DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: todos los personajes le pertenecen a Rumiko Takakashi.

ADVERTENCIAS: Este fanfic contiene lemon.

NOTA PRINCIPAL: Esta historia ya la había publicado en otra cuenta, pero perdí el acceso y ya no pude entrar para publicar el resto de los capítulos, por eso creé esta cuenta para publicar la historia completa. No solo eso, sino que estoy editando la historia y corrigiendo algunas cositas para que sea más entretenida.


El adolescente de la pañoleta se encontraba en una tienda de pociones mágicas. Buscaba algún tipo de magia que le ayudara a curarse de la horrible maldición que sufría cada vez que se mojaba con agua fría.

—Disculpe, anciano.

—¿Si muchacho? ¿Cómo te puedo ayudar...? —preguntó el dueño de la tienda, mostrando gran interés por el joven del pañuelo. Él era un hombre anciano, calvo, de barba alargada.

Ryōga comenzó a ponerse nervioso, eso sucedía cada vez que tenía que hablar de su maldición con personas ajenas a él—. Necesito saber si existe alguna cura para las maldiciones de Jusenkyo —dijo sin más preámbulo.

El anciano se frotó la barba alargada, mientras hacía memoria y trataba de recordar, hasta que tuvo éxito—. Sé de lo que estás hablando...

—¿Conoce ese sitio maldito? —cuestionó Ryōga expectante.

—Desde luego que conozco ese sitio, no obstante, lamento decirte, que no existe una cura para las maldiciones de Jusenkyo, la cual sea segura.

Ryōga sonrió decepcionado—. Siento el quitarle el tiempo —se dio la vuelta para salir de la tienda, demasiado decaído. «¡Esto es tu culpa Ranma! ¡Por ti es que vivo un infierno!», se dijo en su mente con enojo, estaba seguro que si volvía a verlo, lo haría pagar por el daño que le había causado a su vida...

—¡Espere joven! —gritó el anciano.

Ryōga se detuvo abruptamente y se dio la vuelta para encarar al anciano que le llamó—. ¿Qué?

—Existe una cura para las maldiciones de Jusenkyo, sin embargo, es muy peligrosa si no se usa correctamente —mencionó el anciano.

Ryōga sonrió ingenuamente, escuchando solo lo que le convenía: (Existe una cura para las maldiciones de Jusenkyo), e ignoró el peligro que implicaba curarse de su maldición, si la cura no se usaba correctamente—. ¿Qué tengo que hacer para deshacerme de mi maldición? —consultó con entusiasmo.

El anciano sacó un pequeño frasco transparente, que contenía un líquido de color rosa translúcido, a través del envase. En la etiqueta decía: Pócima Wúyòng.

—Esta pócima acompañada del acto más hermoso del mundo derrochará un poder capaz de curar cualquier maldición, y para tu suerte, puedes llevártela por cien yenes —dijo el anciano, inmediatamente Ryōga le pagó la pócima, haciéndolo feliz—. Pero, te advierto, todo lo bueno tiene algo malo, por eso mismo, tienes que usarla correctamente. Primero bebe el liquido, cuando lo hayas hecho, tendrás seis horas para hacer el amor con una mujer, de esa manera te curarás por completo.

Ryōga se sonrojó, cercas de sufrir una hemorragia nasal, ante las instrucciones—. ¿Y si no logro hacer eso? ¿Qué pasará? —preguntó con suspicacia.

—Ese es el problema, si no lo logras... quedarás atrapado en tu forma maldita para siempre... —contestó concisamente.

Ryōga sintió brevemente un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, frente al pensamiento de quedarse como cerdo de por vida, pero lo ignoró—. ¡Lo haré! —gritó decididamente, estaba seguro de lograrlo. «Nunca más me transformaré en cerdo», se dijo alegremente. Dejándose llevar por sus instintos despistados; Le arrebató el frasco al anciano, lo abrió y bebió...

Llevándose las manos a la cabeza, el anciano gritó—: ¡¿Qué has hecho, estúpido?! No debiste beberlo ahora, debiste esperar para asegurarte de cumplir las instrucciones. Tenías que beberlo minutos antes de comenzar el acto de amor. Ahora sólo te quedan seis horas, de lo contrario permanecerás en tu forma maldita PARA SIEMPRE.

