COLD AIR

Sinopsis: la historia arranca cuando Jan Di y Jun Pyo se encuentran con los F4, cuatro años después de la cita en la Torre. ¿Te acuerdas de aquella noche? Hizo mucho frio — No quiero volver a sentirme así, ¿puedes hacer algo?

El aeropuerto quedaba a una milla y Jan Di caminaba pesadamente sobre sus zuecos con plataforma de madera. Eran las 4 de la mañana y el amanecer sería a las 5. Le había sido imposible entrar en medicina, pero estaba estudiando enfermería y después quién sabe. Había decidido no ponerse límites nunca más, ni siquiera con él. Demostraría a los F4 el valor de una futura enfermera, y le daría una lección a Jun Pyo. Le haría recordar el puente de Macao. Se sentía con fuerzas para doblegar el acero pero sin duda no tenía fuerzas para ello. Se dijo que si el corazón de Jun Pyo seguía congelado después de cuatro años de separación, lo olvidaría para siempre. ¡Buena era ella para terminar lo empezado! ¡ya vería aquel niño mimado y consentido!

Cuando el tren nocturno llegó al paseo, no se lo pudo creer. La playa estaba desierta y oscura como un pozo congelado. Llevaba la estrella con la luna en el bolsillo, la palpo con dedos inquietos mientras tragaba inquieta. Ahora ya estaba allí, no había porqué esconderse de nuevo.

¡Fighting! — le había dicho su hermanito por teléfono. Iba a estudiar para piloto, y estaba orgulloso de ella y ella de él.

No recordaba la arena tan áspera, ni las olas tan ruidosas, recordaba otro mar en calma, tranquilo, paseando al lado de Jun... se sacudió la cabeza para alejar la visión que acudió a sus ojos, acompañada de lágrimas. Se sacudió tanto que tuvo que sujetarse la sien a causa del mareo. Cayó al suelo al no encontrar sujeción. Si Jun Pyo estuviese allí, en la oscuridad, se reiría de ella. Diría algo como.

"Hey, lavandera, pretendes centrifugar tu única neurona..."Rio como estúpida al traer a su mente, como una ola, los gestos de él. ¿Porqué lo hacía? ¿porqué se hacía daño de aquella manera? ¿La amaba? ¿quería hacerle pasar una noche como la de Macao?

"No, no, ya no pienses más en aquella noche..." se dijo Jan Di, "haría cualquier cosa por borrar aquella noche, por borrar aquel viaje, borrarlo para siempre...".

La oscuridad comenzaba a disiparse cuando oyó un carraspeo en alta voz. Provenía de la orilla a su izquierda. Miró con ansia, esperando adivinar la alta silueta de su "todavía" novio. "Novio, o eso creo yo".

Un nuevo carraspeo fingido con una risita final la hizo estremecer. Se giró hacia la orilla derecha, mirando, mientras el sol comenzaba su andadura, allí estaba él, con los zapatos en la mano, los pantalones pirata, las gafas oscuras en la punta de la nariz, y su sonrisa despreocupada de siempre. Por un momento, pensó en lanzarse a sus brazos, pero se clavó firme. "Es la guerra, Jan Di, aún recuerdas Macao, aún recuerdas...".

La figura, ahora orlada por el sol reflejado en las olas, se acercaba lentamente, ahora la saludaba. "Sin duda, espera que me lance..." y clavó más hondos los pies, calzados aún con los zuecos hospitalarios. La suave brisa la hizo enrojecer, era una brisa fría, invernal en pleno verano.

Los dedos cálidos de su novio, rozaron su mejilla, y sus ojos le dieron la bienvenida en silencio. Nunca hubo saludo entre ellos, ¿acaso lo necesitaban? No podía saber que ella había estado llorando. Desde que conoció al heredero rico de Shin Wuan no había parado de llorar, ¡así estaban las cosas! ¡Ella que no había llorado ni en la guardería!

—Eh, lavandera, te has disfrazado de internista para matar a alguien...espero que nunca necesite tus auxilios.

