Es de Potter

I. Albus

—Sé que no lo hiciste, Al.

—Claro, y es por eso que estamos aquí, seguro, madre.

Oh, Ginny cómo detesta cuando usa ese maldito tono sarcástico y cuidadosamente cínico. Albus es listo, no grita para que Harry no lo escuche, pero usa las palabras afiladas que sabe pueden hacer daño, ¡y ni siquiera se disculpa!

—Yo no hice nada, nunca hago nada y nunca me crees —masculló, guardando libros aquí y allá—. Si fuera James, ¿me creerías? ¿Qué tal si fuera Lily? —preguntó bruscamente, lanzándole miradas de reproche.

—Te creo, Al…

—No —interrumpió con ojos enormes y mandíbula apretada—, no lo haces. Le creíste a ese ignorante antes que a mí. Y siempre haces eso: siempre preguntando a los demás por mí.

Inevitablemente piensa en Harry huyendo de ella por creer que estaba siendo poseído por Voldemort.

—Ese ignorante como tú le llamas te vio haciendo magia, Albus —informó bajando la voz. Al detiene sus movimientos de inmediato, el libro está a medio camino del estante y su semblante es de desconcierto—. Yo sé que no robaste ningún libro, pero ¿querías que le explicará a ese muggle lo que estabas haciendo? ¿Tengo que recordarte que no tienes permitido hacer magia fuera del colegio? ¿Preferirías tener ésta conversación con tu papá?

—No —respondió rápidamente, con la respiración más acelerada y los ojos estrechos hacia el libro de su mano. Ginny casi puede ver los pensamientos rebotando dentro de su cabeza, podría agradecer y podría pedir perdón, pero no lo hará, no mientras crea tener razón.

—Entonces no vuelvas a acusarme de nada, mucho menos de no creerte por encima de otras personas, incluso tus hermanos ¿entendiste?

—Si —murmuró. Ginny rueda los ojos contra su voluntad.

—Y tu papá lo sabrá de todas maneras —anunció como despedida. Antes de cerrar la puerta alcanza a escuchar la pesada respiración de Albus.

II. Lily

—¿Ya se fue Tyler?

—Sí.

—¿Pelearon?

—No.

—Pero se estaban gritando, ¿cierto?

—Sí.

—Entonces estaban discutiendo.

—¡Que no, mamá! —gritó con ojos brillantes—. Ya déjalo.

Ginny ni siquiera da crédito a lo que ve y escucha. Lily no se inmuta. En absoluto. Sólo está ahí, respondiendo monosílabos, siendo indiferente y estallando en pequeñas porciones.

—¿Esto es por el colegio, Lils? ¿Por sus amigos?

—No, mamá. Olvídalo, ¿quieres? Todo está bien —insistió, girando la cabeza para doblar su ropa. Ginny no ve por ningún lado su varita.

Tiene que sonreír porque recuerda la vaga conversación con Hermione sobre Harry, esas que hablaban bajito porque incluyen la guerra. Recuerda escucharla decir que Harry actuaba como si no le importara su varita rota, pero ella se daba cuenta de cuán roto y furioso estaba él. Igual que Lily.

—Lo siento mucho, cariño —le dijo con tranquilidad. Una clama inútil porque de todas maneras Lily estallaría en cólera.

—¡Pues no lo hagas! —exclamó, girando sobre sí y mostrando las temblorosas palmas de sus manos—. No voy a disculparme por tener un secreto, y él no lo hará por ser un idiota, asi que tú no lo sientas.

—No es su culpa.

—¡No lo es de nadie! Y si Tyler no puede entenderlo, no es nuestro problema —se encogió de hombros y limpió sus mejillas con brusquedad.

—Te oirá tu padre, Lily —advirtió bajito. Lily bufó y negó.

—No me importa.

—Si lo hace, Lily —corrigió Ginny, siguiendo el juego de Lily y apartando la mirada en cualquier dirección—, por eso estás gritando. Lamento que no puedas decirle quién eres realmente, y que sientas que ser una bruja está mal porque no puedas decirlo.

—De ninguna manera me disculparé por tener magia, mamá —masculló.

—No, nunca debes hacer eso —dijo de inmediato—. Me refería a que… no creo que Tyler espere una disculpa. Y… tú sabes que los adolescentes son crueles. Él sabe que tú eres su amiga a pesar de todo, entenderá con el tiempo

—Pues que el tiempo lo escuche —y fue su última palabra antes de tomar su varita y guardarla en su pantalón.

III. James

—¡Esto no se quedará así!