La cara de Ryōga se tornó totalmente pálida, debido a lo que dijo el anciano—. SOY UN IDIOTA... —expresó con arrepentimiento.

El anciano trató de calmarse viendo el lado positivo—. Veo que eres un hombre bastante atractivo y fuerte, por lo que sería imposible que no tuvieras novia. Así que no tienes nada que preocuparte, ve ahora con tu novia y sigue las instrucciones que te di.

—Se equivoca... No tengo novia... —contestó Ryōga, al mismo tiempo que sus extremidades temblaban de miedo.

—Te deseo suerte, la necesitarás... —el anciano le deseó lo mejor.

Ryōga salió de la tienda desalentado. «Es verdad, no tengo novia y simplemente no puedo ir por la calle preguntándole a las mujeres si quieren hacer el amor conmigo, terminaría en la cárcel o incluso peor...», pensó.

—Estoy acabado... —dijo abatido.

Perdido como siempre, caminó durante mucho tiempo, hasta que llegó por casualidad a la preparatoria Furinkan.

—Oye, P-Chan, ¿qué estás haciendo? —se burló Ranma, saliendo de Furinkan.

—¡RANMA, PREPÁRATE PARA MORIR! ¡POR TU CULPA VIVO UN INFIERNO! —rugió Ryōga, lanzándose violentamente hacia él.

Ranma estaba sorprendido por el comportamiento inusual de Ryōga, había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo había visto tan enojado—. ¿Qué pasa P-Chan? —preguntó, esquivando sus golpes. Trató de calmarlo, sin embargo, el apodo de "P-Chan" no ayudó mucho.

—¡Cállate, maldito bastardo! ¡Gracias a ti me quedaré en mi forma maldita para siempre! —reprochó Ryōga.

Ranma palideció ante la declaración de Ryōga—. ¿Eso es verdad? ¿Te quedarás en tu forma maldita para siempre...? —preguntó preocupado. Nadie merecía que le pasara eso. Y él perfectamente entendía lo que era estar atrapado de tal forma.

Ryōga detuvo su ataque—. Es verdad, y todo es tu culpa, si no me hubieras empujado al estanque del Cerdo Ahogado, no hubiera bebido esa estúpida pócima para curarme —escupió.

—¿¡De qué pócima hablas!?

Ryōga se dejó caer al suelo sobre su trasero—. De la pócima para curarme de mi maldición de Jusenkyo, tengo que hacer el amor con una mujer en un plazo de seis horas, de lo contrario me quedaré como P-Chan para siempre... —explicó con un largo suspiro de resignación.

La mandíbula de Ranma cayó ante lo que dijo Ryōga—. ¿Por qué bebiste la pócima...? Eres un idiota, ni siquiera tienes novia y dudo mucho que puedas convencer a una mujer de hacer el amor contigo en un plazo de seis horas...

—No pensé con claridad, solo quería curarme, y sí, tienes razón, estoy acabado, posiblemente estas sean mis últimas horas como humano.

—¡No te precipites, idiota! Antes tienes que intentarlo, esfuérzate, trata de convencer a cada una de las mujeres de Nerima, y si no tienes suerte, las ancianas arrugadas como Colonia son seguras!

Ryōga rápidamente comenzó a negar con la cabeza, sacando de sí cualquier pensamiento perturbador que las palabras de Ranma pudieran crear—. Mejor le declararé mi amor a Akane —respondió, encendiendo su espíritu de guerrero y levantándose del suelo.

Ranma frunció el ceño. —¡Eso no tiene sentido, idiota, aunque lo hagas, ella no aceptaría hacer el amor contigo!

—¡Cállate, tú no sabes eso! —espetó Ryōga.

—¡Lo sé porque no te dejaré acercarte a Akane, cerdo pervertido!

—¡Ranma, deja de molestar a Ryōga! —interrumpió Akane, lanzando una mirada asesina a Ranma.

Ryōga se acercó a Akane, tenía que ser fuerte y declararle su amor, una vez correspondido, ella aceptaría ayudarle—. Akane-san, tú... me gustas... —confesó con valentía.

Ranma corrió y le propinó un poderoso golpe en la cara, derribándolo al suelo—. Es mejor que te vayas, Ryōga —dijo con el ceño levemente fruncido. Él deseaba ayudarlo a resolver su problema, sin embargo, no permitiría que él intentara hacer cosas indecorosas con Akane.

