Disclaimer: Los personajes y el potterverso pertenecen a J.K. Rowling. Este fic participa en el Reto #47: "Larga vida a tu OTP" del foro Hogwarts a través de los años. Como condición me tocó uno de los dos quiere casarse y el otro no.

La proposición perfecta

La Heladería Florean Fortescue no estaba demasiado llena, pero Ron no pudo evitar sonreír cunado sintió que varias cabezas se giraban para mirarlos a él y Hermione. No podía evitarlo. Le encantaban esos pequeños gestos de atención.

Hermione eligió mesa y la camarera hizo que unas tazas con un café humeante y unas pastas se aparecieran delante de ellos. Ron y Hermione desayunaban todos los días allí y siempre pedían lo mismo.

Hermione levantó la varita, atrajo hacia sí un ejemplar de El Profeta que estaba sobre la barra y se puso a leerlo con interés. Ron por su parte se quedó con un suplemento de cotilleos, que por supuesto él nunca leía y no le interesaba nada en absoluto, pero siempre estaba en su lado de la mesa.

─Mira, aquí hay una foto de la boda de Harry y Ginny ¿Me pregunto cómo las habrán conseguido?

Hermione interrumpió su lectura y miró a la foto que Ron le señalaba con el dedo.

─Vete tú a saber. Esos de El Profeta son unos carroñeros.

─La verdad es que fue un día genial.

─Sí. ─Hermione sonrió.

─Mi madre ya está preparando el traje para la próxima boda. Espera que sea pronto.

Hermione bajó el periódico y observó a su novio.

─Ronald Weasley, no eres nada sutil.

Ron la miró con asombro como si no supiera de qué le estaba hablando.

─Ya hemos hablado de esto muchas veces, Ron. No quiero casarme. No todavía.

─No entiendo por qué no. Podríamos comprarnos una casa e irnos a vivir juntos. Ginny y Harry se han comprado una preciosa.

Hermione soltó una pequeña risa. Ron suplicando como si fuera un niño pequeño era algo bastante gracioso de ver. Aun así, trató de ponerse seria.

─Puedes venir a mi casa cuando quieras. Ya sabes que mi casa es la tuya.

─Solo que no lo es. Yo sigo viviendo en La Madriguera como un idiota.

─Pero si duermes en mí casa seis días a la semana.

─Tú lo has dicho tu casa, no nuestra casa.

Hermione suspiró. Habían hablado muchas veces de ese tema. Hermione tenía una casa de alquiler y Ron prácticamente vivía en ella, pero para él esto no era suficiente. Él quería casarse y que compraran una casa entre los dos.

─ ¿Es por qué tú tienes un buen trabajo en el Ministerio, incluso puede que llegues a ser ministra de magia y yo trabajo en una tienda de artículos de broma?

─Ron esto ya lo hemos hablado mil veces. No tiene nada que ver con eso.

─Pero si tiene que ver con eso puedo volver a la academia de aurores. Solo tienes que decirlo.

─ ¿Y qué haría George sin ti? ─preguntó Hermione

─Estar feliz. Siempre se está quejando de que soy un incompetente.

─Sabes que eso no es verdad ─Hermione puso los ojos en blanco. Su novio era un melodramático─ Tengo que irme a trabajar, sino llegaré tarde ─agregó tras mirar su reloj de pulsera.

Se levantó, le dio un beso en los labios a Ron y salió a paso rápido del local. Por su parte, el Weasley se quedó cabizbajo terminando de leer el suplemento de cotilleos. Él también iba a llegar tarde, pero le daba igual, que le jodieran a su hermano y a sus estrictas normas.

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Hermione tuvo muy poco trabajo ese día. Estaba redactando un proyecto de ley para cambiar las normas mágicas que regulaban la relación de magos y elfos domésticos, pero a nadie parecía importarle; así que pensó que no pasaría nada por postergarlo un día e ir a ver a Ron, que parecía haberse quedado algo triste tras su conversación matutina.

Se apareció en el callejón Diagon frente a la puerta de Sortilegios Weasley. George estaba en el mostrador, de Ron no había ni rastro.

─¿Se puede saber que le has hecho a mi hermanito? ─la abordó George con una sonrisa ─ha estado todo el día de bajón. Si hasta me preguntó que me parecería que volviera a la academia de aurores.

─Pues sí que le ha dado fuerte ─se desesperó Hermione.

─Ya lo está arreglando porque le he tenido que decir que me da igual que se vaya, pero no estoy yo a estas alturas para enseñarle a alguien todo otra vez. Con lo que me costó que lo entendiera ─y añadió en voz más baja ─Además, entre tú y yo, no tiene malas ideas.

─Hablaré con él ¿Dónde está ahora?

─Lo he tenido que mandar a almacén. Con esa cara de gusarrajo me estaba espantando a toda la clientela.

Hermione caminó hasta el final de la tienda y desapareció por la puerta que llevaba al almacén. Allí estaba Ron rezongando y desempaquetando alguna que otra caja.

─¡Hermione! ─se emocionó al verla.

Le plantó un beso en la boca y luego preguntó:

─ ¿Qué haces aquí tan pronto?

─ He venido a verte. Creo que tenemos que hablar.

Ron se puso pálido. Se sentó sobre una caja y miró a Hermione con los ojos vidriosos. Hermione no pudo evitar pensar que parecía un cachorrito a los que sus dueños habían decidido dejar solo en casa.

─Quiero hablarte sobre todo ese asunto de la boda con el que te has obsesionado.

Mientras hablaba Hermione había arrastrado una caja y se había sentado al lado de Ron.

