Transmisión reestablecida...

Capítulo 3

Después del desmantelamiento

Una vez en casa, Abby se sintió, por primera vez en muchos años, completa. Su hermana había vuelto con ella, sin tener ni idea de los Ninjas Adolescentes, el KND ni nada al respecto. Era, en palabras de Abby, una persona nueva. No reiniciada, pero al menos sin recuerdos sobre su antigua enemistad.

-¡Oh, cielo! ¡Tú y tu hermana vuelven temprano! –dijo su padre, sonriéndoles desde la mesa-. Su madre preparó tu favorito, Abby.

-¡Eso es genial, papá!

-Uh, ¿qué?

-¿Quieres cenar con nosotros, cariño? –dijo su maadre, mientras Cree aceptaba involuntariamente, asintiendo-. ¡oh, perfecto!

En la casa del árbol del Sector V, los cuatro niños se encontraban en mitad de sus rutinas: Wally y Nemo competían en un videojuego de carreras, Kuki se divertía con sus simios arco iris, y Abby...

Abby estaba en su habitación, con sus auriculares puestos, mientras hacía un informe para 86. de pronto, se detuvo al escuchar algo en la radio.

-¡Y en las últimas noticias de esta tarde! –dijo la voz femenina-. ¿Qué tenemos para hoy?

-Nuevamente, el Señor Jefe fue detenido, tras asaltar el parque de diversiones –siguió la voz del chico-. Los Sectores J, V y W se encargaron de este problema. ¡Oh, espera! ¡Aquí hay algo bueno!

-¡Así es! ¡En mitad de una misión de recuperación de dulces robados a la primaria por una pandilla de sucios adolescentes, el Sector Y detuvo...!

-¡...nada más y nada menos que a Cree Lincoln, la ex Numbuh 11, traidora y ninja adolescente más peligrosa de todo el mundo!

-Ya, están exagerando –se quejó la afroamericana, mientras se quitaba los auriculares y apagaba su dispositivo-. ¿Cuándo se van a cansar de eso?

De repente, sonó una alarma en la sala principal. Alarmada, Abby corrió hasta encontrarse frente a la pantalla de la computadora central, en la que un nervioso 65.3 estaba en línea.

-Dime, 65.3, ¿cuál es la emergencia?

-Eh, esto... –el chico carraspeó, incómodo-. No es mi caso, chica, resulta que alguien esstá interessado en... tu última missión.

-¿De qué estás hablando?

De pronto, Numbuh 65.3 fue reemplazado por la cara de otro agente, una chica que Numbuh 5 reconoció, muy a su pesar.

-Numbuh 10. ¿Qué deseas?

-Sé lo ocupada que estás, Numbuh 5, pero ¿te molestaría que te hiciera una entrevista?

-Que sea rápido, estaba en medio de mi descanso.

-Primero, déjame preguntarte, ¿sabes qué le pasó a Numbuh 1? ¿Adónde ha ido?

-Ya es la nonagésima vez que me lo preguntas. No lo sé, nadie lo sabe. Todo lo que sé es que se fue a alguna misión en Canadá, y no hemos sabido nada de él desde entonces. ¿Algo más?

-Sí. ¿Qué piensas de la repentina detención y desmantelamiento de tu hermana? ¿Estás impactada?

Abby estuvo a punto de responder, hasta que notó como una furia ciega, desconocida para ella, empezaba a subirle por la garganta.

-¿Por qué no te metes en tus propios asuntos, Numbuh 10?

-¡No pretendía hacerte enojar! Pero ¿eso quiere decir que te molestó? ¿Estás pensando en hacer algo al respecto?

-¡Numbuh 5 no está enojada! Y piensa que ya era hora de que cree fuera llevada ante la justicia y desmantelada, como se debe. Y es momento de que vuelva a mi hora de descanso. Adiós.

Antes de que Numbuh 10 tuviera la oportunidad de seguir bombardeándola, Abby apretó un botón en la computadora, apagándola en forma de emergencia.