Akane se sonrojó debido a la confesión de Ryōga, pero su cara se deformó cuando Ranma lo golpeó. Sacó su mazo—. ¡Ranma! ¡Eres un aprovechado! —le gritó.

—Espera... Akane, es que él quiere... —Ranma no terminó de hablar cuando Akane lo sorprendió con un feroz golpe, que lo dejó viendo estrellitas a su alrededor.

Akane se acercó a Ryōga y le tendió una mano para ayudarlo a levantarse. Ryōga aceptó su ayuda—. Gracias.

—Oye, Ryōga, ¿es verdad lo que dijiste? —preguntó Akane.

—S-sí, desde el primer día que te vi me gustas —respondió Ryōga, quien no tenía idea porque no se ponía extremadamente nervioso como en otras ocasiones, tal vez era debido a que por el momento lo más importante era no quedar atrapado como P-Chan.

—Ryōga, eres un chico muy dulce, pero yo... yo solo te veo como un amigo —aclaró Akane bruscamente.

Ryōga inclinó la cabeza hacia abajo—. Entiendo...

Una sonrisa amigable se formó en el rostro de la chica de pelo azul—. Estoy segura que encontrarás una chica que te quiera y serás feliz.

—Akane-san, tal vez... P-Chan se quedará contigo para siempre —comentó Ryōga, al borde de las lágrimas.

—¿Por qué lo dices Ryōga? ¿Sabes dónde está? —cuestionó Akane.

Ryōga comenzó a sudar frío— Por nada. Olvida lo que dije, ¿de acuerdo?

—Está bien, Ryōga, si ves a P-Chan no dudes en decírmelo —Akane le sonrió—. Supongo que me voy ahora —agregó y se fue caminando ociosamente.

Ryōga solo la vio alejarse, suspiró cuando una lágrima se deslizó por su mejilla. Miró hacia el cielo y notó que comenzaba a lloviznar levemente. Se cubrió con el paraguas para evitar la transformación, lo último que quería era ser un cerdo en este momento—. ¡Esto es tu culpa Ranma! ¡Prometo que te mataré antes de perder mi humanidad! —gritó y fijó su mirada al suelo, donde se encontraba inconsciente Ranma, en su forma de chica, la llovizna había sido suficiente para activar su maldición.

Ryōga se acercó peligrosamente a Ranma, con la intención de acabarlo, apretó el puño con fuerza, pero a cada paso que daba su furia disminuía, al ver el cuerpo femenino de Ranma, aunque tenía suficiente odio para matarlo ahora, nunca lo mataría en su forma de chica (Su honor como artista marcial no lo permitiría). Así que la agarró y la cargó como un saco de papas, todo el camino hasta su campamento, donde la arrojó como una muñeca inflable dentro de su tienda. Puso a calentar agua en una tetera encima de su calentador—. Espera un segundo, Ranma, tu muerte está próxima —sonrió de forma siniestra y antipática. El agua comenzó a humear, indicando que estaba lista para devolver a Ranma a su forma original. Ryōga tomó la tetera y entró en la tienda, justo donde la pelirroja yacía inconsciente boca abajo. Ryōga inclinó la tetera con la intención de mojar a Ranma, pero se detuvo de repente cuando vio el curvilíneo y sensual cuerpo de la pelirroja. Sonrió dejando al descubierto sus colmillos y arrojó la tetera fuera de la tienda. Cerró la cremallera de la tienda para tener un poco de privacidad.

—Ranma, en este momento, eres una mujer, si te hago el amor ahora mismo, posiblemente todos mis problemas desaparecerían. Además, todo esto es tu culpa... —reflexionó Ryōga, tratando de encontrar alguna excusa para llevar acabo el plan tan deshonroso que tenía en mente. Se arrodilló junto a Ranma, la miró de cerca.

—Sé un hombre, Ryōga, solo quítale los pantalones y hazle el amor... —se dijo a sí mismo. Agarró los extremos de los pantalones de Ranma y los deslizó lentamente hacia abajo, pero se detuvo y volvió a subir con cuidado—. ¡Mierda, no puedo ser tan cobarde! ¡Aunque Ranma me ha hecho tanto daño, no puedo hacerle esto! ¡No puedo! ¡Yo no soy así! —salió de la tienda de acampar, sintiendo lástima de sí mismo.

