Bueno, he vuelto despues de unas largas vacaciones en la playa y "la gran ciudad", en la playa me fue excelente, pero casi muero dos veces en cdmx.

En fin, les traigo el epilogo de esta historia que seguramente tendra una continuacion en un futuro (calculo que a inicios o mediados del 2022)

Nikolai: Serafina será parte importante en la secuela.

Camilaski: Te prometo que ahora si hay beso sin censura! XD Por cierto, la solucion que Norte les dio sera permanente?

Cristina: Amo censurar cosas, pero esta vez no, lo prometo. Y obvio que todos iban a darle una arregladita a Elsa, no iban a permitir que tuviera un encuentro de hadas con su principe con el rimel todo corrido. Y como esta historia tendra secuela no pienso inculir nada de niños jelsa por ahora.


PDV de Jack

Meses después

Arendelle

Abrí la puerta del salón principal esperando encontrarme con Elsa, pero en vez de eso Anna y el resto de los chicos se encontraban en el suelo rodeados por cientos de calcetas navideñas, al parecer les estaban colocando nombres a cada una. A pesar de que era de día, el lugar se encontraba a oscuras, iluminado solo por el fuego de la chimenea, las cortinas cubrían la luz, eso le daba un toque acogedor.

-¡Jack!- Einar corrió a abrazarme tan pronto notó mi presencia.

-Hey, pequeño amigo, ¿Cómo estás?- Me incliné para corresponder al abrazo.

-¡Fantástico!, estamos haciendo medias navideñas para todos los niños de Arendelle, pondremos cientos de dulces en ellas y las entregaremos esta noche en la fiesta- se veía muy emocionado.

Le sonreí –Eso suena como una muy buena idea-

-Hola Jack- Anna me abrazó con emoción -¡Me alegro que al fin hayas llegado!- brincó de forma enérgica.

-Sí, te esperábamos desde la mañana- Kristoff chocó los puños conmigo a modo de saludo.

-¡Otra vez te perdiste la fiesta de la campana!- Olaf también me saludó con su brazo de rama.

-Lo siento, Norte no pudo entregarme el globo de nieve esta mañana, estaba muy ocupado- Me disculpé mientras acariciaba la cabeza de Sven.

-Elsa casi muere de angustia al ver que no llegabas- Comentó Olaf.

Mi sonrisa se borró –Oh, no, debo buscarla, ¿Dónde está?-

Einar señaló el balcón –Lleva ahí desde hace horas, creo que está impaciente por verte-

-Ven- Anna y los demás me arrastraron hacia la puerta cubierta por cortinas.

Olaf levantó un poco la tela y pude verla de espaldas apoyada en el barandal viendo el cielo, usaba un hermoso vestido blanco afelpado con una gran capa.

-Shhh- Les hice una seña a todos para que guardaran silencio mientras abría despacio la puerta cuidando de no hacer ni un ruido. Sigilosamente me acerqué hacia ella y me incliné sobre su hombro, puse mis manos tras mi espalda.

Ella suspiró nostálgicamente y yo casi enloquecía al sentir su dulce aroma hacerme cosquillas en la nariz.

-Parece un buen lugar para extrañar a alguien- susurré lo más bajo que pude.

Me di cuenta de que ese era aquel lugar donde ese momento había ocurrido aquella noche de navidad, en ese lugar se había llevado a cabo nuestro primer beso.

Volvió a suspirar –Sí-

Aguanté la risa al ver que ella estaba tan absorta en sus pensamientos que no se daba cuenta de mi presencia.

-Ow, yo también te extrañé, Elsa- dije riendo.

Ella se giró para verme –Jack- parecía incrédula –Estas aquí-

-Claro, te prometí que me portaría bien- abrí los brazos, estaba listo para recibir mi abrazo.

-Por un segundo pensé que no lo habías logrado- Dijo antes de abrazarme con fuerza.

-Sería incapaz de decepcionarte de nuevo- le dije apretándola más contra mí.

-Esto es tan adorable- Anna chillaba emocionada.

-¿Qué estas esperando?, ¡Bésala!- Gritó Olaf.

Ambos nos separamos con incomodidad para ver las miradas expectantes.

