El último intento.

—Sirius —gruñó Marlene, ceñuda y aburrida—, estoy completamente segura de que Remus sabe que no me interesas.

—De hecho, él sabe que me gustabas en segundo año, y una vez en cuarto me descubrió viendo tus piernas —murmuró con desinterés.

El pasillo seguía desierto, apenas con los murmullos que se le escapaban a la señora Prince de la biblioteca. El jadeo de Marlene resultó un alboroto dado el aterrador silencio del pasillo.

—¿Por qué carajo me veías las piernas? —masculló escandalizada. Sirius medio suspiró medio gruñó.

—Por que son lindas —dijo con simpleza. Marlene volvió a jadear y lo miró interrogante—. ¡Joder, no me llamaban la atención, Marlene! —exclamó en un susurro—. Ni en cuarto, ni ahora.

—Eso no tiene ningún sentido —bufó—, ¿para que las veías si…? Ah. ¡Oh!

—Por Godric, debí pedírselo a Dorcas —murmuró para sí mismo.

—No, no, no. Ya entendí —rió y se encogió de hombros—, sabías que no te gustaban las chicas, por eso lo hacías —Sirius rodó los ojos y asintió con cansancio—. Pero… ¿No se supone que Remus sabe eso? —preguntó con verdadera confusión.

—Pues debería —admitió antes de volver a rodar los ojos—, pero es medio lento y… ¡Qué sé yo! Cree que me gustan las chicas, y los chicos, y ve a saber qué más.

Marlene rió bajito y suspiró mirando el pasillo con más aburrimiento que la última media hora.

—Entonces… como Remus cree que te gustan las chicas, vas a fingir que estás ligando conmigo cuando salga y esperarás a ver su reacción, ¿correcto? —repitió Marlene. Sirius asintió y miró ansiosamente la puerta de la biblioteca, Remus ya no debería tardar en salir, tenía que hacer su estúpido rondín entre las nueve y las nueve treinta; no es que Sirius conozca sus horarios, es que lo necesitaba para su plan—. ¿Cómo se supone que eso te ayudará a mejorar su relación? ¿Te das cuenta que nada de esto tiene sentido? Deberías entrar ahí y besarlo hasta que las bolas se le suban al…

—¡Marlene! —interrumpió perturbado—. No necesito escuchar ese tipo de cosas en un pasillo, McKinnon, si no habría llamado a James.

—Bien, pues dime entonces, ¿cómo va funcionar tu brillante plan a su relación? O todavía mejor, ¿por qué crees que necesitas hacer esto?

La respuesta es facilísima, y no por ello es menos difícil de explicar. Básicamente, Sirius está seguro de que Remus no lo quiere, pero no sabe cómo decirle. A lo mejor cree que las cosas van a cambiar una vez que intenten volver a ser amigos (y Sirius está seguro de que así sería), o tal vez le da tristeza dejar a Sirius porque cree que no podrá soportarlo (definitivamente no podría), o quizá le gusta alguien más y no sabe cómo decirle (Sirius tampoco sabe, pero no quiere oírlo).

—Sólo… sólo quiero saber si Remus puede ponerse celoso —explicó con la mirada perdida en los retratos vacíos del fondo—. Si todavía le intereso —añadió bajito.

Sirius no había dudado nunca de lo que sentía por Remus, Merlín, en cuanto descubrió que estaba coladito por él comenzó a portarse como una jodida niña en San Valentín; y ese era un nivel muy bajo para Sirius Black. Duró exactamente dos días y dos clases de pociones para decirle a Remus que le gustaba.

"Cómo… mucho, Lunático" admitió con voz estrangulada, no soportaba oírse como una de esas niñas que reparten tarjetas por Hogsmeade. "Me gustas del tipo que quiero besarte, y compartir la mesa de pociones contigo, y tocarte, y acompañarte después de la luna llena, y dormir contigo y quedarme mucho después de eso. Sí. Así me gustas".

Remus había sonreído, mirado sus manos y negado, todo en los tres segundos más largos de toda su vida, pero finalmente había reído y lo había besado. El tipo de beso que das a los doce años, sin saber dónde poner las manos, ni cómo mover los labios y sin cerrar del todo los ojos. Y ya. El muy cabrón se largó a hacer sus deberes de Herbología sin decir nada. Lo peor fue que ese ridículo y casto beso dejó a Sirius en el más puro de los atolondramientos hasta la hora de dormir.

