Pronunciación.

Ginny no entiende por qué el capitán del equipo contrario, los Cheshire Chosen, se acerca al rostro de Gwenog y le susurra algo con tanta seriedad. Entiende mucho menos por qué su capitana asiente y estrecha su mano. Le restó importancia y dió una patada al suelo para elevarse sobre la escoba. Sabía que era un partido amistoso, pero no por eso era menos interesante, quería ganarles. Si todo resultaba bien, podría descifrar su manera de jugar y, al enfrentarlos en el mundial, no sería difícil ganar. ¿Para eso son los juegos amistosos, no?

Gwenog se acercó por la izquierda y puso una mano en el mango de su escoba para poder inclinarse contra su oreja, tal como había hecho el capitán del equipo contrario.

—Cuídate de Clark, Ginny —advirtió en voz baja, ignorando los gritos de los entrenadores en el suelo—. Potter me ha dicho que planea lanzarte todas las bludger.

—¿Por qué? —preguntó y de inmediato buscó a Clark con la mirada. Estaba a más de tres metros, balanceado el bate con su usual sonrisa torcida en anticipación.

—Tú dime —rió la capitana—, ¿no estabas saliendo con él?

—¡Hace meses, Gwen! —exclamó indignada.

¿Cuál era su problema? Habían salido por dos largos, larguísimos, meses, en los cuales se dió cuenta que Clark era terriblemente posesivo, todavía sospechaba que tenía serios problemas del control de la ira. ¡Qué va! Ahora ya está segurísima. Que poco profesional e infantil.

Ginny decidió que iba a ignorarlo durante todo el partido, sólo a él no a las bludger que sin duda le estaba lanzando directamente a ella, sin disimular ni un poco.

El juego terminó con su victoria, lo cual disipó un poco su molestia contra el castaño. Estaba decidida a reclamarle por comportarse como un bebé (otra vez), cuando vio a Gwenog riendo con el capitán ¿Potter había dicho? Y después entregándole un papel en las manos.

—¿No habías dicho que jamás coqueteas con otros capitanes? —sr burló risueña, cargando su escoba y caminando a su lado hasta salir del estadio.

El resto del equipo ya ha desaparecido, más que ansiosos por disfrutar su innecesaria fiesta de victoria en un juego amistoso; a Gwen y ella les encanta pasar a casa para darse un baño decente y no un simple hechizo de limpieza por encima de uniforme.

—No estaba coqueteando, loca —bufó, extendiendo su mano para desaparecer—. Lo invité a la fiesta.

—¿A otro capitán? —insistió confundida.

—Él nos ayudó con tu psicótico ex, es lo menos que podríamos hacer, Ginny Winnie —explicó con simpleza, insistiendo con su mano extendida—. Además, no puedes negar que está guapísimo.

Ginny no puede contestar por la desaparición y su desagradable sensación. Se tambalea cuando llega al piso de Gwen, por una parte intentando recordar al capitán del equipo y por otra intentado deshacerse desagrado.

—Pues tenía el cabello hecho un desastre incluso antes de subirse a la escoba —comentó en un grito. Gwen suelta una carcajada desde la ducha.

—Pues yo creo que eso y la cicatriz de su frente de la un aire peligroso, algo que no se encuentra en Gales, Winnie —gritó de vuelta.

—Los chicos de Gales sólo hablan sexy, Gwen —gritó con cansancio—, el resto de Gran Bretaña tiene un montón de locos.

—¡Por Merlín! Los Beatles salieron de aquí, respeta al menos la cultura.

—Lo que digas, Gwen —mustió—. Pero te aseguro que no saldré con otro jugador en un largo tiempo, hoy casi me cuesta una pierna.

—Es que siempre les rompes su corazoncito, Ginny —exclamó burlona.

Ginny se deshace del uniforme y busca algo de ropa para la fiesta en el cajón de Gwen (que ahora es suyo porque ya tiene varias prendas de su pertenencia para situaciones como estas).

—Ambas sabemos, Ginny Winnie, que no saldrás de esa fiesta sin compañía —canturreó su amiga, enrollando una toalla sobre su cabello mientras sonreía con burla—, antes te quedarías aquí encerrada.

—Oh no, Gwenog, por supuesto que iré y por supuesto que saldré de ahí sin recibir tus ridículas burlas —anunció con orgullo.

Pero debió haber escuchado a Gwenog. Debió detener su ducha y volver a casa para hablar con su hermano, debió dejar de intentar recordar al capitán de Cheshire y, por supuesto, debió de ignorar a Lillian con sus constantes copas de victoria (rebosantes de alcohol con una pizca frutal). Tal vez si no hubiera venido más de cuatro copas hubiera visto a Gwen chocar (¿o eso fue un empujón?) con el capitán Potter, logrando que se encontraran demasiado cerca.

