Fuera de tiempo III- Cuestión de negocios

Lord John Roxton bajó las empinadas escaleras que conducían al laboratorio de la casa del árbol ya bien entrada la tarde. Su encantadora dama tampoco había dado muestras de vida ese día, y ya iban tres, escondiéndose del curioso periodista que la había estado persiguiendo a la caza del relato que tan descuidadamente había dejado escapar el científico del grupo.

Acabando de bajar, fijó su mirada al fondo de la habitación atiborrada hasta el techo de muestras y experimentos a medio acabar del profesor. Allí, medio escondida en una esquina se encontraba Marguerite Krux, inclinada en la mesa, concentrada en lo que sea que estuviera haciendo, abstraída hasta el punto de no haber notado su presencia.

Roxton la observó despacio, era raro pillarla con la guardia tan baja. Eso era algo muy inusual en ella, normalmente, la hermosa morena era la antítesis de la relajación. Siempre alerta y en tensión, absolutamente siempre consciente de su entorno y lista para actuar en cualquier momento, si era necesario. Su aguda mente y su avispado ingenio habían conseguido dejarlo tirado por el suelo demasiadas veces, casi tantas como había logrado sacarlos de algún problema, generalmente pensó con ironía, también causado por ella.

El alto Lord se sentó con suavidad en el borde de una de las mesas sin hacer un solo ruido. Cruzó los brazos sobre su amplio pecho y la contempló con agrado. Inclinada sobre su propia mesa de trabajo ella era exquisita. Su fina pero esbelta figura se destacaba bajo su ropa desde atrás. Su delicada y ceñida camisa marcaba su diminuta cintura formando un ángulo impresionante. Su falda abrazaba la curva perfecta de sus caderas y su redondo trasero de la forma mas deliciosa posible, a Roxton se le secó la boca, ese trasero sería su perdición... La forma en que se marcaba bajo sus faldas, la manera en que se bamboleaba cuando caminaba o peor, cuando subía las malditas escaleras...Había tenido tantas oportunidades de observarlo...ocupar siempre la cola del grupo en sus excursiones por la selva tenía que tener alguna ventaja, a parte de mantenerlos a todos a salvo desde luego, pensó con diversión. Pero eso no sería algo que compartiría voluntariamente con su hermosa propietaria desde luego.

Con sumo cuidado se levantó despacio y se acercó a la espalda de Marguerite lentamente, al llegar a ella la abrazó por detrás y hundió la nariz en su cuello oliéndola con un suspiro. Ella dio un respingo en un principio, pero se relajó en sus maravillosos brazos cuando se dio cuenta de quien era.

-" Me has asustado"

-"Lo siento, no era mi intención"- murmuró mientras aprovechaba para besar con placer su cuello.

Ella dejó ir un suave gemido, él envalentonado por su respuesta la besó aún mas intensamente y bajando una de las manos al trasero deseado lo aferró con fuerza y lo manoseó con entusiasmo. Ella dejó ir una risa baja pero se separó de el unos centímetros. Se dio la vuelta y le pasó las manos por detrás del cuello acariciando la piel suave de su nuca.

-"Parece que alguien me ha echado de menos por aquí"-

El acercó la frente a la suya y picoteó ligeramente sus tiernos labios tratando de enfriarse un poco.

-"Bueno...te has vuelto algo difícil de ver por la casa últimamente, cualquiera diría que tratas de esconderte de algo...o de alguien..."

Ella alzó las cejas con sorpresa, este hombre era demasiado perspicaz para su propio bien.

-"No me estoy escondiendo de nada ...ni de nadie..."

Ahora fue el turno de Roxton de alzar las cejas pero él lo hizo con una burla declarada.

-"Solo he estado ocupada con un experimento ..."-se excusó ella con un mohín

El retiró el contacto frente a frente y ladeando la cabeza echó un vistazo a la mesa de detrás.

-"Estás ayudando a Challenger?"

-"No, estoy haciendo mi propio experimento"

El hizo una mueca de espanto

-"Dios mío Marguerite no estarás pensando también en volar el laboratorio como él no?"-dijo bromeando

-"Muy gracioso Roxton"-le contestó sacándole la lengua en burla

El dejó ir una risita y soltándola del todo se fijó realmente en el tinglado que Marguerite había montado. Había varios frascos, unos vacíos, otros con líquidos, lo que parecía un destilador, alcohol, un mechero bunsen, varios recipientes, plantas, flores y hojas de diferentes tipos...

