En cuanto abre la puerta tiene una varita frente a su nariz, no se mueve, ni siquiera respira. Levanta la mirada a los ojos verdes y muestra sus manos en busca de paz.

—¿En dónde te pedí que te casaras conmigo? —preguntó en un gruñido, sin apartar la varita de su rostro.

—¿Realmente…?

—¿¡Dónde!? —da un brinco en su lugar ante el grito y la furia en los ojos verdes, suspira y eleva el mentón porque ella nunca le ha tenido miedo.

—En Grimmauld Place, después de ganar las Nacionales de Quidditch —dice son seguridad y serenidad. Los ojos verdes la mantiene bajo un cuidadoso escrutinio antes de asentir.

La varita deja de apuntarla y ve al hombre caminar hasta la cocina, ella lo sigue.

—¿Esperabas a alguien más? —pregunta con curiosidad, observando la casa.

—¿Cómo me encontraste? —pregunta de vuelta, sin girarse a verla.

—Albus.

Los movimientos de Harry se detienen por unos segundos antes de asentir.

—¿Té o café? —vuelve a preguntar. Ginny se sienta en un banquillo frente a la isla de la cocina y observa a Harry.

—Té está bien, gracias —Harry asiente y sirve dos tazas en silencio. Le extiende una y se sienta frente a ella.

—¿Qué quieres? —pregunta con brusquedad. Ginny prueba el té sin decir nada durante unos segundos.

—No sabía si estabas vivo —susurra, limpiando el borde de su taza, Harry eleva una ceja y niega.

—Bien, ahora dime ¿realmente a qué has venido? —Ginny bufa y niega— O por lo menos dime cómo me encontraste.

Se encoge de hombros y observa las manos de Harry, tomando la taza sin más fuerza de la necesaria, están llenas de cicatrices nuevas, algunas runas tatuadas y un anillo plateado sin inscripción o piedra alguna. Quiere tomarla y verla con más detalle, alcanzar a ver sus pequeñas arrugas, la tinta de las runas tatuadas esparcida entre sus poros, y sobre todo quiere buscar una inscripción en ese anillo, tiene que haberla.

—Albus nunca ha sido bueno devolviendo las cosas a su lugar —dice la pelirroja, Harry eleva una ceja, llevando la taza a sus labios y bebiendo imperceptiblemente, esperando—. Encontré algunas cosas que no tenían sentido, ya sabes, mapas incompletos, papel albanene trazado, libros alterados, rastros de magia y algunas cartas sin firma y destinatario. Solo supuse el resto, después de algunas noches descubrí la existencia de este lugar.

Harry baja la taza y sonríe a medias, con los ojos entrecerrados.

—¿Y en qué noche intentaste seguir a Albus, eh? —Ginny lo observa inexpresiva antes de negar.

—Basta.

—¿De qué?

—Si yo intentara leer tu mente o sentir tus emociones ésta conversación sería muy diferente —dice con enfado, en la garganta de Harry resuena una risa al ritmo de su manzana de Adán, niega con la cabeza y sonríe.

—Pero no lo harás —eleva ambas cejas, como retando a que lo haga—. Y aunque lo hicieras no podrías penetrar mi mente, nadie en realidad.

—No te tengo miedo —Harry podría sentir el orgullo y la seguridad emanar de ella, si realmente lo sintiera.

—¿Por eso le dijiste a tu hermano que si no volvías está noche buscara a Albus? —frunce el entrecejo y bebe de su taza—. Aún eres incongruente con tus acciones y palabras.

—¡Te dije que basta! —alza la voz y se acerca a su rostro— ¡Te exijo una explicación sobre todo lo que has hecho!

Harry sonríe y rellena su taza en silencio, solo se escucha el agua cayendo, el azúcar resbalando de la cuchara y burbujeando entre el agua, el café disolviéndose al contacto con el agua y la cuchara meneando todo.

—Compré este lugar, un elfo prepara la comida de todos, me hice adicto al café, tomé un curso culinario, me hice un par de tatuajes, me dejé la barba, luego me rasuré, dí un par de excursiones a la civilización, vi a mis hijos, compré una lechuza, aprendí a cultivar papas, y ahora aprendo a cultivar zanahorias.

Ginny lo observa con cara de pocos amigos y suspira.