Cinco horas después... Ranma se despertó somnolienta dentro de la tienda de acampar. Se frotó los ojos y miró a su alrededor, rápidamente reconoció donde estaba. Salió de la tienda y miró a Ryōga sentado en una roca, sollozando en silencio. Seguramente, porque Akane no correspondió sus sentimientos.

—Oye, Ryōga, supongo que me trajiste, ¿verdad? —habló muy confundida.

Ryōga recordó lo que estuvo a punto de hacerle y mantuvo la mirada fija en el suelo—. Sí, yo te cargué hasta este lugar, no podía dejarte inconsciente en medio de la calle, menos en tu forma de chica, quién sabe lo que te podría pasar —mintió, sabía que era lo mejor. Además, él no había hecho nada.

Ranma se estremeció ante lo que dijo Ryōga, solo imaginarse a Kuno y Happosai, u otro pervertido atacándola sexualmente, le dio ganas de vomitar, y pensó que, Ryōga incluso siendo tan inestable, siempre estaría allí en momentos de necesidad para salvarla de los peligros—. Gracias, Ryōga. Eres un buen amigo, lamento haberte golpeado —dijo, jugando con su trenza, con nerviosismo.

Ryōga arqueó una ceja y pensó que Ranma estaba actuando como una chica nerviosa. Se levantó de la roca y se acercó a ella—. Está bien, Ranma, harías lo mismo por mí, y el golpe, descuida, no me hizo ningún daño. Lo siento, por entrometerme entre tú y Akane. Termino de comprender que nunca me amará. Lo mejor es rendirme.

Ranma miró directamente a sus orbes color avellana, un rubor lentamente recorrió sus mejillas—. Ryōga, ¿qué te pasa? ¿Por qué este repentino cambio de actitud?

—Escucha Ranma, esta es posiblemente mi última hora como humano, y creo que lo mejor es acabar con nuestra rivalidad tan fuerte y, tal vez seamos amigos... —continuó—. Cuando mi maldición sea permanente, procura no golpearme, recuerda que mi cuerpo de cerdito es frágil —dijo entre lágrimas—. Y por favor diles a mis padres que... morí... en un combate... —añadió dramáticamente.

Ranma lo miró con empatía—. ¿Tan rápido te rindes, Ryōga...? ¿Dónde está el Ryōga que me buscó por todo China durante tres años? Eres el tipo con más determinación que conozco, si te rindes no serías tú.

—¿Sabes? Si esto se tratara de pelear, no me rendiría, es simplemente diferente, y no hay forma de que pueda lograr eso... el tiempo se me terminó —respondió con una expresión rendida y lánguida.

Ranma lo abofeteó—. Todavía te queda tiempo, así que mueve tu trasero y haz lo necesario para que una mujer acepte hacer el amor contigo, no te atrevas a volver derrotado, porque si lo haces, prometo que haré estofado de cerdo contigo, ¿entendiste? —intentó animarlo a su manera.

—¡Ranma, no entiendes, idiota! ¡Es mejor que te vayas! —arremetió Ryōga.

—Tienes razón, me iré, no quiero ser el amigo de un cerdo cobarde como tú —escupió Ranma.

—¿Cobarde? ¿Es enserio...? Dime infeliz, ¿tú qué sabes sobre ser un cobarde? ¡Eres un maldito que solo piensas en ti y lastimas a toda la gente a tu alrededor!

Ranma dio un paso adelante, manteniéndose a unos centímetros del rostro de Ryōga—. Tienes razón, solo pienso en mí la mayor parte del tiempo, y si fuera tú, haría lo que "fuera" necesario para evitar ser maldecido por siempre.

—¿Qué demonios quieres que haga en menos de una hora? —le cuestionó por un segundo antes de suponer lo que quiso decir. ¿Acaso quieres que intente seducir a una anciana? ¡Si es así, prefiero ser un cerdo de por vida!

—¡No, idiota! ¡Tan solo mírame por un segundo y verás que ahora mismo soy una mujer! ¡Arrhg, eres un tonto, en este momento deberías dejar de perder el tiempo y usar tu fuerza bruta en mí para obligarme a hacer el amor contigo! —Ranma no sabía por qué planteó eso, ¿y si Ryōga se lo tomaba en serio? ¿Qué haría? Se cuestionó a sí misma.

