Compañía

1.

Lily respira lentamente, cuenta hasta veinte al derecho y al revés, siente el palpitar del corazón contra su pecho y controla su respiración. Piensa en su madre, pero no en todo lo que quiere decirle, frunce la nariz al percibir la colonia masculina del auto, piensa en todo lo que quiere decir y no lo contiene.

—Puedo ir en autobús. No tienes que hacer esto —habló bajito.

—Lo sé, pero es el primer día y…

—Sé irme en autobús, Harry, no tienes que hacer esto por mi madre —masculló, finalmente abriendo los ojos y observándolo con reproche. Harry apretó los labios en una sonrisa.

—Ella no me lo pidió, yo me ofrecí —explicó con tranquilidad.

—Y yo ya te dije que puedo irme en autobús —insistió molesta—. Sólo es King's Cross, no me pasará nada malo.

—Lo sé, Lily —respondió, apenas dándole una pequeña mirada de reojo.

—No. No sabes nada, Harry.

Él jamás ha sabido nada.

Lily cree que el universo conspiró en su contra desde mucho antes de su nacimiento. Para empezar, su tío Bill se había casado con una Veela que alardeaba de conocer a un campeón del torneo de los tres magos, unos juegos caídos en el olvido por ser peligrosos y mortales; según su abuela, Fleur era adorable, y a Lily no le desagradaba, el problema fue su hija Victorie. La muchacha había decidido salir con Teddy Lupin, un lindo muchacho de cabellos despampanantes con el que tampoco tenía problemas. El verdadero problema fue cuando Victorie anunció que iba a casarse con Teddy, entonces insistió en presentar a sus familias. Es decir, a toda la familia.

A diferencia de Teddy, su familia es de lo más numerosa, y fue precisamente el padrino del prometido el que vino a fijarse en su mamá.

—¿Qué tiene de fascinante? —le preguntó a su madre, quien se quitaba el maquillaje del rostro mientras hacía su típica mueca analítica.

—No es "fascinante", como dices —rió ella—. Él me ayudó cuando estaba en Hogwarts, somos viejos amigos, Lily —contó con simpleza. Lily frunció el entrecejo a la mirada del reflejo.

—¿Entonces si escuché bien? ¿Vas a salir con él? —continúo. Ginny asintió y se sacó los aretes, finalmente girando sobre el banquillo para encontrar su mirada.

—Hace mucho que no lo veía —excusó—. Ve a dormir, Lily, él es sólo un amigo.

No lo era. O bueno, no por mucho. Después de la boda de Victorie, salieron oficialmente, con un permiso implícito por parte de Lily.

—¿Simplemente le dijiste que no importaba? —le preguntó su amigo Adam. Lily se encogió de hombros y asintió—. ¿Qué tal si te dejan en un orfanato?

—No seas ridículo, tengo quince y mamá no haría eso jamás —gruñó—. Sólo se está divirtiendo. Y no la culpo, mi papá fue un imbécil con nosotras.

Adam resopló y se metió un bollito a la boca mientras negaba.

—Yo creo que van para largo Li-lu —se burló. Lily le lanzó otro bollito en la cara y lo ignoró.

De hecho, ignoró el tema hasta las vacaciones de Navidad, cuando despertó con su pijama peludo y encontró a Harry Potter en su estancia, con dos regalos en las manos.

—Feliz Navidad, Lily —saludó sonriente.

—Hola —respondió desconcertada, buscando a su mamá con la mirada.

—¡Lily! ¿Puedes ayudarme, cariño? —gritó Ginny desde la cocina. Ni siquiera se disculpó con Harry, corrió a la cocina y apuntó a la puerta con ojos gigantes en espera de una explicación—. Lleva esto a la sala, ¿quieres?

—¿Qué hace él aquí? —preguntó entre dientes. Ginny sonrió y le extendió una bandeja con galletas de chocolate.

—Es Navidad —dijo, manteniendo la sonrisa y extendiendo la bandeja con mayor insistencia. Lily elevó ambas cejas.

—Pues por eso, ¿qué hace aquí si es Navidad? ¿No tiene familia o algo así?

