La búsqueda ya había empezado, todo el pueblo estaba enterado. Los carteles pegados en cada poste y espacio público, donde cada uno de los habitantes de un pequeño y peligroso pueblo pudieran verlo. Quienes se proclaman a sí mismos como "amigos" del desaparecido, rebuscaron bajo cada bloque de cada casa, cueva y bioma que los dioses le permitían, preguntando por el muchacho a cada valiente y amable viajero que se cruzaban por el camino, pero todos negaban saber su paradero, fue totalmente en vano.

Hace días que Luzu no aparece por ningún sitio, días en los que de repente el ambiente en Karmaland parece ser más frío y gris de lo normal, el aire es denso y las penas se pueden respirar más intensas, como si la poca calidez que le quedaba al poblado se desvaneciera de la mismísima nada junto al chico. La noticia también se difundió por todo pueblo vecino.

Rubius está confundido. Fargan preocupado. Vegetta y Lolito sumergidos en un blanco completo. Willy finge que el tema no le interesa, sin embargo, es todo lo contrario. Mangel está que aún no se ha enterado de nada. Auron no sabe qué pensar...

Y el pobre Alex está tan angustiado... su semblante de niño devastado bajo ese casco lo expresaba todo. Porque además, tuvo que ser quien reportara la desaparición. Tras tantos días yendo hasta la casa se Luzu, escribiéndole al móvil y preguntándole si estaba allí para que le deje pasar un momento con él, cosa que no era un "Porque sí", pues hace tiempo que notaba ese apagón que cargaban las orbes castañas rodeadas de ligeras ojeras, las que usualmente sólo poseen luz y buenas intenciones, (Tan así que hasta envidia le daba), por lo que hacía visitas más frecuentes para subirle en ánimo sin importar lo mucho que el pardo asegurara su bienestar y dicte que tal atención no hacía falta, que no se tome las molestias. Pero para su lamento, Luzu ya no atendía ni a sus mensajes, ya no se arrimaba a la muralla a ver qué sucedía más allá de su morada, Alex sólo asumía que tenía mejores cosas que hacer o que simplemente no estaba en casa, es lo que uno se esperaría de un hombre tan positivo y productivo en su día a día. Así por un poco más de una semana, el tiempo que todos tardaron en darse cuenta que nadie había interactuado con él hace tiempo y que tampoco yace en su casa.

"¿Por qué...?"

Todos llevaban consigo distintos sentimientos, distintas reacciones y una perspectiva de las cosas diferente, como una gran gama de colores, inacabable y única dependiendo en qué postura te pongas. Sin embargo, todos tenían en común una misma cosa: cada uno tenía en la puerta de su vivienda un sobre, una carta, pero no una cualquiera, sino, una firmada por el mismísimo Borjas, cuya alma no había dejado más rastro que aquellos trozos de papel con sentimientos encapsulados en pequeñas y sinceras frases, que a su vez, se protegían del mundo exterior mediocre en sobres especiales.

El primero en encontrar la suya fue Willy.

o

"Luzu, tienes un corazón muy grande pero un cuerpo muy pequeño. Es la maldición de ser tan humano."