Disclaimer: El universo de Harry Potter le pertenece a Rowling.


Este fic participa en el Reto #47: "Larga vida a tu OTP" del foro Hogwarts a través de los años.


CULPABLE

4. Indulgencia

Remus entra a la habitación en San Mungo y ve a Sirius adormilado en el incómodo sillón frente a la única camilla ocupada. Mira a su amigo con una ceja enarcada.

―No quiero oírte―advierte Black tras advertir su presencia.

Remus reprime una sonrisa burlona, hace dos días tenía a su amigo diciendo enfadado que no quería verla y que no iría con ellos a visitarla al hospital, y ahora lo encuentra un sábado a las 7 am en el mueble más incómodo sobre el que debe haber descansado en su vida.

―¡Eh, basta!

―¡Pero si no estoy diciendo nada! ―replica Remus― Joder, como te pones…

―No me gusta la mirada esa que estás poniendo. Sé lo que piensas y estoy cansado de todos ustedes mirándome como si siguiera siendo un crío que no se da cuenta de nada.

―Es que eres terco, y a todos nos frustra ver cómo te empeñas en complicarte la vida. La guerra avanza, la vida se hace dura, las cosas no están para agregarle más drama a―

―Pues tampoco te veo predicando con el ejemplo ―Sirius comienza a alterarse― ¿o crees que nadie ha notado que, de repente, estás ignorando a Meadowes?

Remus va a replicar cuando la chica se revuelve bajo las sábanas. Marlene lleva una semana internada y recibe pociones sedantes casi todos los días. Los dos se vuelven hacia ella.

―Parece que va a despertar.

Sirius se pone de pie y se estira.

―Es hora de que yo me vaya.

Lunático lo mira confundido.

―No hemos vuelto a hablar desde…ya sabes, el incidente con Prewett. Y ella no querrá que la vea así. ―finaliza con una sonrisa y palmea el hombro del castaño―. No le digas que estuve aquí.

Lupin lo mira marcharse en silencio.


Días después, regresa a casa escoltada por Sturgiss y Dorcas. Dumbledore ha ordenado que a Marlene y Emmeline no se les asigne ninguna misión al menos durante un mes. Se supone que es para recuperarse, pero Marlene odia quedarse en casa sin hacer nada. Estar libre significa pensar en la última vez que vio a Sirius, preguntarse si volverán a verse e intentar cambiar de tema y recordar el trágico final de Benjy.

Benjy. Fue el primero que vino a su mente cuando despertó en San Mungo. Lo último que recordaba era haberse cruzado con él y un enorme grupo de mortífagos. Intentó ayudarlo, pero ellos se dividieron, un grupo se quedó con Marlene y el otro siguió al moreno. Cuando preguntó por él aquella mañana solo recibió un silencio sepulcral y un intercambio de miradas incómodas.

Ella comprendió el silencio y sin decir nada, se tragó el nudo en la garganta.

El día siguiente a su regreso a casa, Dumbledore convoca una reunión de la Orden y a pesar de haber recibido la orden de quedarse en casa, ella asiste. Pronto se da cuenta que no logrará despejarse: el ambiente es sombrío y Benjy Fenwick brilla por su ausencia. Ni siquiera Sirius Black y James Potter están de humor para subir el ánimo con alguno de sus comentarios o bromas.

―Te lo juro. Llegué en la mañana y él estaba ahí, durmiendo. ¿Te lo puedes creer? ―Remus y Peter se ríen de Sirius.

Marlene logra oír ese pedazo de la conversación y reconoce esa odiosa sensación en la que todo se le revuelve por dentro, conocida como "mariposas en el estómago". Tenía la ligera sospecha de que Black había ido a verla, pero no lo creía posible.

Con emoción renovada, Marlene decide hablar con él, aclararlo todo e intentar arreglar la situación. Sin embargo, al final de la reunión y como si supiera que ella lo buscaría, Sirius Black es el primero en irse sin siquiera dedicarle una mirada.

Regresa a casa con el corazón en un puño. Sirius siempre ha sido contradictorio cuando se trata de ella. Que se haya preocupado cuando estaba en el hospital había sido dulce; que ahora vuelva a ignorarla y finja que no le importa, es cruel.

Marlene suspira. De todos modos, Sirius Black siempre vuelve a ella.


Asiste al funeral de Benjy acompañada de Mary, una ceremonia con el féretro cerrado, pues está vacío por dentro.

