Todo lo que vive muere.

Andy había muerto.

Ella estaba muerta, o por lo menos lo estuvo durante un largo tiempo…

Sin explicación alguna, un día su conciencia regresó a ella.

No podía moverse, no podía respirar y su corazón no latía. Pero tenía la mente, la memoria y los recuerdos intactos.

Ese momento coincidió con la reunión del equipo con Booker. Ella podía verlos. A partir de ese momento ella estuvo siempre presente con ellos. Los acompañó en cada batalla, en cada desesperanza, en cada dolor y en cada temor.

También estuvo con ellos cuando Quynh los abandonó, cuando el mundo los trató como héroes y cuando los trató como criminales.

Por eso tememos que nos capturen,

pasar la eternidad en una jaula.

Ella estuvo en los enfrentamientos que tuvieron entre ellos hasta que fueron capturados. Y estuvo en cada momento que vivieron encerrados. Estuvo en cada tortura, en cada experimento y en cada muerte.

Hasta que un día, abrió los ojos.

Todo lo que muere renace.

Andy podía moverse, podía respirar y su corazón latía.

¿Qué significaba todo eso? Ella no tenía la menor idea, solo sabía que para empezar debía salir de su ataúd.

Rompió la tapa de madera y se vio invadida por gran cantidad de tierra. La tierra la hizo ahogarse, una y otra vez.

No se moriría ahogada por agua marina, pero se moría ahogada por la tierra. Y lo único que se le venía a la mente era Quynh. Si eso no era karma, ¿qué lo era?

Cada vez que se ahogó, ella volvió a la vida y continuó luchando para liberarse. Le llevó un par de días, pero finalmente salió a la superficie.

Todavía no confiaba en que lo que estaba viviendo fuera real, así que recorrió el cementerio en búsqueda de algo que pueda ayudarla. Revisó los tachos de basura hasta que encontró una botella de vidrio. La rompió en varios pedazos, agarró un vidrio y se lo clavó en el pecho.

Mierda, ¿Podrías no volver a hacer eso por favor?

Se sacó el vidrio y observó como lentamente su herida comenzó a sanar, hasta que quedó perfectamente cicatrizada, sin dejar ni un pequeño rastro de esta.

Intentando asimilar que aparentemente había regresado a la vida, se fue al pueblo más cercano. Robó la billetera de un extraño, y usó el dinero para pagarse una habitación en un hotel.

Lo primero que hizo fue mirarse al espejo. Ella estaba igual a como había estado cuando murió. No había envejecido, no se había podrido, no había cambiado…

Ya pase esto.

Una y otra vez.

Y cada vez,

la misma pregunta.

¿Por qué?

Se compró algo para cenar y empezó a pensar que era lo que iba a hacer con esta nueva situación en la que se encontraba. Ella no entendía por qué había regresado a la vida. Tal vez lo habría entendido si fuera en otra forma, en otra vida, en una reencarnación… Pero, ¿así? ¿en la misma forma y vida que había tenido antes? ¿cómo podía tener eso sentido?

Lykon no había regresado a la vida… Entonces, ¿Por qué ella sí? ¿Por qué ella? ¿Por qué ahora, en ese momento?

¿No había sido suficiente con los miles de años que había entregado su vida a la humanidad, que ahora volvía a la vida para que fuera otra vez lo mismo? ¿No había sido suficiente toda su soledad y su dolor? ¿Podía realmente vivir si nunca moría y cuando creía que lo había hecho volvía a revivir?

Yo no pedí esto.

Sé que es difícil, pero está sucediendo sin importar si lo quieres o no.

No tenía sentido pensar mucho en todo eso, por lo menos en ese momento; no cuando sabía que lo más probable era que no iba a encontrar ninguna explicación.

Lo que sí tenía sentido era armar un plan para rescatar a su equipo, a sus amigos, a su familia.

Andy viajó a Barcelona y desde allí comenzó a averiguar todo lo relacionado a su equipo, a los años en que ella estuvo muerta, y los detalles específicos de las visiones que había tenido.

Para empezar decidió poner las cosas en orden.

Cuando dejemos una huella en la arena, en la nieve, en el éter, vas a borrarla.

Nos vas a proteger de quienes quieren encerrarnos.

Comenzó por los museos dedicados a los inmortales.

Había museos en Nueva York, París, Madrid, Londres, Ámsterdam y Moscú. Fue a cada ciudad y los destruyó con bombas. Lo hizo en los horarios que estaban cerrados para no lastimar a ninguna persona inocente. Lo único que rescató de ellos fue su hacha de doble filo, su espada, las espadas de Joe y Nicky, la espada y el arco de Quynh, y algunas reliquias que sabía que sus amigos amaban y las querrían de vuelta. El resto quedó todo hecho cenizas.

