DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: los personajes no me pertenecen son de Rumiko takakashi.

ADVERTENCIA: Este fanfic contiene lemon.


El timbre sonó y Ranma fue arrastrada por Akane y Ukyo, a los vestidores de chicas, no había manera de saltarse la clase de educación física, tenía que afrontar aquella situación lo mejor posible. Una de las cosas que más le preocupaba era que las otras chicas le prohibieran la entrada y le llamaran pervertido… era ilógico preocuparse por eso, porque actualmente, incluso si no le gustaba, estaba atrapado como chica, y lo era completamente, así que no debería tener que pensar si la rechazarían o no. Había algo más de que preocuparse: Ryōga Hibiki. Ranma sabía que él estaría envuelto en su ki depresivo, lo supo desde el momento en que cayó encima de Akane.

De un momento a otro se encontraba afuera de los vestidores de chicas, lo primero que observó fue el enorme cartel que decía: [Solo chicas] y se exhibía en la puerta, por un momento, se sintió aterrada por lo que pasaría al cruzarla. Ukyo lo notó e hizo lo que cualquier amiga haría... colocó su mano en el hombro de Ranma, como muestra de apoyo. Las tres chicas pasaron bajo el umbral. La pelirroja pasó inadvertida, sin levantar la mirada. Sabía que todas las chicas estarían en ropa interior, poniéndose el uniforme de educación física, odiaba aquel uniforme por ser tan diminuto, mas sin embargo, antes ya lo había usado y, esta vez, no sería la excepción. Con un movimiento rápido tiró de su falda hacia a bajo, deshaciéndose de una vez de ella, lo mismo hizo con su blusa.

La mediana Tendo la había estado observando minuciosamente para descubrir que era lo que realmente ocultaba. Tenía la corazonada que el "desafío" que Ranma tenía que cumplir, podría ser solo una cuartada para cubrir algo grande. Nabiki al no percibir nada raro de la pelirroja, decidió molestarla un poco—. ¡Ranma, vístete rápido o todas nos empezaremos a sentir insignificantes! —la apresuró y terminó con una sonrisa. Sabía que con eso haría que Ranma se avergonzara, y así fue, sus mejillas se pusieron rojas.

Lo que había dicho Nabiki había bastado para llamar la atención de todas las chicas, que sorprendidas y celosas; comenzaron a mirar a la pelirroja tetona, quien con su peculiar ropa interior, se ganó absolutamente toda la atención. El rostro de Ranma ardía de vergüenza, rogando que se abriera la tierra y se la tragara hasta lo más profundo, eso era mil veces mejor que soportar el vergonzoso espectáculo que estaba dando.

Ukyo se cruzó de brazos y dijo—: Vístete, Ranma, o voy a sentir lo que dijo Nabiki —había sido una petición seria. Akane, como Ranma, estaba avergonzada. Definitivamente no era normal que su prometido fuese mucho más linda como chica. Ranma siempre tuvo la razón, ella estaba mejor dotada a lo que respecta un cuerpo femenino.

Ranma a una velocidad cegadora se puso el uniforme de educación física y salió corriendo de los vestidores. Sin duda había sido uno de los momentos más embarazosos que había vivido desde que fue maldecido. Por consiguiente, decidió que lo mejor era salir adelante de las otras chicas e ir a la clase.

Al acabo de unos minutos, las chicas estaban dando vueltas alrededor de la cancha de vóleibol. Ranma tomó la delantera, dejando en claro que era la mejor atleta. Ukyo y Akane eran las únicas que podían seguirle el ritmo, no obstante, tenían que esforzarse al máximo para lograr tal proeza. Cuando acabó el ejercicio, todas las féminas comenzaron a hidratarse con agua embotellada.

Una chica pelinegra decidió iniciar una conversación mientras todas las chicas bebían el líquido—: El rival de Ranma es tan lindo, quisiera salir con él, es tan perfecto —suspiró, enamorada.

Eso había sido suficiente para que Hitomi, respondiera—: Se llama Ryōga, siempre está perdido intentando encontrar a Ranma para derrotarlo, pero siempre fracasa y se vuelve a perder —se rió.

—¡No digas eso, parece que estás hablando de un niño resentido —la chica pelinegra se sentía decepcionada.

