Descargo de responsabilidad: Codename: Kids Next Door le pertenece a Tom Warburton. Solo tengo esta historia y algunos ocs.

Cargando una misión para los Chicos del Barrio...

Operación: MALO

Malvados

Arrastran

Leal

oscuramente

Prólogo

¿Cómo había comenzado? Numbuh Uno no lo sabía. Simplemente comenzó. Se hallaba corriendo entre un alubión de rayos láser y mostaza, pero tanto amigos como enemigos se habían puesto a cubierto. ¿Quién era el villano aquí? ¿Los ninjas adolescentes? ¿El Padre? ¿El Jefe? Por lo pronto, el chico de origen británico y calvo no podía precisarlo.

Saltó hacia la izquierda para evitar un disparo de un adolescente, mientras él mismo aprovechaba la fuerza de su impulso para aferrarse al atacante y tirarlo al suelo, noqueándolo. Sacó su SCLAMPER y se agachó para evitar un chorro mortal de mostaza. Cuando se volteó, sin embargo, una cara conocida lo observaba, y levantó una mano, en señal de paz.

-¡Espera, Numbuh 1! ¡No dispares!

-¿Numbuh 86? ¿Qué está pasando?

-¡No aquí, soldado! ¡Venga, sígueme!

Numbuh 1 obedeció, corriendo para ponerse al día con su comandante, quien esquivó una patada de un ninja adolescente, mientras lo noqueaba ella misma con su propia patada giratoria. Ambos agentes continuaron corriendo entre el fuego cruzado, hasta salir a un callejón a unos doscientos metros de la pelea.

Al mirar más atentamente a su alrededor, Numbuh Uno notó que era de noche, y el resto del ambiente era aún más sombrío: casi toda la ciudad estaba hecha ruinas, la gente corría de aquí para allá, algunos huyendo de la zona en guerra, otros aproximándose para colaborar en el fuego. Más allá en el horizonte, los árboles de la zona estaban chamuscados, el humo subía al cielo en columnas negras de males augurios. En particular, se fijó en un árbol, uno donde debería haber una gigantesca casa del árbol con las letras KND grabadas en el frente. Sus ojos se abrieron de puro horror y asombro al descubrir dicha casa del árbol destrozada, con trozos enteros bajo una llama potente, mientras otros caían al vacío en oleadas. Se llevó una mano al pecho, mientras luchaba por respirar; la otra a su oído, desesperado.

-¿Numbuh 4, Número 3? ¿Me copian? –silencio-. ¿Chicos? ¿Numbuh 5? ¿numbuh 2?

-¿A qué esperas, soldado? ¿Quieres que el enemigo nos encuentre y nos frite vivos? ¡Ven aquí!

Sin darle tiempo a reaccionar, 86 golpeó a Numbuh 1 en su costado, histérica como siempre.

-¿Quién es el enemigo, a todo esto? ¡o sea hello! ¿Por qué nadie me quiere explicar nada?

-¿Qué no te acuerdas? La Base Lunar fue destruida. Tu sector y el W eran los únicos que quedaban en pie en esta parte del planeta, pero por lo que puedo ver, eso ya no es así. Ambas casas del árbol han volado por los aires y no sabemos qué pasará después. Con respecto a nuestro enemigo, ¡deberías saberlo ya a estas alturas! ¡Pero no quisiste escucharme! ¡Tú y tu tonto orgullo de líder!

-¿Uh? No te entiendo nada, en serio. ¿Por qué me gritas? ¡Yo no tengo nada que ver en todo esto!

Entonces se dio cuenta de algo extraño: su voz era un poco más profunda de lo que recordaba. Al detenerse un instante en una esquina, se fijó más detenidamente en su comandante, y estuvo a punto de pegar un salto. Ella era más alta, su cuerpo había crecido, tenía las definiciones del de una adolescente. ¿Qué? ¿Cómo? Entonces bajó la cabeza para mirar su reflejo en un charco de agua sucia en el pavimento, y lo que vio lo dejó sin palabras: su rostro era diferente, más definido, y... ¡tenía cabello! Era negro y lacio, algo corto al estilo militar. Sus ropas eran semejantes a las que siempre llevaba, pero la diferencia más importante que pudo reconocer fue su nueva altura.

-¡Cuidado, Numbuh 1!

Antes de que fuera capaz de reaccionar, un rayo los arrojó a ambos al suelo, dejándolo algo aturdido. Cuando pudo volver a enfocar la mirada, se encontró viendo a una figura encapuchada, de su misma altura actual, que portaba un cañón de láser en su dirección.