-¡Oye, Numbuh 5! –dijo de pronto Kuki, sorprendiéndola-. ¿Qué pasa? ¿Cuál era la emergencia?

-nah, solo la idiota de Numbuh 10, preguntándome un montón de tonterías sobre el desmantela... no importa. Todos tenemos que volver a descansar, Numbuh 3.

-Si tú lo dices. –Abby estaba a punto de volver a su habitación, hasta que volvió a escuchar a Numbuh 3 llamándola-. Hmm, ¿Numbuh 5?

-¿Ocurre algo, Numbuh 3?

-Ya sabes, si quieres hablar sobre eso, estamos aquí para ti.

Y con eso dicho, la alegre niña asiática volvió corriendo a su habitación, con las exclamaciones y quejas de los Numbu por su juego.

Una vez de vuelta en su habitación, Abby se arrojó sobre su cama, con una almohada sobre su cabeza, para atenuar los gritos.

FLASHBACK

-...Y podríamos seguir con las acusaciones hasta el año nuevo, pero me detendré aquí, en la 1090 –dijo Numbuh 303, tras un gesto a un par de agentes, que utilizaron un robot pisapapeles gigante para volver a envolver el enorme expediente de cree-. ¿Cómo se declara la acusada?

-¡Soy inocente! –gritó Cree, indignada, ante el abucheo de los cerca de mil niños en la multitud, incluidos los miembros de los Sectores J, V y W-. ¡Tuve mis motivos para hacer las cosas que hice!

-Lo que te hace culpable de todo y más –dijo la misma niña, golpeando su martillo de felpa en la mesa-. Podría agregar el hecho de que eres una adolescente, pero sería reiterativo. Por lo demás, doy este juicio por cerrado.

-¿Cuál es el castigo, su señoría? –dijo 362, con una sonrisa, casi tan grande como la de Numbuh 5.

-Debería ser encarcelada en un meteorito por el resto de la eternidad, al menos hasta que chocara con el sol –dijo la niña, exaltada-. Pero solo podemos hacer mucho. El desmantelamiento, claro.

Con eso dicho, y tras la petición de la Líder Suprema en persona, el escuadrón de desmantelamiento, una veintena de niños encabezados por Numbuh 86, arrastraron a Cree, que ya tenía cerca de cuatro horas seguidas atrapada en ese incómodo asiento para bebés, hecho obviamente para incomodar y humillar a los acusados. Claro, la seguridad extrema era innecesaria, pero Cree asumió que necesitaban el espectáculo. Mientras la llevaban a la cámara de desmantelamiento, Cree se obligó a quedarse callada, no les daría la satisfacción de que supieran lo derrotada que se sentía. Sacaron fotos, y abuchearon entre lanzamientos de tomate y malteadas en mal estado, y fue cuando cree finalmente se romió. No gritó, pero su llanto era evidente para cualquiera.

Antes de desaparecer en la sala de desmantelamiento, se volvió hacia Abby, mirándola no con odio ni rabia, sino con decepción y agonía.

-¿Cómo puedes hacerme esto, Abby? Sí, he sido la peor hermana del mundo desde ese día, pero... ¿borrarme la memoria? ¿Qué será de mí? ¿eres consciente de que olvidaré todo acerca de nuestro tiempo juntas en KND? ¿eso es lo que querías? ¿eso es lo que siempre has deseado?

-Te lo mereces, después de todo lo que has hecho. –Abby evitó mirarla a los ojos, porque, si lo hacía, se rompería ella también-. Si esto es necesario para que dejes de lastimarnos, lo aceptaré con gusto. Hasta nunca, Cree. Porque, en cuanto vuelvas, ya no podrás lastimar a nadie nunca más.

-¿Eso es lo que piensas? –Cree endureció su expresión, y miró con puro rencor, esta vez, a su hermana-. Hasta pronto, querida Trabigail. Te arrepentirás de esto. Todos se arrepentirán...

Entonces, el escuadrón de desmantelamiento arrojó a la adolescente a la cámara, donde una poderosa luz cubrió parte de la visibilidad del interior. Una vez vuelta a abrir la puerta, Cree miró a todos con desconcierto y confusión.

