Disclaimer: El universo de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling

Esta historia participa en el reto Tropos, tropos everywhere del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Tropo: El héroe ganando la pelea contra ciento y la madre de enemigos


Memorable


Mansión Potter, septiembre de 1977

― Tenemos que ir como sea, ¡no pienso perdérmelo! Vamos Potter, di que sí.

James suspira aburrido, la semana anterior han salido a pasear por el Londres muggle y han visto un afiche donde se anuncia un concierto de David Bowie el año siguiente. Desde entonces Sirius está pesado con el tema. Él no está tan interesado. Ha empezado a salir oficialmente con Lily Evans y sabe perfectamente que ir a un concierto con su mejor amigo significa terminar la noche montándoselo con alguna chica random. Hace una mueca disgustado, la idea ya no le parece tan atractiva como antes.

―Estaremos en Hogwarts ese día, Padfoot.

El ojigris frunce el ceño.

― ¿Desde cuándo eso es un impedimento?

Hogwarts, octubre de 1977

― ¡James!, va a tocar Heroes, es nuestra canción. ― Sirius acaba de escuchar la posible playlist del concierto por la radio de Mary MacDonald.

―Salió hace solo tres meses, Sirius, no es nuestra canción.

―Pero podríamos hacerla nuestra canción― sonríe zalamero.―Si vamos al concierto.

James ríe negando, adora a su amigo, pero no dará el brazo a torcer, se repite a sí mismo que ya tuvo suficiente en su vida de concierto, drogas, y mujeres. La verdad es que no quiere ir porque no quiere arriesgarse a perder lo que está naciendo entre él y Lily Evans.

―Ve con Mary ― le responde con el mismo tono bromista de Black.

Ambos ríen, la idea es absurda. Mary es hija de muggles y es fan de Bowie, pero tiene un registro de asistencia perfecta y jamás, jamás, se mete en problemas. Escapar de Hogwarts por una noche para ir a un concierto y para colmo de todo con Sirius, es algo que la chica no haría ni bajo un imperio.

Zonko, 1 de noviembre de 1977

―No te molestes en buscarme un regalo, Jamie. Sabes perfectamente qué es lo único que me hace ilusión recibir en mi cumpleaños.

―No te molestes en decir nada― responde de la misma manera, pero sonríe burlón. ― Tengo tu regalo desde el mes pasado.

Sirius suspira cansado, James sigue negándose a ir. ¿En qué momento se volvió tan aburrido? Maldice para sí mismo, no se dará por vencido.

Diagon Alley, diciembre de 1977

Los cuatro merodeadores están haciendo sus compras navideñas, acaban de entrar en Artículos de Calidad para Quidditch.

―No me compres nada, Prongs. No aceptaré nada que no sea un sí para el concierto de Bowie.

James rueda los ojos.

― ¿Por qué no vas con Remus y Peter?

Sirius echa un vistazo a sus amigos. Remus está en la sesión de libros, ojeando un ejemplar de Quidditch a través de los tiempos, Peter está emocionado mirando réplicas del uniforme de los Puddlemere United. Luego regresa su atención a Potter. Se miran, uno enarcando una ceja y el otro comprendiendo el punto: sus amigos no encajan entre los millones de fanáticos que irian a ver a Bowie.

― Sabes muy bien que de los cuatro, solo tú y yo tenemos sentido de la música.

James asiente y busca otra salida.

― ¿Por qué no vas con McKinnon?

―McKinnon no es una opción. ― responde tajante― no sé por qué estás tan obsesionado con ella. Ya tienes a Evans…

James ignora su intento de fastidio, Black siempre se pone a la defensiva cuando le menciona a la rubia. Con aquella respuesta espera que su amigo haya dado por finalizado el tema, pero está olvidando que es Sirius Black, un chico con un ego y una terquedad infinitas.

―Sabes que Bowie es nuestro hombre―vuelve a la carga― Lo arruinaría no ir contigo.

James lo mira divertido, negando con la cabeza.

Biblioteca de Hogwarts, enero de 1978

― ¿Y si te digo que vayamos con Evans?