—Necesito que me digas qué ocurrió, Harry, por favor —suspira y niega—. Nada tiene sentido, nadie te busca porque tú estabas ahí, estabas muerto. Harry yo te vi. Nunca volviste por nuestros hijos a la mañana siguiente.

A Harry le brillan los ojos con malicia. Mantiene su sonrisa e igualmente acerca su rostro al de ella.

—¿Tú qué crees que pasó? ¿Eh?

—Paul me dijo que serías capaz de montar todo un teatro con tal de estar a mi lado —Harry recarga su espalda en la silla de la isla y alza una ceja.

—¿Me crees capaz de matar a 20 personas? Y después de ello ¿ni siquiera quedarme a tu lado, siendo esa, supuestamente, la razón del cometido asesinato? —bufa y vuelve a su postura para beber se su taza— Que desperdicio ¿No crees?

—¿Qué haces? ¿Harry? ¡¿Qué carajo haces?! —Alan respira agitado, golpea la puerta mientras tantea su saco, su rostro irreconocible, quemado e inútil, no es capaz de ubicar otra cosa que no sea la puerta frente a él— ¡Harry! ¿Por qué haces esto? ¡Potter!

Harry lo observa desde afuera, las llama se tragan todo a su alrededor, pero sabe no usará su varita para escapar, que esté ahí viendo cómo el fuego se traga al Auror solo hará que se queme, figurativa y literalmente.

—Lo siento —susura, escuchando los gritos de Alan, pisa la varita del sujeto y continúa su camino.

Ginny observa sus ojos con curiosidad.

—Tu estabas ahí.

—El rostro de Alan quedó irreconocible, nadie sabría si era él o yo ¿En qué te basas? ¿En las cicatrices en su pecho? —los ojos de Ginny se cristalizan porque sabía que esto pasaría, una vez ahí, frente a él, todo dejaría de tener sentido.

—Visitaste a Ron, le pediste que pidiera la custodia de los niños —murmura, Harry asiente.

—¿Qué haces aquí? —dice a la defensiva. Harry acomoda su chaqueta y suspira.

—Yo no me acosté, ni me acuesto con tu mujer, así que relájate. Vine a ayudarte.

Ron lo observa con desconfianza, la mano en su bolsillo lo delata.

—Hermione está dispuesta a irse del país para enfrentarse a peleas de dragón clandestinas, lo que asegura la muerte de mis Aurores, lo sabes —suspira y rasca su ceja—. No puedo hacer nada por ella, pero su por sus hijos, tus hijos.

Ron frunce el entrecejo y saca la mano del bolsillo.

—Sam Wilson es una excelente abogada, tienes asegurada la custodia de tus hijos una vez que la contrates —Harry le muestra una tarjeta y la deja sobre la mesa antes de girarse y abrir la puerta—. No estuve aquí, por cierto. Soy todo lo que ella tiene.

Harry no ve cuando Ron asiente, y mucho menos cuando llama al número de la tarjeta.

—Hermione estaba actuando impulsivamente, en cualquier momento ellos iban a salir heridos, y era lo que menos deseaba para ellos —se encoge de hombros y sostiene la taza.

—¿Por qué huir? ¿Si tú no eras responsable de nada?

—¿Tú crees que el resto iba a creer eso? ¡Aseguraron que yo asistí a esa misión, y no era cierto! ¡Obviamente me culparían por las 20 muertes! —gruñó y nego—. Yo no planeaba volver a pasar por lo mismo que toda mi jodida adolescencia. Creí merecer un respiro.

—¿Por qué no me lo dijiste? —susurró. Harry se encoge de hombros y niega.

—Dejaste todo muy claro la última vez que nos vimos. Supuse que si no querías volver a verme, no tenías por qué hacerlo.

Ginny no parpadea, sus lágrimas caerán en cuanto lo haga y no planea hacerlo. No hasta que entienda.

—¿Y Hermione?

La castaña entra a la habitación, hay un gran olor a gasolina, la habitación está adornada con pétalos de rosa y hay velas encendidas en el tocador, Hermione frunce el ceño.

—¿Estás seguro de que ésta es la dirección, Harry? —cuando no obtiene respuesta y ve que no hay nadie detrás de ella tantea en su capa, buscando su varita.