Los orbes azules de Ranma estaban en llamas por la conversación de las chicas. Únicamente veían la peor parte de Ryōga, ignorando que él era el tipo más confiable y masculino. ¿Qué hombre en el mundo rompe rocas con los dedos y derrumba montañas? Solo Ryōga. A veces era el más rudo y otras el más tímido, él era especial y las chicas comunes no lo percibían. Sabía que por la desorientación, maldición y obsesiones de Ryōga, perdía cualquier posibilidad de romance con cualquier chica. Además, para su mala suerte, no existía chica en el mundo que soportara sus abrazos.

«Solo yo», pensó Ranma.

Después de completar la clase de educación física, Ranma estaba de vuelta en los vestidores de chicas para ponerse el uniforme de Furinkan. Ella esperó hasta que todas las chicas se marcharon, para poder estar a solas y cambiarse.


Ryōga se vistió con su ropa habitual y contempló el cielo—. La mejor decisión que he tomado fue dejar de perseguir a Akane, aunque me duela, las citas que logré con ella fueron por lástima, simplemente no fuimos hechos para estar juntos, quizás es hora de seguir adelante con alguien que realmente me ame —sus pies empezaron a moverse en dirección a la salida de Furinkan, inmerso en una miríada de pensamientos con respecto a la pelirroja de baja estatura y sonrisa brillante.


En una aula abandonada, completamente en penumbras, 2 velas iluminaban el lugar, lo suficiente para ver dos póster pegados a la pared.

—¿La chica de cabellos de fuego o Akane Tendo? ¿Con cuál debo quedarme? ¡Arrgh, es tan difícil decidir! —Kuno se llevó las manos a la cabeza, sacudiéndola como un desquiciado—. ¡¿Por qué es tan difícil elegir?!

Pasos sigilosos se movieron misteriosamente en el aula, dignos de un ninja de primer nivel. Kuno los detectó y murmuró—: ¿Qué quieres, Sasuke?.

—Ryōga está tras la chica de cabellos de fuego... Se le ha visto abrazarla... —el ninja se mostró temeroso, pues sabía de ante mano la obsesión que su jefe tenía por la pelirroja. Y, que podría reaccionar volátil con respecto a sus emociones.

—¡No lo toleraré! Es la tercera vez que ese vago se interpone en mi camino. No tendré misericordia —el chiflado kendoista, tomó su bokken y salió corriendo del aula, preparado para hacer alguna iniquidad.


Habían pasado más de 2 horas, llegando la hora de la salida. Ranma salió corriendo del aula, tenía que ir con Ryōga y llevarlo a su casa, como lo prometió. Fue al campo de fútbol y no se encontraba; el idiota se había movido y seguramente ya estaba perdido. Se le ocurrió buscarlo en el parque, en donde normalmente se perdía siempre. Pero no fue necesario, al encontrarlo a las afueras de la preparatoria. Ella se le acercó y con el puño cerrado le golpeó la cabeza.

Los ojos del adolescente del pañuelo se endurecieron y sus labios se torcieron en disgusto—. ¡¿Por qué hiciste eso Ranma?! —Ryōga le lanzó una mirada indagatoria.

—¡Pensé que te habías perdido, cerebro de cerdo! —la pelirroja se llevó las manos a la cintura de maniquí.

—¡No me llames así Ranma! —la voz de Ryōga comenzó a perder intensidad—. Nunca cambiarás... —sus ojos se percibían sin brilló alguno, era como si estuviera sufriendo por dentro; él inclinó la cabeza hacia abajo, mientras su pelo sedoso proyectaba una sombra sobre sus ojos, la negrura en las esquinas de sus ojos, era visible.

Ranma se golpeó la frente con la palma de su mano. Había olvidado lo sensible que era Ryōga. Pero también se preguntó: ¿por qué no lo atacaba como siempre? Estaba actuando igual a las veces que Akane lo rechazaba—. Mira, Ryōga, lo siento, no quise... —apoyó su mano en el hombro del adolescente.

Sus ojos se encontraron inevitablemente, los unos con los otros, perdiéndose por completo. El corazón de Ranma se aceleró y su respiración se volvió débil y pausada. Era injusto que Ryōga provocara tales reacciones en ella, y ya no podía negarlo más... le atraía. Ahora, debía pensar, que es lo qué debía hacer en los días venideros. A decir verdad, la idea de tener un romance con Ryōga, no le parecía desagradable, él era perfecto para ella, siempre se habían compenetrado a la perfección, como dos gotas de agua; a lo que refiere artes marciales y determinación. Sin embargo, las posibilidades de que pasara algo entre ambos eran casi nulas...