La sonrisa de su madre cayó demasiado rápido, y Lily no tiene ni idea de qué ha dicho para disgustarla. Es la verdad. Esa precisa mañana de Navidad, de entre todas las del año, ni siquiera van a casa de la abuela Molly. Es un día para estar en casa, agradeciendo por la familia y los obsequios. E insiste: en familia.

—No seas descortés con Harry, Lily. Me parece que te ha traído un obsequio —susurró su madre, dejando la bandeja sobre la isla antes de sacar tazas de la gaveta.

—Sólo estoy preguntado, no lo estoy echando —masculló bajito, con la repentina sensación de que Harry podía oírla.

—Lily —suspiró Ginny, mostrandose indecisa sobre sus palabras—, Harry no… él no…

Pero su mamá nunca le dijo algo sobre Harry. Ella simplemente había negado con decisión y le pidió que se llevará las galletas. Lily no entendía nada. Ni qué hacía Harry en su casa la mañana de Navidad ni por qué su madre lo había permitido.

—¿Y qué fue lo que te regaló? —preguntó Adam, caminando con la escoba sobre su hombro y el entrecejo fruncido.

—Unos botines y una snitch —gruñó malhumorada. Adam rió después de silvar con admiración.

—Joder —masculló—, ¿es algún tipo millonario o algo así? Quizá un traficante de órganos —rió—. Nadie que se llame "Harry" puede comprar una snitch, Li-lu.

—Cállate, Adam. Lo último que quiero es escuchar sobre él también en la escuela —pidió con molestia. Adam volvió a reír y se trepó a la escoba.

—Te dije que ellos iban en serio —canturreó burlón—. Espera a tu cumpleaños y verás.

Pero, a diferencia de Navidad, Harry tuvo la cortesía de interpretar que no quería su presencia en la celebración de su cumpleaños.

—Mamá todavía se está arreglando —respondió con cansancio en cuanto abrió la puerta. Harry sonrió y asintió mientras jugaba con una caja entre sus manos.

—Lo sé, es que… quería hablarte un minuto.

Lily tiene que dejarlo pasar a la casa porque su mamá le insistió en ser cortés, de lo contrario lo dejaría afuera.

—¿Conmigo? —preguntó confundida. Harry asintió y golpeteó la caja con los dedos.

—Si, hum, Ginny mencionó que tu cumpleaños es la próxima semana —comenzó con una sonrisa pequeña. A Lily no le gustaba hacia donde iba la conversación—. Así que te traje esto —habló rápido, extendiendo la caja frente a ella. Lily la observó por largos segundos.

—Pero mi cumpleaños es hasta la próxima semana —repitió en voz baja. Harry rió y asintió.

—Lo sé —dijo como única respuesta.

Tomó la caja por cortesía, los comentarios de Adam le comenzaban a generar ideas en la cabeza, y tenía la impresión de que Harry quería ganarse a su mamá a través de ella. ¿Por qué más le regalaría un collar con su nombre grabado en un dije de luna? Y que además combinaba sospechosamente con el vestido que usó en su fiesta de cumpleaños.

Que Harry no estuviera presente no significó que no fuera mencionado, lo cual ocurrió más veces de las que Lily puede contar. ¿Quién rayos se creía para tener un poco de atención en su cumpleaños?

Pero eso no fue todo, Harry las visitó al día siguiente, cuando el sol comenzaba a ponerse. Lily supo de inmediato que se quedaría a cenar, y ya ni siquiera se molestaba, ¿qué sentido tenía? Harry no se iría simplemente porque ella quería. Sin embargo, le fue imposible fijarse en su apariencia: tenía rasguños, moretones y un par de vendas.

Lily es prudente, pero también es curiosa, muchísimo.

—Arriesgándome a parecer una entrometida, ¿qué te pasó Harry? —preguntó en cuanto terminó con el primer bocado de su panecillo.

Por supuesto que su madre la miró mal, incluso intentó darle un golpe por debajo de la mesa, pero Lily ni siquiera apartó los ojos de Harry. Parecía un poco sorprendido por la pregunta y aún así sonrió.