Al volver la mirada al frente Harry sostiene una vela, Hermione lo observa con confusión.

—George Pride no existe, ¿cierto? —Harry suspira y sonríe.

—George Pride tiene una aventura con una bella mujer en la habitación de abajo, su esposa vendrá en unos minutos —explica, soplando la vela y dejándola en su lugar—, a excepción de ellos tres y otras dos parejas, el lugar está vacío. Pronto vendrán once Aurores.

Hermione camina hacia atrás, Harry sonríe.

—¿Tienes miedo Hermione?

—¿Por qué? ¿Por qué vas a matar a tantas personas? No entiendo —Harry ríe y niega.

—Lo sé, siempre quieres entender todo. Me temo que esta vez no es posible.

Hermione respira con agitación, observa a su alrededor. Sabe que no puede pelear, no sin su varita.

—¿Es por ella? ¿Realmente arreglaste las cosas con Ginny, y ahora te desharás de mi? ¿Eh? —Harry niega y camina a la puerta.

—Estoy tan jodido como tú.

—Harry… —los ojos de la castaña muestran miedo, terror.

Pero Harry no se inmuta y golpea con el codo el rostro de Hermione y sale de la habitación sin mirar atrás, saca la caja de cerillos, enciende uno y lo deja caer. Sabe que ella está inconsciente, el tiempo corre y él también.

—¡Alan! ¡Alan! ¡Hermione está atrapada!

El Auror choca contra Harry, quién logra quitarle la varita del bolsillo.

—En la habitación, alguien me golpeó y la encerró.

Alan corre y abre la puerta , el humo sale y alguien lo empuja por la espalda, entra a la habitación dando traspiés y cuando gira, Harry está ahí, dejando caer su anillo, después azota la puerta, cerrando de nuevo.

—Te dije que estaba siendo impulsiva. Imagina que esa noche hubiera tenido a los niños, llaman los muggles o los Aurores u responde Rose, ¿qué haría después de saber que su madre ha sido incinerada? —Ginny busca en los ojos verdes la verdad, pero no encuentra nada más que kilómetros y años de distancia en ellos.

Harry extiende la mano y acaricia su mejilla, Ginny sabe que Harry nota su confusión, pero no sabe si se aprovechará de ella.

—¿Me crees capaz de matar a mi mejor amiga? ¿A la que tú gritaste era mi amante, cuando en realidad era mi hermana?

Harry escucha el grito de la esposa de George, deja caer otro cerillo y baja las escaleras, las llamas casi tocando su espalda. Lanza la varita de Hermione y se oculta el la recepción. Cuando los Aurores suben las escaleras, Harry deja caer los ocho cerillos restantes detrás de él mientras camina a la salida de emergencia.

No le perturba. Desde lejos observa como sacan cuerpos, como las llamas se extienden y como el hotel se llena de magos y muggles sin entender cómo pasó. Harry camina lo más lejos que puede y después utiliza su varita para desaparecer y aparecer en su apartamento. Toma sus cosas y se desaparece.

Las lágrimas tiemblan en sus ojos y niega con lentitud antes de murmurar: —¿Ron sabe…?

—Nadie, a excepción de mis hijos saben que Harry Potter está vivo, y ahora tú. Aquí se puede utilizar el apellido de tu madre como único, así que soy James Evans —Ginny asiente y el peso de sus lágrimas cede, resbalan por sus mejillas y suspira.

—¿Puedo confiar en ti, Harry?

Harry la observa en silencio, sin burla y sobre todo con curiosidad.

—¿Me tienes miedo?

Ginny se inclina sobre la isla y besa los labios ajenos. Niega y vuelve a besar. Harry le devuelve el beso con ansias y un agujero en el estómago. No estaba seguro si ahora todo estaba bien o solo bien jodido.

—Jamás me mentirías, ¿Cierto? —logra decir entre besos, saliva, ropa, calor y piel. Harry besa su cuello, baja sus manos y sube sus labios a su oído.

—Jamás.

-x-

Pues esto pasó :D.

¿Qué les pareció?

Sé que aún hay muchos espacios en blanco peeeeeero, el One Shot funciona sin necesidad del anterior, me pareció perfecto, igual cualquier duda comenten:

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¡Nos leemos pronto!

-Danny :).

~Primera publicación

(19/Mayo/2019. 14:30)