Luego siguió con la tecnología. Viajó a Hong Kong y se puso en contacto con el mejor hacker del mundo actual. Le pagó una gran suma de dinero para que le enseñe muchos trucos y para que pueda hacerle un par de trabajos.

El hacker logró entrar a todas las bases de datos de los gobiernos de todos los países del mundo y de las organizaciones de inteligencia internacionales y nacionales. A pedido de Andy borró de ellas todas las fotos, videos y documentos escritos que probaban la existencia de los inmortales. Incluso borró también cualquier pequeña información o mención hacía ellos realizada indirectamente.

Gracias a lo que el hacker le enseñó, Andy pudo también encargarse de las redes sociales y de los sitios online. Borró todos los datos, fotos y videos que había de ellos, para que en ninguno se pueda encontrarlos. Además programó las redes para que si había mención de ellos en cualquier sitio web este quede denunciado automáticamente y se suspenda su uso por un tiempo.

Luego se encargó de buscar a su equipo. Viajó por todo el mundo buscando pistas y recabando la poca información que podía conseguir.

Finalmente, algunos meses después los encontró. Estaban en una prisión de la CIA en Montana, Estados Unidos.

Se tomó una semana para examinar la prisión a la perfección. Estudió todos los horarios de cambio de guardia, las entradas/salidas y todas las cámaras de seguridad.

Hasta que llegó el momento de entrar en acción.

Lo primero que hizo fue entrar a la red de la prisión, desactivar todas las cámaras de seguridad y borrar toda la información que había en sus sistemas.

Lo segundo que hizo fue entrar. Trepó una de las rejas y con una granada abrió la puerta de entrada.

Ella llevaba tres pistolas, una en su mano, otra en su espalda y otra en su tobillo. También llevaba su hacha de batalla y las espadas.

Desde el momento que entró a la prisión se encontró rodeada de guardias. Ella sabía que era probable que desde ese momento los guardias hayan avisado de su entrada, y por ese motivo que hubiera varios guardias vigilando a sus amigos. Hábilmente y con mucha determinación se fue deshaciendo de cada uno de ellos, hasta llegar a donde tenían a su equipo encerrado.

Desde afuera pudo escuchar a su equipo. Estaban peleando y eso la hizo sonreír. Al parecer ellos se debían haber dado cuenta de que había problemas en la prisión y estaban intentando usarlo a su favor. Siempre dispuestos a buscar el modo de escapar, teniendo fe en que en algún momento lo iban a lograr.

Y ella estaba a punto de darles aún más razones para tener fe.

Agarró una granada y se deshizo de la puerta. Cuando entró al oscuro calabozo que usaban como celda supo que había estado en lo cierto, había al menos quince guardias peleando con su equipo. Sus amigos estaban atados con cadenas entre ellos y tenían un caño que estaban usando conjuntamente como arma.

Ella avanzó sin importarle los tiros que recibió y atacó a los primeros tres guardias que tenía más cerca. Le pegó un tiro a uno mientras le clavó su espada a otro, usó uno de los cuerpos como escudo y lo lanzó contra el tercero.

En ese momento vio como todos sus amigos la estaban mirando de una manera especial. Ella había recibido muchas veces esa mirada por parte de extraños, enemigos, o conocidos temporales... pero no por parte de sus amigos. Ellos la estaban mirando con una admiración especial… como si fuera una diosa.

Andromache the Scythian.

La guerrera eterna.

Andy era una guerrera. Ella había estado peleando durante toda su vida, y su vida había sido muy larga… demasiado larga... Pelear para ella era algo totalmente natural, era una habilidad tan incorporada en su ser que ya le salía automáticamente, como un instinto.

Ellos continuaron peleando contra los guardias, hasta derrotar a todos, uno por uno. Cada tanto escuchaba alguna indicación de alguno de sus amigos advirtiéndole de algún ataque, y eso la hacía sonreír.

Admítelo jefa, nos extrañaste.

Si, ella los había extrañado. Estar viva, eso era algo que no había extrañado, no después de tanto sufrimiento. Pero a sus amigos sí, a ellos sí los había extrañado porque eran su familia, eran tan parte de ella como su alma de guerrera.

Acababa de terminar con el último guardia que quedaba, cuando entraron otros diez más al calabozo.

— ¿Quién sos? — Preguntó uno de ellos, viendo la cantidad de cuerpos que había alrededor de todo el espacio.

— Andromache the Scythian. — Respondió ella y le clavó su espada en el pecho. — Pero pueden llamarme Andy. — Agregó con satisfacción.

Luego de matar a ese guardia se dirigió a donde estaba su equipo y con su hacha liberó a Nicky de sus cadenas, ya que era a quien tenía más cerca. Le habría gustado seguir con los demás, pero más guardias aparecieron.

