(en la voz del narrador)

Cuenta la mitología griega que cuando el mundo se encuentra en peligro la diosa Athena, protegida por un ejército de jóvenes guerreros llamados caballeros con el poder de rasgar el cielo con un golpe y partir la tierra de un puntapié, aparecerán para erradicar a las fuerzas del mal. Cada cierto tiempo este ciclo se repite y ahora nuevos jóvenes serán llamados a convertirse en los nuevos caballeros de Athena.

Esta es la historia de Sipán, uno de los niños huérfanos bajo el cuidado de la Fundación GRAAD, que al igual que el conocido Seiya viajará para entrenar y conseguir una armadura. Pero antes de iniciar su viaje un sorteo deberá decidir su futuro.

INICIA EL VIAJE DE SIPÁN.

PASAJE 01

PARTIDA

GIMNASIO DE LA FUNDACIÓN GRAAD

No había podido dormir en toda la noche a pesar que la orden en el orfanato fue irse a la cama temprano. El día siguiente era demasiado importante. Era evidente que esa era la razón por tal terrible ausencia de sueño.

En la mañana los niños estaban muy nerviosos por el lugar en donde les tocaría entrenar y ninguno quería meter la mano en aquella cajita de madera que contenía los diferentes destinos donde pasarían sus próximos años. Aunque eran muy pequeños ya eran conscientes que probablemente esta sería la última vez que se verían.

Sipán era de los niños que demoraba siempre que lo llamaban, pero esta vez quería que lo llamasen primero porque quería saber a dónde partiría. Quería conocer su destino lo más pronto posible. Quizá pensaba como muchos niños que los lugares más terribles quedarían para el final.

Ya habían pasado varios días desde que Seiya, un niño japonés, había saltado la cerca con mucha facilidad con la intención de huir pero que al final no tuvo éxito. Sipán admiraba a ese niño huérfano tan impetuoso. Aunque claro, no se animaba a presentarse como amigo suyo. Ya no quedaba tiempo para eso. La cajita de madera había determinado que el lugar de entrenamiento para Seiya era el Santuario de Athena en Grecia.

– "Tu lugar de entrenamiento será Argelia".

Con esas palabras se había cerrado el futuro de un niño llamado Jabu, que a diferencia de Sipán no parecía tan nervioso, e increíblemente parecía el más entusiasta. Sipán pensó que quizá Argelia sería un buen lugar a donde ir. Y eso lo quedó bastante claro luego de escuchar el siguiente destino.

– "La Isla… la Isla de la Reina Muerte".

Se sintió un ambiente tenso en el gimnasio. Era la primera que Sipán había notado que el mayordomo Tatsumi dijera el destino con temor. Siempre que ellos sacaban esos papelitos aquel mayordomo calvo y bastante gritón parecía disfrutar el susto de los niños, pero esta vez era distinto. Tatsumi Tokumaru quien siempre se sentía orgulloso de su tercer grado en kendo ahora sentía miedo al pronunciar esas palabras. ISLA DE LA REINA MUERTE.

– "(…) eso es lo que depara en la Isla de la Reina Muerte".

– "Interesante lugar. Creo que me tomaré unas vacaciones en ese lugar".

Todos en el gimnasio se sorprendieron cuando el hermano mayor de Shun, Ikki, se ofreciera de una manera tan abrupta como voluntario en lugar de su menor y llorón hermano. Era lo mejor. Era evidente que Shun a duras penas soportaba los ejercicios dentro del gimnasio, en realidad Shun nunca realizaba el menor esfuerzo por cumplir con las pruebas. Simplemente no le gustaba pelear. Cualquiera se daría cuenta que no sobreviviría a esa isla que Tatsumi describió como el infierno sobre la tierra. Y de no ser por la aparición del anciano Mitsumasa Kido nada habría cambiado.

Sipán sintió alivió por Shun, pero cierta pena por Ikki, el niño más rebelde entre todos ellos y que constantemente era castigado duramente. Quizá el hecho de ser mayor lo ayudara en esa isla de nombre de pesadilla.

– "Ojalá y todo esto no le cause problemas a Ikki. El viejo Tatsumi era un cascarrabias que no perdona cuando le faltaban el respeto".

Fue único que alcanzó a pensar Sipán en ese momento.

Finalmente había llegado su turno. Tatsumi tuvo que llamarlo dos veces y recibir un empujón de un niño de nombre Shiryū para que reaccionara. Se acercó bastante nervioso porque sabía que, si su destino sería cruel no tenía un hermano que lo proteja y el anciano Mitsumasa Kido ya se había retirado acompañado de su nieta Saori. Sipán no tenía a nadie. Sipán estaba solo en este mundo.

– "Perú. Parece que vuelves a casa, ¿no es así?"

Sipán solo había escuchado una sola palabra de las muchas que podría haber pronunciado Tatsumi. Solo había escuchado PERÚ. En efecto, el pequeño volvía a casa. En menos de un segundo recordó todo lo que pudo de sus primeros años. Recordó la playa, recordó el sol, pero por más que intentó no pudo recordar mucho de su madre salvo una canción. Intentó tararearla en su mente, pero recibió otro empujón que lo interrumpió. Era el turno de un niño de nombre Hyōga para saber a dónde iría a entrenar.

– "Siberia".

Sipán quien aún no salía de su asombro pudo darse cuenta que él no era el único que volvía a casa. El niño llamado Hyōga también lo haría.

PUERTO DE LA FUNDACIÓN GRAAD EN JAPÓN

A la mañana siguiente Sipán se presentó en el puerto de la Fundación GRAAD. Tenía todo listo, aunque no era mucho, lo tenía todo ordenado en una pequeña bolsa que la Fundación le había entregado como si se tratara de una cierta de regalo de despedida. Sabía que el viaje duraría un par de días, lo que le daría tiempo de seguir practicando algunos movimientos de combate en la bóveda del barco.

Subió a bordo deseando no marearse, pero satisfecho porque estaría en casa y decidido a volver con una armadura, tal como se lo habían indicado en el gimnasio de la Fundación GRAAD. Momento después creyó reconocer al Capitán de la embarcación y le pareció una buena idea presentarse.

– "Buenos días señor, mi nombre es Sipán y voy rumbo a…".

– "Yo sé a dónde vas niño. Ahora busca tu camarote y quédate ahí o ponte a ayudar a la tripulación. Este no es un crucero de fantasía. Muévete ya".

A Sipán le molestó la actitud de aquel señor. Solo se estaba presentando, no era para tanto. Sin embargo, en ese pequeño gesto descortés pudo darse cuenta que su vida se volvería más dura todavía. Pensaba que solo en el orfanato las personas eran amargadas, pero al parecer el resto del mundo tenía esa actitud.

Aun con su bolsa en donde llevaba sus escasa pertenencias se acercó a la proa para observar el paisaje. Se dio cuenta que, nadie lo esperaría en Perú a excepción de su futuro maestro, la única persona que lo acompañaría por algunos años según le informaron. Sipán esperaba que esa persona sea diferente. No podía ocultarlo. Sipán ya quería conocer a ese hombre de nombre Amaru.

CONTINUARÁ…