DGM no me pertenece.

Amor prohibido

Road Kamelot se encontraba cursando su último semestre de la universidad de Tokyo, la más distinguida de la región nipona, solía ser una persona un poco solitaria, pero también destacaba en todas sus clases. Todos la admiraban y a la vez temían. Tal vez era por la expresión hostil en sus ojos, tal vez por el aura que la rodeaba, que no dejaba que nadie se acercase, tal vez era por su familia, pero tal vez incluso solo sea porque todos eran una bola de inútiles que no sabían nada de nada.

Ella lo único que buscaba era algo nuevo en la vida, soñar y llevarla al límite. Es por eso que cuando vio entrar al aula a su nuevo profesor de inglés, sintió que ese chico era lo único que ella buscaba. ¿Por qué? Su mirada la atrapó desde el instante en que sus ojos se cruzaron. El maestro incluso se había sonrojado.

—Buenos días, jóvenes—saludó el guapo maestro de grises cabellos—, yo seré su nuevo maestro de inglés desde hoy.

—Vaya—pensó Road—, hasta su voz es sexy.

Road miró a su alrededor, por las expresiones en los ojos del resto de sus compañeras, era obvio que no era a la única a la que le había llamado la atención.

—Esto será divertido.

Al finalizar la clase, procuró quedarse de último, hasta que todos sus compañeros salieron del salón, se puso de pie y se acercó a su profesor.

—Me sorprende que tengamos a un maestro tan joven—exclamó.

El hombre la miró con cautela.

—¿Tiene algo de malo que sea joven? — le preguntó, haciendo que Road se sintiera en la gloria, simplemente escuchando su voz.

—Ningún problema, al contrario, me parece algo refrescante. Igualmente es una de las razones por las que sabes enseñar bien y no eres amargado.

—Pero aún puedo ser malo si así lo requiere.

Road no supo cómo interpretar la mirada que le dedicó, era como si todo ese tiempo estuviera utilizando una máscara, y ahora le estuviera mostrando su verdadero ser. Y eso solo logró que lo deseara más. Se mordió el labio para intentar evitar hacer una locura tan pronto.

—Supongo que eso es algo que los maestros necesitan hacer de vez en cuando. Pero, nosotros estamos en último semestre, así que creo que no habrá necesidad.

—Eso espero.

—Bien, tengo que irme, nos vemos Allen.

—Hasta luego, Road.

La chica desapareció por la puerta y Allen se dejó caer en su silla, frustrado y enojado consigo mismo.

—¿Qué demonios hago? ¡Es mi alumna! ¡Y apenas es el primer día! Pero, ella tiene algo que me atrae y siento que ya estoy atrapado en su red. Road Kamelot es interesante.

El siguiente mes, Allen continuó comportándose como el respetuoso profesor que era, pero Road no se la ponía fácil, siempre se quedaba de último y platicaba con él, ya la conocía perfectamente, pero tenía que controlarse, aunque sus manos quemaran con ansias de tocar su suave piel y sus labios morían por besarla.

Pero, si ese mes fue difícil, el siguiente fue peor.

—Allen…

—Soy tu profesor, Road.

—Pero te llamas Allen.

—Pero tú debes decirme maestro.

—Lo hago en clases, y ahora no estamos en clases, además, tanto tú como yo sabemos que nos necesitamos con ansias, ¿o me equivoco?

Esa mirada pícara que le mostraba lo ponía en un aprieto. La deseaba tanto y ella a él, pero ¡era su alumna!

—Soy tu maestro.

—Solo por cuatro meses más.

—¿Y? Cuatro meses son cuatro meses.

—¿Acaso importa?

—Sí y mucho.

—Cambiaré mi pregunta. ¿Acaso crees que a mí me importa?

Allen alzó una ceja, sin saber muy bien cómo reaccionar ante su actitud.

—Tal parece que no.

—Exacto, solo —la chica fue acercándose peligrosamente a él, dejándolo entre el escritorio y ella—déjate llevar, maestro—le terminó susurrando al oído con una voz que hizo que Allen se estremeciera de pies a cabeza, lo que provocó que perdiera la razón. Le dio la vuelta, invirtiendo los papeles y haciéndola sentarse en el escritorio, con un gruñido ansioso, tomó su boca. Saboreó por completo esa dulce cavidad que le embriagaba. Le acariciaba la espalda con apremio y urgencia. Ella lo acercaba más, jalándolo del cabello y enredando sus piernas en su cintura. Lo necesitaba con urgencia. Allen abandonó su espalda y se dirigió a sus muslos, alzando de paso su pequeña falda de infarto que traía. Estuvo a punto de bajarle sus bragas, cuando una señal de raciocinio lo invadió. La alejó de golpe, teniendo como respuesta un quejido y una cara de sorpresa.

