A pesar de que Bokuto Koemi estaba entre las cinco mejores jugadoras de volley de preparatoria, no había nada ni nadie que la frenase de ser la número uno. A excepción de lo que eran sus calificaciones bajas en matemáticas, claro está. Pero para salvarla siempre estaba Akaashi Kimiji, su vice-capitana y más cercana compañera, que a pesar de ser un año menor es quien le daba instrucciones sobre prácticamente cualquier tema.

Con los tiempos de exámenes avecinándose, y con el torneo de primavera a la vuelta de la esquina, el equipo femenino de voley de Fukorodani no podía sufrir la desgracia de perder a su As si es que no pasaba los exámenes finales, pues como siempre Koemi estaba al borde del abismo de tener que tomar de nuevo varias evaluaciones. Por ello es que Kimiji siempre terminaba pasando tardes enteras e incluso el fin de semana para corroborar que su capitana estudie como se debía y no desperdiciar ni un momento.

— Gracias de nuevo por venir, Akaashi. —mencionaba Bokuto con cierto tono culpable mientras llegaban a su hogar, ya sería la tercera vez en la semana que se juntarian únicamente para estudiar.

— No es nada, Bokuto-san. —respondía con tranquilidad al tiempo en que ambas se quitaban los zapatos al entrar, pero antes de que su capitana comenzase llenarla de halagos por siempre ayudar y demás, la madre de ésta apareció.

— Bienvenida de vuelta, Koemi. —decía con tono dulce, rápidamente notando la presencia de la invitada— Oh, y Akaashi-chan también ¿Otra vez a estudiar? —preguntó más como juego, ya que no era la primera vez que Kimiji les visitaba— Hatsu también vendrá, seremos varios en la cena. Esfuércese estudiando —comentaba mientras volvía a evocarse a lo que hacía momentos atrás.

—Ohh, hace tiempo mi hermana mayor no viene a cenar, será estupendo. —celebraba Bokuto mientras subían escaleras para llegar a su habitación.

Aunque ya había estado varias veces de visita, Akaashi no terminaba de acostumbrarse a la dinámica de aquel hogar. Siendo primeramente una vieja casa acoplada a la gran familia de los Bokuto, porque eran cinco hijos, sumada la mayor que tenía su casa propia, nunca había silencio real. Además de que Akaashi nunca había visto a la familia de Bokuto completa, si bien había visto fotos e oído historias de ellos antes, hasta el momento no había tenido la dicha de presenciar a todos en un mismo lugar. Y claramente no tenía mucha intención de hacerlo, puesto que en las horas que estuvo insistiendo que Koemi se concentrará en estudiar, cuando la hora de la cena se acercó Kimiji simplemente se levantó con toda la intención de irse.

— ¿Tan pronto? —se quejó Bokuto como si no hubiese sido obvia hasta ese momento— Quédate, el donburi que prepara mi madre te encantará. —intentó convencerla atrapándola por la espalda en un abrazo, como si eso impidiera que termine de colocarse su chaqueta.

Por más nerviosa que se encontraba por la sorpresa del acercamiento, Akaashi evitó que el rubor invadiera su rostro y se giró aún teniendo a Bokuto cerca— Se que lo hará, pero hoy no, no quisiera interrumpir su reencuentro familiar. —la apartó con delicadeza para continuar su preparación de partida.

— Está bien, pero mi madre se enojará si te vas así. —jugó su última carta cruzándose de brazos, siguiendo a Akaashi hasta fuera de la habitación.

—Me disculparé con ella entonces. —replicó con firmeza, aunque por supuesto que al llegar a la planta baja y encontrarse con la madre de Koemi, antes de siquiera poder hablar, la mujer tuvo la misma reacción que su hija.

— ¿Te vas tan pronto? —con cierto tono desilusionado, continuó con la misma táctica— Te encantará el donburi que estoy preparando, falta muy poco, Hatsu y los demás no tardan en llegar.

— Sé que me encantaría, pero es tarde y no quiero importunar en su cena familiar. —se inclinó levemente en forma de disculpa, pero para su sorpresa la respuesta que recibió no era una que pudiese refutar.

— Justamente por eso también, Akaashi-chan, la última vez que te fuiste de noche me dejaste con el corazón acongojado de preocupación. —llevando su mano al pecho para más énfasis, Kimiji veía con claridad de quién era que Koemi había sacado su lado dramático. Pensándolo por tres milésimas de segundo, quizás tenía un punto. Era perfectamente entendible no dejar ir sola a una estudiante en las frías noches de Tokio, y en ese pequeño espacio de silencio acabaron por lanzarle el argumento final— Además no nos importunas para nada, al contrario, es un gusto tenerte con nosotros.

