Disclaimer: "Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir", así como todos sus personajes son propiedad de Thomas Astruc, producidos por Jeremy Zag.

Yo únicamente me limito a divertirme con ellos y a crear controversia.


"Un estomago vacío, es un mal consejero"

Albert Einstein

Capítulo 2: Croissants y Pan Francés.

Como cada mañana, la pareja ante si se contemplaba el uno al otro, totalmente ajenos a su presencia.

Había tanto en aquellas miradas, tanto amor, tantas promesas, tantas palabras dichas y tantas más por decir. Era como mirar dentro de un libro cuya trama apretaba su corazón con la fuerza de una maldición y el juramento de no soltarte nunca.

La nostalgia comenzaba a ahogarlo. Era como una pesada loza que amenazaba con aplastarlo de un momento a otro, hasta convertirlo en nada.

En un gesto totalmente inconsciente, sus manos se cerraron en un puño sobre su pecho, mientras los pulgares friccionaban los extremos de la toalla de medio baño que descansaba encima de sus hombros, permitiéndole una vía de un escape a la tensión que comenzaba a sentir en la boca del estómago.

Una mueca que pretendió ser una sonrisa se formó en su rostro. Sus labios se tensaron en una línea, mientras volvía sus ojos verdes hacia la pareja.

Lo intentó, de verdad lo intentó, pero fue imposible no caer en aquel absurdo hábito.

Se había obligado a si mismo a correr durante más de una hora, para desgastar su cuerpo y ganar terreno ante la ansiedad, pero su esfuerzo resultó inútil cuando sus pies con mente propia, lo llevaron a ese sitio. La soledad era adictiva, pero la añoranza era aún más poderosa y lo obligaba a mantenerse de pie frente a ellos, pese al cúmulo de deseos que su sola presencia le generaban.

Desde luego, aquello no era su culpa. La culpa era de Nathaniel Kurtzberg, el único artista que había logrado captar la esencia de sus padres en la pintura que descansaba en el que fuera el estudio de diseño de Gabriel Agreste.

De pronto, se sintió como un extraño invadiendo la privacidad de los amantes. Esta vez les sonrió con cariño, saliendo de aquel lugar que se mantenía como un templo a la memoria de los suyos.

- Père, Mamam [1]... que tengan un buen día.- susurró antes de cerrar la puerta tras de sí. Dejó salir un suspiro profundo antes de levantar la mirada y descubrirse acompañado. - Buenos días, Sasaki san- saludó con una ligera inclinación al mayordomo de ascendencia japonesa y aspecto un tanto remilgado, que lo esperaba pacientemente en el pasillo.

- Monsieur Agreste [2] - el hombre devolvió el ceremonioso saludo y de inmediato le entregó una humeante taza de café, caminando a su lado rumbo al comedor - Madam Sancoeur [3] envió esta mañana los reportes del mes. Las franquicias de Gabriel Co. han resultado todo un éxito en Nueva York y la proyección para la inauguración de las sedes en Latinoamérica es totalmente prometedora.

Adrien agradeció en lo profundo de su ser, el frío profesionalismo con el que su mayordomo se manejaba. El trabajo era justo lo que necesitaba para espantar el monstruo de la melancolía que lo amenazaba esa mañana. Rápidamente tomó lugar en la cabecera del comedor y tras sorber un trago de café, comenzó a pasar rápidamente las paginas del periódico en su tablet. Sasaki hizo un gesto a la mucama, que rápidamente colocó frente a él un plato de fruta, jugo y una charola colmada de bocadillos. Tras ello, la mujer hizo una breve reverencia antes de retirarse.

- Nunca he tenido dudas acerca de las capacidades de Natalie - pronunció abriendo la sección de finanzas - Père la entrenó muy bien, yo únicamente le brindé libertad de acción - finalizó tomando un croissaint, que olfateó con aprobación, antes de darle una mordida.

Si Gabriel Agreste hubiera tenido la oportunidad de contemplar a su hijo, sin duda se habría sentido en paz consigo mismo. Cuando Adrien era adolescente, Gabriel mantuvo el temor de que su hijo - tan similar físicamente a Emilie - hubiera heredado la nobleza y el exceso de confianza de su esposa. En el fondo, su mayor temor siempre fue que Adrien resultara incapaz de mantenerse a si mismo a flote en un mundo colmado de tiburones.