El adolescente del pañuelo se llevó una mano a la zona del corazón, que martilleaba con fuerza y amenazaba con salirse de su pecho. La pelirroja era la chica más fuerte, sexy y divertida, que había conocido. Y apenas días atrás lo había descubierto...

Sonidos de pasos fuertes y veloces se filtraron en los oídos de Ranma y Ryōga, sacándolos del momento de autodescubrimiento que estaban experimentando. Risas desquiciadas y siniestras comenzaron a brotar de la garganta del kendoista más odiado de Furinkan—. ¡Tú vago! ¿Cómo osas interponerte en mi camino por tercera vez? ¡Mereces probar mi bokken y sentir mi ira ardiendo como el sol!.

Ranma miró a Kuno con diversión—: ¿La tercera vez? —giró su cabeza hacia Ryōga, que estaba a tan sólo centímetros de su derecha y dijo—: Caray, Ryōga, ¿qué le hiciste antes?

Los ojos de Ryōga se clavaron como dardos en el kendoista—. ¡Lo que faltaba!—pronunció, y después de un segundo se dirigió a la pelirroja—. No recuerdo haberle hecho algo, Ranma.

—Entonces andando, tengo que llevarte a casa —Ranma se acercó a Ryōga, para tomarlo de la mano y hacer un viaje sin fallos. Creía que en cualquier descuido se perdería, por lo que tomarlo de la mano era lo mejor.

Los ojos de Kuno se agrandaron a punto de salirse—. ¡Tú vago! ¡¿Cómo que no me has hecho nada?! En aquel día glorioso cuando Dios descargó su poder en el malvado Ranma Saotome, y lo debilitó a la par de un bebé, Yo Tatewaki Kuno, por fin lo haría pagar por sus fechorías... ¡Pero, tú! ¡Te atreviste a defenderlo, tú que decías odiarlo! También en aquella ocasión cuando gracias al poderoso huevo del ave Fénix, estuve a punto de entregarle mi amor a cabellos de fuego y hacerla mía, ¡Pero, tú! Me atacaste cobardemente y me dejaste fuera de combate. Y en esta ocasión la abrazas y, ¡te acercas mucho a mi chica! ¡No tendré misericordia!.

Un escalofrío tosco recorrió completamente los nervios de la pelirroja, desencadenando una sacudida ominosa en todo su sistema, al darse cuenta que si Ryōga no la hubiese salvado de Kuno cuando estuvo poseído por el ave fénix, posiblemente su primera vez no hubiera sido Ryōga, haciendo una mueca de asco, dijo—: ¡Eres... demasiado desagradable, Kuno! —apretó los puños y tomó una bocanada de aire.

Ryōga contempló a la pelirroja, y por primera vez, se había percatado que la vida de Ranma no había sido fácil desde que fue maldecido. Y con solo imaginarse por los momentos que Kuno le hizo pasar, crecía una llama en su interior, que amenazaba con estallar en cualquier momento. En ese preciso momento, el kendoista se arrojó exageradamente, apuntando con el bokken el estómago del adolescente del pañuelo. Ryōga no tuvo tiempo de reaccionar y fue golpeado en la boca del estómago. No había sido un golpe que lo dejara fuera de combate, pero sí lo suficientemente fuerte para hacerlo expulsar la mitad del aire. De inmediato, con ojos enfadados e inyectados de sangre miró al adolescente del bokken.

Ranma había visto todo—. Oh, no... —dijo, temiendo por la vida de Kuno.

Kuno guardó distancia y se rió con arrogancia—. Cabellos de fuego, te mostraré que soy el hombre perfecto para ti, ¡derrotando al apestoso vago!.

Ryōga momentáneamente echó su cabeza hacia atrás, luego hacia adelante, haciendo crujir su cuello; sus puños se cerraron con tanta fuerza que tronaron. De esa forma anunció que estaba a punto de hacer lo que mejor sabía: aplastar—. ¡PREPÁRATE PARA MORIR KUNO! —bramó. Y con un gruñido lleno de furia, Ryōga se movió velozmente, haciendo estallar su puño en la cara de Kuno, el cual fue arrojado varios metros atrás por el impulso del poderoso y demoledor golpe.