—No es nada, sólo tuve un par de duelos —explicó sin dejar de sonreír. Lily alzó las cejas inconscientemente. ¿O sea que el novio de su madre era un duelista?—. Quita esa cara que no hacía nada malo, soy un auror —rió.

—Ah —fue todo lo que consiguió decir.

Claro que a Adam le escribió aquello con lujo de detalles y su respuesta fue un miserable: "¿Auror? Un auror no puede ganar tanto oro para una snitch, Lily. Creo que miente". ¿Mentiría en frente de su madre? Lily no estaba para ese tipo de intrigas, pero tampoco podía darse el lujo de interrogar a Harry.

—¡Sí, Lily, obviamente parecías una entrometida! —le riñó su madre en cuanto Harry se fue.

—Sólo quería saber…

—¡Pues no, Lily! Eso fue muy grosero —y continuó balbuceando mientras iba dejando ropa aquí y allá por su habitación.

Así que la única alternativa fue su tío Ron.

—¿Te acuerdas que, hace mucho, mencionaste algo sobre el cuartel de Aurores? —preguntó con la mayur inocencia que pudo reunir. Su tío movió un par de escarabajos torpedo del estante y asintió.

—Sí, sí, hace mucho —masculló—. Era una pesadilla, Hermione se volvía loca siempre que salía a alguna misión.

—¿Ah, si? ¿Y con quién trabajabas? —insistió. Ron dejó los escarabajos y recorrió su rostro con ojos estrechos.

—Pues con Harry no, Lily —rió—. Si tanta curiosidad tienes, ¿por qué no le preguntas a él?

—Mamá dijo que no —gruñó. Ron hizo una mueca y volvió su atención a los escarabajos.

—Entonces no debimos tener esta conversación, es más, nunca la tuvimos ¿comprendes? —fingió un escalofrío y se alejó para abrir la tienda.

Lily estaba enfadada. Quería saber quién rayos era Harry Potter y por qué su madre se negaba a decirle algo. ¡Ni siquiera podía preguntarle a él! No sería descortés sólo… ¿inapropiado? ¡Bah! A la mierda. Si no querían decirle pues bien, Harry ni siquiera le agradaba desde el inicio.

—Te portas como un bebé, Li-lu —se burló Adam.

—No me interesa —repitió—. Harry Potter es algo pasajero en la vida de mi mamá. Se irá.

—Yo creo que van muy en serio —murmuró su amigo.

—Cierra la boca.

Adam tenía razón. Su madre iba tan en serio con él que le avisó que Harry la llevaría a la estación de King's Cross porque tenía que ir a su trabajo de emergencia. ¿Para qué, un jodido partido sorpresa? ¡Boberías! No podían engañarla, su madre quería que pasara tiempo con Harry por eso estaba en su estúpido auto.

—¿Me llevarás hasta el andén? —preguntó malhumorada. Harry asintió y cargó su baúl.

Pero todas las mokestas intigras que la abordaban sobre Harry Potter volvieron en cuanto estuvieron frente al Expreso de Hogwarts. Eran el maldito foco de atención.

—Lily —llamó Harry, sosteniendo su hombro antes de subir—. Sólo… —suspiró y sonrió—. Puedes escribirme, ¿sabes? No me molestaría en absoluto.

Lily de verdad quiso responderle a la defensiva, pero había algo en su mirada, eso que toda su familia se negaba a darle: respuestas. Y Lily ahora tenía la posibilidad abierta, sólo que viniendo de Harry le parecía… intrigante.

—Bien —murmuró—, uhm… Gracias, Harry.

—Hasta pronto, Lily.

Lily ni siquiera asoma la cabeza por la ventanilla, espera que Harry se vaya en cuanto ella esté dentro de algún compartimento. Excepto que jamás logra llegar a uno porque Anne la intercepta en el pasillo.

—¿Harry Potter es tu pariente? —preguntó Anne escandalizada. Lily frunció el entrecejo.

—No, ¿por qué?

—¡Lily! —exclamó indignada— ¡Es el salvador del mundo! ¿Cómo que "por qué"? ¡Lo que daría porque me trajera al Expreso!

¿Que Harry era qué?

2.

Lily respira agitada, sus manos tiemblan a pesar de tenerlas unidas con fuerza y todo a su alrededor se ve borroso. Entiende menos que nunca, que en toda su vida.

