Nada volvería a ser igual, eso le quedaba claro, no solo por el cambio en su sistema sino también porque era imposible volver a levantar la ciudad hasta los cielos, reparar los motores dentro del monte costaría demasiado, y ese dinero era más necesitado en la reconstrucción de la capital, las personas que sobrevivieron habían perdido casas y empleos, era indispensable que esos regresaran primero. Mientras la ciudad era reconstruida los ciudadanos necesitarían un lugar donde vivir, así que varios albergues se instalaron alrededor de la Superficie, eran más que nada tiendas de campaña colocadas dentro de un perímetro cuadrado, y tres veces al día se les daba una comida. Para ayudar a la reconstrucción el Dr. Tenma y el Dr. Elefun diseñaron nuevos robots, después de su operación claro, y por supuesto que él estaba apoyando, no soportaba ver a la gente sin hogar, sufriendo por sus pérdidas y desesperadas por no saber cuándo tendrían trabajo de nuevo, sabía que si él participaba con sus poderes todo sería más rápido, ya llevaban seis meses de trabajo y habían logrado despejar una buena parte en el centro, uno de los lugares más afectados por la lucha.

Esa noche acababa de recoger unos escombros, voló con ellos en sus brazos hasta un camión y los dejó caer sobre la enorme caja.

—¡Gracias Astro! —le agradeció el conductor antes de irse.

—No hay de que —respondió saludándolo con la mano.

Al alejarse el camión, Astro se tomó un momento para mirar a su alrededor, robots y humanos recogían la basura para dejarla en camiones, mientras que unas hormigas mecánicas edificaban los nuevos edificios,

«Papá sí que tomó inspiración del reino animal» pensó con gracia.

Desde donde volaba las hormigas se veían de tamaño normal, y eran muchas las que se movían por la edificación, algunas llevaban los soportes, cargándolos en su espalda con sus brazos metálicos, mientras que otras los soldaban con un láser que tenían en su boca.

—Creo que con eso estamos bien por hoy Astro —le comentó el director tras revisar unos planos con su asistente, vestía un casco de seguridad y un chaleco verde—, ve a casa a descansar.

—Muy bien señor Philips —respondió el chico, sería mejor que lo escuchara pues mañana sería un día importante para él, para todos sus amigos en realidad, lo mejor es que llegase bien descansado, y todavía tenía una cosa por hacer—. Nos vemos mañana.

Dicho esto último se fue volando, el señor Philips lo despidió con la mano.

Astro giró en una esquina y se encontró a Zog, quien terminaba de verter cemento sobre una calle, cuando acabó unos humanos empezaron a limpiar su vertedor con una manguera.

—Hey Zog, terminó mi turno, nos vemos mañana ¿te parece?

Zog le respondió con un pulgar arriba; Astro sonrió y se elevó por los cielos, al llegar a las nubes se detuvo para apreciar la ciudad, ahora se unía a la Superficie como una sola, junto con las reparaciones también se estaba construyendo un puente para unir ambas ciudades, ya no habría gente por encima de otras, por fin podrían volver a ser uno solo. Ese pensamiento lo alegró, ahora sus amigos tendrían las mismas oportunidades que todos los niños de Ciudad Metro.

Sintiéndose feliz y esperanzado Astro emprendió el vuelo una vez más, ahora con más potencia, ya quería llegar con ella, iba tan rápido que no se fijó que había dos objetos frente a él, los pasó a tal velocidad que ambos dieron vueltas en el aire, por suerte Astro se detuvo y sujetó a cada uno con una mano.

—Lo siento chicos no era mi intención.

—¿En serio? Siento que esto ya se está haciendo costumbre chico —le reclamó Squirt mientras sacudía su cabeza—, hazlo otra vez y volveré a rociarte los ojos.

—Oye tranquilo viejo, Astro no lo hizo con mala intención, jamás podría —salió Squeegee en su defensa.

—En eso tiene razón —respondió Astro riendo—. ¿Y qué tal va la vida como aves amigos?

—No nos quejamos, es mejor que estar limpiando ventanas todo el día, pero creo que los otros pájaros tienen algo contra nosotros.

—Sí, siempre nos apartan o amenazan con hacerse del baño encima de nosotros —dijo Squeegee bajando su limpiador y cerrando los ojos.

—Denles tiempo, ya se acostumbraran a ustedes —Astro los reconfortó.

—Y bueno, ¿tú que haces aquí tan tarde? ¿No deberías estar preparándote para el gran día? —preguntó Squirt.

—Acabó de terminar mi turno en la re-construcción, y quedé en verme con Cora antes de dormir.

—Oh ya veo, vas a visitar a tu novia.

—Hey, Cora no es mi novia —dijo Astro mientras sus mejillas se ponían azules.

Cada vez que se emocionaba su sistema se aceleraba, provocando que la energía de la batería aumentara, liberaba tanto calor que enrojecía, o en este caso: azulaba sus mejillas, era curioso que la energía roja no se manifestara en esa parte, para empeorar las cosas el resto de su cuerpo también se calentaba, a veces hasta le salía vapor por las orejas.

