Advertencia: esta última parte de la historia es muy larga porque al parecer soy bastante mala resumiendo las ideas que tengo en la cabeza.

Este epílogo surgió de querer explorar la idea de pensar que Andy, al ser la primera inmortal, puede ser especial y los poderes estar relacionados a ella.


600 años de felicidad pasaron.

Fueron seiscientos años de realizar misiones, luchando por el bien de la humanidad una y otra vez. Pero también fueron seiscientos años de ser más que un equipo, de ser una familia.

Esos fueron los años que pasaron esta vez hasta que volvieron a ser capturados. Porque eso era lo que tenía la humanidad, siempre había alguien que quería dominar... siempre había alguien que al enterarse de sus poderes iba a querer conocer el secreto para extenderlo para sí mismo y usarlo para controlar a los demás, al mundo.

Andy había tenido la sensación de que los habían estado siguiendo y observando… Pero al no poder comprobar sus sospechas sus amigos le dijeron que no se preocupara, que la manera en que limpiaban las escenas era suficiente, que habían estado haciendo un buen trabajo.

Sin embargo, ahora, en esta escena en donde habían sido atacados repentinamente, supieron que Andy había estado en lo cierto.

Fueron atacados con gas para disminuir la velocidad con la que reaccionaban y de esa manera lograron pegarles un tiro a cada uno. Cuando cayeron al piso les esposaron las manos atrás de la espalda para evitar que se escapen. Y a todos les taparon la boca con cinta adhesiva, excepto a Andy.

Y ahí apareció la persona que estaba a cargo de querer atraparlos, era notorio que era él porque a diferencia de los otros estaba vistiendo un elegante traje y los demás lo miraban como si fuera una autoridad.

— Andromache the Scythian. — Dijo él reconociéndola. — Finalmente nos conocemos. — Agregó con satisfacción.

— Diría que es un placer, pero estaría mintiendo. — Dijo ella, intentando luchar contra sus restricciones.

Y fue en ese momento que lo sintió, su herida de bala que tenía en el estómago no estaba sanando. Su mortalidad había regresado a ella una vez más. ¿Cómo era eso posible?

— Te tengo, finalmente te tengo. — Festejó él. — Y no voy a hacer como mis antepasados, yo no te voy a dejar escapar. Yo voy a descubrir el secreto de tu inmortalidad y con ella voy a dominar el mundo. — Dejó saber sus planes, acercándose a ella.

Eso fue un error, porque Andy aprovechó esa cercanía a su favor. Cuando lo tuvo lo suficientemente cerca le pegó una patada en el tobillo, haciendo que cayera al piso del dolor.

— Vete al infierno. — Dijo ella, mientras dos guardias la agarraban para evitar que se abalanzará sobre el hombre que estaba al mando.

— Tienes fuego. — Admiró él, levantándose del piso. — Pero yo tengo más. — Le advirtió.

— Señor ella todavía está sangrando. — Dijo uno de los guardias que la estaba agarrando.

— ¿Qué? — Preguntó él confundido, eso no era posible.

— Que su herida no ha sanado. — Dijo levantando la remera de ella y mostrando la herida abierta que tenía en su estómago.

— ¿Por qué no estás sanando? — Le preguntó él.

— Acércate y te lo diré. — Respondió ella, de manera desafiante.

El hombre agarró su pistola y volvió a pegarle un tiro a todas las personas del equipo. Al minuto pidió a los guardias que los chequeen.

— ¿Están sanando? — Pidió saber él.

— Si. — Respondieron los guardias.

Él volvió hacia Andy y le pegó un tiro en el brazo. Ella cayó al piso por el impacto. Mierda, eso dolía y por un momento sintió el gusto a sangre en su boca.

— ¿Y ella? — Preguntó él.

— No. — Dijo un guardia, luego de revisar su nueva herida.

— ¿Por qué no estás sanando? ¿Qué hiciste con tu inmortalidad? — Cuestionó él, enojado.

— Jamás voy a decírtelo. — Contestó ella. La verdad es que no lo sabía, pero no iba a darle el gusto a ese extraño hombre de admitirlo.

— Maldita perra. — Dijo él, volviéndose acercar a ella una vez más.

Él se acercó a ella nuevamente. Otra vez eso fue un error y ella le escupió la cara, manchándolo con su propia sangre. Él la miró con furia del asco que sentía y ella sonrió satisfecha. Él preparó su arma, dispuesto a dispararle nuevamente, pero uno de los guardias lo detuvo.

— No creo que sea una buena idea, no si quiere que viva lo suficiente como para experimentar con ella. — Justificó su intervención.

— Tienes razón. — Asintió él. — Hora de llevarlos a donde tengo todo preparado. — Indicó.

Los guardias levantaron a todos los inmortales del piso y empezaron a inyectarles un calmante para hacerlos dormir.

— Y por cierto, para que recuerden, soy John Kozak. — Se presentó, antes de que perdieran la consciencia.

Al decirles su nombre reveló que tenía algún parentesco lejano con la doctora Kozak, aquella que había experimentado con ellos en el laboratorio de Merrick.

El grupo de inmortales fue llevado a una prisión que estaba en una pequeña isla, donde eso era todo lo que había. Allí Kozak sentía que no tendrían escapatoria, estaban rodeados de océano.

Fueron todos encerrados en una habitación que estaba preparada como si fuera una celda.

A Booker, Joe, Nicky, Nile y Quynh les mantuvieron sus manos esposadas y sus bocas tapadas, y las piernas se las ataron con unas cadenas al piso.

Andy fue colocada en una camilla. La intervinieron, le quitaron las dos balas y cerraron sus heridas. Luego, la dejaron atada a la camilla.

Nadie del equipo entendía lo que estaba sucediendo. ¿Por qué Andy era mortal otra vez? Ella ya había muerto y revivido. ¿No se suponía que ahora, en cierta forma, era la más joven y si a alguien le tocaba afrontar la mortalidad debería ser uno de ellos?

Era muy frustrante no poder hablar entre ellos. A pesar de eso sentían cierta calma, ya que los habían dejado en la misma celda que a Andy. Desde el otro extremo de la habitación podían comprobar que ella seguía viva, el aparato que media su ritmo cardíaco mostraba sus pulsaciones. Eso, por lo menos, les daba un poco de paz.

Andy se despertó e intentó levantarse. Cuando lo hizo algo la detuvo, haciendo que no pueda moverse y sus heridas duelan al forzarlas.

Abrió los ojos y pestañeó un par de veces. Se tomó un momento para acostumbrarse a la luz de la habitación y pudo notar que estaba atada a una camilla. Revisó la habitación y recién respiró con tranquilidad cuando vio a su equipo en el otro extremo. Estaban todos atados, pero estaban bien y la estaban observando.

— Hora de salir de acá, ¿no? — Les dijo ella, por más que sabía que no podían responderle y les dedicó una pequeña sonrisa.

Con su boca se dedicó a intentar desatar la hebilla que ajustaba la cinta que tenía aprisionado uno de sus brazos. Le llevó varios minutos, pero finalmente lo logró. Luego hizo lo mismo con la otra. Cuando tuvo sus dos brazos libres, desató las restricciones de su estómago y de sus piernas. Se quitó los controles que medían su ritmo cardíaco y se quitó el suero.

De a poco logró caminar hacia donde estaba Joe, ya que era quien estaba más cerca de ella. Lo primero que hizo fue destaparle la boca.

—Jefa. — Dijo él con cariño. — ¿Estás bien? — Pidió saber, notando lo difícil que le era a ella moverse por el dolor de sus heridas.

— Lo voy a estar cuando salgamos de acá. — Aseguró ella y junto su frente con la de él para que ambos pudieran calmarse mutuamente. — ¿Dónde están las llaves? — Pidió saber, para poder liberarlos de sus cadenas.

— No lo sé, intenta buscar en el escritorio. — Respondió él, señalando con su cabeza hacia un costado de la celda.

Andy fue hacia el primer escritorio. En este había un montón de objetos médicos. Fue al segundo y allí encontró cosas que si iban a servirle. Agarró la única pistola que había y la guardó entre su jean y su espalda. También agarró varios cuchillos de distintos tamaños. Pero no encontró ninguna llave.

Volvió hacia Joe y usó uno de los cuchillos para abrir sus esposas. Cuando lo logró la puerta de la celda se abrió y Joe gritó su nombre para advertirle.

