Inuyasha no me pertenece, pero esta historia es mía y está absolutamente prohibido copiarla, plagiarla o resubirla en alguna otra plataforma de lectura porque a futuro será adaptada como historia original.

ADVERTENCIA.

Escenas fuertes, angustia, dolor explicito. Si esperas una historia rosa y soft esto no es lo tuyo.

INFORMACIÓN ADICIONAL

Los diálogos externos están entre comillas, y los diálogos internos o pensamientos están entre comillas y cursiva.

La historia se desarrolla después de que la perla intenta cumplir el deseo de Naraku que en este caso fue la destrucción del mundo tal y como se lo conoce.

La Revolución de los Insurgentes

CAPITULO 1

GÉNESIS: Un amor que ya no esta.

Había algo, algo en las sensaciones que poseías cuando tenías una pesadilla y deseabas despertar rápido de los oscuros recónditos del subconsciente, esa misma desesperante situación le sucedía, pero de una forma inversa; ella ya no quería despertar, sus razones estaban tan profundamente arraigadas dentro de sí misma que incluso si no tenía conciencia o razón de ser su cuerpo se resistía a abrir los ojos en ese asqueroso y cruel mundo. Pero tal y como lo hacía cualquier ser vivo rebosante de una maldecida salud ella despertó.

Aquella inolvidable vez nunca se apartaría de sus memorias, llevaba la palabra dolor grabada en cada célula de su cuerpo, de tal forma toxica y maldita que solo se concebía como ser humano por ella. La ilusión de mil alfileres gruesos embravecidos por el incandescente fuego atravesando la piel de su cráneo y hundiéndose en el como si sus huesos fueran mantequilla perforando su cerebro como un alfiletero una y otra vez, hasta que los espasmos y la convulsiones lograban que mordiera su lengua y terminara ahogándose en su propia sangre. Aun recordaba esa primera experiencia con el dolor, era ese tipo de amigo que te visitaba siempre, ese amigo descarado que simplemente llegaba y se adueñaba de tu hogar y de tu tiempo, era un amigo que no se iría, aunque lloraras y gritaras. "Por favor, basta" esa frase la grito cuando los llamados a familiares y amigos no funcionaron, esa frase era la que más odiaba, porque era consciente de que no había nadie que pudiera ayudarle más que la vida misma, ayudarla a detener el dolor.

Aquel día ella se convirtió en un animal, una bestia moribunda que grito por tres largos días; chillo quejidos agrietados y alaridos de cuentos de terror. Sus propios sonidos lastimeros fueron de ahí en adelante sus compañeros fieles en las pesadillas y terrores nocturnos. Nada cambio dentro de sí misma, y nada desapareció, ni siquiera el dolor en las palmas de sus manos por arrastrarse lejos del hedor del miasma que le quemaba la piel hasta que no quedo ningún centímetro liso ni claro. La imagen de sus manos deformes, casi desechas hasta el hueso se calco en sus iris y se almaceno en su cerebro cruelmente.

Ella estaba enferma, era una enfermedad mental ahora, una que la hacía verse en cualquier reflejo del agua de la misma forma en la que se vio cuando se arrastró como un gusano hasta un arroyo putrefacto y se vio horrible y asquerosa. Intento gritar y rogar, simplemente porque todo era dolor y miedo, pero incluso si su boca se abría lo único que salía ahora de ella eran sonidos inexactos y nulo entendimiento para cualquiera que pudiera escucharla, no es que alguien realmente lo hiciera porque ahí donde ella se revolcó en su miseria no había nadie, absolutamente nadie, solo su deforme cuerpo desnudo, un cielo opaco, gris y un aire acido y lleno del olor a muerte. Aquella vez, su voz murió por semanas.

El tiempo era amigo del dolor, ella diría que mejores amigos, ambos se regocijaban viéndola llorar y luego gritar cuando la salinidad de su llanto quemo sus ojos heridos, por muchas horas, muchos días, y muchas noches. El tiempo con tanto dolor encima era simplemente lento y perezoso. Esos primeros días fueron los más trágicos, no había comparación alguna que se acercara a la forma en la que simplemente todo era una tortura.