Aquellas reconfortantes palabras sumadas a la sonrisa que le dedicaban tanto madre como hija estuvieron a punto de vencerla, pero firme en su decisión, se disculpó una vez más y se despidió. Pero cuando se volteó en dirección a la puerta, ésta se abrió dejando entrar al resto de la familia Bokuto.

Comenzando por el par de gemelos, mayores a Koemi por algunos años, quienes reían y se fijaron inmediatamente en ella al llegar— Ohh, Akaashi-chan también está. —comentó uno con contento.

— Estaba a punto de irme. —con otra reverencia tanto de saludo como de disculpa, quiso abrirse paso antes de que le cierren la puerta.

— Pero nosotros acabamos de llegar. —dramatizo el otro, mostrando que la genética era fuerte en esa familia.

Pero no existió mayor prueba que a la continuación se presentó ante Akaashi.

Con cabello platinado y mirada curiosa, la bella figura femenina que cruzaba la puerta para también cerrarla se presentaba algo agitada pero con una sonrisa. Llevando de inmediato a la mente de Kimiji el recuerdo de las veces en que su capitana llegaba tarde, y de las innumerables veces en que volvía a enamorarse de ella.— Disculpen la tardanza. —articulaba junto con una risa— Es increíble que acepté una carrera con estos dos. —mencionaba mientras se quitaba sus zapatos al tiempo que se recuperaba de lo que parecía haber sido una maratón.

Toda la prisa que Akaashi tenía por irse se congeló en ese instante, en el que admiraba a quien claramente era la primogénita de los Bokuto, se giró un poco para comparar a las hijas de la familia y afirmarse en sus adentros que claramente habían sido bendecidas con una gran belleza. Una muy distinta de la otra pero sin dejar de ser diamantes en bruto, Koemi tenía un cuerpo más robusto que su hermana y obviamente un manejo distinto de la gracia en sus movimientos, pero el solo pensar en qué tantas cosas le encantaban de su capitana solo le recordaba el porqué debía irse.

Se sentía demasiado cómoda.

La ironía de que en una familia tan ruidosa como numerosa encontrara la tranquilidad, solo era una falsa sensación de sentirse parte, sentir que si tuviese la osadía suficiente para expresar lo que su corazón había apresado como un sentimiento vergonzoso, todo saldría bien.

Pero no podía vivir de fantasías, así que se dispuso a retirarse de una buena vez.— Con permiso, pero debo irme.

Ya por tercera vez, escuchaba la misma respuesta— ¿Tan pronto? Te perderás el donburi de mi madre.

— Sí, será una pena. —respondió brevemente colocándose los zapatos, y sintiendo como a sus espaldas el resto de los Bokuto hacía señas para que le insistiera en que se quedara, incluso llegando a soltar un "Se llama Akaashi" en un murmuro mal disimulado.

Girándose para definitivamente saludar de gesto a la familia, fue sorprendida de nuevo— Por favor Akaashi-chan, quédate. —en una súplica superficial de la mujer que acababa de conocer, Kimiji se encontró petrificada ante su deslumbrante belleza— La noche está muy fría y no creo sea bueno si una jovencita como tú deambule sola por las calles, será mejor que te quedes, por favor.

A pesar de que los argumentos siempre habían sido los mismos, el énfasis en su voz sumado al gesto que había tenido de apoyarle la mano en el hombro le habían quebrado. La ruptura del espacio personal de los Bokuto le vencía una vez más— Está bien, me quedaré. —mencionaba casi embobada, era realmente débil.

Claro que el hechizo se rompió cuando de repente todos los presentes festejaron contentos, y Akaashi se percató que había caído en una trampa de toda la familia. Suspiró al volver a dirigirse escaleras arriba con Koemi.

— ¡Sabía que mi hermana lograría que te quedes! —festejó Bokuto entrando en su habitación de nuevo, aunque viendo todo lo que había desplegado para estudiar seguía intacto, suspiró resignandose a continuar.

Notando que Koemi se había sentado diligentemente a continuar estudiando, Akaashi sonrió teniendo misericordia de su capitana— Podemos tomar un descanso del estudio, Bokuto-san.

— ¡Genial! —suspiraba esta vez de alivio, lanzándose a su cama sin un momento de vacilación.

— Tengo que decir que hoy tuviste un desempeño remarcable. —le halagó sentándose en el borde de la cama, siempre queriendo acortar la brecha de la cercanía normalmente aceptada.

— Sí, me esforcé el doble porque sabía que mi hermana vendría. —cerrando los ojos para descansar un momento, y aún con la sonrisa en el rostro, continuó— Ella es grandiosa.