Si, Sirius nunca había duda de lo que sentía por Remus, pero tenía muchísimas razones para creer que Remus no se sentía como él. Joder, tendrá que usar la palabra con e. Bueno, Sirius puede creer que Remus no se siente ni la mitad de enamorado que él mismo por muchísimas razones. Empezando porque nunca, nunca, ¡nunca, maldita sea, le ha nacido tocarlo!

Tocar de tocar, o sea, buscar sitios sensibles que le hagan ver estrellitas. Remus lo hace, si, pero sólo cuando es Sirius el que lo arrincona en un pasillo oscuro, o cuando no hay nadie en la habitación, o cuando los vestidores están vacíos. Pero siempre es Sirius quien tira de Remus, nunca al revés.

Luego estaba el hecho de que Remus solía ponerse distante después de estar en dichos pasillos. Sonreía con los labios apretados, apartaba la mirada y evitaba tocarlo demasiado. En un principio creyó que Remus tenía algo así como asquito a los restos de fluidos, pero no, ese cabrón daba unas mamadas increíbles con todo y manos como para sentirse incómodo por unas cuantas salpicadas; además, Sirius los limpió siempre por un par de meses y la actitud de Remus fue incluso más distante.

Pero ahí no acaba, no, también estaba esa estúpida amiga de Evans que era aprendiz de chinche, sanguijuela o algo así. ¡Ella nunca se apartaba de Evans! Pero Evans no era el punto, sino que Evans y Remus son amiguitos de estudio, y a donde va Evans va la estúpida Sanguijuela. ¡Y Remus se reía con ella! No de, sino con. Joder, hasta se compartían los malditos libros, a ambos les brillaban los ojos al hablar de un tal Yates y otro Dickens. ¡Pero eso no es lo peor! Cuando la Sanguijuela no iba al lado de Evans, iba colgada del brazo de Remus. ¡Joder! Sirius no podía hacer eso, Remus siempre ponía a James o a Peter entre los dos cuando iban por el pasillo, y cuando iban los dos solos ponía esa cara de incomodidad que sólo pone cuando alguien menciona el calendario.

Y finalmente estaba ese gesto de alivio que invadía su rostro cuando él hablaba con alguien fuera de su pequeño círculo, era un gesto sutil, casi imperceptible, a menos que acompañes a Remus todos los días después de la luna llena y lo veas despertar con ese mismo gesto porque "sigue vivo y más entero que despedazado". Pero después venía el pequeño mohín de culpa, ese dónde mordía el interior de su mejilla o un costado de su labio inferior.

A Sirius ya se le agotaron las excusas para creer que Remus sí lo quiere, sólo que no está acostumbrado a tanto de Sirius en todas partes.

"¿Estoy molestándote, Lunático?" preguntó con burla. Remus resopló y asintió, Sirius rió como respuesta, no estaba preguntando con la intención de arreglar lo que estuviera mal, al contrario, haría que durara más. El ceño fruncido de Remus era digno de admirar, y Sirius no se lo perdería por nada del mundo.

"Necesito terminar con este trabajo, Canuto, la luna llena está demasiado cerca" murmuró con cansancio. Sirius hizo un ruido afirmativo con la garganta y se repantigó aún más contra el regazo de Remus, quien profundizó la arruga de su entrecejo y suspiró por la nariz. "Sirius, de verdad".

"No estoy deteniendo tus manos, todavía pues escribir. O dictale a la pluma, lo que quieras, no me voy a ir" sentenció con seguridad, una seguridad que amenazaba con desinflarse ante la evidente incomodidad de Remus. Sirius no entendía a qué se debía, estaban solos, pasaba de la medianoche y no estaban haciendo nada malo; lo más peligroso era que tuviera la cabeza tan cerca de su entrepierna, pero no estaba interesado en el sexo público en estos momentos, quería saber si él estaba mal.

"Me distraes" debatió con facilidad. Sirius parpadeó en su dirección y lo observó desde su regazo con las cejas enarcadas.

"No estoy haciendo nada, de hecho, fuiste tú quien comenzó a hablar, Remus" mencionó con burla, Remus presionó la comisura de sus labios en lo que pudo ser una sonrisa o un gesto desaprobatorio. "Está bien, fui yo. Te prometo que ya estaré en silencio".

Esta vez Remus dejó escapar una risa mientras negaba, Sirius cumplió su palabra y se dedicó a mirarlo sin decir nada. "Eso es imposible, Canuto, hasta preocupante" susurró con gracia. Dejó el libro de lado y bajó la mirada hasta compartirla con Sirius, le sonrió pequeño antes de hundir sus manos en su cabello. "Además, siempre haces ruido. Aunque no estés hablando"

No tenía ningún sentido, pero Sirius estaba flotando en una nube de azúcar como para hacérselo saber a Remus, le diría que a cualquier cosa mientras lo mire de esa manera y mueva los dedos en su cabeza como si quisiera derretirle las neuronas.

