Me gustaría extenderles un agradecimiento a todos mis lectores, esta ha sido la historia más divertida de escribir, no solo por la trama, también por todos ustedes que han leído y dejado sus comentarios. Espero poder dejar, no solo una narración de una historia, si no que también me gustaría dejar al menos una enseñanza.

Mil gracias

Nikolai: Only the good die young.

Mar Sant: Mhhh algo.

Camilaski: Ojala te guste este ultimo capitulo.

Cristina: La maté para darle continuidad a lo que vendrá, ademas de que queria mostrar que la vida no es perfecta.

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Elsa cantaba alegremente la icónica canción de Mariah Carey, All I want for Christmas is you, mientras espulgaba en la caja de cartón etiquetada con la leyenda "Decoraciones de navidad" dentro del armario donde había permanecido intacta estos últimos once meses. Se alivió al encontrar lo que tanto estaba buscando, la caja de madera que protegía la estrella navideña que ella y su hermana habían hecho en sus años de preadolescencia. Se levantó del piso sintiendo el crujir de su espalda, los años estaban comenzando a cobrarle factura y eso que apenas acababa de cumplir 31 años.

Trató de olvidarse de ese terrible pensamiento y tomó toda la caja de cartón, trataría de convencer a Jack de usar las guirnaldas este año, él las odiaba desde que hace dos años Olaf casi había muerto una vez al enredarse en estas, pero le prometería que este año las colocarían bien arriba para que el can no pudiera alcanzarlas.

Su sonrisa se borró al llegar a la sala y ver a su esposo sentado en el sillón sosteniendo la fotografía de Emma, la cual permanecía en uno de los estantes de la sala.

–Es mi fotografía favorita de ella, se ve muy hermosa con su toga y birrete... y esa medalla de honor colgando alrededor de su cuello– dejó la caja y se sentó a su lado abrazando su brazo.

–De verdad tenía un futuro por delante– Jack suspiró –Ella amaba la navidad tanto como yo... Escribir la carta a Santa era nuestra actividad favorita–

Elsa asintió con una sonrisa, sabía bien eso –Tanto que incluso cuando ella tenía 16 seguían haciéndolo–

Jack rio entre dientes –Ella no quería herir mis sentimientos al decirme que ya era muy mayor para eso– sus ojos se humedecieron al recordarla –La extraño todos los días–

–Lo se cariño– frotó su hombro con ternura recordando como la muerte de Emma había afectado tanto a Jack en estos últimos años, incluso aun habiendo tomado terapia, ella sabía que no lo había superado del todo, pero al menos iban por buen camino –Pero hay que animarnos, todo el grupo vendrá a celebrar navidad, por primera vez desde la boda de Anna y Kristoff estaremos todos juntos de nuevo–

–Sí, aunque mamá no vendrá este año– pensó con pesar.

–Tomara ese crucero en las Bahamas con su nuevo novio. Ella está tratando se seguir y tú también, animo– lo sacudió un poco.

–Lo sé, lo sé, es solo que a veces...– él la miró tratando de decir algo, pero por mas que lo intentó, no tuvo corazón para hacerlo –Olvidalo, estoy feliz– le sonrió.

–Bueno... se de algo que podríamos hacer antes de recibirlos a todos aquí...– trazó una línea juguetona por el contorno de su mandíbula.

Jack sonrió maliciosamente y la tomó entre sus brazos cargándola al estilo novia –¿Todavía tienes ese disfraz de elfo?–

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–¡Tío Jack!– el grupo de tres niños corrió hacia el peliblanco para colgarse de él.

–Zephyr, Diana y el pequeño Nuffink. ¿Cómo están pequeñas pesadillas monstruosas?– él les revolvió el cabello a cada uno después de zafarse de su agarre.

–No quiero ser una pesadilla monstruosa, quiero ser una princesa– la niña rubia de ojos verdes protestó con una mueca.

–Bien, bien, puedes ser una princesa– le dijo Jack a la hija de Rapunzel y Eugene.

–¡Yo también quiero serlo!, ¡así podrás rescatarme!– Zephyr pestañó coquetamente.

–Claro, ¿Por qué no?– Jack rodó los ojos.

–Muy bien, tranquilos todos, ahora iremos a casa de sus tíos y no quiero peleas en el auto– Hipo los regañó después de saludar a Elsa y a la pareja de cabello castaño.