A pesar de que no se sentía ninguna vibra de infravaloración en la voz de Bokuto, Akaashi sabía muy en el fondo que existía tal comparación. Poco más de diez años separaban a la hija menor y mayor, sumados a los tres varones entre medio, todo en la familia Bokuto era una batalla silenciosa e inconsciente sobre quién brillaba más, quién era más carismático, más ruidoso, más atlético, más inteligente, todo era sobre egos. No por nada cada que les visitaba, Kimiji notaba a su capitana más callada a comparación de en cualquier otro ámbito, no porque retrocediera en la batalla sino porque simplemente había demasiado contra que luchar.

Pero con Bokuto allí, tan serena y bella, recostada como si estuviese esperando un beso que le quitara algún hechizo, Akaashi se vio tentada a realmente acercarse a depositar un beso en los labios ajenos al tiempo en que lo dicho anteriormente fuese negado.

"Tu eres grandiosa"

Es lo que quería decir, pero en realidad no pudo resistirse a su segunda opción mental— Es muy hermosa también… —concordando en un murmullo tímido, de cierta forma se quitaba ese peso de haber comparado a Koemi y su hermana, por más que nunca tuvo dudas de a cual prefería.

— ¿¡Verdad!? —decía con orgullo al tiempo que volvía a abrir los ojos con la misma energía de que si realmente hubiese descansado cien años— ¿No te había mostrado fotos de ella? —preguntó con un poco de confusión al recordar que no sería sorprendente haberla visto dos veces.

— Sí, pero conocerla en persona es algo distinto. —la energía y carisma que irradiaban los Bokuto siempre era una experiencia única al conocer a cada integrante— Tampoco conozco a tu hermano mayor.

— ¿Uh? ¿Realmente aún no conoces a Nao? —preguntó extrañada, imposible no habérselo cruzado al menos una vez.

Akaashi negó con la cabeza— Siempre estaba estudiando o trabajando, nunca tuve oportunidad.

— Perfecto entonces, creo que ahora él está trabajando en su proyecto final aquí en casa, así que estaremos todos en la cena. —sonrió y sin lugar a pausas la tensión de la electricidad bajó por un momento, llamando la atención de ambas— Ese es él probando el proyecto, no sé qué hace pero gasta mucha energía en ello. —explicó Koemi brevemente— Ha llegado hasta dejarnos sin electricidad durante horas.

— Entonces será un golpe de suerte para ti si es que esta noche no nos permite continuar estudiando. —mencionó con una sonrisa algo juguetona, a pesar de saber que Bokuto realmente necesitaba continuar esforzándose.

Luego de una risita que demostraba estar de acuerdo con no estudiar, Koemi se sentó junto a su vice-capitana, cambiando de tema algo radicalmente— Akaashi, mis senos molestan de nuevo ¿Qué será? —se quejó justamente tocándose en un intento inútil de acabar con su ligera molestia— Mira, no se siente malo pero.. —intentando tomar la mano ajena para que también probara el tacto, Kimiji se negó rápidamente.

— Deben continuar creciendo, Bokuto-san, nada más. —apartando su mano en un gesto de pura mesura, no quería sucumbir ante el deseo profundo de tocarla. Por más que fuese por un momento y a fines para nada románticos, no quería continuar alimentando falsas fantasías.

— ¿¡Aún más?! —parecía quejarse, habiendo omitido el rechazo de Kimiji.

— Sí, es la suerte que corre para cada quien. —sentenciaba al tiempo en que se ponía de pie dirigiéndose al lugar del cuarto en donde había dejado su bolso, estableciendo distancia para calmar el barullo mental que se había ocasionado en solo un momento.

— Pero qué dices Akaashi, si tu también tienes buenos pechos. —soltó Bokuto con total naturalidad, rápidamente notando que lo dicho había provocado un rubor remarcable en el rostro de su compañera— Quiero decir, a comparación de las otras chicas como Konoha o Komi no estás para nada mal, no es una exageración como Kuroo pero sí como para decir "Ah, Akaashi sí se ve bien"

En la verborragia de Bokuto, Akaashi no alcanzaba a procesar todo con la tranquilidad que requeriría. No tenía la misma relación con ella que con Kuroo o con el resto de las chicas de tercero, y la forma en que acabó diciéndolo tampoco aclaró mucho— ¿Tu crees que me veo bien? —mencionó con un hilo de voz, sin compadecerse un poco de sí misma por creer que Bokuto era bellisima ante sus ojos, aunque al mismo tiempo no podía creer lo vergonzoso que se había vuelto el momento.

— ¡Claro que sí! —exclamó ahora también ruborizada— ¡Y-y no me refiero solo a tus pechos! —agregó como si fuese necesario— Todo en ti es súper lindo, Akaashi. Tus piernas, tus manos, tus mejillas ¡Incluso tus pestañas son perfectas! —enlistó con euforia, al punto de haberse puesto de pie hasta llegar hasta donde Kimiji se encontraba.

