El aroma de diferentes perfumes se combinan con el licor de cereza que está bebiendo y siente que aquella combinación le embriaga de forma placentera. En más de una ocasión, entre saludos y reencuentros, rozó accidentalmente a una de las chicas del lugar, pero nada más sucede a su favor. Le sofoca tanta cercanía y aún así es un ambiente agradable. Los pokémon están tranquilamente jugueteando en el centro del salón, pintando cierto encanto a la fiesta, es mas, le da un aire de elegancia muy inusual, sobre todo siendo el tema de celebración uno tan común.

Era el segundo año que Ash organizaba una fiesta de cumpleaños en su departamento. Quizás, por la cantidad de compañeros y amigos que se sumaban constantemente es que se mudó a un piso grande. Casi podía compararse a una de esas fotos de revistas de diseñador de interiores.

Pero no quiere seguir mirando la estancia, el que le interesa es el cumpleañero.

Gary balancea su copa con los dedos mientras observa fijamente a Ash hablando con sus ex compañeros de clases, con Misty bajo su brazo. Hacía ya varios meses que estaban juntos y siempre la presumía ante los demás cada vez que podía.

Se estaba volviendo un fastidio.

Misty sonríe con delicadeza mientras escucha a su pareja hablar con sus amigos. El vestido aquamarina corto y ajustado la resalta más de lo que debería (y quizás por eso se lo puso). Tenía mucha suerte, bastante, al ser su novia, se lo decían muchas personas.

¿Y quién no lo diría?

Ash Ketchum cumplía veintiocho años y estaba en la cúspide de su carrera. En el salón se lucía coqueto un mueble repleto de trofeos y medallas, era imposible no oír de él en Kanto. Ganaba un pastizal siendo parte de la Federación Pokémon y con su trabajo de investigador de campo. Con su repentino éxito, comenzaron a aparecer niños y niñas que decían a gritos en sus juegos que eran él, o que serían él. Sumando a su suerte, Misty había sido nombrada como miembro del Alto Mando.

La vida perfecta, la novia perfecta, el trabajo perfecto.

A veces, Gary extrañaba esa vida llena de miradas y elogios sobre él, pero no se arrepentía de su actual situación. Estar encerrado en cuatro paredes no le molestaba tanto, ya que podía salir cuando quería, hacer las cosas como quería y tenía el control total de su vida. Le apasionaba lo que hacía.

Cierra los ojos con fuerza para dejar de pensar y camina hacia el balcón en busca de un poco de aire, hace demasiado calor con tantas personas ahí. El último vistazo a Ash provoca que choque contra un cuerpo masculino. Gary se desorienta por el golpe y su campo de visión perdida, pero logra inclinar la cabeza para disculparse, todavía sin fijarse en quién era.

—Perdón. Perdón.

—Descuida.

La mirada esmeralda ajena atrapa su curiosidad, la ha visto antes y la recuerda bien.

—Eres... ¿El hermano de Lillie? Si no me equivoco.

El hombre se detiene y fija su mirada en él. Tiene la cabeza ligeramente inclinada por la repentina pregunta.

—Sí. Gary Oak, ¿verdad?

—Sí.

Gary conocía muy poco a Gladion. Todo lo que sabía de él era lo que Ash pudo compartirle. Tuvieron algunas batallas amistosas, pero nada más allá que le permitiera decirle "amigo". A veces oía de él gracias a las farmacéuticas con las que se relacionaba y algunas tesis que solía leer. Nunca tuvo interés alguno en él más allá de eso.

Lo único que lograba unirlos un poco era el hecho de que estaba casado Serena.

La busca con la mirada al recordar eso, ella esta tomándose unas fotos con Dawn e Iris.

Serena logra cruzar miradas y le sonríe.

Gary conocía a Serena desde hace años. Ash se la había presentado y congeniaron en algunas cosas. La chica mantuvo contacto con él a partir de entonces, con las llamadas sorpresas y las salidas al cine con Dawn. Las redes sociales de aquella joven la mostraban con Gary Oak en sus momentos de locuras propias de su edad y madurez.

Y fue por eso que un día, se apareció en su laboratorio con un pequeño sobre blanco y un anillo en su mano. Le estaba invitado a su boda. La sorpresa más grande fue al saber quién era el prometido. Recordaba el rostro totalmente impactado de Ash, quién luego de unos minutos logró reaccionar y compartió la misma emoción que ella con un abrazo y buenos deseos. Gary se sintió realmente fuera del lugar, no conocía muy bien a Gladion.