―¡Shhhhhhh!―a la chica de Ravenclaw de la mesa siguiente no le hace mucha gracia que los merodeadores más revoltosos hayan decidido sentarse tan cerca de ella.

James por un momento lo considera, pero termina descartando la idea. Lily, Sirius y Bowie no pueden coexistir en un mismo espacio, algo definitivamente saldría mal de esa mezcla tan rara.

―Venga, sabes que nos estamos llevando mejor, ¿qué mejor oportunidad para terminar de limar las asperezas que yendo al concierto? ― insiste el ojigris. ―Si no dices nada, se lo diré yo directamente.

― ¡Silencio, Black!

El aludido mira a la chica y le sonríe descaradamente. Ella lo mira con desdén y vuelve la mirada a su libro.

―Yo lo haré. Ya deja de llorar y estudia, los EXTASIS se acercan. ―le susurra James, lo que sea con tal de callar a Sirius.

Sirius le sonríe inocentemente, si Lily acepta tiene el concierto asegurado. Lo complicado será que la pelirroja quiera ir, ruega a Merlín que ella acepte.

Gran comedor de Hogwarts, febrero de 1978

―Eh, ¡Sirius! ―Es la tercera vez que lo llaman y el chico está perdido en sus pensamientos.

― ¿Qué pasa?

Remus, James y Peter se miran extrañados, desde primer año su amigo nunca ha podido mantenerse quieto en ningún momento, y ahora casi va a cumplir una semana sin meterse en problemas. Hay algo que lo tiene absorto y ninguno de los tres tiene idea de qué está pasando por su cabeza.

―Estás raro. ―es Peter quien verbaliza el problema finalmente. ―Desde el domingo.

―No has planeado ninguna broma pesada. ―agrega Remus

―No has cruzado palabra con Peeves cuando intentó fastidiarnos. ―Peter sigue probando su punto.

―Y ni siquiera te has metido con los Slytherin, aun cuando ellos te lo han puesto en bandeja― termina James, preocupado.

Sirius los mira inexpresivo. Está atrapado, es evidente que algo le pasa, y no se lo puede negar a sus amigos. Sin embargo, no está listo para decírselo aún, ¡ni siquiera es capaz de verbalizarlo para sí mismo! Suelta la primera excusa que le pasa por la cabeza.

―Ah. Sí, bueno, recibí una carta de Walburga, y ya saben cómo están las cosas entre nosotros desde que me fui. Oficialmente y ante la sociedad mágica estoy desheredado. Eso...es lo que me tiene así.

Peter asiente creyendo comprender y no insiste más. Remus y James, por el contrario, lo miran impasibles, no se han tragado aquella excusa. Sirius ya pasó por esa fase cuando se fue de casa hace año y medio. Fue duro, estuvo irascible casi todo ese año y se ponía a la defensiva cuando alguien tocaba el tema. Le costó lo suyo superarlo, aunque nunca admitió que le afectara. Sin embargo, ahora ese problema está superado, saben que nunca se había sentido tan libre como ahora, fuera de aquella casa, con ellos llenando el vacío que dejó su familia.

Comparten una mirada que no pasa desapercibida por Sirius.

―Que no me pasa nada más, déjenlo ya. ―insiste.

―Como digas. Peter y yo tenemos un proyecto de pociones que planificar. Nos vemos en la cena. ―responde el licántropo poniéndose en pie y llevándose a Peter consigo.

―Pad…

Los dos saben que Remus los ha dejado solos para que James intentara hablar sobre el tema con Sirius. El chico normalmente agradece que sus amigos lo conozcan tan bien y sepan siempre cómo se siente en realidad, cuando él niega sus propias emociones. Pero ahora, eso se suma a su frustración, en serio no quiere hablar del tema.

―No sé qué estás pensando, pero sea lo que sea, estás equivocado. No quiero oír mas al respecto. ― lo interrumpe Sirius, con la paciencia al límite.

―Deja la agresividad, solo te iba a decir que nosotros también tenemos que hacer el estúpido proyecto de pociones.

