Cuando Atsushi se ponía serio sus labios se apretaban en forma de corazón y sus cejas se juntaban hasta casi tocarse, apretando siempre el peluche de tigre que se volvió su favorito. Sentados en el piso de la habitación que la tía Kouyou les dejaba usar junto a Chuuya, aprovechando que los adultos habían salido para hablar a solas. Ryuunosuke lo miraba con duda, pocas veces se paraba tan derechito como intentando parecer formal.

— Papá está triste.

Dictaminó con el mentón levantado, apretando más su peluche y su hermano le miró con una ceja levantada ante lo obvio, cruzándose de brazos.

— Es nuestro deber hacerlo feliz. Así que he estado ideando un plan.

— No deberías hacer planes, tú no eres muy listo.

— Papá te ha dicho que no me trates mal— sus labios se curvaron en un puchero mal disimulado—. Al menos escucha mi plan y si no te gusta puedes proponer algo, necesitamos que papá sonría otra vez hasta que olvide al tonto Rosado.

— La tía Kouyou también dice que debería olvidarlo pero eso pone más triste a Chu-Chu, no creo que olvidarlo lo haga feliz pero está bien. Dime qué quieres hacer.

Atsushi se puso al lado de Ryuunosuke, contándole muy bajito lo que estaba pensando. Ambos niños asistieron, dedicándose a buscar entre la ropa del mueble algo que les pudiera servir. Si lograban hacer que Chuuya sonriera, podían soportar el regaño que probablemente les darían por tomar cosas sin permiso.

— Parecías más animado hace un rato— Kouyou iba manejando de vuelta a casa, había convencido a Chuuya de ir a una clase de su academia, intentando convencerlo de nuevo de dar clases allí y también para distraerlo un poco. Por mucho que intentaba disimular, dos semanas sin que su esposo siquiera le llamara le estaban pasando factura a su estado de ánimo.

— Me hubiera gustado llevar a mis niños, se hubieran divertido.

— Fueron ellos los que no quisieron salir, además sólo fueron un par de horas.

— Tengo qué acostumbrarme a no tenerlos todo el día ¿Verdad? Cuando de clases no podrán estar conmigo.

— ¿Debo interpretar eso como que aceptas mi propuesta?

— No sé si tenga el carácter necesario para educar pero extraño mucho estar en ese mundo, había olvidado lo mucho que disfruto la gimnasia.

— Me alegra escucharte hablar así— la mujer aparcó frente a su casa, deteniéndose antes de entrar para abrazar a su amigo—. Lo estás haciendo bien, Chuuya, que Osamu sea un imbécil no es tu culpa.

— No voy a reprocharle tener intereses distintos a los míos, es normal que ocurra. Me duele pero no lo culpo.

— Eres demasiado noble.

Kouyou suspiró, abriendo la puerta y de pronto el sonido de un llanto los puso alerta, Chuuya entró como una flecha buscando el origen del llanto, encontrando a los niños en el baño. Ryuunosuke intentaba ponerle una venda con papel higiénico al brazo de Atsushi. Llevaban mal puestas un par de bufandas a modo de leotardo por lo que interpretaba.

— ¿Qué pasó? — Chuuya se inclinó, revisando el brazo del niño con cuidado—. Esto se ve feo.

— ¡Te dije que era una idea estúpida! ¡Eres un tonto!

—¡Ryuunosuke!— Chuuya levantó con cuidado a Atsushi, que había comenzado a llorar más fuerte—. Cuando lleguemos al hospital me contarán lo que pasó, ve por sus abrigos y el peluche de tu hermano, te veo en el auto.

— La culpa fue del estúpido de Atsushi, déjalo que pague por su mala cabeza.

— Te estoy dando una orden y no la diré dos veces.

Chuuya caminó por el pasillo ante la mirada preocupada de Kouyou, quien en silencio volvió al auto, encendiendo el motor. Ryuunosuke llegó con ellos, arrojando las cosas a los asientos traseros donde Chuuya se había acomodado con Atsushi, besando su frente en intentando por todo calmarlo. Se cruzó de brazos, poniéndose el cinturón de seguridad mientras la mujer arrancaba. Al llegar al hospital les dejaron pasar pero Kouyou decidió quedarse con Ryuu en la sala de espera. El niño lucía malhumorado, con los brazos cruzados y los labios apretados.

— ¿Me quieres contar lo que ocurrió?

