Disclaimer: las obras de George R.R. Martín, incluida Canción de Hielo y Fuego no son de mi propiedad intelectual.

N/A: esta historia pertenece al reto I Certamen de los Originales, del forum Alas Negras. Palabras: 750. También es mi primera historia publicada, así qué cualquier crítica constructiva sobre cualquier aspecto es muy agradecida.

I


―…ng… ―

Lo estaban llamando.

― Ta… ―

Ahora más fuerte, pero el suelo se sentía muy blando, la sombra era fuerte y el viento estaba soplando una agradable brisa, una combinación perfecta.

―…guy. ―

Sintió una mano sobre su hombro y otra sobre su pecho, que empezaron a sacudirlo frenéticamente.

―¡TANGUY! ―

«Adiós al descanso» Sabiendo que ya no podía fingir estar dormido, abrió sus ojos para encontrarse mirando ojos exactamente iguales a los suyos, «Iguales a los de él» pensó con amargura.

― Cielos, pareces un dormidor ―dijo la chica que se acomodó a su lado y empezó a contemplar el paisaje delante de ellos.

―¿Un qué? ―dijo Tanguy queriendo parecer enojado en vez de divertido; era típico de Mariya el comentar sobre cosas que él no conocía.

― Un animal del este, le gusta dormir todo el día y se mueve lentamente, lo leí en un libro que compre de un vendedor en Lannisport, se veía igual a vos ―comentó ella, intentando no reírse.

Se encontraban en la cima de una colina, donde crecía un pequeño grupo de árboles que les estaban haciendo sombra. Desde allí podían ver las pequeñas tierras Clegane, a su derecha se encontraban unas tres docenas de cabañas dónde residía una pequeña población y más al este se podían divisar los campos de arado.

«Pronto será tiempo de cosechar». Pensó Tanguy teniendo una repentina una sensación de incomodad; sin pensarlo, giró la cabeza hacia su izquierda contemplando la lejana colina, específicamente el torreón de roca negra que se encontraba en la cima, con sus tres pisos de altura y una pequeña muralla rectangular rodeándolo, teniendo vista completa de la pequeña parcela de tierra.

Con el sol brillando calidamente, el día parecía idílico, casi se podía confundir el temor por tranquilidad, casi.

―¿Qué sucede? ―Ella le preguntó ―Ya hace un tiempo qué te la pasas frunciendo el ceño y poniendo la cara dolida ¿No te gustó mi regalo? ― Se podía sentir algo de aprensión en su voz.

―¿Qué? No, Mari amo…― Quiso decir más pero de repente sintió un fuerte dolor en su sien, súbitamente el sol se desvaneció, y las nubes se volvían cada vez más grises y se empezaron a escuchar terribles truenos.

La tierra que había entre los se resquebrajó y el lado de ella empezó a elevarse, más alto y empinado.

«¡MARIYA!» Quiso gritar pero las palabras simplemente no salían de su boca, sintiéndose sin fuerzas, Tanguy cayó al suelo mirándola impotente como se alejaba cada vez más y las nubes ahora relampagueantes, se contraían en una bola gigante y maciza, cómo si se tratara de un enorme puño.

«¿No te gustó mi regalo?» Empezó a escuchar la voz de Mariya como si aun estuviera a su lado. Por puro instinto empezó a mover su brazo por el pasto, hasta que encontró algo, pero la nube ya estaba encima de él, así que cerró los ojos y esperó el impacto.

«Perdóname»

―¿Y? Dale, dime, era de mi hermano así que si no te gusta puedo hacer que hagan uno para ti. ― Abrió los ojos como platos y vio que el sol volvía a estar brillando y todo estaba en su lugar. Sintió qué estaba haciendo presión con su mano, la levantó y allí vio en su puño un perro finamente tallado en madera algo gastada pero el animal se encontraba firme y atento. Notó que Mariya seguía esperando.

―Me encanta ―No le costó decirlo, genuinamente era así.

Mariya se tiró sobre él y lo abrazó con fuerza, Tanguy respondió de igual manera no queriendo, temiendo lo que significaría soltarla.

―No temas, yo te cuido, siempre te acompañaré, no importa lo lejos que estemos del otro. ―Le susurró al oído

―Lo sé. ― Respondió él. Al final, fue ella la que hizo que él separara los brazos…

…ot…

…Co…

…¡Coyote!...

De súbito Tanguy se despertó preparado para pelear. Pero bajó sus brazos y soltó el puñal al ver que era Jokin quién lo estaba llamando. ―Mierda chico, tenés el sueño pesado, no parabas de gemir y reírte, algún dulce recuerdo de alguna puta de Qarth? No importa, ven, Ser Abuelo nos ha convocado, pronto será la hora. ― Comentó el mercenario.

― Al fin. ― Respondió, se fijo de tener sus armas y las piezas de su armadura en su lugar, por último metió la mano en una pequeña bolsa que tenía atada a la cintura, tocó el perro tallado, sonrió y con esa certeza marchó a la batalla.