—Esto está mal, vete a casa Road—Ella obedeció después de soltar un suspiro de desaprobación, pero antes de que saliera por la puerta del salón, lo miró decidida.

—No sé si tú igual te hayas dado cuenta, pero me parece que no podemos huir de esto.

Allen lanzó todas sus cosas del escritorio, cuando ella se fue, totalmente enojado por su falta de autocontrol.

—¡Demonios! ¡¿Y ahora qué hago?!

A partir de ese día, todo fue más difícil y más intenso. Aunque él no quisiera, todos los días Road se quedaba de último en el aula y terminaban besándose con pasión desenfrenada. No podía evitarlo, era totalmente adicto a ella.

—Road, no sigas—le rogó, una tarde teniéndola sobre una silla.

—Tú tampoco estás parando.

—Es peligroso para ambos, ni siquiera es una relación sana.

—Podría serlo.

—Podría, pero no ahora.

—Ay, por favor, me deseas tanto como yo a ti.

—Pero hacer esto en la escuela está mal.

—¿Y si no fuera en la escuela?

Allen dudó. ¿Si no era en la escuela estaría bien? Sabía bien que no podría alejarse de ella, pero si ocultaban todo por lo menos tres meses, ¿entonces estaría bien? Debía estar loco si pensaba que la respuesta era sí, pero…

—Si hacemos esto fuera de la escuela, ¿te comportarás?

—No volveré a quedarme de último a besarte dentro de la escuela, si eso es lo que quieres.

—¿Me lo prometes?

—Siempre y cuando podamos hacerlo en otro lugar, sí.

Allen tomó la libreta de Road que aún no había guardado y escribió en ella.

—Ve a este lugar a las 6.

Road miró lo escrito.

—¿Qué lugar es ése?

—Ya lo sabrás, tómalo o déjalo.

—De acuerdo, lo tomo.

Road le dio un beso rápido antes de irse.

—¿En qué lío me he metido? —se preguntaba Allen angustiado y a la vez con una sonrisa de irónica satisfacción.

A las 6 en punto, Road se encontraba justo en la dirección que Allen le había proporcionado.

—Con que su casa, ¿eh? Supongo que vive solo.

Tocó el timbre y la puerta se abrió casi enseguida. Allen observó a sus alrededores, verificando que nadie los estuviera viendo.

—Entra— Road obedeció y Allen cerró la puerta tras de ella. En ese momento, se percató de la ropa que llevaba puesta. Una blusa blanca de tirantes y una pequeña falda morada.

—¿Por qué tienes tan poca ropa? —le preguntó sin reparo.

—Para verme sexy—le dijo con picardía.

—No necesitas usar tan poca ropa para verte sexy.

Allen había hablado sin pensar y se había arrepentido enseguida.

—Oh, así que te parezco sexy—le dijo sonriente.

—¿Acaso puedo negarlo?

—De hecho, no.

—Road, te lo pregunto una vez más—agregó luego de respirar profundamente ante lo que venía—, ¿estás segura de esto?

—Si no lo estuviera no hubiera venido.

—Si alguien se entera, te pueden expulsar.

—Y a ti te pueden despedir.

—Me interesa más que no te expulsen, solo faltan tres meses, no quiero arruinar toda tu vida universitaria.

—Allen, esto es lo que yo realmente necesito.

Allen suspiró por milésima vez. No había vuelta atrás. Y, de hecho, ni siquiera deseaba que la hubiese. Sin decirle nada, la empujó contra la pared y la besó con fervor, poniendo sus manos sobre su cabeza, impidiendo que hiciera algo. Road soltó un quejido cuando su boca fue abandonada.

—¿Y ahora qué? —se quejó.

—¿Eres virgen? —preguntó Allen como si nada.

—Sí, ¿y?

—¿Sí? ¿En serio? —la cara de sorpresa que puso el chico, enojó a Road.

—Sí idiota, nunca me había interesado alguien como me interesas tú, ¿entiendes?

—Entonces, ¿seré el primero?

—Sí, así que más vale que lo hagas bien.

Allen no pudo evitar reír.

—¿Qué es tan gracioso?

—No te aseguro nada, igual es mi primera vez, por eso mismo te pregunté si eras virgen, porque no quería decepcionarte.

—¿Pues qué edad tienes?

—Solo 4 años más que tú, cariño.

—Oh vaya, tienes un lado travieso, igual me sorprende que seas virgen.