Ese había sido un buen plan, había resultado un éxito hasta ese momento, hasta que James bajó las escaleras y preguntó: "¿Se dormirán ahí juntitos?". Remus había pestañeado y se había alejado como si tuviera viruela de dragón con su estúpida mirada culpable.

Así que este es el último plan, su último intento.

Marlene hizo un ruido estrangulado y resopló una risa, Sirius la miró con ambas cejas enarcadas.

—¿Remus Lupin? ¿Estamos hablando del mismo Remus que te guarda un bollito relleno todos los días? ¿El único de tus amigos que te devuelve las pajaritas? ¿El Remus que te espera en la entrada del castillo cuando Potter termina con su ridículo entrenamiento? ¿El perfecto Lupin que de vez en cuando aparece por los pasillos oscuros totalmente alborotado? ¿Ese Remus? —recitó con las cejas elevadas en incredulidad. Sirius casi que rueda los ojos como reflejo.

—Es difícil de explicar, Marls, pero… hay cosas que Remus siempre ha hecho por mi, y otras que hace sólo porque yo comienzo, ¿entiendes?

No espera que Marlene entienda, nadie ha entendido nada desde que Sirius comenzó a creer que Remus no lo quiere. Peter había dicho "Pues pregúntale, ¿no? Para estar seguros", James había reído y repetido "No seas imbécil y deja de decir estupideces" durante toda la clase de Encantamientos, Evans había sonreído y negado "No sabía que eras tan idiota, Black", y Dorcas había bufado "No jodas, usa a Marlene, todo con tal de evitar que te ahogues en tu propia estupidez". ¡Nadie entendía! ¿Es que no se daban cuenta?

Por supuesto que notaba su mirada en clases, pero también veía cómo la apartaba de inmediato, sentía sus piernas contra las suyas durante el desayuno en el Gran Comedor, pero también sentía sus bruscos movimientos con tal de alejar el contacto, veía su sonrisa al salir del aula, pero también veía cómo flaqueaba después de unos segundos. ¿Todos ellos no lo veían?

—En realidad no —murmuró Marlene—, pero te ayudaré en lo que pueda, sólo… sólo quita esa cara, estás deprimiéndome.

Sirius bufó una risa y negó, Marlene suspiró antes de avanzar hacia él y estrecharlo entre sus brazos cuál oso de peluche. Dejó su mandíbula sobre su hombro y suspiró con cansancio, ¿de verdad dejaría que esta fuera la última oportunidad?

Apretó los ojos con frustración e intentó enumerar sus opciones. Quizá debería hacerle caso a Marlene y entrar a la biblioteca para besar a Remus hasta que entienda que no puede deshacerse de él, ya no. Tal vez debería sentarse a platicar con Remus como el mago civilizado que debería comenzar a ser y simplemente poner las cartas sobre la mesa. Pero ¿y si Remus no quería seguir con él? Sirius no podría vivir así, de ninguna manera. Podría hablar con Remus, podría pedirle una oportunidad para demostrarle lo mucho que lo quiere, o tal vez podría preguntar qué está mal, o podría simplemente llorar hasta que le dé lástima.

Sirius abre los ojos cuando la imagen de sí mismo hecho un mar de lágrimas se vuelve insoportable, los abre justo a tiempo para encontrarse con el gesto de alivio de Remus. Está parado con las manos muy quietas alrededor de su mochila y de unos libros, tiene las cejas ligeramente arqueadas y ningún mohín de culpa, en lugar de eso está sonriendo. Es una sonrisa apenas perceptible que, si Sirius no hubiera estado tanto tiempo muy cerca de su rostro, seguramente no la habría notado.

Remus no lo espera ni le habla. Parpadea y camina en dirección contraria a dónde está él junto a Marlene. Muy juntos, en un jodido abrazo que a Remus no le importa, no le importa ni la mitad de lo que a él le importa que la Sanguijuela cuelgue de su brazo durante la hora libre. O tal vez sólo no le importa Sirius. De cualquier manera quiere saber, necesita saber qué es lo que está mal ahora. Por lo menos que Remus le diga a la cara si va terminar con él.

—Lo siento, Marls, tengo que irme —dijo con prisa, apartándose de sus brazos y acomodando su camisa—. Te veré mañana, ¡y haré tu tarea de Aritmancia, lo prometo! —gritó por el pasillo.

