Entre líneas de lápiz

—¿Ginevra? —repitió Emeline. La pelirroja parpadeó en su dirección y elevó ambas cejas, finalmente apartando la mirada de la ventana.

—Lo siento —murmuró—, ¿qué decías?

Emeline sonrió y suspiró sin dejar de mirarla.

—Pregunté cómo te has sentido, dime, ¿has tenido pesadillas? —preguntó con verdadero interés.

Ginevra agradece aquello, que Emeline siempre se ha mostrado interesada en su bienestar y no sólo en el rompecabezas que se ha vuelto su mente, como el resto de los doctores que la atendieron en el hospital.

—Mhm, sí, algo de ello —respondió mordiéndose los labios—. Nunca es lo mismo pero despierto igual de desesperada, igual de confundida. Igual, si.

Emeline asintió lentamente y garabateó sobre su libreta.

—¿Qué hay de las personas? ¿Has logrado ver algún rostro? ¿Identificas los nombres? ¿Puedes recordar...?

—No puedo recordar nada —gruñó entre dientes. Emeline asintió y la observó con ojos entrecerrados.

—¿Y los dibujos? —insistió.

—Son sólo eso. Dibujos —respondió cortante.

—Bien, ya son las cuatro. Te veré la próxima semana, ¿de acuerdo? —sonrió suspiró y asintió con cansancio.

Estaba agradecida del interés de Emeline, si, pero su interés no le estaba ayudando a descubrir nada. Sabía exactamente lo mismo que hace dos meses: que su padre y su hermano estaban muertos, que el hombre que se llevó el auto por el frente estaba en prisión, que se llama Ginevra Weasley y que no recuerda nada.

De no ser por las identificaciones que recuperaron del accidente, no conocería el aspecto de su padre y su hermano. No sabría ni su nombre. Vive simplemente por lo que siente.

Trabaja en una librería, de eso vive. Sabe que antes trabajaba en una revista deportiva, pero ahora que no logra ni siquiera recordar su puesto, R.H. ha tenido la gentileza de darle un puesto en una de sus librerías distribuidoras. Lo agradece, aunque hubiera preferido comenzar en otro sitio, de nuevo sin nada que estuviera relacionado a lo que tuvo. A lo que no recuerda.

—Seguro, te veré la próxima semana —respondió en un suspiro.

Salió del edificio con más cansancio del que tenía al inicio del día. Tenía permiso de llegar tarde a la librería, así que siguió el camino que acostumbraba después de ver a Emeline y se detuvo en el parque.

Era lo único que parecía tener sentido, se sentía tranquila ahí sentada rodeada de árboles, escuchando las voces de niños, el rechinar de los columpios y el soplido del viento. Se sentía todavía mejor dibujando todo aquello que alcanzaba a ver. Todo aquello que podía tocar y recordar.

Una parte de ella creía que dibujaba por si es que olvidaba todo de nuevo, al inicio eso le había dicho Emeline, casi lo cree, casi. Pero cambió los rostros por paisajes y todo parecía bien, le gusta deslizar el lápiz sobre la hoja, lo siente bien.

Sin embargo, si tuviera que elegir algo para dibujar por el resto de su vida, algo para no olvidar de nuevo, sería al hombre que cuida al niño pequeño todos los días.

—Anda, Teddy —llamaba el hombre.

A Ginevra le gusta trazar la línea de su mandíbula cuando baja la mirada y observa al niño, Teddy, a quien le Ginevra prefiere difuminar sus mechones por ser tan clarísimos. Incluso ha comenzado a cargar con un color azul en su bolso porque, desde que las vacaciones de verano iniciaron la semana pasada, Teddy lleva el cabello de un azul eléctrico que disminuye su intensidad día con día.

Tiene que admitirlo, Ginevra se ha encontrado observando su interacción todos los días, sin importar si tuvo o no que ir con Emeline.

Es que ellos son fascinantes, y, por desgracia, de la mala forma.

Parecen rotos.

Cómo ella.