En su etapa madura, el joven ex modelo había adquirido similitudes con su padre, no solo en su estatura, figura atlética y porte erguido, si no que había sobrevivido a la ausencia de ambos, con una inteligencia y mente frías dignas de Gabriel. Tras la "inesperada" muerte de su padre y su inminente ascenso a la presidencia de compañía, lo primero que Adrien enfrentó fue al séquito de viejos accionistas, que al verlo asumir la presidencia, detectaron aquello como un peligro para su patrimonio, por lo que le amenazaron con retirar su capital si pretendía asumir el control de la empresa.

Lejos de animarlos o suplicar que permanecieran a su lado, el único vástago de Gabriel Agreste les ofreció adquirir sus acciones a un precio justo, liberándose en un solo movimiento, de aquellos que a futuro podían representar un peligro. Posteriormente, los socios que decidieron seguir confiando en él, recibieron un incremento en sus acciones, como muestra de la fe que Adrien tenía en ellos. Aquel movimiento aunque aventurado, le garantizó la fidelidad de sus accionistas, así como la aceptación de un nuevo socio capital: Tomoe Tsuguri.

Guiado por sus conocimientos en Economía y con el respaldo de los Tsuguri, Adrien inició una campaña de carácter internacional que si bien le resultó peligrosa, pronto habría de arrojar jugosos resultados. A la par, confiando en su instinto, Adrien utilizó el fideicomiso que le había dejado su madre, para adquirir acciones en el mercado de valores, apostando una fuerte suma al desarrollo de nuevas tecnologías y de moneda electrónica.

Al cabo de un par de años, el heredero de Gabriel se había forjado un futuro para si mismo, lejos de la sombra de su padre.

- ¡Santo Cielo! Respira Adrien... ese croissant no irá a ningún lado.

Adrien levantó de inmediato la mirada, que pasó del pan que sostenía en su mano, al plato con mijas sobre la mesa y de ahí, al rostro divertido de la chica rubia que lo observaba desde la puerta del comedor.

- Lamento no haberte guardado alguno, Emma - replicó al tiempo que devoraba de un solo bocado el resto del panecillo, mientras ella rodaba los ojos - pero sabes que son mi delirio...

- Un día de estos vas a ahogarte...- le riño divertida, colocando la mochila a un costado de su silla y extendiendo la servilleta sobre su regazo.

- Moriré en paz entonces.

- ¡Qué desvergüenza la tuya, papá! - rió ella negando sutilmente.

Si alguien le preguntara cual había sido su mayor éxito, sin duda Adrien alguna diría que su mayor logro era ser padre.

Al contrario del suyo, se había asegurado de estar presente en cada momento importante de la vida de Emma desde su nacimiento, sus primeras palabras, sus primeros pasos, sus primeros logros... Ahora ella recién cumplía quince años, pero el tiempo había transcurrido en apenas un parpadeo y no era suficiente.

Admiró orgulloso la forma en que los cabellos de la joven adquirían un brillo dorado a la luz del sol que traspasaba los amplios ventanales del comedor. Sus ojos verde menta ligeramente rasgados contemplaban con felicidad otra charola con croissants calientes que Sasaki colocaba frente a ella. La chica tomó uno con rapidez y lo partió a la mitad, aspirando el aroma del pan recién hecho, frunciendo su pequeña nariz respingada llena de pecas. Un suspiro de aprobación salió de ella y acto seguido, remojo el pan dentro de la taza con chocolate caliente que la mucama acababa de servirle.

- Ayer tuve un día complicado y cuando llegué, ya estabas dormida. ¿Cómo te fue en tu primer día de clases?

- Bastante normal. Nada nuevo, los mismos compañeros, los mismos maestros, la misma escuela.

- ¿Algún plan para después de clases?

- Bueno... - el brillo de la duda se instauró en sus ojos por un instante - Si no tienes inconveniente, le pediré a Tigre que me lleve al Colegio Francois Dupont... voy a anotarme en las clases de esgrima del Profesor D'Argencourt.

Adrien interrumpió su lectura y la miró sobre las gafas.

- ¿De cuando acá te interesa la esgrima?

La chica se tomó un instante, antes de contestar.