Kozak entró junto con cinco guardias. Andy peleó contra ellos, logrando disparar a tres y noquear al cuarto. Kozak miró la situación con una mezcla de sentimientos, por un lado admiraba el alma peleadora de aquella mujer y por otro sentía frustración de que aún siendo mortal parecierá imparable. El quinto guardia le disparó a ella con un electroshock, lo cual hizo que cayera inconsciente al piso.

— Volvé a atarlo. — Indicó Kozak al guardia, señalando a Joe luego de que le dispararán a él también. — Eso fue tonto de su parte, la consecuencia será que a partir de ahora la tendremos separada de ustedes. — Les dejo saber.

Aparecieron varios guardias y un par de personas del personal médico. Kozak les ordenó que llevaran a Andy a otra celda, y así lo hicieron.

Y así el año comenzó a pasar.

John Kozak los torturó y los mató muchísimas veces, tantas que perdieron la cuenta. Experimentaron con ellos, pero otra vez sucedía lo mismo que la vez anterior. No podían encontrar la fórmula de la inmortalidad. Todas las pruebas que hacían daban resultados normales de adn y genoma humano.

A Andy también la torturaban. Podían escuchar sus torturas y podían escuchar también todos sus frustrados intentos de escapar. Ellos sufrían cada vez que la escuchaban ser torturada, porque ahora ella era mortal. A diferencia de ellos sus heridas tardaban en sanar, por lo que se debía encontrar en constante sufrimiento. Y lo que más les preocupaba era que nunca escuchaban quejas de dolor por parte de ella, y eso les hacía preguntarse en qué estado mental se encontraba.

Era doloroso estar tan cerca y tan lejos a la vez. Era doloroso que a ellos nunca los dejarán con las bocas libres, para por lo menos poder hablarle a la distancia y para poder hablar entre ellos.

Con Andy también realizaban experimentos pero, al igual que los de ellos, estos daban siempre normales. El secreto de la inmortalidad de alguna manera estaba protegido y a salvo de la humanidad.

Kozak intentó muchísimas veces que alguien le dijera el secreto, pero nadie lo hizo. La verdad es que ninguno sabía el secreto, y si lo sabrían tampoco se lo dirían. Incluso en una ocasión les llevó dos dedos de una de las manos de Andy, para ver si con eso podía hacerlos hablar. Pero lo único que consiguió fue mayor frustración, porque ni siquiera con eso pudo obtener lo que quería.

Andy estaba cansada de esa maldita rutina de tortura diaria. Iba más de un año y ya había tenido suficiente. Su cuerpo estaba cubierto de todo tipo de cicatrices. No que le importarán, de hecho estas tenían sentido para alguien que era una guerrera y había vivido miles de años. Pero no sabía cuánto más iba a poder resistir estar encerrada en ese lugar. Era hora de escapar.

Las veces que lo había planeado no habían funcionado, así que esta vez decidió que iba a hacerlo dejándose llevar por su instinto.

Ese día llegó cuando en la prisión hubo un gran problema eléctrico causado tras una tormenta. La cantidad de guardias había disminuido porque habían ido a intentar solucionar el problema.

Así que Andy aprovechó esa oportunidad cuando la doctora que estaba de ronda fue a revisarla. Andy sabía que las doctoras eran probablemente las únicas que sentían algo de compasión por ella, y lo sentían porque podían ver sus heridas y probablemente podían imaginar el tremendo dolor en el que se encontraba constantemente.

Andy exageró su dolor y simuló perder la consciencia. La doctora la desató para poder examinarla bien, y cuando lo hizo ella la atacó. La dejó inconsciente, la ató y le tapó la boca. Le quitó su arma y su tarjeta de identificación, la cual permitía abrir y cerrar puertas.

Salió al pasillo y disparó a los dos guardias que estaban allí. Al agarrarlos desprevenidos le resultó sencillo hacerlo. Les sacó sus armas y se dirigió a la celda donde estaban sus amigos.

Estaba por abrir la puerta cuando escuchó pasos. Se detuvo y preparó una de las armas que tenía en su poder, dispuesta a disparar a la primera persona que aparezca y quiera detenerla.

— Andy. — Dijo Nile sorprendida.

— Nile. — Dijo ella, aliviada de que ella fuera la persona con la que acababa de encontrarse.

Se abrazaron por un segundo, para comprobar que la situación de haberse encontrado era real.

— ¿Ambas tuvimos la misma idea de escapar por la tormenta? — Preguntó Nile, con una sonrisa.

— Al parecer si. — Respondió ella y rió ante lo absurdo que resultaba eso. — Vayamos por el equipo y vámonos de aquí. — Le pidió.

— Vamos. — Asintió Nile.

Entraron a la celda. Sus amigos estaban atados y dormidos, tenían una especie de máscaras en sus caras.

— ¿Qué les sucede? — Pidió saber ella, le resultaba raro que todos estuvieran dormidos.

— Les gusta mantenernos dormidos, así que a veces nos drogan o como en este caso nos dan gas. — Explicó Nile, señalando las máscaras.

Andy cerró la llave de gas, mientras Nile empezó a quitar las máscaras de las caras de sus amigos. De a poco, todos empezaron a despertar.

— Andy. — Dijo Quynh aliviada, cuando la otra se arodilló a su lado y le acarició la cara.

— Si, soy yo, estoy acá. — Le dejó saber y le dio un pequeño beso.

Entre Andy y Nile usaron las llaves que habían robado a los guardias para sacarles las esposas de sus manos, pero quedaban las cadenas de las piernas. Ninguna de las llaves que tenían servía y no podían encontrar ninguna otra en la celda. Andy se fue guardando todos los cuchillos que encontraban para sentirse armada, hasta que encontraron su hacha de doble filo.

— ¿Andy estás segura? — Preguntó Nile, entregándole el hacha.

— Si, no podemos perder más tiempo aquí, porque cada vez nos exponemos a más peligro. — Argumentó con seguridad y se acercó a Nicky. — ¿Confías en mí? — Pidió saber.

— Siempre. — Aseguró él.

Con su hacha liberó a Nicky de sus cadenas realizando dos fuertes golpes, uno para separar la cadena que lo unía al piso y otro para la cadena que unía sus piernas. Nicky se levantó del piso y la abrazó. Después continuó con los demás.

Una vez que estuvieron todos libres, se dividieron las armas que tenían. Salieron al pasillo y se empezaron a abrir paso por la prisión.

El primer guardia que se cruzaron cayó muerto al piso, un cuchillo clavado perfectamente en medio de su frente.

— Buena puntería jefa. — Apreció Joe las habilidades de Andy.

— ¿Alguien sabe donde queda la salida? — Preguntó Booker.

— Antes de salir tenemos que terminar con Kozak. — Les recordó ella y todos bufaron frustrados.

— Andy vos no estás en condiciones para pelear. — Comenzó a protestar Nicky.

— Eres mortal y estás completamente herida. — Dijo Quynh, preocupada por el miedo que sentía de poder perderla.

— La prioridad tiene que ser salir de aquí. — Agregó Nile.

— No vamos a estar en paz sino terminamos con él, nos va a seguir persiguiendo toda su vida. — Insistió ella. — Mi mortalidad no cambia nada, primero está la seguridad de todo el equipo. — Dijo con una convicción tan fuerte, que no daba lugar a contradecirla.

Así que hicieron lo que ella pidió. Fueron avanzando por la prisión, matando a todo guardia que aparecía y consiguiendo nuevas armas. Llegaron a la sala de control e interrogaron a quien estaba al mando en ese momento. Kozak estaba en Chicago, eso fue lo único que lograron que les diga.

A pedido de Andy destruyeron la prisión. Colocaron explosivos por todos lados y los detonaron. De esa manera, la pequeña isla quedó absolutamente vacía.

Se subieron a la única lancha que había y destruyeron el rastreador que tenía. Se cambiaron con ropa limpia que habían obtenido en la prisión y emprendieron camino fuera de la isla.

— Vayamos al puerto más cercano. — Indicó Booker.

— Creo que ese sería el de Argelia. — Dijo Nile, leyendo los radares marítimos.

— Bien, cuando lleguemos iremos a un hospital. — Planeó Quynh.

— No podemos ir a un hospital. — Negó ella. — Si lo hacemos, haremos que sea sencillo para Kozak encontrarnos. — Justificó al ver que todos la miraban con cara de que estaba loca.

— Pero Andy, tus heridas... ¿estás segura? — Dijo Nicky, mirándola con preocupación.

