"¿Acaso tenemos un propósito en la vida?"

Mi vida solía ser la que comúnmente afirmamos conocer como normal. Tenía una familia y amigos que amaba y un buen trabajo. Un ser común y corriente.

Sin embargo, en el extraño bucle de la vida me crucé en el camino de alguien en el momento equivocado. Era de noche, había hecho horas extras para tener los días festivos de diciembre libres. Iba caminando como siempre por esas calles poco iluminadas. No es como si tuviera mucha opción, así era el vecindario por donde vivía.

A pesar de haber pasado mil veces por ahí, el miedo hasta llegar a casa seguía presente. Con una mano dentro del bolsillo sosteniendo las llaves con fuerza. Siempre temiendo lo peor que uno ve en las noticias.

En ese momento, pude escuchar pasos detrás de mí. Con un escalofrío, caminé más rápido. Los pasos se adelantaron. Sabiendo que algo malo pasaría, comencé a correr por la vereda. El desconocido me persiguió fácilmente.

Mi resistencia era pésima. Debería de haber ido al gimnasio pensé con arrepentimiento. Ah, maldición debería haberme esforzado más en cuidar mi físico.

Un ardor sentí en mi espalda. Uno tras otro. En todo el suceso, me di la vuelta e intenté pegarle muy inútilmente con mis llaves. No puedo creer que realmente pensé que unas llaves serían útiles. Mi atacante se deshizo fácilmente de mi lucha con las llaves y continuó su trabajo de apuñalamiento incluso atravesando mis brazos que utilizaba como escudo por instinto.

El dolor era insoportable mientras escuchaba los sonidos horrendos de un cuchillo atravesando mi cuerpo. Todo dolía, pude sentir cómo la sangre se drenaba. Cerré mis ojos en resignación ya dejando que la muerte me llevara. Lágrimas derramándose fueron el último acto de mi vida, no le había hecho daño a nadie, no merecía este final.

Cuando las puñaladas llegaron a su fin o mi vida al menos, me vi tirada en el sucio suelo de la calle. Un gran charco de sangre me rodeaba. Claramente estaba muerta, ni siquiera pude defenderme. Debería haberme dedicado a aprender defensa personal pensé mirando mi maltratado cadáver.

Había llegado a la nada misma luego de verme muerta. Una oscuridad que rodeaba todo. A veces me preguntaba si yo era la oscuridad. Quizás era la nada misma, una sombra, un pensamiento o simplemente materia inerte.

Otras veces pensaba en todo lo que no pude hacer en mi vida perdida. A la familia y amigos que había dejado atrás. Tantos recuerdos inundando mi mente que eran lo único por lo que insistía manteniéndome en la oscuridad misma. Extraño, ¿verdad?

Tanta oscuridad me deprimía y aburría enormemente. Quizás estaba en un lugar entre la vida y la muerte pero lo descarté al pensar en mi cuerpo apuñalado, definitivamente estaba muerta. Pero qué podía hacer, solo esperar días, semanas, meses, años, quizás siglos hasta que dejara de sentir.

Un día, algo extraño sucedió, sentí una presión asfixiante llenar mi oscuridad. Este suceso duró por muchas horas interminables donde me resistía a esta presión. No quería perder mis recuerdos, los últimos vestigios de cordura y sobre todo del amor que ya no recibiría ni podría dar.

Odiaba profundamente la sensación hasta que mi oscuridad desapareció por completo y pude ver borrosamente una luz cegadora que hizo que cerrara mis ojos. Maldición, eso sí que ardió muchísimo.

Esperen. Mis ojos. Maldita sea, estaba viva. Tenía vida. Una inmensa alegría llenó mi corazón y estando tan inmersa en el sentimiento comencé a llorar. Un llanto horrible salió de mi, parecía un bebé.

– Ha nacido en buen estado de salud, Biwa-san – habló la partera – el parto ha sido duro pero la pequeña está bien

– Gracias – agradeció Biwa recostada en la cama

– Ha sido toda una sorpresa que hayan sido gemelas, cariño – habló un hombre rubio – ¿cómo te gustaría nombrar a la hermanita gemela de Ino-chan?

En ese momento me congelé. Yo era un maldito bebé. Maldición, la reencarnación existe. Ino... ese nombre lo conocía. Pensé muy duro pero no lo pude obtener. Pero bueno, lo importante es que soy un bebé y aparentemente renací en otra vida. Me pregunto si esto sucede con todas las almas o solo la mía llena de pena y tristeza.