-¡Aléjate de él! ¡Monstruo! -86 saltó frente a 1, sorprendiéndolo.

La figura no pareció haberla oído, porque disparó sin dilación a la agente, dejándola fuera de combate con un rayo mortal que le abrió la frente, dejando un charco de sangre a su alrededor.

Aterrorizado, Numbuh 1 se reincorporó, volviendo a la carrera, mientras la figura tras suyo se entretenía jugando a dispararle justo a un metro de su posición.

Cuando consiguió detenerse para tomar aire, se encontró al pie del árbol donde había estado su antigua base, y comenzó a subir los escalones a toda velocidad. Su captor lo imitó, saltando al pie del árbol. Comenzaba a acercarse, estando a cuatro escalones de Numbuh 1. Justo entonces, su captor se tropezó con algo y cayó al vacío. El chico respiró aliviado por primera vez en toda la persecución, mientras se aupaba al fragmento de madera ennegrecida de los restos de su casa del árbol.

-¿Chicos, están aquí?

Avanzó con cuidado por un pasillo lleno de polvo y cenizas, mientras un trozo del techo se derrumbaba justo dos metros a su espalda, estremeciéndolo. Entonces se encontró con una visión horrible, una que no le desearía ni a su peor enemigo; una que no querría tener que ver ni en su peor pesadilla.

Los cuatro agentes restantes del Sector V, del 2 al 5, yacían de espaldas en el piso de la sala de comando, con sus trajes desgarrados y cubiertos de moretones y de sangre seca. Sobre cada una de sus caras sin vida, alguien había dibujado sus respectivos numbuhs de agente en color rojo, con una pintura sospechosamente fresca y con olor a hierro.

-¿Te gusta? –una voz siniestra, baja e irreconocible asaltó a Numbuh 1, quien se giró hacia su enemigo con su arma lista, apretando los dientes con furia-. Yo misma lo hice. Aunque no soy lo que se diría una artista, pero supongo que no puedes tenerlo todo en la vida, ¿no?

-Tú. ¿Quién eres? ¿Por qué haces esto? Tú... –Numbuh 1 apretó el gatillo, arrojando a su atacante al suelo con un rayo de quepcu, mientras avanzaba para ponerle el cañón sobre el pecho-. ¡Los mataste! ¡Monstruo!

-Ja, ja, ja... –el enemigo-o, mejor dicho, la enemiga- tosió, escupiendo sangre-. Tienes lo que te mereces, Numbuh 1. ¿No era lo que querías? Todo lo que dijiste, todo lo que dijeron, todo se cumplió. Todo resultó ser cierto. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Eliminarme? ¡Ja! ¡No serías mejor que yo!

-¿Uh? ¿Quién eres? ¿Te conozco? ¿Eres Cree?

-¿Cree? ¡Por favor! Esa tonta ni siquiera habría podido conseguir la mitad de lo que yo he conseguido. No, niño tonto, Cree, como el resto de tus estúpidos amigos, ya no existe. Está muerta. Ya no puede intentar detenerme, nadie puede. Ni tú, tampoco. ¡Ja, ja, ja! ¡Yo gané!

Numbuh 1 apretó su agarre en su arma, presionando el cañón aún más duramente en el pecho del atacante.

-Somos el futuro, Numbuh 1 –dijo la chica, con la voz de repente más seria-. Yo soy el futuro, tú eres el futuro. Esta mierda de caos que ves a tu alrededor, todo esto es ahora el futuro. El que, sin ti, no habría podido forjar. Debería agradecértelo, Nigel.

-¡Qué! ¡Estás loca! ¿Por qué dices eso? Un momento, ¿cómo sabes mi nombre?

-Pronto, todos estarán perdidos. Todos lo estaremos, y todo gracias a ti, Numbuh 1. la pregunta es, ¿cuánto tiempo tardarás en descubrirlo? Pero mi misión ha concluido.

Antes de que pudiera reaccionar, sintió algo que goteaba de su frente, y se alejó para tocarse la cara, descubriendo que era sangre. Y al mirarse en un espejo que alguien había dejado tirado en la sala, descubrió, anonadado, que la sangre formaba un número. El número 1. Se volteó, furioso, hacia su enemiga, y volvió a apuntarle con su arma, dispuesto a acabarla.

-¡Espera! ¿Aún no! ¿No quieres saber quién soy? ¿Quién te ha traicionado?

-Esa voz... suena como la de...