- Madre ha insistido con ese tema - admitió bajando la mirada - Cada vez que llama, lo primero que me pregunta es cuando tomaré en serio mi educación.

Adrien tomó nota mental de aquello.

- ¿Por qué no me habías dicho nada?

- Ha estado más complicada de que costumbre y no quiero que discutan.

- No quiero que accedas sólo por complacer a tu madre.

- Ella dice que dedicarle tiempo a las artes nobles me ayudara a enfocarme en objetivos certeros en la vida.

Kagami, Kagami.

Tendría que sumar una más, a la lista de llamadas indeseables de esa mañana.

- ¿A que viene esa expresión? - Emma imitó su semblante frunciendo las cejas, en un gesto que se adivinaba de preocupación.

- Nada, es solo que... - el regresó su mirada a la nota del balance que publicaba esa mañana el Banco Mundial y agregó en tono casual, abordando un tema que había rondado en su mente en los últimos días - me preguntaba si no es hora de que conozca a tus amigos.

- Compañeros - precisó en tono cansado - y no me complace en absoluto verlos después de clases, papá.

Adrien recordó su adolescencia y a sus amigos, el tiempo que disfrutaba cuando podía escaparse del rigido yugo de su padre y las aventuras que vivió con ellos. Momentos robados y momentos regalados. ¿Porqué Emma evitaba salir con sus amigos?

- ¿Es qué acaso ninguno te ha invitado a salir?

El pedazo de croissant que Emma acababa de chopear en la taza de chocolate se detuvo justo frente a su boca, que se abrió en una clara expresión de sorpresa. Ante el silencio, Adrien giró su rostro hacia ella, justo cuando el peso del líquido vencía al trozo de pan, que cayó dentro la taza salpicando todo en el proceso.

- Emma, ¡tu uniforme! - exclamó preocupado y de inmediato dirigió una mirada al mayordomo, que se retiró de forma discreta.

- ¿Qui..qui... quieres que hablemos de chicos? - alcanzó a formular la chica en una atisbo de voz, con un gesto de absoluta incredulidad y terror en el rostro.

- Bueno, creo que es hora de que platiquemos de ciertas cosas.

- Por favor - suplicó la joven con absoluto terror, cubriéndose el rostro totalmente arrebolado con ambas manos - Dime que no tendremos "esa" conversación.

El rubio dejó la tableta a un lado y estiró su mano hacía ella, en una clara invitación que la joven meditó antes de corresponder.

- En algún momento debemos platicar sobre ello - explicó con mucha cautela, regalándole una sonrisa cariñosa y aferrando la mano de la chica. Con absoluto amor, su otra mano se unió a ese gesto acunándola, como si fuera lo más valioso del mundo. Su mirada cálida se mantenía fija sobre ella - Acabas de cumplir 15 años y eres hermosa. Es natural que me preocupe por ti.

- ¿No podríamos dejarlo para después? - suplicó nuevamente sin atreverse a mirarlo.

- Emma...

- De verdad, no hay nadie que me guste aún.

- Que no te atraiga alguien aún, no significa que tú no hayas llamado la atención de alguno de tus compañeros.

- Soy una anémona... ¿sabías? - replicó Emma, mostrando que estaba sonrojada hasta las orejas, resaltando las pecas en su rostro - Totalmente asexual. Me reproduciré a mi misma.

- Bueno... - su padre medito por un momento sus palabras, antes de añadir - Si se trata de una chica, sabes que cuentas con mi apoyo.

- ¡Adrien, por favor! - soltó con un ligero grito, escapando de su agarre y llevando ambas manos a sus oídos - ¿cuál es la urgencia por hablar de sexo conmigo?

Repentinamente su boca estaba seca. Comenzó a mortificarse al no saber como abordar el tema. Pensó que sería más sencillo tener aquella plática, por la naturaleza dulce de su hija, sin embargo no había calculado que efectivamente ese sería su problema.

- No quiero que te tomen por sorpresa, mon trésor [4]... eso es todo.

- ¿Y si te prometo que en cuanto haga click con mis hormonas, te buscaré para tener esta conversación?

Él lo meditó por un instante.

- ¿Lo juras?

- Juro solemnemente que en cuanto comience a sentir cosas extrañas de la cintura para abajo, correré a esconderme encerrarme en mi habitación y te llamaré en seguida.