—¿Lily? —llamaron a sus espaldas.

La pelirroja brinca en su sitio y devuelve la mirada vidriosa a la voz detrás de ella.

—¿Tú lo sabías? —logró murmurar. Harry frunce el entrecejo y termina de acercarse, haciendo el amago de tomar su hombro—. ¡No! ¿Tú lo sabías?

Harry no responde, tampoco intenta tocarla, simplemente mira de sus ojos al libro de sus manos. Lily casi puede escuchar su propio corazón romperse mientras las lágrimas caen por su rostro.

—Lo sabías —afirmó. La voz se le rompe y las lágrimas no aguardan en sus ojos, caen sin vergüenza por sus mejillas.

—Lily, eso fue hace mucho. Cuando volví yo no tenía idea…

—¿Y después? —interrumpió bruscamente.

—No fue mi culpa, Lily —murmuró—. Nunca les haría eso.

—¿De verdad, Harry? —bufó. Quería vomitar con todas las emociones que sentía.

Él siempre ha sabido todo.

Lily cree que a veces el universo le compensa las burlas que le ha hecho. No todas, pero sí algunas tantas.

—Lily —llamó Adam, pateando su zapato por debajo de la mesa.

No lo estaba ignorando, es que en realidad no podía apartar la mirada del nuevo profesor de DCAO.

—Vas a hacerle un agujero en la frente —gruñó su amigo. Lily bufó y finalmente le devolvió la mirada—. Sé que es apuesto pero no creo que un profesor sea un buen ligue en este...

—¡Merlín, no! Es el ahijado de Harry, Adam, ¡peor! Será el esposo de mi prima —masculló fastidiada.

—¿El ahijado de Harry? —murmuró sorprendido. Lily asintió y dejó de lado su plato para inclinarse sobre la mesa.

—Te dije que mi mamá lo conoció gracias a él.

—Yo recuerdo la palabra "reencuentro" —murmuró.

Lily resopló y volvió a su asiento, nuevamente mirando al llamativo profesor desde su asiento.

—Lily, ya basta —pidió Adam—. Tienes esa mirada de planes terribles, harás que llamen de nuevo a mis padres.

Ciertamente no es buena con los planes, pero esta vez es diferente. Esta vez conoce a Teddy, y quizá le quiten puntos por no estar en la cama, ¡pero es lo de menos! Necesita saber quién carajo es Harry Potter y porqué Anne cuchichea con sus amigas mientras la señala sin disimulo.

—Adam —llamó con decisión—. Iremos a ver a Teddy esta noche, en cuanto el banquete termine.

—Carajo —gruñó—. Más vale que ese Harry Potter de verdad sea un auror, porque mi madre intentará matarme si le vuelven a escribir por saltarme las reglas.

A Lily le importaba muy poco que le escribieran a su madre, a lo mejor así iba hasta el colegio y le explicaba qué mierda sucedía.

Hasta que eso pasara debía conformarse con el desconcierto y burla de Teddy, Ted, profesor Lupin, ¡cómo sea!

—¿Qué te hace pensar que yo te diré algo? —preguntó burlón. Adam resopló y Lily rodó los ojos.

—¡Por favor! Es tu padrino, apuesto mi varita a que es casi tu padre. ¿Y qué crees? ¡Sale con mi mamá! ¿Podrías al menos decirme por qué rayos es tan… impresionante que me haya llevado a King's Cross?

—¿Es una figura pública? —sugirió dubitativo. Adam volvió a resoplar y Lily gruñó.

—¡Por amor a Godric! ¿Por qué Anne dijo que era el salvador del mundo? —insistió, Teddy se encogió de hombros y suspiró.

—A veces la gente exagera, Lily —dijo con tranquilidad—. Y creo que debes preguntarle a tu mamá, o a Harry. No creo que le moleste.

—¡Bien! —gruñó, jalando la manga de Adam y saliendo de la oficina sin desearle las buenas noches a Teddy.

Por supuesto que recibió un castigo y por supuesto que le escribió a su madre esa misma noche, también le escribió a la mamá de Adam.