Dejó las espadas a Nicky y se focalizó en enfrentar a los nuevos guardias con su hacha, para acabar con ellos de una vez por todas. A los minutos sus compañeros estaban peleando a su lado, evidentemente habían podido liberarse usando las espadas.

Entre todos terminaron con los guardias, peleando como siempre lo habían hecho, conectados y coordinados a la perfección.

Cuando el último guardia cayó muerto al piso, todos volvieron a respirar con tranquilidad.

— ¿Están todos conmigo? — Pidió saber ella.

— Si. — Fueron respondiendo uno por uno.

De repente, Nile se abalanzó sobre ella y la abrazó con todas sus fuerzas.

— Estás viva. — Dijo una y otra vez, sin dejar de abrazarla.

— Eso parece. — Dijo ella, correspondiendo el abrazo.

— Sabía que lo estabas, soñé con vos cuando te liberaste. — Le dejó saber, saliendo del abrazo una vez que se sintió satisfecha.

No bien Nile la soltó, se encontró rodeada de los brazos de Joe y Nicky. Ambos la abrazaron y la llenaron de besos, haciéndola reír. Joe la levantó y la hizo girar por el aire, como siempre le gustaba hacer cuando se reencontraban después de mucho tiempo. Luego fue el turno de Booker, quien también la recibió con un cálido abrazo.

— ¿Y Quynh? — Preguntó ella, notando que era la única que faltaba.

— Ella se escapó. — Respondió Nicky.

— ¿Qué? — Preguntó sorprendida.

— Si, hace unos diez días, ella se escapó. — Asintió Joe.

— ¿Y se fue sin ustedes? ¿Los dejo aquí? — Cuestionó, necesitando saber más detalles.

— Si, no hemos estado en la mejor forma con ella. — Justificó Nicky.

— Y tantos años estando en soledad te afectan la cabeza. — Agregó Booker.

— ¿Cómo es que estás viva? — Preguntó Nile, cambiando el tema de conversación.

— ¿Desde cuándo y por qué? — Se sumó Joe al cuestionamiento.

En esas preguntas radica la locura.

— Esas son muy buenas preguntas, para hablarlas después. — Respondió ella. — Primero encarguemonos de salir de aquí. — Indicó con firmeza.

Andy se acercó al agujero que había quedado donde antes había estado la puerta, y miró para el pasillo. El lado derecho estaba descubierto, y el lado izquierdo estaba ocupado por unos cinco guardias que hablaban entre ellos; seguramente estaban tratando de organizar cómo proseguir.

— Bien, ustedes irán para el lado derecho, al final del pasillo doblen a la izquierda, suban las escaleras y sigan hacia la salida. Sepan que hay cinco guardias de ese lado por lo que acabo de ver. — Indicó ella.

— ¿Y vos? — Preguntó Joe, confundido de que ella no se incluyera en el plan.

— Yo iré para el lado izquierdo, necesito ir a la sala de controles y activar el programa de autodestrucción de la prisión. — Respondió ella.

Es todo o nada.

— Entonces dividamonos. — Dijo Booker, asimilando el plan de la otra.

— Yo puedo sola. — Aseguró ella. — Lo más importante es que ustedes salgan de aquí después de todos los años que pasaron encerrados. — Explicó ella sus intenciones.

— Y vos estuviste muerta Andy, muerta. — Le reprochó Nile.

— Saldremos de aquí como siempre lo hacemos, juntos. — Le recordó Nicky su lema.

Andy estaba dispuesta a llevarles la contra, pero cuando los vio notó que estaban hablando en serio. Ellos estaban preocupados porque todavía no había terminado de aceptar que ella estaba allí, viva, con ellos. Y querían cuidarla, como ella siempre los había cuidado a ellos.

— Bien, pero solo uno de ustedes viene conmigo. — Aceptó ella.

Booker, Joe, Nicky y Nile se pusieron en ronda y jugaron un juego de manos para ver quién iría con ella. Booker fue quien ganó.

— Somos vos y yo jefa. — Dijo Booker con una sonrisa.

— Ahora y siempre. — Prometió ella, como solía hacerlo cuando iban a alguna batalla.

Antes de salir tiraron una granada al lado donde estaban los guardias. Unos minutos después de que pasó el impacto, salieron y se dividieron.

Joe, Nicky y Nile se fueron para la derecha, Booker y ella se fueron para la izquierda.

Recorrieron un par de pasillos, terminando con cada guardia que aparecía. Subieron unas escaleras de metal y finalmente llegaron a la sala de controles. Andy se metió en la computadora principal a manejar los sistemas, mientras Booker la cubría.

— ¿Desde cuándo eres una genia de la informática? — Preguntó él, admirando su nueva habilidad.