En ese entonces ella murió incontables veces, estaba segura de ello, porque lo sintió en la forma en la que latía su corazón y la forma en la que el dolor se adormecía, incluso la sensación de ascender en paz embargando cada parte de su cuerpo, y la visión del cielo purpura abriéndose y mostrándole claridad, luz mágica, hermosa y brillante. La primera vez que su cuerpo recibió aquella gravidez sobrenatural sonrió y recibió a la muerte que vino vestida con un kimono negro, era hermosa, fría y mortal y la miraba como si siempre la hubiera conocido, como una amiga de la infancia, o como su compañera de vida. Pero la hermosa mujer simplemente se dio la vuelta y se fue, sin decir nada, sin mirar atrás, se fue cruelmente y su corazón volvió a resonar como un tambor que se niega a detenerse, y así como se fue el dolor regreso como un viejo amigo que trae consigo sus maletas y se instala en tu casa.

Las posteriores veces que parecía que al fin la mujer la recogería simplemente no sucedieron, incluso si rogo a los dioses misericordia, incluso si clamo a sus amigos para que pidan por ella, e incluso si se burló de la muerte al intentar suicidarse, esperando impaciente que la roca afilada que había cortado su yugular fuera suficiente para conseguir su meta. Simplemente la muerte la odiaba o la amaba y la vida celosa de ello la mantuvo alejada otorgándole una maldición, una condena que se presentó varias semanas después de que el dolor ceso; su piel desecha, lacerada y putrefacta se regenero quedando aún más perfecta, más lisa, más pálida y fría. Ahora no había marcas, ni imperfecciones, ni siquiera aquellos lunares que salpicaban escasos lugares en su cuerpo se habían quedado, como si no merecieran ser parte de ella, de aquella piel de alabastro impecable.

Lo único que falto en su nuevo yo fue su melena azabache, aquella simplemente era inexistente, incluso si pasaba sus manos por su cráneo mil veces al día simplemente no la hallaba, fue bastante shockeante ver su reflejo por primera vez después de eso; ni marcas, ni cicatrices, piel perfecta y sus rasgos intactos, calva y pálida como un bebé recién nacido y ojos del azul más brillante y eléctrico, como joyas; movió su cuerpo a un lado y vomito bilis. Se sintió un monstruo, y lo confirmo cuando días después su melena broto de su cabeza, ella se negó a mirarse en cualquier reflejo, pero fue inevitable cuando una noche se vio envuelta por su largo cabello negro que se acumulaba en sus pies "como Rapunzel" pensó sarcásticamente, mientras tomaba la roca que había afilado y comenzaba a cortar el cabello hasta quedarse con un desalineado corte pixie. Tomo en sus manos la gran cantidad de cabello y la enterró en el suelo húmedo al lado de un arroyo pútrido, esperando que el olor a retenido del agua cubriera el suyo. Se envolvió con sus brazos para dar la ilusión de que traía ropa y camino en dirección perdida, buscando algo, buscando a alguien.

El tiempo y las circunstancias después de ello la llevaron a esconderse, planicies y ríos caudalosos siempre fueron las peores opciones, sin embargo, los bosques densos y tierras áridas eran terreno seguro, nadie siquiera pensaría en vivir en lugares inhabitables como esos, ni siquiera youkais.

Paso demasiadas noches de tortura helada hasta que pudo tener en sus manos la suave tela de un kimono, su piel ya ni siquiera recordaba lo que era la suavidad, así que cuando toco la delgada tela lloro con todo su ser mientras abrazaba con fuerzas el viejo y sucio material; "gracias" se repitió ese día mientras colocaba el kimono sobre su cuerpo envolviéndolo cariñosamente. La tela estaba bastante desecha y desteñida, estaba hecha para una persona más alta, así que tuvo que rasgar la parte inferior lo cual lamento entre lágrimas silenciosas, había tenía un sencillo diseño de flores amarillas, era simple, pero era lo más hermoso que había visto desde que despertó sola en ese nuevo mundo.

Después de eso su vestimenta varió muy poco, eran raras y poco ocasionales las veces que se arriesgaba a merodear en viejos asentamientos humanos, la esperanza de hallar vida era su principal motivación, pero lo único que hallo fueron cabañas colapsadas, vestigios de prendas de vestir, zapatos, la mayoría en terribles estados, casi nada que realmente la cubriera de las terribles noches gélidas. Fue en uno de esos asentamientos en los que se topó por primera vez con seres vivos, pero no los que ella espero. Los oni eran criaturas asquerosas, de piel gruesa de colores ocres y pantanosos, ojos amarillos desenfocados, carecían de cabello en su mayoría, y sobre sus cabezas siempre habían de uno a tres cuernos, de contextura robusta, altos y grandes, probablemente más de cinco metros, aunque variaban en tamaño según su fuerza, su olor a cloaca era lo más distintivo en ellos, era tan insoportable que tuvo que contener la respiración para no vomitar la raíz que comió esa mañana.