Entonces, la figura encapuchada se medio incorporó en el suelo, comenzando a quitarse la capucha negra, y revelando a...

-¡Numbuh 1! ¡Despierta ya!

Capítulo 1

Cumpleaños

-¡Numbuh 1! ¡despierta ya!

De repente, un rayo solar golpeó su cara, derribando por completo cualquier rastro de la reciente pesadilla. Numbuh Uno se incorporó de un salto, con los ojos abiertos como platos por la impresión de su sueño, sudando.

-ya está bien, nene –dijo Numbuh 5, volviendo a cerrar las cortinas de la ventana en el cuarto de su líder, sonriendo ampliamente-. ¡hora de levantarse!

-¡Numbuh 5, acabas de darme un susto de muerte! ¿Y qué rayos estás haciendo en mi habitación?

La chica afroamericana sonrió de medio lado, cruzando sus brazos en gesto pensativo.

-No lo sé, ¿tal vez procurar que no llegues tarde a tu reunión supersecreta con 362 y 86?

-¡q-qué! ¡La reunión! ¡Lo olvidé por completo!

-Te dejo con tus asuntos, amigo.

Y con eso, Numbuh 5 salió de su habitación, cerrando la puerta.

Cuando, cinco minutos después, Numbuh Uno salió de su cuarto, ya listo, se extrañó al no ver a nadie cerca. Al llegar a la cocina, todo parecía como abandonado. Al avanzar hasta la sala de mando, vio que un telón gigantesco de color blanco cubría la pantalla de la computadora. De repente, sin previo aviso, todas las luces de la sala se encendieron y los cuatro agentes que Miguel tanto conocía saltaron de sus diferentes escondites en sofás y sillas, con Numbuh 2 activando un dispositivo a control remoto que hizo aparecer globos de colores y decoración de fiesta.

-¡Feliz cumpleaños número 12, jefe! –gritaron los cuatro al unísono, sorprendiendo al líder.

Numbuh 3 saltó sobre el monitor de la computadora con una pirueta samurai, arrancando el telón de un solo movimiento, y revelando un video en la pantalla. Los cinco se juntaron frente a la computadora, observando las imágenes. Eran de sus diferentes aventuras.

-¡Ay, chicos, se acordaron! ¡Muchas gracias! Ustedes son el mejor público que se puede pedir...

-¡Basta de cháchara, abre los regalos! –gritó Numbuh 4, entusiasmado.

-¡El mío primero, el mío primero! –gritó Numbuh 3, sonriendo y saltando llena de euforia.

-¡No, el mío! –dijo Numbuh 4.

-Chicos, no sean tan infantiles –dijo Numbuh 2, intentando apaciguarlos-. ¡Es obvio que Numbuh 1 abrirá el mío primero!

-¿Qué niños! –se rió 5, negando con la cabeza-. Abra el que abra primero, lo importante es que son nuestros, y por eso son especiales.

-Uh... Veamos... le digo, me dice, le digo...

De pronto, su dedo cayó sobre uno de los cuatro paquetes, tomándolo. Numbuh 2 sonrió, triunfante.

Al desenvolverlo, se pudo ver un par de objetos pequeños: una pulsera y unos anteojos.

-¿Numbuh 2? ¿Qué significa esto?

-Verás, esto es un creador de campos de defensa individual –dijo, señalando al brazalete, de color plateado, con varios botones-, y esto –dijo, indicando al par de anteojos- son GAFAS (Gafas Ampliamente Fortalecidas y Adaptadas Sofisticadamente), lentes modificados con tecnología 2X4, te permitirán ver a kilómetros, tiene un telescopio y microscopio incorporados, además de un generador automático de mapas y planos de puntos clave de los Chicos del Barrio, que te serán de gran utilidad en batalla.

-Hmm, ¿no podría el enemigo utilizarlos si cayeran en sus manos?

-No, todo está protegido con una contraseña, que puedes cambiar si quieres. Es NN888000KND. Además, puedes agregarle nueva información a medida que vayas utilizándolos.

-ya veo. Gracias, muchas gracias, 2.

Procedió a abrir otro. Se trataba del regalo de numbuh 3, ya que ella saltó con alegría en cuanto su líder lo tomó del suelo. El calvo esperaba sinceramente algún Simio Arco Iris, pero lo que vio lo dejó sin palabras. Era una espada samurai antigua, con el mango en forma de un número 1, con el dibujo de una rosa roja en la guarda, justo del tamaño apropiado para que un niño la usara.