—Hola —saludó, sonriendo apenado y sosteniendo el hombro de Ginny.

—Joder, Winnie, ha sido mi culpa, Potter, lo lamento —habló Gwen, pero Ginny estaría mintiendo si dijera que entendió alguna palabra de lo que decía, ¿es normal que los ojos brillen tanto, los del Cheshire, el capitán, ese Potter? ¿Brillan por las gafas que trae? ¿O será porque son verdes?

—Soy Ginny, no Winnie —dijo con torpeza. El capitán sonríe mostrando los dientes y cabecea, finalmente soltando su hombro para extender su mano hacia ella.

—Yo soy Harry, no tienes que decirme Potter —respondió risueño, Gwen dice algo y se va.

Ginny no recuerda cómo estrechar una mano (venga, si está sostenido la copa con una mano solo tiene que estirar la otra), no puede coordinarse, no sabe cómo estrechar una simple mano (maldita Lillian y sus copas alcoholizadas hasta el copete). Ginny decide que no quedará en ridículo, así que se sostiene del hombro de Harry (si, se sostiene, porque el choque de Gwen todavía la hace tambalearse), le sonríe y acerca sus labios a su mejilla para saludar.

—Un placer —murmuró. Mientras se aleja del rostro del Cheshire puede distinguir la cicatriz que Gwen ha mencionado, no se resiste y pregunta—: ¿Cómo te has hecho eso?

El alcohol le afloja la lengua y le atrofia los sentidos, no se le ocurre pensar que es como las cicatrices que ella esconde bajo la falda, o las que tiene debajo de la blusa, no se le ocurre que quizá a Harry le incomoda hablar de ella tanto como si le preguntara cómo se hizo esos rasguños de las piernas.

No se le ocurre pero Harry le sonríe pequeño y baja la vista a su copa, Ginny quiere decirle que no baje la mirada porque sus ojos son muy bonitos y brillantes, pero él le interrumpe.

—Creo que sería más interesante hablar de esto sin esa copa —rió—. Después ¿Está bien, Ginn?

Debería responder "si, totalmente" pero en lugar eso sólo puede pensar que su nombre se escucha tan bien dicho de esa manera, resaltando la ene, ignorando la ye que le da un toque infantil y dejando la lengua contra el palabra mientras espera su respuesta.

—Uhjm —asiente, medio perdida y medio encontrada. ¿Por qué nadie le habla de esa manera? ¿Será por el alcohol que todo suena fabuloso? ¿O por la música tan alta que no le deja más alternativa que mirar los labios y cada letra salir de ellos?

—Genial, significa que te volveré a ver sin preocuparme por Clark —suspiró aliviado, llevando a sus labios una copa con un contenido blanco ¿Por qué de repente quiere ser una copa?—. Lamento su comportamiento, creo que está molesto.

Deja la copa en la mesa y parpadea un par de veces, entiende la conversación pero no recuerda muy bien en qué orden van las palabras de su respuesta.

—Si. Él, Clark, es un idiota. Está molesto. Creo. Salí con él. Terminamos. Es muy celoso —Harry ríe de nuevo, bajando la mirada y revolviendo su cabello.

—Supongo que sí —admitió—. De todas formas no tenía que ser un imbécil contigo.

—No —concordó, alargando la o de manera cómica—. Nunca ha sabido de modales.

—Estoy de acuerdo —rió—. Tengo que irme, mis modales están en juego en otro sitio, pero me gustó su fiesta—ahora es él quien se inclina y besa su mejilla, el sonido de sus labios besando la tontea un poco antes de sentir un papel en su mano—. Nos vemos luego, Ginn.

Joder (JODER). Ella necesita volver a escuchar su nombre de esa manera tan sexy, no como con el acento de los chicos de Gales, sino con el acento del chico inglés con pinta de problemático.

Harry se va y ella solo puede ver su chamarra de mezclilla desaparecer entre un montón de gente. Revisa el papel en su mano y no entiende, tiene que guardarlo entre la cinturilla de su falda y su piel para leerlo después, cuando pueda entender las letras, cuando pueda pensar en otra cosa que no sea en los ojos verdes brillantes o en la lengua pegada al paladar, en los labios contra la copa y contra su mejilla.

Gwen no le lanza sus burlas ridículas por salir acompañada, lo hace porque sale completamente sola.

—Ow, Harry Potter te ha conquistado, Winnie.