– Se llamará Inai Yamanaka – expresó Biwa tomando a sus hijas en brazos

Inai... pensé. Es un nombre aceptable, tendría que acostumbrarme a ser llamada así. Un nuevo nombre pensé con alegría. Una nueva vida sonaba muy bien, haría todo lo posible por vivirla al máximo.

Además, tengo una hermana gemela llamada Ino que estoy cien por ciento segura que recuerdo que proviene de algún lugar. Su nombre brilla intensamente en mi pequeña mente. Siento que la conozco desde hace mucho.

Según mis descubrimientos, mi padre se llama Inoichi y mi madre Biwa. Extraños nombres si me preguntas pero qué se le va a hacer son mis padres después de todo.

Ser un bebé fue incómodo no voy a mentir. Alimentarme del pecho de mi madre fue muy extraño y aunque en un principio me negué por instinto, mis necesidades fisiológicas ganaron. Padecer el hambre no era algo agradable para un bebé.

Ino y yo dormíamos en la misma cuna. El calor del cuerpo de mi hermana gemela me daba una extraña calma a mi mente oscura y perturbada. Podía sentir su inocencia y pureza, a veces me preguntaba si éramos como el Yin y Yang.

La calidez solo pasaba cuando dormía con Ino y a veces, lloraba como bestia pero yo casi nunca lloraba. Tenía asuntos más importantes por hacer, bueno, sólo pensar en qué sería de mi vida y probablemente saciar mi hambre.

El tiempo pasó y finalmente pude sentarme con mi diminuto cuerpo. Incluso descubrí mi cabello rubio muy pálido, es bastante bonito. Pasó un tiempo antes de que Ino se sentara por su cuenta pero en ese entonces, yo ya podía pararme con menos dificultad.

– Mira cariño – habló mi padre Inoichi – Inai se está poniendo de pie

– Oh vaya – celebró mi madre con una cámara de fotos

Mis padres eran personas muy cálidas y realmente podía palpar y sentir su amor. Amaban profundamente a sus hijas gemelas. Mi madre, Biwa siempre estaba allí celebrando y captando cada momento importante de sus hijas. Y mi padre, Inoichi no estaba siempre en casa porque trabajaba en alguna profesión que involucraba extraños cuchillos, vendas y demás artículos. Dudaba que fuera médico pero de algo trabajaba.

Los meses continuaron pasando y cuando tuve diez meses podía caminar mis primeros pasos. Mis padres estaban muy felices y aún más cuando Ino pudo lograrlo meses después. Realmente no pude evitar avanzar rápido, tenía muchas ganas de vivir mi nueva vida.

Si me preguntas, la vivencia como hija y gemela fue muy agradable. Realmente lo disfruté mucho, Ino era muy buena gemela y siempre nos entendíamos con una simple mirada. Tal secretismo y percepción era muy agradable.

Un día algo horrible sucedió. Estaba durmiendo cuando una terrible energía maléfica apareció zumbando por todo el ambiente. Podía sentirlo en el aire, era sofocante.

Mis padres estaban muy preocupados y fuera de sí moviéndose de un lado para otro. Ino y yo fuimos con nuestra madre hacia un lugar seguro. Biwa, mi madre nos hablaba con miedo y calma. Una extraña combinación, jamás había visto a mi madre así.

Fue en ese instante en que todo tuvo sentido. Mientras la gente estaba corriendo intentando salvar su vida en medio de la noche nuestra madre nos llevaba. Miré de dónde provenía la energía maligna y era un gran zorro naranja. Y más atrás, pude ver una montaña con rostros tallados.

Todo tuvo sentido. Todo este tiempo pensando en una vida tranquila se había esfumado por completo. Los rostros de la Montaña Hokage hicieron que me diera cuenta en dónde había reencarnado. Mi vida ahora era parte del mundo Naruto. La realidad ahora era un maldito mundo de ninjas donde podría morir en cualquier instante. Maldita sea al destino, a la parca y al maldito que me asesinó en primer lugar.

Por primera vez que llegué a este mundo lloré de tristeza por lo que me esperaba, por todo lo que probablemente volvería a perder. Akatsuki, el viejo Danzo, la guerra, Madara, todos esos ninjas que harían de este mundo una desgracia. Miles de recuerdos inundaron mi mente en un torbellino de imágenes.

