Hola a todos, aquí les traigo una nueva historia. Hacia tiempo que no escribía nada de este fandom de Hetalia, pero hace unos meses volví a él, conocí a gente maravillosa y mi inspiración por si sola broto con más de miles de ideas que escribir. Quiero advertirles que este será un fic corto, que será de chico x chico así que no lean si no les agrada. A todos los demás espero que les guste esta historia.

Muchas gracias y... ¡FELIZ NAVIDAD!

...

El amor en un café navideño.

El general invierno había echo acto de presencia enviando un gélido viento que anunciaba que finalmente llegarían las primeras nevadas. Todas las calles estaban decoradas con hermosos adornos navideños, luces que iluminaban las noches y transmitían un sentimiento cálido a todos aquellos que las miraban. Sin embargo, para las naciones aun no habían tenido tiempo para poder disfrutar de esos pequeños detalles ni de disfrutar de un chocolate caliente, o ir a patinar a las pistas de hielo de los parques. La razón era bien sencilla, debían de estar todos presentes para una reunión de ultima hora antes del día la noche de Navidad.

No era ninguna novedad que esto pasara, que tuvieran que acudir obligados a una reunión. Sin embargo, para el austriaco creía que era una perdida de su preciado tiempo. Siempre pasaba lo mismo en aquellas reuniones, escandalo, gritos, falta de educación por parte de todos y al final cada uno iba hacer lo que quisiera. Esas reuniones desde su punto de vista eran evidentes, llegando incluso a poder ahorrárselas y así cada uno tener unas navidades tranquilas en sus respectivas casas. Pero al llegar al moderno edificio soltó un suspiro pesado, quisiera o no, debía hacer acto de presencia, tomar notas de la reunión para comunicárselo a sus superiores, … el típico papeleo que todas las naciones desde hacía años sabían hacer. El viaje no había sido nada fácil, primero fue tomar un avión con solo lo puesto y su maletín de trabajo además de su preciado violín. Odiaba el ejercicio físico, pero aun así le toco correr por el aeropuerto incluso cuando llego a su destino tuvo que darse prisa. Sus piernas se sentían agotadas y temblaban con levedad, no soportaba ningún tipo de ejercicio, incluso a veces le costaba mantener la casa limpia. Cuando por fin llego a la sala de reuniones tras una pesada caminata, ya había algunos países sentados en sus respectivos asientos. Sin embargo, al buscar el letrero con el nombre de su país se percato de que no era como siempre, ¿Quién había organizado aquella reunión? ¿O acaso nadie se la esperaba? Porque se encontraba entre países con los cuales nunca antes había hablado. De normal se sentaba junto a Hungría, Alemania y Prusia…pero ahora incluso Elizabeth estaba casi en el otro extremo. Por alguna razón recordó cosas del pasado que le hicieron poner una cara algo seria e incluso algo entristecida, debía de estar ya acostumbrado a este tipo de cosas.