— Mis heridas van a estar bien. — Insistió ella. — Tenemos que llegar a Argelia, deshacernos de esta lancha e irnos a otro país donde Kozak no sospecharía que podríamos llegar. — Dejó saber su decisión.

Nadie tuvo fuerzas para ponerse a discutir con ella, tal vez porque en el fondo sabían que tenía razón y estaba haciendo lo que era mejor para todos.

Andy se quedó dormida descansando su cabeza en las piernas de Quynh, mientras ella le acariciaba el cabello. Quynh la apreció mientras dormía, le había crecido el cabello hasta la altura de los hombros y las heridas que tenía alrededor de todo su cuerpo la hacían parecer que acababa de regresar de una guerra. Agradeció que a pesar de todo el sufrimiento estuviera viva y con el mismo fuego de siempre, con su energía luchadora intacta.

Llegaron a Argelia y se subieron a un tren rumbo a Mali. Fueron haciendo varias combinaciones diferentes, para que el camino que hacían no fuera predecible de rastrear. Además viajaron en trenes de carga, sin pagar boleto. Simplemente se colaron en algún vagón vacío. Pasaron por Níger, Libia, y terminaron en Egipto. Tenían un refugio en la ciudad de Marsa Alam, así que se dirigieron hacia allí.

Después de cuarenta horas desde que salieron de la prisión, finalmente estaban en un lugar seguro.

— Book trabaja en encontrar todo lo que puedas relacionado a Kozak por favor. — Pidió ella, no bien entraron al refugio.

— Andy. — Protestó Booker.

— Cuanto más rápido terminemos con esto va a ser mejor, no le tenemos que dar tiempo a poder escapar. — Justificó ella.

— Pero vos no estás en condiciones de pelear ninguna batalla. — Dijo Quynh, sintiéndose un poco frustrada ante la insistencia de la otra.

— Puedo ser parte de la batalla sin estar en ella, seré sus ojos y sus oídos por medios tecnológicos o algo, ya lo pensaremos. — Expresó lo que ella ya había estado empezando a planear en su mente. — Pero lo importante es encontrarlo. — Volvió a insistir.

— Bien, empezaré la búsqueda. — Aceptó Booker.

— Yo te ayudo. — Ofreció Nile, sabiendo que ella era la otra persona del equipo que se manejaba bien con la tecnología. — Vos descansa. — Le dijo a Andy.

Andy intentó caminar hacia el sillón, pero sus energías se agotaron. Sin embargo, antes de que pueda caer al piso allí estuvieron Joe y Quynh para sostenerla.

— ¿Qué necesitas jefa? — Pidió saber Joe.

— Un baño y tratar alguna de las heridas. — Respondió ella.

— Iré a la farmacia y a comprar algo para preparar una cena. — Decidió Nicky.

— Gracias. — Agradeció ella.

Joe y Quynh la llevaron al baño. Prepararon la bañera con agua caliente y la ayudaron a desvestirse.

— Lo voy a matar y voy a hacer que sufra. — Dijo Joe, sintiendo furia al observar todas las heridas que había en ella.

— Lo sé. — Apreció ella, acariciándole las mejillas para calmarlo un poco.

— Voy a ver si puedo empezar a preparar algo de cenar. — Dijo él, queriendo darles un poco de privacidad a ella y Quynh.

— Gracias. — Agradeció ella. — Joe. — Lo llamó antes de que saliera del baño.

— ¿Si? — Pidió saber él.

— Te quiero. — Le dejó saber.

— Yo también te quiero. — Dijo él, finalmente logrando sonreír.

Joe se fue del baño y Quynh la ayudó a meterse en la bañadera. Andy dejó que Quynh la ayude a limpiarse y relajarse. Dejó que la acaricie todo lo que necesitaba, porque sabía que la otra todavía quería comprobar que ella estaba allí y viva. Además el amor que la otra le transmitía la hacía sentir bien. Sus caricias borraban el dolor que había dejado en ella todo el maltrato de la tortura.

Cuando el agua se enfrió, Quynh la ayudó a salir de la bañadera. Andy no se molestó en cambiarse porque sabía que iban a querer examinar sus heridas. Así que se secó con un toallón y nada más se puso unos boxers.

Ya en el comedor se sentó en la mesa para que Nicky y Quynh pudieran examinarla. No le importaba estar casi completamente desnuda frente a ellos, después de más de siete mil años de vida había cosas que ya no lograban intimidarla ni avergonzarla.

Quynh comenzó a pasarle una crema cicatrizante en algunas quemaduras y cortes que tenía en los brazos y las piernas. Se tomó un tiempo especial en las quemaduras de su mano, al parecer cuando le cortaron los dos dedos habían decidido quemar la piel para cerrar las heridas. Le dio un beso lleno de amor allí, deseando poder borrar el dolor que había vivido.

— Creo que todas tus costillas están rotas. — Dijo Nicky mirando sus moretones. — ¿Duelen cuando respiras? — Preguntó, tocando sus costillas con delicadeza.

— No. — Negó ella.

— Andromache. — Advirtió Quynh, diciendo su nombre.

— Si, duelen. — Admitió ella la verdad.

— Creo que lo peor es esta quemadura. — Dijo Quynh, señalando una que tenía entre el hombro y la espalda.

— Si, para esa no es suficiente con la crema. — Asintió Nicky.

— Hay que sacar el tejido de piel muerto y limpiarla antes de ponerle crema para que no se infecte. — Indicó Nile, quien acababa de aparecer en el comedor.

— ¿Cómo sabes? — Preguntó Nicky sorprendido.

— Mi hermano tuvo una quemadura bastante fea cuando era chico y yo me encargaba de curarlo. — Respondió, algo melancólica ante ese pequeño recuerdo.

Nile se puso a tratar su quemadura, mientras Nicky y Quynh continuaban examinándola.

— Hay que cerrar estos dos cortes. — Dijo Quynh, señalando uno que tenía en la parte superior de la pierna y otro que iba desde el medio de su estómago hasta el medio de su espalda.

— Simplemente denme una aguja y yo lo hago. — Dijo Andy.

— No hay chance de que vayamos a dejarte coser a vos misma. — Dijo Nicky, ofendido ante la idea.

— Sé cómo hacerlo, hay cosas que uno aprende que nunca olvida y esta es una de esas. — Intentó argumentar, quería terminar de una vez con eso porque estaba cansada y tenía hambre.

— Yo lo haré. — Dijo Joe. — Después de todo soy el mejor usando las manos. — Comentó y le guiñó un ojo haciéndola reír.

— Eeyy no seas asqueroso. — Se quejó Nile.

— Yo hablaba de mis manos de artista, la mal pensada sos vos. — Dijo Joe, haciéndose el inocente.

Nicky se fue a controlar la cena que Joe había estado preparando para que no se arruine y Joe comenzó a coserle los cortes. Joe tenía razón, él era bueno con las manos. Andy casi ni siquiera sentía cuando le pasaba la aguja a través de su piel. Además estaba segura que él sería quien lo haría con mayor delicadeza, intentando dejar la cicatriz más pequeña posible.

— ¿Cómo haces eso? — Preguntó Nile, una vez que terminó de curar su quemadura.

— ¿Qué cosa? — Preguntó ella, sin entender a lo que la otra se refería.

— No quejarte ante el dolor, ni siquiera tiemblas. — Expresó Nile lo que había estado observando.

—Ahh, eso, llevo mi mente a un lugar donde el dolor no me molesta. — Explicó ella con calma.

— ¿Por eso no te escuchábamos quejarte cuando te torturaban? — Pidió saber Joe.

— Si. — Asintió ella. — A Kozak le molestaba que no me queje, así que se sintió bien no hacerlo. — Dijo con cierta satisfacción.

— ¿Pero cómo, cuándo aprendiste a hacer eso? — Preguntó Quynh con curiosidad, porque no recordaba ninguna ocasión donde la hubiera visto hacer eso.

— Cuando estaba con un grupo celta, ellos veían mi inmortalidad como una amenaza, como si fuera un demonio enviado para tentarlos a ir por el mal camino. — Relató, perdiéndose en sus recuerdos. — Ellos eran fanáticos del sufrimiento, y cada vez que me curaba me hacían sufrir peor. Así que aprendí a no reaccionar ante el dolor para no dejarlos disfrutar de torturarme. — Terminó de explicar.

— Pero, ¿no habías dicho que te habían tratado como diosa? — Preguntó Nile, confundida.

— Si, pero esos fueron los egipcios y un par de comunidades sin nombres. — Respondió ella. — Igual que me hayan tratado como una diosa, no significa que eso fuera bueno. — Aclaró.

