¡Hola a ti que le has dado la oportunidad a esta historia! No es la primera que escribo, pero sí la primera en la que manejo una temática tan particular. Unas advertencias vienen bien para los más sensibles, así que si no deseas leer un fanfic podrás toparte con escenas explícitas de sexo, tortura, abuso, y menciones de incesto, lo mejor será que des la vuelta.

Ahora una aclaración que también viene bien considerando lo imbéciles que las personas pueden llegar a ser por no tolerar algunos temas: Escribir sobre violación, abuso y tortura no me hace indiferente a esas situaciones y sus consecuencias. Y si crees que la gente va a empezar a creer que está bien herir a otra persona sólo porque lo leyó en un fanfic, de inmediato le estás quitando la responsabilidad que debe tener por las acciones que hace.

Bien, ahora podemos hablar un poco sobre el fanfic en sí. Está ambientado exactamente después de que Valentino pone a trabajar a Angel en las calles para recuperar el dinero que perdió por no haber grabado el gangbang. Obviamente hay cabos sueltos que se resolverán en capítulos posteriores.

Mis previas lecturas del Marqués de Sade y George Bataille me ayudaron un poco con esto. Así que seguiré buscando más referencias.


Capítulo Uno

Buena chica.


"Ojala podamos ser desobedientes cada vez que recíbimos órdenes que humillan nuestra consciencia o violan nuestro sentido común".

—Eduardo Galeano.


"Valió la maldita pena convencer a esos idiotas de venir a este sitio. Es una locura", pensó mientras apresuraba su décimo trago de vodka. El estallido de luces neones junto a la estruendosa mezcla de ritmos del deejay intensificó el efecto del líquido, ya de por si alterado con quién sabe qué cosas.

Sus ojos pronto buscaron la tenaz figura de una chica contorneando su cuerpo en una de las jaulas que colgaban del techo. Era preciosa con sus largas piernas y su abdomen firme, pero sí había algo que él adoraba era el movimiento de sus nalgas cuando movía las caderas como si estuviera montando a un hombre.

"Si hubiera convencido a más, tendría dinero suficiente para pedir un servicio privado", después de todo, los servicios privados en los bares de Valentino eran bien conocidos por la mayoría de los habitantes de Ciudad Pentagrama.

Podías ser un libertino cualquiera, un verdugo, un caníbal o un asesino, y aun así siempre encontrarías un trabajador dispuesto a realizar toda clase de hazañas para satisfacer tus más perversos instintos. Valentino no discriminaba en cuanto a gustos. Pero los servicios que él brindaba no eran gratuitos ni baratos. El dinero abría las puertas del pequeño Paraíso y si corrías con la suerte de conocer a Valentino y haberle agradado, te concedería favores de los que nadie nunca se había quejado. Favores que incluían los más grandes placeres que una pobre alma desgracia como él sólo podía soñar.

Apenas había conseguido convencer a un grupo de demonios novatos de ir a Babymoth a tomar unos tragos. Entre todos juntaron suficiente dinero para que no se les negara la entrada. No era la primera vez que lo hacía. Engañar a recién llegados (los que tenían poco tiempo de haber caído en el infierno) para que le brindaran el poco efectivo que habían logrado conseguir en sus trabajos de mierda y hacer que los mastodontes que vigilaban los echaran tras susurrarles que no llevaban dinero mientras él se quedaba a disfrutar de su estafa, era como se ganaba la vida.

No le temía a las repercusiones. Muchos de los nuevos no duraban en este lugar. Las Purgas, los mismos demonios, el ambiente naturalmente caótico y destructivo del Infierno, reducían a sus enemigos. Siempre tenía cuidado al elegir a sus víctimas, por supuesto.

—Ah, hoy ha sido un día aburrido —dijo pidiendo otro trago a la bartender, una demonia con tres ojos y diez brazos que se movían diligentemente preparando cócteles a unos clientes, limpiando la barra o acomodando vasos y copas, todo al mismo tiempo—. Oye, ¿cuándo empezará la diversión aquí? Creí que los rumores de orgías los jueves eran verdad.