Ryōga se encogió de hombros—. Te odio, pero no tanto, además nunca me lo perdonaría. Eres una chica cuando te mojas con agua fría, mereces el mismo respeto que cualquier otra —continuó en voz baja—. Sólo vete, Ranma. Déjame solo. Al final, nadie me echará de menos.

Ranma inclinó la cabeza lo suficiente para proyectar una sombra sobre sus ojos—. Eres un buen tipo, no mereces terminar así... ¡No te lo mereces! —sus ojos estaban cristalinos a punto de llorar por su primer amigo (hombre), que si no hacía algo pronto, lo perdería para siempre...

—Eso ya no importa, mi destino ya está escrito. Adiós Ranma... Nunca olvides al chico que se llamó Ryōga...

Ranma lo miró a los ojos, podía ver la tristeza que lo invadía, se notaba que quería seguir siendo humano—. Ryōga... yo... —tragó saliva—. No puedo permitir que tu maldición se vuelva permanente... —tragó de nuevo—, así que hagamos... el amor... —dijo finalmente. Cerró los ojos y desabotonó su camisa China, dejando al descubierto sus generosos senos.

Ryōga sufrió una hemorragia nasal y miró hacia un lado—. ¿En serio...? ¿Estás dispuesta a tanto, por mí...? —preguntó con lágrimas en los ojos y una hemorragia nasal que lo afligía, nunca nadie había mostrado interés en ayudarlo. Quizás, Ranma no era tan egoísta como creía.

Ranma asintió con la cabeza—. Solo haría esto por ti —dijo tímidamente.

—¿Por qué? —cuestionó Ryōga.

—¡Porque incluso si somos rivales, te valoro mucho! Y no sé, a veces cuando finjo ser tu prometida o te coqueteo, lo hago en parte porque... creo que eres lindo, a veces pienso que es mi maldición que me afecta... —respondió irónicamente.

Ryōga se sonrojó—. ¿Sabes? En parte te odio por la forma en que te burlas de mí, hiciste que me sintiera atraído por ti en varias ocasiones, y eso me hizo sentir como un bicho raro durante tanto tiempo.

Ranma se sonrojó—. Lo siento, nunca fue intencional hacerte sentir así. Eres el único chico con el cual no me siento incómoda, y no sólo eso, sino que me divierto burlándome de ti.

Ryōga jugó con sus dedos—. Descuida, ya no te guardo rencor, a partir de ahora que veo de lo que eres capaz por mí.

—Olvidemos eso por ahora, ¿sí? enredó su delicada mano con la de Ryōga—. Tenemos menos de una hora, mejor nos apuramos.

Ryōga asintió y cargó a Ranma estilo nupcial. Pensó que era algo que se tenía que hacer en un momento tan especial, y debido a una película romántica que vio, decidió actuar como un príncipe. Ranma trató de protestar, pero era imposible, Ryōga poseía una fuerza sobre humana. Entró a la tienda de acampar y depositó delicadamente a Ranma sobre su saco de dormir—. ¿Estás segura de seguir adelante con esto, Ranma?

—S-sí, no me echaré atrás, debemos hacerlo... No podría vivir en paz sabiendo que te quedaste atrapado como cerdo de por vida, y no hice nada al respecto —respondió Ranma, tajantemente con decisión.

Ryōga cerró la cremallera de la tienda de acampar, para él, este momento debía ser intimo. La escuchó atentamente, si se decía a sí mismo que había visto venir que la mujer que lo sacaría del embrollo en el que se metió sería Ranma, no lo creería ni en un millón de años, sin embargo a estas alturas, no podía quejarse, haría el amor con ella para no quedar atrapado como cerdo y curarse de su maldición, meditó con alivio—. ¿Ranma?

—¿Si? Ryōga...

—Creo que deberíamos desnudarnos... —propuso él con nerviosismo.

—Sí... —respondió Ranma con timidez.

Ambos empezaron a quitarse prenda por prenda, hasta quedar completamente desnudos. En sus mejillas se notaba un sonrojo bastante evidente, por primera vez notaron cuán atractivos eran, Ranma nunca imaginó lo fuerte que era Ryōga, y Ryōga nunca imaginó lo delicada que era la figura femenina de Ranma.