Adrien parpadeó un par de veces, antes de explotar en una carcajada sonora.

- ¿Que voy a hacer contigo, Emma? - cuestionó moviendo la cabeza en gesto negativo.

Un ligero carraspeo de voz llamó la atención de ambos. Sasaki estaba de regreso, cargando una blusa limpia y la bolsa del almuerzo para la chica.

- Mademoiselle [5], anunciaron que habrá manifestaciones hoy. Debe salir de inmediato si quiere evitar el tráfico.

- Anda, no hagamos esperar a Tigre... ya sabes cómo se pone con el tráfico. - dijo soltando la mano de su hija. - Hablaremos después.

- Te quiero, papá - dijo la chica tras darle un beso en la mejilla, tomando su mochila y saliendo de inmediato, seguida por el mayordomo.

Adrien suspiró mirando hacia el lugar vacío de su hija, contemplando todo el desastre que dejó a su paso. Emma era tan dulce, inocente y torpe en extremo... Sonrió con nostalgia ante el recuerdo agridulce de una chica similar a ella, que había conocido mucho tiempo atrás.

"Nuestra cachorra crece deprruuuuiiisa", se burló descaradamente una voz, que identificó de inmediato.

Adrien soltó otro suspiro. Sabía que el karma lo esperaría pacientemente, aguardando la oportunidad para cobrarle sus errores.

Pensar en ello no le ayudaba en absoluto. Que le hicieran pensar en ello, tampoco.

Miró de frente a su némesis, que solía presentarse ante él, como un alterego del héroe que había sido en su juventud, para terminar de crispar sus nervios esa mañana. Aquel misterioso personaje un futuro alternativo al suyo, había cataclismado París convirtiéndolo en nada.

Como siempre, el ladino gato blanco lo contemplaba con gesto malicioso desde el otro extremo del comedor. Tenía los pies sobre su mesa y los brazos cruzados detrás de la cabeza, en un claro gesto de provocación que no le pasó inadvertido.

"Ignorarme no hará que me vaya, Adrienchu".

Adrien se concentró nuevamente en su lectura, pasando rápidamente las páginas en el periódico digital, hasta que su atención se detuvo en la sección de espectáculos. En el anuncio, se apreciaba la imagen de una guitarra electrónica sostenida por las manos de un varón. Sus dedos largos con uñas entintadas en negro, pisaban acordes y sostenían una púa negra brillante grabada con una letra M en color rosa pálido.

Un nudo se formó en su estómago y arrojó la tableta a un lado de la mesa, como si le quemara. Cubrió sus ojos con ambas manos, mientras dejaba salir una exhalación llena de frustración.

"Aún ama a la pruuiincesss".

- Largo de aquí, gato pulgoso... - murmuró entre dientes, arrojándole la servilleta que tenía en su regazo. Respiró profundamente, mientras sus manos aferraban la mesa, tratando de contener la ira que comenzaba a acumularse en su interior.

Chat Blanc se levantó en un salto, quedando sobre la mesa con gesto irritado. Parecía a punto de saltarle encima, sin embargo su atención pronto se desvió a los croissants. En un santiamén, la alucinación del gato se cargó la charola al extremo de la mesa para devorar los panecillos, echándole miraditas rencorosas a Adrien eventualmente.

"También a ella vas a fallarle, chaton [6]. Eres un completo fraude."

Adrien bajó la mirada llena de culpa.

- ¿Monsier?

La voz de Sasaki lo trajo de vuelta a la realidad. Adrien parpadeó un par de veces, antes de levantar la mirada hacia el mayordomo que lo veía con seria preocupación. Al girar su atención hacia el otro extremo del comedor, Chat Blanc había desaparecido. La charola con croissants estaba completa y su servilleta desparramada sobre la mesa.

- ¿Ésta usted bien? - cuestionó tras mirar brevemente la tablet con la pantalla estrellada, tirada a un lado del comedor.

- Estoy bien Sasaki-san... voy a estar en mi despacho. Que Tigre lleve a Emma al Colegio Francois Dupont al terminar clases, pero asegúrate de que sepa que solo debe ir si es su deseo.

Sasaki asintió, componiendo su gesto remilgado y agregó de inmediato.

- Pediré que le lleven el desayuno a su oficina.