—¿Qué? ¡Sirius! ¡Black, vuelve aquí! ¡Sirius!

Pero Sirius no le hace caso, camina con prisa detrás de Remus, le ruega a Merlín que por favor, por favor sea ese el camino por el que se fue. Le sabe a victoria la reconocible sombra al final del pasillo, corre con más velocidad y patina para no estamparse contra Remus cuando por fin está detrás de él.

—¡Lunático! —gritó agitado. Remus se detuvo y le sonrió por encima del hombro.

—Hey —saludó. Sirius tomó dos bocanadas de aire y dijo lo primero que se le ocurrió—: ¿Podemos hablar? —preguntó dubitativo. Remus hizo un ruido pensativo con la garganta y frunció el entrecejo.

—¿Puede esperar para después? Es que voy tarde a las rondas y…

—¡Si! —interrumpió con brusquedad—. Es decir, si, puede esperar, te… te veré en la habitación —asintió para sí mismo y hundió las manos en los bolsillos del pantalón.

No se quedó a esperar respuesta, volvió a correr hasta llegar a la Sala Común. Tenía que deshacerse de James y Peter. Pensó en todas las excusas posibles para sacarlos del dormitorio, pero al llegar sólo se encontró con Peter hurgando en el baúl de James.

—¿Viste el cachivache azul que Cornamenta nos mostró al inicio del año? —preguntó con algo parecido a la desesperación—. La cosa que hace mucho ruido y huele muy mal.

—¿Sus calzoncillos mágicos? —Peter resopló y negó—. No sé de qué hablas, Colagusano.

—¡La cosa del ruido! Tiene una colilla que hace explosiones y huele a como a cigarro después.

La verdad no tenía ni idea de que hablaba y tampoco le interesaba saber, pero de alguna manera tenía que matar el tiempo hasta que Remus terminara con su rondín, así que se dedicó a buscar cosas azules que pudieran hacer ruido y olieran mal para lanzarselas a Peter en espera de su "No, esto no es". Después de larguísimos minutos, en los que Peter se pudo haber cansado de buscar o de ser golpeado, Remus entró en la habitación y Peter se dio por vencido llevando consigo unas bombas fétidas.

Sirius no esperó a que Remus dejara sus cosas sobre la cama, ni a que se quitara el uniforme y mucho menos a que le preguntara cualquier cosa. No, Sirius simplemente abrió la boca e hizo lo que su madre se vanagloriaba de acusarlo: causar desastre.

—¿Quieres terminar conmigo? —preguntó con brusquedad. Sentía el corazón en la garganta, el estómago contraído y la desesperación debajo de las uñas. Remus dejó la mochila sobre su baúl y frunció el entrecejo.

—¿Cómo? —preguntó confundido. Sirius parpadeó y apretó los ojos con fuerza, no debía gritar todo lo que creía o Remus definitivamente terminaría con él por estar loco de atar.

—Que si quieres terminar conmigo —repitió lentamente, manteniendo la distancia y el contacto visual entre ambos. Remus estrechó los ojos y permaneció inmóvil.

—¿Tú quieres? —respondió tentativamente.

Sirius sólo tenía que decir "no", pero se quedó ahí, boqueando como pez sin saber qué decir. Sabía que quería gritarle "¡No!", pero tampoco quería seguir con Remus si él no era feliz, si quería a alguien más. Podrían volver a ser amigos, ¿no? Ya lo habían sido antes, Sirius estuvo muy atraído por Remus antes de darse cuenta cuánto realmente le gustaba, podían volver a eso, sí. Lo intentaría.

—Es que creo que no sabes cómo decir que no me quieres —soltó atropelladamente, recorriendo el desorden que Peter había dejado por buscar la mierda azul—, así que… —resopló y continuó mirando la habitación, ¿por qué sentía que perdió un partido de Quidditch? ¿Por qué sentía que estaba en Grimmauld Place durante el invierno? Ni siquiera podía tragar bien—. Sólo escúpelo.

—¿Crees que no te quiero? —preguntó con voz desconcertada. Sirius se encogió de hombros y asintió, ¿qué más daba? Mientras más rápido dijeran la verdad, más rápido sabría qué tan jodido está—. ¿Por qué crees algo así, Canuto? —continuó interrogando, esta vez sonando sorprendido.

—Pues porque… —boqueó y ahogó el resto de su oración. Debería decirle, sí, pero una vez que se lo diga no habrá marcha atrás y Remus se irá de su vida como su novio, tal vez hasta como amigo. Respiró hondo y se atrevió a mirarlo, Remus lucía confundido, mucho, como desorientado—. Primero promete que seremos amigos y que volverá a ser como antes. Antes de todo.