— Es increíble todo lo que puedes aprender de un hacker en un mes. — Respondió ella divertida, a modo de explicación.

Andy activó el programa de autodestrucción de la prisión y luego se fueron, haciéndose camino hacia la salida. Lo hicieron a la máxima velocidad posible, ya que no tenían mucho tiempo.

Cuando estaban atravesando la reja de entrada, todas las bombas se detonaron.

El impacto los hizo salir disparados unos cuantos metros.

A los segundos ya se encontraban despertándose y sanando sus heridas. Sus amigos se acercaron a ellos y los ayudaron a ponerse de pie.

Observaron aquel lugar, donde antes había estado la prisión donde pasaron tantos años encerrados, arder en llamas. Lo hicieron hasta que no quedó nada más que restos de escombros y cenizas.

— Hora de irnos. — Dijo Andy con una sonrisa.

Caminaron unos metros y encontraron el auto de ella. Se subieron a este y Andy los condujo hasta México. Fueron hasta la ciudad de Guadalajara y allí tomaron un avión hasta la ciudad de Iguazú, Argentina.

Una vez allí, manejaron una camioneta por la selva amazónica. Se instalaron en un refugio en medio de la selva, del lado de Brasil.

— ¿Cómo se te ocurrió traernos aquí? — Preguntó Joe, mientras bajaban los bolsos de la camioneta.

— Porque la última vez que estuvimos en sudamérica fue en el 2019, para ayudar a apagar los incendios provocados por la industria que quería talar árboles para plantar soja. Si queda alguien en el mundo que sepa de ustedes, este es el último lugar que se le va a ocurrir buscar. — Explicó ella, con calma.

Entraron a la pequeña casa y dejaron los bolsos en el comedor. La casa estaba hecha de madera, tenía dos habitaciones, dos baños, una cocina, un living-comedor, y una hermosa terraza desde la que se podía ver a lo lejos las cataratas.

— Andy… — Comenzó a decir Nicky.

Evidentemente querían explicaciones. Ella todavía necesitaba un poco de tiempo, necesitaba relajarse después de todo lo que había ocurrido desde el poco tiempo que había regresado a la vida.

— ¿Qué les parece si nos damos una ducha y las conversaciones las dejamos para la hora de la cena? — Preguntó, pero sonó más a una orden. — Nile y yo tomaremos la habitación de la izquierda. — Les dejo saber y se dirigió hacia uno de los baños.

Mientras entraba al baño pudo escuchar a Booker ofrecer a Joe y Nicky que si ellos querían estar de luna de miel, él se quedaría en el sillón del living. Eso la hizo reír.

Andy se dio una ducha. Se tomó su tiempo, dejando que el agua le relaje todos los músculos y le limpie toda la mugre que llevaba con ella desde hace unos días.

Una vez que estuvo lista fue a la cocina para comenzar la cena. Ella imaginaba que todos ellos tendrían ganas de cenar algo rico, porque probablemente en la prisión no habían tenido variedad de comida. Y eso si es que la habían tenido… Después de todo, los inmortales podían vivir sin comer. Pero eso no significaba que no sintieran el hambre o no hayan muerto por ello un par de veces.

Joe fue el primero en estar listo y unirse a ella para ayudarla.

— ¿Qué vamos a preparar? — Pidió saber él.

— No lo sé, no tenemos mucha variedad. — Respondió ella con sinceridad, observando la heladera y el freezer.

— Tenemos pollo, pollo y pollo. — Dijo él, eso era una de las pocas cosas que habían logrado comprar en el camino.

— Y lentejas, y papas. — Dijo ella, al revisar la alacena. — Podemos hacer rfissa, aunque nos falte alholva. — Sugirió.

— Buena idea. — Aceptó él. — Y papas fritas. — Sumó.

— ¿Papas fritas? — Preguntó ella sorprendida, Joe nunca había sido muy fanático de las frituras.

— Puedes culpar a Nile de eso, ella nos contagió ese vicio. — Dijo él, con una sonrisa.

Ambos cocinaron en silencio, disfrutando de la compañía. Al rato Nile se sumó a ayudarlos, se encargó especialmente de las papas fritas.

A la hora ya estaba todo listo y ya estaban todos reunidos alrededor de la mesa de la terraza, cenando tranquilamente. Cada tanto notaba las miradas intensas de ellos sobre ella, expectantes a sus explicaciones.

— Bien, pregunten. — Aceptó ella, era hora de intentar quitarles las dudas que tenían.

— ¿Cómo es que estás viva? — Preguntó Nicky.

— No lo sé. — Admitió ella.

Dijiste que tenías respuestas.

No dije que iban a gustarte.

— Pero estuviste muerta, nosotros te vimos morir. — Dijo Joe.