Ser tratada como una diosa había tenido su lado positivo, la admiración con la que la trataron y los privilegios que le otorgaron. Pero también había tenido su lado negativo. Ser una diosa significó nunca ser en verdad parte del grupo, porque siempre la habían visto como alguien superior. Y ser una diosa que representaba la inmortalidad porque no podía morir, significó que la mayoría de las personas le tenían miedo.

— ¿Y qué diosa eras para ellos? — Continuó preguntando Nile.

— La diosa de la inmortalidad y vida eterna, obviamente. — Contestó ella divertida, porque pensaba que habría sido sencillo deducirlo.

— ¿Y con los celtas? ¿Cómo te escapaste? —Cuestionó Quynh.

— No me escapé exactamente. — Dijo ella y dio un largo suspiro. — Hubo una fuerte helada y casi todos murieron de hipotermia, así que pude irme y unirme a un nuevo grupo. — Terminó de explicar.

— Listo, ya estás perfecta. — Dijo Joe, al terminar de coserle los cortes.

— Gracias. — Agradeció ella.

Entre Nile y Quynh le colocaron un vendaje alrededor de su torso, para ayudar a que sus costillas no se movieran y así evitar que le duelan. Andy se vistió y se sentaron alrededor de la mesa para cenar.

Joe y Nicky habían preparado sopa casera de verduras, porque sabían que era una comida que a ella le hacía sentir bien. Andy les dedicó una sonrisa y le dio un beso en la mano a cada uno en señal de agradecimiento.

— ¿Qué encontraste? — Preguntó ella a Booker cuando se unió a la mesa, y todos se quejaron ante su pregunta porque querían que ella descansara.

— Lo que el guardia dijo de Chicago era verdad, él allí tiene un piso donde vive la mayor parte del año. — Respondió Booker, luego de probar la comida. — Su compañía farmacológica tiene varias sucursales: en Chicago, en Nueva York, en Londres, en París, en Hong Kong y en Tokyo. — Informó.

— Bien, mañana salen para Tokyo. — Decidió ella. — Quiero que destruyan todas las sucursales, que no dejen ni un rastro de su existencia, que encuentren a Kozak y lo maten. — Les pidió.

— ¿Y vos? — Preguntó Quynh.

— Como dijeron, no estoy en condiciones de pelear. — Respondió ella, señalándose a sí misma. — Iré a Turquía y de allí podré monitorearlos. — Terminó de exponer su plan.

En Turquía era donde tenían el refugio mejor equipado tecnológicamente. Desde allí Andy iba a poder comunicarse con ellos, enviarles cualquier tipo de documentación que necesitaran y controlar las cámaras de seguridad de las distintas sucursales de la compañía para poder mantenerlos informados.

Estaban todos demasiado cansados como para contradecirla, así que aceptaron lo que pidió. Una vez que terminaron de cenar y Andy se quedó dormida, se turnaron entre todos para usar el baño. Después de las muy necesitadas duchas se fueron a dormir, rotando entre ellos para que siempre haya alguien haciendo guardia. No estaban como para arriesgar ser descubiertos.

A la mañana volvieron a debatir el plan que Andy había armado. Y por más que no les gustaba la idea de tener que separarse de ella, sabían que esa era la mejor opción. Andy podía cuidarse sola e iba a estar mejor en Turquía, antes que yendo con ellos y arriesgando su mortalidad cuando todavía no se había recuperado de sus heridas. Y ellos tenían mejores chances de hacer lo que tenían que hacer si iban todos juntos; porque cuántos más eran, mejor podían respaldarse.

Se despidieron, Andy se fue a Turquía y ellos a Tokyo.

Una vez en Tokyo se pusieron en contacto con ella. Como era de esperar, ella ya había llegado a su destino y ya tenía información para pasarles. Con Andy, siendo los ojos de ellos, aún a la distancia, les fue sencillo poder entrar a la sucursal de Kozak y destruirla.

Así fue en las sucursales de todas las ciudades. No dejaron ningún cabo suelto, ni ningún rastro. Se aseguraron de que no quedara ninguna persona relacionada con la empresa que después pueda buscarlos. Pero en Chicago estuvieron un pequeño tiempo extra, para matar a John Kozak.

Y si cuando lo hicieron se tomaron su tiempo, sin decirle a Andy, ese era un secreto que todos mantendrían. Querían hacer sufrir a ese hombre. Así que le hicieron todas las heridas que habían podido comprobar que Andy tenía, para que él pueda sufrir aunque sea un poquito de lo que ella había sufrido.

Mientras ellos se tomaron ese día para matar a Kozak, Andy aprovechó para ir a un hospital a hacerse examinar. Le costaba respirar y estaba casi segura de que se debía a que una de sus costillas rotas había lastimado uno de sus pulmones.

Había estado en lo cierto, tenía un pulmón pinchado. La operaron para arreglarlo. Al otro día de la operación dejó el hospital, firmando en consentimiento de que se iba sin el alta médica. Cuando llegó al refugio recibió el llamado de Booker.

— Book. — Lo saludó ella.

— Jefa. — La saludó él. — Ya estamos en Madrid, en un rato salimos para Turquía. — Le informó.

— Turquía no, necesitamos otro lugar para reunirnos. — Dijo ella.

— ¿Por qué? — Preguntó él, pero no obtuvo más respuesta que un simple gruñido. — Tuviste que ir al hospital, ¿no? — Adivinó.

— Si, tenía un pulmón pinchado, pero ya me operaron y estoy bien. — Explicó ella.

— Pero no queres arriesgarte a que te busquen, porque te fuiste sin el alta médica. — Terminó él por ella, la conocía demasiado bien.

— Exacto. — Afirmó ella. — Ya borré toda mi información de la base de datos del hospital, pero preferible ser precavidos. — Justificó.

— ¿Dónde nos vemos entonces? — Preguntó, dejándola elegir.

— Eslovenia. — Respondió ella.

— Nos vemos en unos días. — Se despidió él.

Booker cortó la llamada, tiró el celular al piso y lo aplastó con su pie para romperlo.

— ¿Qué pasó? ¿Por qué tuvo que ir a un hospital? — Cuestionó Quynh, preocupada por lo poco que había escuchado de la conversación.

— Una de sus costillas rotas le había pinchado un pulmón. — Respondió y notó el pánico en todos ante esa noticia. — Pero la operaron y ya está bien. — Agregó, para calmarlos.

— ¿A dónde vamos entonces? — Pidió saber Joe.

— A Eslovenia. — Informó, y todos entendieron lo que eso significaba, menos Nile.

— Bien, Joe y yo podemos encargarnos de la comida para el viaje. — Propuso Nicky.

— Yo me encargaré de la ropa. — Dijo Quynh.

— Nosotros nos encargamos de conseguir un auto. — Dijo Book, señalando a Nile.

Casi como por arte de magia, todos se separaron y fueron a hacer lo que dijeron que iban a hacer.

— ¿Un auto? ¿Por qué un auto? — Cuestionó Nile frustrada, siguiendo a Booker. — En auto vamos a tardar como dos días o más en llegar, tomemos un avión. — Protestó.

— Eslovenia es especial para Andy, necesita que le demos ese tiempo. — Dijo él, como si eso explicara todo.

— ¿Y por qué yo no lo sé, ni conozco el refugio de allí? — Continuó ella preguntando, llena de curiosidad.

— Porque desde que habías estado en el equipo, Andy no había necesitado tiempo para sanar. — Respondió él.

— Si que lo necesito, pero fuimos a Malta en esa ocasión. — Retrucó ella, pensando la otra vez que Andy había sido mortal.

— No me refiero a sanar físicamente, me refiero a sanar el alma. — Aclaró él. — Y desde que estás en el equipo ella seguro ha ido varias veces, pero sola. En general siempre que nos separamos por unos días, ella siempre pasa aunque sea uno en Eslovenia. — Explicó tranquilamente.

Les llevó dos días y medio llegar a Eslovenia. El viaje en auto fue divertido, intercambiaron miles de historias y de risas. Cantaron canciones y comieron mucha comida chatarra.

El refugio quedaba en alguna parte de Dobrava. Era una casa hecha de piedra perdida en medio del campo. A pesar de parecer vieja y rústica, estaba bien mantenida. Y lo más importante de todo, tenía electricidad y agua potable.

Nile entró entusiasmada a la casa, pensando que iba a reencontrarse con Andy allí, pero no la encontró por ningún lado.