Pero tampoco le desagradaba. Serena lucía feliz y eso hablaba bien de él a pesar de su seriedad. Llevaban dos años de casados, un matrimonio joven y por lo tanto pasional. Gary también deseaba ese tipo de relación, pero seguía cómodo con lo que tenía. No le era tan urgente. Por ahora, no quería compromisos de ningún tipo.

—¿Qué tal? No luce como si fuese a cumplir treinta, ¿no?— Gary cree en ese momento que es buena idea intentar hablar un poco, no tiene nada mejor que hacer.

—Para nada. Cualquiera diría que es más joven.

Serena interrumpe la conversación cuando aparece de sorpresa y toma del brazo a su esposo para hablar con él. Ella es la única que está bebiendo licor de menta, y lo único que bebía, además. Odiaba el alcohol.

Era increíble que Ash se tomara las molestias de comprar ese tipo de bebida sólo para que ella lo disfrutara. Ese chico era considerado a su modo.

Gary aprovecha que ambos están distraídos para disfrutar de la vista que el ligero corte de la minifalda de la mujer le estaba regalando. Se lleva la copa a los labios de forma disimulada, todavía sin dejar de mirar.

Ash tenía compañeras hermosas. No entendía qué clase de imán era él para siempre estar rodado de chicas atractivas. Serena no era ninguna excepción. Aunque Misty y Dawn fueran las chicas más cercanas a él y tuvo un interés en Lillie, Serena logró meterse en su cabeza. En más de una ocasión había soñado con ella y no le dejaba la curiosidad se saber qué se sentiría tenerla entre sus brazos. Si se sentiría igual que en sus sueños o mucho mejor. Aprieta los labios y regresa a la realidad, eso jamás sería posible. Gladion no era mala persona como para jugar a sus espaldas. Las cosas estaban bien así como estaban. Serena regresa con sus amigos y los deja solos otra vez. Gary vuelve a iniciar una conversación en un intento de congeniar.

—Nunca lo vi estresado o cansado. Eso lo mantiene joven.

—¿Nunca? Eso es imposible.

—En serio, nunca.

—Y con todo lo que hace, la verdad es que me preocupa un poco.

Gary abre los ojos muchos más e inclina la cabeza por la confusión.

—¿Por qué?

Gladion posa su mirada sobre el cumpleañero. Ash hablaba ya un buen rato con Dawn y las carcajadas se oían por todos lados.

—Pareciera que cada año aumenta la intensidad de sus reuniones.

Gary arquea una ceja antes de mirar al piso, sin saber qué tipo de razonamiento era ese. Ash siempre había sido un chico intenso. Aunque conforme los años pasaron, logró ser más tranquilo y centrado, incluso de pocas palabras en ocasiones. Sin embargo, Ash siempre recibía como un niño sus cumpleaños, y al estar cerca a los treinta esa emoción se intensificaba.

Gladion estaba exagerando.

—Misty es su novia y dice que ambos están muy bien. Goh nunca ha dicho nada al respecto, al contrario, el que luce estresado es él. Yo lo veo bien.

—¿Eso crees?— Gladion seguía con la mirada clavada en Ash. En un punto, relamió sus labios luego de beber.

Si bien no lo conocía tanto, Gary pudo notar el nivel de intensidad con que éste le miraba.

No era un secreto que Gladion tenía sentimientos intensos por Ash, era demasiado claro. Brock fue el primero en notar las miradas que ambos chicos intercambian sin decir nada. Gary nunca quiso buscar detalles, pero reconocía que era verdad. No creía que fuera algo romántico o meramente sexual, pero lo que sentía era intenso. Tal vez, tenían un pasado juntos que los unió o solamente era cariño por tantos años de amistad. Pero aquello estaba ahí, y era incómodo de sentir.

—De todas formas, Gary, me gustaría estar tan tranquilo como tú.

—No veo porqué no.

Gladion suspira e inclina la cabeza para despedirse y regresar con su esposa. No habló con él hasta que la fiesta terminó, cerca de las tres de la mañana, mientras "I wanna dance with somebody" sonaba y todos se iban despidiendo en la entrada del edificio.

—¡Gladion! —Gary logró alcanzar el Daihatsu negro a punto de irse— ¿Hasta cuándo se quedan en Kanto?

—Hasta el domingo. ¿Por qué?

—¿Tendrás libre mañana? Es decir, ¿hoy en las tarde?

Era sábado, apenas lo conocía, apenas habían cruzado palabras ese día, pero su mente no controló su boca y soltó esa petición sin nada más.