─Que no me quiera casar no tiene nada que ver contigo ¿sabes? Es por mis padres ─esta vez era Hermione la que tenía los ojos vidriosos ─cuando era pequeña soñé muchas veces con mi boda perfecta y, claramente, ellos siempre aparecían en esas fantasías infantiles. Saber que mis padres están aquí, en Londres, pero que no los puedo invitar a mi boda porque no se acuerdan de mí es demasiado… ─se quedó un momento en silencio buscando la palabra apropiada, pero no pareció encontrarla porque solo agregó ─duro. Por eso prefiero no tener que enfrentarme a eso. Es más fácil así.

Hermione había empezado a llorar. Ron la abrazo y la apretó contra sí, sintiéndose como un estúpido por no haberse dado cuenta de todo eso antes.

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Otro día que Hermione terminaba pronto su trabajo en el Ministerio de Magia y otro día más que todo el mundo ignoraba su proyecto de ley sobre los elfos domésticos. Hasta el sombrero de que nadie le hiciera caso Hermione decidió ir a desahogarse con Ron.

Al llegar a la tienda Ron no estaba en el mostrador. En su lugar estaba George, que la miraba con cara de pocos amigos.

─¿Puedo saber que hechizo le has lanzado al troll de mi hermano?

Hermione miró a George sin entender nada.

─Sea lo que sea que haya hecho ahora yo no he tenido nada que ver.

─Oh no, Hermione. Esta vez eres la única sospechosa.

En ese instante Ron salió del almacén leyendo un libro, sin percatarse de que su novia estaba en la tienda.

─Lleva así dos días ─murmuró George ─se ha comprado más de diez libros y no para de leer y anotar cosas en un pergamino. Un loco adicto a la lectura no pega mucho en una tienda de bromas. Así que arréglalo.

Hermione bufó y se puso delante de Ron para que la viera. A ella no le molestaba que a Ron le interesara la lectura, pero tenía que admitir que había algo raro en su comportamiento.

─Cariño. ¿Qué haces?

Ron bajó el libro completamente sorprendido de escuchar la voz de su novia a la que todavía hacía en el Ministerio de Magia. Hermione aprovechó ese momento para robarle su lectura, quería saber que era lo que le tenía tan absorto. Al leer el título Hermione sintió que se le encogía un poco el corazón. El libro se llamaba: Hechizos desmemorizantes, todo lo que debes saber.

Enseguida comprendió lo que estaba haciendo Ron. Quería ayudarla a recuperar a sus padres. Aun así, se vio obligada a destruir sus esperanzas.

─Ron, cariño. Yo misma ya investigué en todos los libros de la biblioteca y hablé con los mendimagos de San Mungo expertos en hechizos desmemorizantes. Se puede hacer. Puedo hacer que mis padres recuperen la memoria, pero es muy peligroso. Correría muchos riesgos y yo ya he tomado una decisión… A pesar de lo doloroso que es, me prometí que no iba a arriesgar sus vidas. Ellos son felices, aunque no me recuerden.

Ron quería gritar que eso era injusto. Que él encontraría la manera de hacer que sus padres recordaran, que se casarían y tendrían hijos que conocerían a sus cuatro abuelos, pero él sabía mejor que nadie que eso era imposible. Si Hermione no lo había logrado, que era la mejor bruja que había conocido nunca, él que solo era un inútil que no había conseguido superar su primer año en la academia de aurores no lo lograría ni aunque viviera tres vidas.

─Lo siento ─fue todo lo que acertó a decir.

─No tienes que sentir nada ─respondió Hermione. Se acercó más a él y le dio un beso en la frente.

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Ron recibió una lechuza justo cuando abandonaba Sortilegios Weasley y se preparaba para aparecerse en La Madriguera. Era una carta de Hermione. Lo citaba en su casa para cenar y hablar de algo importante. Ron sintió que un escalofrío le recorría la espalda, ¿y si Hermione quería dejarle?

Cuando llegó a la casa de Hermione se relajó un poco. Olía muy bien y Hermione parecía estar de un humor estupendo. Los dos cenaron y hablaron de sus respectivos trabajos. Incluso Ron se animó a imitar a el 'estúpid'o jefe de Hermione y se apresuró a darle a razón en todo lo relacionado con su proyecto de ley sobre elfos domésticos.

─Ron, te he invitado a cenar porque quería pedirte una cosa─ interrumpió Hermione su monólogo sobre la buena temporada que estaban haciendo los Chudley Cannons.

─Tú dirás ─respondió Ron fingiendo más seguridad de la que en realidad sentía.

─Quiero que te cases conmigo ─Ron se presionó las orejas porque no podía estar oyendo bien ─Ronald Bilius Weasley, ¿te quieres casar conmigo?

Ron estaba tan sorprendido que no acertaba a decir nada. Abrió y cerró la boca tres veces, como si fuera un pez.

─¿No vas a decir nada? ─preguntó Hermione con la voz chillona por los nervios ─Pensé que querías que nos casáramos. No me hagas quedar ahora como una tonta…

─Claro que sí. ¡Sí quiero!

Ron se abalanzó sobre ella y le dio un beso en la boca. Fue un beso duradero, que los dejó a los dos sin respiración, jadeando.

─Eso ha sido brutal, señora Weasley ─valoró Ron.

─Para el carro, Ronald. No pienso ser la señora Weasley. No quiero renunciar a mi apellido.

─¿Y entonces, como va a saber la gente que eres mi mujer?

─La gente no necesita saberlo. ¿Y ahora qué te parece si vamos a celebrarlo a mi dormitorio? ─Hermione le guiñó un ojo y le cogió del brazo para guiarlo a su cuarto.

─¿Y si usas un guion? ¿Señora Weasley-Granger? ─insistió Ron, pero dejó de hablar cuando Hermione lo empujó sobre la cama y comenzó a quitarle el pantalón.