Dónde "todo" quiere decir "nosotros, los besos furtivos y los no tan furtivos".

—Canuto…

—Promételo, Remus —pidió con urgencia. Remus lo miró en silencio por largos segundos, por un instante pareció que se movería hasta él, pero finalmente bajó la mirada y asintió.

—Lo prometo —murmuró. Sirius dejó de contener la respiración y cerró los ojos, ahora ¿cómo se supone que le dirá todo lo que piensa? No puede parecerse más a una niña en San Valentín, completamente nervioso por decir lo que piensa y ser rechazado. Bueno, ya fue rechazado no-verbalmente, así que el resto solo es ser sincero—. Dime, Sirius.

Bueno, si en algo fue buena su madre, era prediciendo: predijo que se largaría de Grimmauld Place, que sería una deshonra para los Black, que era un revoltoso sinvergüenza, que su presencia llevaría desgracia, que era un bruto desgraciado y que jamás sería feliz; y si, tenía razón. Estaba a punto de ser un bruto sinvergüenza para invocar la desgracia e infelicidad en su propia vida.

—Uhm, ¿te gusta la amiga de Evans? —a pesar de que es una pregunta, se escucha más como una afirmación, y ni siquiera espera una respuesta para continuar—. Bueno, es que siempre estás riendo con ella, van del brazo y hablan juntos en la sala común, y eso no lo haces conmigo —añadió bajito. Remus abrió la boca pero Sirius negó indicando con la mano que esperara—. Tú, uhm, creo que no estás cómodo conmigo, sin importar el lugar, ¿entiendes? No te gusta que esté cerca en los pasillos, o en el Comedor, o la Sala Común, y hasta cuando estamos en la habitación no te gusta tocarme; oh, por Circe, me oí como una chica.

Sacudió la cabeza y revolvió su cabello como si con ello pudiera alejar lo perturbador del momento. Remus lo miraba con ojos grandes, como si todo lo que Sirius decía fuera toda una revelación, quería preguntarle qué era lo que le sorprendía, pero ahora que había comenzado no podía parar.

—Y, pues, nunca estás ni un poquito molesto de que hable con otras personas —Sirius cree que ha se humilló lo suficiente como para usar la palabra con c, no, eso no pasaría—, más bien pareces ¿aliviado? No sé, Lunático, te ves incómodo junto a mí, solos o acompañados, te ves contento con el resto de las personas, y pocas veces pareces estar bien conmigo alrededor. Sólo entiendo que el problema soy yo —concluyó bajito, con un nudo atravesado en su garganta y el estómago revuelto.

Tal vez si vomitaba la cena él estúpido nudo se iría. Si, definitivamente quería vomitar, no quería llorar, no quería estar ahí.

Remus parpadeó un total de tres veces en completo silencio, después suspiró mientras eliminaba la distancia entre ambos. Elevó sus manos hasta que pudo capturar su cuello y sus pulgares pudieron acariciar su mandíbula. Sirius está seguro de que no respira y que va morirse si Remus se atreve a darle un estúpido beso justo ahora, porque sería un beso de despedida, obviamente, Remus no lo quiere y las personas que no te quieren no se quedan a...

—Sirius, no quiero terminar contigo —dijo lentamente, como si le costara mucho decir cada palabra o como si quisiera que Sirius escuchara claramente cada sílaba, no está seguro de estar entendiendo algo.

—Pero no me quieres —afirmó con las cejas elevadas.

Sirius sabe que las cosas nunca jamás terminarán bien para nadie si no hay cariño de por medio, pregúntenle a su madre, que tiene que lidiar con los chismes entre los sangre pura sobre el escape de su heredero, o a James, que llega cada verano con el corazón roto porque Evans todavía no es su novia, ¡pregúntenle a él! Ya no tiene casa, no tiene familia, está a un minuto de no tener un maldito novio y como a tres días arruinar su estúpida amistad con el hombre lobo.

Remus apretó los labios en una línea recta antes de suspirar.

—Si te quiero, Sirius —corrigió con la misma lentitud del inicio, y a Sirius cómo le desespera que le hable como si fuera un imbécil retrasado—. Y te quiero mucho, sólo que...

—No —interrumpió Sirius, sintiendo el nudo mucho más grande que antes, y le molesta, lo aborrece, lo odia.