— Si, estuve muerta. — Afirmó ella.

— Perdón, pero necesito sacarme una duda — Dijo Nile y le clavó su cuchillo en el hombro.

Me apuñaló, así que creo que tiene potencial

— Mierda. — Expresó ella su dolor. — Veo que apuñalarme es tu costumbre, ¿podrías no hacer eso otra vez por favor? — Pidió, se quitó el cuchillo y su herida sanó.

— ¿Hace cuánto que reviviste? — Preguntó Booker.

— Eso es difícil de explicar. — Dijo ella, con sinceridad. — Cuando todos ustedes volvieron a reunirse, fue que regresó mi conciencia. Yo tenía visiones sobre todas sus batallas y todo lo que vivían, pero yo no estaba viva. Mi vida en sí regresó hace como cinco meses aproximadamente. —Relató lo mejor que pudo.

— Yo lo soñé, te vi salir de tu tumba. — Le dejo saber Nile.

— ¿Por qué ella lo soñó y nosotros no? — Preguntó Booker, confundido por ese hecho.

— Supongo que porque fue la única que nunca perdió la fe. — Respondió ella.

— Entonces no hay explicaciones por las que todo esto sucedió. — Dijo Joe, dando voz a la frustración de todos.

— No, no hay una explicación. No sé por qué somos inmortales, ni tampoco sé por qué reviví cuando se suponía que estaba muerta. — Expresó con sinceridad.

— ¿Lykon no ha regresado a la vida? — Preguntó Booker con curiosidad.

— No, al menos por ahora. No que yo lo sepa. — Negó ella.

— Si hubiera vuelto a la vida, yo ya habría soñado con él. — Dijo Nile, con confianza.

— Además las situaciones son diferentes. Andy vos sos la primera inmortal que hubo, eso tal vez también signifique algo. — Sumó Booker sus pensamientos.

— Yo creo que volviste en el momento que más te necesitábamos. — Apreció Nicky. — Todo el tiempo que hemos fallado en nuestras misiones y el tiempo que estuvimos encerrados, trajo caos y dolor a la humanidad. El mundo te necesita. — Expresó su opinión.

— Nosotros te necesitamos. — Agregó Joe con cariño, haciéndola sonreír.

Seguiremos juntos en este juego de mierda.

— Entonces, ¿qué tan vieja eres? — Pidió saber Nile, haciendo que todos rían.

— ¿En verdad quieren saberlo? — Preguntó y todos asintieron.

Tu eres la más grande, ¿cuántos años tienes?

Soy vieja.

¿Qué tan vieja?

Demasiado vieja.

— Bueno, si mis cálculos no fallan, tengo unos siete mil años aproximadamente. — Dijo ella, intentando calcular mentalmente su edad.

— Woow, eso es un montón. — Dijo Nile sorprendida.

— Eso quiere decir que… ¿estuviste entre cinco y seis mil años sola? — Pidió saber Joe, pensativamente.

— Si. — Asintió ella.

— ¿Cómo hiciste para sobrevivir tanto tiempo sola? — Preguntó Booker con compasión, él jamás se podría imaginar pasar tanto tiempo solo.

— ¿Sinceramente? No tengo la menor idea. — Dijo ella, con una sonrisa triste. — Probablemente me lo he preguntado y he muerto más veces de la cantidad de años que tengo… así que... — Intentó explicar el peso que sentía de que eso no era algo que ella había elegido.

— Eres increíble. — La halagó Nicky,

Y ella sabía que se refería a que había logrado mantener lo que él consideraba un buen corazón, incluso después de todas las tragedias que había vivido, de todo el dolor y la soledad. De ver imperios enteros caer y levantarse, civilizaciones destruirse a ellas mismas y a otras; por cosas que al final de cada día no valían la pena, ni la vida, ni la muerte. De siempre haber elegido luchar por las causas que sentía que eran correctas y merecían ser defendidas.

Si piensas en los años que haz vivido,

el bien que haz hecho a la humanidad se vuelve exponencial.

— Saben, fue un lindo detalle que me enterraran en Thebe Hypoplakia, pero yo no soy de allí. — Comentó, cambiando el curso de la conversación.

— ¿Cómo que no? — Preguntó Joe confundido. — Quynh siempre contaba la historia de que fuiste la mujer de Hector. — Argumentó.

— Es probable que hayan inventado ese mito gracias a mí. — Dijo riendo, divertida ante la idea. — Pero yo nací cientos de años antes de que el imperio de Troya fuera un imperio. — Aclaró.

— ¿Dónde naciste entonces? — Pidió saber Nicky.

