Este OS amenaza con ser romántico y advierte lo erótico del contenido (18)

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Piel

Desde que le dijo a Ron "Tiene bonita piel" y le respondió "Hermione tiene bonita piel" debió saber que estaba perdido. Estaba jodido. Lo había dicho sin pensarlo demasiado, simplemente quería dejar el tema, ignorar la existencia de Dean y fingir que la bestia de su estómago no le pedía apartar a Ginny de su compañero de dormitorio en todo momento. No tenía ni idea de que estaba prediciendo su propia muerte. Y es que si Harry se hubiera dado cuenta que Ron estaba perdidamente enamorado de Hermione desde ¿siempre? Entonces habría comprendido que él mismo estaba colado hasta los huesitos por Ginny Weasley.

A primera vista era bonita piel, ¿cierto? ¡Pues no! Porque después Harry sólo podía pensar en lo suave que debían ser sus manos, en la firmeza de sus piernas sobre la escoba y en sus mejillas heladas por volar a toda velocidad contra el viento. Joder. Se convenció de que era interés y admiración por ser una excelente jugadora de Quidditch, pasando de largo que nunca sintió lo mismo por Katie, Angelina e incluso Cho. Así que sí, jodido es la palabra correcta.

Estuvo jodido desde mucho antes de entrar en la Sala Común, abrazarla y finalmente besarla. ¡Por santo Merlín! Sus labios era la cosa más preciosa del universo, tan suaves, tan carnosos, tan rosados, tan deliciosos, tan suyos. ¿Cómo había podido estar sin ellos todo ese tiempo? ¿Cómo es que Ginny todavía lo quería? ¿Cómo es que no enloqueció al separarse de ella? Ah, sí. Ron.

Tal vez, si Ron no hubiera accedido a que Harry saliera con su hermana, habría enloquecido. Definitivamente no podía dejarla después de besarla, no después de tomar sus manos y comprobar que eran mucho más suaves de lo que imaginó. Estaba seguro de que, si se lo proponía, podría volar sin necesidad de treparse a una escoba. Estaba completamente jodido porque reconocería la mano de Ginny en cualquier lugar a oscuras y sin duda la seguiría a dondequiera.

Incluso envidió su propia capa invisible, Ginny la admiró con delicadeza, acariciándola entre sus manos y dejando que se escurriera entre sus dedos. Su envidia no fue por mucho, porque a veces los besos se regaban, descendían y perdían por allá más abajo de la mandíbula, y no, Harry no tenía tanto control como se imaginaba. Le estallaban las sensaciones en la cara y todo el cuerpo, se sentía una brillante snitch sin control.

—Me encantas —murmuró contra su mejilla, calientitas y suaves contra sus labios. Ginny ríe y aprieta con más fuerza la camisa del uniforme, Harry siente que se muere.

—¿De verdad? —preguntó juguetona. Harry sonríe y asiente, acariciando la mejilla ajena con sus labios en el acto. Ginny sube las manos a su cuello y acerca su rostro a la oreja de Harry, rozándola y dejando escapar el aliento contra ella—. Muéstrame.

Harry tiene que apartarse un poco para encontrar la mirada de Ginny y asegurarse que ha oído bien. Ginny le sonríe y se deshace de un par de botones en su camisa mientras Harry arruga su suéter entre las manos.

—¿Qué tan probable es que encuentre un colacuerno húngaro en tu pecho, Harry? —susurró. Oficialmente, Harry Potter ha perdido la capacidad de concentrarse en alguien más que no sea Ginny Weasley.

Las manos más suaves de lo que imaginó bajan por su cuello, las clavículas, el pecho y, Godric, siguen bajando. Pero Harry no sabe en qué le gusta perderse más, si en las manos que lo recorren a él, o en toda la piel que él intenta memorizar. Merlín. Le encanta, de verdad le encanta. ¿Cómo carajo vivía sin ella? No tiene idea, no piensa y no se le ocurre ninguna respuesta que valga la pena. Que idiota fue por tantísimo tiempo.

Antes de que todo, realmente todo, se vaya a la mierda, Harry se dedica a disfrutar cada momento con Ginny, a sentir y seguir avanzando en el recorrido que desciende cada vez más, porque sí, debió saber que no estaban en ese pasillo tan oscuro, bajo la envidiable capa invisible, por simple romanticismo. No. Han caminado tanto que Harry ya no se sonroja cuando acaricia el pecho de Ginny, ya sabe dónde y cómo besar para que sus dedos sientan la cálida humedad entre sus piernas, por debajo de la falda y mucho más, sabe dónde tocar para que Ginny apriete sus brazos y dejé caer la frente sobre su hombro, para que sólo pueda soltar balbuceos inentendibles y repita su nombre como lo único que tiene sentido; hasta que muerde su hombro para no gritar y siente los dientes cerrarse en su piel a la par que sus labios contraerse contra sus dedos. Sí, Harry está completamente perdido por esa chica que puede y sabe cómo tener a su merced.