- Muchas gracias... - dijo levantándose de su lugar y tomando el dispositivo del suelo - ¡Ah! Una última cosa: comunícame con la Sra. Tsuguri. -enunció antes de desaparecer por la puerta.


Louise contempló silenciosamente la imagen que le regalaba el espejo frente a ella. Jugó con un par de movimientos a sus costados, para revisar que su atuendo fuera cómodo como le gustaba, pero con su muy particular estilo.

Le gustaba como lucían sus jeans gris ratón artísticamente desgastados y con leves rasgaduras en las rodillas en contraste a la blusa de seda blanca de un hombro caído. Se había calzado unos tenis negros de bota con agujetas en plata y como accesorios, había sumado un brazalete de piel café al brazalete de acero y las perlas negras que usaba a diario. Recogió su cabello en una coleta alta con una pañoleta roja, dejándose únicamente el flequillo degrafilado ligeramente despeinado.

Aprobaba el conjunto en general, pero sentía que le hacía falta algo.

Abrió el diván, donde había encontrado aquella blusa que sin duda sería su favorita y buscó entre las prendas si había algo más que pudiera utilizar. Estaba a punto de darse por vencida, cuando el sonido de papel crujiente llamó su atención. Palpó el paquete escondido al fondo del mueble y con cuidado, sacó un objeto envuelto en papel café.

Su rostro era toda una poesía.

Sus ojos se hicieron grandes, maravillados ante el perfecto estado de aquella chamarra asimétrica de piel negra, con cierre y estoperoles en plata vieja. En una de las solapas, yacía un delicado bordado de flores de cerezo que identificó de inmediato, por que ya lo había visto en otras prendas. Al sacar completamente la chamarra de su envoltura para medirsela, llamó su atención un objeto que cayó al suelo.

Con curiosidad, levantó el papel que yacía sobre el suelo, perfectamente doblado. Al verlo con detenimiento, notó que se trataba de una servilleta.

El corazón le latió fuertemente al leer el contenido de aquella nota.

"Este fuego está ardiendo y esta fuera de control. No es un problema que puedas detener. ¡Es Rock n´Roll, Marimanette!" [7]

Tras un momento, la chica volvió a mirar la escritura sobre el envejecido papel. La letra era grande y aunque no del todo redondeada, estaba ligeramente ligada y angulosa. Quién había escrito aquello lo hizo con firmeza, ya que aún se podían palpar las marcas del trazo en la parte posterior del papel y se había tomado el tiempo suficiente para agregar una rosa.

Era claro que la nota era de un hombre.

- Así que te conquistó recitándote a Guns and Roses y ni siquiera era una canción romántica... ¡qué cosa! - sonrió con ternura mirando alrededor, mordiendo suavemente sus labios mientras se dibujaba una expresión soñadora y picara en su rostro - ¿qué otros secretos guardaste aquí, Marimanette?

Con suma delicadeza, dobló aquella nota sobre sus propias marcas y tras darle un beso, la guardó dentro de la caja rosa con lunares blancos, que reposaba ahora en su tocador; prometiéndose a si misma revisar nuevamente la habitación, de pared a pared y de techo a suelo, en búsqueda de más información.

Pero su mente trabajaba a gran velocidad, imaginando mil escenarios.

- ¿Vas a decirle que fue lo que encontraste? - cuestionó una voz emergida desde algún lugar, bajándola de la nube de romanticismo en que flotaba.

La chica frunció el ceño, mientras se colocaba un toque de brillo labial frente al tocador.

- Entre ustedes jamás ha habido secretos.

- No es un secreto - se defendió - Cuando averigue algo más, le contaré... aunque no se si sea buena idea. Él no quiere saber, pero yo si... - Louise dudó un momento antes de tomar la chamarra y su mochila, agregó - De momento, será un secreto que solo compartiré contigo y no debes hablar con nadie más sobre este asunto.

- ¡Tu confianza me honra, Lou!

- ¡Pórtate bien! Nada de peleas o retos absurdos con tu amigo, ahórrame las quejas de Luc... - sentenció enfatizando con un movimiento de su dedo.

- Eso es algo difícil de prometer...

- Al menos haz el intento. Nos vemos en la noche.

- Que tengas un excelente primer día de clases, pequeña.