—¿Quieres subir a los columpios antes de irnos, Teddy? —preguntó el azabache. Ginevra pone especial cuidado en marcar lo más que puede el color negro en esa cabellera despeinada, como si hubiera estado trepando árboles junto al pequeño.

—Uhu. Pero… ¿si llegaremos por el helado, Harry? —respondió el niño, con ojos gigantes en dirección al mayor.

Ginevra tiene que desviar la vista para detallar esa mirada brillante, como si estuviera a punto de llorar, sólo que resulta imposible saber si es de felicidad o tristeza.

Nunca ha entendido por qué le dice "Harry", ¿por qué no le dice papá? Y mentiría si no dijera que ha pasado noches en vela pensando en ello. Al principio creía que estaba en medio de un divorcio y el niño no quería decirle papá, pero después de escucharlos reír juntos… Ginevra cree que más bien ambos se sienten cómodos así.

Le recuerda un poco cuando volvió a la editorial deportiva, todos parecían felices y le llamaban "Ginny", pero Ginevra no conocía y tampoco podía recordar a la tal Ginny.

Por eso cree que están igual de rotos que ella, por eso por la caída de ojos que tiene el hombre. Ginevra lo ha dibujado al menos cuarenta veces, y en cada una de las desliza el lápiz hacia abajo en la caída de su párpado, como si todos los días luchara por mantener los ojos abiertos.

La siguiente vez que levanta la mirada para trazar la irregular y peculiar cicatriz que surca su frente, se encuentra con los ojos brillantes a centímetros de distancia.

El respingo es inevitable, y el niño parece entre asustado y divertido.

—Lo siento —se disculpó bajito—, es que Harry ha ido por un helado y has estado coloreando y yo sólo quería saber si tú querías un helado y si puedo dibujar contigo.

Es un niño de al menos seis años, a esa distancias sus ojos parecen enormes y su cabello de su frente nace como si fuera un corazón, tal como Ginevra lo ha estado dibujando las últimas semanas. La sonrisa que sale de sus labios es igual que el respingo, corta e inevitable.

—Estoy bien, puedes dibujar conmigo sin el helado —accedió sonriente, extendiendo una libreta un poco más pequeña al niño—. Sólo tengo lápices y dos colores, ¿está bien?

—Mhm —asintió el pequeño, sentándose al lado de Ginevra con una sonrisa de oreja a oreja, aún con los ojos brillantes y oscilantes entre la tristeza y la felicidad—. Me llamo Ted —anunció tomando la libreta y el color negro que la pelirroja usa para colorear el cabello del adulto que suele acompañarlo.

—Yo me llamo Ginevra —dijo bajito, no muy segura de si el niño sabría pronunciarlo.

Efectivamente, los ojos castaños se detuvieron un par de segundos en el rostro de Ginevra con seriedad antes de sonreír.

—¿Puedo llamarte Gin? Tú puedes decirme Teddy —ofreció en tono juguetón.

Ginevra no alcanzó a responder porque una voz lo llama detrás de ambos, una voz que Ginevra reconoce como la de Harry.

—¿Teddy? —llamó el azabache, acercándose con rostro cansino—. Oh, Teddy, ¿qué te he dicho sobre hablar con extraños? —masculló intentando hacer ademanes con los vasillos de nieve en las manos.

—A ella tampoco le enseñaron, Harry. Ella también habló conmigo, se llama Gin —excusó Teddy.

El hombre resopló y sonrió al pequeño antes de cambiar su mirada apenada hacia Ginevra.

—Lo lamento, sólo me fui por un minuto. Siento interrumpirla —se disculpó con una pequeña sonrisa.

Ginevra siente que en todo ese tiempo jamás ha dibujado los ojos del hombre como debe de ser, jamás los ha dibujado con colores porque nunca ha alcanzado a ver con exactitud su tonalidad. Y ahora que lo tiene así de cerca, tiene en mente los colores que quiere usar. Su mirada avergonzada acentúa la caída triste de sus párpados, pero eso no impide que Ginevra alcance a ver los tonos azulados que se reflejan en su iris, casi parecen lagunas.

