Es raro escribir sin explayarme tanto… es decir, nunca lo había hecho y creo que es un buen ejercicio para mí adaptarme a este estilo

No tengo mucho qué decir, salvo que la trama de la historia se escribe capítulo a capítulo y que espero mantenerla en algo muy simple.


Capítulo Tres

Lección Aprendida


"Los verdaderos viajes empiezan cuando se acaban los caminos".

—Jacques Lacan.


Cuando Vaggie no regresó en una semana, Giggy supo que algo había salido mal. Vaggie era muy responsable en el trabajo, por lo que solía enviar un mensaje si Valentino la mantenía ocupada más tiempo para indicar a Giggy cómo tenía que proceder. Cuando eso no sucedió, Giggy tuvo que armarse de valor para ir hacia los estudios de Valentino a solicitar información.

Giggy había sido actriz porno en películas especializadas en trabajos manuales. Un trabajo que no echaba de menos en realidad. Un trabajo del que había escapado gracias a que Vaggie se dio cuenta de su talento para hacer tragos y atender una barra ella sola. En el infierno nadie era agradecido, Giggy no era la excepción, pero si a Vaggie le había sucedido algo, entonces ella volvería a grabar horribles películas donde debía masturbar a varios sujetos a la vez para bañarse en su semen cuando acabaran, lo que era asqueroso.

Su plan era simple. Iría a los estudios con la excusa de entregar el reporte semanal del bar. Vaggie siempre llevaba un registro exacto de los gastos del Babymoth, para mantener las reservas en una cantidad aceptable y atender los pedidos especiales de los clientes. A los demás no les importaba sus razones, pero seguro que a Valentino sí y lo mejor era no incordiar al jefe.

Giggy entró sin mucha ceremonia dirigiéndose al ascensor principal. Ser la mano derecha de Vaggie al menos le daba esa ventaja.

El contador de pisos la puso nerviosa. Aunque trabajara para Vaggie a Valentino no le interesaría a lo que venía si lo interrumpía en un momento importante, o si arruinaba un momento íntimo con su Voxy.

"Ese cabeza de televisión mierdera", pensó Giggy con acritud.

La puerta se abrió revelando la habitación principal completamente vacía. Eso era aún más extraño. Cuando Giggy había venido antes encontraba a Vaggie recostada en el sofá, bebiendo una taza de chocolate caliente o discutiendo con Valentino sobre gastos y ganancias, pero ahora…

—¿Qué carajos? ¿Gigs? —dijo Vox cuando salió de la recamara de Valentino. Llevaba la camisa desabotonada y se sobaba perezosamente el cuello, las marcas de chupetones en la piel que estaba expuesta hicieron que Giggy supiera que había estado ocupado con Valentino.

Bueno, eso explicaba la ausencia de Vaggie. La chica tenía una especie de enamoramiento en Vox y no soportaba estar cerca cuando pasaba la noche con su padre.

—Vengo a entregarle a Vaggie el reporte de esta semana —dijo Giggy actuando con normalidad—. Ya sabes que se estresa mucho cuando del trabajo se trata.

—¿Vaggie? ¿Por qué demonios estaría ella aquí? Ella se fue de aquí al día siguiente. Valentino me lo dijo…

Vox guardó silencio de golpe. Giggy conocía esa expresión en su pantalla.

—Ese cabrón… —masculló Vox, dejando atrás cualquier rastro de deleite por una noche apasionada. Vox se dirigió rápidamente al ascensor mientras mascullaba más insultos. Giggy lo siguió, más para asegurarse que las cosas no se tornaran en su contra por otro motivo.

Vox apretó botón para bajar al sótano. Giggy no necesitaba más para saber que sus peores suposiciones se harían realidad. Conocía lo que pasaba con los demonios que terminaban en el sótano de Valentino… ¿pero él sería capaz de llevar a Vaggie, su tan querida hija, a ese sitio tan horroroso?

—Maldita sea, Val… me dijiste que la habías sacado al día siguiente… —murmuró Vox. Un ligero destello brillante y verdoso emanaba de su cuerpo. Estaba enojado, por lo que Giggy procuró no hacer ningún movimiento brusco para evitar convertirse en un blanco para su furia.

Cuando llegaron, Giggy notó los cambios (sólo había estado ahí para presenciar un castigo hace treinta años). Estaba más limpio y simple, por lo que fue rápido ver la extraña cámara ahí.