— ¿Y Andy? — Pidió saber a sus amigos, uniéndose a donde estaban ellos, un deck que tenía la casa con vista al campo.

— Allí. — Señaló Nicky.

Nile miró a donde le señaló Nicky y finalmente encontró a Andy. Ella estaba rodeada de caballos. La apreció por unos minutos y pensó que la imagen parecía de película. Ella lucía tan libre y tan feliz, que casi parecía que brillaba. Por momentos corría con ellos y por otros se dedicaba a acariciarlos, como si fueran los seres más preciados del universo.

— ¿Por qué no estamos yendo a saludarla? — Preguntó confundida, cuando notó que nadie tenía intenciones de moverse para ir a su encuentro.

— Andy y los caballos tienen una conexión especial, este es su momento y no queremos interrumpirlo. — Intentó explicar Quynh.

— No sabía que le tenían miedo a los caballos. — Comentó ella divertida, pensaba que los inmortales no le tenían miedo a nada. Además, estaba segura que todos ellos sabían a andar a caballo.

— Eeyy nosotros no tenemos miedo, solo respeto. — Aclaró Joe, mientras abrazaba a Nicky.

— Además esos no son cualquier caballos, son caballos salvajes. — Agregó Nicky, relajándose en los brazos de Joe.

Al escuchar eso sintió aún más admiración por Andy, como si eso fuera posible. Pero lo era, porque esa mujer siempre la sorprendía con sus talentos. Allí estaba ella, siendo mortal nuevamente, rodeada de caballos salvajes. No le importaba el riesgo que eso podía implicar, porque ella no tenía miedo. Además se movía como si no tuviera las costillas rotas. La miró andar en un caballo y saltar de ese a otro, como si fuera lo más simple que una persona podía hacer.

En cierto momento Andy se dio cuenta de la presencia de ellos, así que dejó a los caballos y fue a recibirlos. Todos la saludaron con grandes abrazos llenos de cariño.

Un mes estuvieron en Eslovenia hasta que ella se recuperó del todo. Luego viajaron a Italia y empezaron a planear nuevas misiones.

Andy era mortal otra vez, pero como había prometido la otra vez que había sido mortal eso no cambiaba la relación que tenían. Y esta vez era lo mismo, su mortalidad no cambiaba la misión que tenían. Lo único que cambiaba era que ahora Andy iba a las escenas con un chaleco antibalas. Y que si la misión era muy peligrosa, a veces se hacía a un costado y se dedicaba a monitorear o ser simplemente quien los transportaba de un lado a otro.

De a poco ella les fue dando lugar para que todos tuvieran posibilidad de estar al mando de alguna misión. Ella siempre elegía la que sabía que mejor le sentaba a cada uno y de esa manera lograba que se sintieran cómodos en el lugar de guía. No era tarea fácil liderar para aquellas personas que no querían hacerlo, pero Andy les mostró que ese lugar era movible y que podían hacerlo de manera que pudieran aprovechar las fortalezas de cada uno según la misión.

A los tres meses de haber regresado a hacer misiones, Andy logró poder usar su mano de tres dedos tan bien como la había usado con cinco. Ella no paró hasta poder usar su hacha de doble filo, su espada, y su pistola a la perfección. Entrenó mucho para poder hacerlo, pero cuando lo logró valió cada minuto de esfuerzo. Y lo hizo. Se sintió tan feliz que, cuando les contó la novedad, los abrazó a todos y decidió que merecían unas vacaciones. Por lo que pasaron un par de meses paseando, fueron a Madagascar, Indonesia, Australia y Nueva Zelanda.

Y así, sin casi darse cuenta del paso del tiempo, pasó un año más. Un año lleno de misiones y de momentos de descanso y conexión entre ellos.

Estaban en Pakistán, realizando una misión en medio del desierto. Había una banda de criminales liderada por un hombre llamado Ra Ghul, que capturaban adolescentes para la trata de personas, ya fuera sexual o venta de órganos. Tenían una base allí, en medio del desierto y ellos querían rescatar a un grupo de adolescentes que habían sido secuestrados y llevados allí.

Andy se quedó esperándolos en el sheep en el que habían ido. Era demasiado peligroso que ella fuera con ellos porque sabían que la banda acostumbraba hacer desastres con granadas y ametralladoras. Así que hizo caso a su equipo y se quedó esperando. Sabía que lo hacían para cuidarla, y por más que le resultaba un poco molesto, agradecía que lo hicieran. Porque eso significa que ella era importante para ellos, que la querían.

Ella pudo escuchar el desastre que se desató. Las granadas, los tiros… pero esperó como había prometido. Esperó porque sabía que su equipo estaba conformado por personas inmortales, sabía que ellos iban a estar bien e iban a regresar a ella.

En un momento vió a Ra Ghul salir de la base con cinco adolescentes. Los hizo pararse contra una pared, y Andy supo para qué era eso. Él iba a asesinarlos.

¿Dónde estaba alguien de su equipo cuando se los necesitaba?

Ella no aguantó más la espera, no podía permitir que esa injusticia sucediera delante de sus ojos y no hacer nada al respecto.

Salió del sheep, apuntó y disparó su arma. Pero su pistola no funcionó, estaba trabada. Eso la hizo cambiar su plan. Ni siquiera lo dudó un instante, simplemente corrió hacia ellos y se colocó en el medio para recibir las balas que eran para los adolescentes.

Recibió dos tiros en su pecho, uno en su pierna, uno en su hombro y otro en su brazo. Cayó de rodillas a la arena, mientras notaba la sorpresa de ese hombre ante la intercepción de ella de esas balas.

Ra Ghul se acercó a ella con su arma lista, dispuesto a matarla de una vez por todas. Pero ella fue más rápida y le disparó con una pistola que sacó del tobillo de él. Le pegó un tiro en el corazón y uno en medio de sus ojos. Él cayó muerto a la arena, y cuando lo hizo ella también se dejó caer por completo.

Escuchó los gritos de desesperación y terror por parte de los adolescentes.

"Escapen, corran." Les dijo ella como pudo.

Por suerte le hicieron caso, y se fueron en uno de los vehículos de la banda que los había secuestrado.

El equipo se fue despertando y recuperando de las granadas. Una vez que estuvieron listos volvieron a atacar, y fueron acabando con cada persona de la banda de criminales que quedaba viva.

— ¿Despejado? — Pidió saber Booker.

— Despejado. — Asintió Nile.

— Faltan los adolescentes. — Dijo Nicky.

— Y Ra Guhl. — Agregó Quynh.

— Volvamos a chequear toda la base. — Sugirió Joe.

Recorrieron toda la base, pero no encontraron nada. Pensando la opción de que probablemente el líder había escapado, salieron a chequear los alrededores.

— Aquí está Ra Ghul. — Dijo Booker, cuando lo encontró. — Está muerto. — Informó después de chequearlo.

— ¡Andy! — Gritó Quynh.

Todos la siguieron hasta donde estaba la otra, revisando el cuerpo de Andy. Ella tenía por lo menos cinco heridas de bala en su cuerpo, las cuales sangraban con gran velocidad y furia. Quynh la sacudió varias veces, mientras repetía su nombre, pero no logró reacción.

— Tenemos que llevarla a un hospital. — Dijo Nile, al ver como comenzaba a salir sangre de la boca de Andy.

— El hospital más cercano está a nueve horas. — Dijo Booker con tristeza. Todos sabían lo que eso significaba, no iban a llegar a tiempo.

— ¿Por qué intervino? ¿Por qué se arriesgó? ¿Por qué? — Cuestionó Quynh, llorando unas lágrimas descontroladas.

— Porque no podía dejar a Ra Ghul ganar, no podía dejarlo matar a esos adolescentes. — Respondió Nicky, adivinando las intenciones de las acciones de Andy.

— Eso fue tonto, muy tonto. — Dijo Quynh, y se derrumbó sobre Andy.

Andy dejó de respirar y todos lloraron su pérdida. Estuvieron un largo rato allí, llorando, sin reaccionar. Podrían haber pasado minutos o horas, y no se habrían dado cuenta. Finalmente volvieron a la acción cuando Quynh dijo que lo mejor iba a ser deshacerse de los cuerpos de la banda criminal y destruir aquella base.

— ¿Y con Andy que hacemos? — Preguntó Joe.

— La llevaremos con nosotros y la cremaremos. — Respondió Quynh.

— ¿Cremarla? — Preguntó Nile confundida. — No, no podemos hacer eso. ¿Cómo va a poder revivir como la otra vez si no hay cuerpo? — Expresó su temor.