— Atsushi quería hacer algo para que Chuu-Chuu se alegrara así que decidimos imitar una de sus presentaciones, esa donde sale colgándose en unos listones.

— ¿ Una presentación con las anillas? Cariño...

— Colgamos unos listones de una silla pero el listón se rompió y Atsushi se cayó y empezó a llorar. Le dije que era una idea tonta.

— Pudieron contarme de su plan y con gusto les hubiera ayudado a hacer algo menos peligroso. Las anillas son una de las disciplinas más dificiles. Me parece muy dulce que quieran hacer que Chuuya sea feliz, pero, bebé, estar triste no es malo. No todo el tiempo estamos sonriendo, sería muy aburrido y cansado ¿No crees?

— Pero Chuu-Chuu está triste por nuestra culpa. Por nuestra culpa Dazai no le ha llamado.

— Eres muy pequeño para tener un concepto tan amargo de la culpa, no es tu responsabilidad cambiar el ánimo de nadie.

— No quiero que Chuu-Chuu nos abandone— confesó, mordiéndose los labios para no llorar—. Si lo hace Atsushi se pondrá muy triste y no podré hacer nada para que sonría. Si Dazai vuelve y le pide que nos deje lo hará.

— ¿Por qué estás tan seguro de eso?

— Eso fue lo que hizo mamá conmigo. Papá le dijo que yo era demasiada responsabilidad y ellos me dejaron. Puedo volver a soportarlo, sé que no puedo encariñarme con nadie, pero si Atsushi pasa por algo así no lo va a soportar. Es débil y tonto y mi deber es cuidarlo.

Kouyou suspiró hondamente, sin encontrar palabras para animarlo, tan sólo acunándolo contra su pecho, acariciando su cabello. Pasó más de una hora hasta que Chuuya salió del consultorio con Atsushi dormitando en sus brazos con el brazo herido enyesado.

— Se fracturó el codo— resopló, notando que Ryuu se había hecho bolita contra la mujer, como si se protegiera de un castigo—. Está bien, cariño, ven, Atsushi me contó lo que estaban intentando hacer.

— ¿No estás enojado?

— Me molesta que seas tan cruel con Atsushi, Ryuu, no es tonto ni nada de las cosas que le dices siempre. Son hermanos. Pero no estoy enojado por lo que pasó, estoy preocupado. Por favor, si algún día quieren hacer algo así de nuevo avísanos a Kouyou o a mí, no quiero que ninguno vuelva a hacerse daño. Lamento haberlos dejado solos, pensé que eran lo suficiente mayores y es mi culpa. Tú no hiciste nada malo, bebé.

— ¿No? — los ojos grises se asomaron entre los brazos de la mujer, la cabeza agachada.

— No quiero que olvides que tú también eres un niño, cariño— Chuuya se sentó junto a ellos, acariciando el cabello de Ryuu—. Ustedes son mi responsabilidad, no al revés. Lamento haberlos preocupado, no tienes qué preocuparte si yo estoy triste o enojado. Es normal no sonreír todo el tiempo, bebé.

— Es lo mismo que dijo ella.

— Pues deberías creerle, Kouyou es una persona muy sabia.

— ¿Entonces no vas a golpearme? Puedes hacerlo si eso te hace sentir mejor.

— No vuelvas a decir algo como eso, mi amor— Chuuya se las arregló para acomodarse también a Ryuu en el pecho, besando su frente y abrazándolo—. Tú y Atsushi son mis tesoros, mi responsabilidad es protegerlos y amarlos, nunca voy a lastimarlos a propósito.

— ¿Ni siquiera si Dazai te lo pide?

— ¿Estás preocupado por Dazai?— el niño asintió timidamente, apretando sus puños—. Las cosas que pasen entre los adultos no son algo que deba preocuparte a ti, son cosas muy aparte. Incluso si Dazai me lo pide no los voy a dejar a su suerte. Ustedes son mi responsabilidad porque así lo decidí, no voy a cambiar de opinión.

— ¿Me lo puedes prometer? ¿Que no nos abandonarás ni siquiera si Dazai te lo pide?

— Te lo prometo sólo si tú me prometes que tratarás mejor a tu hermano.

— Está bien, papá— Ryuu sonrió, colgándose de su cuello para besar su mejilla, mucho más aliviado—. ¿Podemos parar a comprar helado para Atsushi?

— Si quieres algo para ti no uses a tu hermano como excusa— Chuuya sonrió, incorporándose con ambos niños en sus brazos. Kouyou sonreía, tomando una fotografía de ellos tres mientras salían del hospital.