Su primitivo escudo de reiki apenas la cubrió mientras se agazapaba sobre una cabaña semi destruida, su cuerpo temblaba tanto que la madera del suelo crujió en horribles chillidos por el peso y la humedad de la tierra. De pronto la pared en donde se apoyaba intentando fundirse con la madera para pasar desapercibida fue arrebatada de un solo golpe por un mazo de púas gigante, parte de su espalda fue lacerada en el acto y grito con todas sus fuerzas cuando sintió que una de las tablas explotaba y se clavaba en su omoplato izquierdo.

Ella pensó que sería aplastada por el oni, sin embargo, cuando miro hacia el rostro del que destruyo su escondite vio su boca abierta en una sonrisa viciosa, sus colmillos sobresalían de su boca, estaban negros y sobrepuestos unos sobre otros, y el aroma descompuesto le llego con fuerza, era tan asqueroso que comenzó a tener arcadas que lograron que la enorme astilla de madera perforara su piel. Ni siquiera pudo mirar al oni cuando vio su sombra acercarse, su gigante mano rozo su espalda y de pronto quito de golpe la astilla de una forma tan brusca que una fuerte hemorragia mojo toda su espalda estropeando el nuevo kimono que había hallado previamente. "Quiero ir primero" dijo el oni más grande, ella ni siquiera lo vio a los ojos, no podía saber qué cara estaba haciendo, pero su mente ya había recreado una escena desagradable, la voz y el tono sugerente decían demasiado.

Cuando las risas gruesas se escucharon y las pisadas que lograban que la tierra zumbe se acercaron supo que iba a morir, y nuevamente seria doloroso. La diferencia es que ella no quería morir de esa forma, no por ellos; si ella muriera seria cuando ella así lo decidiera. Abrazo su propio cuerpo y cerró los ojos con fuerza "Inuyasha" pensó mientras recordaba su pasado."Esunamiko"después de varios minutos de esperar el ataque, y sentir que no pasaba nada miro al fin los pies inmóviles de los oni y levanto los ojos, había nuevamente rostros de satisfacción, pero ya no parecían de lujuria, ahora era ambición desmesurada la que brillaba en sus pupilas.

"Estas valen demasiado" "Podríamos comprar pases si la vendemos" hablaron entre ellos, ni siquiera la tomaban en cuenta mientras discutían el que hacer, ella simplemente escucho, aun asustada se acurrucó mientras los veía a través de su azulada kekkai, que parecía pulsar de forma rara, como si estuviera unida a su corazón y siguiera el ritmo de sus latidos, enviando una corriente cálida por todo su cuerpo, como si fuera un pequeño circulo de calefacción, casi tan abrigador como el abrazo gentil de una madre.

"Sácala de ahí" al fin los oni tomaron una postura y avanzaron, el que le había lastimado la espalda golpeo con su puño su campo de reiki y gruño con rabia cuando su puño fue expulsado, como si simplemente hubiera golpeado una pelota de playa inamovible. "es muy resistente" se quejó mientras otro de los oni se reía y tomaba su mazo y lo levantaba en su dirección "mide tu fuerza, no queremos que muera" le advirtió el líder. Cerro los ojos cuando el mazo cayó sobre ella, pero de la misma forma que ocurrió con el anterior oni el mazo reboto lastimando al atacante. "Que inútil" Se burlaron de él mientras el oni lastimado en un ataque de ira comenzaba a golpear el pesado mazo sobre el pequeño circulo de protección sagrado que chillaba con fuerza como si dos cuchillos se afilaran el uno al otro, un sonido agudo que perforaba sus tímpanos y que parecía molestar los sensibles oídos youkai. "¡Hazlo de una vez, el sonido me está enloqueciendo!" grito el líder.

El ataque se intensifico, el oni estaba tan enojado que saltaba sobre su sitio haciendo que la tierra tiemble con una fuerza descomunal. Su cuerpo saltaba y se movía ante el terremoto y sus uñas se hundieron en la tierra dura y seca intentando mantenerse en su propio sitio al notar que el oni intentaba expulsarla fuera de la protección azulada. Se aferro al suelo hasta que sus uñas se rompieron en pedazos y lloro amargamente negándose a abrir los ojos. "Si tan solo murieran" "mueran por favor" "solo mueran" "mueran" "¡MUERAN!"