Le encanta cuando está con ella así porque siente su piel como nunca antes, porque ni siquiera se preocupa por su propio cuerpo mientras la está viendo, porque su simple aspecto es suficiente para que el mismo termine con los pantalones húmedos y porque Ginny de todas maneras sabe cómo hacerlo perder aún más la cabeza.

Pero todo se va a la mierda irremediablemente. Y comprueba su teoría de que está jodido hasta el núcleo, es Ginny quien le tiende su mano y quién lo guía en la oscuridad de la muerte de Dumbledore, con sólo sentir su mano, Harry la sigue a lo que le parece el fin del mundo. Que lo fue, fue el fin de su mundo. Ginny lo guió con sus manos y sus brazos sin siquiera darse cuenta, se convirtió en todo ese consuelo que necesitaba y que no sabía de dónde más recibir.

Ginny entiende, lo entiende todo e incluso cree que es buena idea confesar que siempre ha estado enamorada de él, desde siempre. Y él… Él solo puede arrepentirse por no haberse dado cuenta antes de lo colado que estaba. Pero Ginny sigue entendiendo que tienen que parar.

Harry no sabe de dónde sale tanta fuerza de voluntad para evitar a Ginny después de que lo bese en su cumpleaños. El regalo perfecto. Se siente de nuevo como una snitch que tiene que ser atrapada, pero antes tiene que perderse un poco más. Le cuesta muchísimo apartar la mirada de Ginny, y que su tía Muriel mencione el escote que Harry estuvo evitando mirar no ayuda en absoluto. Recuerda su piel, lo suave que se siente su pecho, lo bonito que se siente el latido de su corazón acelerado, joder, Harry necesita alejar la atención de Krum, porque sólo él debería saber cómo se sientes sus pezones y sus costillas debajo de sus pulgares.

Pero es egoísta pensar en eso. Es egoísta largarse sin ella, pero sería aún más egoísta atraparla en su desastre con Voldemort. Tiene que conformarse con ver su nombre en el mapa del merodeador y cruzar los dedos porque esté viene en Hogwarts.

Todavía teniéndola frente a él, suplicando por un poco de apoyo para quedarse, Harry tuvo que ser egoísta y negarse. Podía sentir sus labios contra los suyos, sus manos buscando el tatuaje de un dragón y bajando cada vez más hasta hacerlo perder la razón. No. Ginny tiene que irse, jamás se perdonaría que algo le pasara.

Que por el contrario, al que le pasaría algo, era a él. Dirigiéndose al bosque, tampoco supo cómo pudo tener tanta voluntad para no abrazar a Ginny por última vez, y aún así necesitó por lo menos pasar a su lado. Quizá ella lo sintió, quizá se imaginó la capa de invisibilidad, pero quizá también creyó en las palabras de Harry. "Días… quizá años juntos". Tenía que dejarla ir, estaba dispuesto a dejarla ir, así que decide ser egoísta por última vez antes de morir y piensa en ella, en sus ojos y en sus labios.

La buena noticia es que no se muere, la mala es que Fred está muerto.

—Ginny… lo siento tanto —susurró, mantenido las manos para sus bolsillos y los labios para presionarse contra sí mismos de una una mueca.

Ginny no le responde, simplemente lo abraza y deja la nariz en su cuello. Es perfecto porque ninguno tiene segundas intenciones, sólo quieren estar uno al lado del otro. Funcionan a la par, Harry se mueve con Ginny y Ginny se mueve con Harry, son el consuelo y la felicidad del otro; funcionan juntos, como amigos, novios y familia. Incluso separados por un nuevo año en Hogwarts y la Academia de Aurores, funcionan. Ahora que a Harry le pertenece su vida sólo se le ocurre alguien con quien compartirla.

—Estoy enamorado de ti, ¿sabías? —le confesó una tarde de verano.

—Si, algo he oído —respondió divertida, entrelazando sus dedos y jugando con ellos.

—Encontré una casa para vivir —mencionó después de un rato, con el sol poniéndose y los gritos escandalizados de Percy en el jardín—. No muy lejos de aquí.

—¿Sobrevivirás solo? —preguntó con ojos brillantes, deteniendo el movimiento de sus manos abruptamente.

—No —admitió nervioso—. La verdad es que quería… quiero que vivas conmigo.

Ginny no responde con palabras. Toma el rostro de Harry entre sus manos y lo besa tan intensamente que al azabache se le olvida qué le ha preguntado cuando ella balbucea "si, claro que sí". Se vuelven a escuchar los gritos de Percy junto con otro par de otros Weasley, pero Harry no les puede prestar atención porque Ginny tiene una pierna sobre la suya y está peligrosamente cerca de toda su cordura.