– Inai-chan, tranquila pequeña – intentó consolarme kaa-chan

El despegue de tantos recuerdos, imágenes y rostros que había conocido en el anime hizo que una energía dentro de mí zumbara. Aquella energía que pensé que era magia o algo así era mi chakra y se precipitó en mi fuente principal.

La energía del zorro de nueve colas que estaba presente en el aire comenzó a arremolinarse a mi alrededor mientras lloraba de profunda pena. No podía escuchar nada pero si era consciente de mi misma y de mi extraña energía que tenía dentro y recorría mi cuerpo.

Sentía como unos caminos de energía dentro quemaban. Era mi propio chakra y el chakra del zorro en el aire que dañaban mis redes. Lloré sin saber qué hacer. Lo había convocado y no podía detenerlo hasta que un golpe en mi nuca me hizo caer en la oscuridad.

Desperté en el hospital bajo el cuidado de mi madre. Estuve durante mucho tiempo internada con ninjas médicos revisándome cada día. Las enfermeras me sonreían con pena y lástima.

El tiempo pasó increíblemente lento. Pude ver que mi familia estaba preocupada. Un día escuché algo que cambió por completo mi actitud.

– Ella nunca podrá ser un ninja – declaró Inoichi hablando con mi madre

– Tiene que haber algo que podamos hacer, un tratamiento – dijo Biwa con tristeza

– Ha dañado permanentemente sus redes de chakra

– Pero, ¿cómo es posible? – preguntó Biwa

– Nadie lo sabe, a su edad no debería haber sido capaz de usar su chakra

Si no podría ser un ninja estaba muerta en este mundo. No podía permitir esto, encontraría la forma de superarlo incluso si tuviera solamente que usar Taijutsu. Estaba decidido, me convertiría en un ninja cueste lo que cueste.

Los años pasaron, mi gemela Ino y yo estuvimos muy unidas pasando tiempo juntas hasta que llegó el momento en que nuestro padre tuvo que entrenarnos en las técnicas del clan. Claramente yo no estaba incluida e intentaron amablemente que no me diera cuenta pero lo hice y lo entiendo pero no me quedaría de brazos cruzados.

Cuando Inoichi e Ino entrenaban, yo me quedaba con mi madre Biwa en la florería.

– Quiero ser un ninja – sentencié

– Inai... – mi madre me miró con tristeza y no dijo nada

Al día siguiente me explicaron mi condición y que jamás podría ser un ninja. Me molestó que no tuvieran fe en mí pero a la vez entendí sus posiciones.

Cuando Ino comenzó la Academia no fui incluida y para mi sorpresa sufrí mucho por ello. Esperaba que al menos tuvieran fe en mi Taijutsu pero no fue así que decidí comenzar a entrenar por mi cuenta.

Comencé a leer libros instructivos de Taijutsu que podía conseguir en la biblioteca de Konoha. Practicaba sola en el patio sin que nadie pudiera verme. Perdí la cuenta de cuantas veces me caí. Esto de ser un ninja era realmente dificultoso y sobre todo agotador. Tenía cero resistencia y ni hablar de fuerza.

Durante tres meses entrené incansablemente las bases del Taijutsu y pude ver que había mejorado. Ya no me caía y tropezaba con mis pies. Pude mantener la postura y mejorar mis puñetazos y patadas.

Mi madre casi me descubre dos veces pero pude similar que jugaba en los árboles. Para evitar esto, comencé a entrenar en un campo de entrenamiento para ninjas que nadie usaba. Era un poco tétrico pero valía la pena si no me descubrían.

Mi entrenamiento de Taijutsu iba genial y para más dificultad comencé a correr alrededor del campo de entrenamiento al menos diez vueltas por día. Eso aumentó considerablemente mi resistencia. Como ejercicios de fuerza, comencé a levantar todos los días un tronco de tamaño aceptable para presionarme más.

Un día, cuando entrenaba una forma de patada ascendente tomé carrera y di un salto en el aire para luego hacer la patada y caer bien en el piso. El manual de Taijutsu instruía que era fundamental y saltar en el aire y por supuesto caer bien parado.

Algo inesperado sucedió, cuando mi pie tocó el suelo en la realización de la patada sucedió un impacto de chakra y todo el suelo del campo de entrenamiento se rompió en mil pedazos. Me congelé en sorpresa al ver lo sucedido. Eso no podía ser posible, se suponía que no podía usar chakra.