Los minutos fueron pasando y cuanto mas tiempo pasaba más empezaba a ser notorio el aburrimiento junto con la pesadez. Para ese momento las grandes potencias discutían entre ellas al mismo tiempo que ignoraban los gritos de Alemania, quien en un intento vano intentaba mantener el orden. Aunque cualquiera que se fijara podía darse cuenta que era Gilbert quien estaba echando leña a todas las discusiones y pasándoselo como un niño pequeño en navidad. Ya había compuesto media melodía con ese toque navideño cuando al llevar su mano a su pañuelo noto la falta de la presencia de algo muy querido para él. Comenzó a alarmarse a pesar de estar en medio de la reunión dejo mostrar un poco esa angustia. ¿Dónde lo había metido? Siempre lo llevaba en su cuello, rara vez se…lo quitaba…Ahora recordaba que en el aeropuerto se vio obligado a quitárselo para evitar ese molesto pitido de metales ¿Dónde lo puso? Revisando cada uno de sus bolsillos hasta que finalmente ante el tacto de su mano pudo notar aquel frio metal. Con cuidado lo tomo para así sacarlo del bolsillo, quería asegurarse de que estaba en perfectas condiciones y nada malo le había pasado. Quedándose mirando aquel collar de plata que poseía una cruz cristiana y a su lado un anillo viejo de matrimonio. Lentamente lo acaricio recordando a la persona que se lo dio, Antonio. Aquel español casi en la ruina que logro cautivarlo con la sencillez que poseía aquel collar y ese anillo. Eran tan diferentes a las joyas vistosas de la aristocracia, las cuales estaban destinadas a presumir y cuanto mas vistosas fueran más categoría parecías tener. Admitía que no todo fue maravilloso, ¿Cómo olvidar los escándalos que hizo España porque no quería ir a la misa? Una pequeña risa escapo de sus labios, por ese entonces Antonio era demasiado devoto, un poco mas y estaba convencido que le nombraban papa supremo. Pero ahora ante sus ojos aquellos recuerdos quedaban reflejados con añoranza, junto con una felicidad y tristeza mezclados. Ignorando que estaba empezando a captar las miradas de unas cuantas naciones, pues sin darse cuenta estaba sonriendo de manera sincera, mostrando una sonrisa que muy pocas veces mostro.

El francés no era el único que se estaba divirtiendo al ver como su amigo prusiano la iba liando cada vez mas, hasta que le toco discutir con cierto ingles. Era ya algo habitual aunque no comprendía quien tuvo la genialidad de ponerlos juntos sabiendo que siempre terminaban discutiendo, pero era algo que estaba bien y ya era costumbre en ellos. Mas logro que el inglés terminara pagándola con Antonio, sobre cierta custodia de cierta zona al sur de España. Fue en ese momento divertido cuando su oído se percato de la risa de alguien que nunca pensó que volvería a escuchar. Su mirada se clavo en el austriaco y en el rostro que este tenía. Era curioso verle de ese modo ¿Qué tenia entre sus manos? ¿Seria algún regalo de Navidad adelantado? No… parecía algo viejo pero desde esa zona no lograba distinguirlo. Pero fuera lo que fuera había logrado el milagro navideño de que el moreno sonriera sin tener en mente todas esas normas de caballero impidiéndole expresarse como debía. Aprovechando el ajetreo le pidió ayuda a la húngara lanzándole una pelota de papel, algo que esta no se tomo a bien y sin querer habían comenzado en esa zona una pelea de bolas de papel. Al ver con el paso de unos pocos minutos que no estaba mejorando "la tregua de paz de bolas de papel" porque no hacia mas que unirse otros países que fueron "dañados" lateralmente, opto por ir a donde estaba España. Iba a sacarle del embrollo en el cual le había metido con la pequeña esperanza de que fuera a ver que tenia el austriaco en sus manos y que lograba lo que nadie en años había logrado.

− ¡No pienso darte a Gibraltar! He is mine! Damn tomato grower! ¡Dame su custodia ahora mismo! −Grito Inglaterra mientras intentaba mantener la compostura, algo que no estaba logrando porque parecía que en cualquier momento saltaría al cuello del español.

− ¡Él no es tuyo! ¡Solo lo quieres para tener un sitio con buen clima y como punto estrate…! − Siendo interrumpido por la llegada de Francis que sujeto al inglés.

−Men amis, ¿Por qué no paran de pelear? Oui? Hay cosas más importantes ahora mismo. −Dijo el francés mientras hizo gestos con la mirada a Antonio para que desviara su atención al austriaco, él único que estaba en su mundo sin armar pelea.

−¡Maldito francés! ¡Suéltame! ¡¿Quién te has creído?! −Grito Inglaterra ignorando que pasaba en realidad.