–Tan encantador como siempre– Jack rodó los ojos para abrazar a Hipo y Astrid.

–¡Yo quiero ir en el asiento de adelante con Jack!– la niña de coletas gruesas y cabello castaño saltó de emoción.

–Lo siento, pero los niños no pueden viajar en el asiento de adelante– le dijo Jack rascándose la nuca apenado.

–Puedes ir conmigo en el asiento de atrás– Elsa se inclinó a su nivel.

–¡No!– la niña sacó la lengua y corrió a abrazar el estómago de Jack.

–¡Zephyr!– Hipo la regañó.

–Okey, Elsa manejara y yo iré con ustedes – Jack comenzó a caminar con el grupo de niños siguiéndolo.

–Tranquilo, lo comprendo– la rubia tranquilizó a Hipo y Astrid –Después de todo soy su único obstáculo entre ella y Jack– rio tomándose la situación de buena manera.

–¿El único obstáculo?– bromeó Astrid. Los dos padres siempre habían encontrado divertido que el primer flechazo de su pequeña haya sido justo con uno de sus mejores amigos, aunque era natural, después de todo Jack seguía conservando sus encantos juveniles, a pesar de todos estos años.

–¿Cuándo llegaran los demás?– peguntó Eugene.

–Merida llamó hace rato, está pasando justo por Filadelfia, así que estará aquí en unas horas. El vuelo de Anna y Kristoff también

llegará en una hora, pero ellos insistieron en tomar un taxi– explicó Elsa.

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Esa misma noche las chicas se encontraban charlando en la sala mientras los hombres se encontraban en el cuarto de televisión en el segundo piso.

–Debo de admitirlo, este ponche de huevo nos quedó mucho mejor que el año pasado– Merida saboreó la bebida caliente del cucharon.

–Y seguro que esta vez nadie se enfermará– dijo Astrid con Nuff en sus brazos.

–Elsa, ¿puedo tomar algo de agua caliente?, Bjorn necesita su biberón– Anna trataba de calmar al bebé en sus brazos.

–No tienes que preguntar– la rubia le señaló la cafetera que estaba equipada para dispensar agua caliente.

–Te ayudaré a hacer el biberón– Merida se ofreció –¿Tu podrías llamar a los machos para que vengan a servirse algo de ponche y pasen tiempo de calidad con nosotras apartados de esa estúpida consola?– le pidió a Elsa.

–Será un placer regañar a mi marido– se puso de pie y subió las escaleras alejándose del bullicio femenino.

Tan pronto como se acercó al cuarto de tele pudo escuchar los sonidos bélicos del videojuego con el que Jack había estado obsesionado por mostrarle a Hipo y Kristoff. La puerta estaba abierta, por lo que ella infirió que estaba bien si se acercaba sin avisar.

Para su sorpresa ninguno de los hombres prestaba atención a la pantalla, eran Zephyr y Diana quienes tenían los mandos y estaban embobadas por el juego.

–Debes hablar de esto con Elsa– le dijo Eugene de forma decisiva.

Jack suspiró y rodó los ojos –¿De qué hablas?–

–De que quieres tener hijos– los ojos de la blonda se abrieron como platos al escuchar esto, decidió que, aunque estaba mal, debía permanecer oculta para escuchar más.

–Nunca dije que quería tener hijos– Jack se apresuró a decir.

–Oh, pero eso tratabas de decir– Hipo lo secundó.

–¡Hip!– Jack lo regañó.

–Lo siento, pero es la verdad–

–Sí, por eso te niegas a vender la casa que tu madre te regaló antes de mudarse a Florida, tienes la esperanza de que algún día criaras a tus hijos y los de Elsa ahí. ¿O acaso estoy mintiendo?–

Jack lo miró con los ojos entrecerrados –No es solo lo que yo quiera, esto también es decisión de Elsa y estoy bastante seguro de que ella no quiere eso–

–¿Cómo lo sabes?– preguntó Kristoff.

–¿Alguna vez la has visto cargando un bebé?–

Eugene soltó una carcajada –Es verdad, se pone toda tensa y parece un ciervo asustado, pone esa cara fea– Eugene imitó a Elsa sonriendo aterradoramente y con los ojos muy abiertos.