Sí, sus ojos podían ser un lago. No sabe si es por la oscuridad de su pupila o si realmente tiene pequeños destellos cafés, de cualquier manera Ginevra no puede apartar la mirada.

—Está bien —dijo apresuradamente, igual de avergonzada por tardar en responder—. Uhm, Teddy sólo quería dibujar.

—Mjm —asintió el pequeño, deslizando el color azul sobre la hoja en lo que parecía un columpio demasiado alto.

—Todavía lo siento —rió el hombre—. Vámonos Teddy, seguro que Ginn tiene cosas que hacer.

—Es Gin, Harry. Y Gin estaba dibujando, ¿cierto?

Ginevra rió y asintió.

—Está bien, creo que me quedaré otro rato —tranquilizó la pelirroja. Harry sonrió apretado y le extendió uno de los vasillos que llevaba entre manos.

—Soy Harry, Harry Potter.

—Ginevra Weasley —respondió tomando el helado.

—¿Y lo sigues viendo? —preguntó Emeline. Ginevra no se da cuenta que la mujer no ha apartado la mirada de su rostro desde que llegó, pero es que ella está inmersa en las líneas de los ojos de Harry.

Visita el parque todos los días, llega cuando Harry y Teddy ya están ahí, y se va después que ellos, cuando tiene al menos el boceto de los ojos de Harry, o las manos de Teddy, o la espalda de Harry cuando ayuda a subir a Teddy al tobogán, o la sonrisa de Teddy llena de helado. Su favorito son los ojos de Harry.

Se ha esmerado en hacerlos tal como los tiene en mente, tal como los recuerda, tal como son.

—Si, ambos van varios días a la semana. A Tddy le gusta dibujar conmigo —. A Teddy le gusta dibujar columpios muy altos, rostros circulares con sonrisas muy anchas, cicatrices en el la cara, cabello despampanante y revuelto. Como retratos—. Le he enseñado un par de cosas.

—¿Y su padre?

—No creo que Harry sea su padre, Teddy le llama por su nombre todo el tiempo, y nunca menciona a su mamá. De todos modos él sólo está ahí cuidando de Harry—respondió sin mirarla. Emeline suspiró y jugueteó con su bolígrafo.

—¿Por qué vas al parque, Ginevra?

La pelirroja finalmente levantó la mirada con el entrecejo fruncido. Emmeline ya sabía eso.

—Me gusta. Me siento bien ahí. Ya lo sabes —murmuró con ligera irritación. Emeline sonrió y asintió.

—¿Y qué opina Harry de tus dibujos? —continuó con una sonrisa ladina.

Ginevra siente calor en las mejillas pero no se avergüenza de decir: —No los ha visto, bueno, sólo los de Teddy, dice que son buenos.

—Uhm, deberías mostrarle el que llevas haciendo desde que llegaste. Esos ojos son hermosos

Lo son, sin duda, en especial esos que están fuera de la hoja. Son preciosos. Pero no, de ninguna manera se los mostrará a Harry. Sería extraño, un extraño malo, un extraño acosador, bueno, sería Ginevra.

De hecho, se vuelve más extraño-acosador cuando, al salir de su cita con Emeline, se encuentra con Harry y sólo Harry,

—Hola —saludó el azabache, sosteniendo un par de hojas y otro par de colores en la otra—. Teddy mencionó que estos eran tus colores y vine a devolverlos.

Le extendió los colores y sonrió apretado. Ginevra imita su sonrisa y decide inmediatamente que necesita dibujar esa sombra de barba lo antes posible. Tomó los colores con cautela y frunció el entrecejo.

—¿Y Teddy? —preguntó bajito. Harry sonrió más ampliamente y se sentó a su lado, dejando un poco de espacio entre ambos, como si el niño estuviera ahí dibujando personas con brazos largos y rostros circulares.

—Hoy quiso quedarse con su abuela —mencionó bajando el mentón.

Parece un cachorrito perdido, sus párpados bajan y bajan hasta que de pronto Harry ríe y su mirada triste se hace pequeña.