-¿dónde estoy? Abby, ¿qué pasa?

Y lo peor de todo fue que, contra sus propias palabras, a Abby no le gustó el resultado. Eso, y que fue ella la que tuvo que acompañarla a casa.

FIN DEL FLASHBACK

-¡Ya no puedo soportarlo!

Una vez su garganta se hubo gastado lo suficiente, Abby arrojó la almohada contra la pared, donde se deslizó hasta el suelo. Calmándose poco a poco, y secándose las lágrimas, fue a recogerla, cuando descubrió que junto a la almohada otro objeto había caído de un estante. Era un CD viejo, lleno de polvo, que Cree le había dejado tener en sus primeros tiempos. Ya no lo escuchaba, porque era para niños de seis años, y ya estaba grande para eso...

-¿Qué estoy diciendo? ¿Numbuh 5, grande?

Volvió a meter el CD en el estante, antes de devolver su almohada a su cama.

-Va a ser una noche difícil.

Días más tarde, Abby se encontraba en su habitación, en su casa, intentando concentrarse en su tarea. De repente, alguien golpeó su puerta, abriéndola sin su permiso. Cuando levantó la vista, preparada para gritarle a su hermana que se fuera, descubrió, anonadada, a una Cree llorosa y que se lanzaba sobre su cama, rompiendo en llanto.

-¡Ayúdame, Abby! –Cree se veía ahora muy diferente a la confiada y engreída adolescente que Abby conocía-. Un par de chicos me abordaron en la calle, diciéndome algo sobre unos ninjas y algo llamado los Chicos del Barrio. En cuanto les dije que no sabía nada sobre eso, me dijeron: "Entonces ¿abandonaste la organización? ¿Ya no eres más la jefa?" ¡estoy confundida!

-Oh, Cree –Abby abandonó su tarea, sentándose junto a su hermana y tomando su mano con amor desinteresado-. Mira, no sé sobre todo esto, pero sabes que siempre puedes venir aquí si necesitas a alguien que sepa escuchar. Abby sabe escuchar.

-¡Gracias, Abby! ¿Qué haría yo sin ti?

En cuanto se hubo ido, Abby retomó su tarea, pero su se encontró rompiendo su lápiz en dos. Se sentía fatal.

Era cierto, el desmantelamiento era un arma de doble filo: por un lado, Cree ya no sería nunca más una ninja adolescente, no podría ayudar a los adolescentes a robar información del KND, escapar de la cárcel o intentar acciones malvadas contra los niños. Eso sí, los niños, KND o no, la odiarían por el solo hecho de ser una adolescente. Claro, estaban aquellos como Numbuh 86, que conocía las actividades de su padre como el Sr. Jefe, pero eran excepciones. Además, en las dos semanas que acababan de transcurrir del desmantelamiento, su hermana, si bien había vuelto a tratarla cariñosamente, no recordabaa casi nada de su vida, por lo cual era Abby la que, constantemente, tenía que decirle lo que le gustaba, a qué escuela iba, su color favorito, etc.

Se sumergió en su tarea, o pretendió fingir que lo hacía, hasta que escuchó el timbre sonar.

-¡Yo voy! –dijo Abby, contenta de por fin haber terminado.

Una vez abajo, abrió la puerta, encontrándose con Mauricio, que le sonrió.

-Oh, tú. Pasa.

Ambos subieron al primer piso, espiando la puerta de cree, que miraba con tristeza una fotografía. Qué fotografía, Abby no podía saberlo. Ese hecho solo consiguió hacerla entristecerse a sí misma más aún.

-¿Estás bien? –dijo Mauricio, una vez en la sala de estar.

-No. Dime una cosa, Mauricio. Esa noche... la noche cuando el Sector Y detuvo a mi hermana... ¿tenías algún motivo para no acompañarla al recital?

-Oh, eso. –mauricio se acabó su jugo de naranja, mirándola con aprehensión para nada disimulada-. No, no realmente. Bueno, tenía el día libre en mi tienda. Así que mentí; ah, y un contacto en TND me dijo que le había llamado la atención un niño que espiaba el ensayo de la banda de rock. Sigo lamentando que Luc, un amigo mío, haya quedado atrapado en el fuego cruzado.