Benjy Fenwick era mucho mayor que ellas. Marlene lo conocía porque el moreno había estudiado en Hogwarts con su hermano mayor, Matthew, e incluso habían ingresado juntos a la academia de aurores, donde se volvieron grandes amigos. Era habitual encontrarlo en casa de los McKinnon hasta que Matthew y su novia, una hija de muggles, fueron asesinados por mortífagos.

Tras aquello, Marlene no volvió a saber de él. Más tarde sus caminos se volverían a cruzar en la Orden del Fénix. Su relación no llegó a ser tan cercana, para entonces la guerra ya había estallado y solo tenían tiempo y cabeza para las misiones. Sin embargo, el afecto fraternal estaba presente, algo puro y auténtico: para Marlene, Benjy era como el hermano que había perdido y él veía en ella al mejor amigo que le arrebataron.

Se trataban con tanta naturalidad que había quienes pensaban que podría ser algo más; incluso los merodeadores, que los conocían bien, habían caído en eso. Benjy en algún momento había insinuado celos por parte de Black. Después, todos entendieron y llegaron a ver su relación como lo que era, una amistad genuina.

Marlene no puede negar que la pérdida le duele e incluso se permite soltar un par de lágrimas, aunque ella nunca llora en público. Logra hallar consuelo en la idea de que ahora Fenwick estará con su hermano, volviendo a reír y disfrutar de la compañía del otro como lo hicieron en vida.

Mary, con tristeza le ofrece una taza humeante con té, cortesía de la señora Fenwick. Marlene acepta, tiene las manos y la nariz heladas, el otoño terminará pronto y cada día hace más frío. Remus se acerca para hablar con Mary, entonces McKinnon nota la ausencia de Sirius y Peter. El castaño la ve buscar con la mirada entre los asistentes.

―Sirius y Peter están en una misión, volverán en tres días.

Marlene le sonríe tristemente.

―De todos modos, Black sigue ignorándome.


Cuando Marlene se siente más recuperada, comienza a frecuentar una cafetería del Londres muggle.

El aire frío revuelve su melena rubia, ella se encoge dentro de la gabardina café. Una copa medio llena la acompaña sobre la mesa. La mira y se reconoce masoquista. La copa contiene vino, el vino se hace de uvas.

Uvas...

Son la fruta favorita de Sirius.

Suspira y con expresión triste regresa la mirada al libro entre sus manos.

El sol ha comenzado a ocultarse y las luces del local se han encendido sin que ella se percate. Al menos ha conseguido olvidar por un momento el vacío que la ahoga. La temperatura ha bajado aún más y ya no es agradable estar al aire libre. Guarda sus cosas.

Está por pagar la cuenta cuando, doblando la calle aparece el origen de sus problemas.

―No puedes irte si acabo de llegar, McKinnon.

Marlene le dirige una mirada fría. Sirius Black con su típica sonrisa derrite-corazones y su característica manera de volver a cruzarse en su camino como si nunca hubiesen dejado de verse.

―Haber llegado un par de horas antes ―responde dispuesta a irse.

El chico, haciendo caso omiso de sus palabras, toma el libro que sobresale entre las cosas que ella lleva en brazos y se sienta a ojearlo.

Ella lo mira fijamente, empezando a perder la paciencia. Un par de años atrás le hubiese aliviado que regrese siendo amable y le hable con total normalidad; ahora está cansada de eso, de tener lo que tienen a medias. Siempre con un pie fuera, por si algo sale mal. Quiere terminar con eso. Se acabó esa extraña relación sin ataduras, se acabó el hacer caso omiso a los problemas que tienen y el ignorar sus sentimientos.

Marlene ha tomado una decisión: es todo o nada. Ya no negará lo que siente por él, ya no negará que no quiere esa libertad que él le ha dado, quiere ser suya y que él sea de ella.

Quiere que Sirius admita que lo que pasó con Gideon importa porque desde hace algún tiempo ellos dejaron de seguir las estúpidas reglas que él puso cuando aún iban a Hogwarts. Llevan más de un año sin ver a otras personas, más de un año en el que están juntos cuando ninguno sale de misión, más de un año en el que desayunan juntos y bailan los fines de semana en el salón de ella al sonido de algún vinilo de él.

El mesero llega con la boleta. Marlene la recibe sin dejar de mirar a Sirius.

―Devuélveme eso ya, debo irme. ―intenta quitárselo, pero él es más rápido y lo pone fuera se su alcance.

La chica bufa irritada. Él responde, terco como es.