―Joder. ¿Qué tenemos que hacer exactamente?

―Si hubieras prestado atención a la clase de hoy, lo sabrías.

Sirius va a replicar, pero en cuando levanta la mirada para responderle, ve algo―o a alguien―detrás de James que lo hace cambiar de opinión.

― ¿Qué te parece si me lo cuentas en la biblioteca y aprovechamos para empezar de una vez? ―se pone de pie como quien no quiere la cosa, dejando medio plato de crema atrás.

James mira sorprendido el plato con la cena a medio terminar. Sirius no deja las comidas a medias, mucho menos para ir a la biblioteca. Mira detrás de sí, buscando al culpable de la actitud de su amigo. Antes de salir del gran comedor lo encuentra: un destello rubio ingresando por la puerta principal. Sale detrás del pelinegro.

― ¿Ya conseguiste acompañante para el concierto? ― pregunta en cuanto lo alcanza.

― Te he dicho mil veces que―

― Iré contigo. ―lo interrumpe.

Sirius inicialmente frunce el ceño y lo mira, no puede haber cambiado de opinión de buenas a primeras. James le hace un gesto indicando que lo dice en serio, entonces Sirius decide que poco le importa la razón por la que ha cambiado de opinión. Ahora mismo está muy ocupado rodeándole el cuello y despeinándolo.

―Sabía que aún quedaba algo de cordura en esa despeinada cabeza tuya. Estuve a punto de invitar a Emmeline Vance, ¿me imaginas allá con ella? ― suelta una carcajada por lo descabellado que le suena― no hubiera sido lo mismo. Va a ser legendario.

El moreno sonríe mientras lo escucha parlotear emocionado. Exactamente la reacción que esperaba que tuviese. Se alegra de volver a ver al Sirius que todos conocen, chulo, bromista y entusiasta.

Espera que después del concierto esté más dispuesto a hablar de por qué está evitando a Marlene McKinnon.

Hogwarts, 19 de marzo de 1978

Aquel día nada puede salir mal, Sirius se siente como si hubiera tomado una poción de Felix felicis. El último mes ha apestado, pero nada de eso importa ya. Este es el día en que ningún problema le podrá arrebatar el buen humor. ¡Es el día del concierto!

Asiste a la última clase del día con una expresión de satisfacción que hace que todo el que lo note tema ser el blanco de la broma que lo tiene así. Lo que nadie imagina es que lleva un mes sin gastar una broma elaborada y que la causa de su alegría es el concierto de un muggle.

Por la noche, en la habitación de los chicos, los cuatro ultiman los últimos detalles del plan para que James y Sirius escapen al Londres muggle. Remus y Peter se repiten la coartada que dirán en caso de que McGonagall descubra que no están en el castillo esa noche, algo poco probable porque su plan es simplemente perfecto.

― ¿Entradas?

― Listas, ¿capa invisible?

― Lista, ¿motocicleta?

Sirius sonríe con esa sonrisa traviesa con la que le gusta derretir a su público femenino.

― En el bosque prohibido, lista para zarpar.

Cuando la última persona que quedaba en la sala común sube a su habitación, ellos salen en silencio de su habitación con la capa de James. Ya en el bosque, Sirius echa una mirada al castillo, nostálgico, comprende que será una de las últimas veces que escapa de Hogwarts.

1:00 am

La noche ha sido fantástica, se han divertido como hacia mucho tiempo no lo hacían. Bowie ha estado espectacular como siempre y Sirius se ha visto rodeado por groupies, como siempre. Luego han pasado a un bar, planeando tomar un par de copas y regresar a Hogwarts antes del amanecer. Sin embargo, una muchacha castaña acaba de arruinar esos planes al sentarse junto al mayor de los Black. James hace una mueca fastidiado, él quería regresar temprano.

Sirius lo mira de esa manera en que suele hacerlo cuando piensa perderse un par de horas con alguna chica en algún hotel del Londres muggle. James le devuelve una mirada de advertencia, recordándole que tienen que regresar a Hogwarts pronto. Sirius decide ignorar ese último mensaje dándole la espalda para platicar con aquella chica.