Ella le miró feamente con sus tres ojos. Mierda, sí había algo que extrañaba del mundo humano era la puñetera apariencia normal de las mujeres. No tenía nada en contra de las formas que tomaban los pecadores al caer aquí, pero no le agradaba tirarse a criaturas que parecían bestias o furros. Había pocas chicas que conservaran un mínimo de apariencia humana.

—Piérdete, idiota —dijo Giggy, la bartender—. La diversión que buscas no la encontrarás aquí con la poca pasta que cargas.

—¿Y qué sabes sobre eso, perra? Tengo la pasta suficiente para hacer que tu jefe te obligue a abrir las piernas para mí —sonrió con confianza—. Lástima que tu boca deforme no sea de mi agrado. No quisiera que me arrancaras la polla cuando te atragantes con ella.

—Tu polla no podría atragantar ni a una hormiga y es mejor que no hables del señor Valentino tan despreocupadamente. Estás en su territorio. Si tuvieras un cerebro en vez de mierda, te irías de aquí antes de que se descubra que engañaste a un montón de vagos inútiles para gastarte su dinero.

—¿Por qué te importa lo que le haga a unos pobres infelices, Giggy? —intervino una inesperada voz sedosa. Él volteó hacia su izquierda topándose con una mujer; la miró de arriba abajo deleitándose con su apariencia. No era como el monstruo con muchos brazos de Giggy, no, era una muchacha de figura delgada oculta en un abrigo rosa que le llegaba hasta los tobillos. Una suave estola cubría el cuello del abrigo donde se le habían cocido marcas de cruz en un tono pasteloso—. Gastó lo que robó en este lugar de mala muerte. El negocio no pierde.

Era bellísima a pesar del color gris de su piel y su cabello blanco. Tenía un flequillo de lado que desgraciadamente tapaba la mitad de su rostro, uno de los más bellos que haya visto en la vida. Maldita sea, era una chica muy candente a juzgar por las curvas que se apreciaban debajo de su ropa.

La recién llegada le dedicó le guiñó el ojo. Él se dio cuenta que bebía un mojito, y que su acento denotaba un origen latino. Eso le gustaba. Muchos de sus conocidos decían que el sexo con las latinas era toda una experiencia.

—Oh, por favor, no de nuevo. ¿Por qué te gustan tanto los tipos de su calaña? Hay demonios más atractivos y listos allá afuera, niña, como para que te fijes en semejante pelmazo.

—Lo que haga o deje de hacer no es tu asunto, tú sólo dédicate a atender la barra —ella se levantó revelando una diminuta estatura. Uff, se había sacado el premio gordo. Usualmente las chicas demonios eran demasiado altas para su gusto, así que esta cumplía con todos sus requisitos—. Vamos a un lugar privado, guapo, yo pago el servicio de hoy.

—No puedo negarme, mamacita —dijo usando un tosco español que la hizo reír.

—Me pone mucho que me digan así, sabes —comentó ella cuando lo tomó de la mano y lo guió hacia un corredor detrás de la tarima del deejay. A diferencia de la iluminación del bar, aquí la luz malva era tenue. Habían varias puertas con distintos símbolos grabados en la madera. Algunas estaban abiertas mostrando un espectáculo de quienes sentían placer al exhibirse para aquellos que disfrutaran ver.

—Dime tu nombre —ordenó él atreviéndose a tomarla del brazo para arrinconarla contra la pared, pegándose a ella para que sintiera su erección—. Quiero saber a quien voy a hacer gemir.

Ella no le permitió que le besara, lo esquivó de tal manera que más que molestarlo, lo dejó con más ganas.

—Si adivinas te daré el servicio completo, papi —respondió con una sonrisa coqueta, colocando su mano sobre su pecho para apartarlo con cuidado—. Te aseguro que no te arrepentirás. Pero no quiero hacerlo aquí. Me gusta mi privacidad.

¿Cómo podría negárselo? En ese momento tenía la mente tan nublada por el alcohol y el deseo que ella pudo haberle dicho que tenía que mamarle el pito a un vagabundo para poder tenerla y lo habría hecho.