Estaban de rodillas y erguidos frente a frente, mirándose con vergüenza sobre el saco.

—Besemónos —propuso ahora Ranma.

Ryōga asintió y acercó sus labios a los de Ranma, uniéndose por completo. Lentamente abrieron sus bocas. Las lenguas salieron y al principio era una especie de duelo, pero rápidamente tuvieron la sensación de estar danzando a un solo ritmo.

Ninguno de los dos había hecho esto antes, por lo que estaban trabajando de forma experimental. Aprendieron rápidamente el truco de respirar por la nariz, mientras sus bocas estaban ocupadas. Al hacer esto, pudieron hacer que el beso durara bastante tiempo.

Ranma notó que algo le tocaba la parte inferior del abdomen y se retiró. Podía sentir un cosquilleo en su intimidad y sus pezones se habían endurecido por la estimulación de los besos. Cuando miró hacia abajo, pudo ver que Ryōga también había sido afectado. Se sonrojó violentamente al ver el miembro erecto de Ryōga. «Es más grande que el mío cuando soy hombre», pensó.

Ryōga observó como Ranma veía su parte baja—. ¿Algo está mal...? —no podía evitar sentirse inseguro.

Ranma negó con la cabeza—. No, está todo bien —ella se acercó a Ryōga y reanudaron sus besos con un poco más de energía. Con espacio entre ellos, Ryōga pudo alcanzar los pechos de Ranma. Comenzó por acariciarlos suavemente con la punta de los dedos. Cuando no hubo una mala reacción, los apretó.

En el momento que Ranma gimió, se detuvo—. ¿Estás bien? —preguntó preocupado.

Ranma lo miró y notó la preocupación en su rostro—. No, sigue, eso se siente muy bien —susurró, para calmarlo.

Ryōga ahora tranquilizado, cambió los movimientos de sus manos sobre sus pechos a más de un masaje que un simple apretón. Levantó el pulgar para comenzar a jugar con sus pezones erectos. Mientras esto sucedía, su otra mano comenzó a acariciar su cuerpo en busca de lugares donde reaccionara bien.

Ryōga pellizcó ligeramente los pezones de Ranma y comenzó a frotarlos entre el pulgar y el índice, luego se inclinó y llevó sus labios al pezón de su seno izquierdo mientras seguía masajeando y acariciando su seno derecho. Cerrando sus labios alrededor de la areola, succionó para jalar la punta del pezón más hacia su boca. Cuando lo tenía donde quería, comenzó a tentar la punta con la lengua. Agitó la punta y luego usó su lengua para rodearla. Nunca imaginó que se sentiría tan excitante tener ese pezón rosa en su boca. Rápidamente se perdió en la deliciosa sensación comenzando a morderlo un poco fuerte.

—¡Ay! ¡Para! Se supone que solo debes lamer, no tratar de morderlo con esos colmillos del demonio —reprochó Ranma, un poco molesta

Tirando momentáneamente de su cabeza hacia atrás, Ryōga se disculpó—: Lo siento. Nunca he hecho esto antes. Intentaré hacerlo mejor —volvió a cerrar los labios sobre el pezón y esta vez, cuando cerró los dientes, el agarre fue suave.

—¡Mmm! Eso está mejor... —dijo Ranma, con aprobación.

Al cabo de un rato, trasladó sus atenciones orales a su otro pecho. Usó su mano libre para comenzar a acariciar su montículo púbico. Cuando sintió los labios de su intimidad; comenzó a mover sus dedos a lo largo de los labios exteriores. Movió sus dedos hacia los labios internos y comenzó a mover un dedo hacia adentro. Encontró que no podía mover su dedo muy lejos.

Frustrado en ese momento, movió sus dedos hacia la parte superior de su rendija y sintió la protuberancia de su clítoris que ahora sobresalía de su capucha protectora. Mientras seguía lamiendo y chupando el pezón derecho de Ranma, comenzó a acariciar el clítoris de la chica con su dedo medio. Ese dedo estaba bien lubricado por haber estado sondeando su hendidura, por lo que Ranma estaba disfrutando.

—No te vayas a detener... —gimoteó Ranma—. Sigue tocándome allí...