-¿De dónde sacaste eso? –dijo Numbuh 4, sorprendido tanto como el resto.

-Jeje... ¿Te acuerdas de esa misión en que tenía que asistir a una reunión de los Chicos del Barrio de Japón? Bueno, la espada fue un regalo de la líder para mí, pero no es mi estilo. Preferí cambiarlo por otra cosa, me dio su Simio Arco Iris del Té Tradicional; pero me dejó conservarla de todos modos. Así que pensé en que podría serte útil, Numbuh 1, ¿supongo que te gusta?

-¿Gracias, Numbuh 3!

El líder le dio un fuerte abrazo a su agente más joven, quien se lo devolvió.

-No es justo –se quejó 4, cruzándose de brazos-. ¡Ese debería haber sido mi regalo!

-Vamos, 4, ¡estoy seguro de que tu regalo será tan bueno como el de los demás! –intentó animarlo 1, a lo que 4 sonrió.

Al abrirlo, se encontró con un par de guantes de cuero que brillaban en luz púrpura, de boxeo.

-Si quieres saberlo, se los robé al Señor Jefe en una misión –dijo el rubio, como a modo de explicación.

Al ponérselos, Numbuh 1 sintió cómo se adaptaban a sus manos, volviéndose ligeros. Su amigo le señaló con un gesto que golpeara una bolsa de arena que había sido especialmente colocada allí por él antes, y cuando el líder lo hizo, la bolsa se hizo polvo.

-¿Ves, Numbuh 5? ¡sí que valió la pena romper todos esos espejos!

-¿Uh? ¿Qué espejos? –dijo Numbuh 1, mirando a sus agentes con sospecha, mientras ellos le evitaban la mirada.

-ya te lo he dicho un millón de veces, tonto. ¡Que romper espejos da mala suerte es una superstición!

-Y queda éste –dijo finalmente el líder, dirigiéndose a abrir el regalo de su segunda al mando, quien sonrió en anticipación.

Eran dos objetos: uno, un álbum con fotografías de sus primeras aventuras, de cuando Numbuh 5 todavía era la líder; el otro, que llamó más la atención del calvo, una pequeña cuchara de plata, que brillaba misteriosamente.

-Es la Cuchara mágica del helado. Es de cuando fui a la Montaña de los 27 sabores. Sé que no es mucho, pero Numbuh 5 quiere que sea tuya.

-P-pero numbuh 5... ¿estás segura de que quieres dármela? No tienes que hacer esto...

-Nah, ya estoy grande para estar coleccionando cucharas.

-Espera, ¿hace algo mágico, Numbuh 5? ¿te da un helado gratis? –preguntó 4, estúpidamente.

-No debería hacer nada, pero me dejó probar el legendario cuarto sabor del helado entonces. Como ya saben, esa montaña se derrumbó en cuanto conseguí escapar de la avalancha de helado que casi me sepulta viva, así que no es como si pudiera funcionar para algo así de nuevo –explicó ella, acariciando su gorra.

-chicos, todo esto significa mucho para mí, ya saben que cada vez me queda menos tiempo para...

-Oh no, no lo digas –intentó detenerlo numbuh 4, sin ser escuchado.

-... Para mi destitución. Yo...

-¡Qué va! ¡Celebremos que aún somos jóvenes! –dijo numbuh 2, mientras activaba un sistema de estéreo con su control remoto.

Pero mientras comenzaban a saltar y a divertirse, la alarma interrumpió su día festivo.

-¿Numbuh 1? –era la voz de 65.3, que parecía alarmado por algo-. Mira, hermano, sé que es tu cu-cumpleañosss, pero... ya sabesss...

-¿A dónde está ese flojo? ¿Juro que voy a estrangularlo si vuelve a llegar tarde otra vez! –gritaba la histérica voz de una chica del otro lado, furiosa.

-Tranquilízate, Fany, estoy segura de que no se tarda –decía al fondo la sosegada y mediadora voz de la líder suprema de los Chicos del Barrio, Numbuh 362.

-Ssssólo apúrate, ¿quieres?

-Claro. Entendido, 65.3. Estaré allí antes de que puedas decir chimichanga.

La señal se interrumpió, y Numbuh 1 se vio obligado a saludar a su equipo.

-como ya saben, Numbuh 5 queda al mando hasta que regrese.

-No hay problema, amigo, Numbuh 5 tendrá la base bajo control hasta entonces –prometió la chica, sonriendo.