—Aún no has visto nada—sonrió con gallardía.

El inicio de su relación se basó principalmente en solo sexo, pero conforme avanzaban las semanas eso dejó de ser lo principal. Continuaban haciéndolo, pero pasaban la mayor parte de la tarde hablando y conociéndose. Llegaron a darse cuenta que eran parecidos y a la vez diferentes. Se completaban mutuamente. Utilicemos el tan conocido media naranja.

Road había cumplido con su promesa y se había mantenido alejada de él en la escuela. No se quedaba de último y lo hablaba solo si era muy necesario. Era una tortura, claro, pero tenían que hacerlo si querían mantener su relación en secreto y no meterse en problemas.

Allen le había dado las llaves de su casa para que ella entrara primero y no tuviera que esperarlo. Así que, esa tarde como de costumbre, entró a su casa y sacó su libro para estudiar mientras lo esperaba, de hecho, Allen la estaba ayudando a estudiar para su examen de egreso, aunque en realidad no lo necesitaba. Lo malo fue que no se dio cuenta de que la habían visto.

—¿Vieron eso? —dijo un chico llamado Lavi y compañero de Road—¿no era Road Kamelot?

—Debe de ser su casa—agregó Lenalee.

—No, ella vive cerca de mi casa.

—¿Y entonces?

Se quedaron allí parados observando, hasta que vieron a alguien más llegar y entrar en la misma casa.

—Pero, ¿ése no es? —preguntó Lavi sorprendido.

—¡Es el maestro Allen!

—¿Qué demonios sucede?

—¿Cuál es la relación de esos dos?

—Yo iré a averiguar—dijo Lavi convencido y cruzó la calle para tocar la puerta.

—¡Espera Lavi! —corrió Lenalee detrás de él, seguida por Kanda.

—Estúpido conejo—gritó.

Allen encontró a Road ya con libreta en mano y leyendo un texto.

—¿No que no querías estudiar?

—Si paso con buenas notas el examen tendremos una cita, es obvio que quiero esa cita, así que ayúdame a estudiar.

—Lo haces solo por conveniencia.

—Obviamente—le sonrió con descaro.

Allen disfrutaba cada vez más de aquella relación, se disponía a acercarse a ella y besarla cuando tocaron a la puerta.

—¿No que no conoces a nadie en la ciudad?

—En verdad no conozco a nadie, debe ser algún vecino o un vendedor, voy a ver, pero no salgas.

—Lo sé.

Allen abrió la puerta y miró con sorpresa a los visitantes, tres de sus alumnos. Estaba en problemas.

—¿Y ustedes qué hacen aquí? —preguntó nervioso.

—Hola, maestro—saludó Lenalee—lo vimos entrar y quisimos saludarlo.

—¿Ah, sí? ¿Estos son sus rumbos? —necesitaba saberlo para evitar meterse en problemas.

—Vinimos a un partido en el deportivo que está en la otra calle. ¿Vive solo? —preguntó Lavi sin discreción.

—Sí, soy soltero.

—Oh, interesante, ¿puedo pasar?

—Lavi, eres un impertinente, vámonos ya—regañó Lenalee—, lo siento maestro, ya nos vamos, solo queríamos saludarlo.

Solo hasta que Allen los vio doblar por la esquina, logró respirar un poco más tranquilo y entró corriendo para decirle a Road.

—¿Te siguieron? —preguntó Allen con el miedo creciendo en su ser.

—No, no había nadie cerca y si no me equivoco ellos ya no estaban en el salón cuando yo salí.

—¿Y entonces? Lavi sonaba muy sospechoso.

—¿Crees que lo hayan notado?

—Tal vez.

Su duda, tuvo respuesta al día siguiente, cuando Road se encontraba en la azotea de la escuela durante el descanso.

—Road—llamó Lavi.

Road lo miró a él, a su amiga de cabello verde y a su amigo malhumorado.

—¿Desean algo? —preguntó ansiosa y con precaución. Eso no le daba buena espina.

Lenalee fue la que habló.

—Te vimos.

—¿Perdón?

—Te vimos entrar en la casa del maestro Allen.

Road se quedó en silencio y lo meditó unos segundos. ¿Qué debía hacer? ¿Negarlo? ¿Funcionaría? Soltó un largo suspiro antes de hablar.

—¿Qué harán? ¿Nos delatarán? —respondió con seguridad.

Los tres chicos se miraron sorprendidos, no esperaban que lo aceptara tan fácilmente. Sin evitarlo, rieron un poco.

—Así que, lo aceptas—dijo Lavi.