Conforme avanzó escaleras abajo, percibió una melodía armoniosa y para su sorpresa, atrapó a su hermano dando la vuelta al pan francés sobre el sartén, bailoteando al compás de Queen, con una cadencia que le parecía conocida.

This thing called love, I just can't handle it
This thing called love, I must get round to it
I ain't ready
Crazy little thing called love

This thing (this thing)
Called love (called love)
It cries (like a baby)
In a cradle all night
It swings (woo woo)
It jives (woo woo)
It shakes all over like a jelly fish
I kinda like it
Crazy little thing called love

Lucien se movió con agilidad colocando el pan francés en una charola, haciendo un par de pasos dignos de Fredy Mercury, al tiempo que colocaba el desayuno al centro del comedor. Ahí fue que atrapó a su hermana observándolo y extendió su mano hacia ella en una clara invitación, que aceptó sin vacilar un instante.

There goes my baby
She knows how to rock 'n' roll
She drives me crazy
She gives me hot and cold fever
Then she leaves me in a cool cool sweat [8]

Tomando la mano de la joven, el chico la enrolló sobre su propio eje e intercambiando miradas, comenzaron a bailar realizando pasos que conocían perfectamente, por haber visto aquella rutina cada mañana desde que tenían memoria. Hacía cinco años que cada uno se había repartido con sus abuelos, aprendiendo la sincronizada coreografía en medio de risas, alguno que otro tropiezo y olor a pan francés.

Parecía que había sido ayer, cuando toda la familia alrededor de la barra a desayunar, contando las anécdotas que les habían ocurrido el día anterior o las preocupación de la jornada que recién empezaba.

A Louise siempre la había sorprendido la facilidad con la que Lucien se movía. Era una peculiaridad que a pesar de ser un chico fornido, de espalda ancha, brazos y piernas musculosas, tuviera tanta agilidad y se moviera con gracia.

Pronto, el aroma a pan quemado reclamó la atención de ambos, que corrieron de inmediato a la estufa.

- ¡Demonios! - pronunció la chica, al abrir las ventanas de la cocina, para dejar salir el aroma y humo acumulado.

- Lou... - la reprendió cariñosamente su hermano.

Ella rodó los ojos.

- Si, ya lo sé... "Que una maldición no sea lo primero que salga de mi boca en el día..."

El chico rió, al tiempo que vaciaba el trozo de pan quemado en el cesto de basura.

- Puedes tomar lo que ya está preparado para tu almuerzo, ma puce. Luego prepararé para mi, no te preocupes.

- Me haría del rogar en otro momento, pero te tomaré la palabra... - dijo vaciando algunas rebanadas en un recipiente - Quiero llegar antes que los demás, para no demorar con la Directora... ¿Puedes creer que esa mujer atiende a todas y cada una de las personas que van a su oficina personalmente?

- Que extraño.. aunque, supongo que es posible ese tipo de atención, ya que es una escuela pequeña.. - el chico sirvió dos tazas de café y tras pasarle una a ella, tomó lugar en el comedor, bebiendo de su propia taza - Eso habla muy bien de ella. Por cierto, ¿encontraste todos los papeles que necesitabas?

- Si... y algo más.

La chica dirigió su mirada hacía las cosas que había dejado sobre el sillón de la pequeña sala.

- Woooaaaa - exclamó su hermano con ojos brillantes. Louise percibió su interés de inmediato en aquella prenda.

- Me parece que es de hombre... - tomó una manzana del frutero y la guardó dentro de la bolsa del desayuno, mientras masticaba a medias una rebanada de pan- ¿Quuiéffessss meffffirteella?

El se levantó de su lugar y tomó con cuidado la chaqueta. Era preciosa y jamás había tenido una así. Cuando la extendió hacia el frente, sus cejas de fruncieron en clara decepción, ya que sería imposible entrar en ella.

Sin embargo, el sentimiento no duró mucho en cuanto otra idea cruzó por su mente.

- Esto no era del abuelo Tom.

Aquella afirmación, dicha en voz alta y en el tono en que lo había pronunciado, hizo que Louise casi se atragantara con un trozo de pan.

Lucien y sus malditas habilidades de espía.

- Nooog loggg séeeed... - respondió con la boca llena de comida, encogiéndose de hombros y fingiendo demencia.