Al cabo de un rato, la chica le da una mirada sugerente y se dirige hacia los baños del bar. Sirius lo mira victorioso por encima del hombro y se va siguiéndola. Estará de vuelta en un par de minutos, satisfecho y listo para regresar a Hogwarts.

En cuanto pierde de vista el cabello ondulado de su mejor amigo, James observa cómo un hombre unos 10 años mayor que él, con los brazos llenos de tatuajes y una chaqueta de jean, se dirige con furia hacia el mismo lugar por donde desaparecieron Black y la castaña.

Tiene el terrible presentimiento de que su amigo se ha metido en graves problemas.

Apura lo que queda de cerveza en su vaso, paga y sale corriendo detrás del hombre. Frunce el ceño cuando ve que el hombre no atraviesa la puerta que dirige al baño, sino que abre una tercera puerta, la puerta lateral del bar, que da a un callejón oscuro. En cuanto los alcanza, ve a Sirius con la chica y un tipo con pinta de matón obstruyéndoles el paso.

El hombre empieza a reclamar e insultar a la chica. No le ha hecho nada de gracia verla escabullirse con Sirius. Al cabo de un rato, la discusión se vuelve más acalorada, James quiere irse, pero el mismo tipo que impedía el paso a su amigo lo hace ahora con él.

Mira a Sirius enfadado, no se suponía que se meterían en problemas esa noche. Su amigo lo mira con algo de culpabilidad e intenta acercarse a él, cuando su expresión cambia a una asqueada. La pareja que antes discutía, ahora se besa apasionadamente.

― ¿Qué es esto? ¿Una película muggle de las que les gusta ver a Evans y McDonald? ― comenta agrio, con la misma expresión de haber lamido limón.

El hombre voltea a mirarlo con furia, recordando el porqué de su enfado con la castaña. Se dirige hacia él, dispuesto a darle su merecido, pero la chica lo detiene.

―Solo es un chico, déjalo. ―lo toma del brazo volviendo a captar su atención.

Sirius ahora está indignado, va a replicar, pero James camina por detrás de la pareja, lo toma por el brazo y lo lleva a rastras hacia la calle enfrente del bar.

―Ahora iremos por la motocicleta y nos largamos, Black.

Sirius suspira resignado, aún está furioso por haber sido minimizado de aquella manera.

Salen del callejón en busca de la motocicleta sin notar que un hombre vestido por completo de negro los mira desde una calle oscura. Sonríe con malicia mientras con una varita negra apunta su antebrazo izquierdo.

Están a punto de llegar a la motocicleta cuando James tira de la chaqueta de su amigo y se esconden en la sombra de un muro, Sirius lo mira interrogante. Él le indica con la cabeza a alguien al otro lado de la calle.

― ¿Pero ese no es Moody? ¿Qué hace aquí?

El sonido de más personas apareciéndose los distrae, más aurores, todos dirigiéndose hacia una casa que parece abandonada en el fondo de la calle.

Toman la terrible decisión de quedarse a averiguar por qué los aurores tienen una reunión en el Londres muggle.

2:30 am

Los dos amigos van a toda velocidad en la motocicleta. James de vez en cuando voltea a lanzar un hechizo a ciegas, aunque aparentemente ya nadie los sigue.

Una vez que entraron en la casa aquella, alguien había atacado a Frank Longbottom, otro auror reconocido, igual que Moody. Después de eso, la casa se había llenado de rayos yendo y viniendo de un lado para otro, destruyendo lo poco que quedaba en pie. Supieron que era hora de irse, no se suponían que estuvieran ahí y si alguien los encontraba podrían ser asesinados, o peor, expulsados. Su intento de pasar inadvertidos se vio frustrado cuando al llegar a la puerta una de las figuras encapuchadas les obstruyó la salida, los dos atacaron a la vez y salieron despavoridos a montarse sobre la motocicleta.

― Maldita sea, Sirius, solo elévanos en el aire y salgamos de aquí.

― ¡No! Nadie puede saber que vuela.