En otro sitio, más particularmente en la base de los ninjas adolescentes, Chad Dixon, alguna vez conocido como el Numbuh 274, ahora miembro de los oficiales de la agencia enemiga de KND, se encontraba en su habitación privada de la base, estudiando un mapa. De repente, escuchó que algunos agentes llegaban por el pasillo, con lo que parecía ser un prisionero, por el ruido de gritos y golpes. Curioso, salió al pasillo para ver qué estaba pasando.

-Nunca lograrán su objetivo, ¡necios adolescentes! –gritaba un chico maniatado de pies y manos, que era arrastrado por tres adolescentes en armadura. Al frente iba nada más ni nada menos que Cree, la jefa del sector.

-¡Silencio! –dijo uno de los guardias, pateándolo en la espalda.

-Vaya, Cree, ¿a quién capturaron ahora?

-Tú métete en tus asuntos, nadie te ha llamado, Dixon –dijo el otro guardia, un chico moreno y rudo.

-Como que te olvidas con quien estás hablando, Smith. ¿o tengo que recordártelo? –dijo Chad, sonriéndole al guardia, quien se encogió inmediatamente-. Ahora, Cree, veamos. ¿Quién es tu nueva presa de hoy?

-nadie muy interesante. Lo llevamos a la sala de interrogatorios.

-¿me dejas acompañarte?

-Mientras no te intrometas, supongo que no importa que vengas.

Entre los cuatro, escoltaron al prisionero a la sala de interrogatorios de la base. Al fijarse con más detenimiento en la nueva víctima de Cree, observó que era un chico de cara angulosa, probablemente canadiense, con un traje algo gastado. Parecía tener por lo menos unos doce años, sino más, pero por lo demás, parecía ser un agente operativo de KND.

-¿Eres nuevo en los Chicos del Barrio, niño?

-Vete a la mierda, ¿a ti qué te importa? –dijo el chico, mientras Chad se le acercaba y lo levantaba por el cuello de su traje.

-Te acabo de preguntar algo, idiota. –Lo golpeó con fuerza en la cara, haciéndolo retroceder-. ¿Eres nuevo? No te reconozco de los viejos agentes que dejé atrás.

-¿Y tú quién te crees para venir y golpearme?

-No parece que te reconozca, Chad –dijo Cree, con una sonrisa astuta.

-¿has oído hablar del legendario Numbuh 274?

-Más bien del sucio y ruin traidor 274, diría yo –se burló el chico, algo tembloroso.

-Estás ante él –dijo Chad, señalándose-. Aunque, por lo que veo, se te ha olvidado tu número en algún lado. Dime, ¿lo hiciste para tratar de infiltrarte entre nuestras filas?

-ya basta, Chad –lo retó Cree, furiosa-. Es mi prisionero, no el tuyo. Cuando tengas el tuyo, lo interrogarás con tus tontas preguntas aquí mismo. Hasta entonces, yo hago las preguntas, no tú.

Hizo una señal a los guardias para que ubicaran al prisionero en una silla frente a un escritorio metálico, como sacado de una película de suspense de Holliwood.

-Dime, querido, ¿cuál es tu numbuh?

-¡Vete a la mierda, adolescente!

Cree sonrió, sacando una pequeña cuchilla de batalla de su manga, acercándola al chico, que comenzó a temblar al verla.

-pensé que dirías eso. Pero todavía puedo ser buena contigo, y tal vez no te corte esa linda carita infantil que tienes. Así que a ver, probemos de nuevo. ¿Cuál es tu numbuh?

-Yo... no puedo. Es información clasificada.

Sin mediar palabra, Cree le pinchó el dedo pulgar con su navaja, provocando que un hilillo de sangre comenzara a caer de él.

-¿Ay! ¡Eres cruel!

-Podemos estar aquí todo el día, créeme. Pero mi paciencia es limitada, niño. Probemos otra vez. ¿Cuál es tu Numbuh?

-Bueno, es una lástima que tengamos que celebrar el cumpleaños de Numbuh 1 sin él –dijo Numbuh 3, triste.

-No te preocupes, Cuky, estoy segura que Numbuh 1 volverá pronto de su reunión supersecreta, y entonces todos podremos celebrar –prometió Numbuh 5, consolándola.

-Piénsalo desde mi punto de vista, 3, al menos tenemos el día libre para nosotros –dijo 4, estirándose en el sillón frente a la televisión, con el mando entre sus manos-. ¿Quién quiere ver a Optimus Prime dándole una buena patada a Megatron hoy?

De repente, la alarma comenzó a sonar nuevamente, provocando que el Güero resoplara, frustrado.