"Mamá:

¿Harías el favor de evitarme la ignorancia? Todos en este castillo parecen saber quién es Harry. Menos yo, claro.

Lily".

No se atrevió a escribirle a Harry, eso sí parecía demasiado entrometido. "Hey, soy Lily, Sólo quería saber porqué te llaman el salvador del mundo. ¿Tienes orden de Merlín en primera clase, o algo por el estilo?". No era tan sinvergüenza como su madre la hacía parecer. Tenía límites.

—Escríbele a Potter —resolvió Adam, devolviéndole la cortísima respuesta de su madre "No seas entrometida. Besos, mamá"—. A lo mejor responde antes de que tu mamá sepa que le escribiste.

—O a lo mejor no —respondió malhumorada.

Tenía un larguísimo ensayo de Cuidado de Criaturas Mágicas por hacer y las risitas de Anne y sus amigas no la dejaban concentrarse en absoluto.

De acuerdo. Lily explotaría si no obtenía respuestas pronto, cuanto antes, ya. Bajó corriendo a la sala común, decidida a escribirle a Harry, y ni siquiera pensó en llevarse su propio papel, se quedó con un pergamino del sillón y escribió con una pluma del suelo.

"Harry:

Soy Lily, la lechuza se llama Neeb. Necesito saber, bueno, ¿podrías decirme por qué todos te llaman el salvador del mundo?

Saludos, Lily".

—¡Lily! No vas a creer de qué se trató mi tarea de historia —contó ansiosa, sin realmente esperar una respuesta—. ¿No tomaste historia este curso, cierto?

—Anne, tengo algo de prisa...

—¡Oh, sí, sí! Sólo creí que podría interesarte la lección nueve —extendió el libro y sonrió mostrando los dientes.

Lily aceptó el libro a regañadientes para salir disparada a la lechucería. Tenía esperanzas renovadas, así como un agujero en el estómago de anticipación, por la respuesta de Harry y por el seguro vociferador de su madre al enterarse. Sin embargo; todo fue en vano.

—¡Me dice que no le molesta que escriba, y cuando le escribo, ¿que recibo?! ¡Una maldita rana de chocolate! —gritó exasperada. Adam tomó la carta de Harry y la observó desde todos los ángulos.

Te veré en las próximas vacaciones, mientras tanto, disfruta el chocolate —leyó Adam—. Que… breve y esquivo.

—¡Ni siquiera me gustan esas ranas! —continuó gritando. Adam se encogió de hombros y arrojó ambas cosas al sillón.

—Pues tendrás que esperar a Navidad, Li-lu, ya falta poco.

—¡Es que tú no entiendes! —exclamó frustrada—. Mi mamá me miente, nadie quiere decirme la verdad y Harry está cada vez más dentro de mi pequeñísima familia.

—Calma, Lils —cortó Adam—. ¿Tienes miedo de Harry…?

—No —interrumpió, sorprendiendose de su inmediata respuesta—. Es sólo que… ¿por qué tanto misterio, Adam? ¿Qué hizo como para que toda mi familia lo evite? Si será la pareja de mi mamá a largo plazo, ¿por qué no decirme?

Y tenía muchas más preguntas que ni Adam ni las miradas risueñas de Anne podían responder.

Lily no envía más cartas a nadie, sólo le responde a su madre. La rana de Harry está al fondo de su baúl, junto con la snitch. A veces ve a Victorie con Teddy en los jardines, cargando con telas y flores, Lily se imagina que la planeación de la boda va bien y para la primavera serán marido y mujer.

Sólo una vez ve a Harry en Hogwarts, camina con las manos en los bolsillos junto a Teddy. Lily golpea el brazo de Adam mientras vuelven de clase de Criaturas Mágicas para llamar su atención.

—Creo que debes buscar algún deporte para canalizar tu energía, Lily —gruñó Adam.

—Allá va Harry, junto a Teddy, ¿ves? —dijo apresurada, ignorando su comentario y apuntando a la pareja. Adam frunció el entrecejo y miró a los hombres con detenimiento antes de abrir los ojos grandísimo.

—Tiene que ser un chiste —murmuró Adam.

—¿Qué?