Debió suponer que una mala noticia sólo atraería otra, pero Kouyou sabía mantener un gesto ecuánime. Incluso viendo la figura alargada de Dazai tocando por sólo dios sabía qué vez el timbre de la casa, asomándose por la ventana para intentar ver. Se vio tentada seriamente a estacionarse "accidentalmente" mal justo frente él, pero no iba a hacer algo tan imprudente delante de los niños. Agradeció que ambos estuvieran profundamente dormidos entre los brazos de Chuuya, y en silencio accedió a tomarlos para guiarlos al interior de la casa para dejar a ambos adultos hablar en paz. Chuuya se quedó a un par de pasos.

— Debiste avisar antes de venir.

— Sí, lo sé. ¿Pasó algo? Vi que Atsushi tenía el brazo enyesado.

— Es una larga historia y no es de tu incumbencia. Si vienes a decirme algo hazlo rápido, debo arropar a los niños.

— Estás muy comprometido con esto ¿Verdad?— sonrió, recargándose contra la pared, dejando que Chuuya lo imitara—. Tuve muchos recuerdos al estar tocando esta puerta ¿Recuerdas cómo Kouyou te escondía los días antes de la competencia? No importaba cuanto le suplicara, no había manera en que me dejara verte.

— Pensaba que me dabas mala suerte— ahogó una risa ante el recuerdo, suspirando—. ¿Para qué viniste, Dazai?

— Llegaron los papeles oficiales de adopción ayer por la tarde. Como prometí los he firmado todos.

— Pudiste enviarlos por correo, no era necesario que vinieras hasta aquí pero gracias.

— Necesitamos hablar, Chuuya.

— ¿Y qué estamos haciendo ahora?

— Vamos, no me hagas reír, se supone que esto es serio. Lo pensé mucho y realmente no estoy listo para tener una responsabilidad como esta. Apenas puedo cuidar de mí mismo ¿Qué voy a hacer con un par de niños? Tú eres confiable, por algo Kunikida confiaba a sus bebés contigo, a mí ni siquiera me dejaba cargarlos ¿Recuerdas? Soy flojo, soy egoísta...Tengo miedo de hacerles más daño que bien, Chuuya. A ti y a los niños. No hablamos mucho al respecto pero sé que cuando te retiraste no fui el apoyo que necesitabas. Nunca me lo reprochas pero eso no significa que las cosas fueran diferentes. En ese momento no quise obligarme a ser mejor persona ni siquiera porque tú lo necesitabas, porque tú siempre lo hiciste por mí. Esta vez quiero intentarlo. No te puedo prometer una familia de ensueño, ni que sea el mejor padre pero puedo intentarlo si es algo que te haga feliz.

— No se trata sólo de lo que me haga feliz a mí. Esto debería ser algo que ambos deseamos, que ambos nos comprometamos, no algo que cedas para que yo esté contento. No espero que todo sea perfecto, sé que habrán días como hoy que me equivoque y mis errores tengan consecuencias, pero quiero ser capaz de asumirlas, no evitarlas. No te quiero atar a una paternidad que no deseas sólo para que sigamos siendo pareja, Dazai. Te amo,pero no voy a estar contigo a la fuerza.

— Yo también te amo— estiró su mano, rozando los dedos de Chuuya, rogando que no lo apartara—. Extraño mucho el ruido en casa. En realidad también los extraño a ellos, Chuuya. No lo hago sólo por complacerte. Quiero ser parte de esto pero necesito que estés consciente que te haré cargar con más de la cuenta porque no tengo idea de cómo integrarme con ellos.

— Te haces demasiados problemas en la cabeza, no es como si yo tuviera más experiencia que tú. Sólo se necesita la voluntad para aprender y si la tienes sabes que yo siempre he asumido más responsanbilidades que tú.

— Entonces...¿Te gustaría que volviéramos a casa para intentarlo? ¿Los cuatro?

— ¿Puedes volver mañana? Hoy fue un día muy pesado. Ellos necesitan descansar y yo también, además necesito hablar unas cosas con Kouyou.

— Está bien. Volveré mañana— sonrió, besando su mano, acariciando su mejilla—. ¿También deberé esperar hasta mañana por un beso?

Chuuya se rió sontra su palma, poniéndose de puntas para besarlo brevemente antes de entrar de vuelta a la casa.