Ella no tenía esperanzas, nadie oiría sus gritos internos, su cuerpo dolía de tanto miedo y tanta angustia. Pasaron algunos minutos en completo silencio, el suelo ya no temblaba y los oni ya no gritaban ni reían; abrió los ojos aun escondidos precariamente entre sus delgados brazos y vio a un oni recostado en el suelo "¿Dormido?" pensó observándolo en silencio por un minuto entero, cuando no se movió supo que algo estaba ocurriendo; con un pequeño sonido de viento y la sensación de frio corriendo como electricidad por su columna vertebral fue testigo de la aparición fantasmal de aquellas pequeñas criaturas infernales, cuerpos infantiles, pieles grises, dedos de pies y manos largos y huesudos abarcando la circunferencia del oni mientras sobaban con placer sádico sus rostros en la piel mocosa del muerto y se daban un festín de su alma y carne para luego bailar de dicha y placer mientras en sus bocas se llevaban la esencia del ogro fallecido al inframundo coreando y ululando sonidos tétricos y chillidos demoniacos.

Aun temblando ante la escena casi indecente desenterró las uñas de la tierra negra y quito sus brazos de su vista periférica y miro pálida al oni de pie frente a ella, su mazo reposaba quieto a un lado de ella mientras el rostro contorsionado de sorpresa del ogro parecía haberse congelado intentando caer sobre ella; sus ojos estaban abiertos, sus pupilas dilatadas de un horrible negro y sus manos caídas colgando a los lados en el aire, empalado por completo aun en pie por una enorme púa de luz azul que brotaba como una rama de la parte superior de su kekkai y que se había ensartado en su corazón negro atravesándolo y saliendo por su espalda, impactando como diferentes púas en los cuerpos de los otros tres que tenían rostros igual de confundidos y un horroroso rigor congelando sus rasgos faciales. Su pecho vibro de éxtasis y las puntas ensartadas crecieron sacando sonidos asquerosos de carne desgarrada hasta que los cuerpos pinchados explotaron por tanta presión. La carne negra voló por todo el sector y las diminutas esferas blancas ascendieron al cielo. Ella vomito antes de desmayarse.

Horas después ella despertó por los terribles temblores de su cuerpo, el frio casi la había congelado, incluso podía oír el sonido de la escarcha en su piel quebrándose ante el movimiento, la sangre en su espalda se había secado y ahora se sentía dura y áspera; la herida que le hizo el mazo ya no estaba, pero le había dejado un enorme agujero en la ropa, ella lloro por su único kimono, y lloro aún más por el alivio que sentía por no haber sido asesinada por los oni, sollozo desgarradoramente mientras veía los pocos restos que quedaron de ellos, y luego simplemente su llanto desmesurado se transformó en una risa enloquecida, carcajadas fuertes llenas de júbilo y gozo, mezcladas con lágrimas saladas calentando su rostro lacerado por el viento invernal. Rio hasta que el amanecer gris y oscuro llego, y el cielo se volvió purpura y opaco dejando ver la luz más sombría sobre la tierra.

"Ahora lo sé" "Ahora lo sé" se animó a si misma mientras recogía su propio cuerpo de la tierra y sacudía su ropa nerviosamente intentando quitar las manchas de barro curtidas en el hermoso diseño de flores amarillas. Una nueva convicción broto en su pecho y la idea plena de saber que no estaba sola, de que había más personas como ella en alguna parte del mundo. El oni se había referido a ella como un objeto de venta, eso implicaría la existencia de un mercado en donde se comerciaba con seres humanos. La idea era repugnante, sin embargo, la felicidad de saber que podría encontrar otras personas simplemente lleno todo su cuerpo y agito su corazón. Con una sonrisa en su rostro ella camino lejos de allí, lejos del hedor y de los recuerdos; busco por mucho, mucho tiempo, hasta que dejo de contar los días y las noches.