Totalmente estupefacta, como si la escena solo fuese una de las miles de fantasías que imaginaba, que sabía nunca sucederían, estaba teniendo lugar en ese mismo instante. Como si realmente no hubiese creído lo que escuchaba, y sin ser consciente del acercamiento y de lo que podría llegar a significar si tan solo devolviera los halagos, Akaashi solo pudo bajar la mirada y articular un "Gracias", que cargaba más duda que la genuina felicidad interna, y se quedó sostenido en el aire hasta que la voz de la madre de Koemi quebró el ambiente.

La cena está lista. —se oyó desde fuera de la habitación e inmediatamente después una nueva baja en la tensión de electricidad— ¡Nao, deja eso antes que comamos en la oscuridad!

Aunque ambas sonrieron aún nerviosas por la escena armada momento atrás, Bokuto tomó la iniciativa de irse— Esa fue una pésima introducción para que conozcas a mi hermano… —mencionó con una risita, abriendo la puerta y dejando atrás la tensión que las aprisionaba.

Akaashi solo pudo sonreír un momento estando de acuerdo, luego bajando las escaleras en silencio, aunque justamente eso sería lo último que habría en esa casa, pues las conversaciones que el resto de la familia tenía era un sonido de fondo constante.

Llegando al comedor, la madre de Koemi estaba sirviendo las porciones, y al verlas llegar sonrió con contento— Siéntate allí, Akaashi-chan. —le señaló la mujer.

Como se lo habían ordenado, Kimiji tímidamente tomó lugar en la punta de la mesa, pudiendo ver que en el otro extremo la hija primogénita hablaba animadamente tanto con su padre como con los hermanos gemelos que hacían comentarios y acotaciones como si fuese respirar. Teniendo a Koemi a su derecha, el lugar vacío a su izquierda fue justamente llenado por el Bokuto que hasta ese momento no conocía.

— Ella es Akaashi. —le presentaba Koemi al tiempo en que Kimiji hacía una leve reverencia con la cabeza, como si estuviesen completamente sincronizadas.

— Nao, un gusto conocerte. —chocando completamente con la energía de todo el resto de Bokutos, solo se había presentado brevemente sin mucha emoción, después recibiendo su plato de comida para luego agradecer y comenzar a devorar.

Aunque con un poco de sorpresa por no reconocer la energética vibra del resto de la familia en él, Akaashi volvió a darle una mirada a toda la mesa. Ya encontrándose todos comiendo al mismo tiempo en que seguían concentrados en la anécdota que contaba la hija mayor, fue como verlos en su ambiente natural.

Como si no se encontrase a sí misma en medio de todo aquello, Akaashi contó los lugares de la mesa, usualmente los Bokuto ocuparían siete lugares, pero con ella allí la mesa estaba completa. Como si esa silla estuviese esperando para que llegase.

Como si realmente tuviese un lugar en esa familia.

Sonrió con lástima de sí misma por tener esa clase de pensamientos y volvió a la realidad, disponiéndose a comer, pero antes de siquiera probar bocado notó que la madre de los Bokuto no le había colocado salsa a su porción, probablemente en el desconocimiento de cuánto querría ella.

Buscó con la mirada el recipiente de salsa y lo encontró al otro lado de la mesa, y sin querer ser irrespetuosa decidió que lo mejor era pedirle ayuda a su capitana— Koemi… —dijo al tiempo en que tocaba el brazo de la susodicha. Al percatarse que nombrarla de aquella forma se sentía tan natural su corazón se aceleró, y su palpitar solo acrecentó al momento en que los ojos curiosos de su amor platónico se centraban en ella esperando una respuesta— ¿Podrías alcanzarme la salsa teriyaki? —articuló con serenidad, a pesar de que en su interior sus pensamientos eran un caos.

— Seguro. —respondió y rápidamente volteó hacia la familia— ¡La salsa teriyaki para Akaashi por favor! —habló para todos y como si fuese totalmente cotidiano, el recipiente de salsa pasó de mano en mano por cada integrante al tiempo que decían "La salsa teriyaki para Akaashi" de forma juguetona.

Agradeciendo el esfuerzo de todos para hacerle llegar lo pedido, Kimiji una vez más sintió su corazón estrujarse de contento, de alguna forma todo era demasiado bueno. Sin haber peros en aquella afirmación, el resto de la cena transcurrió tan tranquila como se esperaría de la familia.

Cuando acabaron de comer, el hermano mayor que prácticamente no había hablado durante toda la noche, al fin dejaba ver la genética que corría en sus venas— Ah, que molestia, tengo que volver con el proyecto. —se quejó al aire, una táctica clásica que Akaashi había reconocido de los Bokuto para dar conversación, o en este caso hacer que la atención de la conversación se centrara en él.