Odio no poder hablar, no poder usar las malditas palabras para hacerle entender a Remus que no tiene que decir nada, que no quiere oírlo porque así es más fácil. Odia no poder contener todo lo que siente como una jodida persona normal, sin gritos, sin gestos, sin palabrotas, sin manotazos. En silencio.

Tomó las manos de Remus y las apartó de su cuello con la misma incomodidad con la que Remus lo apartaba a él; como sólo Sirius sabe hacer: pagando con la misma moneda sin darse cuenta, es un acto adquirido inconscientemente tras años y años de presenciarlo en Grimmauld Place.

—Estaremos bien, todavía somos amigos, lo prometiste. No tienes que decir nada —continuó Sirius. Remus dejó caer los brazos a sus costados y lo observó con ojos estrechos—. Estaremos bien —repitió—, si tú quieres haremos como que nunca pasó…

—No sabía que estábamos saliendo —le cortó Remus.

Las sílabas se tropezaron unas con otras en la boca de Sirius, y al final solo consiguió fruncir el entrecejo con molestia. Ni siquiera había terminado de ofrecer un obliviate imaginario y Remus ya está a presumiendo su línea pública, maldito cabrón, "No sabía que estábamos saliendo", joder, lo peor es que es una buena línea. Sirius casi le creía.

—Oh, uhm, está bien, yo diré que…

—¡No, Sirius! —volvió a interrumpir, esta vez parecía frustrado y molesto. Hizo el amago de devolver sus manos al cuello de Sirius pero las detuvo antes de alejarlas demasiado de su cuerpo—. De verdad no sabía que estábamos saliendo, no en... esos términos —aclaró con prisa.

—¿De qué mierda estás hablando? —exigió con molestia. Definitivamente tenía un conflicto con la simple voz de Remus, no con la lentitud o la prisa con la que hablaba, sino con toda la jodida voz, no entendía y eso le enfurecía.

Se sentía como aquella vez en la que James le hizo una broma a un pobre idiota de Slytherin con sus bengalas risueñas sin avisarle y McGonagall lo castigó a él. ¿Qué carajo estaba pasando?

—Yo creí que sólo estábamos pasando el rato, no creí que fuéramos una pareja o algo así —confesó con el gesto de culpa que jamás ha entendido, esta vez tampoco entiende qué hace ahí. Sirius sólo atina a elevar una ceja interrogante.

—Pasando el rato —repitió con algo parecido a la indignación—. ¿Pasando el rato por casi un año, Remus?

—¡No lo sabía, Sirius! Creí que sólo estabas divirtiéndote conmigo mientras conocías a alguien más —explicó. Suspiró y alzó un hombro con desgana—. Lo siento, ni siquiera se me ocurrió. ¿Cómo ibas a querer salir conmigo?

—¡Llevo todo el curso saliendo contigo! —exclamó desesperado.

La pregunta era: ¿Cómo no querer salir con Remus? Era increíble, mucho mejor que él, o que cualquier persona, ¿cómo no iba a querer salir con él cualquiera? La simple idea lo horrorizó en cantidades alarmantes. Si Remus no sabía que estaba saliendo con él, si creía que estaban pasando el rato nada más, Remus pudo tener otras parejas, ¡puede tener una en este mismo instante! ¡Claro! ¡Por eso no quiere terminar con él, es que en realidad no hay nada que terminar! Remus ya tiene a alguien más.

—Estás saliendo con la amiga de Evans —acusó en un susurro—, por eso estás evitándome todo el tiempo.

Se siente mucho peor decirlo que pensarlo, ahora ni siquiera puede tragar saliva, parece que se fusiona con el nudo en su garganta y se vuelve mucho más grande.

Remus lo mira con ojos gigantes y niega apresuradamente mientras masculla un montón de cosas sin sentido.

—¡No! —gritó alarmado—. No estoy saliendo con nadie, Sirius.

—¡¿Entonces por qué siempre me rechazas?! —gritó exasperado, la paciencia no está en sus virtudes, y toda la que tiene en su cuerpo hace rato que se agotó.

Sirius sólo quiere saber si están juntos o no para irse a dormir, ya lidiaría mañana con toda la mierda.

—¡Porque no quería acostumbrarme! —exclamó de vuelta, inmediatamente suspiró con alivio y volvió a acercarse a Sirius sin intenciones de tomar su cuello con las manos—. Pensé que, cuando encontraras a alguien más, me dejarías, y yo no quería… Era más fácil pensar que no te había perdido porque nunca te había tenido, y… si recorría los pasillos no pensaría en tí tomándome de la mano, no esperaría que te quedarás conmigo después de follar y no buscaría besarte todo el tiempo. Lo siento, Sirius, de verdad lo siento.