Ella le respondió con un no menos cariñoso"puñetazo"en el brazo. Él se retorció de "dolor", mientras la miraba con una sonrisa.

¿Soy menos F4 que tú por no poder tumbarte de un puñetazo? — respondió la futura enfermera al emprendedor egoísta que se mofaba.

—Ya lo hiciste... en el pasado, con tu patada voladora — dijo él, tapándose la boca como si dijera algo inesperado.

—Eres tonto, ahora ya sé que aún puedo hacerlo. — Dijo ella poniéndose en guardia con los puños en alto, pero sonriendo. Él se dio cuenta y la llamó.

—No, no lo harás — dijo él riendo, empezando a "huir" de ella, hasta que el agua rozó el borde de sus pantalones.

—No huyas. — dijo ella riendo, yendo hacia él aún en guardia.

—No, no puedo huir, no huiré más, lo he prometido — dijo atrapándola como un tigre atraparía a una conejita saltarina. Enseguida la abrazó por la espalda y la recorrió con nervio bajo la bata, sobre la vestimenta.

—¡Espera Jun Pyo! Va a amanecer... — y se desprendió de las manos invasoras. Quedaba un punto por aclarar y no iba a permitir que la llevase "del collar" como siempre.

—Ah, sí, es cierto, no estamos en la torre de Namsan, ¡esperaré hasta entonces! — dijo soltándola de inmediato. Su mirada era de promesa o de amenaza y asustó un poco a Jan Di.

Ella le respondió con otro puñetazo. Ya era el amanecer y se quedaron quietos, mirando hacia el mar.

—¿Es hermoso? ¿no crees?

—Sí, nunca lo había visto así.

—Después de tanto tiempo. — Como si hubiera pasado una eternidad. — me sigues teniendo en el bolsillo.

—Se dice "en el bote", "tener a alguien en el bote". — Corrigió ella. Jun Pyo y los dichos populares era un caso perdido.

Goo Jun Pyo ha regresado por Jan Di. Parece que te has convertido en un cisne y eras un patito feo.

Cuando ella rió, él la abrazó con estrechez. El aire frío estaba allí, quizá fuese la cola del cometa que había visto en los anuncios de Seo.

—Te extrañé, casi hasta morir. No te volveré a dejar nunca más — su voz sonaba extraña como en un sueño, pero la despertaba de un sueño tranquilo para sacudirla como un rayo.

La tomó de los hombros mientras la miraba a los ojos.

—¿Lo prometiste?¿no? Ahora, hazte cargo de mí — dijo sonriendo como un embaucador. Era capaz de embaucarla en ese momento para siempre. Tal vez fuese una señal de alerta, porque no había bienvenida para ella. Siempre había estado con él, de una u otra forma, nunca lo había dejado y nunca podría dejarlo. Si sólo tuviera consciencia del propio movimiento de ese recuerdo, el cual la hacía despertar al empezar el día. ¿Y mientras miraba el sol?¿cómo es posible que no se diese cuenta él?

—Mira que tienes mala memoria, Goo Jun Pyo. Yo te dije: cuando regreses, dentro de cuatro años, lo reconsideraré. Nunca dije que me fuera a hacer cargo de ti. — La cola del cometa, el fenómeno destructor estaba aquí para derribar con palabras lo que se había construido en la mente y en contra de la razón. ¿No le había dicho la adivina que se tenía que alejar de aquel cáliz envenenado? ¿de aquel fulgor tan excitante? Por preciosa que sea, el destino de una flor es siempre marchitarse antes de tiempo bajo los rayos implacables.

—También tú tienes mala memoria, aún así lo recuerdas. — Él continuaba, ajeno a la cola del cometa. ¿Cómo es posible que un cometa eclipse a una estrella? Eso es lo que él debe estar pensando.