Jack lo fulminó con la mirada –Simplemente no es lo que ella quiere y yo respeto eso–

–No te estamos diciendo que la debas de obligar o convencer de que tengan hijos– Kristoff interfirió –Pero tampoco debes quedarte guardados tus sentimientos, no es bueno para ti ni para tu relación–

–La princesa tiene razón– Eugene se apoyó en Jack –Sabemos que no eres el dominante de la relación y lo entendemos, ninguno de nosotros lo es tampoco...–

–Yo sí– dijo Kristoff.

Los otros tres muchachos inclinaron la cabeza para mirarlo sentenciosamente.

–Es verdad. Una vez ella me preguntó y yo le dije que debíamos cenar hamburguesas–

Todos arquearon las cejas –Como te estaba diciendo... que no seas el dominante no significa que no debes de pensar en lo que quieres para ti–

–Chicos, me encanta que se preocupen por mí, pero las cosas entre Elsa en este momento están bien y me gusta eso–

El corazón de la chica comenzó a latir ante esas palabras y miles de pensamientos le revolvieron la cabeza.

–Está bien amigo, pero toma en cuenta nuestro consejo–

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Elsa conducía de regreso a casa, ella había ido a dejar a su hermana, cuñado y sobrino al aeropuerto, mientras Jack llevaba a Astrid, Hipo y los niños a la estación de tren.

La navidad se había esfumado más rápido que el año pasado y ahora no quedaba nada más que restos de pavo y pensamientos.

Fue cuando ella lo decidió, lo decidió justo cuando estaba atascada en medio del tráfico y a su lado una minivan permanecía en reposo con el motor encendido, desde su auto se podían escuchar los lloriqueos y quejas de los cinco niños que viajaban en la parte de atrás, tan solo ver eso le daba dolor de cabeza a Elsa, pero cuando vio al frente a la sonriente pareja compartiendo arrumacos y sonriéndose.

Las puertas del elevador se abrieron y ella caminó con paso firme y decisivo hacia su apartamento, deslizó las llaves y abrió la puerta con brusquedad.

–Hey, ¿todo esta bi...?– Elsa no le dio tiempo a su confundido marido de decir ni una palabra más porque se le lanzó a los brazos y con destreza comenzó a despojarlo del cinturón.

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1 año después...

–Elsa Frost– Elsa bajó la revista que estaba leyendo al escuchar su nombre, de inmediato se puso de pie y siguió a la enfermera por el largo y esterilizado pasillo de la clínica.

–Gracias– respondió cuando la enfermera le abrió paso al consultorio del ginecólogo.

–¿Sra. Frost?– una mujer joven de cabello corto y castaño claro le sonrió –Tomé asiento, soy la doctora Ellie y yo le estaré atendiendo, ¿Cuál es el motivo de la consulta?–

Elsa la miró apenada –Llevo un tiempo buscando embarazarme y no he podido lograrlo–

–Oh– respondió la joven –¿Es casada?– preguntó.

Elsa asintió con una leve sonrisa.

–Bueno, generalmente en este tipo de situaciones suele acudir la pareja a la consulta– a ella le parecía extraño que Elsa se hubiera presentado sola.

–Oh, es que todo esto... quería sorprender a mi marido–

–Bueno, un problema de infertilidad no siempre viene solo de la mujer, podría ser cuestión de su esposo–

La rubia hizo una mueca –¿Podríamos trabajar conmigo por ahora?, me gustaría descartar que no haya algo malo conmigo–

–¿Cuántos años tiene?– cuestionó con respeto.

–32–

–¿Usa algún método anticonceptivo?–

Elsa negó con la cabeza despacio –Ya no–

–¿Cuál solía emplear?–

–Solo preservativo– respondió Elsa con seguridad.

–Bien, haré una revisión y le encargaré unos estudios, de esta manera podremos comenzar a ver cuál es el problema, ¿le parece bien?– le explicó con amabilidad.

–Me parece perfecto– ella trató de sonreír.

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–Hey, ¿me pasas la sal?– le preguntó Jack por segunda vez a Elsa, ella sacudió la cabeza y se disculpó.

–¿Estas bien?, últimamente te veo algo alejada–

–Lo estoy, es solo que hemos tenido mucho trabajo–

–Ni me lo recuerdes, hoy estuvo terrible, por cierto... ¿puedo preguntar a donde fuiste hoy?–

–Te lo dije, fui a ver ese apartamento– respondió diciendo la verdad de forma parcial.