Pero Ginny no tiene cabeza para entender lo que dice, ni esa madrugada ni al día siguiente, cuando el cerebro se le quiere salir por cualquier orificio. Sólo tiene cabeza para buscar con rapidez (aunque esos movimientos son desesperación en su más pura esencia) el papel que guardó hace algunas horas. Cuando lo encuentra se le acelera el corazón de inmediato.

—Cuando leí "Caldero Chorreante" me imaginé que comeríamos ahí —dijo risueña. Son las dos con cuarenta y están en Londres.

Harry escribió "Caldero Chorreante, 1:20. De la tarde, claro", así que apareció en el establecimiento y ahí estaba él: con su chamarra de mezclilla, jeans desgastados, una playera exhibiéndo su cuello y parte de las clavículas, las manos en los bolsillos, su sonrisa mostrando dientes y sus ojos brillantes detrás de dos cristales. Ginny no esperaba estar caminando por las calles medio transitadas de Londres con un brazo de Harry sobre sus hombros.

—No me gusta mucho el lugar —admitió con vergüenza—. Está muy oscuro y hay muchos curiosos.

—¿Curiosos? ¿De qué sería curiosa la gente que va a ese sitio? —preguntó con tono bromista. Harry hace un ruido extraño con la garganta y entrecierra los ojos.

—Es un buen sitio para cotillear —contó con pesadumbre—. Sería imposible mantener una conversación sin que alguien del Callejón Diagon lo supiera un minuto después.

—Seguro te pasa porque juegas Quidditch —intentó animar. Harry le sonríe y Ginny de nuevo quiere pedirle que no baje la mirada porque su ojos brillan todavía más detrás de sus gafas, como si quisieran hacerse notar incluso detrás del cristal—. Los magos de por aquí no tiene mala pinta, Harry.

—No, ya no —asintió de acuerdo.

A Ginny le encantaría decir que pensó en Harry, en sus ojos y en sus pobres explicaciones sobre cualquier lugar de Londres (sería un pésimo guía de turistas), sólo por ese aire misterioso y problemático que cargaba consigo, pero la verdad es que no. Pensaba demasiado en su nombre saliendo de sus labios, en su risa y en su mirada brillante.

¿Por qué ninguno de sus ex novios pronunciaba así su nombre? ¿Por qué pensaba tanto en Harry? ¡Le gustaba hasta como decía "Hola! Le fascina ver cómo la a muere en una sonrisa que muestra dientes, como si no hubiera alcanzado escapar por completo de su boca y ahora estuviera atrapada detrás de esa sonrisa tan amplia. Y, conforme pasaban los días, se preguntaba si Harry pensaba en ella. Contaba las horas que faltaban para volver a verlo frente al Caldero Chorreante, porque a Ginny le encanta como pronuncia su nombre y tiene que volver a escucharlo.

Después de otro par de juegos amistosos, y un montón de encuentros en el Caldero Chorreante que terminan en Cheshire, en Gales e incluso Escocia, Harry finalmente (¡Finalmente!) se acerca para dejar escapar la a de su sonrisa y, en su lugar, atrapa los labios le Ginny. ¡Oh, Merlín! Podría derretirse como la ene al final de su nombre.

—Harry Potter te conquistó, Ginny Winnie —sentenció Gwenog. Ginny deja de cepillar su cabello y la observa a través de espejo.

Están en el piso de Ginny, y como le han ganado a los Friggles Forch, dónde casualmente juega uno de sus hermanos, tienen que celebrarlo con una fiesta. Por supuesto que Lillian prepara los tragos y por supuesto que Ginny invita a Harry.

—Tengo que confesarte —dijo en voz baja, con un tono demasiado serio para no ser una broma—, que me alegra muchísimo que al fin hayas encontrado al chico correcto.

—Sólo estamos saliendo, Gwen —rió Ginny, mordiéndose la lengua por no decirle cuánto le fascina Harry, resistiéndose a gritar que está enamoradísima hasta de cómo pronuncia su nombre.

—Tal vez, pero Harry Potter es un algodón de azúcar que ha detenido tu cacería de corazones atléticos del Quidditch.

—Me haces sonar horrible, Gwen.

Pero el universo, no suficiente con darle una amiga que la hace sonar horrible, tiene que llegar y hacerla sentir horrible. Pésimo. Asqueroso. Triste. Estúpida.

Aparecen en la fiesta y llegan en momento justo (ni un segundo antes para prevenirlo, ni un segundo después para ignorarlo) para ver a Harry abrazando a una chica mientras pronuncia con cariño "Mione" (no, joder, eso es más que estúpido cariño). Su sonrisa es grandísima, pronuncia la eme como si estuviera besando el alborotado cabello castaño de la chica y la e se escapa por el espacio que dejan sus dientes antes de cerrar su sonrisa. Y cierra los ojos, como cuando la besa a ella.