Kuno se puso de pie, aturdido y tambaleándose, como si estuviera borracho—. Sigo de pie vago... —su personalidad delirante le sugería que se pusiera de pie y luchara; que todavía podía ganar la pelea.

—¡Mantente abajo, Kuno! —advirtió Ryōga.

Ranma sólo miró a Ryōga, sin parpadear, estaba sorprendida. Sabía que Ryōga era fuerte y podía llegar a ser un dolor para cualquiera. Y si hacía una comparación entre Ryōga y Kuno, estaba bastante claro que Kuno no era un artista marcial, y Ryōga estaba en la élite de los mejores del mundo. En resumen: Kuno era una hormiga comparado con él.

Kuno se rehusó a quedarse a bajó y lanzó una serie de ataques con su espada de madera, intentando golpear a su adversario. Ryōga ciertamente no era tan veloz como Ranma, aun así, su velocidad era lo suficientemente buena para esquivar los ataques del kendoista. La respiración de Kuno se volvió trabajosa y sus poros arrojaban sudor exageradamente—. Vago, te derrotaré de eso no hay duda, ahora deja de correr y pelea como los hombres, ¡cobarde desorientado! —su boca se abrió de golpe, cuando Ryōga hundió su puño en su abdomen y comenzó a bombardear esa parte con poderosos y devastadores misiles de fuerza bruta. Kuno gruñó en agonía por el daño recibido; retorciendo su cuerpo en el asfalto como una lombriz buscando tierra donde meterse.

—Pa... Pagarás... —balbuceó Kuno. Se puso de pie con dificultad y huyó de la pelea.

—Ryōga, sabes que no sirve de nada golpear a Kuno, ¿verdad?.

—Lo sé, Ranma, pero... —hizo una pausa y miró a los ojos a la pelirroja—. Es mi vieja costumbre, ya sabes... aplastar.

Ranma sonrió con diversión y soltó una pequeña risa—. Sí, lo es.

—Ya no es gracioso que se burlen cuando golpean a Kuno —dijo Akane una vez que llegó, había visto todo.

Ranma se volvió hacia ella—. Sí, tienes razón, pero es que nunca nadie lo había golpeado tan fuerte —siguió riendo.

Ryōga se rascó la nuca con la mano.

—Vamos a casa, Ranma —expresó Akane de repente..

—llevaré a Ryōga a su casa, no puedo ir en este momento, Akane —mencionó la pelirroja.

—Bien —estuvo de acuerdo Akane, luego fijó sus ojos marrones en Ryōga—. Quiero pedirte un favor, Ryōga.

Los ojos de Ryōga se iluminaron—. ¿A mí? —ya se había resignado a no estar con Akane, pero eso no significaba que había dejado de amarla, y si ella le daba un poco de esperanza de poder estar juntos, posiblemente se aferraría... Los dedos de él comenzaron a jugar con nerviosismo y sus mejillas se tiñeron a un color rojo fresa.

Ranma notó la actitud adorable de Ryōga, una que solo Akane lograba provocarle...

—Sí, Ryōga —Akane afirmó y continuó—: ¿Podrías retractarte del desafío que le hiciste a Ranma? Y así Ranma no tendrá que pasar todo el mes como chica.

Ryōga miró de reojo a Ranma. Si le decía Akane, que se retractaba, todos descubrirían que no podía cambiar con agua caliente y, posiblemente Ranma, tendría que decir porque... No, no podía traicionar a Ranma de esa forma—. Lo siento, Akane. No puedo...

Ranma había imaginado que Ryōga se retractaría, solamente para acercarse un poco a Akane. Pero su sorpresa fue que se negó. «Eres fiel a tus promesas», pensó.

Akane se cruzó de brazos—. Ustedes y su estúpido honor —cerró los ojos y luego los abrió—. Lo intenté, aunque ya sabía que sería inútil. No olvides estar en casa de noche, Ranma, porque cocinaré especialmente para ti.

—Sí, Akane, allí estaré —Ranma se mostró sin emoción.

Akane se despidió de ambos y comenzó a caminar hacia la casa Tendo.

Ranma y Ryōga solo vieron a Akane desaparecer, cuando dobló una esquina...

Los orbes azules sondearon el rostro de el de ojos avellanas—. Gracias por guardar el secreto.