Vox no perdió el tiempo. Se apresuró a la puerta y la arrancó de un movimiento. Giggy a veces olvidaba lo fuerte que eran los overlords, incluso los flacuchos como Vox.

—Joder —lo escuchó exclamar cuando Vox entró a la cámara anecoica.

Algo le indicó a Giggy no acercarse, algo le indicó dar la vuelta y regresar al Babymoth donde podía fingir que no había hecho nada tan estúpido como ponerse en una situación potencialmente letal. Pero no lo hizo. Avanzó hasta entrar en la cámara.

La luz que emitía Vox era lo único que iluminaba el interior. Eso fue suficiente para ver todo.

¿Eso era Vaggie? Una masa amorfa, pútrida y maloliente que no podía decirse si estaba viva o no. Había pedazos donde la carne latía, otros donde crecían extremidades que en segundos morían. Y el hedor… el hedor era terrible y le revolvió las entrañas a Giggy.

—Esta vez ha ido muy lejos —dijo Vox mirando todo el desastre, pero sin rastro alguno de asco en su voz.

Se inclinó sobre Vaggie y la tomó entre sus brazos. Grandes trozos de materia echada a perder cayeron al suelo, revelando una forma un poco más humanoide, al menos podía decirse que eso tenía forma humana.

—Si abres la boca y dices algo de esto —una sonrisa tensa apareció en la pantalla de Vox—, desearas haber seguido trabajando chupando pollas, Ginevra.

Giggy sintió que el mundo dejaba de moverse. Vox había usado su nombre real. El Demonio de la Televisión pasó a su lado cuando salió de la cámara, sabiendo que no se necesitaba más para asegurar su silencio.

Entonces Giggy se derrumbó, derramando el contenido de su estómago en el piso, sintiendo mucha desesperación.

Vox llevó a Vaggie al piso más alto y la colocó en un mullido sofá. Era un maldito embrollo, muy posiblemente había terminado así por las consecuencias de vivir tanto tiempo sin sonido. Si las funciones fallaban, el cuerpo de un demonio intentaría regenerarse, pero en este caso, todo era un caos, por eso crecían brazos y piernas donde no deberían ir.

Valentino sí que la había hecho esta vez. No era algo que molestara a Vox —esa crueldad siempre había sido uno de los encantos de Val—, pero ahora… el castigo había excedido sus límites. Hacer que Vaggie se recuperara sería difícil.

No era la primera vez, y por supuesto, aunque los poderes de Vox no eran curativos podían emplearse para traer la "conciencia" de Vaggie de vuelta para poner todo en su lugar y dejar que se curara por sí sola.

—Ustedes dos, polillas idiotas, serán mi perdición —dijo Vox tocando lo que sería la frente de Vaggie—. Si dejarás tu orgullo de lado… pero te pareces demasiado a Val para eso. Creo que ésa es la razón por la que siento debilidad por ti, Vagatha.

Vox se colocó sobre ella emanando su energía demoniaca para ver si conseguía una reacción.

Nada, ni una pizca.

Uff, tendría que ser más agresivo. Esperaba que Vaggie lo resistiera y no terminara más rota como los pecadores anteriores con los que había hecho esta clase de "procedimiento":

Largos cables salieron de su cuerpo, parpadeando con luces, que se clavaron en Vaggie. La energía de Vox pasó directamente hacia ella, consiguiendo una respuesta.

—Bien, así es, bebé —sonrió Vox—. Ven conmigo, Vaggie.

Justo ahí. Vox pudo percibirlo. Los pecadores estaban muertos salvo por una pequeña parte dentro de su cuerpo, su "núcleo", en el que residía su poder. Cuando Vox detectó el núcleo de Vaggie lo atrajo hacia el suyo por la fuerza.

El cuerpo deteriorado de Vaggie, cuando ella recuperó la conciencia, empezó a estabilizarse. Los órganos sanaron. Las heridas se cerraron. Ella volvió a tener una apariencia más normal.

Vaggie abrió los ojos desaforada mente, respirando agitadamente cuando despertó por fin. El temor seguía reflejado en su ojo y soltó un grito espeluznante ante los sonidos que estaba percibiendo.

Vox colocó una mano sobre su boca para callarla.

—Ssh, dulzura, no querrás despertar a tu padre justo ahora —indicó Vox con voz suave.

—¿V-Vox? —tartamudeó Vaggie, desorientada.

—El mismo —sonrió—. Aquí estoy.