Varios ninjas llegaron por el estruendo. Me sonrojé como una cereza por vergüenza y las miradas de los ninjas y kunoichi. Miraban sorprendidos el daño colosal y mi pequeña figura.

Tiempo después llegué acompañada a la oficina del Hokage mientras esperaba a mis padres. Esto sería fatal, estaría en problemas en breve.

– No estás en problemas, Inai-chan – me sonrió el Tercer Hokage y asentí todavía sonrojada, no podía soportar mi vergüenza

– Lord Hokage – saludó Inoichi respetuosamente junto a mi madre

– Tienes una hija sorprendente, Inoichi-san – comentó Hiruzen – ha sido capaz de destruir un campo de entrenamiento – bajé la mirada – me han dicho que estaba entrenando Taijutsu cuando sucedió, ¿no es así, Inai-chan?

– Hai, Hokage-sama – respondí levantando la mirada

– Inai... – dijo Biwa con rostro decepcionado – podrías haber muerto, no puedes utilizar chakra

– Sí puedo, kaa-chan – respondí – ¿acaso no viste lo que puedo hacer?

– En efecto, Inai puede utilizar chakra – respondió Sandaime – haré que médicos la revisen para confirmarlo pero no debería tener problemas para convertirse en kunoichi

Suspiré de alivio al escuchar eso. Realmente me convertiría en kunoichi si todos los análisis salían bien. Y fue así como inmediatamente me llevaron al hospital de Konoha para una completa revisión y control y asesoramiento de chakra.

Me sorprendí al ver a varios ninjas médicos examinarme con suma meticulosidad. Era magnífico ver cómo sus chakras verdosos invadían mi sistema como una pequeña llama de un fósforo. Era cálido y a la vez peligroso.

Tomó seis horas la realización de los exámenes médicos, esperé con ansiedad los resultados. Me desesperaba no saberlo. Mis padres hablaban entre ellos y me sonreían levemente. Sabía que estaban decepcionados por mi entrenamiento a escondidas.

– Yamanaka-san, tenemos los resultados – habló un ninja médico – las redes de chakra así como también su fuente principal están en perfecto estado – sonreí brillantemente – Inai-chan puede convertirse en un ninja

Salté de felicidad abrazando al ninja médico y a mis padres. Se mostraron sorprendidos de mi felicidad, pues siempre era tranquila. Mi madre sonrió al verme, se notaba a leguas que realmente deseaba ser un ninja.

Aquel día fue uno de los días más felices de mi corta vida. Cuando llegamos a casa, abracé a mi hermana gemela Ino que acababa de llegar de la Academia y le conté las buenas noticias.

– ¡Felicidades, Inai-chan! – celebró Ino felizmente – ¡cuando comiences la Academia te presentaré a mi amiga Sakura!

– ¡Claro, Ino-chan! – aplaudí felizmente

Y así fue como todo cambió. Comencé las clases al día siguiente. Afortunadamente, estaba en la misma clase de Ino. Mi sensei era Iruka. Por supuesto que lo recordaba como el maestro y figura cercana a Naruto. Me pregunto dónde estará el chico.

Como otro cambio fue el anuncio de mi padre para que entrenáramos en los jutsus del clan Yamanaka. Me uní a las lecciones de Ino cuando mi padre Inoichi y yo nos pusimos al día con los jutsus. Ahora entrenábamos los tres juntos.

Pero sí había algo diferente. Ino pasaba más tiempo con otros dos niños llamados Shikamaru y Chouji. Al parecer eran amigos. Realmente no consideré que mi presencia fuera necesaria allí así tampoco pensaron mis padres. Y reflexionando más sobre el asunto llegué a la conclusión de que ellos tres serían el próximo trío Ino-Shika-Cho. Tenía sentido.

Las clases en la Academia eran agradables e instructivas pero se notaba a leguas que había que complementarse individualmente. Los alumnos provenientes de clanes shinobi tenían una gran ventaja pero los civiles no y realmente me pregunto cómo hacían para sobrevivir.

Y teniendo en mi situación, debía de buscar lo antes posible un sensei para desarrollar más habilidades. Sobrevivir en este mundo no era fácil y tendría que aprovechar estos tiempos de paz para hacerme más fuerte.