Lo condujo a una habitación con un corazón roto en la puerta. Pensó que era de esas zorras frívolas que buscaban desahogarse con cualquier tipo que les pareciera meramente atractivo, pero él no diría nada. Había bebido gratis y ahora ella pagaría para que se la follara. No era un jueves de orgía, pero no estaba nada mal.

La habitación estaba casi a oscuras. Las lámparas en forma de diosa venus al lado de un cama de corazón de sábanas de satín vino era lo único que se veía.

—Sí que te gusta crear atmósfera, mamacita —dijo él empezando a desabotonarse la camisa. Ella se mantuvo cerca de la puerta, observándolo—. Cierto, tengo que adivinar tu nombre si quiero divertirme. Veamos... ¿Lyra? ¿Phoebe? ¿Carmen?

—No, no y no —respondió con una risita—. Intenta de nuevo.

—Oh, vamos, dame una pista. Podría citarte un libro de nombres toda la noche, pero no quiero desperdiciar el tiempo así.

—Tienes razón —dijo ella. Su expresión había cambiado. Ya no había nada de la fogosidad que había creído detecta. Ella movió su mano por la pared hasta dar con el interrupor de luz, pero no lo accionó—. Esta clase de juegos no es mi tipo, prefiero las cosas directas.

—Yo también las prefiero.

Ella no se rió esta vez logrando que una pequeña alarma sonara en su cabeza.

—Para ser un estafador no sabes ni la mitad de lo que deberías. Cualquier otro de tu calaña ni siquiera habría entrado al Babymoth sabiendo lo que les pasa si la dueña los descubre.

—¿Qué quieres decir con eso? Claro que sé qué pasa, pero no soy tan idiota para declarar en voz alta que yo...

Entonces se dio cuenta. No había dicho nada sobre sus estafas, ni siquiera a la bartender. Los idiotas a los que les había robado el dinero no tendrían válidez alguna, era el Infierno. A nadie le importaba si alguien te quitaba algo, a nadie excepto a...

—¡Eres Vaggie, la hija del jodido Valentino! —la cachondez se le drenó del cuerpo. Pronto un detalle que no había visto antes confirmó todo: el parche en forma de corazón que estaba oculto por el flequillo—. Maldita perra.

El Infierno no era tan terrible cuando comprendías su estructura y aprendías a sacar provecho de eso. Los overlords no fueron nunca un asunto que le importara . Él no era tan ambicioso, simplemente deseaba pasar su eternidad pasándola bien.

Había escuchado sobre Valentino. La venta de placer sexual no era un negocio nuevo, pero Valentino había sacado provecho de una manera nunca antes vista. Toda una maldita industria de explotación y lujuria, un oasis de depravación del que había gozado cuando había tenido la oportunidad. Sin embargo, más que ser el mayor proxeneta del Infierno, Valentino había dado de que hablar hace seis años cuando descubrió que una de sus prostitutas recién adquiridas era, en realidad, una de sus descendientes de su vida humana.

Hubo muchas habladurías y sólo los principales involucrados sabían qué había sucedido, pero había toda clase de información interesante y jugosa. Al parecer la hija cargaba con el mismo ingenio que el padre. Vaggie solía investigar a cada cliente que entraba al Babymoth para calcular las ganancias que podía sacar de cada uno. Era como una evaluación psicológica, donde dejaba a cada pecador satisfecho para que volviera siempre, gastando sus míseras quincenas sólo en los negocios de su padre.

Si eras un cliente constante, tendrías acceso al Paraíso. Pero si no lo eras... bueno, la casa nunca perdía. Vaggie había descubierto cómo sacar provecho de parásitos como él.

—Por tu bien espero mantengas esa navaja dentro de su bolsillo. Lo hará más sencillo para ti —dijo Vaggie. Las luces exteriores delinearon su silueta, dándole un toque macabro—. Quien sabe, si dejas satisfecho al cliente quizás haga que mi padre te contrate.