—Claro. A las seis está bien.

—¿En la plaza central de Ciudad Azafrán?

—Está bien.

Gary se despidió de ambos con una sonrisa amistosa, mirando de forma fugaz el escote de la mujer.


El Caffesios era un lujo que uno podía darse de vez en cuando en Kanto, los precios del café eran el doble de lo normal. Gladion pidió un Americano y Gary se fue por algo más dulce. El hombre rubio, con la taza en los labios, no demostraba que fuese a iniciar conversación alguna.

—¿A qué te dedicas exactamente?— Gary lo miraba directamente a los ojos, queriendo ser amistoso.

—Soy biólogo.—su respuesta es directa, pero tranquila.— Trabajo en la fundación de mi familia, aunque tengo algunos trabajos extras en otros laboratorios.

Un joven rico trabajando más de lo que debería podía significar tres cosas:

1: Era un avaro asqueroso

2: Era adicto al trabajo

3: Era ambos.

Posteriormente sabría que Gladion era un hombre que nunca perdía el tiempo, que odiaba el ocio y siempre estaba en actividad.

Gary saca de su bolsillo una pequeña libreta. Hojea unas cuantas hojas y luego la deja abierta sobre la mesa, delante de su acompañante.

—Mira, una de mis investigaciones me tiene sin dormir. Quizás puedas ayudarme.

Gladion no cambia la expresión antes de concentrarse en la libreta. En su interior, sabe que Gary no lo ha invitado por eso.

—¿De dónde salió esa sustancia?

—Ash a veces me ayuda en mis investigaciones. Lo que te mostré fue gracias a él. Logramos extraer esa sustancia de su brazo luego de que un Pokémon desconocido lo mordiera. No sé si es pura, nunca lo había visto antes. No estoy seguro si logramos separarlo completamente de su sangre.

—¿Hace cuánto fue?

—Unos cinco meses, más o menos.

—¿Sufrió una mordida tan fuerte y aún así continúo trabajando?

—Ese chico nunca descansa. Le dije que podía tomarse la semana y aún así continúo con el trabajo. Es demasiado peligroso, pero le atrapa esa palabra. Pareciera que le hace feliz.

—Pareciera que se quiere morir.

Gary arruga la nariz y cierra la libreta para guardarla otra vez.

—¿Por qué crees eso?

—Supongo que lo conoces mejor que yo.

—Se podría decir.

—Le gusta ponerse en peligro por nada y siempre está buscando trabajar en lo que venga, sobretodo si es peligroso. Se aburre demasiado rápido.

—¿Eso es malo?

—Es raro.— Interrumpe.

Gary trata de hallarle algún motivo, pero no pensaba en nada

—¿Por qué? Es el único que se atreve a hacer lo que los demás no, por eso ha escalado tanto. Ya quisiera tener una vida como la suya. Tengo un nombre que vive bajo el de mi familia y lo que daría por tener mi propio legado.

—Aun así, ¿odias tu vida?

—Para nada, está bien como está. Deseo muchas cosas, pero estoy bien si no las tengo aún.

—No lo tienes todo pero estas bien.

—Sí, a veces las personas como Ash pueden tenerlo todo y aún así ser infelices.

—No. Te equivocas, Ash no lo tiene todo.

¿Que no lo tenía todo? Gary quería reírse en su cara. Se lo creería de cualquiera, menos de él.

—¿Qué no tiene, entonces? El tipo siempre anda feliz de la vida. Ya lo hubiera notado cada vez que estamos trabajando juntos.

—Me preocupa que se ponga en peligro de forma innecesaria. Es todo.

—Si no hiciera eso, no sería Ash. Relájate.

Gladion abre la boca para decir algo más, pero como si una flecha cruzara su cabeza, se quedó estático. Baja la mirada, como si estuviera pensando.

—Sí... Creo que tienes razón.

La reunión había sido una incógnita desde la invitación y su inicio, pero terminaron por disfrutarla entre pasteles de carne y cáscaras de nuez. Gary lo dejó en su hotel y regresó al suyo, a su trabajo, a su vida normal.

No le dio vueltas al asunto.

El domingo a las ocho de la mañana, Ash apareció en su laboratorio cargando una bolsa de cajitas con pastel. Sin decir nada más entró al lugar donde los Pokémon estaban para darles de comer. Gary lo observó con cuidado, pero Ash estaba risueño a su modo. Él se sentó sobre una de las rocas altas y balanceó ligeramente una pierna mientras los observaba comer.

—Y... ¿Estuvo bien lo del viernes?