En su casa y con nuevas responsabilidades, besarse con intensidad y frotarse es como un sueño, pero después no es suficiente. Harry no se cansará nunca de recorrer las pecas de Ginny con la lengua, de acariciar sus nalgas mientras la tiene atrapada contra la pared o está sobre su regazo, de besar sus hombros y más abajo del ombligo. Ningún mago es digno de mención cuando Ginny decide que necesita sentirlo, así que Harry inhala y se introduce, exhala y Dios. ¿Ginny siempre ha sido así de preciosa? Con las mejillas sonrojadas, el entrecejo fruncido, los labios abiertos y los ojos brillantes.

—Te ves hermosa, eres preciosa, Ginn —murmuró contra sus labios, sin moverse, sin poder dejar de verla por ningún instante, sintiéndose el hombre más afortunado de la tierra. Ginny sonríe y acaricia su rostro. Harry es definitivamente otro Harry después de sentir las piernas de Ginny abrazando su cadera, pidiendo sin decir y ordenando sin hablar—. ¿Estás bien?

—Estoy perfecta —aseguró sonriente, besando sus labios y recorriendo su cuello con la punta de los dedos, dejando corrientes eléctricas en todo el cuerpo como consecuencia—. Confío en tí, Harry.

En realidad, los dos confiaban en el otro. Ningún manoseo bajo la capa de invisibilidad pudo compararse con todos esos momentos íntimos de los que se hacían autores. No existía la vergüenza, eran sólo ellos dos, como si siempre hubieran estado juntos, como si se pertenecieran.

Lo hacían. Cuando Harry estaba en misiones o Ginny en algún partido al que no había podido asistir, Harry pensaba en ella, en sus manos recorriendo su cuello y sosteniendo toda su cordura, en la humedad de su boca y entre sus piernas, en su sonrisa y sus risas bajitas al oído, en la comodidad de su regazo y lo tranquilizante de sus manos en el cabellos. Absolutamente todo ella le encantaba. Pero cuando volvían a encontrarse, Dios, esa era su parte favorita. Recuperar todo el tiempo perdido en roces, besos, caricias, palabras y una cercanía más allá del cuerpo. La amaba.

Un hijo sólo pido venir a complementarlos, a recordarles que la vida continúa, que serían los mejores padres del mundo y que merecían ser felices.

—Estás bellísima.

Ginny le regala su mirada ladina, entre divertida e incrédula, junto con una sonrisa que muestra sus dientes.

—¿De verdad lo crees? —preguntó con falsa preocupación, Harry rió y asintió mientras acariciaba su vientre apenas abultado.

—Lo aseguro —respondió solemne. Ginny rió y besó su frente.

—¿Estás seguro? —insistió con genuina curiosidad. Tomó su mano y la guió a dónde pequeñas líneas surcaban su vientre, líneas mucho más claras que su piel y en formas lisas, como si fuera una línea del maquillaje que Ginny suele ponerse en el rostro para las cenas del Ministerio.

—Bastante, Ginny —prometió, besando sus manos y besando las líneas que se moría por recorrer con los dientes, los labios y los dedos—. Me encantas más que nunca.

No mentía. Ginny definitivamente no era insegura con su figura, pero el cuerpo claramente exponía la presencia de no uno sino tres hijos; a Harry no podían fascinarle más las ojeras debajo de sus ojos, el cabello despeinado, las uñas perdidas con los dedos, el pecho hinchado y los labios secos. Enloquecía con toda la piel que podía recorrer, las líneas en sus costados que le hacían querer besarlas hasta que se le entumieran los labios, las manos que ya no tenían uñas largas, las caderas que lo aprisionaba en la orilla de la cama mientras los niños dormían, las costillas expuestas mientras se quitaba la blusa antes de una ducha compartida, la espalda pálida mientras se inclina frente a él, Dios. Harry ya puede morir tranquilo y feliz, excepto que no quiere hacerlo porque quiere más de una vida con Ginny.

Su físico cambia, por supuesto, pero no sus sentimientos. Harry la ama tanto. Se muere por continuar a su lado, por tomar su mano igual de suave que siempre, por besar sus labios tanto como si fuera un adolescente, por sentirla alrededor como la primera vez, por admirarla por el resto de sus días; sospecha que incluso con cabello blanco y arrugas no dejará de amarla.

Es sólo piel, pero Ginny será siempre Ginny. Y Harry... él querrá pasar hasta el último minuto junto a ella.

-x-

Este es uno de esos OS que comienzan con una simple iré y termino dejando que los dedos hagan el resto, las palabras simplemente salen unas tras otras y la verdad es que incluso tuve que retroceder para poner un poco más de detalle.

¿Qué les pareció?

Tuve que dejar la advertencia al inicio porque no suelo hacer este tipo de relatos, y en realidad este iba a ser un poco más erótico peeeero me incliné por el romanticismo y la idea inicial: Piel.

Espero les haya gustado, NECESITABA sacar todos estos sentimientos de mi ser y hacerle justicia al Hinny que tanto adoro, ese que es tierno pero íntimo y confidencial.

¡Eso es todo! Nos leemos pronto, muy pronto. Los quiero muchísimo, cuídense y comenten mucho 3.

-Danny :).(14/Jul/2020. 12:45AM)