No entendía porque ahora su amigo Francis ahora intentaba salvarlo de aquel cejotas mal humorado, cuando fue culpa suya que empezaran a discutir por la custodia de Gibraltar. Además que pensaba que simplemente lo hizo para no tener que aguantar al ingles y lo entendía perfectamente, porque en la mayoría de las reuniones siempre terminaban peleándose llegando incluso a las manos. Pero eso era normal si tenían en cuenta toda la historia que tuvieron y que eran representaciones de naciones. Sin embargo, pudo percatarse de esa desviación en su mirada, ¿Qué pasaba? Cuando lo hizo por segunda vez disimulando con palabras halagadoras a Arthur fue cuando decidió girar la cabeza para ver que quería que viese. No le tomo si quiera mas de cinco segundos porque su vista se clavo en Austria, como si no existiera nadie más, ni todo ese caos que les rodeaban. En algún momento incluso dejo de escuchar los gritos quedándose embobado con aquella sonrisa que lucían los finos labios del austriaco, ¿Por qué estaba sonriendo? ¿Tenia algo en sus manos? ¿Una foto tal vez? No…era mas pequeño que eso. Levantándose de su sitio para ir hasta él, quería saber porque estaba así, quería saber porque sonreía con tanta sinceridad, expresándose sin miedo alguno o sin normas de etiqueta que seguir. ¿Quién o que era el causante de ello?

Algunas de las naciones como Italia, Romano e incluso la húngara, se percataron de que España se había levantado de su sitio y andaba como hechizado hacia un punto que no tenían aun del todo claro, pero que con cada paso que daba era obvio hacia quien iba. Nadie comprendía porque iba hacia él, ¿Iba a pelearse con el austriaco? Sin embargo, Hungría se quedo mirando al alemán, analizando cada uno de sus gestos….una sonrisa sincera llena de añoranza y felicidad, un sentimiento descubierto sin importarle si alguien le veía, olvidando toda normal de educación. Respiro aliviada al percatarse del objeto que tenia el ojivioleta entre sus manos, acariciándolo como un preciado tesoro. No era ningún secreto para ella que Roderich no fuera como todo el mundo pensaba. Si era cierto que una vez estuvo enamorado de ella pero eso cambio cuando conoció a alguien y estuvo casado con esa persona durante años. Aunque todo fuera para solucionar problemas económicos o traer paz después de las guerras, las naciones al igual que las personas que representaban, se enamoraban y nadie podía controlar un sentimiento tan poderoso como lo era el amor. Girando la cabeza no para darles privacidad sino para sonreírle a los italianos, haciéndoles entender en cierta manera que no debían de preocuparse, porque a fin de cuentas estos fueron criados por ellos y era normal que no les gustara verlos pelear. Sin embargo, parecía que a Romano le costo un poco mas entender que era lo que estaba ocurriendo, y era mejor no hacerse ilusiones porque todo podía pasar, pero aun así a simple vista se veía claramente que a ese par les unía algo más que una simple amistad.

Su corazón no hacia mas que recordarle aquel matrimonio, pero no se centraba en los errores cometidos sino en las cosas maravillosas que ocurrieron durante ese tiempo, como por ejemplo; aquellos paseos nocturnos por el bosque, en donde la tranquilidad reinaba y las luciérnagas parecían iluminarles el camino, junto con aquel manto estrellado que ni si quiera el bosque mas frondoso podía ocultar. O como olvidar las veces que Antonio llegaba con barro a casa por estar en temporada de recolecta, obvio que se enojaba porque en la aristocracia no se podía estar sucio, pero adoraba ese olor que traía con él, el olor de los tomates recién recolectados, …Suspirando como una colegiala enamorada pero al mismo tiempo sabiendo que ese tiempo no volvería, que ese amor solo lo sentía él. Porque ese amor surgió durante aquellos años de casados y que lentamente sin darse cuenta, Antonio ya había invadido su corazón, haciendo que olvidara aquel amor que sentía por Hungría. Tan absorbido estaba en esos pensamientos que no se percato que a su lado ya se encontraba aquella persona que le había robado el corazón e inundado su mente.