—Claro que sí, sobre todo tus invitadas, Ash. Sé buen amigo y preséntame a alguien como se debe. Dawn vive tanto en su mundo de compras compulsivas que no me hace caso, Lillie vive muy lejos y me dijeron que May ya está ocupada.

—Mala suerte. Antes eras el que traías a todas tras tuyo. Algo debió quedarte. No me metas en eso.—Ash se estiraba de forma perezosa al hablar.

—¿Quién habrá sido el que habló con Misty para sacarla del gimnasio justo el día que la invitaste a salir? ¿Recuerdas? —Gary no pudo evitar lanzarle una pequeña piedra.—A propósito, me imagino que te dio un buen regalo, ya sabes.

—Claro que sí.

—Entonces devuélveme el mío.

Gary seguía sin comprender por dónde estaba el problema que Gladion decía ver, porque Ash se reía como siempre ahí delante suyo. Sus ojos castaños brillaban mucho más que antes.

—Me voy, tengo que ir al campamento. Me toca ser el guía hoy día.

—¿Estás libre después?

—No, tengo una reunión con el profesor Elm por un caso que quiere que vea en las montañas.

—¿Mañana?

—Tampoco. Esta semana estoy lleno. Yo te aviso. Ya nos vemos.

El chiste era que desde hace tiempo estaba en la misma cantaleta. Ash jamás tenía tiempo para nada. Antes podían salir a perder el tiempo, a descansar de la vida adulta; ahora estaba demasiado absorbido. El tiempo libre ya no era algo que estaba en su vocabulario. Exactamente desde hace dos años era así.

Aquella misma tarde, Gary llamó a Misty. Ella le dijo una vez más que su relación no podía ir mejor de lo que ya era. Que era cierto que Ash no tenía tiempo, pero siempre apartaba tiempo para ella. Incluso se irían de fin de semana a Hoenn. Goh también le afirmó lo de la falta de tiempo, pero también de lo sorprendido que estaba por verlo manejar todo de manera increíble.

Gladion estaba equivocado. Era un hecho. Ash era feliz, Misty era feliz.

Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. Una vez más, Gary estaba en el departamento de Ash, con un licor de cereza en mano, celebrando su cumpleaños número veintinueve. Una vez más, Ash anunciaba un nuevo logro en su vida: un anillo de compromiso en la mano derecha suya y la de Misty.

Una vez más, Gladion apareció con Serena, ella tan bella como siempre lo había sido. Gary la miró por varios minutos, antes de que Gladion le llamara la atención. Sintió el cuerpo congelarse y esperó a que todas las chicas se acercaran a la prometida para tratar de alejarse, pero la mano ajena lo detuvo por el hombro.

— Hey. —su voz se notaba muy molesta.

—Fhh... Perdón. Serena es bonita, creo que mirarla es un poco inevitable.

—Todas las amigas de Ash son bonitas.

—Lo son, mucho diría yo. Pero Seren-... Lo son, sí.

Gary no tuvo más opción que cerrar la boca.

—Ahora se quiere casar. Quién lo diría.

—Ehm... En buena hora. — La ausencia de enojo en la voz de Gladion le hace creer que puede responderle. — Pues... ¡Sí! Es una sorpresa. Creo que la vida perfecta le calza. Ya tiene todo lo que puede desear.

Gary espera entonces que Gladion lo contradiga, pero en su lugar, el joven de ojos verdes sonríe en paz, asintiendo con la cabeza.

—Se lo merece. Es una nueva vida y la disfrutarán juntos. Dudo que pongan una fecha muy lejana.

—Depende de cómo quiere Misty su ceremonia. Esa mujer no descansará hasta tener una boda perfecta, la conozco. Nos traerá locos a todos.

—Serena también se obsesionó con la organización. No entendía nada de lo que me decía. Pero, así son las novias.— Gladion no quiere, pero no puede evitar sonreír un poco más por sus recuerdos.

—Sí... Tengo que buscar una yo también o me quedaré sin nada y por mi edad tendré que elegir entre ser padrastro o un Sugar Daddy.

—¿Sugar qué?

La fiesta terminó a las cuatro de la mañana con "Can't take my eyes off you " sonando bajo. Uno por uno los autos particulares se alejaban y Gary aprovechó para despedirse de Gladion hasta una nueva oportunidad.

No pasaría mucho para que volvieran a verse.