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"¿Cuánto tiempo más te quedaras como estúpida mirando a la nada?" Ella se sacudió del interior de su mente y bajo los ojos hacia el cuerpo derrotado en el suelo; los brazos y los pies estaban separados del tronco, pero el oni seguía hablando y respirando, en su rostro solo se veía odio puro y cruel. "¿Vas a matarme? ¿O no tienes el coraje?" Se burlo con una risa sardónica mientras se relamía los colmillos de una forma insinuante y posaba sus ojos en la enorme abertura que tenía su kimono en la pierna.

Ella miro su tersa y pálida piel a la vista y movió la tela mostrando parte de su muslo, el gemido bestial de excitación aumento y ella comprobó nuevamente que aquella raza tenía una debilidad por el sexo y la lujuria; fue gracias a esa pequeña abertura que mostraba su piel que el ogro se distrajo de la pelea y termino como estaba en ese momento, mutilado y débil. "¡Muéstrame más, muéstrame!" rogo mientras la baba escurría de su boca.

Tomo un delgado palito del suelo y lo agito un par de veces bañándolo de reiki, hasta que se convirtió en una daga; arrugo el rostro decepcionada nuevamente al no obtener el arma que deseaba. Aún peleaba con su autocontrol a la hora de formar objetos de reiki, siempre esperaba katanas, alabardas, o sables largos, pero siempre obtenía pequeños puñales o flechas.

Escucho la risa del oni divertido ante su rostro inconforme por la obtención de un arma de corto alcance, la lluvia de insultos lascivos y degradantes le siguió a la burla, y posteriormente ella se divirtió un poco pasando su pequeña daga por el rostro del oni que comenzó a gritar que le ardía, y que le quemaba la piel. "¿Te duele?" se burló, él grito afirmativamente y ella aumento la profundidad de los cortes, el cuerpo del ogro se movió aun sin extremidades cuando ella incrusto su daga en su ojo derecho y la removió dándole vueltas hasta que un líquido blanco y pegajoso se diluyo por su cara. "¡Basta! ¡Basta!" le grito abriendo la boca a su máxima capacidad intentando morderla, lo único que pudo lograr fue destruir la manga de su kimono nuevo, aquel que le había costado tanto sacar de aquella sucia cabaña demolida, y que tenía lindos patrones de hojas verdes; grito al ver el hermoso diseño arrancado y mordisqueado entre los dientes sucios del ogro y sintió la necesidad de meter su mano hasta su garganta y recuperar sus hermosas hojas. Su rabia fue tan poderosa que no se dio cuenta el momento exacto en el que el oni dejo de moverse y gritar; miro su daga incrustada en su glóbulo ocular y como esta había crecido hasta convertirse en una larga katana que atravesó el cráneo y se incrusto en la corteza del árbol partido en donde la cabeza del oni reposaba.

"Otra vez no" se lamentó al ver que las pequeñas criaturas del inframundo descendían de la niebla saltando dichosas al ver a un nuevo fallecido del cual disfrutar un festín. Una de las pequeñas criaturas simplemente la miro y bailo alrededor suyo en forma de agradecimiento; nunca hablaban, pero desde hace bastante tiempo las criaturas la veían como una aliada, como si se hubiera convertido en una shinigami, una diosa de la muerte que les regalaba sus festines a las criaturas del inframundo. "Ya vete" lo espanto, viendo como la criatura saltaba juguetonamente lejos de ella y se tiraba sobre el oni mientras comía de su carne brillante y gemía de júbilo intenso.

Cuando el festín termino y la luz kon, de su corazón hubiera ascendido lejos de allí las criaturas corearon canticos de satisfacción y muerte mientras desaparecían en la niebla fría, solo pedazos de su cuerpo muerto y rígido quedaron sobre la tierra. "Siempre cometo el mismo error" se quejó al ver que su intento de interrogatorio termino con un oni muerto y sin ninguna información relevante. Sus ojos vagaron largos minutos en el cielo, en donde el opaco sol apenas dejaba ver su luz. "Demasiado tarde, probablemente solo media hora para el anochecer" miro de nuevo el cuerpo sabiendo que no podía simplemente dejarlo ahí, eso solo demostraría que había una miko en las inmediaciones y traería a más como ellos.