A lo mejor está loca, enferma sin duda, pero está un poco enamorada de la manera que Harry tiene para mirarla sin levantar la cabeza, como si quisiera descifrar lo que piensa. Como si supiera que quiere dejarlo justo ahora.

—La verdad es que quería mostrarte algo —habló atropelladamente, provocando un respingo en Ginevra—. Sólo… no vayas a asustarte —advirtió en tono divertido.

Harry le dedica una segunda mirada digna de colorear antes de extenderle el par de hojas. Ginevra tarda dos segundos en mirar las hojas, es que Harry está tan cerca, y Ginevra puede ver todas las líneas de sus ojos y…

—Teddy hizo el primero, pero… yo hice el segundo —contó entre avergonzado y ansioso.

Ginevra observa la primera hoja, es un dibujo de ella hecho por Teddy. Tiene la cara redonda, una sonrisa gigante, los dedos demasiado largos y el cabello tres tonos más oscuros que su rojo, pero es precioso. Le encanta.

La segunda hoja es la que más le gusta, la ama. También es ella, pero no tiene la cara redonda, en realidad solo es la mitad de su rostro, es un dibujo de su perfil, el perfil que Harry siempre ve cuando ella está dibujando con Teddy. Son sus ojos, sus pestañas, sus labios y el color exacto de su cabello.

—Lo lamento, no pude evitarlo —murmuró Harry, con el cuello que su playera deja a la vista de un color rojo que Ginevra está segura de poder igualar—. Es que eres… tienes un… pareces como…

—¿Rota? —intentó Ginevra, atreviéndose a tocar el color blanco sobre sus ojos, perfectamente cristalizados sobre el papel. Tan rotos como los propios ojos de Harry y Teddy.

—Más bien como un rompecabezas —rió Harry. Ginevra deja escapar una risa que parece más bien un sollozo, ni siquiera ella sabe qué acaba de hacer, pero Harry obviamente lo ha malinterpretado porque mueve los labios sin saber qué decir—. De verdad lo lamento, Ginn, sólo… no pude evitarlo y… quería que tu lo vieras, que supieras, si.

Ginevra no sabe qué responder, no recuerda haber tenido citas o algo parecido, ni siquiera piensa en Emeline y sus constantes "Estás bien, no tienes que decirles a todos que tuviste un accidente". No le gusta hablar de ello de todos modos.

Hace lo que tiene sentido, lo que se siente bien. Lo que quiere y espera recordar: le extiende su cuaderno, donde están todos los dibujos de Harry y Teddy.

No le tiemblan las manos, no importa, se siente bien. Quiere mostrarle.

—Está bien, yo tampoco pude evitarlo.

-X-

A decir verdad, esto se salió muchísimo de control.

¡Hola!

Ustedes no tienen idea, pero este OS lleva años en mis archivos, y mientras lo escribía tuvo tantas transformaciones que en realidad no es para nada la idea original, en fin, a lo mejor me linchan por dejarlo así peeero hay explicación.

Ya sabemos que Teddy y Harry son huérfanos así que esta tristeza omnipresente se debe a eso también en este UA. Y En cuanto a Ginny, la verdad me fascina escribir su nombre tal como es, me encanta.

De cualquier manera pueden depositar sus preguntas aquí (porque no creo que haya segunda parte de ete OS, todo se volvería triste y tendría que soltar la idea de los dibujos).

|PREGUNTAS|

¿Cómo están? Meh, estoy ansiosa ;).

¿Canción/Albúm favorito? Heartbreak Weather de Niall Horan, Small Talk es una joyita.

¿Último programa que vieron? Quién es la máscara, estoy totalmente enamorada de ese programa.

¡En fin!

Quiero agradecerles por sus comentarios, por su apoyo, sus lecturas, sus votos, absolutamente todo. De verdad que leo todo lo que me envían, agradezco su preocupación, que me pidan leer sus obras, que me pregunten cuando voy a actualizar, y todo, todo. Se los agradezco infinitamente.

¡Nos leemos muy pronto!

¡Cuidense, y muchas gracias por todo!

-Danny :).

(25/oct/2020. 8:00)