—Lily, él no sólo es un auror —susurró con asombro, deteniendo su caminata pero sin apartar la mirada de las figuras que se perdían detrás del castillo—. Es El Auror, ¡el jefe de todo el departamento! —exclamó. Lily sigue sin entender la maravilla—. ¡El jefe de Seguridad Mágica, Li-lu, el más joven de todos los tiempos! Mi mamá siempre habla de lo impresionante que es en duelos.

—Pues yo lo ví apaleado una vez —murmuró. Repentinamente decepcionada de no saber ni siquiera ese dato tan… ¿irrelevante?

Pero si era irrelevante no debía molestarle tanto, ¿o sí? ¡Claro que sí! Era el maldito novio de su mamá y ni siquiera sabía de dónde sacaba oro para sus regalos. Estaba indignada. No sólo con su madre, ¿por qué Harry no lo mencionó nunca? ¡Ser el jefe era un puesto envidiable y presumible! Él sólo dijo "soy un auror". ¡Bah, a la mierda con su modestia!

—Es el jefe, seguro tiene duelos más peligrosos que ella resto de los aurores —se aventuró Adam—. Nunca creí que sería ése Harry del que mi mamá hablaba —rió y negó antes de fruncir el entrecejo y observar el horizonte con terrorífica seriedad.

—¿Estás bien? —preguntó Lily, decidiendo que estaba siendo una egoísta y que había sido molesta con Adam.

—¿Aún tienes el libro de Anne? —respondió con ligero pánico en el rostro. Lily alcanzó a asentir confundida a esa de ser tironeada por Adam hasta la torre de Gryffindor, sin aceptar reclamos o pausas—. Tráelo, necesito revisar algo —y se largó al dormitorio de los chicos.

¿Pero qué rayos le pasaba a todo el mundo que no quería hablar?

Lily tardó mucho en recordar dónde había lanzado el libro, y cuando dio con él Adam ya le estaba gritando por la escalera. Ni siquiera la deja hablar, hace un desastre de libros en el suelo mientras sus ojos recorren líneas y líneas de historia y criaturas mágicas.

—¿Qué se…?

—¡Lo tengo! —exclamó en un susurro— ¡Mira esto! —pidió señalando dos de los tres libros frente a él. Lily se inclinó a su lado y leyó las letras.

Harry Potter. El niño que vivió. El vencedor del Señor Tenebroso. Alumno protegido de Albus Dumbledore. Potter, campeón del Torneo de los Tres Magos. Testigo del regreso del que no debe ser nombrado. Cómplice de Sirius Black. Alborotador del departamento de misterios. Exiliado y salvador de Hogwarts. Salvador del mundo mágico.

—Aquí —apuntó Adam.

Lily no reconoce el libro, sólo ve el dedo de Adam apuntando las líneas: "La cámara de los secretos que se había mantenido como un mito en el colegio fue abierta en numerosas ocasiones hasta que una alumna de primer curso desapareció. Citado por Rita Skeeter: Harry Potter, acostumbrado a ser una figura heroica, no desperdició la oportunidad de salvar a la pequeña e indefensa Ginevra Weasley. Se dice que lo hizo como favor especial a su hermano Ron Weasley, aunque los rumores de años posteriores sugieren que en realidad lo hizo para conquistarla".

—¿Por qué…?

—Espera, aún hay más —murmuró sombrío, volviendo al libro de historia.

"La Segunda Guerra Mágica concluyó con la misma espontaneidad que la primera, el alboroto de mortífagos duró semanas, mientras Harry Potter explicaba a toda la comunidad mágica la muerte del profesor destituido de Hogwarts, Albus Dumbledore, y su cacería tras horrocruxes del que no debe ser nombrado. Existen versiones más salvajes que otras, lo cierto es que Harry Potter afirma que terminó con la vida del Señor Tenebroso sólo con un hechizo de desarme. Confiesa no arrepentirse de abandonar el colegio antes de ingresar a los dos últimos trimestres de sexto curso, a cambio de garantizar la seguridad de todo el mundo Asimismo, Harry Potter fue un gran apoyo para el ministerio en años posteriores, hasta que accedió a tomar un puesto en el Cuartel de Autores, desde entonces se dedicó enteramente a su trabajo hasta convertirse en el jefe. La guerra alcanzó pérdidas y celdas ocupadas en Azkaban, se dice…".