— Es lo que ella me pidió, es lo que quería y vamos a respetarlo. — Dijo Quynh, dando por cerrado el tema.

Subieron el cuerpo de Andy a la parte de atrás del sheep y luego se pusieron a limpiar la escena. hicieron un pozo en la arena, tiraron los cuerpos y los quemaron. Después llenaron la base de explosivos y los detonaron una vez que estuvieron afuera. Todo rastro de aquella banda criminal quedó destruido.

Se tomaron unos minutos para asimilar todo lo que había ocurrido en la misión y luego partieron. Joe fue el encargado de manejar. Nicky se sentó a su lado, y los demás se ubicaron en la parte del medio. Pero ninguno se atrevió a ir a la parte de atrás, donde estaba el cuerpo de Andy.

En medio del viaje se escuchó una fuerte tos. Joe miró por su espejo y vio a Andy levantarse. Pensando que estaba alucinando frenó bruscamente. Pero cuando lo hizo, Andy abrió la puerta de atrás y se bajó del vehículo. Cuando los demás comprendieron lo que estaba ocurriendo, también bajaron para ir a su encuentro.

Andy tosió una gran cantidad de sangre y expulsó las balas del interior de su cuerpo, tosió hasta sentirse bien y satisfecha. Luego se levantó de la arena y se sorprendió al encontrar que todo su equipo la estaba mirando con una mezcla de asombro y alivio.

— ¿Qué tanto me ven? — Preguntó ella, divertida ante la reacción de los otros.

— Estás viva. — Dijo Nicky.

— Si, claro que estoy viva. — Asintió ella con una pequeña sonrisa, la cual se borró cuando recordó todo lo ocurrido con Ra Ghul. — Pero no debería estarlo. — Dijo, tan sorprendida como sus amigos.

Andy revisó los lugares donde tendrían que estar sus heridas de bala, pero no encontró ninguna. Sus heridas habían sanado. Revisó los lugares donde antes había tenido cicatrices, pero ya no había rastro de ninguna, su piel estaba completamente sana.

Entonces, ¿era inmortal otra vez? ¿cómo era eso posible? Sus poderes iban a volverla loca.

— Andy. — La llamó Nile.

Ella centró su atención en Nile y vio que le estaba señalando su mano. Andy miró su mano y vio cómo de a poco los dos dedos que le faltaban se regeneraron. Miró su mano maravillada, abriendo y cerrando los dedos un par de veces.

— ¿Cómo es esto posible? — Preguntó ella, dando voz a lo que todos estaban pensando. — Tal vez deba ponerlo a prueba. — Dijo e intentó agarrar un arma con la intención de dispararse a sí misma.

— ¡No! — Gritaron todos al mismo tiempo.

— No sean dramáticos. — Comentó ella, pero en el fondo le agradaba lo protectores que eran.

— No importa cómo todo esto es posible, lo que importa es que estás viva. — Dijo Quynh emocionada.

Quynh se abalanzó sobre ella y la besó con pasión, la besó como si no la besará hace mínimo unos mil años. Andy dejó que lo haga, sabía que la otra necesitaba comprobar que era real que ella estaba viva. Cuando se sintieron satisfechas y se separaron, Andy se encontró rodeada de los abrazos de sus amigos.

— Buen momento para irnos. — Propuso Nicky, cansado del desierto.

— ¿Queres manejar jefa? — Le preguntó Joe, lanzándole las llaves del sheep.

Andy atajó las llaves y sonrió, ella amaba manejar. Se subieron al sheep y manejó hasta donde tenían el refugio más cercano: Mumbai, India. Una vez allí se turnaron para ducharse y se tomaron la tarde para dormir y recargar energías.

Quynh y ella hicieron el amor. Recorrieron y saborearon sus cuerpos, intentando grabar cada pequeño detalle en sus memorias por milésima vez, para toda la eternidad. Se declararon su amor una y otra vez, hasta que se sintieron a gusto. Después durmieron, abrazadas, disfrutando de tenerse la una a la otra.

Cuando se hizo de noche todos empezaron a reunirse en la cocina. La inmortalidad hacía que necesitaran comer más que personas normales, porque la regeneración requería muchas energías. Andy Joe y Nicky se pusieron a cocinar, mientras los demás jugaban a las cartas.

Cocinaron maqluba. Comieron todos juntos, compartiendo silencios y risas. Una vez que terminaron de cenar y ya iban por la tercera botella de vino, Andy sintió que se venía la tan esperada conversación. Sabía que todos sus amigos necesitaban hablar de lo que había ocurrido, podía escucharlos pensar en eso hasta cuando ninguno se había atrevido a decir nada.

— Okay, suelten. — Dijo ella, cansada de la intensidad que se sentía en el ambiente.

— ¿Qué cosa? — Preguntó Quynh, confundida.

— Los puedo escuchar pensar cuando me miran. — Respondió ella. — Lo que sea que quieran decir, sueltenlo. — Les pidió.

— Estás viva. — Dijo Nicky.

— Y sos inmortal otra vez. — Agregó Booker.

— Y ya moriste una vez, pero reviviste. — Sumó Nile.

— Lo sé y yo también querría explicaciones para todo esto, pero no las tengo. — Dijo ella frustrada.

— Tal vez sea hora de intercambiar teorías. — Sugirió Nile.

— ¿Intercambiar teorías? — Preguntó ella, sin entender a qué se refería la otra.

— Estoy segura que todos hemos pensado distintas posibilidades de por qué ocurren estas cosas, tal vez conversarlas nos haga disminuir las ansiedades. — Explicó Nile lo que había querido sugerir.

— Es una buena idea. — Aceptó Quynh.

— Bien, los escucho. — Acordó ella.

— Creo que eres especial porque eres la primera inmortal que hubo. — Dijo Nile y todos asintieron. — Y creo que tu inmortalidad deja de tener efecto cuando se siente amenazada, cuando sabe que la humanidad puede descubrir su secreto. — Expuso su teoría.

— Eso tiene sentido, las dos veces que te volviste mortal fue cuando fuimos capturados. — Concordó Joe.

— En nosotros no encontraron nada que pueda explicar la inmortalidad, pero tal vez el secreto, la fórmula o lo que sea que lo explique todo eso está en vos. — Razonó Booker.

— Que tu inmortalidad haya dejado de funcionar pudo haber sido una forma de protegerse, de que no puedan experimentar con ella. — Dijo Nicky con seguridad.

— Supongamos que tienen razón, que yo haga eso, igual no es intencional, no es como si lo habría decidido o elegido... — Comenzó a asimilar ella, pensando en voz alta. — ¿Qué hay de la primera vez que pasó? Yo morí, estuve muerta por muchos años. — Les recordó, exponiendo sus dudas.

— Tal vez tus poderes sabían que estaban en peligro por todo lo que se venía conmigo. — Sugirió Quynh.

— Quynh... — Dijo ella, llamando su nombre porque no quería que se culpabilice por algo que ya había sido perdonado hace mucho tiempo.

— Es la verdad Andy. — La interrumpió Quynh. — Si no habrías muerto yo igual habría querido mi venganza con la humanidad y no me podrías haber detenido, yo estaba demasiado enojada y dolida por todo lo que sufrí por mi destino bajo el océano. — Dijo con sinceridad.

— Bien. — Aceptó ella, dando un largo suspiro. — Igualmente hay algo que sigue sin cerrar, ¿por qué yo reviví y no Lykon? — Expresó otras de sus frustraciones.

— Ese es un gran misterio. — Dijo Booker, compartiendo sus frustraciones.

— Si la inmortalidad no se acaba para siempre; sino que una vez que se acaba y se muere, se puede revivir… — Comenzó a decir Nicky, buscando expresar sus ideas.

— No se entiende porque Lykon no ha vuelto a la vida. — Terminó Joe su idea.

— Por eso dije antes que Andy es especial. — Insistió Nile. — Tal vez por ser la primera inmortal o no sé, pero por algo es que ella es la única que revivió. — Aseguró.

— Además Lykon nos traicionó. — Agregó Quynh.

— ¿Qué? — Preguntó Booker confundido, porque nunca había escuchado sobre eso. Miró a sus compañeros y notó la misma confusión.

— Que Lykon nos traicionó — Repitió Quynh. — ¿Nunca les contaste? — Pidió saber a Andy.

— Yo no quería que fuera recordado por sus errores, quería que fuera recordado por el bien que hizo. — Justificó ella tristemente.