Ryōga agarró confianza ante las reacciones que provocaba en Ranma. Continuó tocando su clítoris. Después de acariciarlo con un movimiento de balanceo, lo tomó entre el pulgar y el índice y comenzó a frotarlo suavemente. En consecuencia, el cuerpo de Ranma cayó hacia delante, recargando su frente en la unión de su cuello y hombro, durante el tiempo que experimentaba un orgasmo.

Después de bajar de su altura orgásmica, observó a Ryōga. «Eso fue bueno...» pensó, nunca en su vida se había sentido tan bien que la tocaran. Mikado ya la había besado antes, y la experiencia fue desagradable, las muchas veces que Kuno y Happosai la manosearon, era repugnante. Pero esta vez era diferente y no sabía por qué... ¿Acaso sentía algo por Ryōga? Se cuestionó a sí misma. No podía negar que cuando era una mujer veía lo atractivo que era él, pero eso no significaba que le gustara, ¿verdad? Siguió enredándose en el clásico dilema juvenil. La voz de Ryōga la hizo aterrizar de nuevo en la tierra, había estado divagando mentalmente.

—Ranma, ¿te sientes bien? —preguntó, al verla en silencio.

—Sí —respondió, enfocándose en Ryōga—. Vamos, continuemos, no perdamos más tiempo...

—C-claro, sigamos, Ranma —Ryōga la atrajo hacia él, acariciando sus caderas, y antes de que deslizara la mano a su intimidad, recordó, las mujeres eran flores delicadas y necesitaban el mejor trato para que no se dañaran ni el más mínimo rasguño. Por ese motivo en su mente tenía mucho sentido que antes de intentar tomar a Ranma como un hombre a una mujer, debía darle el trato merecido antes, después de todo en este momento para él, Ranma era una flor. Ryōga ante la mirada incierta de Ranma la empujó suavemente hacia atrás—. Ranma, ¿está bien si uso mi boca allí abajo?

—Ryōga, no tienes que hacerlo... —comentó Ranma, con vergüenza.

—Lo sé, pero quiero hacerte sentir bien, es lo menos que te mereces —Ryōga le sonrió.

—Está bien, puedes hacerlo —Ranma tenía que admitir que sentía la necesidad de experimentar la sensación de ser lamida allí, los dedos de Ryōga se habían sentido maravillosos, que solo imaginar su lengua húmeda; Le hacía mojarse aún más.

Ryōga se movió hasta que su rostro estuvo entre la zona baja de su vientre y sus labios a escasos centímetros de su intimidad, nunca en su vida había visto tan de cercas esa parte de la anatomía femenina, pero sin duda, le daría toda la atención necesaria. Él cerró los ojos y comenzó...

—¡Hmmm! —Ranma gimió, cuando sintió la lengua de Ryōga.

Ryōga rodeó sus labios externos con la lengua y luego la empujó hacia adentro. Al poco tiempo su lengua se movía hacia adentro y hacia fuera, a un ritmo regular.

Ranma no paraba de gemir, no entendiendo como es que la sensación de ser lamida allí fuese tan delirante. Ni siquiera el recuerdo fresco de los dedos de Ryōga podían compararse con la magnífica sensación de su lengua probándola.

Ryōga sacó la lengua de su agujero y comenzó a lamer y chupar su clítoris.

Eso fue suficiente para que las caderas de Ranma se sacudieran, flaqueando ante el placer de un poderoso orgasmo, arqueando su espalda como un puente.

—Guau —dijo Ranma, cuando terminó su orgasmo, miró a Ryōga, quien se alejaba de su entrepierna, ante eso, su cuerpo reaccionó por sí solo, separando completamente las piernas, entregándose—. Ryōga, no pierdas más tiempo...

—Ranma... —Ryōga se quedó sin aliento en el momento que se colocó sobre ella, apoyando una mano sobre su miembro, tocando suavemente la abertura de su hendidura. Afortunadamente los orgasmos anteriores la habían dejado bien lubricada, por lo que le costó muy poco introducir el glande más allá de los labios externos. Se detuvo cuando Ranma hizo una mueca, sacudiéndose incómodamente, y podía ver por qué, había alcanzado una barrera dentro de ella que le impedía avanzar...

—¿Te lastimé? —Ryōga le cuestionó, preocupado.