—Es lo menos que puedo hacer —Ryōga respondió, tratando de no mirarle tan fijamente.

Ranma suspiró—. Hombre, ya ni parecemos nosotros, todo por "eso" que pasó.

Ryōga asintió incomodado.

"Esto es estúpido, solo hagamos como si nada hubiera pasado, seamos nosotros de nuevo —le propuso Ranma, ladeando la cabeza hacia un lado, con incomodidad.

Ryoga estuvo de acuerdo—. Bien, porque ya me cansé de tratarte como si fueras una chica, afeminado —sonrió.

—Y yo ya me cansé de tratarte como un chico, cerdo —Ranma se rió.

—¡Prepárate para morir! —Ryōga agitó un puño con humor.

Ranma adoptó su pose de pelea—. Hoy es tu día de suerte, P-Chan, Ranma Ofertas Geniales tiene una para ti, por cada golpe recibido te llevas diez.

—Si de ofertas hablamos, tengo una de golpea todo lo que puedas por un beso —Ryōga bromeó.

Ranma se cubrió el rostro apenada—. Mejor ya vamonos, empiezas a decir puras tonterías —se acercó y lo tomó de la mano, para empezar a llevarlo a su casa. El adolescente de la pañoleta se sonrojó y no dijo nada, sólo se dejó llevar por la chica de cuerpo perfecto.

Pasaron 2 horas y la pelirroja empezó a caminar con fatiga. Ryōga lo notó y la miró con superioridad—. ¿El gran Ranma Saotome cansado? ¿Quién lo diría?.

La pelirroja lo fulminó con la mirada—. Ni siquiera sabes lo difícil que es para las chicas caminar largas distancias, idiota.

—¿Qué tiene de diferente?.

—¡Mis senos son grandes, y, es incómodo caminar, mientras esas cosas se mueven cada vez que doy un paso, además también la maldita ropa interior que llevo usando todo el día es!... ¡Muy incómodo! —su cara le ardía de vergüenza por tener que hablar de eso con Ryōga.

Ryōga examinó meticulosamente a la pelirroja y un rubor rojo apareció en él—. Puedo llevarte si me dejas hacerlo.

—Adelante —la pelirroja aceptó. En ese precisó momento, fue envuelta y levantada del suelo por brazos musculosos.

—Hacen bonita pareja —Mousse apareció de repente, burlándose—. Siempre supe que su rivalidad no era normal.

Ryōga bajó de sus brazos a Ranma y dijo—: ¡Yo nunca sería pareja de un anormal! —luego miró a la pelirroja y le guiñó el ojo para darle entender que no era verdad, sino una simple mentira.

Ranma captó el mensaje de Ryōga y decidió seguirle el juego—. Así, pues, ¡Yo nunca me enamoraría de un aliento de cerdo, desorientado, deprimente y agresivo! —terminó con un guiño de ojo a Ryōga. No se había sentido bien decirle eso, pero era necesario.

—Tranquilos, no me molesta, de hecho los apoyo, así Shampoo ya no te amaría Ranma —Mousse se limpió los lentes—. De todos modos, no vine a eso.

—¿Qué quieres, Mousse? —Ranma lo miró de forma inquisitiva.

—Tengo cuentas con Ryōga y debe pagarme con sangre —Mousse se mostró furioso.

La pelirroja sonrió—. Caramba, Ryōga, hoy no es tu día. Y tú, Mousse, deberías irte. Sabemos como terminarás si atacas a Ryōga.

—¿Cómo terminaré Ranma?.

—Aplastado, dime ¿qué harías si Ryōga te arroja un Shishi hōkōdan? —Ranma quería evitar una pelea entre sus dos amigos, pero también lo hacía para no ver a Ryōga matar a Mousse, sabía que el pato tonto no era una persona de su agrado.

Mousse meditó lo que dijo Ranma. Tenía razón, Ryōga era superior, pero aun así, no le temía ni un poco—. ¡Prepárate Ryōga! —anunció.

Ranma se movió varios pasos, frotándose las manos con malicia.

—Esto es raro, tres peleas en un día, suena como algo que le pasaría a Ranma, no a mí —Ryōga se puso en posición de pelea.

Ya estaban listos para pelear, cuando de la nada un chorro de agua convirtió a Mousse en pato.