Pensé durante una semana posibles sensei. La primera opción fue el Hokage pero dudaba que me entrenara, Sarutobi ya tenía sus deberes como Hokage. La segunda opción fue su hijo Asuma Sarutobi, pero recordando el anime, Ino no tenía gran afinidad con él y menos yo así que quedaba descartado. La tercera opción era Kurenai Yuhi pero desestimé al pensar en Hinata, quizás debería acercarlas. Bueno, ya volviendo al tema, la cuarta opción era Kakashi Hatake. Sí, lo sé no sonaba muy posible pero podría insistir así que lo intentaré.

Comencé a buscarlo en las tiendas de dango, mercados, calles principales incluso en la Torre Hokage pero no hubo caso. No había rastro de aquel ninja. Le pregunté a Sandaime pero solo me miró con una ceja levantada y me envió a que disfrutara mi edad. Si tan solo supiera pensé con tristeza. De repente choqué contra alguien.

– ¡Disculpe! – dije haciendo una leve reverencia

– Oye, no te preocupes – habló un chico de cabello negro – te veías triste, ¿estás bien? – me sorprendí de su lectura

– Sí, estoy bien – asentí

– Ven, te invitaré un tazón de ramen, verás que feliz te hará – sonrió el muchacho

Acepté su invitación así de paso evaluaba el sabor del ramen. Ichiraku Ramen se veía tal cual. Me pregunté sobre este chico, tenía un aspecto familiar.

– Por cierto, mi nombre es Shisui Uchiha – se presentó mientras recibía su tazón de ramen y la realización llegaba a mi mente

Este chico era Shisui Uchiha, un ninja pacifista que velaba por la aldea por encima de sus propios intereses y los de su clan. Fue un héroe que murió buscando la paz.

– Soy Inai Yamanaka – me presenté con una gran sonrisa y tendiéndole la mano la cual aceptó gustosamente

Disfruté mucho la cena, era verdad que el ramen es exquisito. Quizás sea mi nuevo lugar recurrente pensé. Shisui habló de su gusto por los dangos así también por el té, y que tenía un mejor amigo. Y por supuesto, me contó que también era un shinobi.

Y hablando de mí, le conté que era proveniente del clan Yamanaka y que estaba en la Academia. Le relaté sobre mi inesperada condición de chakra y sobre cómo veía las clases en la Academia. Y que contemplaba la posibilidad de expandir mis horizontes de habilidades.

Aquello fue sorprendente para Shisui pues me miró con extrañeza y comprensión en sus ojos. Mis ojos azules pero a la vez oscuros de alma delataron la verdad que albergaba mi alma. Oscuridad y esperanzas. Una mente perturbada pero a la vez capaz de hacer cambios.

– Podría entrenarte, ¿sabes? – habló Shisui casualmente mientras me acompañaba a mi casa

– ¿Por qué? – pregunté sin rodeos

– Creo que somos parecidos, Inai – respondió el ninja – y pocas veces encuentro similitudes con las personas

– Está bien, Shisui – asentí

– Te veré mañana a las seis de la tarde – informó dando la vuelta

– Gracias – y él solo miró de costado con una leve sonrisa

Desde ese momento supe que no estaba tan sola como pensaba. Sonreí al darme cuenta que mis posibilidades de supervivencia en este mundo habían aumentado. Este entrenamiento sería vital. Apreté los puños mientras pensaba en todos los enemigos que vendrían, no había otra opción. Tengo que hacerme fuerte.

Al día siguiente, me desperté de buen humor y tomé el desayuno para extrañeza de mi madre. Nunca desayunaba pues este día era especial y si quería hacerme fuerte debería comenzar a desayunar seguido. Esperé pacientemente a mi hermana gemela pues ella dedicaba gran tiempo de la mañana a su belleza matutina y debía esperarla para ir juntas a la Academia.

Cuando Ino por fin terminó de desayunar nos fuimos. En el camino, ella parloteó vivazmente sobre las cremas para el rostro y esmaltes que había comprado junto a mamá. A veces me ponía de malhumor escuchar estas cosas pero lo comprendí después de un tiempo, así era ella hasta que tomara las riendas de su vida y sería una kunoichi fenomenal.

Al llegar, ella se fue con Sakura. Ahora eran mejores amigas y yo no tenía problema con eso. Es más, me dirigí a mi lugar designado por mí misma. Alejado de algunas personas molestas y para mi desgracia, detrás del emo vengador Sasuke Uchiha. Rodé los ojos al pensar en el próximo griterío que debería soportar hoy.