—No Ryōga, solo es que esta es mi primera vez... —Ranma cerró los ojos—. No te detengas...

—No lo haré —susurró Ryōga suavemente, luego flexionó sus caderas e introdujo su miembro lentamente a través de la barrera, pasándola...

Ranma se quedó sin aliento por el dolor. Cuando se enterró hasta la empuñadura y sus bellos púbicos se frotaron contra los suyos—. Oh, maldición... —gimió de dolor. Nunca imaginó que hacerlo por primera vez como mujer fuera tan doloroso.

—Ummm —Ryōga gimió, deleitándose con la sensación de su miembro envuelto en carne cálida y húmeda.

—Bien hecho Ryoga, ahora muévete dentro de mí, lentamente —Ranma respiró hondo, ignorando el dolor.

Saboreando la sensación, Ryōga asintió y lentamente sacó su miembro hasta el punto donde solo el glande permanecía en ella, luego presionó hacia adentro. Cuando sintió su miembro dentro en toda su longitud, se deslizó hacia afuera. Hacía todo lo posible por ir despacio al inicio, no sólo por la preocupación que sentía por Ranma, sino porque se sentía realmente bien, así podía saborear la sensación.

Gimiendo con cada empuje de Ryōga, Ranma le pidió—. Gra... gracias por comenzar lento, pero, ahora puedes acelerar...

Inmediatamente, él aceleró, haciendo que los gemidos de Ranma salieran de su boca con más frecuencia, para este punto, Ryōga, además de estar deleitado por sus agudos gemidos, también lo estaba de la caliente presión de su intimidad, por lo que solo quería estar sumergido en ella.

Cuando sintió que su propio orgasmo se acercó, por instinto aceleró hasta el punto en el que realmente la estaba golpeando. Luego se empujó y se mantuvo allí mientras su semen fluía hacia el útero de la pelirroja, quien con espasmos de placer intensos experimentaba un devastador orgasmo.

—Ranma, nunca olvidaré lo que has hecho por mí —declaró Ryōga sin aliento, sumamente conmovido.

—Está bien, Ryōga. Sé que harías lo mismo por mí —respondió, agitada.

Cansado, Ryōga se retiró de ella y se dejó caer de espaldas, pensando que Ranma se iría en cualquier momento. Pero ella lo sorprendió, acurrucándose a su lado...

El trabajo estaba hecho, Ranma le entregó su cuerpo femenino a Ryōga para salvarlo de quedar atrapado como cerdo de por vida...

...

A la mañana siguiente, Ryōga despertó, se vistió y salió de la tienda de acampar, notó que Ranma se había ido y no pudo evitar sentirse solo, sin embargo, ese sentimiento ya no era nuevo para él... Respiró hondo, estaba agradecido de Ranma—. Tal vez ahora podamos llevarnos mejor —dijo seguro.

Ryōga se acercó al grifo que estaba en el terreno baldío, lo abrió y decidió lavarse la cara. Ahora que estaba curado, no le preocupaba convertirse en cerdo. Con sus manos contuvo un poco de agua y se la echó en la cara. Instantáneamente sufrió una transformación que pensó que jamás volvería a ver...

—Cuik-cuik —chilló P-Chan. Rápidamente, el cerdito corrió a su tienda de acampar. Tuvo suerte que tenía agua caliente en su calentador. Se mojó, ahora ya humano dijo—: Mierda, Ranma me matará cuando se entere que la pócima no sirvió de nada e hizo el amor conmigo sin motivo... Ahora que lo pienso, tal vez el maldito viejo que me la vendió me estafó y todo fue solo una estúpida jugarreta... —continuó—. Lo mejor es irme y jamás regresar —recogió su campamento y se marchó, perdiéndose.


En el dōjo Tendo, Ranma estaba entrenando furiosamente, había perdido mucho de lo que defendió desde que se maldijo, su virilidad, y eso lo hacía sentirse mal. Pero su furia se debía que no podía regresar a su forma original por más agua caliente que usara. Llegó a la conclusión que fue por tener sexo con Ryōga, y eso al principio le molestó, pero después recordó el sufrimiento que tal vez hubiera sufrido su amigo de no haberle ayudado—. Tenía que hacerlo —se dijo firmemente.


NOTA: Sus comentarios serán respondidos el siguiente capítulo.