―Me quedo aquí. ―abre el libro en una página al azar y finge leer atentamente.

―¿Y pretendes que me siente contigo y hagamos como si no me hubieras ignorado desde que salí del hospital?¿Que hagamos como si nada hubiera pasado, como siempre? No va a pasar más.

―Entonces hablemos. ―Sirius cierra el libro y la mira fijamente.

McKinnon en un arranque de rabia está a punto de irse sin el libro, pero ella no es así. No es presa de su propia furia, como él. Aún reticente, toma asiento a la derecha del chico. Durante un momento ambos se miran directamente a los ojos. Ella con el ceño fruncido, él renovado.

Marlene nota el cambio en el chico, su expresión más abierta y relajada. Por primera vez él la mira y ella siente que realmente está ahí con ella y siente miedo, porque Sirius Black nunca la ha mirado así, como si le estuviese dando permiso para leer lo que está escrito en el enigma que son sus ojos grises.

―Has sido tú el que ha sugerido que hablemos, te escucho. ―habla seria.

―Deberíamos hablar más, ¿no crees? ―Sirius divaga, sin dejar de perderse en el azul de la mirada femenina.

―No juegues, Sirius. No estoy de humor.

Ante el silencio del chico, Marlene hace el amago de ponerse de pie.

―No tener reglas nos ha traído más problemas de los que pensé.

Ahora le interesa escucharlo.

―Sí tenemos reglas, tú mismo―

―Lo sé. Esas pseudo-normas que puse para en realidad no tener nada concreto.

Con todo lo acontecido en el último mes, Sirius Black ha tenido una revelación. En la última misión tuvo contacto con una bruja de Europa del Este, quien no solo le pasó información valiosa del otro bando, también mencionó que su hermano estaba desaparecido. No se lo dijo a Peter. Él mismo no ha terminado de digerir la idea.

Perder a su hermano ha hecho que se replantee todo lo que creía saber sobre la vida y por primera vez se ha encontrado meditando durante días. Incluso se ha permitido pensar en Marlene. Todo en su vida ha cobrado un nuevo sentido.

―Nunca te ha gustado el compromiso.

Sirius sonríe de lado. Ninguna mujer ha llegado a conocerlo tanto y aun así aceptarlo como es, como ella.

―¿Tienes alguna sugerencia para mejorar nuestra situación?

―Deberíamos cambiar las reglas.

―Coincido ―responde sin problema mientras se inclina hacia ella.

Marlene, con algo de desconfianza, continúa.

―Asumir que esta relación existe.

―De acuerdo. ―ahora roza la punta de su nariz en la mejilla de ella.

Marlene intenta no perder la concentración.

―Dejar de ocultarnos.

Sirius inhala el aroma de su cabello.

―Está bien.

―Y admitir lo que sentimos.

Sirius ríe bajito contra la piel de su pómulo.

―Sí me importas ―susurra a centímetros de sus labios―. Y si aún no asesino a Prewett es porque soy consciente de que, en parte, yo mismo le di luz verde.

Marlene se aleja de él.

―¿Pasó algo en tu última misión? ―ahora está preocupada.

Sirius niega con una sonrisa. McKinnon no le cree, pero permite que se vuelva a acercar.

―No tienes idea de cómo me he sentido respecto a lo que pasó con Gideon.

La sonrisa de Sirius vacila, aún le fastidia recordar el tema. Sabe que ella le dijo al pelirrojo que había sido un error y se disculpó con él. Se ganó el odio de Molly, pero tampoco es como si antes le hubiese caído bien a la pelirroja.

Él hace un ademán, quitándole importancia.

―Las reglas estaban ahí. Tú solo las seguiste.

―No me gustan esas estúpidas reglas. Antes, en Hogwarts estaban bien, pero ahora...

Ahora ya no están en el colegio, ahora ya no son adolescentes, ahora viven una guerra, sus amigos mueren y mañana podría ser uno de ellos.

―Las cosas han cambiado, lo sé.

Marlene estira la mano y toma la de él, se aferra con fuerza. Él entrelaza sus dedos, correspondiendo el gesto.

―También me importas, Sirius.

Es todo lo que necesita oír para sellar sus labios.

FIN


NA: Yo es que soy malísima para los títulos.

Le tengo mucho cariño a esta pareja, sobre todo por lo agridulce que resulta cuando piensas en cómo van a terminar en 1981.

Espero que les haya gustado tanto como a mi escribirlo.

¡Gracias por leer!