Ryōga giró su cabeza en dirección de donde vio salir el chorro. Ranma sostenía una botella con agua—. ¡Ranma! ¿Por qué lo hiciste? ¡Podía ganarle fácilmente!.

—Deja de perder el tiempo con ese tonto —Ranma lo tomó de la mano y lo empezó a jalar. Ryōga simplemente se dejó llevar sin peros.

Al cabo de un rato, se encontraban afuera de la casa de Ryōga.

—Tu casa, Ryōga —dijo la pelirroja.

—Sí, gracias por traerme, Ranma —le agradeció Ryōga.

—Debo irme, y recuerda no quiero verte hasta que la dinastía Musk aparezca —Ranma se dio la vuelta y contempló la luna, el sol se había ido. Ella suspiró cansada, tendría que caminar horas de regreso.

Ryōga vio a la pelirroja alejarse—. ¡Aguarda Ranma!.

Ella volteó—. ¿Qué?.

—Quédate hoy aquí, sé que estás cansada —ofreció Ryōga, sonrojándose.

Ranma aceptó con la cabeza y respondió—: Tal vez no sea mala idea —La comida de Akane no era muy motivante para regresar de inmediato a la casa Tendo. Podía esperar algunas horas e ir en la mañana, de todos modos, así se ahorraba el dolor que seguramente sufrirían sus pies, si emprendiera su regreso en este momento.

Ryōga abrió la puerta y ambos entraron. De arriba de las escaleras se escucharon ladridos.

—¡Shirokuro! —Ryōga gritó, emocionado. La canina se lanzó de forma juguetona y comenzó a lamerle la cara a cada salto que daba.

Ranma tenía un brillo en sus ojos que nunca había mostrado *felicidad o amor* ver emocionado al adolescente más deprimido de Nerima, era un regocijo. «Cuándo estás feliz te vez adorable», pensó. De inmediato, sacudió la cabeza un poco para negar aquellos pensamientos que no eran correctos.

Ryōga colocó una mano en la cabeza de Shirokuro, deslizándola arriba y abajo—. Te echo de menos.

Confundida, Ranma se dirigió a la cocina en busca de algo para comer...

Ryōga con una sonrisa persiguió a Ranma, sin embargo su sonrisa se desvaneció cuando un paquete de carne putrefacta se estrelló contra su cara.

—Idiota, me invitas a quedarme a dormir y no tienes comida comestible —Ranma le reprochó molesta.

Ryōga abrió el refrigerador para corroborar que lo que dijo era verdad. Rascándose la cabeza bromeó—: Míralo por el lado positivo, no comerás la comida de Akane.

—¡Sí, por qué no comeré nada! —Ranma estalló—. ¿Desde hace cuando no estabas aquí? —le cuestionó.

—Seis meses creo —respondió Ryōga de inmediato.

Las tripas de Ranma rugieron, haciéndola enfadar más—. Tendré que conformarme con una chuleta —se relamió los labios.

—Pero Ranma, la carne está putrefacta... —dijo Ryōga, incierto.

Ranma se acercó a el fregadero y llenó un vaso con agua, luego se volvió hacia Ryōga—. Sé donde conseguirla en buen estado.

Ryōga retrocedió, no sabía que intenciones tenía Ranma para querer mojarlo, podría ser solo una broma como las que solía hacerle, aún así lo mejor era no arriesgarse a que ese vaso lleno de agua que sujetaba en la mano se derramara sobre su cabeza desencadenado su maldición que Ranma creía que no existía más—. Creo que en el bufetero hay paquetes de ramen instantáneo, podemos cenar eso —se apresuró decir.

—Eso está mejor, P-chan —Ranma con una sonrisa se dirigió a buscarlos.

Un momento después, ambos estaban sentados en la mesa.

Mientras comían, Ryōga decidió entablar una conversación con su acompañante—: ¿Ranma, te puedo preguntar algo?.

—Sí, adelante —Ranma aceptó, mientras sorbía en su boca el ramen.

—¿Por qué te has empeñado a llevarme a todos lados de la mano? —le cuestionó.

Ranma respondió—: Podje ers um iouyga desonrientao

—Antes de hablar asegúrate de no tener comida en la boca, Ranma —Ryōga le aconsejó.

Ranma se tragó el alimento—. dije, porque eres un idiota desorientado.