― ¿¡Prefieres morir antes que perder la estúpida motocicleta!?

― No nos alcanzarán, vamos más rápido.

En cuanto termina de decir eso, un hechizo impacta sobre la rueda trasera, causando que desacelere de golpe y ambos chicos salgan disparados hacia delante.

Sirius se levanta primero, bendita suerte la suya, ha caído sobre el césped. Busca a James y lo ayuda a incorporarse. Regresa por su motocicleta y la arrastra hasta doblar la esquina.

―Tenemos que irnos ya. No sé cómo nos han descubierto si estábamos bajo la capa. ―masculla Potter.

Black no responde, tiene toda la atención fija en la motocicleta, el hechizo no la ha destruido, pero ha provocado que impacte con fuerza contra una pared, ahora el motor no funciona. Intenta encenderla sin éxito.

―Vamos preciosa, nunca me has fallado ―James lo escucha hablar con afecto ― Siempre has estado ahí, perfecta e incondicional, no me puedes dejar ahora.

― ¡Sirius! No tenemos tiempo para esto, solo…arréglala con magia y ya. ― mira detrás de ellos por la calle desierta ― Volverán a encontrarnos.

El ojigris maldice.

―Tendré que dejarla aquí ―le dice mientras la arrastra a un espacio entre dos casas intentando ocultarla. ―con tu capa

―No voy a dejar la capa.―responde Potter sin creer que su amigo se haya atrevido a proponerle dejar la capa― Podemos volver más tarde por la motocicleta

Black no responde. Lanza un hechizo al vehículo para que no se dañe más y con el dolor de su corazón la encoge hasta caber en la palma de su mano, la guarda con cuidado.

―Tendremos que aparecernos.

De pronto aparece una figura encapuchada frente a ellos. Luego aparece otra y otra más, hasta que pierden la cuenta.

Están arrinconados.

James permanece quieto pero alerta al mínimo movimiento, Sirius mira con asco al grupo de estúpidos puristas que los rodean. Cree reconocer al marido de su prima Bellatrix, Rodolphus Lestrange, pero no puede estar seguro, todos tienen el rostro cubierto.

―El hijo de Fleamont Potter y la oveja blanca de los Black― no reconocen la voz burlona de aquella mujer―Imaginen la conmoción del mundo mágico cuando encuentren sus cuerpos sin vida. Víctimas de un asalto por muggles.

―Nadie se va a creer ese cuento― responde James, insolente.

―Aún tienes la oportunidad de elegir correctamente, Black―luego se fija en James― los dos pueden.

Los chicos los miran desafiantes.

―Tu novia es una asquerosa sangre sucia, ¿cierto? Tal vez eres una causa perdida― habla otro hombre― Terminemos con él antes de que manche el linaje de los Potter.

―Una familia tan pura, sería una verdadera pena―añade una mujer que Black podría jurar es su propia prima.

Sirius mira cómo se acercan amenazantes al de gafas, tiene que hacer algo y tiene que hacerlo ya. Entonces recuerda un hechizo que aprendieron en Halloween para gastar bromas asustando a quien pudieran. Conjura el hechizo no verbal necromanus, causando que varios pares de manos fantasmales salgan de la tierra y tiren de los pies de los mortífagos hacia el subsuelo.

Aprovechando la sorpresa salen corriendo en direcciones opuestas, los hechizos van y vienen sin parar. Están dispuestos a acabar con ellos.

De pronto James pierde de vista a su amigo, se preocupa, empieza a temer lo peor cuando un perro negro ladra al otro lado de la calle, los mortífagos lo ignoran, pero él mira al perro caminar hacia el inicio de un bosque. Comprende el plan de Sirius.

3.30 am

Aterriza de golpe en el bosque prohibido. James busca a su amigo a su derecha, pero no aparece. Empieza a buscarlo y lo encuentra tendido a unos metros de él en el suelo.

― ¿Estás bien?

Sirius se incorpora y preocupado busca algo en sus bolsilllos. Aliviado, saca la motocicleta en miniatura y la devuelve a su tamaño original. James bufa indignado, a su amigo le importa más la moto que sus propias vidas.