-Así que tú lo sabías. –Abby lo miró fijamente, sin saber cómo sentirse al respecto. ¿Enojada?, ¿en deuda?, ¿frustrada? No estaba segura si podía seguir confiando en el ex Numbuh 9-. Mira, Mauricio, no te culpo por lo que pasó. Simplemente... sigo sin creerme que mi hermana haya caído y todo eso.

-Y que lo digas. Pero ¿sabes qué me sorprende más?

-¿Qué?

-Que Cree fuera completamente desarmada. Como si realmente no se esperase sino disfrutar de un recital. Eso es lo que me carcome. Saber que, en parte, colaboré para que la capturaran.

-No te culpes. Yo...

-¿cómo no voy a culparme? Fue mi novia por algún tiempo, Abby. Ahora ni siquiera me reconoce. En el colegio, tuve que presentarnos a todos de nuevo, pero apenas reaccionó.

-Ha... cambiado.

-pero dejemos de hablar de eso. ¿Qué tal te va como líder del Sector V?

-Bien, supongo. –Carraspeó, incómoda por el repentino cambio de tema-. Pero no es lo mismo sin Numbuh 1. Supongo que no es algo fácil de superar.

-Qué fuerte. Digo, que tu mejor amigo se vaya a cumplir una misión desconocida en otro país, y que nunca vuelva.

-Mauricio, ¿sabes guardar un secreto?

-Sí. Para eso estoy. Bueno, me eligieron para el TND por una razón.

-¿Qué pensarías si te dijera que Numbuh 1 no se fue a Canadá?

-Bueno, pensaría una de dos cosas. O bien está desaparecido, e intentas pensar que no, para evitar pensar en eso; o está en un lugar que conoces, pero que por alguna razón no puedes revelar. ¿Cuál de las dos cosas debería creer?

-¡Oh, Abby quisiera tener tu cerebro, Mauricio! No se lo digas a nadie, pero Numbuh 1 no está en Canadá. Está en algo llamado GKND, los Chicos del Barrio Galácticos.

-¿De veras? ¡Por Cero!

-¡No grites! –Abby se apresuró a ponerle una mano sobre la boca, tapando su voz-. No queremos que todo el mundo se entere, en especial mi hermana.

-descuida, ella ya no podría comprenderlo –dijo Mauricio, de pronto más apagado que hasta hacía un momento-. Pero wow, eso sí es fuerte. No te preocupes, Abby, guardaré el secreto. Lo llevaré conmigo hasta el final si es necesario.

-Gracias.

-¡Esto ya es el colmo! ¡Le dije específicamente a esa chica que me informara en cuanto tuviera algo! ¿Qué está haciendo? –el padre se paseó por su oficina, cansado ya del silencio de su subordinada, tomando de pronto una decisión. Volando hacia su teléfono en la pared, y haciendo todo lo posible para evitar prenderle fuego, marcó un número y exclamó-: ¡Hola!

-Hmm, ¿quién es?

Mirando más detenidamente el número en la guía, recordó que éste no era el número personal de Cree, sino el de su casa. Escuchando la profunda voz del hombre al otro lado, el Padre se sintió confiado. Por lo mmenos no había atendido un niño, eso sería la cosa más ridícula del mundo.

-Estoy buscando a cree Lincoln. ¿está ella ahora?

-Lo siento, pero acaba de salir con sus amigos. Ya sabe cómo son los jóvenes, con sus salidas y chismes, y todo eso. Pero puedo dejarle su mensaje si no le importa.

-No, no se moleste, llamaré más tarde. Adiós.

Marcando otro número, esta vez llamó al teléfono personal de la adolescente, esperando para lanzarle su bombardeo de preguntas y gritos.

-¿Hola? ¿Quién es?

-cree, ¿hasta cuándo piensas hacerme esperar?

-Hmm, ¿quién es? ¿Te conozco?

