había quedado dormido en el otro sofá, Hermione giró y vio a Tonks, ella también la vio, sus ojos se encontraron y poco a poco acercaron sus caras, sus labios se encontraron, se besaron lento, transmitiendo todo lo que sentían.

Una tan alocada y torpe, la otra tan organizada y lista, ambas encajaban como piezas de un rompecabezas. Ambas tan testarudas que, cuando sintieron el calor de los labios ajenos, no los dejaron escapar.

Al día siguiente salieron a pasear, fingiendo ser sólo amigas, pero a sabiendas del secreto que ambas compartían.

Cada cierto tiempo, Tonks tenía cargo de conciencia, sentía que traicionaba la memoria de Remus -Esto no está bien, no debemos estar juntas, somos mujeres, se supone que deberíamos estar con chicos, no con otra mujer- decía de vez en cuando.

-Escucha, yo te amo, tu me amas, esto que sentimos es hermoso, Tonks, no es malo- Hermione era más abierta en cuanto a esos temas, pues en el mundo muggle era más normal ver parejas homosexuales, y amaba las novelas que había leído sobre amores que triunfan a pesar de todo. -No me importa si todo el mundo está en contra de lo nuestro- le decía la castaña -Lo importante es que nosotras estemos de acuerdo. A Remus le gustaría que fueras feliz-

-Lo sé, lo siento, te amo- respondía Tonks, y la besaba.

Un día Harry llegó por la chimenea a la casa de Tonks sin avisar y las encontró besándose en el sillón de la sala. A Harry le dio pena interrumpir esa escena pero no podía irse sin hacer ruido así que carraspeó para llamar su atención.

Ambas se separaron y miraron asustadas a Harry que, para sorpresa de las chicas, las abrazó y les dijo: -Felicidades, se merecen ser felices después de todo. Iré a ver a mi ahijado que supongo estará arriba-

Ambas asintieron y, cuando el pelinegro se fue, se miraron y comenzaron a reir por la situación tan espontánea, y por el buen recibimiento de su relación de parte de la primera persona que lo sabía.

Harry por su parte hablaba con Teddy. Era un niño muy inteligente que le contó que su mami y su tía eran novias, pero también que le dijeron que nunca olvidarían quién era su papá, y que no se avergonzara de lo que los demás dijeran sobre ellos. Harry le preguntó si era feliz y el pequeño respondió : -Si, soy feliz. Apenas recuerdo a mi papá pero tengo su foto y me hablan y cuentan sobre él, pero ahora mamá se ve más feliz y ya no llora por las noches, y la tía cocina muy rico y la quiero mucho, se que hace muy feliz a mamá.- Harry sonrió por la respuesta.

En la cena se enteró de lo que había pasado en esos últimos meses, y él las convenció de contarles a los demás sobre lo suyo.

La voz de Teddy las trajo de nuevo al presente. El niño era el centro de atención contando a todos que había salido de dinosaurio en la obra escolar. Cuando alguien le preguntó quién le había hecho el disfraz, él contestó que su tía Mione, y cuando alguien más preguntó que tal le caía su tía, él respondió con toda la sinceridad que un niño de su edad puede tener "Quiero mucho a la Tía Mione, hace comidas muy ricas y hace feliz a mi mami, en especial después de que se besan, ambas sonríen mucho, aunque yo no entiendo porqué, a mí no me gustaría besar a una niña, a mi me gusta más tirarles el pelo, pero no se lo digan a mamá"

Pero nadie escuchó la última frase del pequeño, que de pronto sintió toda la atención volcada en su mami y la tía Mione. Ellas se dieron cuenta de que era el momento de explicarlo, y contaron más o menos, como había nacido y madurado su relación y su amor. También les aclararon que ellas querían compartir su alegría con ellos, pero que no les estaban pidiendo permiso.

A pesar de las miradas y los gestos de confusión de todos, se lo tomaron bastante bien, pues en esa familia lo que importaba era la persona, no su orientación sexual ni sus gustos, a menos que le gustara la magia oscura, claro. Teddy tomaba todo con mucha naturalidad, y le encantaba verlas besarse, aunque los demás desviaran la vista avergonzados. Había cosas que era mejor tomar con tiempo.

Sin embargo, esa tarde, la mayor sorpresa se la llevaron las dos mujeres en cuestión cuando un extrañamente cohibido Teddy se acercó para decirles:

-Tía Mione tu cocinas, me haces los disfraces, eres novia de mamá, y estás siempre en casa- La castaña asintió, no sabía a dónde quería llegar el niño pero lo averiguaría pronto. La siguiente frase la dijo aún más bajito, como avergonzado de hacer una pregunta tonta -Eres como otra mamá, y quería saber si te podía llamar así- dijo terminando el pequeño.

-Teddy, tu puedes llamarme como quieras, pero creo que deberíamos preguntarle a tu mamá si está de acuerdo- dijo la castaña, sorprendida por el curso que había tomado esa conversación.

-Vamos mami, di que sí- dijo Teddy haciendo puchero y poniendo esos ojitos tiernos color miel que tanto le gustaban a Tonks -Tú serías mi mami, y ella mi má, así no se confunden, di que sí mami, por favooooor-

-Claro que si mi amor- dijo Tonks. Había pensado en eso muchas veces antes y no sabía cómo planteárselo a Hermione, y que su hijo lo hubiera dicho así, tan natural, le encantaba. Sin embargo, no sabía lo que pensaba su novia sobre eso.

-Oye… - comenzó, un poco insegura -Si tu no quieres esto… o piensas que es demasiado pronto… o no deseas…- se trabó, insegura de cómo continuar.

La castaña la miró a los ojos y dijo:

-Desde el primer momento supe que si me enamoraba de tí, tú no venías sola. Amo a ese pequeño tanto como te amo a ti, lo quiero como a un hijo, me encantaría ser su madre y que seamos una familia, y si a ti te molesta házmelo saber. Pero así como me comprometo a amarlo y cuidarlo como otra madre, también me comprometo a que no olvide a su padre, siempre lo recordaremos-

La pelirosa no sabía qué decir, así que decidió tomarla de la nuca y besarla dulcemente.

-Te amo, Hermione. Me has hecho la mujer más feliz del mundo-

-Yo te amo más- dijo sonriendo la castaña.

Y allí, tomadas de las manos, rodeadas de las personas que más querían, y viendo a su pequeño corretear de un lado a otro, supieron que habían encontrado su lugar en el mundo.