Jack se mordió los labios mientras cortaba su filete de carne –¿Sigues queriéndote mudar?–

Ella asintió –Creo que el apartamento es muy pequeño–

–¿En serio?– arqueó una ceja –Yo creo que para nosotros cuatro está bien–

–Sí, ¿pero has notado lo inseguro que es?– planteó la problemática.

–¿A qué te refieres?– Jack no entendía que mosca le había picado a su mujer.

–Hay muchos bordes, el piso es resbaloso y hay cristal en todas partes, no es apto para niños– Elsa se cubrió la boca en seguida al escuchar lo que había dicho.

Jack soltó su cuchillo y tenedor de inmediato –¿L-lo dices por los hijos de nuestros amigos?– tartamudeó.

Elsa respiraba un poco agitada, no había sido el mejor momento, pero sentía que estaba tan emocionada que quería compartirlo con alguien, con su esposo –Tal vez, tal vez tenga un pequeño retraso...– confesó pasando un mechón tras su oreja –No es nada seguro, mañana quiero hacerme la prueba, aunque también llegaran los resultados de los estudios–

–¿De qué resultados hablas?– preguntó Jack.

Ella suspiró –Fui al ginecólogo para averiguar porque en todos estos años no hemos podido tener hijos, ella me mandó a hacer unos estudios de fertilidad, pero... ya llevó dos semanas de retraso, nunca había tenido uno tan largo.

–¡Elsa!– Jack la reprochó con una sonrisa, él quería estar enojado, pero simplemente no podía, no después de escuchar esto –No tienes que hacer esto solo por mí–

La mujer negó suavemente con la cabeza –Quiero hacer esto Frost, no solo por ti–

–¿Segura?– él la miró con una mirada de desconfianza pero sin dejar de ser divertida.

–Lo estoy, ahora come– ella arrugó la nariz fingiendo enfado.

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–¿Señora Frost?– Elsa volvió a la realidad cuando la doctora la llamó por quinta vez.

–Eh– respondió con voz apagada y ojos secos.

La doctora Ellie la miró con lastima –Le preguntaba si comprendió lo que le acababa de explicar–

–No puedo tener hijos...– respondió con voz monótona mirando por el rabillo del ojo a su esposo sentado a su lado, quien sostenía su mano. Su rostro no mostraba ninguna expresión, solo se veía más pálido de lo normal y estaba sin habla.

La mujer de bata blanca suspiró –Lo lamento–

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Jack limpiaba con una franela la mesa en donde habían acabado de tener su cena, la cual se había quedado casi intacta, limpiaba una y otra vez la misma área, mirando de forma obsesiva aquella marca de crayón que seguramente había dejado uno de los niños de sus amigos en alguna de sus visitas pasadas. No importaba que tanto pasara la tela o cuanto frotara, no se iba, permanecía ahí burlándose de él.

Elsa notaba eso desde el otro lado de la cocina mientras lavaba los platos, sabía que su marido estaba sufriendo por su culpa.

Jamás debió de haber dicho lo de los estudios.

Jamás debió de haber mencionado el retraso.

Jamás debió de haber propuesto mudarse.

Jamás debió de haber ido a esa clínica.

Jamás debió de haber escuchado esa conversación.

Jamás debió de haberse casado con él.

Jamás debió de haberlo conocido.

El vaivén de Jack se vio interrumpido por el estruendo de un plato quebrándose, esto fue suficiente para despabilarlo y atraer su atención hacia la cocina.

Corrió al ver a Elsa desplomada en el piso en medio de todas esas astillas de cerámica.

–¡Elsa!– se arrodilló tomándola entre sus brazos mientras ella sollozaba tratando de alejarlo de ella, le removió la gran pieza de cerámica enterrada en su pierna derecha y la puso en el sillón sin importarle que la sangre lo arruinara, corrió a cerrar la llave del agua ya que esta comenzaba a desbordarse y buscó el botiquín en el baño principal.

Dedicó sus últimos minutos de lucidez a curar la herida de Elsa y después se desplomó a llorar junto a ella en su regazo.

–Lo siento Jack– le dijo ella en medio de sollozos y balbuceos.

El negó con la cabeza para después tomar su rostro y mirarla a los ojos –Lo vamos a superar–

Ella gimió –Quería hacerte feliz–

–Ya lo haces– la abrazó contra su pecho –Lo juro–

–No, no es verdad– negó con la cabeza.