—Sí, Allen y yo nos estamos frecuentando, pero lo evitamos en la escuela.

—Podría traerte problemas—comentó Lenalee.

—También lo sabemos, por eso tardó tanto tiempo en decidirse.

—¿Él no quería? —preguntó el pelirrojo sorprendido.

—¿Cómo decirlo? Era algo que no podíamos controlar, pero era a mí a la que menos le importaban las consecuencias, por eso llegamos al acuerdo de vernos fuera de la escuela nada más.

—Así que, Road Kamelot es atrevida, no me lo esperaba.

—Lavi, hay veces en las que el amor es difícil de controlar y no podemos elegir quién será esa persona que nos amará en cuerpo y alma—explicó Lenalee sonriendo—¿no es así, Road?

—En realidad no pensé que alguien me entendiera.

Road en verdad estaba sorprendida. Pensaba que esos chicos la delatarían o criticarían, pero parecía que era todo lo contrario.

—Parece que sabes de lo que hablo, Lenalee ¿te ha pasado algo similar?

—No, pero somos chicas, así que te comprendo.

Las chicas se sonrieron, de manera cómplice.

—Pero, ¿qué tenemos aquí? —dijo Lavi divertido, abrazando a Road con un brazo y a Lenalee con el otro—¿es este el inicio de una nueva amistad?

Cuando Allen entró a la clase de Road en su última clase del día, no podía creer lo que veía. Road Kamelot estaba rodeada de Lenalee, Lavi y Kanda. En cuanto tuvo oportunidad, se acercó disimuladamente a ellos.

—Esto sí es inusual, ¿ustedes desde cuándo se llevan?

—Desde hace unas horas—respondió el chico pelirrojo como si nada.

—¿Unas horas? ¿A dos meses de la graduación?

—Todo fue repentino—agregó Lenalee—y no es como si Road nos hubiera caído mal en algún momento.

—Ya veo, que curioso.

Al regresar a su escritorio, buscó la mirada de Road para averiguar si eso era algo bueno o malo y ella solo le sonrió en respuesta, eso significaba que todo estaba bien. Era increíble cómo podían comunicarse sin palabras.

Ya en la tarde, cuando Allen llegó a su casa, lo primero que hizo fue preguntarle a Road sobre lo ocurrido.

—¿Qué fue todo eso?

—Tranquilo—lo recibió Road con un beso—fue solo lo que viste.

—Tú, Road, ¿hiciste amigos a dos meses de graduarte? — Allen no se lo creía. ¿Por qué una chica universitaria que había pasado cuatro años sola, de repente tiene tres amigos, antes de graduarse? — Pensé que tal vez, te habían chantajeado por habernos descubierto, pero ya que no es así, puedo estar tranquilo.

—Pero sí nos descubrieron.

Allen se quedó helado al escuchar eso.

—¿Qué?

—Me vieron entrar aquí y luego a ti, iba a negarlo todo, pero no pude, así que acepté todo.

—¡¿Qué?! ¡Entonces, sí te están chantajeando!

—Te digo que no, escúchame.

Allen ya se había alterado y Road tuvo que sostenerle la cara con sus manos para que la escuchara.

—Ellos me entendieron y me apoyan, especialmente Lenalee. Incluso son nuestros cómplices ahora—Road rio por ello.

—¿Cómplices? —preguntó Allen aún incrédulo.

—Así es, irónico, ¿no lo crees?

—Mucho. ¿Y cómo es que Lenalee te comprendió?

—Dice que por ser chica me entiende, el amor es difícil de comprender, nadie elige a quien amar, ni en qué momento va a llegar.

Allen la miró sorprendido.

—¿Amor? Nunca habías dicho que lo nuestro fuera amor.

Road se quedó sin palabras, era cierto, nunca habían dicho que lo que había entre ellos fuera amor. Al principio todo parecía solo deseo y pasión, pero conforme se fueron conociendo, ese extraño sentimiento llamado amor surgió, pero, aunque llevaba un par de semanas pensando en ello, no lo había dicho explícitamente.

Road se sonrojó.

—¿Qué? ¿Acaso no te habías dado cuenta? —regañó aún avergonzada.

—La verdad sí, pero no quise hacerme ilusiones.

—Tonto.

La chica golpeó a su novio en el hombro para desquitarse. Allen se acercó a ella, robándole un pequeño beso.

—Te amo—Road dijo al fin—, idiota.

—Yo también te amo, Road—rio Allen totalmente complacido con el marchar de las cosas.