—En mi memoria, también existe otra condición: debías regresar convertido en un hombre asombroso. — Había dado de lleno en su punto flaco, ahora todo iría mejor porque ya no sentía los insectos sobre su piel, un enjambre que no era más que la red que él había tejido como una araña desde siempre, el comienzo de los tiempos o su final. Nunca se quedaría pegada al cristal, mirando los reflejos, ya no era la Jan Di que lloraba por su atención. Ya no existía un colegio con rincones en los que esconderse de su maliciosa caridad.

—¿De verdad puedes decir esto delante de mí? — dijo él riendo. Él aún parecía seguro de su poder, de su atractivo. Como una bomba que sabe que puede estallar en tus manos con un leve parpadeo. "Da un paso en falso, Jan Di" le susurraba cada poro de aquella piel.

El se arrodilló y sacó de su bolsillo un estuche. Lo abrió y el interior brillaba como dos perlas en el fondo del océano pero estas tenían los tímidos rayos del amanecer sobre las olas. #El veneno es tan dulce cuando lo tomas...pero lo que sigue es tan terrible...$ había dicho ...

—Geum Jan Di, por favor, cásate con este... Goo Jun Pyo.

El amanecer ya había terminado, desde la orilla derecha un grupo se unió a la pareja que estaba en la playa.

—¡ Me opongo a esta proposición! — gritó Ji-hoo.

—¡Y yo! — gritó So Yi Jeong.

—¡Yo también! — gritó Song Woo Bin — ¡Ustedes no pueden casarse sin nuestro permiso!

Ya no faltaba nadie, estaban los cinco de siempre, los chicos F4 que sin conocerla de nada la habían ayudado en todas sus dificultades, poniendo en riesgo sus vidas muchas veces. Tenía que acordarse de todo para contarle luego a Ga Eul, se pondría contenta y la llevaría al próximo encuentro o tal vez pudiese decirle a So Yi Jeong que la trajese con él. O tal vez debiera no entrometerse por una vez, y seguir adelante apretando los labios y con la cadena que le había dado Jun Pyo en el bolsillo.

—¿Es verdad lo que me dices?... — dijo él, mirándola y sonriendo, aunque notaba como quebraba algo dentro.

—Te lo he dicho, Goo Jun Pyo, tu memoria es aún peor que la mía.

Él sonrió, y luego miró al mar. Los otros se apartaron para dejarles un poco de intimidad.

Regreso a NY de madrugada — soltó él, como si hablara al viento, ¿acaso el sol habla a los astros o se confía con ellos? Ni siquiera a su pequeña y tímida luna deja tranquila — nos vemos en Namsan, a la hora de siempre.

—No puedo, tengo prácticas — dijo la primera cosa que le vino a la cabeza. Pero él ya estaba lejos para oírla, se había alejado tanto como la primera ola del amanecer y jugaba con los reflejos de sol atrapados en sus lentes oscuras. Jan Di volvió a resoplar, mientras se pasaba la mano por la frente. Goo Jun Pyo siempre marchándose dejando la conversación a medias. Aunque él se hubiese aprendido la historia del patito feo, seguía siendo un loco, quizá estuviese mejorando con los años o quizá sólo fuese un espejismo apropiado para los amaneceres como aquél.

Jan Di se quedó callada, apartando la mirada del mar y sus reflejos dorados. Perdió el aliento y tuvo que sentarse en la arena. ¿Debería marcharse por el mismo lugar por el que se había ido Jun Pyo? Se tocó la cara y metió las manos en la bata. De nuevo aquel aire frío, el aire de la estela de Jung Pyo. Necesitaba su calor.

—Macao - susurró Ji-hoo acercándose a ella, de forma que los otros no pudieran oírla. Ella sólo bajó la cabeza. Sabía lo que quería decir pero ella no quería reconocerlo. Nunca lo haría, de ello dependía su felicidad.

"¿Recuerdas Macao?"¿Era una pregunta? Jan Di no pensaba que lo fuera, ahora mismo juraría haber visto a Jun Pyo en medio de la oscuridad, antes del amanecer, sentado frente al rompeolas, con los puños apretados, golpeando la arena con furia, borracho o peor aún...con la luna en los ojos y ella pasando con su estrella en el bolsillo.