- Es para un hombre flacucho, obviamente...- dijo con los labios tensos y los dedos blancos por la presión que hacía sobre la piel de la prenda - ¿Qué más encontraste?

Ella le señaló la blusa. Tomó un trago a su café y agregó de inmediato.

- Seguramente son sus primeros diseños, en los trabajó cuando era joven... ¿Te acuerdas?

El chico volvió a centrar la mirada en la chamarra y tras un momento que se le antojó eterno a Louise, su gesto se suavizó.

- Tienes razón, este es su sello. - dijo visiblemente más tranquilo, pasando sus dedos sobre el bordado a mano en la solapa - Ella nos contó que participó en muchos concursos de diseño cuando vivía en esta ciudad. Deberías usarla, sé que a ella le gustaría, además... - agregó con fingido desdén - ...eres tan flacucha, que seguramente te quedará a la medida.

- ¡Óyeme Gorilon! Nada de flacucha... - respondió juguetona, frunciendo el ceño.

- ¡Palo, tabla, tablón!

- ¡Mono! ¡Ropero con pies! Deja de molestarme... - contestó enfurruñada, aventándole una servilleta que el muchacho alcanzó a esquivar.

Rieron con ganas al recordar aquella rutina. Solían molestarse mutuamente en el desayuno, rodeados de la familia, usando sobrenombres o apodos con los que los acosaban sus pares en la escuela, como un ejercicio de resiliencia. Los abuelos los miraban discutir, impresionados porque cada sobrenombre era más original y la mayoría de las veces, más hiriente que el otro.

Pese a ello y con un par de coscorrones en la cabeza de ambos, Marinette era quien concluía esa batallas verbales.

- Antes de que lo olvide, hoy iré por la pintura y algunos materiales que necesito para terminar las reparaciones, pero aún estoy indeciso con la paleta de colores.¿Qué opinas? - dijo extendiendo su teléfono móvil con tres combinaciones de diversas tonalidades.

Lou analizó rapidamente las opciones y le señaló una.

- Cambia el color mostaza por este piñon.

- Hueso, piñon y verde manzana... ¡Vaya! Me gusta.

- Regresaré a tiempo para ayudarte con el trabajo. - pronunció vistiendo la chamarra, que efectivamente parecía hecha a su medida y cargó la mochila sobre su hombro.

Luc asintió levantando su pulgar, en gesto de aprobación al atuendo.

- Buena suerte, pulga... y por favor, no golpes a nadie en tu primer día.

- Eso no puedo prometerlo... ¡Rock´n roll, baby!- dijo haciendo una señal de cuernos con la mano y sacando la lengua antes de salir por la puerta.

Lucien rodó los ojos y fue directo a la tarja. Abrió el compartimiento inferior y sacó un atomizador, con un liquido verdoso que regó encima de la sarteneta quemada.

- Si me permites decirlo - una nueva voz, proveniente de algún rincón en la cocina - Esa expresión no augura nada bueno...

- Ya lo sé, Plagg, ya lo sé.


[1]: Père, Mamam. Padre y mamá.

[2]: Monsier: Señor.

[3]: Madam: Señora.

[4]: Mon trésor: Mi tesoro.

[5]: Mademoiselle: Señorita.

[6]: Chaton [6]: Gatito.

[7]: Garden of Eden es una canción de Guns N' Roses. Es una canción bastante peculiar por que se trata de una mezcla de Heavy metal y Punk rock; y su letra parece tener ser más una fuerte crítica social, política y religiosa al todo. Por ello Louise menciona que no se trata de una canción romántica, aunque el verso por sí solo tiene más de un significado :)

[8]: Aunque no lo mencioné en la historia, la canción que bailan los hermanitos es Crazy Little Thing Called Love (en españolː «Cosita loca llamada amor») de la banda de rock británica Queen. El ritmo es bastante pegajoso y pude imaginarme al matrimonio Dupain-Cheng bailandolo, en sus momentos de pareja. La idea vino de un post que apareció en el instagram de Marinette, donde se ve que ella baila con su papá, aunque menciona que tiene dos pies izquierdos. Imaginarme a esa linda pareja, enseñandole a un par de niños los pasos, fue bastante dulce.

Nos seguimos leyendo!

Con cariño.

Samirasama