—Es solo mi amiga, nada más.

—Si claro, todos dicen lo mismo —se burló Squirt—, antes de que lo sepan están sentados sobre la rama de un árbol y…

—Oh vamos Squirt, deja al pobre chico en paz —Squeegee se interpuso en medio de los dos—, el pobre tiene un día importante mañana y solo quiere ver a su amiga, ser un robot entre humanos no debe ser fácil.

Astro bajó un poco la mirada, Squeegee acababa de señalar un punto sensible, si bien era cierto que casi todos lo admiraban como el salvador de la ciudad, Astro seguía sintiendo que muchos todavía lo veían como un bicho raro, era un robot demasiado humano, y eso incomodaba a muchos, razón por la cual estaba algo nervioso por el día de mañana, agradecía infinitamente tener a Cora, Zane y a los gemelos a su lado.

—Está bien, ya no lo molestaré más —dijo Squirt mirándolo—, pero si vuelves a golpearnos sufrirás la ira de mi rociador muchacho.

—¿Qué?... Oh sí —la voz de Squirt lo sacó de sus pensamientos—, no se preocupen amigos, tendré más cuidado al volar. ¡Buena noche!

Dicho eso voló debajo de ellos y al pasarlos volvió a alzar el vuelo, los dos robots limpiadores lo siguieron con la mirada hasta que llegó a la casa de Cora.

—Ah la juventud de ahora —dijo Squirt, y luego se fue junto con su compañero.

Cora esperaba en la terraza de su casa, sentada en un sillón de tres asientos, con ambos brazos reposando sobre su estómago, esa noche llevaba su clásico atuendo; una playera de mangas largas color morado, una camiseta verde y una blusa gris con estampados de flores. Astro sonrió al verla, redujo la velocidad y se quedó flotando sobre ella; el inconfundible sonido de sus botas despertó a la chica, quien abrió los ojos mientras sonreía.

—Hoy tardaste más de lo usual —dijo a modo de saludo, bostezó y se sobó un ojo.

—Llegamos al centro, fue la parte más dañada —Astro aterrizó a su lado.

—¿Dónde esa cosa por poco te aplasta?

—Esa misma —reconoció con algo de miedo al recordar la gigantesca pata del Guardián de la Paz sobre él.

—Eso fue aterrador, creí que no lo lograríamos.

—Tú y yo.

Astro recargó su espalda y suspiró mirando al cielo, la noche había caído por completo y las estrellas brillaban, atesoraba mucho esos momentos con Cora, le recordaban la noche en la que ella le confesó que también era de Ciudad Metro, hasta ese entonces no había confiado tanto en nadie, quería a Zane y a los gemelos, pero su conexión con ella era especial, no sabía porque pero así lo sentía, después de que la batalla terminara, y que él fuera revivido, pasaba casi todos sus ratos libres con ella, a veces hablaban por horas, y como ya no tenía que ocultar que era un robot, la confianza entre ellos era casi absoluta.

—¿Estás nervioso verdad?

—¿Yo? ¿Porqué habría de estarlo?

—Tus mejillas están azules.

Astro soltó un pequeño grito y se tapó con ambas manos, Cora se rió ligeramente.

—¡No es gracioso!

—Perdona, pero debiste ver la cara que pusiste.

Astro entrecerró el cejo y miró para el lado contrario, Cora rodó los ojos y lo abrazó, lo cual no ayudó nada a la incomodidad, Astro se dijo que se relajara o sus orejas parecerían una locomotora.

—Yo también estoy asustada Astro.

—¿Tú? ¿La temeraria Cora, la mejor recogedora de Hamegg? —le preguntó viéndola.

—No siempre fui así.

Cora rompió el abrazo y volvió a recargarse en el sofá, finalmente las mejillas de Astro se apagaron, la felicidad de Cora había desaparecido y ahora se le veía triste.

—Oye… lamento si fui grosero, no era mi intención.

—No, no es por ti… es solo que… ¿recuerdas cuando me preguntaste si alguna vez había sentido que no encajaba?

—Sí, la recuerdo muy bien.

—Bueno… te dije que todos nos sentíamos así alguna vez porque…

Cora se mordió un labio, eso preocupó a Astro, quien rápidamente tomo una de sus manos y la apretó suavemente.

—Oye, si te es difícil hablar de ello no tienes por qué hacerlo.

—No, estoy bien, es solo que —miró a las estrellas, con ojos preocupados—, es un recuerdo doloroso.

—No quiero que te sientas mal.

Pero en eso Cora juntó ambas manos sobre las del chico, sus miradas se encontraron y Cora sonrió.

—No, está bien, ¿si no puedo hablar de esto con mi mejor amigo con quién entonces?

Astro sonrió, si ella estaba de acuerdo él no tendría problema, y de paso esperaba poder consolarla cuando terminara.

—Además, recuerda que prometimos que no nos guardaríamos secretos.

—Lo recuerdo.

Cora suspiró.

—Muy bien, entonces será mejor que comience.