–Te prometo que sí– volvió a tomarla entre sus brazos para llevarla a su recamara –Te amo y no me importa nada mas– estrelló sus labios contra los de ella en un necesitado beso cargado de amor y deseo.

–¿De verdad?, ¿me amas aunque no pueda darte los hijos que deseas?– preguntó con voz ronca y entrecortada.

–Te amo justo como eres– depositó un suave beso en sus labios temblorosos y salados por las lágrimas –Con cada fibra de mi ser– la sostuvo en sus brazos como si el mundo fuera a terminar –Para siempre–

Ambos se entregaron el uno al otro, no solo en cuerpo, sino en todo y ese era el acto más hermoso y puro que alguien alguna vez haya tenido el honor de vivir en carne propia.

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Seis meses despues...

Elsa abrió los ojos con pesadez al escuchar la alarma de su celular, extendió un brazo a su lado para darse cuenta de que Jack no estaba ahí, algo extraño.

Como si esto hubiera activado su sexto sentido se despabiló y levanto la mitad de su cuerpo de la almohada para buscar en la habitación oscurecida por las cortinas especiales que permanecían cubriendo los rayos del sol matutino. Su sentido del olfato le dio una pista respecto al paradero de Jack, el olor a tocino y panqueques lo hacía intuirlo.

Con la gracia y el porte de una reina se sentó en el borde de la cama, se estiró con unos leves movimientos de brazos y sonrió al sentir las cerdas afelpadas de la alfombra acariciar las plantas de sus pies, no había mejor sensación que esa.

–Mhhhh, huele delicioso– abrazó a su esposo por la espalda y beso su clavícula desnuda a causa de la holgada sudadera que usaba.

–Quería sorprenderte con un desayuno en la cama, gracias por arruinar mi sorpresa, ahora creo que tendré que deshacerme de todo esto– tomó la sarten con los huevos fritos y fingió estar a punto de echarlos al basurero.

–Eso seria un completo crimen– Elsa le arrebató el utensilio de cocina –Hoy nos espera un gran día, debemos alimentarnos bien–

–Por eso escogí esa basura de tocino falso que tanto te gusta, un par de ancianos como nosotros necesitan cuidarse el colesterol– besó su frente –Yo terminaré esto, ¿Por qué no vas a ducharte mientras?–

Ella asintió agradecida y volvió sus pasos en dirección a la habitación.

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–Estoy nerviosa– ella realizaba respiraciones profundas tratando de amortiguar los nervios.

–¿Por qué?, esto será divertido Copo de Nieve–

–¿Qué tal si no les gusto?–

Él negó la cabeza y pasó un brazo por su cintura –¿Bromeas?, eres como Mary Poppins–

–¿Y-y si no sé cuál es el indicado?–

–Mhhh– Jack hizo una mueca pensativa –Creo que solo lo sabremos–

–¿Señor y señora Frost?– una mujer afroamericana de cabello corto, lentes y vestida con falda y cuello de tortuga se acercó a ellos en el recibidor –Mi nombre es Mildred, soy la trabajadora social y cuidadora de los niños de este orfanato– les tendió la mano a la pareja y ellos la estrecharon con cordialidad.

–Mucho gusto– ambos dijeron al mismo tiempo.

–¿Por qué no me cuentan sobre ustedes?, quiero decir, leí sus expedientes y fueron aprobados, pero me gustaría saber más– gesticuló con las manos –¿Dese cuando se conocen?–

Jack y Elsa se miraron mutuamente –Desde que teníamos 17– rieron.

–¿17?, vaya, llevan muchos años juntos–

La pareja asintió estando de acuerdo.

–¿Y que están buscando?–

La pareja volvió a cruzar miradas –N-no estamos seguros, eh... estamos abiertos a las posibilidades– respondió él –¿T-tal vez un bebé?–

Mildred les sonrió con emoción –Oh, tengo al bebé perfecto, afortunadamente es el único que tenemos– bromeó –Los llevaré a la guardería– los guio a través del edificio de arquitectura antigua hasta un cuarto decorado con empapelado de ciguaneas y móviles colgantes.

–Este pequeño llegó hace apenas unos días– Mildred se agachó sobre una de las cunas para cargar a un recién nacido –Desafortunadamente perdió a sus padres en un accidente y al no tener más familiares cercanos terminó aquí–

–Oh, es tan pequeño– Elsa jugueteó con sus piecitos enfundados en el mameluco amarillo.