Casi que tiene que ocultarse detrás de la puerta cuando intenta meterse a la habitación. James es una bomba a la que no le da miedo estallar, es alarmante la confianza con la que suelta sus sentimientos sin importarle nada.

—Voy a entrar, James —advirtió en voz alta, Ginny escucha los cajones siendo azotados por encima de su afirmación.

Conforme James ha crecido, Ginny ha podido ver la evolución de sus actos, ha dejado de tirar las galletas, de guardar sus juguetes con brusquedad, de enviar sus propios vociferadores, de golpear almohadas y romper pergaminos. Ginny cree constantemente que se porta como Harry después de perder a Sirius, con tanta ira en el interior que terminó intentando destruir el despacho de Dumbledore.

—¿Estabas ahí, mamá? ¿Viste lo que hizo este hij...?

—¡James! —interrumpió escandalizada—. Por más que tu padre y yo compartimos contigo este… entusiasmo por el quidditch, yo no estoy lista para oírte maldecir a nadie dentro o fuera del del campo.

James respira profundo y revuelve su cabello tres veces antes de volver a abrir un cajón, no saca nada, simplemente se siente bien al azotarlo.

—¡Es que tú no lo viste, mamá! ¡Le mintió al entrenador, en mis narices! —gritó, haciendo ademanes exagerados por encima de su cabeza— ¡Ni siquiera finge que no tiene problemas conmigo! ¡Está loco! ¡De remate mamá!

—¿Qué fue lo que pasó? Creí que ibas con tu papá, nada de…

—¡Por eso, ma'! ¡Precisamente porque me acompañó es que ese… sujeto se atrevió a señalarme con el entrenador! —caminó de un lado para otro, cual león enjaulado— ¡Le dijo que yo hechizaba al guardián porque papá me enseñó cómo hacerlo sin varita!

—Eso es mentira, James, sigo sin entender por qué gritas.

—¡Porque el estúpido entrenador le creyó, ma'! —esa era masomenos su explosión—. Por eso papá no volvió conmigo, está… haciendo de las suyas o algo así. Mientras tanto estoy suspendido —masculló iracundo.

—¿Suspendido? —repitió bajito— No pueden suspenderte por una simple acusación.

—¿No? —resopló con falsa diversión. Ginny de inmediato frunce el entrecejo.

—No, James. Cuéntame —ordenó. James negó y revolvió su cabello, caminó otro par de segundos, azotó dos cajones y pasó la mano por su rostro.

—Intenté golpear al entrenador —soltó sin dificultad, a diferencia de Ginny que casi se atraganta—. No lo hice, mamá. Pero créeme que se lo merecía.

—No puedes golpear a nadie, James. Absolutamente nadie —exclamó. James bufó y negó—. Si tu padre no resuelve esto…

—¡Estaría bien si no lo hace! —interrumpió en un grito, parándose frente a Ginny con los ojos muy abiertos, desbordantes de indignación y furia—. ¿Sabes por qué, mamá? Porque ahí no me valoran. No creen en todo lo que puedo hacer, no les intereso.

—James…

—¡No quiero saber de ellos! —gritó desesperado, revolvió su cabello y gruñó— ¡Se acabó! ¡Buscaré otro equipo! ¡Ellos tampoco me interesan! —fue el último azote de cajón.

IV. Harry

—¿No puedes engañarme o simplemente no sabes mentir?

—Estoy bien.

Ajá. No dice "todo está bien, Ginny" o "no es nada importante" ni siquiera un "olvídalo, es muy complicado, Ginn". No, él sólo dice "estoy bien".

—Sí, creo que no puedes engañarme.

La cosa con Harry es que se contiene y al mismo tiempo estalla, es indiferente y también hiere, se arrepiente pero no se disculpa.

—No quiero hablarte, Ginny. No ahora —gruñó. Ginny resopló y se sentó en la silla delante de él.

—Los problemas no van a desaparecer simplemente por ignorarlos.

—¡Ya lo sé, no soy un imbécil! —exclamó con la mandíbula apretada.

—Hermione está fuera de la ciudad así que… sólo quería saber si estabas bien —reveló con falso desinterés. Harry asintió sin apartar la vista del mapa y los informes esparcidos por su escritorio—. ¿Volverás a casa o tengo que dejar la puerta abierta hasta...?

—La puerta siempre debe estar cerrada —interrumpió bruscamente, Ginny ni siquiera se molesta en ocultar su risa—. No me estás ayudando, Ginny. Ya viste que estoy bien, ahora vete a casa.

—Auch —murmuró. Harry la miró durante los dos segundos que tragó, mismos que Ginny observa su nuez subir y bajar.