-¿Qué pasa ahora? ¿Que numbuh 1 no se presentó todavía en su estúpida reunión? –inquirió él, mirando al resto.

-la diversión puede esperar, 4, nos aguarda una misión –dijo 5, observando la pantalla.

-miren, son esos tontos de la Otra Cuadra. ¿Qué estarán planeando? –dijo 2, pensativo.

-Ja, ja, ja, ja –se reían monótonamente los cinco chicos-. Ahora que tenemos toda su atención, sabrán que es nuestro día especial. Así es. El día en que todos ustedes, niños del mundo, nos verán comer nuestro delicioso pastel de cumpleaños, mientras ustedes no pueden probarlo. Ja, ja, ja.

De repente, la puerta doble de la entrada de la mansión de los Chicos de la Otra Cuadra explotó, entrando por ella el Sector V.

-Vaya, vaya, pero si son los molestos Chicos del Barrio. ¿Vienen a vernos comer nuestro delicioso pastel?

-No lo creo –dijo Numbuh 2, preparando una pistola de juguete-. Ese pastel no es suyo, y serán los niños del mundo los que lo comerán, mientras ustedes son los que miran.

-Miren esto, pero ¡qué sorpresa! ¿Dónde está el líder? ¿Numbuh 1 no quería venir a probar nuestro pastel?

-Tenía cosas más importantes que hacer, montón de tarados –dijo 5, preparándose-. ¡Chicos del Barrio, a sus posiciones!

Cuando la nave de Numbuh 1 aterrizó en la Base Lunar, el líder del Sector V sólo podía esperar una reunión de rutina. Se apresuró a llegar a la oficina de Numbuh 362, y allí tanto la líder suprema como Numbuh 86, la jefa de operaciones tácticas, lo estaban esperando.

-¡Ya era hora, Numbuh 1! ¡No vuelvas a llegar tarde otra vez, o te degradaré a un numbuh negativo! –ladró Numbuh 86, furiosa.

-No estoy aquí para escuchar tus gritos, 86. ¿Cuál es el motivo de esta reunión, jefa? –dijo dirigiéndose a Numbuh 362.

-Bueno, verás... –Numbuh 362, también llamada Rachel McKenzie, carraspeó, nerviosa-. Resulta que nos está faltando alguien. Veamos... –comenzó a teclear algo en su abanzada LunchBook, resoplando con fastidio-. ¿Por qué todavía no está aquí?

-Estamos intentando comunicarnos con el agente, 362, pero... –se pudo escuchar la voz de 65.3, agitado-. Oh, bueno. Hay una buena noticia y una mala, jefa.

-Ve al grano, soldado.

-La buena noticia es que acabamos de dar con la localización del agente que me pediste que llamara. La mala... no te gustará saber dónde está ahora.

-¿No podrías ser más específico, Numbuh 65.3?

Rachel quedó muda un instante, algo impresionada por lo que estaba viendo. Antes de que 86 o 1 pudieran preguntarle qué sucedía, ella les giró la LunchBook hacia ellos.

-¡Por el amor de Cero! –chilló 86, aterrada.

-Numbuh 362, jefa, ¿por qué la pantalla nos está mostrando la mansión de los Chicos de la Otra Cuadra? –preguntó el calvo, sin comprender.

-¡Es él! ¿Ese de ahí! –señaló Rachel, apuntando un dedo hacia un chico atado y amordazado en una esquina. Un chico de cara angulosa y aspecto canadiense-. Su numbuh es el 555.

-Eso pensamos. Bien, bien, Numbuh 5, pero antes de que piensen en intentar algo, ¡aquí les va un pequeño regalo de nuestra parte! Después de todo, ¿quién dijo que intercambiar regalos no es divertido? –decían los Encantadores Chicos de la Otra Cuadra, mientras uno de ellos presionaba un botón en un control remoto.

En efecto, ante ellos se iluminó un escenario, donde habían un montón de regalos a la izquierda, el pastel en el centro y un niño maniatado y amordazado al extremo derecho, que parecía atemorizado.

-Uh, ¿alguien sabe de qué están hablando estos tarados? –dijo 4, sin entender nada-. Porque si esto se trata de una broma, es malísima.

-Sí, ¿y desde cuándo el pastel de esos tontos incluye un niño en peligro? –dijo estúpidamente 3, mientras tanto 2 como 5 se miraban asombrados.