–Lo es– la mujer se lo entregó a ella y con algo de torpeza lo recibió ya que no había tenido gran experiencia a lo largo de su vida en cargar bebés.

–Sostén su cabeza– Jack le ayudó a tener el control del pequeño bulto –Ahí esta– habló en voz baja para no despertarlo.

–Pero deben creerme cuando les digo que este es el bebé más tranquilo que he visto en mi vida, solo llora cuando tiene hambre o necesita que le cambien el pañal–

Jack le sonrió a Elsa al escuchar esto, era perfecto para ellos.

–Wow– ella se sorprendió al tener a tal pequeña criatura en sus brazos, esto lo hacía tan real.

–Es increíble, aunque para ser honestos, no puedo dejar de pensar en los niños que llevan más tiempo aquí– comentó él.

–Créame que yo tampoco, señor Frost– dijo Mildred tomando al bebé de los brazos de Elsa y colocándolo de nuevo en su cuna –¿Por qué no vamos al cuarto de juegos?–

Los tres se volvieron a mover por el edificio hasta llegar a una sola habitación de paredes rosadas y juguetes regados por todas partes.

La boca de los enamorados se abrió de par en par al ver la cantidad de niños que había dentro de aquel cuarto.

–Son demasiados– dijo ella con pena.

–Estamos a nuestra capacidad máxima– la mujer se encogió de hombros –Si esto sigue así tal vez ya no podamos mantenernos a flote–

–Todos se ven tan únicos– la cabeza le daba vueltas al peliblanco al ver tantas posibilidades y sentir la necesidad de ayudarlos a todos.

Mientras ellos se concentraban en procesar su alrededor una pequeña niña de ojos y cabello castaño brincaba y corría por el lugar hasta terminar colisionando con la pared, al escuchar el golpe los adultos se giraron para ver a la pequeña tumbada boca arriba en el piso.

–Vaya, ese sí que fue un buen golpe, ¿te encuentras bien pequeña?– Jack se inclinó para revisar su estado.

–¡Sí!– la niña vitoreo orgullosa –¡Rompí mi record!– levanto sus bracitos en alto.

–¿Record?– Jack rio y la ayudó a levantarse.

–Record en cuanto a velocidad, ayer corrí rápido, pero hoy corrí súper rápido– comenzó a trotar emocionada.

El peliblanco se carcajeó –Tal vez mañana termines volando–

La niña que quedó en quieta mirándolo con los ojos bien abiertos –Eso sería... ¡Lo mejor del mundo!– estalló en felicidad.

–Ah, no, Emma– Mildred la reprendió con el dedo índice –No habrá más visitas al hospital para ponerte yesos–

El corazón de Jack se desbordó al escuchar este nombre –¿Emma?– Jack la miró directo a los ojos y pudo ver cierta chispa de familiaridad –Es un bonito nombre–

Elsa observó la escena en silencio enternecida por los ojos brillosos de su marido. Él lo había sentido.

–Jack, creo que deberíamos ir a casa a hablar– le dijo en voz baja frotando su espalda.

La trabajadora social los escoltaba de nuevo al vestíbulo por las largas escaleras de madera ya algo añeja, algunos tablones rechinaban con los pasos.

–Como les decía, una vez tomen su decisión pueden volver y agendaríamos una entrevista con el niño o niña y si todo sale bien podríamos estar listos para comenzar a llenar formas– explicó.

–Estoy seguro de que volveremos pronto– Jack acarició el dorso de la mano de su amada.

–Es maravilloso ver a una pareja de jóvenes tan...– frenaron en seco al escuchar sollozos provenientes debajo de las escaleras. Los tres se asomaron hacia abajo para ver a una adolecente rubia abrazando un libro contra su pecho.

–Mary– la mujer de lentes bajo los escalones faltantes para acercarse a la joven e indagar sobre la situación –¿Qué sucede?–

–Mi libro... se arruinó, ellos lo destrozaron– respondió entre sollozos.

Jack y Elsa siguieron a Mildred, se acercaron preocupados por lo destrozada que sonaba la joven

–¿Quiénes?– preguntó Jack con tonó prudente.