— En alguna parte de la estepa póntica euroasiática. — Respondió ella. — Me hago llamar Andromache the Scythian porque ese fue el nombre que me dieron los griegos, yo luché varias batallas en su contra cuando fui parte de los grupos scythians. — Explicó con calma.

— ¿Los scythians no son quienes inspiraron la formación de las guerreras amazonas? — Preguntó Booker, con una mezcla de asombro y admiración.

— Si. — Afirmó ella.

— ¿Andromache no es tu verdadero nombre? — Preguntó Nicky, sorprendido ante esa revelación.

— Es mi verdadero nombre porque así lo elegí. — Aclaró ella.

— ¿Qué nombre tenías antes? — Pidió saber Nile, con curiosidad.

— No tenía un nombre. El grupo de personas del que provengo, no nos identificabamos con nombres, ni nos identificabamos exactamente como comunidad. Éramos nómades e independientes. — Intentó expresar lo mejor que pudo. — Y aún si me hubieran dado un nombre, no me habría quedado con ese. — Agregó con cierta melancolía.

— ¿Por qué no? — Preguntaron Joe y Nicky a la vez, y la coordinación de ellos la hizo sonreír.

— Porque mi primera muerte fue causada por mi familia biológica, ellos me traicionaron. — Respondió, cerrando los ojos para tratar de recordar ese momento. — Una vez que me di cuenta que no podía morir, me escapé. Y después de pasar un largo tiempo sola, conocí a los scythians y me uní a ellos. — Dijo, acomodando los hechos en el tiempo.

Recordar a su familia, a su mamá, su papá y a sus hermanas, siempre era algo doloroso para ella. Porque a pesar de que la traición en su momento le había dolido, hoy en día le dolía más no poder recordar con perfecta exactitud sus caras, sus voces, sus olores… Nicky le dio la mano presintiendo que ella necesitaba un contacto que la vuelva al presente, una conexión. Ella se aferró a su mano con fuerzas y agradeció mentalmente tener a su equipo, ellos eran su verdadera familia.

— ¿Qué vamos a hacer ahora que estás de vuelta? — Pidió saber Nile, cambiando el tema de conversación.

— Continuar nuestra misión, ayudar en lo que podamos. — Respondió ella, sin siquiera dudarlo.

Cada vez que ayudan o salvan a alguien,

una, dos, o tres generaciones después

vemos los efectos positivos que eso tiene.

La cena terminó intercambiando anécdotas y riendo mucho. Se quedaron en la terraza tomando vino hasta que el sueño fue insoportable, y tuvieron que ir a acostarse.

Andy se despertó para ver el amanecer, como casi siempre acostumbraba hacer.

Se sentó en el pasto y observó la naturaleza que la rodeaba, mientras el color del cielo comenzaba a dar paso al día. Mientras lo hacía se puso a pensar en lo mucho que amaba a cada persona de su equipo.

Amaba a Nicky, su sentido de moralidad y ética. Amaba su amabilidad y su responsabilidad. Amaba su alma noble pero a la vez competitiva, y esa costumbre que tenía de convertir todo en una apuesta.

Amaba a Joe, su buen corazón y su buen humor. Amaba que siempre fuera esa persona que te podía sacar una sonrisa. Amaba su fascinación por la cocina, porque eso significaba que podía consentirla con sus antiguos gustos.

Amaba a Booker y su humor irónico. Amaba que siempre tuviera una frase sacada de un libro para decir en cada ocasión. Amaba que le gustara el alcohol, porque eso hacía que siempre pudieran compartir una copa juntos.

(Igualmente el equipo había aprendido una importante lección respecto al alcohol. Ya no lo usaban como medio de escape de la realidad, ni como vía para lidiar con la depresión. Ahora solamente tomaban alcohol por gusto, disfrute y diversión.)

Amaba a Nile, su fe y su valentía. Amaba su carácter para defender lo que pensaba que era correcto y la energía que tenía para motivar a otros. Amaba lo dispuesta que siempre estaba a aprender cosas nuevas.

Y Quynh… Ella todavía la amaba, estaba segura de eso. Pero hace años que no la veía, y no sabía cómo estaba, no sabía quién era, ni en qué estado estaba la relación que tenían.

Pensando en todos ellos, se replanteó su lugar en el equipo. Ella siempre había sido la líder, y sabía que en el tiempo que había estado muerta ninguno de ellos se había sentido cómodo ocupando ese lugar. Sentía cierta melancolía ante eso, porque para ella todos ellos tenían potencialidad para liderar. Sobre todo Nile.

¿Ahora que estaba de vuelta volvería a ocupar el lugar de líder?

Dirijo un grupo de inmortales,

una especie de ejército supongo.

Ella había sido la líder no porque fuera la que más años de vida tenía, la que tenía mayor experiencia luchando y la que había reunido a todos. Ella había sido la líder porque así todos lo habían querido y respetado.