¿Que qué? O sea que el muy imbécil no lo tocaba nunca, sin importar el escenario, porque pensaba que lo dejaría algún día… ¡eso no tenía ningún sentido!

—Pero… parecías aliviado de verme con otras personas, ¡tú te veías feliz con esa chica! ¡La amiga de Evans! —debatió escandalizado. No tenía sentido que Remus creyera tal tontería, ¿cómo podría fijarse en alguien más si estaba coladito hasta la médula por él?

—Pensé que estarías bien con alguien más, yo estaba bien si tú eras feliz, Canuto —explicó con desgana—. No creí que pudiera reclamarte por estar con otras personas, y me sentía culpable por molestarme contigo, yo estaba mal, debí decirte que te quería desde el inicio. Laura es mi amiga, Canuto, le gusta decir que pronto querrás estar conmigo. Ella está segura de que estás enamorado o algo así, pero…

—¡Es que si lo estoy! —interrumpió en un grito indignado. Soltó algo parecido a un gruñido y tomó a Remus por los hombros para zarandearlo con la misma indignación—. ¡Lo he estado desde hace mucho! ¡Creí que estábamos saliendo desde que me besaste!

—¿Y Marlene? —preguntó con incomodidad. Sirius enterró los dedos en sus brazos y bufó.

—No me gustan las mujeres. Sólo me gustas tú. Lo de hace rato fue… quería ponerte celoso, así sabría si me querías —confesó avergonzado.

Remus sonrió pequeño e inclinó la cabeza, como si estuviera apreciando a un cachorrito y no a un adolescente enamorado.

—Pues que estúpido, por eso crees que no te quiero. Y estás muy equivocado.

Sirius todavía tiene un nudo en la garganta, no entiende del todo, pero ya escuchó lo suficiente para entender que ahora sí están juntos.

Sirius desata el desastre y lo besa.

No como los besos de doce, sino como los de diecisiete, esos que buscan lugares sensibles para ver estrellitas, esos que están rebosantes de saliva, que se mueve en todas las direcciones, que se dan con los ojos completamente cerrados mientras las manos pelean por llegar a la piel debajo de tantos botones y cierres. Oh, si, esa clase de besos que a Sirius le encantan porque a Remus parece no importarle tocar, no mientras duren.

Así que intenta que dure para siempre. Respira contra sus labios, apenas apartando el rostro, manteniendo los ojos cerrados y los labios rozándose con los otros. Sus manos bajan de botón en botón hasta llegar al cierre del pantalón, y luego nada importa, nada excepto toda la piel que puede tocar. Vuelve a mover sus labios sobre los de Remus y apenas es consciente de las manos ajenas quitándole su propia camisa mientras él hunde las manos debajo del pantalón. Hay un elástico y después nada, o en realidad todo. Si, es todo, es Remus.

Lo toca y lo recorre como si no lo hubiera hecho antes, lo hace con prisa y sin coordinación: totalmente desesperado, por si es que Remus cambia de opinión y siempre no lo quiere de verdad.

Remus no permite que se aleje de su rostro porque lo sujeta del cuello, lo besa con la misma intensidad que Sirius hace, deja que lo toque y jadea contra sus labios cuando ya no se puede contener por más tiempo. Sirius no tiene suficiente, no le basta y tiene que empujarlo hasta que está encima de todo Remus. Saca sus manos y recorre el torso lleno de cicatrices, quiere besarlo, morderlo y lamerlo, quiero todo, pero no tiene cabeza para tanto. Le duele su propia erección, está seguro de que va correrse con los simples jadeos de Remus.

Y, oh, por Merlín, esa insinuación de cadera lo volverá loco si Remus se atreve a hacerla de nuevo. Tiene los ojos apretados con fuerza, porque su sentido auditivo ya aporta demasiado como para añadir el visual, pero está seguro de que Remus sonríe, siente su estúpida sonrisa contra su cuello mientras le desabotona el pantalón. Ambos mueven las piernas torpemente hasta que ya no tienen pantalones, la fricción le ha quitado a Sirius como cinco minutos de resistencia antes de correrse, pero de ninguna manera va detenerse. Se atreve a mirar a Remus y su tiempo se reduce considerablemente: tiene el cabello alborotado, los labios rojos, los ojos brillantes, ¡y lo está tocando, joder!

