Disclaimer: las obras de George R.R. Martín, incluida Canción de Hielo y Fuego no son de mi propiedad intelectual. Tanguy/Coyote si es un personaje de mi invención.

N/A: esta historia pertenece al reto "I Certamen de los Originales", del foro "Alas Negras". Palabras: 740. Cualquier crítica constructiva sobre cualquier aspecto es muy agradecida. Ocurre antes de mi historia anterior del Certamen "Dulces Sueños".

I

Tanguy no tenía idea de como sabía el suelo de Meereen pero sin duda podía saber como se sentía, y la respuesta era, bastante duro.

Ahhh… Mierda… Ahahahhh…―Los pulmones le ardían y recupar la respiración mientras reía estaba resultando ser algo laborioso―. Podrías… Ahhh… intentar actuar un poco… Ahahahhh… cansado al menos ―.«¿De dónde saca tanta energía?».

Unos metros frente a él se encontraba una leyenda, un hombre del que había escuchado historias, del que había fantaseado de niño; enfrente suyo, con la espada enristre y el escudo pegado al cuerpo, tenía a Ser Barristan "el Bravo", Lord Comandante de la Guardia de la Reina, héroe de la guerra de los Reyes Nuevepeniques y el hombre que lo hizo conocer el suelo de Meereen toda la mañana. «El desgraciado apenas tiene un poco de sudor en la frente».

Dicho anciano relajó su postura, con una sonrisa plácida en su rostro.

―Creo que es todo por hoy joven Ser.

«No soy ningún Ser» quiso decir, pero no tenía las fuerzas. Así han sido las mañanas estos últimos meses, desde que el capitán lo señaló con el dedo después de que Ser Abuelo llegara a los cuarteles de la compañía preguntando por un compañero de entrenamiento.

―Tienes potencial Coyote, pero tensas demasiado los músculos, hace que tus movimientos sean más lentos rígidos, y buscas acercarte demasiado a tu oponente, no aprovechas la ventaja del rango que tu espada y tamaño te brindan ―. El anciano frunció el ceño―. Conozco la clase de hombres que pelea así, llenos de ira, y no cualquier tipo, uno lleno de odio, el mundo no ha sido amable contigo, alguien ha sido especialmente terrible, peleas cómo si tuvieras delante de ti a esa persona ―. Ni siquiera lo hizo parecer una pregunta.

―Y sí es así ¿cambia algo? ―Ahora Tanguy si se sentía irritado, leyenda o no, le molestaba que hablara como si lo conociera o las cosas por las que había pasado.

El anciano se encogió de hombros lo mejor que pudo con la armadura, ya habiendo dejado sus armas a sus escuderos.

―Alguien listo va a saber aprovecharlo y pagarás caro por ello.

―Hasta ahora nadie ha podido ―respondió Tanguy de forma mordaz.

―Dale tiempo, siempre habrá alguien que pueda poner a prueba tu habilidad para seguir viviendo.

Ante este comentario, Tanguy no pudo evitar levantar una ceja.

―¿Eso te ha sucedido? ¿a ti? ¿Ser Barristan "el Bravo"?

―Más veces de las que te imaginas chico.

Ya sin armadura, el viejo parecía un hombre mayor sin nada destacable, su cuerpo estaba en muy buena forma para alguien de su edad, era evidente, pero más allá de eso no podrías ver parecido entre este hombre y el de la capa blanca; después de refrescarse, continuó el sermón:

―Soy lo suficientemente viejo para darme cuenta de que eres como un perro.

Tanguy se tensó un momento ante estas palabras.

―Je, no te preocupes, todos lo somos en un punto, siempre persiguiendo algo; probablemente nadie te pueda quitar este odio, sólo la muerte de esta persona logre eso, pero mientras, aprende a controlarlo, que te de fuerzas pero no dejes que te enceguezca, la diferencia entre un pirómano y un herrero está en que uno es controlado por el fuego, el otro lo controla ―Tanguy notó que el viejo tampoco parecía muy relajado, no desde que la reina desapareció en su dragón.

Sintió algo de pena por el venerable anciano y preguntó.

―¿Es verdad eso? ¿qué todos persiguen algo? Eso suena que todos somos esclavos.

―No lo escuchaste de mí, pero sí, algunas cadenas no se harán ver pero lo que deseamos nos ata tanto como lo que debemos hacer… Deber y amor, pasión y moderación, títulos, familia, sangre, honor, amigos y enemigos, todos perseguimos algo, servimos a nuestros deseos o a los de los demás… Podemos elegir qué hacer pero siempre termina igual, encadenando el corazón ―. En ese momento llegaron unas bestias de bronce, mirándolos hasta que su aparente líder asintió levemente con la cabeza.

De repente Barristan actuó como si se acabara de acordar de algo.

―Me tengo que ir joven Coyote, espero que hayas podido aprender algo ―dijo y empezó su marcha.

―¡Ser, espere! Dígame ¿Qué es lo persigue?

Barristan, no esperando semejante pregunta, se quedó contemplando, no sabiendo si responder o no, al final devolvió la mirada y respondió ―un juramento.

Se volvió y partió, dejando a Tanguy con cosas para pensar.