—Por eso es el Salvador del Mundo —explicó Adam con cautela—. Lo siento mucho, Lily, no pensé que sería él. ¿Estás bien?

—No —admitió—. Necesito ver a Harry en Navidad.

Lily no se da cuenta de la mirada perturbada de Adam, ni de lo rápido que pasan los días hasta que de pronto tiene a Ginny frente a ella con una sonrisa radiante. Una que no puede devolver, por más que lo intente.

—¿Está todo bien, cariño? —preguntó con ligera preocupación. De reojo logra ver a su tío Ron con Hugo, ambos sonrientes y sin secretos.

—Necesito ir a casa —murmuró, moviendo la cabeza de un lado a otro. Ginny asintió y tomó su mano para desaparecer.

Lily ni siquiera siente desagrado ante la sensación. Teniendo a su madre frente a ella, entiende todavía menos por qué no le dice absolutamente nada sobre algo, sobre ella.

—Lily, ¿qué ocurre, cielo? —insistió Ginny.

—Estuviste en la cámara de los secretos y Harry te sacó, ¿no es cierto? —comenzó, sintiendo como un grueso nudo se formaba en su garganta—. Ya habías salido con e6l antes —afirmó—, antes de que se fuera.

—Lily…

—¿Es cierto? —insistió en un grito involuntario. Ginny parpadeó y asintió—. ¿Y por qué lo ocultas? ¿Por qué a mí?

Quizá su mamá le cuenta que "El que no debe ser nombrado" es el Lord Voldemort que se menciona en los actuales libros de historia sólo porque su voz se rompe en desesperación. O simplemente porque sabe que Lily no se detendrá hasta obtener respuestas.

Cuando cae la noche, Lily todavía está indecisa si escribirle a Adam sobre la posesión de Voldemort sobre su madre, o de las brevísimas citas que tuvo su madre con un Harry de 16 años. Tampoco sabe si seguir molestando a Harry con las nuevas preguntas que se le ocurren, su madre sólo le pide que no sea imprudente.

Lily cree seriamente que la imprudente es ella puesto que ha decidido pasar Navidad en casa de Harry, y Lily prefiere ir con ellos a estar escuchando los terribles villancicos de sus tíos o los ronquidos de sus abuelos.

Esa fue la broma que colmó el vaso.

—¿Te comiste el chocolate? —preguntó Harry cuando su madre se perdió en la cocina. Lily negó e hizo una mueca.

—No me gustan las ranas de chocolate —dijo bajito. Se sentía extraño estar en la casa de Harry, olía como su coche. Y a galletas.

—Lo sé, pero imaginé que la abrirías, tiene un cromo con mi nombre —explicó con una mueca—. Lamento mi respuesta, Ginny se las arregla para saber qué tanto te he dicho —rió. Lily sonrió y negó.

—Yo… ya sé lo suficiente, descuida. Ella me dijo algunas cosas.

—Todavía puedes escribirme cuando quieras —sonrió y le guiñó un ojo antes de perderse junto a su mamá en la cocina.

Lily cree que ahora tal vez pueda darle una oportunidad.

Creyó mal. La mañana de Navidad en realidad es madrugada, y despierta porque la lechuza de Adam picotea la ventana de la habitación de invitados que Harry acondicionó para ella. Lily se imagina que son las cuatro de la mañana, pero aún así le abre a la lechuza y baja las escaleras ante la urgente nota de Adam.

"Te busqué el mejor regalo de todos los tiempos, Li-lu, para evitarte las caras largas. Ahora que ya tengo el contexto, creo que no te daré regalos en las próximas navidades, así que levanta tu trasero de la cama y ve a verlo. Con cariño y muchas mesadas menos, Adam".

Se olvida totalmente que no es su casa y baja despreocupadamente hasta el árbol. Lily no puede creer que Adam haya conseguido un puffskein albino, adoraba y pequeñito. A Lily le encanta de inmediato, pero toda su felicidad se ve eclipsada por la foto en el retrato que cuelga detrás del árbol. Se le hiela la sangre de inmediato.