Calculo mentalmente el tiempo que le tomaría transportar los restos del oni a la corriente del rio más cercana y termino frustrada al darse cuenta de que la oscuridad la alcanzaría antes de que siquiera lograra llevarse la mitad del oni. Un escalofrío que puso su cuerpo en un estado de alerta máxima la recorrió con fuerza, instintivamente corrió con todas sus fuerzas hacia el bosque y se lanzó sin pensarlo por el pequeño declive de tierra de no más de un metro; ese día había llovido, así que la tierra se hallaba tierna y resbalosa, su cuerpo se deslizo fácilmente hacia abajo y quedo envuelto entre lodo y gajos de madera caída. Miro en pánico hacia arriba en donde a solo unos pocos metros se habían reunido un grupo de oni, que miraban al compañero caído con indignación. "Quien se atrevió…" se oían y veían realmente molestos; uno de ellos levanto el brazo mutilado y lo olisqueo y luego se lo paso al otro. "Huele a poder sagrado y a mujer joven" el bullicio que hicieron después de eso le enchino la piel mientras intentaba contener la respiración y mantener su campo sagrado traslucido intacto, esperando que no pudieran detectar su aroma.

"Dividámonos" su voz gruesa y expresión rígida logro movilizar a los oni que rápidamente se separaron en tres grupos de dos miembros cada uno "Dejen intacta a la miko" ordeno cuando ya empezaban a planificar sus rutas; los ogros se mantuvieron quietos refunfuñando, nada complacidos con la nueva orden "Se divirtieron con la anterior, está la venderemos para que al menos dos de los nuestros consigan pases" ante la mención de los pases los oni aceptaron aun algo inconformes pero resignados. Dos grupos fueron hacia el este y oeste, el último grupo en el que se encontraba el que aparentaba ser el líder miro hacia los lados, aspiro el aroma del área y observo la tierra "¿Deberíamos ir al sur o al norte?" el líder no respondió instantáneamente; sin embargo, siguió la pequeña abolladura en el terreno, y se acercó hasta la bajada. "No creo que la miko haya ido en esa dirección" interrumpió el otro oni al ver que el líder parecía muy interesado en ese camino "ni siquiera los sagrados soportarían el hedor del miasma en este tipo de bosques densos" el líder gruño un asentimiento, pero siguió mirando fijamente dentro del bosque oscuro, la poca luz del sol no se filtraba en la densidad del monte y el terreno se veía más oscuro entre las sombras siniestras de los árboles muertos.

Sus hombros se encogieron cuando los ojos amarillos brillaron en su dirección, guardo su aliento dentro de sus pulmones y hundió la frente en el terreno mojado, incluso pudo sentir el sabor de la tierra en su boca. Se quedo inmóvil sintiendo aun la presencia del oni justo unos metros frente a ella, rogo internamente para que el largo cabello que decidió no cortar la anterior semana le sirviera de camuflaje para cubrir su kimono claro.

"Si, no creo que una miko pueda sobrevivir dentro del bosque" las pisadas de los ogros dieron media vuelta y se dirigieron hacia el norte. Soltó un suspiro y se dio media vuelta viendo con horror como la luna se alzaba opaca y la luz diurna daba su ultimo vistazo en el horizonte. "¡No!" se dijo levantándose y corriendo, ignorando la poca cantidad de reiki que le quedaba después de destruir al oni anterior. Su cuerpo le reprocho el ejercicio, pero ella siguió corriendo, ignorando las ramas puntiagudas que laceraban su rostro y brazos.

El aroma acido inundo su interior con mayor magnitud al estar agitada por el esfuerzo físico, tosía mientras corría intentando no pensar en el dolor de quemadura en sus pulmones; mientras más se internaba en el bosque negro más concentrado era el miasma, tan fuerte era la peste que ni los oni que tenían aguante la buscarían allí, para los youkai no resultaba mortal, pero si insoportable, es por eso mismo que nunca pensarían que alguien como ella sobreviviera dentro. Pero la muerte la odiaba y no la llevaría solo por algo como eso.

La raíz sobresalida de un enorme árbol sirvió como obstáculo para sus cansados pies y logro tumbarla con fuerza por la velocidad con la que llevaba corriendo, su reflejo logro activarse y sus manos se llevaron la peor parte, las piedras puntiagudas y las ramas rotas se clavaron en sus palmas lacerando la piel. Su cuerpo abatido soltó el aire retenido y tosió con fuerza por el golpe en su diafragma, una piedra sobresalida justo en el área en donde cayo golpeo una de sus costillas, incluso pudo escuchar el tétrico sonido del impacto y de la rotura. Sus ojos se inundaron de lágrimas de dolor, siempre dolía, incluso si sanaba, dolía demasiado.