— Pues no vayas, quédate con nosotros un poco más. —resolvió su hermana menor, cayendo de lleno en el anzuelo.

— Para ti es simple decirlo, yo no puedo arriesgar mi promedio en el último año. —le pico ligeramente, lanzando la primera piedra para una discusión— ¿No se supone que estás en época de exámenes?

— Sí, justo por eso tengo a Akaashi aquí para estudiar. —Koemi extendió su mano señalándola como lo obvio.

— Oh, así que Akaashi te ayuda a estudiar. —ahora dirigiendo su mirada a Kimiji, ésta la sostuvo imperturbable a la espera de algún comentario tajante que tuviese que retrucar— Realmente se te agradece la paciencia que tienes con mi hermanita, es terca para aprender. —le sonrió a pesar de saber que aquello solo haría enojar a Koemi.

— ¡Claro que no, los temas son muy difíciles! —se defendió de inmediato la susodicha.

Sonriendo un momento en respuesta, Akaashi no podía estar más de acuerdo con lo dicho— Sí, aunque una vez que toma el ritmo puede hacerlo bien.

— ¡Akaashi, se supone que deberías decir que aprendo rápido! —se quejó con aire a traición.

— Lo siento, a veces tu aprendizaje sí es tardado. —no podía tapar el sol con un dedo, y el resto de los Bokuto, que no sabía en qué momento se habían unido a escuchar, rieron dejando a Koemi con los brazos cruzados, caprichosamente molesta con aquellas palabras.

— Das tu mejor esfuerzo, que es lo que importa. —fue el intento de consuelo que quiso darle su hermano mayor, quien en realidad había sido quien arrojó la primera piedra— Pero yo con solo esfuerzo no haré que mi proyecto funcione correctamente, así que me retiro a continuar con ello. —mencionó levantándose de la mesa y dirigiéndose a las escaleras, para desde allí decir de forma juguetona— Perdónenme de adelantado si es que los dejo sin electricidad.

Ante las quejas de los gemelos mezclados con el "Esfuerzate" que decían los padres, Koemi sumó su propio anuncio de partida— Akaashi y yo también nos iremos, hay mucho que estudiar aún. —como si no fuese suficientemente obvio que había quedado molesta por los comentarios de hace momentos, agregó casi como gruñido— No dejaré que el cerebrito de Nao tenga razón.

Sabiendo que Koemi lo había tomado como un desafío, Akaashi no mencionó nada, al tiempo en que pensaba en el comportamiento del Bokuto que acababa de conocer. Era otra pieza para entender el funcionamiento de aquella peculiar familia, y mientras veía como su capitana volvía a centrarse en el estudio con más ímpetu que antes, comprendió que Nao lo había hecho solo para disparar esa chispa de competitividad que parecía necesitar Koemi.

Con el constante recuerdo de que su hermano también estaba esforzándose, Bokuto fruncía ligeramente el ceño cada que veía la tensión eléctrica bajar. Mientras que Akaashi, ya sintiendo que su capitana había estudiado lo suficiente, sacó de su bolso unos pequeños bombones que siempre compraba para animarla si era necesario.

— Toma, has logrado mucho hoy. —le dijo con una sonrisa al entregárselo.

— ¡Ohh! ¡Eres la mejor Akaashi! —cambió de ánimo completamente al tomar el dulce, aunque una vez se lo había llevado a la boca, mencionó— Pero no deberías premiarme como una mascota, no me gusta.

Akaashi sonrió sabiendo que de cierta forma mentía, Koemi adoraba ser mimada de esa manera y así poder obtener siempre lo mejor— Sé que no eres para nada como una mascota, Bokuto-san. —sonrió volviendo a acomodarse para continuar su propia lectura.

— Oh, ya volviste a llamarme de esa forma. —se quejó y Akaashi le sostuvo la mirada sin saber a qué se refería— En la cena me llamaste por mi nombre de pila, creí que volverías a hacerlo. —explicó con cierto puchero al hablar, pidiendo claramente que lo haga de nuevo.

— Todos en la mesa eran "Bokuto-san" así que creí más conveniente llamarte así. —sin exteriorizar lo mucho que había disfrutado ese momento de intimidad por más pequeño que fue, Akaashi continuó con la mirada en su libro.

— Puedes llamarme por mi nombre si quieres. —mencionó con una sonrisita ahora siendo un poco más directa.

— Lo tendré en cuenta. —conteniendo la sonrisa que quería escaparse de sus adentros, también deseó ser llamada de esa manera tan íntima como jovial— Supongo que también puedes llamarme por mi nombre de pila si lo deseas.

— ¡Genial! —respondió al instante, dando prueba que realmente quería hacerlo— Kimiji~ —aprovechó hasta agregándole cierta tonada dulce al pronunciarlo.