–Los chicos de la escuela– les mostró las hojas arrancadas y plagadas de garabatos –Dijeron que no importaba que supiera leer, nadie aun así me querría–

–Eso no es verdad– Mildred intentó consolarla.

–¡Entonces porque llevo 15 años aquí!– estalló.

Elsa sintió lastima de la situación y se le ocurrió algo –¿Sabes?, las probabilidades de que alguien llevé una copia de Cumbres borrascosas en su bolso son escasas...– reafirmó el agarré de su libro –Pero sucede que no he podido parar de leerlo en esta última semana– de este extrajo una copia del mismo libro que la joven estaba leyendo y se lo extendió.

–N-no podría aceptarlo– la chica de ojos azules negó con la cabeza.

–Me haría muy feliz que lo tuvieras, por favor– volvió a insistir, esta vez con un tono aún más dulce.

La joven al ver la decisión en los ojos de Elsa se limpió la nariz y asintió –Gracias, señorita– al tomar el libro sus dedos rozaron haciendo que Elsa se sorprendiera, había algo familiar en ese toque.

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–¿Entonces?– Jack le preguntó a Elsa mientras ambos estaban tendidos boca arriba en la oscuridad de la habitación.

Ella se encogió de hombros a pesar de que sabía que él no podía verla –Ojalá no tuviéramos que escoger–

Él dejó salir un largo y pesado suspiro –Ojalá–

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9 meses despues...

Elsa tarareaba una canción de cuna mientras arrullaba al bebe de casi un año en sus brazos, el pequeño niño comenzaba a cerrar los ojos, pero se negaba a caer en el sueño.

–Oh, vamos pequeño Gale– susurró –Necesito que tomes una siesta antes de que tu padre llegue a casa–

Era demasiado tarde el viejo Olaf se apartó del estante donde reposaba el terrario de Bruni y caminó a paso lento, pero sin dejar de mover la cola, hacia la puerta principal de la hogareña casa en Pensilvania donde creció Jack.

Pequeños pasos se escucharon subir las escaleras del pórtico.

–Hay quitarnos los zapatos antes de entrar, acaba de llover y hay mucho lodo, no pienso volver a aspirar la alfombra– Elsa sonrió al escuchar la voz de su marido renegando.

–¡Mamá!– la puerta se abrió revelando a la estridente Emma, cada que la niña entraba a una habitación todo pareciera iluminarse con su jovialidad y su radiante personalidad.

–Shhhhh– Elsa con cariño le hizo bajar la voz a la niña –Se acaba de dormir, mira– le acercó a Emma a Gale para que pudiera verlo.

Ella rápidamente abrió los ojos con sorpresa y se cubrió los labios –Perdón– murmuró.

–¿Dónde está tu padre?–

–Oh, ya viene, él y Mary están bajando las compras– hizo una mueca –Quise ayudar, pero dijeron que eran muy pesadas–

Elsa asintió –Tienen razón, pero podrías ayudarnos a desempacar–

–Por supuesto– asintió con su usual energía.

–Hola, cariño– Jack entró arrastrando sus calcetines por el piso y le dio un casto beso a su esposa en los labios –¿Cómo esta?– se asomó a ver el rostro del bebé.

–Tranquilo, como siempre, acaba de comer– dijo ella.

–Excelente– el volvió a dirigir su atención a las pesadas bolsas de papel en sus brazos y caminó a la cocina.

–Hola Elsa– Mary, la chica rubia, entró con una tímida sonrisa.

A ninguno de los dos padres legales les molestaba el hecho de que la adolecente se reservara el derecho de llamarlos "mamá y papá", no iban a presionarla, sabían que ella había pasado por cosas difíciles y que apenas estaba adaptándose a su recién adquirida vida familiar.

–Hola, ¿lograste encontrar lo que necesitabas?– preguntó.

Ella asintió –Sí, tengo todo lo necesario para mi nueva escuela– se encogió de hombros –Se siente raro–

–¿Qué cosa?– arqueó una ceja.

–La nueva escuela... ¿y si no hago amigos?–

–Iras a nuestra vieja escuela– Jack volvió al lado de las dos chicas con Emma a su lado –Te encantará–

–¿P-podrían darme algún consejo?– preguntó con timidez.

Ambos adultos pensaron un poco sobre algún consejo adecuado para la situación, solo se les vino algo a la mente.

–Toma todas tus oportunidades– respondieron al unísono.