Es su padre, está junto a Harry, la mujer que ahora es su esposa y su propia madre.

Bueno, su madre tenía razón: era una entrometida. Pero una justificada, ¡eran sus padres los de las fotos! Y Harry tenía ahí el estante con más retratos y libros de aparente contabilidad que ocultaban cartas. Cartas importantes.

Su padre le escribía a Harry todas las semanas, a veces mencionaba a su mamá, otras a su amante y otras tantas a ella. Le deseaba suerte a Harry en sus misiones y le prometía que todo iba bien en el ministerio, que todavía tenía ganas de irse a América "pero Lily es muy pequeña y la familia de Ginny es apegada a sus raíces". Y después, en la última carta, su padre esperaba que Harry volviera pronto para ver cuánto había crecido Lily.

Harry ya la conocía.

—Esto es lo que tú mamá no quería que supieras —murmuró Harry, guardando todos las cartas en el interior del libro. Lily acaricia al puffskein por una rendija de su jaula, evitando mirar a Harry y dejando que las lágrimas caigan sin escándalo—. Tú papá era mi amigo, Lily, yo no sabía que las estaba engañando, se lo habría dicho a Ginny, créeme.

—¿Sabes dónde está ahora? —logró preguntar. Harry alza la mirada y niega.

—No —respondió bajito—. Hace años que no sé de él.

—Él… ¿él te pidió que te… que te quedaras con nosotras? —se atrevió a balbucear. Harry la observa con ojos enormes y niega de inmediato.

—¡No! Nada de eso, yo… yo siempre he querido a tu mamá, siempre, Lily. No pude estar contigo cuando naciste pero… siempre he escuchado sobre tí. Ambas me importan, y las quiero, sin que nadie me lo pida.

—¿Por qué mi mamá no quiere que yo sepa esto?

—Porque no es fácil —rió. Dejó el libro en el estante y se sentó a su lado—. Ver irse a una persona y después dejar entrar a otra en un lugar que no debería estar desocupado, es muy difícil, Lily. Casi imposible. Ella no quería asustarte conmigo y todo lo que he hecho.

Lily no consigue decir mucho, nada en absoluto. Harry le regala un vaso de leche y deja las galletas que cocinó junto a su madre entre ellos. Mastican silenciosamente, digiriendo la nueva información e intentando organizarla para saber qué hacer con ella.

Concluye que no quiere saber más.

—¿De verdad la quieres? —preguntó finalmente, con el sol asomándose por la ventana detrás de ellos—. ¿A mi mamá?

—Si, claro que sí —respondió sonriente, con la mirada y sonrisa brillantes—. Y también a ti, eres increíble.

—Gracias —masculló—. Tú también, Harry, eres buena compañía.

—Gracias —respondió risueño.

Lily cree que ya ha tenido suficiente de preguntas, libros, citas, chismes, miradas, fotos y cartas hasta que se gradúe de Hogwarts. Bueno…

—¿Entonces es cierto que mataste un basilisco, por mi mamá? No te ofendas, pero no parece tan romántico como lo pintan los libros —se imagina que Harry no habría podido contener la carcajada aunque hubiera querido.

—Definitivamente no fue romántico, pude morir ahí —se encogió de hombros y mordió una galleta—. Pero hubiera valido la pena.

—Déjalo, mamá no te escucha, no tienes porque vomitar arcoiris y todo eso.

—Oh, no, lo decía porque la Cámara de los Secretos se habría quedado abierta, era asombroso ahí abajo —mencionó con falsa tristeza.

Lily rió y escuchó los pasos de su mamá por las escaleras.

—La haces feliz —mencionó como si no tuviera importancia. Lily escucha un débil "Gracias" antes de que su mamá aparezca y los acuse de terminarse las galletas.

Adam le escribe al menos tres cartas de reclamo, exigiendo un reembolso por el puffskein o al menos la custodia compartida.

"¿Qué falta? ¿Que ese Harry Potter te adopte? Devuelve ese puffskein, Li-lu, tienes hasta el segundo trimestre. Con el corazón roto y el bolsillo vacío, Adam".