Elsa, sintiéndose igual de acosada que yo, se acercó a mí para susurrarme algo -¿Quieres escapar?- me propuso.

Yo la miré agradecido con esa idea y asentí.

La tomé entre mis brazos y salimos volando de ahí.

-¡Hey!- Anna nos miró molesta.

-¡Lo siento, te amo!- Elsa se despidió con una sonrisa nerviosa de su familia.

-¡Volveremos para la fiesta!- Le prometí a los chicos.

-¿Bosque encantado?- Me miró en busca de aprobación.

-Por supuesto- asentí con una sonrisa en el rostro.

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-¿Entonces eso sucedió?- Elsa exclamó sorprendida -¿Jamie está bien?- preguntó preocupada.

-Sí, descuida, se rompió un brazo, pero al menos logro pedirle matrimonio a su novia- Le estaba explicando la desastrosa pedida de mano a la que mi amigo humano había tenido la fortuna de sobrevivir.

-Menos mal- ella se rio –Al menos ella dijo que sí-

-Exacto, no quiero ni pensar lo que hubiera pasado si hubiera dicho que no- mi sonrisa se desvaneció al pensar en mi amigo.

Elsa se abrazó a si misma entendiendo mi reacción –El tiempo vuela, ¿no?-

-Seguro que sí- recordé los buenos momentos con Jamie -¿Sabes?, cuando lo conocí era apenas de este tamaño- puse mi mano a la altura de mi estómago.

-Él es muy especial para ti, después de todo es tu primer creyente, ¿no?- sentí sus frías manos sobre las mías –Estarás ahí para apoyarlo-

Asentí –Siempre-

El momento de apoyo se comenzó a sentir tenso, dándonos cuenta de que las cosas ahora eran diferentes desde la última vez que nos habíamos visto.

Ambos nos alejamos avergonzados.

-Perdón- me rasqué la nuca sintiéndome muy torpe.

-Descuida- Ella también se veía sumamente nerviosa.

En ese momento me odie a mí mismo por burlarme en el pasado de los adolescentes que actuaban como bobos con el nerviosismo de estar ante la chica que les gustaba. No entendía como Elsa podía hacerme sentir tan inseguro y nervioso en estos momentos.

-Así que…- me animé a mí mismo a confiar en mis prematuros instintos de flirteo –Estamos solos-

-Uh, sí, al parecer sí- Pude ver su rostro iluminarse con confianza en sí misma.

Sin que ella lo notara la tomé de la cintura con mi cayado para atraerla hacia mí -¿Te gustaría hacer algo antes de tener que regresar?- pregunté.

-¿Algo como que?- percibí el tono juguetón en su voz.

-Pensaba en una pequeña sesión de abrazos- propuse.

-Mh, ya veo- paso sus brazos alrededor de mi cuello acortando significativamente la distancia.

-¡Hey!- Grité al ver a Bruni sobre el hombro de Elsa.

Elsa estalló en una carcajada al ver como la pequeña salamandra brincaba a mi rostro –Ese no era el beso que esperaba recibir- me queje al sentir la pegajosa lengua de Bruni en mi nariz –Te lo juro Elsa, este pequeño anfibio tiene una obsesión conmigo- lo tomé entre mis manos.

-Creo que sí- Elsa reía.

-Por favor, ¿podrías darnos algo de privacidad?- lo miré rogándole.

Bruni no hizo más que lamer su globo ocular para después saltar y alejarse –Deberíamos tomar eso como un sí- Elsa se mordió el labio inferior.

-Genial- La tome por la cintura haciendo que su espalda se apoyara contra el tronco del árbol y me dispuse a volver a intentarlo.

-¡Jack!- pegamos un brinco al escuchar la voz de Ryder y Honeymaren.

Suspiré tratando de mantener la calma –Hey, ¿Qué tal?, cuanto tiempo sin vernos-

-Definitivamente, se siente como si hubiera sido hace una eternidad- habló Honey.

-Justo vamos a reunirnos con el resto de la tribu para ir a la fiesta, ¿quieren venir con nosotros?- Pregunto Ryder.

Elsa se cubría el rostro avergonzada.