—Nunca necesité de la ayuda de nadie para llegar a donde quiero, así que no te necesito —se defendió Ryōga, al mismo tiempo que jugaba con el ramen, con un par de palillos.

—Y dime si te ha funcionado —Ranma se rió—. Has pasado perdido más de la mitad de tu vida.

—No me puedo quejar, gracias a eso, soy quien soy —Ryōga subió las mangas de su camisa para mostrar sus brazos masculinos—. Andar perdido con mi paraguas en mi mano, ha hecho que pueda levantar sin esfuerzo una tonelada de peso.

Ranma tuvo que estar de acuerdo, aunque por tradición comenzó a alardear de sí mismo—. Aún así, P-chan, te falta mucho para estar a mi altura.

—¿Altura? —Ryōga le cuestionó riendo—. ¡Pero si eres tan pequeña que incluso has fingido ser mi hermana menor! —rió escandalosamente.

Ranma se sonrojó de vergüenza cuando recordó ese momento—. Tonto, no me refería a altura literalmente, ¡sino a que nunca estarás a mi altura como artista marcial!.

Ryōga solo se limitó a sonreír y comenzó a comer su ramen. A los pocos minutos, sintió un ambiente demasiado frío para su agrado—. E-esto es extraño, Ranma. Hace algunos minutos, no hacía tanto frío.

—E-e t-tienes r-razón —respondió Ranma, al mismo tiempo que su cuerpo vibraba de frío. Se abrazó a sí misma para calentarse un poco, pero fue inútil.

—P-podría ser, el Hombre de las Nieves, Ranma —Ryōga logró hablar con dificultad.

—S-sí, podría estar cercas —Ranma se levantó de su lugar y caminó hacia la puerta principal, para después abrirla. De inmediato, volvió a cerrarla, volviéndose a Ryōga, quien ya estaba allí—. S-sí es quien pensábamos, ¿qué hacemos?.

Ryōga se asomó por una ventana, viendo al enorme monstruo de nieve caminar por la calle, haciendo que todo a su alrededor se congelara. Luego se giró hacia la pelirroja—. No haremos nada, Ranma.

Ranma se abrazó aún más fuerte y dijo—: No puedes hablar en serio, vamos a patearlo para que el frío desaparezca.

—Parece que solo está de paso, así que no hay necesidad de pelear —Ryōga se rehusó.

Ranma frunció el ceño—. Bien yo lo golpearé, además, aún no olvido que casi me mata en el pasado —se apresuró a abrir la puerta.

Antes de que lograra abrir la puerta, Ryōga velozmente la tomó de un brazo—. No lo hagas, Ranma, te puede lastimar.

—¡Nadie puede lastimarme, no digas tonterías! —Ranma se intentó zafar del agarre de Ryōga, pero no pudo—. ¡Suéltame! —le exigió.

—No lo haré, no puedes ganarle, la última vez te hubiera matado si no llego yo —Ryōga sin darse cuenta, la acorraló contra la puerta—. Entiéndelo Ranma, no es un rival que le podamos ganar, además.

Ranma, por alguna razón que desconocía, fue incapaz de apartar los ojos de él, lo único que sí tenía conocimiento, era que le fascinaba que Ryōga se preocupara por ella...—. Bien, ganas por ahora, pero a la próxima que vea a ese muñeco de nieve lo aplastaré.

—Sí, lo que digas enorme guerrero —Ryōga se alejó de ella—. Iré a dormir, Ranma. Puedes dormir en la habitación de mis padres —se dio la vuelta y subió a su habitación.

La pelirroja solo lo observó alejarse—. Idiota, con el frío que hace, deberíamos dormir juntos para preservar el calor corpora... —murmuró en silencio y subió por las escaleras. Cuando estuvo afuera de la habitación de Ryōga, reconsideró dormir con él, más aún teniendo fresco en sus memorias el recuerdo de su cuerpo desnudo encima suyo. En cambio, eligió dormir en la habitación de sus padres, donde encontró un libro encima del buró, el título Kama-Sutra realmente no le decía nada. Por lo que, curiosa, lo abrió y comenzó a leer lentamente la primera página...

—Este es un libro sobre el amor y las relaciones de pareja que habla de temas como el flirteo, la conquista, el matrimonio y sexo en términos generales... —su rostro se puso rojo cuando comenzó a leer más, encontrando imágenes en la página siguiente de parejas haciendo el amor en diferentes posiciones y consejos para...