Para ella fue el sonido más hermoso que haya escuchado en su vida. La pesadilla de su encierro había terminado. Por fin… por fin la habían sacado de ese horrible lugar.

Vaggie se aferró a él como si la vida se le fuera en ello. Sus brazos no tenían mucha fuerza todavía, por lo que resbalaban del cuerpo del demonio una y otra vez. Vox se inclinó sobre ella, para que se sostuviera mejor.

"Justo como su padre", aunque ya era extraño que Valentino tuviera un episodio de semejante debilidad.

Vaggie se sostuvo fuertemente, agradeciendo que en el infierno, hubiera una persona que se preocupara por ella.


Valentino despertó unas horas después. Se sintió confundido de no encontrar a Voxy a su lado y se habría enojado de no ser por las deliciosas horas de la noche anterior. Vox había sido implacable, imparable, invencible… por esta ocasión le perdonaría dejarlo solo en la cama.

Estiró su espalda y se puso de pie, yendo al baño continuo a acicalarse un poco. No se tomaba muchos días de descanso, pero Vox había insistido y Valentino no se arrepentía. Vio su cuerpo desnudo en el espejo grande de su lujoso baño. Realmente había valido la pena.

"Seguramente Voxy estará preparando el desayuno", aunque no se hacía muchas ilusiones. Lo mejor que podía preparar Vox sin quemar la cocina era un plato con cereal.

Valentino se colocó una bata de delicada seda roja que marcaba espléndidamente su delgada figura.

Lo que encontró en la sala fue algo que no había esperado, pero fingió bien su sorpresa.

"Ah, cierto, debía sacarla hace una semana. Se supone que su castigo duraría un día", meditó Valentino viendo a Vox sentado junto a una Vaggie desnuda cubierta sólo por la delgada camisa del Demonio de la Televisión.

Su pequeña hija, su dulce babymoth, a quien había tenido que castigar para que aprendiera su lugar. Vaggie era una joya a la que faltaba pulir para que brillara. Valentino tenía grandes planes para ella y no dejaría que se vinieran abajo por su desobediencia

—¿Aprendiste la lección, babymoth? —dijo Valentino poniéndose frente a ella. Su sombra tapándola por completo.

Vaggie levantó la cara. Demacrada y cansada, su expresión aún mantenía un toque de orgullo y fuerza que Valentino había encontrado determinante para el futuro.

—Sí, papá —respondió Vaggie, apenas fue un susurro.

La sonrisa escarlata de Val brilló por su victoria. Su enorme mano peinó el cabello de Vaggie, como si estuviera acariciando a un perro.

—Perfecto —asintió Valentino tomando asiento junto a ella como si nada hubiera pasado. Vox no le dijo nada, ¿para qué?—. Es bueno saber que ya estás bien. Ayer hablé con Voxy sobre los recientes rumores que han llegado a nuestros oídos. Al parecer, Alastor, el Demonio Radio, se ha aliado con la princesa Charlotte en ese proyecto suyo.

—¿Alastor? —preguntó Vaggie con mucha confusión. Era bien conocida la reputación del demonio, así como la enemistad que mantenía con Vox, misma que hacía que Vaggie detestara al demonio ciervo; pero si había algo extraño en Alastor era la manera en que ascendió en el infierno. Tal parecía que, a pesar de haberse deshecho de tantos señores demonios en el pasado, no tenía intenciones de dominar en un territorio—. Quieres que averigüe por qué ha hecho este movimiento inesperado.

Valentino se rió con gozo. Abrazó a Vaggie por los hombros y la aplastó contra su cuerpo.

—¡Justo lo que esperaba de mi dulce babymoth! Tan perceptiva como siempre. Así es, quiero que vayas a averiguar qué está pasando en ese endemoniado hotel. Nuestro querido Angel Dust se ha negado a volver pese a mis llamadas y sé que tiene que ver con que Alastor está allá. Angel cree que eso lo protegerá de su contrato.

—Y no sólo es por Angel —agregó Vox—, Alastor se ha involucrado con la hija de Lucifer, lo que sea que planee, no parece importarle ponerse en la mira de él.

—Entiendo —dijo Vaggie, agotada, pero Vox la había ayudado a volver del agujero oscuro en el que su propia mente, confundida por el aislamiento, la había metido. No quería hacer nada, pero no le gustaban las deudas. Si Vox quería que fuera al Hotel Feliz, lo haría—. Reuniré información y me mantendré comunicada una vez me aseguré de que no interceptaran mis mensajes… si me presento como estoy ahora, tendré una razón creíble del por qué estoy en el hotel.