-¡Cuky tiene razón, miren eso! –dijo Numbuh 5, señalándoles el sitio donde el niño forcejeaba inútilmente-. ¡Tienen a ese pobre niño bajo sus garras! Pero Numbuh 5 se pregunta, ¿por qué?

-Vamos, ni que fuera de los nuestros. ¿Verdad? –dijo 4, aún confundido-. ¿Qué clase de tonto plan es éste? ¡Porque yo les voy a patear sus encantadores traseros de todos modos!

-¡Ja, ja, ja, ja! Por algo dicen que Numbuh 4 es el agente más estúpido de todo el Sector V. ¡Miren esto, tontos del barrio!

De repente, una gorra roja como de béisbol cayó del techo, justo sobre la cabeza del prisionero, y el foco gigante de la pared lo enfocó, revelando un numbuh en letras blancas. El 555.

-En serio, ¿quién es ese tipo? –Numbuh 4 seguía confuso, pero con razón-. Nunca lo había visto antes.

-Ni yo –dijo Numbuh 1, tan confundido como su agente-. ¿Podrías explicármelo, 362?

-Se suponía que estaba desaparecido, muchos incluso llegaron a conjeturar que había muerto –comenzó la rubia,

disculpándose-, pero los altos mandos teníamos la corazonada de que seguía vivo. Estuvo desaparecido desde hacía dos años, y recién 65.3 tuvo una comunicación suya de SOS dos días atrás. El mensaje también decía que, aparentemente, tenía una importantísima información secreta que comunicarnos. O, más específicamente, que comunicarte a ti, Numbuh 1, pero no tenemos ni idea de qué pueda tratarse. Pero como puedo ver, si los de la Otra Cuadra lo han atrapado, es que algo debió haber salido mal. Sólo esperemos a que tu equipo pueda rescatarlo.

-¡Espera un segundo, Numbuh 5! –dijo 2, consultando algo en una pequeña computadora portátil, semejante a una tableta-. ¿aquí está! Numbuh 555. Un importante espía infiltrado entre los villanos para recavar información valiosa para los Chicos del Barrio. Pero aquí dice que estaba desaparecido desde al menos dos años.

-Ya veo –dijo la chica afro americana, pensativa-. Muy bien, tarados, ¿qué quieren?

-Bueno, bueno, hasta que finalmente nos entendemos. Estos son los términos: déjennos comer nuestro pastel nosotros solos, y pueden recuperar a su agente. ¿Y bien? ¿Qué dices, Numbuh 5?

-Ja, ni lo sueñen –se apresuró a responder 4, furioso-. Estos son nuestros términos: el chico viene con nosotros, y el pastel también.

Antes de que nadie más pudiera detenerlo, el rubio sacó su GUNZOOCA y se abalanzó sobre el pastel, dispuesto a tomarlo, cuando el montón de regalos se levantó en forma de un robot gigante, y lo agarró por el cuello, tirándolo contra una pared cercana. Numbuh 2 activó sus pistolas de mostaza y mayonesa, y comenzó a dispararle al robot, que simplemente se quedó allí parado, aparentemente ileso. Sacó su propio lanza-cohetes, y disparó una ráfaga al niño, que salió volando en medio de las explosiones.

-¡Nadie lastima a Numbuh 4 excepto yo! –gritó Cuky, furiosa.

La chica asiática saltó en el aire dando una voltereta, pateando al robot en la cabeza, la cual comenzó a lanzar chispas y humo, hasta que explotó. Pero antes de que se terminara de disipar el humo, una nueva cabeza robótica la había reemplazado, y antes de que cuky lo supiera, su pie era retenido por una mano metálica, que la hizo girar varias veces hasta tirarla a un lado de los demás agentes derrotados.

-Vaya, vaya, y sólo quedas tú, Numbuh 5. ¿Qué vas a hacer ahora?

-Esto no puede continuar así –dijo 1, mientras salía por la puerta de la oficina de su líder supremo, dispuesto a ir en auxilio de su equipo.

-¿Qué crees que estás haciendo, parado? –exigió 86, siguiéndolo.

-Lo siento mucho, muchísimo, pero la reunión se suspende. Mi equipo me necesita. ¡Es que no ven que los están haciendo papilla, eh!

-No estás autorizado para suspender nada, idiota –dijo 86, agarrándolo por su brazo con fuerza.

-Mira, 1, siento tener que decirte esto, pero 86 tiene razón. Te ordeno quedarte aquí hasta que nuestro informante, Numbuh 555, pueda reunirse con nosotros.

-¿Qué? Pero ¿no ves que...?