Al llegar al lado del austriaco no podía creerse lo que sus ojos veían, ¿Cómo era posible que aun tuviera ese collar? Pensó que lo había tirado junto con el anillo de compromiso cuando se divorciaron, pero no fue así. Pudo incluso apreciar lo bien cuidado que estaba. Mas a su mente vino el día que le regalo aquella cruz…¿En que momento pensó que era bueno? Sin embargo, en esa época era tan devoto que ahora casi le daba un poco de vergüenza, lo que tuvo que soportar Roderich a su lado…y luego el anillo que no era vistoso como demás joyas en la aristocracia a la que pertenecía, era tan simple…seguro que muchos se burlaron del ojivioleta y por primera vez se daba cuenta de ello, porque cuanto mas vistoso fuera la joya en esa época mas prestigio se tenia. Y él por su parte se marchaba durante meses a explorar mundo. Era entendible que el contrario fuera tan serio y amargado con él, a saber cuanto tuvo que soportar en esa época. Pero ya nada de eso importaba, el pasado era algo que nadie ni si quiera una nación podía cambiar por mucho que se intentara borrar, y eso él lo sabia. Respiro profundamente sin saber que debía hacer, mas su cuerpo traicionero ya se había adelantado al tomar con cuidado aquel collar. Sin decir una sola palabra, cruzándose su mirada con aquellos hermosos ojos violeta que estaban sorprendidos, le dedico una sonrisa sincera para que se calmara.

Ante la atenta mirada de muchos, el silencio comenzó a reinar llegando así una extraña calma en donde Antonio y Roderich eran los protagonistas. No existía nadie ni nada más entre ellos, siendo un momento único y especial para ellos. Muchos pudieron apreciar que en ese collar había una cruz cristiana junto con un anillo de compromiso, algunos no entendían del todo pero aquellos que conocían la historia que había entre ellos dos todo encajaba de una manera perfecta. Viendo como el español le colocaba aquel collar al austriaco, siendo este último el que parecía no poder apartar la mirada del contrario con un leve sonrojo en sus mejillas.

− Austria, ¿Puedo invitarte a un café con chocolate? Creo recordar que era tu favorito y… que deberíamos hablar. −Dijo España mientras le ofrecía la mano al contrario para ayudarle a levantarse de la silla.

Estaba hechizado por el brillo de aquellos ojos verdosos, mas sus mejillas seguían sonrojadas y no lograba articular palabra alguna. No le parecía bien irse de la reunión pero…− Me gustaría. –

Tomando la mano del español para irse de allí, sabiendo que estaba haciendo mal, que estaba yendo en contra de todo aquello que le enseñaron. Pero era hora de aclarar las cosas, de descubrir ese sentimiento que había estado silenciando con el tiempo y esperando que se olvidara. Mas eso nunca ocurrió porque cuanto mas tiempo pasaba alejado de él tras el divorcio, mas pensaba en él, en como le añoraba, en como echaba de menos el calor que le brindaba cuando estaba cerca e incluso muy a su pesar llego en algunas ocasiones a comparar a la húngara con el español. Por suerte cuando lo hablo con Elizabeth, todo quedo resuelto y esta prometió no decir nada. Pero estaba convencido de que la morena sabia que ese amor que surgió no iba a ser borrado por mucho que pasaran los años. Al salir de ese mar de pensamientos fue cuando se percato que el ojiverde estaba tirando de él mientras iban agarrados de las manos. Un color rojizo no tardo en aparecer en sus mejillas, no esperaba que el contrario fuera a hacer algo así y mucho menos delante de todos.