Paso un largo momento hasta que su respiración se aligero, las nubes en el cielo se dispersaron y el resplandor de la luna baño las rendijas de los árboles, una franja de luz nocturna cayo justo sobre sus manos y sus ojos se abrieron al ver la sangre, y las profundas heridas que hasta ese momento habían estado adormecidas; su cerebro no perdió el tiempo y la inundo de memorias del pasado, grito de pánico cuando asocio las heridas de sus manos con la visión de sus brazos desechos, la piel cayéndose, los músculos y nervios al aire y el olor a carne quemada. "¡No! ¡No! ¡No!" grito con todas sus fuerzas, ya ni siquiera recordaba que alguien la podría estar persiguiendo o que debía estar en silencio, simplemente grito y cerró los ojos sin poder atreverse a ver sus manos lastimadas. Se levanto aun con los ojos cerrados y corrió como una desquiciada, en medio de la oscuridad, sin sentido de la orientación ni de la vista, sin importarle si se topaba con un risco y caía hasta el fondo muerta. Nuevamente cayo al chocar con un tallo más alto que el anterior, pero su terror logro poner sus manos a salvo y esta vez fue su rostro el que impacto contra el suelo pedregoso; lloro su miseria y sus traumas.

El llanto era lo único que se escuchaba, gimoteó por su debilidad que no podía superar incluso si se volvía cada vez más fuerte. "Kagome" su nombre fue susurrado, él había regresado y la estaba llamando, era su voz, ella lo sabía, era exactamente igual, guardaba reproche en su tono y ella simplemente fingió que no existía. Su lógica gritaba que era solo una alucinación auditiva producto de su ataque de pánico, que no hiciera caso, que no prestara atención. "Kagome" susurro más cerca de su oído, el sonido de sus pisadas caminando cerca de ella, parándose justo a su lado hicieron que hundiera su rostro en la tierra negándose a abrir los ojos. "No eres tu Inuyasha" contradijo en medio del llanto desesperado. "Mírame Kagome" susurro en su oído izquierdo, incluso sintió su aliento chocando con el lóbulo de su oreja. Ella se tensó y cubrió sus oídos con sus manos heridas

"¡Por favor vete, no me tortures más Inuyasha!" Grito con todas sus fuerzas, pidió en su corazón que amaneciera pronto, incluso si el sol no brillaba con fuerza servía para ahuyentar a sus fantasmas internos; las alucinaciones siempre venían con la oscuridad, por eso la seguridad diurna y las fogatas eran esenciales en su vida, no podría vivir nunca más en la oscuridad.

"¡Kagome!" Su voz resonó con fuerza como aquella vez, como la última vez que escucho que la llamaba por su nombre antes de la explosión. El toque sobre su cabeza la hizo gritar hasta que sus cuerdas vocales se desgarraron, asustada se levantó abriendo los ojos hacia donde la presencia la había atormentado, pero lo único que vio fue la nada, oscuridad rodeada de árboles y silencio brutal y absoluto "¡NO ERES REAL! ¡NO ERES REAL!" grito angustiada, cayó al suelo y se acurruco en si misma tiritando de frio.

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Era difícil acostumbrarse a que la luz del sol durara menos que la de la luna, siempre atardecía temprano y amanecía tarde, esa fue una de las mayores desventajas para ella y para sus arraigados traumas y complejos, todos los días eran una tortura, ella tuvo que huir de la oscuridad como si esta tuviera la habilidad de tragársela entera o masticarla viva. El sol que ahora llevaba algunos minutos dando la cara al fin pudo calentar su cuerpo helado, tuvo la fuerza suficiente para mover sus músculos y quitar su cuerpo que abrazo la tierra fría como un salvavidas. "Estoy tan avergonzada" se lamento viendo el estado sucio y deplorable de su ropa y de su cuerpo, además del terrible hedor a oni y sangre. Miro hacia el sol que ya empezaba a arder, y auguro un buen clima; aquello la hizo lamentarse aún más, el clima soleado era bastante insoportable, la temperatura podía llegar a subir hasta los cuarenta grados, y al mismo tiempo las noches podían descender hasta bajo cero; justo la terrible noche que paso había sido una de las mas heladas.

"Necesito agua" miro sus manos con detalle, la sangre estaba seca, cubría cada grieta de sus palmas, sus uñas quebradizas estaban llenas de tierra, incluso en las cutículas. Sintió nauseas cuando la visión de sus manos acuchilladas por palos de madera oscura la invadió con fuerza. "Basta" se recrimino así misma.