— ¿Qué sucedió? — Preguntó Nicky.

— Estábamos peleando en las guerras sicilianas. Lykon estaba frustrado de la violencia, de todas las vidas que no podíamos salvar cuando nosotros no podíamos morir. Un día decidió que lo mejor sería compartir y extender nuestro secreto con los guerreros griegos, así que nos separamos porque nosotras no estábamos de acuerdo. — Explicó Quynh lo mejor que pudo.

— ¿Cómo pensaba extender el secreto? — Preguntó Joe sorprendido ante esa idea, hasta donde ellos sabían la inmortalidad no era algo que pudieran traspasar a quien quisieran.

— Les dio de beber su sangre. — Respondió ella.

— Eso es asqueroso. — Dijo Nile totalmente disgustada.

— Si, pero esa fue su idea. — Dijo Quynh.

— Pero no le sirvió, los guerreros no se volvieron inmortales, y la próxima vez que lo cruzamos en una batalla lo vimos morir. — Relató ella, el momento en que vio que sus heridas no sanaban grabado perfectamente en su memoria.

— Estuviste con él hasta el final, hiciste lo que pudiste. — Intentó consolarla Quynh.

— Él lo hizo porque quería ayudar, quería salvar vidas. — Dijo ella, intentando transmitir las intenciones de Lykon a los otros.

— Habrá tenido buenas intenciones, pero lo que hizo no estuvo bien para nuestros poderes. — Opinó Quynh.

— ¿Entonces piensas que su inmortalidad se fue como una especie de consecuencia por su traición? — Trató Joe de deducir lo que Quynh había querido decir con esa historia.

— Si. — Afirmó Quynh. — Nosotros no tenemos el poder de elegir quién es inmortal, y él quiso controlar eso. Su mortalidad y su muerte pueden haber sido la consecuencia. — Expusó su razonamiento.

— ¿Y entonces qué hay de mí? Yo también nos traicione. — Les recordó Booker.

— Pero tu traición fue diferente, vos no querías compartir nuestra inmortalidad, vos querías encontrar la manera de ponerle un fin. — Retrucó Nile.

— Y lo hiciste por mí. — Agregó ella.

— ¿Vos querías que tu inmortalidad termine? — Preguntó Quynh sorprendida.

— Si. — Contestó ella con sinceridad.

— ¿Por qué? — Preguntó Nicky.

Andy pudo ver que todos estaban sorprendidos ante esa revelación. Era irónico que Booker la haya entendido en eso, aunque nunca había vivido la soledad en la forma en que ella la había vivido. Andy no había pedido ser inmortal, no había querido vivir tantos años sola, no había querido tener que cargar con su corazón roto y con las miserias reiterativas del mundo, no había querido autoimponerse la responsabilidad de ayudar a otros… Sin embargo, aquí estaba.

— Porque estaba cansada de estar viva. — Confesó ella y notó como todos quedaron shockeados ante sus palabras. — Ustedes no entienden lo que es estar realmente sola, el dolor de lo que es la absoluta y verdadera soledad, los habré tenido a ustedes estos últimos dos mil años, pero yo viví sola más de cinco mil. — Dejó salir afuera su gran miseria.

— Andy nosotros no podemos imaginar por todo lo que haz pasado… — Comenzó a decir Book.

— ¡No, claro que no pueden! — Lo interrumpió ella. — He visto todo, he visto imperios levantarse y caer, he visto guerras interminables por razones egoístas, he visto lo peor de la humanidad: injusticia, violencia, dolor, odio, terror, destrucción, esclavitud, maldad, pobreza, discriminación, racismo, xenofobia, homofobia... Pero también he visto lo mejor: amor, compasión, bondad, lealtad, solidaridad. Y eso fue lo que siempre me mantuvo andando, creer en hacer un bien mayor... Pero sentir y vivir ese amor, y perderlo una y otra vez… Poder recordar los momentos felices que viví con las personas que amaba, pero no poder recordar sus caras, sus voces, sus olores… me duele, y duele que tenga que pasar por eso cuando la humanidad no mejora, las generaciones siguen cometiendo los mismos errores. — Expresó todo el dolor que tenía guardado de tantos años de vida.

Andy no sabía que esperaba con todo lo que acababa de decir. Ella no era de las personas que se lamentaban por sus experiencias, que se quejaban de su destino. Al menos no con ellos. Si se quejaba lo hacía con ella misma o la vida en general. Si se quejaba lo hacía con su humor áspero y su ironía.

Con el tiempo había aprendido a sobrellevar su soledad, pero eso no significaba que no le dolía. Y nunca era de muchas palabras, porque había aprendido a decir la cantidad de palabras justas y necesarias para cada momento. Pero qué hubiera aceptado su destino, no significaba que este a veces no le doliera en cada parte de su ser.

Sabía que los estaba sorprendiendo con lo que ella decía, porque ella no era de guardar resentimiento hacia el pasado. Ella prefería mantenerse en el presente. El asunto era que prefería mantenerse en el presente, porque el pasado le resultaba muy doloroso.

— Ya no tenes que estar nunca más sola Andy, nos tenes a nosotros. — Dijo Nicky con cariño.

— Y si tenemos razón y sos especial porque sos la primera inmortal, tal vez no es tan casual que nosotros también lo seamos. — Dijo Joe, sumergido en sus pensamientos.

— ¿Qué queres decir? — Pidió saber ella.

— Que creo que los nuevos inmortales aparecemos cuando por algún motivo vos nos necesitas. — Respondió Joe, exponiendo su opinión.

— Yo no, yo jamás le pasaría estos poderes a alguien sabiendo el peso y el dolor que traen. — Negó ella, disgustada ante esa idea.

— No digo que sea algo que elijas, que sea consciente. — Aclaró Joe.

— Sino más bien el mismo poder actuando, cuando sabe que necesita algo. — Asintió Booker, entendiendo y cerrando la idea.

— Si es así, ¿por qué estuve sola tanto tiempo? — Preguntó ella tristemente.

— Tal vez tus poderes necesitaban crecer antes de poder ser transmitidos a otra persona. — Opinó Nile.

— O tal vez eres tan fuerte, que evitaste compartir ese dolor por el máximo tiempo que pudiste. — Sugirió Quynh.

— Ser fuerte duele. — Dijo Nicky, entendiendo donde yacía su fortaleza y la vez su debilidad.

— Yo no puedo con esto, es demasiado. — Dijo ella, levantándose bruscamente de la mesa.

— Andy. — La llamó Quynh, intentando agarrar su mano para evitar que se fuera.

— No. — Negó ella, evitando el contacto. — Necesito poder asimilar, pensar, procesar. Necesito tiempo. — Dijo con una seriedad que no daba lugar a la discusión.

Andy se fue de la casa a toda velocidad. Todas las teorías cayeron y explotaron en ella como una bomba. Ella nunca había tenido explicaciones de nada, de su poder -si se podía llamar así-, de su inmortalidad, de su soledad, de su muerte y de su regreso a la vida… de nada. Solamente había vivido con la convicción de que si tenía esa infinita vida que tantos anhelaban, debía retribuir a la humanidad en algo, hacer algún bien…

Que creas algo no significa que sea verdad. Y así era como veía las teorías de sus compañeros, eran creencias. Pero ¿verdad? ¿quién sabía que era la verdad? ¿quién sabía el motivo de la inmortalidad que tenían? ¿y qué pasaba si no había ningún motivo, ni ningún significado?

En la casa, el aire había quedado tenso. Cuando Andy dolía, todos dolían con ella. Andy era de esas personas que su energía se contagiaba y se extendía, aún cuando ella no quería ni buscaba hacerlo.

— Tenemos que ir por ella. — Dijo Nile, levántandose de la mesa.

— No. — Negó Quynh.

— Pero… — Comenzó a protestar Nile.

— Hay que darle tiempo. — Dijo Nicky.

— Es lo que ella pidió. — Afirmó Booker.

— Andy siempre necesita tiempo para procesar las cosas y eso está bien. — Agregó Joe.

— Cada uno tiene sus tiempos. — Aceptó Nile, comprendiendo a lo que se referían.

— Y nosotros tenemos todo el tiempo del mundo. — Comentó Booker y todos asintieron.

Al otro día Andy todavía no había regresado a la casa, así que por insistencia de Nile salieron a buscarla. Caminaron un par de kilómetros, hasta que la encontraron a la sombra de unos árboles durmiendo rodeada por un grupo de caballos. Su cabeza y su espalda estaban apoyadas sobre uno de ellos, como si lo estuviera usando de almohada. Apreciaron el momento por un instante, porque allí y en ese estado se la podía ver en paz.