Le toca el estómago, los costados y el culo hasta que deja sus erecciones cerca, muy cerca, tan cerca que están separadas por nada. Y los movimientos de cadera comienzan. Sirius vuelve a cerrar los ojos y se inclina hasta que puede mordisquear las clavículas de Remus, lo hace hasta que sus jadeos se vuelven gemidos y necesita besarlo o morirá. Sostiene su rostro con menos fuerza de la que Remus usa para sostenerle el culo, joder, podría acostumbrarse a esto para siempre.

Podría, si pudiera olvidar la parte horrible: el fin. Que es perfecto y brillante, si, Sirius repite "Remus" contra los labios del susodicho hasta que no puede decir nada porque el alma se le escapa en hilos blancos; Remus lo rasguña desde el culo hasta la espalda, respira agitado en su oreja y los hilos blancos se entrelazan unos sobre otros, como si fueran los propios Sirius y Remus. Sí, esa parte es brillante, pero luego está la parte horrible, que comienza con Remus quitándolo de encima para luego limpiarse con la camisa más cercana. Y después no lo mira, no lo toca y no habla, sólo se limpia.

Sirius siente que se desinfla en el mismo instante que vuelve a sentir un nudo en la garganta, el que odia porque no lo deja hablar. Tal vez Remus si lo quiere, pero no lo quiere como su novio, tal vez no lo quiere tanto como él, o tal vez…

—Te dolerá la cabeza si piensan tanto —rió Remus, acercándose demasiado a él con la camisa en las manos. Lo limpia sin apartar la mirada de su torso, y cuando ya está limpio pasa los dedos por encima, acariciando sutilmente el vello que baja por su ombligo, como si quisiera asegurarse de que está limpio.

—¿Qué? —logró decir.

Ni siquiera sabe cómo lo hizo, nada tiene sentido, Remus lo está tocando y nunca lo toca. No tiene sentido porque Sirius siempre se ha quedado con él después de follar pero Remus no, Remus lo evita, lo evita porque no quiere sentir que lo tiene, ¿por qué se queda ahora?

Después de todo si necesita que le hablen como un retrasado.

—Antes quería quedarme —susurró Remus, y Sirius entiende mucho menos—, todo el tiempo. Quería dormir contigo y ni siquiera preocuparme por el desastre que hacíamos, pero si lo hacía, si me quedaba y luego tú te ibas con alguien más… no sé, no quería perderte. Lo siento, fue muy egoísta. Yo pensé que sólo querías follar y que no querías estar conmigo, creí que la mayoría de las veces ibas a ver a alguien más después que a mí, y por eso siempre limpiaban todo.

—Eso fue muy estúpido —concordó con irritación. Remus tenía razón, si seguía pensando le dolería la cabeza, ya no quería pensar, quería dormir y apresar a Remus hasta nuevo aviso.

Remus sonrió y asintió observándolo con ojos brillantes.

—Si, fue muy estúpido —suspiró—. Bueno, ahora quiero quedarme. ¿Puedo?

Oh, joder, ¡sí!

—Es todavía más estúpido que preguntes —gruñó con falsa molestia. Remus rió y se inclinó para besarlo.

Sirius de nuevo se sentía en una nube de azúcar. ¡Remus lo estaba tocando, le estaba hablando y lo estaba mirando!

—Y sí te quiero, Canuto —concluyó. Sirius sonrió y se repantigó contra el cuerpo ajeno, finalmente podría dormir, sin estar jodido y con Remus.

Si, ese plan definitivamente salió bien. Un rotundo éxito ante todas…

—¡Ey, Sirius! —oh, no—. ¿Recuerdas las nenas fétidas que hechizamos con nuestros nombres al inicio del curso?

—¡Lárgate, James! —sollozó con frustración. ¿Es que no podían dejarlo tranquilo e ignorante?

—Si, por supuesto, sólo quería decirte que los cuatro tenemos detención mañana a las nueve, por si eso te ayuda con tu plan de, ¿cómo se llamaba? Ese dónde haces estupideces para que Lunático salga contigo —cabrón de mierda.

—¡Lárgate!

—Si, si, ya me voy.

—¿Sirius?

—No digas nada, Remus.

—Bueno —rió—. Pero para que quede claro, si estoy saliendo contigo.

Oh, qué buen intento.

-X-
¡Hola! Bueno, se me ocurrió esta historia mientras pensaba que Sirius a veces da por sentadas las cosas y que Remus a veces necesita oír esas mismas cosas.

Así que esto resultó :). Ojalá les haya gustado.

¡Dejen un revew! (Y si te gustó puedes pasar a mi perfil, tengo cinco historias más)

-Danny :).

(16/sep/2020. 21:15)