Ya sin caber en su contento, Akaashi sonrió aún con la vista en su libro, a pesar de no poder concentrarse del todo para continuar leyendo, decidió también rendirse ante el momento— Koemi-san~ —imitando el tono dulce de su capitana, le agregaba el sufijo respetuoso que no podía quitar, más que nada para mantener la compostura.

Aunque claro que Bokuto le llegó igual de potente aquel pequeño nombramiento de su persona, llevando sus manos al lado del corazón y la cabeza hacia atrás como si hubiese recibido un golpe de ternura al oirla— ¡Suena tan lindo cuando lo dices!

— Sí, sí, mejor volvamos a concentrarnos… —mencionó ahora con un ligero rubor en sus mejillas, y bajando su mirada nuevamente en un intento de volver a enfocarse en su lectura, por más imposible que pareciera.

Aunque claro que para Bokuto no acababa allí, pues a pesar de que cumplió durante unos segundos, volvió a hablar aún notablemente contenta— Kimiji~ —nombrándola para captar su atención nuevamente, Akaashi le miró un segundo al tiempo en que se acercaba un poco para ver qué parte la lectura quería que le explicase. Muy contrariamente a lo que esperaba, Koemi suspiró y con un hilo de voz pero aún una sonrisa, preguntó— ¿Me dejarías... besarte?

Como si hasta la mismísima realidad no lo creyera, al tiempo en que Bokuto acababa de hablar la tensión eléctrica vaciló hasta el punto en que colapsó y quedaron sumidas en la oscuridad de la habitación.

Después de un pequeño momento de silencio, Koemi volvió a decir esta vez con tono cansada— Sabía que esto pasaría. —levantándose de la cama y tanteando su mesa de noche, encontró su celular con el que iluminó un poco su camino— ¡Gracias por nada, Nao! ¡Ahora desaprobaré mi exámen! —se quejó gritando hacia el pasillo, de donde rápidamente encontró una respuesta "¡Ibas a desaprobar de todas formas!"

Cerró la puerta y alumbró a Akaashi, quien internamente continuaba creyendo que lo dicho por Bokuto no había sido nada más que mera invención de su imaginación, le dijo de forma reconfortante y corta que llegó a dudar de que había pasado. Por fin saliendo de su estupefacción, habló, pero aun podía sentir los latidos de su corazón desbocado— Lo has hecho bien hasta ahora, sí que aprobarás.

Koemi sonrió débilmente, un poco derrotada por todo, habló con pena de sí misma— No, Akaashi. No lo hice bien… —claramente en su modo deprimido, antes de que Akaashi pudiera refutar, Bokuto continuó sin referirse específicamente al estudio— Perdona por lo que dije antes, estuvo de más. —Kimiji la observó extrañada durante un momento, aún sin caer en la idea de que realmente le había pedido besarla. Pero mientras más prolongado era ese eterno segundo, Bokuto no podía más de angustia— Sé que quizás te haya sorprendido y hasta asqueado pero te veías tan… tan hermosa… que no pude evitarlo…

Solo bastó que Koemi suspirara esa última frase con tal anhelo para que Akaashi volviese a la realidad y rebobinara el momento en su mente. Su capitana, su amor platónico y sueño más recurrente estaba allí, desmoronándose porque ella no había sabido distinguir la realidad de la fantasía.

Pero mientras más tiempo transcurría, con Akaashi aún procesando cada instante en su mente, a Bokuto no le quedaba otra opción que esperar cualquier tipo de respuesta. Pero como todo en su vida, no podía aguardar en silencio cuando su cuerpo le gritaba moverse, o en este caso partirse en llanto pidiendo perdón por arruinarlo todo— Pero mejor olvidémoslo ¿Si? —atinó a hablar a pesar de que sabía su voz no era estable— Fue solo una broma…

Fue solo después de aquellas palabras que Kimiji volvió a dirigirle la mirada, que hasta ese momento se encontraba perdida en algún lugar del suelo, escalando rápidamente para fijarse en su rostro, con firmeza se puso de pie para acercarse poco a poco— ¿Bromearías con eso? —apuntó ladeando ligeramente la cabeza— ¿Jugarías así con mis sentimientos… —susurrando dudosa ante la sola idea, acabó enfatizando— y los tuyos?

A pesar de que su voz se quebró al hablar, la cercanía que poseían le daba aún más crudeza a la situación. Al poder ver de primera mano como los ojos de Koemi se llenaban de lágrimas al tiempo en que solo negaba con la cabeza, todos los pensamientos de Akaashi apuntaban a un solo resultado— No, es algo con lo que no jugaría tampoco…

Pero aún así nunca lo había considerado en realidad.