—Corta el rollo, perra fría —espetó sacando la pequeña navaja y apuntándola hacia ella—. ¿Por qué estás haciendo esta mierda? Tú misma dijiste que el negocio no estaba perdiendo nada.

—Estafaste a cuatro posibles clientes que se fueron de aquí sin disfrutar de los servicios. Eres una rata que gasta el dinero que roba en el primer lugar que se le cruza en frente, tus robos no nos reportan ganancias constantes lo que sin duda habríamos tenido si no hubieras estafado a nadie.

—¿Me estás jodiendo? ¿Acaso estás tratando de aplicar un tipo de justicia retorcida?

—Son sólo negocios —se encogió de hombros—. Como sea, no es que tenga que darte explicaciones. Estás aquí porque a uno de mis clientes importantes le fascina joder a los estafadores patéticos como tú. Extraño, pero para gustos, colores.

—¿Y crees que voy a dejar qué eso pase? Sólo tengo que abrirte esa garganta tan linda y salir de aquí antes de que alguien se dé cuenta.

Vaggie accionó el interruptor de luz. Las penumbras se aclararon revelando toda una gama de instrumentos de tortura, cadenas, esposas e incluso drogas colocados en las paredes.

—El cliente ya está listo, yo sólo te traje a él —y agregó mirando sobre el hombro del estafador—. Aquí tienes, Tippi, justo lo que querías.

—Magníco como siempre, Vags —susurró la voz grave de un demonio inmenso, que había podido ocultarse en las sombras hasta entonces—. Definitivamente añadiré un extra por éste. Es un bello ejemplar.

—Siempre doy lo mejor a mis clientes más fieles, Tippi. Cuando termines puedes pedirle la grabación a Ginger. Las cámaras están puestas como solicitaste.

—Preciosa, eres una diosa —sonrió Tippi. Su enorme mano cubierta de póstulas apestosas apretó el antebrazo del pobre estafador que se orinó encima al ver a la bestia que lo tendría a su merced.

—Diviértanse —dijo Vaggie para luego cerrar la puerta. Caminó unos pasos cuando el grito agónico del imbécil engañado llegó hasta sus oídos. Una sonrisa de satisfacción se pintó en sus labios.

El negocio nunca perdía.

—Sí que te gustan los dramas, Vags —dijo Giggy cuando Vaggie volvió a la barra y le pidió otro mojito—. Bueno, el señor Valentino también es dramático así que supongo que lo llevas en la sangre.

—Sólo hago mi trabajo —comentó llevándose el mojito a los labios—. Hay muchos inútiles intentando competir con los bares de mi padre. No les daré ni siquiera la mínima oportunidad de ascender. Ellos no aprovechan los recursos a su disposición, yo sí.

—Ahora suenas como Vox —puso los ojos en blanco, soltando un bufido cuando vio que las mejillas que Vaggie se ruborizaban ligeramente—. Por dios, Vags, ¿hasta cuándo seguirás enamorada de ese idiota arrogante? Sabes tan bien como yo que al único al que quiere llevarse a la cama es a tu padre...

Vaggie se bebió el mojito, golpeando el vaso con fuerza en la barra cuando lo vació. Giggy de inmediato quiso retractarse, pero Vaggie levantó su mano para detenerla.

—Tomaré un descanso antes de que inicie el turno matutino. Quedas a cargo hasta entonces, Giggy. Si hay problemas, ya sabes qué hacer, ¿de acuerdo?

Vaggie no esperó una respuesta. Giggy sabía las consecuencias que enfrentaría si dejaba que un problema se le escapara de las manos.

Vaggie abrió una puerta al costado izquierdo de la barra, detrás de unas cortinas rojas, que llevaba directamente a la habitación donde solía dormir cuando su trabajo como manager le impedía volver a casa. La suave alfombra morada contrastaba con sus muebles, todos elegidos por ella cuando Valentino la llevó a una tienda exclusiva a comprarlos. La cama fue lo primero que había adquirido, una amplia cama con dóseles gruesos y cortinas de tul color rosa pálido. Enfrente estaba un pequeño espacio que simulaba un estudio de baile. Esas dos cosas eran importantes.