A partir de ese día, todo fue aún mejor. Su relación se hizo más estrecha, aunque por supuesto seguía siendo secreta. Con esa paz y tranquilidad pasaron los dos últimos meses. Pero, no todo fue miel sobre hojuelas como hubieran deseado.

—Road—llamó el profesor Bak el último día de clases—, necesito hablar contigo, ven a mi oficina.

Road lo siguió por los pasillos, pero no tenía ni la menor idea de qué ocurría.

—¿Qué sucede? —preguntó ya en la oficina. La cara seria de su maestro no le gustaba para nada.

—Tal vez no te has dado cuenta, pero ya todo el personal del colegio sabe que mantienes una relación con el maestro Allen.

Road lo miró con sorpresa y se quedó callada por unos momentos.

—¿Qué? —intentó disimular—¿Qué yo tengo algo con el maestro Allen?

—No intentes ocultarlo, de hecho, el maestro Allen está ahora con el Director por la misma razón por la que tú estás aquí.

—¡¿Qué?! ¡Él no tiene la culpa de nada! ¡La única culpable de todo esto fui yo! ¡Prácticamente lo obligué! ¡Él se negaba, pero yo insistí!

—Así que, ya lo aceptaste.

Road se quedó callada, sin querer había dicho todo. Pero el bienestar de Allen era primordial.

—Si a alguien debe castigar, que sea a mí, no a Allen, por favor.

—¿Lo amas tanto como para dejar a un lado tu graduación y salvarlo a él?

—Por supuesto, no me hubiera metido en esto si no fuera así.

El profesor Bak suspiró derrotado.

Momentos después, Allen y Road se encontraban en la oficina del Director, frente a éste y al Profesor Bak.

—¿Nadie lo sabe? —preguntó el Director Komui muy seriamente.

—No—mintieron ambos.

—¿Están seguros?

—Sí.

Por supuesto que no estaban seguros, pero tal vez la mentira funcionaría, después de todo, Lenalee era la hermana del Director, pero confiaban plenamente en ella.

—Maestro Allen, ¿promete que esto no volverá a ocurrir?

—¿Acaso cree que voy a engañar a Road con otra alumna?

El Director lo miró desafiante por esa respuesta tan grosera. Road lo golpeó en las costillas con su codo, aunque tuvo que reprimir una sonrisa ante esa actitud. Su Allen era tan dulce.

—Disculpe—se corrigió Allen—, quise decir, que tenga por seguro que no sucederá otra vez.

—Eso espero maestro, no quiero arruinar la graduación que será en unas horas, así que por esta vez lo dejaré pasar, será la única vez.

—Se lo agradezco.

Al salir de la oficina del Director, decidieron irse por caminos separados para no meterse en más problemas.

La graduación fue casi perfecta, lo hubiera sido por completo si no hubieran tenido que evitarse toda la tarde y noche. Además, esa noche, el padre realizó una fiesta familiar para celebrar, así que no pudieron hablar. Pero, obviamente eso no se iba a quedar así.

Al día siguiente, Road fue a casa de Allen.

—Pensé que estabas molesta conmigo—fue lo primero que le dijo el joven al verla en su puerta.

—¿Molesta? ¿Por qué habría de estarlo? ¿Acaso no le dejaste bien en claro al Director que no me ibas a cambiar por otra?

Allen desvió la mirada avergonzado, había olvidado ese detalle.

—Solo pensé que estabas enojada porque nos descubrieron.

—No fue tu culpa y te recuerdo que fui yo quién te metió en este lío.

—No es como si me hubieras obligado.

Allen le preparó un poco de té a Road. No entendía por qué, pero el ambiente entre ellos era diferente al usual. ¿Era porque ya no eran más maestro/alumna? Esa barrera de discreción y secretos se había roto. ¿Qué pasará ahora?

—Allen…

El chico estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se percató de la cercanía de Road, hasta que se sentó en sus piernas.

—¿Te das cuenta de que nuestra relación puede cambiar? Ya no te tengo por qué ocultar y eso me agrada.

Una enorme y pícara sonrisa se dibujó en el rostro de Allen Walker.

—Allí está esa sonrisa que tanto amo.

—¿Y sabes qué viene acompañada de ella?

Road rio. Sabía muy bien la respuesta. Esa sonrisa traía algo que solo ella conocía.

—No lo sé, ¿qué podría ser? —le contestó juguetonamente.

—Con gusto, te lo recordaré, Road.

Su amor florecería más, el lado tabú de su relación ya no existía, así que ahora era el momento de disfrutar todas las sensaciones y sentimientos que el otro le ofreciera sin costo alguno.

Amor prohibido o no, ¡qué importaba! Lo importante es que sea real.