-Confía en tu equipo, soldado –intentó calmarlo la rubia, colocándole una mano sobre su hombro-. Sé que Abby podrá manejarlo.

-¡Alto todos! –dijo furibunda Numbuh 5, alzando sus manos, en señal de paz-. Chicos, sé que les ordené que atacaran, pero no contaba con este nuevo factor –señaló a 555, encogido en su rincón-. De acuerdo, aceptamos sus términos, taraditos. Pero primero, nos aseguraremos de que nuestro compañero nos sea devuelto ileso, ¿entendido?

-Oh, no hay problema. Gracias, Numbuh 5, no sabes lo feliz que nos haces. Ja, ja, ja.

-Ya, ahora cumplan con su parte del trato, y nosotros cumpliremos con la nuestra.

Los villanos hicieron amago de apagar el robot, el cual quedó inmediatamente desconectado. Fue la propia Numbuh 5 la que se acercó al escenario, procurando evitar el tentador pastel, yendo hacia el agente prisionero. Abby lo desató con cuidado, mientras comenzaba a quitarle la mordaza. Una vez hecho esto, retrocedió hacia sus amigos.

-Muy bien, equipo, retirada.

-¡No puedes estar hablando en serio, Numbuh 5! –protestó Numbuh 4, también conocido como Wally, mientras se reincorporaba.

-Sí, yo digo que les demos sus pataditas donde les duela –lo secundó Numbuh 2, conocido como Hoagie, frustrado.

-Es una orden, chicos. Lo lamento, pero no estamos quitándoles su pastel a estos idiotas. Sólo por esta vez, que les quede claro –remarcó, en dirección a sus enemigos.

-Lo sabemos, Abigail, lo sabemos. Hasta pronto, tontos del barrio. Ah, y no se olviden de saludar a Miguel por nuestra parte, le encantará saber cómo perdieron el codiciado pastel por un pequeño agente atrapado por...

-Sí, ya, ya, ¡sólo vámonos! –dijo Wally, evidentemente ofendido.

En cuanto el Sector V se hubo marchado, los cinco niños malcriados se prepararon para comer su delicioso pastel, hasta que un médico gordinflón apareció por una puerta, seguido del Padre.

-Lo siento, niños, pero su banquete tendrá que esperar hasta nuevo aviso –comenzó a decir el médico, algo temeroso de los cinco chicos que ahora lo miraban con furia.

-¿Qué estás diciendo? Padre, por favor, aclárale a este tonto la situación.

-Lo siento, queridos, pero el médico ha hablado.

-Es mejor que hagan caso a su padre, niños. Sus infantiles y debiluchos hígados no lo soportarán, confíen en mí.

-No debimos intercambiar nuestro pastel por ese estúpido rehén. Esto no es justo.

-Gracias por rescatarme, Numbuh 5, no sé qué sería de mí sin el Sector V.

-Tú te callas, niñita. Por tu culpa perdimos el pastel de esos tarados.

-No escuches a Numbuh 4, está enojado conmigo por no conseguir cumplir la misión. Pero eso ya no importa, estás a salvo, no hay nada que agradecer.

-Sólo me pregunto, ¿cómo es que desapareciste? –dijo Numbuh 2, intrigado.

-Es una larga historia. Lo peor de todo es que, justo cuando estaba a punto de conseguir la clave de la computadora de los ninjas adolescentes, esos tontos me atraparon, e intentaron sacarme información. ¡Pero jamás lo consiguieron!

-Bueno, por los diversos cortes en tu cara y brazos deduzco que no fue sencillo –dijo Numbuh 5, algo apenada por el niño.

-Bueno, ¿por qué no pasas adentro y podemos conocerte mejor? ¡Hay espacio de sobra para todos en la base! –se animó Cuky.

-Bueno, me gustaría poder quedarme y charlar, pero tengo una importante reunión a la que asistir. Así que, si me disculpan...

Numbuh 555 presionó un botón en un control remoto que acababa de sacar de su bolsillo, y ante la casa del árbol apareció una bella nave equipada y armada, de color plateado y rojo. 555 se subió en ella y se prestó a abordar para irse.

-¡espera! –gritó Abby, deteniéndolo-. No nos has dicho cómo te llamas.

-Uh, mi nombre real es rick, Rick Oldfolder.

Y con eso, saludó con una mano al equipo, y despegó, rumbo a la Base Lunar.

transmisión interrumpida...

Por cierto, ¿alguien sabe cuándo es el cumpleaños de Nigel? Si no, podría escuchar sugerencias.