Fue el 20 de Noviembre cuando Misty encontró a Ash colgado del techo de su habitación. La mujer cayó al suelo, cuyas cerámicas se pintaban con diminutos riachuelos de sangre que caían de la boca del cuerpo. Aguantó el vómito y logró llamar a Gary entre gritos antes de llamar a la ambulancia y caer inconsciente mientras le pedían que saliera del lugar.

El velorio fue esa misma noche. Muchos de sus amigos que asistieron a su última fiesta de cumpleaños no pudieron llegar a tiempo, por lo que los pésames y el llanto se dieron en el funeral y el entierro. Era totalmente una burla que el día estuviese soleado, no concordaba con los sentimientos de nadie. Gary frotaba sus ojos que no dejaban de humedecerse, pero su mano se detuvo en seco cuando notó el rostro totalmente inexpresivo de Gladion frente a él. Serena lloraba en silencio, con el vestido completamente negro y el rostro cubierto con un delicado velo. Sin embargo, la expresión del hombre no cambiaba, y no lo hizo nunca.

La tierra cubrió el ataúd y las flores, cartas y regalos adornaron la pequeña cruz y lápida que la acompañarían.

Gary giró una última vez a ver la tumba, para encontrarse a Misty con el rostro escondido entre las manos. Con mucho cuidado la tomó por los brazos para alejarla de ahí. Ella se sacó el anillo y lo colocó en el centro de todo el homenaje, que se quedaría ahí hasta convertirse en nada.

Por un momento, mientras Misty descansaba su cabeza en su hombro camino a casa, Gary empezó a temblar. ¿De verdad Ash estuvo tan mal? ¿De verdad había algo que lo obligó a terminar con su vida? Las dudas lo perturbaron durante las siguientes semanas, ni siquiera le ayudaba tratar distraerse, ya que las noticias solo hablaban del suicidio de su amigo y las muchas teorías que se formaron, algunas muy estúpidas. Misty se mudó con él hasta que pasara toda la ola del periodismo, además, no quería que algo malo pudiera ocurrirle. Ash ya no estaba, pero la cuidarían por él y por sus años de amistad. Se esforzaba en lucir feliz para ella, aunque las dudas siguieran atormentándolo.

Y como las dudas, el hombre de verde mirada no salía de su cabeza. Todo lo que podía recordar al cerrar los ojos era la sonrisa alegre de Ash, el rostro inexpresivo de Gladion y la intensidad de las miradas que ambos compartían. Necesitaba verlo, necesitaba respuestas y algo fuerte que lo dejara inconsciente unas horas porque quería volverse loco.

Sin embargo, Gladion le llamó justo en la víspera navideña, al mismo café donde hablaron por primera vez como si fuesen amigos. Gary temblaba de la emoción y un inexplicable miedo, lo saludó y pidieron una mesa alejada de todos, esperaba que sacara el tema.

Pero no lo hizo.

—¿Cómo está Serena?—Gary trataba de controlar el temblor en su mano mientras removía su café.

—Destrozada. ¿Cómo podría estar?— Gladion fue brusco. Respuesta dura ante una pregunta estúpida. Gary sentía el enojo creciendo ante esa respuesta. Se obliga a tragar el miedo y sin pensarlo aleja la taza con chocolate de sus manos. Lo miraba directamente a los ojos a pesar de que éste estaba ofuscado.

—Por qué.

No le interesaba el motivo de Ash que le hizo acabar con su vida, quería saber sólo una cosa.

—¿Por qué fuiste el único que se dio cuenta de que Ash era infeliz?

Gladion no se atrevía a decir nada mientras sostenían la mirada. Logra quitarle la taza y se aleja de él un poco al recostarse en el espaldar de su silla. No se molestaba en ocultarle su incomodidad por el ataque con preguntas. Los villancicos afuera estaban fastidiando a ambos, la navidad no sería agradable ese año.

—¿Qué hizo que precisamente tú notaras que Ash estaba ocultando algo que lo llevó a matarse? ¡Yo lo miraba todo el tiempo y no noté nada! ¡Misty jamás notó nada! ¡Nadie notó nada!

—¡No creí que fuera a pasar! ¡No se me ocurrió en ningún momento!—Gladion controlaba el volumen de su voz pero no el temblor en ella. — Pensé que superaría todo en cuestión de tiempo cuando me enteré lo de Misty y por mi culpa-

—¿Superar qué? ¿Tu culpa qué? ¡Qué pasó! ¡Qué hizo! ¡Qué perdió!

Gladion frotaba sus muñecas con fuerza. En un brusco movimiento, separó las manos para arrojarle su anillo de casado en la mesa.

—Serena.


Feliz Navidad