-Oh, ¿interrumpíamos algo?- la chica se dio cuenta de ello.

-Algo así- me encogí de hombros.

-Gracias por la oferta, los alcanzaremos después- dijo Elsa.

-Okey, por cierto, me encanta tu vestido- señaló ella.

-Gracias- Elsa se despidió.

-Tal vez sea mejor que regresemos- dije desanimado –Es tarde- me di media vuelta.

-Espera- Elsa me tomó de la mano –Hay un lugar al que me gustaría que fuéramos antes de volver- me sonrió.

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-Wow- mi mandíbula cayó al ver el enorme palacio de hielo del que Elsa me había hablado, pero nunca había tenido la oportunidad de verlo de cerca.

-Bienvenido a mi fortaleza de la soledad- Abrió los brazos mientras caminaba hacia las escaleras de hielo.

La seguí hasta llegar a la pesada puerta de hielo la cual fue abierta por un gran muñeco de nieve de un aspecto no muy agradable.

-Hola- Saludó ella –Jack, él es Malvavisco, protege el lugar-

-¿Qué tal?- lo salude brevemente mientras entraba por la puerta –Elsa, eres increíble, tu magia es hermosa- pasé mi mano sobre el hielo apreciando la textura y los colores de este, así como la perfecta geometría.

-Gracias- se sonrojó.

-Es decir, ¡Mira este hielo!- sonreí acariciándolo –Parece cristal- ambos subimos la escalera principal hasta llegar a la segunda planta donde un gran candelabro adornaba el lugar.

Mi vista se dirigió a mis pies al ver como delante mío aparecía un pequeño muñeco de nieve –Ellos son los Snowies- me explicó.

Mi vista se dirigió al frente para encontrarme con los cientos de muñecos idénticos que se aproximaban a nosotros.

-¿Cómo…?- pregunté confundido.

-Accidentalmente los cree cuando tuve un resfriado y desde entonces viven aquí-

-Comprendo- después le pediría detalles de la historia.

-Ven- volvió a tomar mi mano arrastrándome a una puerta –Esperen ahí por favor- Elsa giró su mano haciendo que comenzara a nevar en el lugar, esto llamó la atención de los pequeños muñecos, los cuales comenzaron a jugar con la nieve.

-¿Qué tal?- Me dio una mirada de emoción.

Mi mandíbula volvió a caer ante la hermosa vista del atardecer desde el balcón de hielo –Es muy hermoso- dije admirando la luz que acariciaba la cumbre de las montañas pintando la nieve en tonos anaranjados.

-Lo sé- ella cerró la puerta de hielo y se acercó a mi lado para tomar mi mano –Quería venir contigo a este lugar desde hace mucho tiempo-

-¿Por qué?- pregunté con curiosidad.

Ella se encogió de hombros –Significa mucho para mí, aquí fue donde por primera vez pude sentirme libre y ser quien quería ser- apartó un poco la mirada –Después vino Ahtohallan y luego tu- volvió a mirarme y acarició mi mejilla con sus dedos.

Di unos pasos hacia ella y cerré mis ojos rogando porque esta vez nada ni nadie nos interrumpiera.

-Te extrañé mucho- susurré antes de juntar mis labios con los suyos en un beso perfecto.

Sus dedos se movían a través de mi cuello hasta llegar a la parte de atrás de mi cabeza, esto me ocasiono escalofríos. Decidí devolverle la sensación acariciando su espalda; solo nos separamos para tomar un poco de aire para después volver al mismo juego, no planeábamos parar, necesitábamos compensar todo este tiempo.

Definitivamente todo había valido la pena, desde haber aceptado venir aquí en primer lugar hasta el haber renunciado a las travesuras; el poder estar con ella, así fuera toda la vida o solo un mes al año, era la mayor recompensa de todas.

Ambos nos separamos con unas miradas de aturdimiento por la intensidad del momento –Ahora entiendo por qué a la gente le gusta tanto besarse-

Ella me sonrió –Bueno, después podríamos continuar- me dijo mientras abría la puerta del balcón –Si quieres-

Quedé sorprendido ante lo tentador que sonaba eso –Suena divertido- fue lo único que pude articular a decir.