—Ah, querida, haces que parezca que te trato muy mal —comentó Valentino tomándola del mentón para que lo mirara directo a la cara—, pero tienes razón. Te irás ahora mismo. No empacarás nada, que se vea que estás escapando y no tienes a donde ir. Probablemente Angel sea el primer en dudar de tu llegada, pero creo que puedo hacer de tu fachada algo más convincente.

Humo escarlata escapó de los labios de Valentino. Vaggie abrió su único ojo al entender lo que estaba a punto de suceder.

Valentino nunca había usado el humo para doparla, sólo como parte de la escenografía cuando Vaggie bailaba para él, pero en ese momento lo utilizó para someterla…

Vaggie se sintió extraña en su propio cuerpo, y por unos segundos temió perderse a sí misma como había sucedido en la cámara anecoica. Valentino compartió un beso con ella para intensificar el efecto, dominándola con sus labios hasta asegurarse que hubiera llegado un estado dopado.

—Confío en que podrás hacerte cargo de todo, babymoth —susurró Valentino. Su voz sonaba distante. A Vaggie le pesaban los parpados—. Después de todo, eres mi amada hija.

Vaggie perdió el conocimiento.


Vaggie despertó otra vez, para darse cuenta que ya no estaba ni en la cámara ni en los Estudios Porno. Una calle poco transitada, que ella no conocía, fue donde Valentino había decidido que tenía que empezar su trabajo.

Adolorida, Vaggie se puso de pie para darse cuenta que le habían puesto un vestido al que le habían desgarrada la tela en muchas partes. Oh, así que debía fingir que había sido maltratada al huir. Bien, era una mierda que le hiciera eso, pero Valentino nunca había tenido consideración de nadie.

Y Vaggie no quería regresar para discutirlo con Valentino y empeorarlo.

—Uhn, bueno, a trabajar con lo que se tiene —se miró las manos, las tenía sucias. Como cuando había caído al infierno.

Cuando Vaggie supo dónde estaba se dio cuenta que Valentino no la había dejado a la deriva. Era una ruta que tomaría si en verdad hubiera escapado, una que la llevaría al hotel, una que estaba libre de locos a cierta hora. Vaggie recordó esta información, si quería que no la descubrieran pronto cuando le preguntarán cómo había llegado relativamente ilesa.

Caminó hacia la dirección del hotel (sabía dónde estaban los estudios, así que caminar a la dirección contraria la llevaría al lugar correcto). El clima era extravagante, como siempre. Vaggie no había tenido que sufrirlo por viajar en auto, pero ahora quería mentarle la madre a Val por no haberle dado siquiera un maldito abrigo.

"Cabrón hijo de perra", Vaggie se sentía como una mierda. El cuerpo le dolía, la cabeza le daba vueltas, y lo único que la mantenía de pie era llegar a ese hotel para descansar.

Pero esto estaba bien. Prefería esto, este entorno ruidoso, que estar un minuto más en la cámara. Vaggie odiaba el silencio, así que caminar fue terapéutico para ella.

—Estoy aquí —se dijo varias veces, abrazándose a sí misma cuando una ventisca helada la golpeó con fuerza—. Estoy viva.

Le tomó casi dos horas llegar. El Hotel Hazbin era un edificio tan monstruoso como los Estudios Porno, con ventanas grandes y una apariencia peculiar.

—Espera, ¿Hotel Hazbin? —dijo, intrigada por ver el brillante letrero neón—. ¿Será en otro lugar?

Pero difícilmente Valentino se equivocaría con eso, así que Vaggie se encogió de hombros y se acercó a la puerta. Esperó durante unos minutos hasta que la puerta se abrió. Vaggie había esperado que fuera un empleado del hotel, no la mismísima Charlotte Magne quien le diera la bienvenida.

La princesa lució sorprendida al verla, pero Vaggie no pudo explicar nada.

El cansancio le había ganado y se desmayó frente a Charlie.


Creo que ya lo había dicho, pero no tengo idea de qué le pasaría a alguien que se queda tanto tiempo en una cámara anecoica. Pero si una persona sufre severas secuelas mentales al pasar 45 minutos, me gusta creer que alguien, como un demonio, sufriría más por el inevitable embrollo en el que su cuerpo se vería.

Como sea, es un fic y por primera vez me estoy yendo por ideas leves, poco pensadas (y se siente extraño… es liberador, pero también irritante).