Vaggie se sentó frente al inmenso tocador, regalo de Vox, adornado con cientos de fotos en las orillas del espejo (cada una tomada por Velvet aunque Vaggie no lo hubiera pedido). Su maquillaje estaba intacto y su cabello continuaba bien cepillado, a pesar de haberlos arreglado desde la mañana. El Babymoth nunca cerraba. Era un bar donde podía acudirse a cualquier hora, cualquier día de la semana, todo el maldito año (excepto por el día de la Purga). Debido al horario Vaggie siempre tenía que estar presentable, sin embargo, decidió que no quería dormir con el maquillaje puesto así que se esforzó para quitárselo lo más rapido que pudo.

Luego procedió con sus accesorios. Los aretes de corazón, uno de los tantos regalos de su padre, fueron los primeros. No le gustaban mucho, pero si se atrevía a salir sin ellos él se pondría furioso, y un Valentino en ese estado era peligroso, por no decir que Vox tendría que llevar con la carga de apaciguarlo.

Vaggie suspiró dramáticamente, recargando su mejilla en su mano mientras observaba las fotografías hasta dar con su favorita. Ella junto a Vox, sonriendo, luego de que ella tuviera una pelea con Valentino, Vox había ido a animarla.

"No estoy enamorada", habría querido decirle a Giggy, "sólo agradecida. Valentino se habría desecho de mí sino fuera por él".

No tenía ganas de pensar mucho sobre su complicada vida familiar, en sí aún le resultaba sorprendente todos los cambios que había tenido desde que llegó al infierno. Nunca había imaginado encontrarse con su ancestro, mucho menos que la acogiera como si fuera su hija legítima.

Tocaron a su puerta.

Vaggie dejó salir un gran quejido. ¿Era difícil tener un descanso? ¿Acaso eran tan inútiles para no encargarse por un par de horas? Quizás debía despedirlos y contratar a personas cuya prioridad fuera mantener el empleo que proveía dinero para llenar sus estómagos y pagar sus rentas.

—Juro que si uno de esos idiotas viene a molestar con problemas insignificantes, voy a...

Cuando abrió la puerta, el rojo inconfundible del abrigo de su visitante detuvo su parloteo. Lentamente miró hacia arriba . Su vestimenta podía ser jocosa, pero la apariencia de Valentino no dejaba de ser intimidante ya fuera por su increíble altura o por su sonrisa de dientes escarlatas. El colmillo de oro resaltaba, y a pesar de ser tan pequeña, Vaggie lo podía ver claramente.

—Mi querida Vagatha —dijo Valentino con esa voz grave y cálida que sólo usaba con ella. Tomó el rostro de Vaggie con las manos de su par de brazos inferior y se agachó para verse bien las caras—. Mi dulce babymoth.

—Padre —respondió Vaggie procurando sonreír con verdadera alegría, lo que fue un intento vano que Valentino notó rápidamente.

Él acarició la cabeza de ella, como dándole consuelo.

—Vaya, vaya, parece que has tenido un día malo como yo —delineó con un dedo su mejilla, levantando su barbilla hasta un ángulo tan incómodo que fue asombroso que ella no se quejara—, pero sé qué puede animarnos a ambos.

—Qué felicidad —respondió tratando de no titubear. No era la primera vez que sucedía (tampoco sería la última). Valentino no sería el último libertino en poner su placer sobre cualquier impedimento moral—. ¿Qué sucedió? Sabes que existo para ayudarte en lo que sea, papá.

—Qué hija tan buena y considerada —susurró Valentino. Se detuvo antes de besarla, soltándola para reírse cuando ella casi cae por haber estado en una posición desequilibrada—. Ahora entiendo por qué los clientes te adoran. Puede que deba repensar eso de ya no regentear tu compañía. He recibido ofertas interesantes para que no te saque del negocio.

Vaggie trató titánicamente de no mostrar terror. No permitió que su cuerpo temblara o dejara ver lo mucho que le había afectado. Era típico de Valentino herir a los demás cuando estaba molesto, y por lo que le habían informado ese día, su padre había tenido que encargarse de un malentendido creado por Angel Dust que le costó el dinero de todo un día de filmación en el estudio.