-"Que es todo esto?"

-"Estoy fabricando perfume..."

El cazador abrió la boca completamente sorprendido

-"Perfume? para que demonios estas haciendo perfume Marguerite?"

-"Para que crees que lo estoy haciendo Roxton? ...para comerciar.." Dijo como si fuera lo más obvio del mundo.

-"comerciar? vas a intercambiar el perfume por algo? porque querría alguien perfume de todas maneras? estamos en mitad de la selva por el amor de Dios, nadie lleva perfume..."

-"ohhhh Roxton que poca visión de negocio tienes, no te has dado cuenta de que salvo las medicinas de Challenger no tenemos nada con lo que mercadear? Tenemos muchas necesidades que cubrir y muy poco que ofrecer a cambio, las tribus con la que comerciamos tienen todo lo que necesitan y salvo los antibióticos no tenemos nada que ellos puedan desear..."

-"y van a desear tu perfume?"-rió con burla

-"claro...aunque ellos aun no lo saben..."

Roxton se acarició la incipiente barba con abandono, la miró fijamente asombrado por la seguridad que mostraba en el éxito de su nuevo negocio

-"porque?" -preguntó simplemente intrigado, si había algo que sabía seguro era que su señorita Krux no tenía un pelo de tonta, y si ella tenía tal fe en que esto podía funcionar estaba claro que había algo que a él se le escapaba

-"Porqueee?... John puede que estemos perdidos en este rincón abandonado de la mano de Dios, pero incluso aquí rodeados como estamos de dinosaurios, hombres mono y demás salvajes incivilizados una cosa permanece inalterable a través del tiempo y en todas las culturas...y es que ...una mujer siempre es una mujer"

El la siguió mirando sin comprender nada

-"Roxton...que quiere una mujer?"

-"esa es la pregunta del millón querida"-en sus ojos brilló la diversión

- "TODO Roxton¡..., una mujer lo quiere TODO, quiere ser libre, quiere sentirse segura, quiere poder elegir, quiere cuidar de los suyos, quiere ser amada y amar, pero sobretodo quiere sentir que es apreciada por el hombre al que ama, quiere estar segura de que su hombre la encuentra hermosa y atractiva, quiere que su hombre la adore, quiere que la besen como si no hubiera un mañana, quiere una luna de miel eterna, quiere pasión John..."

El rostro de Marguerite se fue encendiendo conforme iba dando sus explicaciones, sus profundos ojos azul grisáceo brillaban con la intensidad de mil estrellas, sus tersas mejillas se tiñeron de un rojo brillante, su pequeña lengua rosada salió a humedecer sus suaves labios, su respiración se aceleró, su pecho subía y bajaba más rápidamente provocando que su profundo escote se hiciera aún más visible... Si en ese momento Marguerite Krux le hubiera pedido su vida , John Roxton se la hubiera entregado sin pestañear servida en una bandeja de plata. Tragó saliva intentando apaciguar los latidos de su corazón que se había desbocado ante el ardiente discurso de su hermosa dama.

-" y tu perfume les va a dar todo eso? " -murmuró aún encendido

Ella se acercó sinuosamente a él, con una sonrisa provocadora rozó apenas sus labios

-"mi perfume les dará la ilusión de poder tener todo eso y más, las hará sentirse especiales y atractivas, amarán mi perfume John ya lo verás..."

El echo un vistazo ligero a la mesa detrás de ella, maldita sea si no llevaba razón, podía funcionar realmente bien, calculo los botecitos que había podido llenar, insuficientes, no harían mucho negocio en esas cantidades.

-"tendrás que hacer más, hay muy pocos, ni siquiera llegará para la mitad de las mujeres del pueblo zanga..."

-"ahhhhh pero ahí esta el truco Lord Roxton..."

Él la miró sin comprender

-"Como puede una mujer sentirse especial si lo lleva todo el mundo John?...cuanto más escaso más apreciado, cuanto más apreciado más valioso y cuanto más valioso mejor para nosotros...verdad?"