Nile se acercó para despertarla, pero uno de los caballos se paró al instante y la enfrentó, como si la desafiara lidiar con él si quería pasar a donde estaba Andy. Ella se apartó enseguida, por miedo y por respeto, y todos sus compañeros rieron.

— Ahora entiendo porque no son fans de los caballos. — Dijo Nile, ubicándose detrás de los otros para sentirse más protegida.

— Andy. — La llamó Quynh un par de veces hasta despertarla.

— ¿Si? — Preguntó ella, abriendo los ojos.

— Nicky preparó el desayuno, café y ciambelles. — Informó Joe, como si fuera un dato importante.

— Eso suena bien. — Dijo ella. Se levantó y empezó a estirar sus músculos.

— ¿Vienes entonces? — Pidió saber Book.

— Sino vienes siempre podemos dividir tu parte entre nosotros. — Agregó Joe, haciéndola reír.

— Vamos. — Asintió ella.

— Pero tus caballos no son bienvenidos al desayuno. — Comentó Nile y todos rieron.

Andy dijo algo a los caballos en un idioma que ellos no conocían, pero estaban casi seguros de que era algún comentario pidiendo disculpas por la ofensa de Nile. Ella le dio un beso a cada uno de los caballos y luego los siguió hasta la casa.

— Tal vez tendrían que haberte llamado la diosa de los caballos. — Dijo Nile, señalando hacia la ventana.

El desayuno ya había terminado hace rato y cuando Nile se puso a lavar los platos vio que los caballos habían venido a acampar frente a la casa.

— Tal vez. — Aceptó ella con una sonrisa, y comenzó a secar los utensilios que la otra iba lavando.

Después de un par de días Andy aceptó volver a hablar del tema. Y así la inmortalidad se volvió un tema sobre el que debatían de vez en cuando. No sabían la verdad absoluta, al menos no hasta ese momento, pero podían tener teorías y creencias. Y esas eran las que ellos tenían.

Pasaron cien años más y el mundo se volvió un lugar más oscuro. Los grandes avances tecnológicos iban arrasando todo a su paso, tanto que a veces bromeaban con que terminator y todas las películas futuristas se habían quedado demasiado chicas en sus predicciones.

Las máquinas robóticas empezaron a ser usadas no solo para reemplazar el trabajo humano y generar más desigualdad y pobreza, sino también como armas para asesinar personas. También estaba el rumor de que alguien había logrado crear un chip que si lo insertabas en cerebro de una persona podías controlarla. Ellos estaban siguiendo ese rumor, querían destruir ese chip porque entendían los desastres que podría ocasionar.

Estaban viajando en una avioneta militar de Trinidad y Tobago a Colombia, siguiendo las pistas que tenían de la persona creadora del chip, cuando soñaron con un nuevo inmortal.

Todos se despertaron bruscamente y al hacerlo intercambiaron miradas de entendimiento.

— Es un hombre, de unos treinta años aproximadamente. — Comenzó Nicky, sacando un cuaderno y un lápiz para darle a Joe.

— Es moreno, tiene el cabello de un color marrón rojizo, y su cara está llena de pecas. — Dejo saber Nile.

— Y es musculoso, como si hiciera ejercicio físico o entrenara mucho. — Agregó Joe, mientras dibujaba.

— Yo vi una playa y montañas. — Dijo Quynh. — Lo sentí morir, se ahogó. — Expresó conmovida, esa muerte trayéndole de regreso viejos y dolorosos recuerdos de su prisión en el océano.

— Yo vi muchas personas llamándolo, diciendo su nombre: Lucas. — Sumó Booker.

— Es un guardavida o un rescatista, y tiene muchos conocimientos sobre mecánica. Es chileno, pero si no me equivoco su equipo de trabajo indicaba que estaba en Perú. — Expusó ella lo que había visto.

— ¿Por qué ahora? — Preguntó Nile y todos protestaron, porque esa era una pregunta que generaba frustraciones.

Después de tanto tiempo sin que hubiera un nuevo inmortal, les había hecho sentir que tal vez no iba a haber ninguna persona nueva. Ellos estaban completos. Se sentían completos. Eran una familia. Pero al parecer sus poderes no estaban del todo de acuerdo, sino no habría un nuevo inmortal.

— No importa por qué. — Respondió ella finalmente, rompiendo el silencio que se había formado.

— Pero, ¿qué hacemos? — Pidió saber Joe.

— No podemos dejarlo solo. — Dijo Nicky, siempre sintiendo cierta necesidad de proteger a los nuevos.

— Pero tampoco podemos perder la pista del chip. — Dijo Booker, entendiendo lo importante que era esa misión.

— Yo iré por el nuevo. — Decidió ella, levántandose de su asiento y empezando a preparar su mochila. — Ustedes sigan al chip, encuentrenlo y destruyan todo lo relativo a este. — Les pidió.

— ¿Dónde nos volvemos a ver? — Preguntó Quynh.

— Venezuela, el refugio que tenemos en Puerto La Cruz. — Respondió ella.

— Intenta hacer que no te apuñale. — Comentó Nile, divertida al recordar cuando ellas se conocieron.

— No todos tienen tu potencial. — Le aseguró ella.

— Aquí tienes jefa. — Dijo Joe, dándole el dibujo.

— Gracias. — Le agradeció.

Andy guardó el dibujo en el bolsillo de su campera, le dio un beso a Quynh y se colocó su mochila. Fue hacia la puerta de la avioneta, la abrió y saltó. Quynh cerró la puerta después de su salto y volvió a sentarse en su lugar.

— ¿Salto sin paracaídas? — Preguntó Nile horrorizada, mirando por la ventanilla para ver si lograba divisarla.

— Es inmortal, sobrevivirá. — Dijo Joe para calmarla.

— Está loca. — Dijo Nile. — Inmortal o no, yo jamás saltaría de una avioneta. — Expresó con seguridad.

— Nunca digas nunca. — Dijo Quynh.

— Siempre hay una primera vez para todo. — Agregó Booker.

— Además, si recuerdo bien, vos fuiste la que saltaste de un edificio a los pocos días de conocernos. — Le recordó Nicky.

El equipo encontró las pocas muestras del chip que existían, por suerte eran pocas porque todavía no habían decidido expandir el negocio. Destruyeron todo.

Andy encontró a Lucas. Él no la apuñaló con un cuchillo, pero sí lo hizo con un anzuelo de pesca. Al parecer era costumbre de los nuevos probar sus poderes, para comprobar que estuviera diciendo la verdad.

Se reunieron todos en Puerto La Cruz.

Lucas demostró ser necesario para el equipo, su conocimiento en mecánica e informática fueron más que útiles para lidiar con los avances tecnológicos del nuevo milenio. Y su personalidad encajó perfectamente con la de todos, como si fuera una pieza más del gran rompecabezas que eran.

El equipo se agrandaba cuando sumaban un nuevo integrante; pero eso estaba bien, ellos tenían amor para todos.

Ellos no eran héroes, eran mercenarios. No iban a salvar al mundo. Pero, esperaban con sus acciones poder hacer que este mundo fuera un poco menos… terrible.

Ellos eran simplemente un equipo. Un equipo de luchadores idealistas que se conocían y conectaban a la perfección. Un equipo que buscaba hacer algún bien dentro de tanto mal.

Aunque más que un equipo, también eran una familia. Ellos siempre iban a ser una familia.

Una familia inmortal, especial, rara... pequeña y grande a la vez… Pero una familia que volverían a elegir una y otra vez si tendrían la posibilidad de hacerlo.

La vida y la muerte todavía eran un misterio para ellos. Aún teniendo la experiencia de Andy, quien había muerto y revivido.

Los mortales suelen creer que sus almas parten al morir. Pero para ellos, era lo contrario. En el momento que por primera vez perdieron su vida, ganaron infinitas vidas más.

Esa ganancia implicaba soledad. Pero, inmortales o no, los humanos no están hechos para estar solos. Por eso se tienen a ellos, su familia. Y estando juntos es como el mundo, para ellos, se vuelve un lugar menos terrorífico.

Ellos eran la guerrera eterna y su ejército de inmortales.


Ahora si, si llegaron hasta aquí este es el final de la historia.

Gracias a quienes tuvieron paciencia de leerme y darle una oportunidad a esta pequeña historia.