—Pero prometiste que podía hacerme cargo del Babymoth si me portaba bien —pronunció Vaggie usando una voz similar a la de Velvet, un poco infantil. Sabía que Valentino no cumplía su palabra si no le daba la gana, pero creyó que podía salirse con la suya por esta vez—. ¿No he hecho un buen trabajo? Tus ganancias se duplicaron desde que estoy a cargo, yo hice los cálculos y...

—Vaggie, Vaggie —puso sus grandes manos sobre sus hombros—, mi dulce babymoth, parece que malinterpretaste mis palabras...

De súbito la agarró las mejillas con una de sus manos mientras la atrapaba de los brazos con las otras. Vaggie quedó cara a cara con él, esta vez no pudo esconder su miedo, reflejado en el cristal de sus gafas.

—Encargarte de este mísero bar no te excluye de tus otras obligaciones. Mientras vivas bajo mi techo, harás lo que te ordeno. Así de simple. ¿Entendido?

La mano de él le impedía responder vocalmente, así que asintió con todas sus fuerzas. La sonrisa de Valentino se agrandó, y con delicadeza la colocó de nuevo en el suelo. Vaggie se apresuró a recuperarse, a aparentar que la ira no hervía dentro de ella, que no deseaba gritar y abalanzarse sobre él.

—Ahora, tu padre ha tenido un día largo y tedioso —repitió Valentino dirigiéndose a la amplia cama que había sido elegida de ese tamaño precisamente para que él cupiera. Se sentó estirando sus largas piernas—. Ya sabes lo que debes hacer.

—Sí —dijo Vaggie yendo hacia la parte del pequeño estudio de baile. Las paredes cubiertas con grandes espejos daban vista a cada ángulo de su cuerpo.

Lentamente abrió los botones de su abrigo exponiendo un atuendo revelador. Un corto vestido rosa pastel strapless con el escote en corazón; un sujetador negro en forma de arnés sobresalía por la zona de las clavículas. Sus torneadas piernas estaban cubiertas por unas medias negras. Zapatos de tacón de aguja le añadían algo de altura.

Cuando Vaggie miró hacia Valentino él ya tenía encendido uno de sus cigarrillos favoritos. El humo rojo le causaba asco, pero procuró continuar interpretando su papel. Con movimientos lentos, rítmicos, cadenciosos, empezó un corto baile mostrando su asombrosa habilidad al no dar ningún paso en falso a pesar de lo alto de sus zapatos.

Vaggie conocía cuánto tiempo debía moverse antes de poder acercarse hacia Valentino. Él tenía un temperamento voluble, una líbido lábil y si estaba de malhumor como hoy, era mejor no postegarlo.

—Val —susurró ella trepando a la cama, colocando una pierna a cada lado de su cadera cuando estuvo cerca. Sólo en estas ocasiones eran cuando a Vaggie se le permitía llamarlo por su nombre. Ella le tomó de la cara con suavidad contra sus deseos de encajar sus uñas—. Fóllame duro.

—Buena chica —dijo Val pasando una de sus manos por su estrecha cintura y pegándola más contra él—. Buena chica.

Y entonces la besó.


¿En serio es incesto si coges con tu antepasado? Considerando lo mucho que he investigado sobre árboles genealógicos y esas madres, les sorprendería saber cuántos de ustedes, por estadística, podrían estar cogiendo con un primo lejano xD (No lo tomen en serio, pero hubo un caso en la familia de una amiga que nos tomó desprevenidos a los involucrados allá por el 2015; Seth, si lees esto, tus primos-hermanos se mamaron)

Bueno, bueno, no tengo mucho qué decir. Quizás lo explícito venga más tarde... pero advierto de antes porque suelo sacar unas cosas... preocupantes (quienes han leído mis fics toothcup en fanfiction-net sabrán de lo que hablo jajaja).

Como sea, espero les haya agradado y si no, bueno, no puedo hacer nada al respecto xD.