Respiro hondo mientras cerraba los ojos y escuchaba atenta el silencioso bosque, pudo escuchar el sonido de ramas frotándose la una a la otra por el viento, un chirrido extraño como madera hinchada, el sonido de hojas revoloteando en el suelo, chocando entre sí y golpeando con sus talones; ningún insecto, ningún animal, esos parecían extintos; el conocido sonido de la corriente de agua le hizo abrir los ojos. "Es una corriente muy suave" camino hacia donde el tenue sonido se oía intentando no mirar sus pies adoloridos, en algún punto de su carrera había perdido sus tabis y ahora simplemente tenia que soportar el dolor de pisar por un camino complejo.

Su boca se secó ante la anticipación de agua fresca entre sus labios; las fantasías con agua y comida siempre eran sus favoritas. Sus pies cansados se detuvieron frente a un minúsculo arroyo frente a ella, era a penas una franja de poco más de cincuenta centímetros que bajaba de una pequeña pendiente hacia el Oeste, con una profundidad ridículamente diminuta.

Aun así, el agua ya sea poca o mucha era una bendición de kami, ignoro el dolor que le produjo las pequeñas piedras puntiagudas cerca del agua y se arrodillo frente al arroyo, el color del agua era turbia, un café verdoso muy extraño y olía bastante mal. Estiro sus manos sucias y las hundió en el agua fría, lavo con fuerza todas las manchas y quito la mugre dentro de las uñas, froto con tal fuerza que su piel se puso roja, su piel de alabastro era mas delicada de lo que originalmente lo había sido su primera piel, pero como su reiki siempre estaba presente dentro de ella sanaba con el tiempo.

Con sus manos ahora limpias alzo un poco de agua y la llevo a su boca, sintió el sabor magistral de lo fresco y lo puro, olía a naturaleza. Dejo caer gotitas por su cara y estás brillaron al sol. El arroyo ahora corría limpio por la tierra, la peste anterior se había esfumado con un solo toque, ella sonrió al ver que su reiki había hecho un buen trabajo de purificación al ser una corriente pequeña.

Los bosques del mundo ahora eran mudos, cadáveres de madera sin ningún uso productivo mas que el tétrico paisaje sacado de un cuento de terror. El sonido mas prominente dentro de lugares como esos era sin dudas los de las ramas friccionándose las una a las otras empujadas por el viento; sin embargo, el ligero sonido de ramas pisoteadas llamo su atención, era un sonido suave, pero sin duda resonaba con intensidad en medio de tanto vacío sónico. No se inmuto ante las obvias pisadas y con el agua del arroyo que ahora era tan cristalina y brillante como un espejo se lavó el rostro sucio, y dio un ultimo sorbo ruidoso. "No estoy armada, y no soy peligrosa" su voz quebrada por los gritos de la noche anterior resonaron aun mas fuerte en medio del bosque; elevo sus manos al cielo y se levantó del suelo mirando hacia adelante, justo entre los arboles las esquinas de los rostros de varias personas aparecieron, ojos azules fue lo primero que noto.

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CONTINUARA

Bueno, he aquí el primer capítulo, espero lo disfruten. Muchas personas han estado esperando esta nueva historia, espero mostrar a mi nueva Kagome como alguien que crecerá como ser humano, aprenderá y se superará a si misma con el tiempo. Lo que intento mostrar es una etapa de ella difícil, en donde tendrá que luchar y evolucionar para sobrevivir en un mundo distópico como ese. No pienso mostrar desde un principio un personaje todopoderoso e intocable, quiero mostrarla primero desde sus dolores y traumas mas primarios y ver como se desarrolla en el mundo hasta poder enfrentar todo como la guerrera que es.

Primero, probablemente se dieron cuenta que he cambiado un poco mi forma de escritura, espero que lo acepten bien, y les sea fácil comprender.

Segundo, puede que suba nuevos capítulos una vez por semana, y si tengo demasiado trabajo una vez cada dos semanas; sin embargo, si veo que esta historia es bien recibida podría sentirme animada a publicar mas rápido.

Por último, para aquellos que también siguen mi historia "Un suspiro de libertad" estaré publicando la segunda temporada en estos días, así que sean pacientes.

Espero leer varios comentarios, eso seria lindo.