Harry gruñó y suspiró con pesadez, lanzó su varita al escritorio y se acercó a ella, sin respetar el espacio personal, sin molestarse en ocultar su aura furiosa, sin siquiera pretender que no está a punto de gritar. Ginny definitivamente está mal de la cabeza, no puede ser normal que le guste tanto esa sombra de ira en su rostro, ni sus pasos largos y ruidosos, mucho menos el fuerte agarre de sus manos contra su cuerpo.

—De verdad, de verdad estoy muy molesto, Ginny —confesó en un susurro contra sus labios, la pelirroja casi puede saborear esa molestia de la que habla—. Y necesito que te vayas porque tú no tienes la culpa.

—Uhm —mustió con desdén.

Se atreve a tomar las solapas de su uniforme, y tirar de él hasta que sus labios están unidos en un beso furioso, sólo porque ya lo conoce y no le da miedo besarlo cuando Harry es más ira que Harry.

De todas maneras el beso le fascina. Harry está furioso, si, pero nunca se ha negado a besarla por más iracundo que se encuentre. Y esta vez la besa tomando su cintura con fuerza, presionándola contra su cuerpo para que no intente escapar del malestar que lo consume, el que le comparte con los labios de manera fluida y brusca. La recorre con la lengua y muerde ligeramente sus labios antes de apartarse, porque furioso y todo, Harry jamás le haría daño.

—Dejaré la puerta de la habitación abierta, ¿te parece? —susurró risueña. Harry la suelta como si su tacto lo quemara.

—Por favor, Ginny —pidió con cansancio. Ginny sonríe y besa su mejilla antes de caminar a la puerta.

—Tus hijos tienen este temperamento horrible, ¿sabías? El mismo que tú —comentó con gracia—. Como que… es de Potter, o algo así.

—Vete —insistió en una exclamación aguda. Ginny ríe y asiente, saliendo con menos preocupación que con la que entró. Lo peor que puede pasar en casa es que ahora esté molesto por irse después de besarlo así.

V. Ginny

—Entonces… ¿Saldrás mañana?

—Sí, Harry —masculló, hurgando entre pergaminos para encontrar el listado de la ciudad.

—¿Y volverás pasado mañana?

—Sí —respondió irritada. El ruido de la chimenea y las lechuzas dejando caer cartas en el porche lograron eclipsar su emoción por encontrar los estúpidos nombres.

—Puedes ir sola, no tienes que elegir a otro periodista —continuó Harry. Ginny está segura de que acaba de gruñirle.

—¡Sí! ¡Sí tengo que!

Ginny no quiere oírlo, no ahora ni en dos horas, ni siquiera hace quince minutos.

—Lo gracioso es que te sientes con el poder de juzgarnos cuando se te olvida la parte más importante, Ginn —rió Harry, estúpidamente sentado junto a ella y aún más estúpidamente mirando cómo su frustración aumenta. ¡Y él sólo se ríe!

No tiene tiempo ni ganas de oírlo, no mientras use ese tono risueño cuando tiene a todos los malditos periodistas del país pidiendo su pase extra al partido del mañana.

—No quiero saber, Harry —respondió entre dientes, bajando el dedo por el listado de nombres de sus compañeros. La risa de Harry logra confundirla cuando va por la "S". Mierda.

—¿No? Es más interesante que ese aburrido partido al que se…

—De verdad que no me casé para esto —murmuró completamente incrédula.

Quería golpearse la cabeza contra la mesa. ¡Harry debería estar ayudándola, no burlándose de ella! ¡O insinuando tonterías!

—¿Me has usado todo este tiempo? Oh, Ginn, entonces soy yo el que debería estar enojado y…

—¡No estoy enojada! —exclamó, finalmente alzando la vista hacia Harry y arrepintiéndose de inmediato, el muy imbécil sonreía mostrando los dientes, ¡hasta los colmillos! Imbécil—. No estoy enojada, Harry —repitió en un gruñido—, estás terminando con mi paciencia.

—Oh, no cariño, hace horas que la perdiste —suspiró. Ginny está a tres nombres de arrancarse las patillas.

—Harry —masculló en advertencia, tomando su cabeza entre las manos y suspirando con toda la frustración que pudo reunir.

Harry ríe muy cerca de su oreja y después besa su mejilla, dejando los labios presionados por más tiempo del necesario, como cuando le besa los labios.

—No puedes juzgar nuestros malos ratos si tú fuiste la segunda en iniciar, Ginn —susurró contra su oreja, acariciando con los labios las patillas que se quería arrancar hace instantes—. ¿Acaso tengo que recordarte que eres Ginevra Potter?

Menudo idiota.