No al menos hasta el momento exacto en que se atrevió a acortar aún más su distancia, tocando el rostro ajeno y rozando sus labios al tiempo en sentía como Koemi esbozaba una sonrisa. Relajadas como si el pesar reciente nunca hubiese existido, no pudieron disfrutar mucho del momento, ya que de repente Bokuto la apartó rápidamente llegando a retroceder unos pasos.

Desconcertada y triste, al principio Akaashi no entendía el porqué de aquel comportamiento, pero todo se aclaró rápidamente. Bokuto probablemente ya tendria incorporado un sexto sentido para saber cuándo su madre se acercaba, pues las tablas de madera del pasillo crujían a cada paso y definitivamente aquel instinto no había fallado. Efectivamente al apenas separarse la puerta se abrió, y ambas agradecieron el poder distanciarse a tiempo.

— Koemi, cariño… —iluminando el lugar con una lámpara de lava que traía en sus manos, la madre de los Bokuto pidió disculpas a ambas chicas— Sé que no será lo mismo pero tengan esto para no quedarse completamente a oscuras.

— Está bien mamá, gracias. —acotó Koemi claramente nerviosa— Ya nos quedaba poco que estudiar y estábamos por irnos a dormir ¿Verdad, Akaashi?

Kimiji fue tomada por sorpresa al ser incluida en la conversación, pero acotó— Sí, Koemi-san prácticamente domina el tema y el día ha sido largo.

— Me alegra oír eso, que tengan buen descanso entonces. —les sonrió para luego irse, dejando a ambas chicas suspirar de alivio.

Mientras Bokuto llevó la lámpara hasta su escritorio, en sus adentros Akaashi recordó haber oído que el hermano mayor de la familia tenía una colección de estas, y que aunque a Koemi también le fascinaran nunca la permitieron tener una. Más con aquel brillo azulado y violáceo iluminandolas, todo se sentía en su lugar.

Una vez que Kimiji volvió a sentir la mirada ajena sobre su persona, sintió un leve escalofrío recorrerle, recordándole lo que había sucedido minutos atrás — Creo que de verdad tendríamos que prepararnos para dormir… —sugirió la capitana viendo de arriba a abajo a su compañera, quien al igual que ella aún traía el uniforme puesto.

— Sí, de repente me siento cansada. —bostezó Akaashi claramente fingiendo, la noche apenas estaba por comenzar.

Ya estando ambas con su ropa de dormir puesta, sentadas en el borde de la cama de Koemi, fue Kimiji quien terminó por romper el silencio en el que se habían sumido durante los pasados minutos— Hace tiempo que me gustas, Bokuto-san… —comenzando por lo obvio, de inmediato sintió la mirada ajena, sabiendo que probablemente su capitana no sabía por donde encarar el tema, lo abordó sin muchos rodeos— Aunque tenía mucho miedo de ser rechazada...

— Yo también... —acotó de repente, aún sabiendo que le había interrumpido, tomó su mano para más énfasis— Llevo demasiado con estos sentimientos, no podría haber esperado un día más. —sonrió nerviosamente, ansiosa de lo que haría y diría a continuación— ¡Me gustas tanto, Akaashi!

Abalanzándose sobre Kimiji para abrazarla efusivamente, Bokuto comenzó a besar cortamente sus mejillas y cuello, sacándole en el proceso una risa más relajada— Baja la voz, podrían oírnos. —le advertía a pesar de no hacer nada para detenerla.

— Que me escuche Tokio entero, ya no tengo que callarme. —se detuvo un momento, contemplando a Akaashi que yacía debajo, con una sonrisa tranquila y un carmín adornando sus mejillas— ¿Dormirás conmigo, verdad? Para eso sí tendremos que ser silenciosas. —mencionó con tono pícaro, rápidamente cumpliendo su cometido de ruborizar aún más a Kimiji, quien no se quedó atrás en el tema.

— Siempre eres tú quien termina gritando. —retrucó de inmediato, sorprendiendo a Koemi y enrojeciéndola en la misma medida que la hacía sonreír aceptando el desafío.

Volviendo a besarse con más intensidad que la primera vez, ambas exploraban la nueva dinámica que estaban probando en su relación que hasta ese día había sido puramente de amistad. Con Bokuto marcando el ritmo del beso al tiempo en que se esforzaba por no caer por completo sobre el cuerpo de Akaashi, ésta se atrevía poco a poco a tocar cada vez más el cuerpo de su capitana, hasta el punto atreverse a meter ambas manos debajo de su camiseta.

Removiéndose de la sorpresa, Koemi rompió el beso que se estaban dando en ese momento, a lo que Akaashi aprovechó para hablar— Estoy corroborando que no tengan nada malo, como me pediste antes. —tanteando tanto el pecho ajeno como la aceptación al tacto, Kimiji se sintió libre de continuar al oír que Bokuto reía ligeramente para luego suspirar de placer.