– ¡Sasuke-kun! – llamó Sakura con rostro muy sonrojado y saludando desde una distancia prudente

Por una fracción de segundo, me apiadé del emo. Que paciencia tenía para aguantar docenas de niñas gritando su admiración y amor, y sin contar al club de fans. Finalmente, Iruka hizo presencia y comenzó la clase de historia shinobi. Para los demás fue una completa desgracia pero para mí mucho muy interesante cuando llegó la parte de los fundadores. Hashirama Senju y Madara Uchiha. Cualquier nombramiento de las habilidades del loco maníaco Uchiha sería muy útil para futuros planes. Estaba tan entusiasmada escribiendo que la punta de mi lápiz se rompió en una parte muy importante pero sorprendentemente un nuevo lápiz me fue ofrecido.

Sasuke me tendió otro lápiz y me fulminó con la mirada. Tomé el objeto por necesidad extrema y le agradecí en voz baja solo para recibir un "hn" de respuesta. Igual era entendible, nadie quería soportar la ira de Iruka-sensei.

Mi escritura veloz continuó a gran escala tomando notas de los fundadores. Cuando la clase terminó, devolví el lápiz a su dueño y le agradecí nuevamente. Luego, me despedí de Ino y me marché al entrenamiento con Shisui.

Una vez allí me sorprendí al ver que había más personas. Obviamente estaba Shisui pero acompañado por Itachi y emo vengador Sasuke.

– ¿Qué hace ella aquí? – preguntó Sasuke estrechando sus ojos

– Ofrecí entrenarla – respondió Shisui – ella quiere hacerse más fuerte al igual que tú, Sasuke-kun

Fue un momento épico al ver la cara horrorizada de Sasuke. Valía la pena pensé riéndome. El entrenamiento fue bastante introductorio pero útil. Shisui corrigió varias veces mi postura para el lanzamiento de kunai y shuriken.

Luego, Itachi nos hizo hacer ejercicios de resistencia y entrenar entre parejas nuestro Taijutsu. Fuimos cambiando hasta que todos compartimos una pelea de entrenamiento. Fue sorprendente la habilidad de Itachi y Shisui. Claramente eran muy experimentados y sólo nos mostraban una parte de su poder.

Finalmente, hicimos ejercicios de fuerza y control de chakra con hojas de árboles. Fue bastante difícil y sorprendentemente pude sentir una porción de mi chakra en la punta de mis dedos. Fue extraño la verdad.

Cuando el entrenamiento acabó, los cuatro estiramos los músculos para evitar lesiones y cada uno marchó a su hogar. Shisui me acompañó hasta casa por educación. Al llegar, mi madre Biwa me sonrió con cariño al ver mi rostro cansado. Cené con mis padres y hermana gemela, realmente no tenía ni fuerzas para hablar y sólo me dediqué a cenar para luego ir a ducharme y por fin, a dormir.

Estaba tan cansada que aprecié la comodidad de mi almohada y cerré los ojos para alcanzar el mundo de los sueños y reponer energías. Podía sentir el leve cosquilleo del chakra regenerándose hasta que me dormí.

Itachi miró a su primo con calma. Él sabía que si Shisui se ofrecía a entrenar era porque había algo especial en la persona. No por nada lo entrenó a él mismo.

– ¿Por qué? – preguntó Itachi mirando el río Nakano donde ellos dos siempre hablaban con tranquilidad

– Creo que es como tú, Itachi – respondió Shisui con las manos en los bolsillos

– ¿A qué te refieres? – preguntó nuevamente

– Es muy perceptible y busca hacerse más fuerte por razones que sospecho – respondió Shisui con calma – creo que te llevarás bien con Inai y además será una buena influencia para Sasuke

Itachi no respondió, tan solo reflexionó las palabras de Shisui. Que su primo viera aspectos de él en una niña lo sorprendía. Inai Yamanaka, ¿hasta dónde llegará?

– Ella fue la causa del estruendo en el campo de entrenamiento abandonado, Itachi – continuó Shisui – tal cantidad de chakra, ni siquiera ella sabe lo que posee

– Lo he sentido, bastante chakra para una niña me atrevo a decir – afirmó Itachi recordando el momento en que sintió el chakra de la niña rubia – llegará lejos en las manos correctas

– Sólo el futuro nos dirá – suspiró Shisui

El futuro era incierto para ellos. Demasiado odio, rencor y venganza se esparcía bajo sus narices. Incluso si lo sabían, pocas opciones tenían para actuar. Quién sabe si con un empujón hacia la dirección correcta las cosas serían diferentes.

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¡Gracias por leer!