Ella accionaba y pensaba rápido en las situaciones de batalla, tenía buenos instintos, y era quien siempre estaba dispuesta a tomar decisiones bajo presión. Y lo más importante, siempre los había dejado elegir. Cada vez, cada misión, cada uno podía elegir si ir o no ir. No había reproches, ni críticas al respecto. Ella les había dado la libertad de elegir.

Y ellos siempre habían elegido ir y luchar a su lado. Y a cambio, ella los había protegido como podía. Ella había actuado como un escudo para el equipo en toda situación, por eso siempre había sido la que entraba primero a las escenas.

Tal vez había sido algo tonto de su parte, porque todos eran inmortales. Pero ser inmortales no significaba que no sufrían, de hecho lo hacían y cada herida dolía. Por eso ella había preferido ser quien lidiara con el dolor, antes que ver a alguien de su equipo sufrir.

Pensó en todo eso, y se dio cuenta que no le molestaría volver a su rol de líder. Pero esta vez quería que todos aprendieran a estar en ese lugar. Ella iba a encargarse de enseñarles y hacerlos sentir cómodos con eso. Ellos tenían que estar listos por si alguna vez ella volvía a ser mortal y volvía a morir...

Al rato, Nile se sentó a su lado y le ofreció un café.

Esa era una costumbre que ellas habían tenido antes de su muerte.

Se quedaron un rato en silencio, disfrutando simplemente de la presencia de la otra.

— Ten, creo que es hora de que te devuelva esto. — Dijo Nile, comenzando a quitarse el colgante de ella que había estado usando todo ese tiempo.

— No hace falta. — Negó, frenándola. — Puedes quedártelo si quieres. — Le ofreció.

Nile asintió y se volvieron a fundir en un cómodo silencio.

— Usarlo me hacía sentir cerca tuyo, se volvió como un amuleto para mi. — Sintió la necesidad de explicar.

— De hecho es un amuleto y era de Quynh, es vietnamita y lo usaban los guerreros como símbolo de protección. — Le dejo saber.

— ¿O sea que esto tiene más años de vida que yo? — Preguntó, con cierto humor.

— Sí y está hecho de un metal que ya no existe. — Respondió, sonriendo ante las reacciones de la otra. Era increíble que todavía podía hacerla sorprender. — ¿Sigues creyendo? — Pidió saber, señalando la cruz que la otra todavía llevaba en su cuello junto al amuleto.

— Si. — Afirmó.

— Es bueno que lo hagas, es bueno creer en algo. — Asintió pensativamente.

— Pensé que vos no creías en nada. — Dijo algo confundida.

— Que yo no crea, no significa que vos no puedas hacerlo. — Argumentó.

— ¿Es difícil creer cuando viste el surgimiento de casi todas las religiones? — Preguntó, intentando comprender su escepticismo.

— Si. — Confirmó. — Además, conocí a Jesús en su momento. — Dijo, como si fuera un dato más, sin mucha relevancia.

— ¿Qué? — Cuestionó totalmente sorprendida.

— Fue un buen hombre y sus pensamientos fueron revolucionarios para su época. — Le dejo saber. — Pero yo no lo he visto volver a la vida, no como nosotros. — Agregó.

Pasaron un año descansando en la selva amazónica y haciendo perfil bajo para que sus existencias fueran olvidadas en el mundo. Luego volvieron a realizar misiones.

El equipo volvió a recuperar la fe en las misiones con la presencia de Andy. A partir de ese momento las misiones pasaron a ser algo que a todos les gustaba hacer y querían continuar haciendo.

En equipo los fracasos se dividen y las victorias se multiplican.

Estaban en Arabia. Habían ido a ayudar a rescatar a un grupo de personas que estaban siendo usadas como ratas de laboratorio, las usaban para realizar experimentos en búsqueda de la cura de una nueva pandemia que había en el mundo.

Una tarde Andy se puso a correr entre un grupo de caballos salvajes. Corría con ellos y los acariciaba, llenándolos de cariño. Ella tenía una adoración y una conexión especial con esos seres majestuosos. Había aprendido a comunicarse con ellos de una forma que le permitía domarlos sin quitarles el mando y su libertad.

Estaba disfrutando tanto de ese momento, que no se dio cuenta que sus compañeros la habían dejado sola. Ellos se habían ido porque había aparecido una persona que solamente quería hablar con ella.

De repente, sintió su presencia. Se dió vuelta y la vio.

Quynh.

A ella nunca le habían gustado los caballos, o por lo menos no le habían gustado hasta que Andy le había enseñado cómo tratarlos. Quynh aprendió a quererlos y respetarlos, pero nunca los amó ni pudo formar una relación tan especial como la que ella tenía con esos animales.