El Lord la miró con los ojos abiertos como platos, ella era simplemente asombrosa. Ya lo había demostrado innumerables veces, no hacía ni tres días ella había logrado ganar, no, ganar no era la palabra, ella había arrasado a Challenger en una partida de ajedrez. Tenía una de las mentes más claras, tácticas y estrategas que había conocido nunca. Ella podía no ser de mucha utilidad en las faenas domésticas y podía ser un auténtico desastre en cuanto a la cocina se refería pero como negociadora no tenía rival y demonios si no la prefería a ella a su lado en una batalla antes que a muchos otros hombres.

-" como piensas hacer para convencerlas de que usen tu perfume Marguerite? te recuerdo que aquí en la selva no tienen las mismas necesidades que en la ciudad...supongo que tienes algún tipo de plan..."

-"por supuesto que tengo un plan, por quien me has tomado? por Malone?...lo tengo todo pensado Roxton, cuando cesen las lluvias haremos una excursión a la aldea Zanga"

-"por supuesto que lo tendrás todo pensado, esa cabeza tuya siempre está maquinando algo -declaró con burla- y hablando de Malone...cuando piensas enfrentarlo querida? no te puedes esconder eternamente aquí abajo"

-"lo se, lo se, aun tenía la esperanza de que lo dejara estar"

El cazador río con sorna, pero se acercó nuevamente a ella y la abrazó suavemente

-"Estamos hablando de Malone, el intrépido periodista que se enroló en una salvaje aventura por el amazonas en busca de un mundo perdido, y le has estado intrigando desde el principio cariño, tiene un hueso en su boca y no lo va a soltar hasta que este satisfecho"

Ella se mordió el labio inferior, algo que Lord Roxton encontraba especialmente perturbador. Acercó su boca a la de ella y la besó con un control tenaz de sus instintos más básicos.

-"Quizás es hora de que dejes ir alguno de tus secretos cariño...confía en Malone"-susurró a su oído

-"no es en Malone en quien no confío John, es en el periodista que hay en él. Parsifal es un secreto muy gordo, un secreto que nos puede llevar a todos a la tumba no solo a mi. Puedo vivir con el hecho de estar en el punto de mira de algunos asesinos, demonios Roxton ha sido así la mayor parte de mi vida, pero exponeros a todos vosotros, especialmente a ti...si algo te pasara...si esto saliera a la luz..."

Un escalofrío recorrió la espalda de Marguerite Krux, el miedo veló su mirada, y se aferró a los brazos del hombre del que estaba profundamente enamorada con terror. Las consecuencias de todo esto podían ser demasiado altas para todos ellos.

Roxton la agarró con fuerza y la apretó contra el, ella llevaba razón, si salía a la luz ella estaría en el centro de un escándalo de proporciones épicas, no le cabía la menor duda, habiendo trabajado también de espía en la gran guerra, que ambos bandos preferirían verla muerta que ver remotamente expuestos sus secretos de guerra a la opinión pública. Lord John Roxton siempre había tenido claro, aunque su lealtad jamás se había visto comprometida, que en una guerra todos tenían vergüenzas que esconder, no había conflicto limpio, todos perdían en mayor o menor grado. No, no había ningún honor en una guerra, todos querrían enterrar sus trapos sucios y Marguerite Krux era un trapo muy muy sucio para ambos bandos, sin hablar de sus conexiones con Xan y la vieja Rusia. El honesto Lord abrazó con fuerza el delgado cuerpo de la mujer que amaba desesperadamente, con una sonrisa irónica en sus labios se preguntó como una cosa tan pequeña podía llegar a causar unos problemas tan grandes.

-"Vamos arriba querida, la cena estaba casi lista y será mejor que aclaremos este tema cuanto antes, han sido tres días muy solitarios sin tu maravillosa presencia..."

Ella suspiró en su hombro sin soltarse del abrazo todavía

-"No se ni por donde empezar..."

-"No me cabe la menor duda de que se te ocurrirá algo por el camino Marguerite, siempre lo haces, y en cualquier caso yo siempre estaré a tu lado, así que milady... un paso detrás del otro"

Ella se dejó acompañar hasta las escaleras de subida al comedor donde el alto Lord le cedió el paso dejándola pasar a ella primero. La hermosa heredera le sonrió con cariño pensando lo caballeroso que llegaba a ser ese hermoso hombre y en que había hecho ella para merecerlo. No vio la sonrisa depredadora que se apoderó del rostro lobuno del astuto cazador en cuanto empezó a subir los peldaños de subida y su redondo trasero le quedó a la altura de su vista.

Ser un caballero tenía que tener algunas ventajas al fin y al cabo.