Apretando suave y masajeando constantemente, también besando de forma devota el cuello y clavícula de Koemi, como si todo fuese nada más que una fantasía erótica de Akaashi, Bokuto le recordaba que no al comenzar a murmurar lascivamente su nombre, incluso susurrando cuando algo le gustaba.

Escalando cada vez más en la intensidad de sus acciones, Kimiji estaba a punto de subir completamente la camiseta de su capitana con toda la intención de quitásela, y aún con los suspiros de Koemi resonando en la habitación, la electricidad volvió de repente, rompiendo por completo el ambiente.

— Ah… creo que debería… —articuló Bokuto todavía con voz tambaleante.

— Sí... —Akaashi quitó sus manos dando espacio para que se levantase y mientras Koemi se dirigió hasta el interruptor del cuarto, ella también se puso de pie para destender la cama y así adentrarse entre las sábanas. Sin tardar en apagar la luz de nuevo, Koemi le siguió y en el pequeño momento que estaba volviéndose a crear entre besos y caricias pequeñas, Kimiji se detuvo un momento para hablar— Eres la más grandiosa.

Sorprendiéndose ligeramente por lo que oía, Bokuto no sabía porqué es que se sentía de alguna forma conmovida, pero de lo único que estaba segura era de que Akaashi era lo más preciado del mundo. Volviendo a besarla esta vez con más ímpetu que antes, entrelazando sus piernas y acercando más sus cuerpos, ésta vez era Koemi quien se atrevía a más.

Acariciando primero la cintura de Akaashi, pasando lentamente por su espalda y recorriendo el camino de la columna, Bokuto provocó algo parecido a un gemido que en realidad fue ahogado su beso, pero aún fue sorpresivo— ¿Estás bien? —preguntó con cierta preocupación.

Akaashi solo asintió con la respiración ajetreada y sin mediar palabra tomó la mano de Koemi por debajo de su ropa, dejando claro su irrefrenable hambre de sensaciones. Aunque Bokuto quería ir un poco más lento, cumplió las demandas de Kimiji tal y como ella siempre le cumplía sus caprichos.

No tenía idea de que lo que parecían simples caricias y toqueteos provocaban en Akaashi tan grandes repercusiones, sean ocacionadas por reprimir tanto sus emociones o simplemente por el inmenso anhelo de aquellas acciones, quemaban su cuerpo como brasas que amenazaban con consumirla por completo. Claramente volviéndola muy ruidosa en el proceso.

Así que Koemi no tenía otra opción más que acallarla mediante besos, que más que calmarla solo encendían más la llama de su libido. Pero ya teniéndola acorralada contra la pared, tocando efusivamente su pecho, Bokuto pensó con su última pizca de raciocinio que ya no debía tentar así a su suerte.

Sus hermanos dormían en la habitación contigua, y a pesar de que sabía ellos dormirían como troncos, que escuchasen así a Kimiji era algo que no permitiría en un millón de años.

— Quisiera tener el dinero para ir a un motel… —apartando sus manos del cuerpo ajeno, suspiró recobrando aliento y tomó el rostro de Akaashi— Que todo Tokio te escuche, pero mi familia no.

Riendo avergonzadamente, aún alterada por las sensaciones que persistían en su cuerpo, Kimiji no cedió en su respuesta— Al menos invítame a una cita antes de proponer algo así.

— Te invitaré a cien citas entonces.

— Son demasiadas, no podré esperar tanto.

— Es verdad, eres una pervertida~ —bromeó al tiempo en que silenciosamente la rodeaba en un abrazo.

— Koemi-san lo es también. —retrucaba mientras llevaba la mano de Bokuto hasta su cintura, incitando a acariciar un poco más abajo y llegar al muslo.

— Sólo porque me tientas demasiado… —susurraba cercanamente, pudiendo abstenerse de tocar más de lo debido.

—Adoro hacerlo. —sonreía satisfecha, acomodándose para encajar mejor en el abrazo.

Con la tranquilidad y silencio inundando el ambiente pasados varios minutos, finalmente Bokuto suspiró con contento al tiempo en que besaba suavemente la frente de Kimiji, luego diciendo— No puedo esperar para la siguiente reunión familiar.

— ¿Por qué? —acotó sin molestarse siquiera en abrir los ojos, ya lista para caer dormida.

— Porque podré invitarte.

Solo esas simples palabras bastaron para hacer a Akaashi la persona más feliz en la tierra, después de tantas negaciones internas y anhelos, después de tantas fantasías que creía nunca se concretarían. No podía creer que ahora esa era la verdad.

Que ese deseo era mutuo y era real.