Emprende el camino de regreso al castillo mientras Black esconde la moto con cuidado tras unos arbustos.

Antes de dejarla, Sirius nota una cadena de plata atascada en uno de los pedales. La toma confundido, no había notado que James llevase algo así. La guarda en el bolsillo de su pantalón y regresa tras él al castillo.

Remus es el primero en despertar con el jaleo. En cuanto mira el corte que tiene James en el torso hace una mueca.

―Tenemos que llamar a Lily.

― ¡No! Llama a cualquiera, menos a ella.

― James, sabes que es buena con los hechizos de sanación―responde cansado― es ella o ir a la enfermería.

James no dice nada y Remus escribe una nota y la encanta para que aparezca en la cama de Lily Potter. Unos minutos después, la pelirroja está en la habitación de los chicos.

―Te dije que no debían ir, sabía que algo pasaría…―lo reprende mientras cura sus heridas.

―Tú misma viste cómo estaba Sirius, no podía dejarlo

James intenta reprimir una mueca de dolor en cuanto su herida empieza a cerrar. Sirius los mira en silencio desde la puerta mientras recuerda la cadena de plata. La saca de su bolsillo y la examina. Comienza a sentir una profunda sensación de mareo y malestar general.

―Ya dejen de discutir―interrumpe a la pareja―después de todo, no nos pasó nad―no termina la frase y se desploma contra el suelo.

―¡Sirius!

5 am

El chico abre los ojos y reconoce el techo de la enfermería. No recuerda nada y la mano derecha le duele como si se la hubieran fracturado. Nota una figura sentada a su lado mirando hacia la ventana, parpadea para acomodarse a la poca luz que ingresa y la reconoce.

― ¿Me extrañaste, McKinnon?― una sonrisa traviesa adorna su rostro.

La aludida da un respingo y voltea a mirarlo con preocupación. Rueda los ojos al ver su expresión, ni estando al borde de la muerte iba a dejar de ser tan presumido.

―Iré a llamar a Madame Pom…―Sirius la toma de la muñeca antes de que escape, llevan semanas evitándose.

Ella mira el agarre y después a él, seria, expectante.

―Hay espacio de sobra aquí―habla bajo mientras tira de ella para que se recueste a su lado. La chica al inicio se resiste, pero luego se deja convencer y se acomoda con cuidado a su lado. Sirius la rodea con el brazo izquierdo. ― ¿Me puedes explicar qué diablos ha pasado?

La rubia se relaja con el calor del cuerpo de él y como si no hubiesen dejado de hablarse por semanas, le habla con naturalidad. Le explica que la cadena era un objeto maldito, que McGonagall y Dumbledore ya se la llevaron y que nadie ha sabido explicar cómo ha aparecido algo así en la habitación de los chicos.

―Pero no te preocupes, tu escape al concierto de Bowie sigue siendo un secreto.

Sirius exhala y luego sonríe malicioso.

― ¿A que creíste que me iba a morir?¿Estabas preocupada?― se rió alegremente― La inconquistable Marlene McKinnon viene a la enfermería en la madrugada a verme. La chica de hielo se preocupa por alguien que no es ella misma. Creí que solo éramos… ¿Cómo dijiste? Un polvo y ya. ― se burla mientras ella lo mira enfadada.

― La magia negra no es algo con lo que se puede jugar.―responde ella seca.

― Puedes estar tranquila, no ha sido nada grave.

Ella hace el amago de levantarse fastidiada, pero él la rodea con más fuerza.

― Eres insoportable, ¿sabes?

― No opinabas lo mismo hace dos semanas en el baño de prefectos.

― Eres un idiota, Sirius Black. ―responde reprimiendo una sonrisa. Acaricia su mejilla y lo besa como ha extrañado hacerlo durante dos semanas. ―Debería irme antes que alguien se aparezca por aquí y nos vea así.

Sirius asiente y ella se va. Se queda sonriendo como idiota mientras mira el techo.

Definitivamente ha sido un día memorable.