Seguramente seguía prefiriendo los elefantes.

—Estás viva. — Dijo, cuando la otra se acercó para que pudieran hablar.

— Lo estoy. — Asintió.

— ¿Y tu inmortalidad? — Preguntó con curiosidad.

— También. — Respondió.

— ¿Cómo es posible? — Pidió saber.

— No dejo de escuchar esa pregunta y sin embargo sigo sin saber cómo responderla. — Dijo ella.

— Yo vine a… quiero pedirte perdón, por todo. — Se disculpó, su mirada y su voz demostrando su honestidad.

Andy la conocía y sabía lo que significaba ese "todo". Ella no sólo lamentaba haberla matado, sino que lamentaba haber tomado un mal camino y haber sido la causa por la que el equipo había pasado varios años encerrados. Y lamentaba haberse escapado, dejando a los demás atrás.

— Yo también lo siento. — Asintió ella, refiriéndose a sus propios errores.

— Sin vos fue todo tan distinto, no nos sentíamos como un equipo. Perdimos las esperanzas, la fe en nuestra misión. — Le dejó saber.

— Si hay alguien que entiende de perder las esperanzas, esas somos nosotras. — Acordó, remitiendo a los dolores que ambas habían experimentado. — Pero ahora estamos todos juntos de vuelta. — Intentó animarla.

Con el equipo dialogaron sobre qué debían hacer con la situación. Sus actos de traición tenían que tener una consecuencia. Después de un par de días llegaron a la conclusión de que la perdonaban, pero que sus acciones tenían que tener un efecto.

Tiene que haber un precio.

— En cien años te encontraremos aquí, hasta entonces estás por tu cuenta. — Le dejo saber Andy la decisión.

Anhelaba menos, pero esperaba más.

Como si una fuerza de atracción las uniera, cruzaron el espacio que las separaba y se abrazaron. Con ese abrazo se transmitieron todo el amor que tenían la una por la otra y lo mucho que se habían extrañado durante el tiempo que estuvieron separadas. Fue un abrazo cargado de emociones, donde buscaban perdonarse y a la vez darse fuerzas para el nuevo tiempo separadas que les esperaba por delante.

— Te voy a extrañar. — Confesó Quynh.

— Yo también te voy a extrañar. — Coincidió Andy, se secó las lágrimas que caían por su cara y luego secó suavemente las de la otra.

— Nos vemos en cien años. — Aceptó, separándose de la otra. — Andromache. — La llamó, volviéndose hacia donde estaba ella.

— ¿Si? — Preguntó, dirigiendo su atención hacia su amada.

— Te amo. — Dijo, sintiendo que necesitaba decírselo antes de separarse.

— Y yo te amo a vos Quynh. — Aseguró, con una sonrisa que iluminaba todo su rostro.

— Somos vos y yo, ¿Siempre? — Pidió saber, recordando la vieja promesa que habían hecho.

— Hasta el fín. — Prometió con convicción.

Ya habían pasado mucho tiempo separadas y dolía volver a tener que estarlo. Pero ambas tenían que aprender de sus errores, y ambas tenían que volver a conocerse cuando se reencontraran. Porque las personas cambiaban con el tiempo, y entre ellas habían pasado cientos de años de tiempo. Sin embargo, ambas estaban seguras que había algo que el tiempo y la distancia nunca iban a poder borrar, y eso era el amor que se tenían.

Durante esos cien años el equipo realizó miles de misiones. Se sentían más fuertes y más unidos que nunca. Mantener el propósito que tenían de ayudar a los demás era lo que los hacía sentir a gusto con la inmortalidad, con la esperanza de que eso tuviera un significado.

¿Qué son cien años cuando tenes toda la eternidad por delante?

A los cien años el equipo se encontró con Quynh en el lugar que habían quedado.

Andy y Quynh se recibieron con un abrazo.

Luego, como si ese fuera el destino que las habría estado esperando todo ese tiempo, unieron sus labios en un beso cargado de amor, entendimiento y disculpas.

El tiempo se detuvo en ese beso. El amor que sentían la una por la otra y la alegría que tenían de volver a estar juntas, de tener esa nueva oportunidad, las hizo perderse en ese mágico momento.

Recién se separaron cuando escucharon los aplausos y silbidos de sus amigos a lo lejos.

— ¿Y ahora qué? — Pidió saber Quynh.

— Ahora a continuar salvando el mundo. — Respondió Andy con una gran sonrisa.

Ten un poco de fe, algún día el bien que hacemos se va a notar.


Si llegaron aquí, llegaron al final de la historia. La semana que viene probablemente subiré un epílogo.

Gracias a quienes le dieron una oportunidad a esta pequeña historia y leyeron. Espero que la hayan disfrutado.