Non retreat baby

capitulo 1

Princess luchó aun más duro por empujar la bola que atenazaba su garganta hacia abajo, mientras duras lágrimas empañaban su visión dentro de su casco de motorista. Frunciendo el ceño apretó el acelerador de su g-3 , aun no era lo suficientemente rápida si aun podía pensar.

Imágenes de lo sucedido un par de horas antes flashearon por su mente como una maldita película que no podía parar. Flash¡ el "JILLS" bullendo de gente celebrando el final de la guerra. Flash¡ su equipo brindando con jarras de cerveza, aun en shock, aun incrédulos, después de tantos años de una guerra sin final, riendo totalmente desinhibidos por primera vez en sus cortas vidas. Flash¡ un Marc medio ebrio mirando y coqueteando con una chica, acercándola a su cuerpo, calentado un ambiente ya de por si desenfrenado por las altas horas de la noche y la gran cantidad de alcohol que corría, Flash¡ Marc besando lascivamente a la chica. Flash¡ Marc marchándose apresuradamente sin mirar atrás, su mundo desmoronándose a su alrededor, derrumbándose en un terremoto de emociones.

Princess miró el velocímetro, 180 km, apretó aun más fuerte, imágenes de un paisaje oscuro sucediéndose a su alrededor. Mas rápido, aún más rápido, buscando ese punto donde la concentración en la carretera y el control de su g-3 bloqueara su maldita mente.

Salió de la autopista a una velocidad alarmante, se desvió hacia la carretera que subía al parque nacional de las Montañas Negras, si la velocidad no era suficiente para acallar su mente tal vez sumar las curvas y los precipicios lo seria.

230, su voz interna le avisaba, baja la velocidad te vas a estrellar. Pero su corazón destrozado la acalló inmediatamente, ¿a quién le iba a importar si tenía un accidente? A Marc no, desde luego, estaría demasiado ocupado follándose a la despampanante rubia para darse cuenta siquiera de que ella había estado mirando. Niña la llamó, pensó en ella como una niña¡

-¡ olvídate de ella, solo es una niña¡- le había dicho al oído de la rubia cuando ella se había dado cuenta de que Princess los miraba atormentada. Su oído mejorado por los malditos cerebrotonics habían captado la frase. Las lágrimas nublaban su visión, la lluvia también.

Curva tras curva sorteaba los obstáculos que la mojada carretera de montaña ponía por delante. Rápida, furiosa, destrozada emocionalmente, Sarah June Anderson, más conocida como Princess, el cisne del equipo más competente y letal que la tierra había conocido jamás, era ahora un bomba de relojería a punto de explotar.

El final de la guerra la había cogido por sorpresa, un giro inesperado, una sorprendente y magnifica estrategia elaborada por su comandante y un gran trabajo de equipo habían terminado con la derrota de Zoltar, su mayor enemigo por años, de una manera inesperada. 19 años había estado preparándose para eso, 19 años de duro entrenamiento, trabajo, sufrimiento y soledad para terminar de golpe esa misma mañana.

La celebración había sido indescriptible, el mundo entero había salido a la calle a celebrar la victoria, era como un estallido de alegría desenfrenada que había ido aumentando conforme se acababa el día y empezaba la noche. Detrás de la barra del "Jills", Princess había sido testigo de cómo las cervezas y las bebidas iban desinhibiendo a los clientes, incluido a su equipo, que en un mar de alivio y relajación se había dejado llevar por el ambiente festivo. Jamás pensó que algo por lo que había rezado cada maldita noche desde que empezó la guerra pudiera acabar de manera tan demoledora con su vida, jamás pensó que el final de la guerra también se convertiría en el final de su vida.

250, su corazón gritaba sangrando. Su maldita mente no le daba tregua. El agua caía del cielo al mismo ritmo que las lágrimas de sus ojos. Un rayo ilumino el bosque partiendo un inmenso roble por la mitad. Con un atronador ruido cayo al centro de la estrecha carretera por la que el cisne circulaba a un ritmo endiablado y suicida.

Nunca tuvo una sola oportunidad de elegir su vida, era lógico que tampoco la tuviera sobre su muerte. Ese cínico pensamiento fue lo último que paso por su consciencia antes de estrellarse contra el árbol, eso y la cara de Marc besando a una chica anónima que había conocido en el bar donde Princess trabajaba en sus pocos ratos libres. Un alivio inundo su alma décimas de segundo antes de estrellarse, por fin iba a poder dejar de pensar para siempre. Que ironia pensó, iba a morir el mismo día en el que había nacido.