-¿Claro que sí, muchacha inútil! ¡Prometiste mantenerme informado sobre tu plan!

-¿Qué plan?

-¿Qué plan? ¡Eso me gustaría saber yo! ¿Por qué no me lo dijiste? En fin, no tengo todo el día para esto. ¿Qué tienes?

-Tengo dolor de cabeza. Y no tengo todo el día para escuchar los parloteos de un desconocido, y sus incoherencias sobre planes y conspiraciones.

-¿Qué dices?

-Adiós, señor. Si vuelve a intentar llamarme, lo denunciaré a la policía.

Antes de permitirle decir algo más, Cree cortó la comunicación, y el padre se permitió, ahora sí, prenderle fuego a su teléfono. Su dinero había que reemplazarlo no le costara nada. Lo que le costaría, a él su paciencia, y a Cree su puesto, sería el haberlo engañado.

-ya verás, chica tonta. ¿Crees que tu puesto como líder extra oficial de los Ninjas Adolescentes es gratis?

Tecleando otro número, llamó al teléfono personal del Steve.

-Hola, aquí el steve. Si eres tú, Lucas, tienes mi más sincera disculpa por lo de tu banda...

-¡Es el Padre, idiota!

-¿Pa-Padre? –la vos del Steve adquirió de pronto un tinte de temor evidente-. ¿Qué necesita?

-Es Cree. No sé qué rayos le pasa a esa chica por su cabeza de adolescente, pero estás dándole de baja en la organización, ¿me oyes?

-¿Y por qué lo haría?

-Intentó burlarse de mí. Vino hace cosa de dos semanas, proponiéndome un plan para acabar con los Chicos del Barrio, pero nunca volvió a comunicarse. Acabo de llamarla, ¡pero todo lo que hizo fue insultarme! ¡Cómo se atreve! Así que la estás expulsando, ¿entiendes?

-Padre, sin ofender, pero debería informarse más sobre lo que pasa en los Ninjas Adolescentes estos días.

-¿A qué te refieres?

-¿Cómo puedo dar de baja a alguien que ni siquiera recuerda que forma parte de los Ninjas Adolescentes? Es más, hablé con ella el otro día y, en cuanto la amenacé con expulsarla por insubordinación tras darme la espalda en mitad de una reunión importante, simplemente me dijo que no le importaba, y que no tenía idea que pertenecía a "un grupo de tontos sin sentido", cito sus palabras. Así que no se preocupe, el Steve ya tiene esta situación resuelta.

-¿E-en serio?

-Sí. Bueno, si eso es todo, debo irme. Tengo que preparar mi discurso.

-Claro. –El Padre estuvo a punto de colgar, hasta que preguntó, curioso-: ¿qué discurso? No sabía que ya te estabas graduando, muchacho.

-Nah, mi discurso de disculpa y lástima por la banda. Esos niños realmente se pasaron de la raya esta vez. Lucas va a querer saber por qué no llegamos a tiempo al asalto de esos malditos mocosos, con todos los adolescentes que asistieron. Pero bueno, no todos los días te dicen que la chica más temida de la escuela va desarmada y queda fuera de línea por una pandilla de niñatos de kinder.

Anonadado, el padre volvió a quedar solo, tras el sonido de finalización de la llamada por el otro lado de la línea. Eso lo dejó meditando. Nada de esto tenía sentido. Fue cuando, saliendo de su oficina y metiéndose en su auto, le indicó al chofer que lo llevara a su trabajo. Pero, en mitad del recorrido, una luz se encendió en su mente y, sonriendo, le dijo:

-Olvídalo, Alfred. Llévame a este sitio –y le entregó un papel con una dirección.

-Como quiera, señor. Pero no entiendo por qué vamos al Hospital General de Cleveland.

-Oh, acabo de recordar que olvidé retirar... algo allí.

El automóvil cambió su curso, mientras una sonrisa macabra se extendía por el rostro del Padre, ahora sin su traje de villano. Oh sí, él necesitaba recuperar algo, y hacer una visita especial.

Transmisión interrumpida...