Lo peor es que no ha probado ni una copa de Lillian y ya no sabe qué hacer. No sabe cómo reaccionar.

—¡Ginn! —saludó Harry, se aparta de la chica castaña y la toma de la mano (si, de la mano) hasta que ambos están frente a ella—. Te presento a Hermione.

La chica es preciosa, no puede mentir. Sus ojos brillan como los de Harry, comparten una mirada y ella la toma de un hombro o para inclinarse a besar su mejilla, tal como hizo Harry suele hacer cuando se despiden. Están coordinados. Ellos deberían estar juntos, ella no debería estar ahí (¡pero yo estoy saliendo con él!), y sin duda daría lo que sea, le daría a Harry cualquier cosa con tal de que pronuncie su nombre y le diga con ese mismo énfasis que la quiere.

—Un gusto, Ginny, Harry y tú hermano me han hablado mucho de tí.

Excepto que Harry dijo "Ginn", no "Ginny" y su hermano jamás pudo hablar con esta chica porque esta chica está coordinada con Harry, ¿no? (¡¿No?!).

—Ron dijo que sería humillante aparecer por aquí cuando tú ganaste el partido, y Harry se ofreció a traerme para no perderme la fiesta —explicó con simpatía—. Tampoco quiero perderme los famosos tragos de ¿Lillian? Bueno, esos que Harry dijo te hacían ver adorable.

—Hermione —balbuceó con ojos gigantes y sonrisa apretada, Ginny se atreve a reír y acercarse un paso más a Harry.

—¿Qué? Ya va siendo hora de que Ginny sepa con que clase de cursi se ha venido a meter —bufó con gracia, le guiñó un ojo y caminó hasta la mesa que Lillian había bautizado como "barra"—. Tomaré un par para sorprender a Ron.

—Disculpa que ella…

—¿Eres cursi? —interrumpió risueña.

Sus pensamientos de ojos brillantes correspondidos y coordinados pasan a segundo plano mientras su cabeza repite "Harry dijo te hacían ver adorable".

—Ella, bueno, Hermione es un poco…

Ginny ríe con el cuerpo calientito y las manos alrededor del cuello de Harry.

—Está bien. Al menos no soy la única que tiene esos pensamientos disparatados —susurró—. Esos donde creo que tus ojos brillan mucho, que tu cabello se ve increíble así de desordenado y que pronuncias mi nombre muy bonito.

—¿Eso crees, Ginn? —preguntó Harry, envolviendo su cintura y sonriendo de lado. Ginny bien puede derretirse ahí mismo.

—Por supuesto —respondió torpemente, concentrada en los labios de Harry, en cómo pronuncia todo y nada.

—Perfecto. Entonces —rió, aliviado y contento—, puede que no sea el único enamorado.

La o sale de su boca porque Harry la deja salir antes de que sus dientes topen contra su labio inferior, no es una sonrisa propiamente hecha, es más bien una mueca de espera (o esperanza). Y a Ginny le encanta todavía más porque sus ojos brillan con anhelo, por ella.

—No. No lo eres —aceptó con simpleza. Harry ríe bajito, la besa sin dejarla escapar como a una gloriosa o de "enamorado" y atrapándola como una ene de "Ginn".

—¿Podemos ir a otra parte? —pidió con ojos brillantes.

Ginny sonríe y asiente. Sabe perfectamente dónde es "otra parte", sabe que eso incluye hablar de las cicatrices incómodas de sus piernas y torso, pero está segura de que Harry es el chico correcto para decirle cómo se las ha hecho.

—Ya es después, Ginn —anunció con una sonrisa pequeña, quizá nervioso y ansioso.

Entonces Ginny recuerda su conversación, la primera, medio ebria y totalmente brillante. ("¿Cómo te hiciste eso?", "Creo que sería más interesante hablar de esto sin esa copa. Después ¿está bien, Ginn?"). Ya es después, no tiene ninguna copa pero sí todo el interés del mundo. Tal vez, después de todo, las cicatrices incómodas pueden dejar de serlo aquella noche.

Pero antes, Harry tiene que saber: —me gusta cómo pronuncias mi nombre.

—¿Ginn?

—¿Uhm?

—Te ves adorable, Ginn.

X=

¡Hola! Se que ha pasado un tiempo, lo siento, como recompensa: He aquí un OS que casi llega a las 3,000 palabras.

¿Que les pareció?

"Break My Heart" de Dua Lupa, canción que me inspiró a escribir este OS. :).

. ¡Muchísimas gracias por su paciencia y apoyo incondicional a mi trabajo!

¡L s quiero muchísimo!

-Danny :).

(20/jun/2020. 02:28)