En cuanto tuvo la respuesta y sintió la mano del contrario sujetándose a la suya, un impulso le domino por completo. Ignorando a todos los presentes decidió sacar de ahí mismo a Austria y llevarle a por ese café con chocolate. Recordaba haber visto una cafetería en la esquina, por esa razón puso rumbo hacia allí mientras que en su mente intentaba hallar las palabras que le diría al austriaco, quería saber el motivo por el cual no tiro ese collar y aquel anillo de compromiso, una parte de su ser necesitaba saberlo porque…Suspirando un poco desviando la mirada para ver de reojo al austriaco. Asombrándose por la belleza que este poseía con las mejillas sonrojadas al mismo tiempo que se aferraban sus manos para evitar soltarse entre aquella multitud de personas. No quería hacerse ilusiones, conocía al moreno, estuvo casado con él durante muchos años y seguramente solo lo conservo como recuerdo, de igual modo que usaba un pañuelo de seda con el bordado de una nota musical que la misma Hungría le hizo. Además que tras ese divorcio pensaba e incluso creía que el ojivioleta le odiaba a muerte. Aunque ¿Y si le odiaba porque...? Volviendo a mirar hacia el frente al llegar a finalmente a esa cafetería sin dudar en pedir dos cafés con chocolate. Seguía sin atreverse a dirigirle la palabra al contrario a pesar de que sus manos seguían unidas, solo cuando les sacaron el café fue cuando le soltó para así ofrecérselo. ¿Cómo podía empezar sin sonar demasiado directo? ¿Qué podía decirle? Todo lo que pensó se había borrado de su mente al ver el rostro de Roderich y con esa mirada que parecía entristecerse con cada segundo que pasaba.

– Danke, Antonio. –Agradeció el austriaco mientras tomaba ese vaso de café, pero sabia que el contrario a lo mejor estaba molesto. – Y… Es, tut mir Leid. – Disculpandose por ello sin saber que decir.

Al ver como finalmente bajaba la mirada supo que significaban esas palabras en alemán. –No, no debes disculparte, Roderich, yo…–Dijo apresurado antes de que se malentendiera toda esa situación. – Quiero decir… ¿Por qué lo guardaste?... Pensé que me odiabas. –

Dejo que el español hablara aunque no era la reacción que esperaba. Sin embargo, al oír esa pregunta le hizo suspirar levemente antes de quedarse mirando su café. –Es…difícil de explicar, Antonio. Pero yo no te odio, solo que después de ese día estaba dolido. Yo…soy malo expresando mis sentimientos si no uso la música. Y se que cometí muchos errores en nuestro matrimonio…soy don señorito tacaño amar... –Siendo interrumpido por el contrario.

–¡¿Qué?! ¡No! Tú no eres así, Roderich, te gusta ahorrar y gracias a eso yo aprendí un poco a hacerlo. Además siento que fue mi culpa porque siempre estaba de viajes explorando el mundo. Nunca me di cuenta hasta ahora cuando volví a ver el anillo que tu te quedabas solo, aguantando la aristocracia, que después me tenias que aguantar a mi y mi deseo de volver a la mar ignorándote…Lo siento mucho Roderich y me alegra que no me odies. –Mostrándole una suave sonrisa mas al ver que el moreno tenia un bigote de café no dudo en limpiárselo con suavidad.

–No fue cul…–Sus mejillas nuevamente se sonrojaron ante ese gesto haciéndole que sonriera de manera sincera.

Al ver esa sonrisa se dio cuenta de lo que había hecho pero en esa ocasión no se puso nervioso, estaba admirando la belleza que el ojivioleta desprendía en esos momentos. –Creo que expresas muy bien tus sentimientos y adoro la música que creas para expresarte. – Diciendo esas palabras con cariño pasando a acariciarle la mejilla. –Aun me gustas, Roderich. –

–¿De ver…verdad? –Preguntándole sorprendido pues no esperaba que se confesara.

En cuanto escucho esa pregunta medio tartamudea por el moreno no dudo en dejarle claro ese amor, porque si no le odiaba significaba que podía tener una posibilidad ¿No? Y por muy pequeña que fuera iba hacer lo posible para hacer que reavivara ese amor. Acercándose a sus labios hasta que estos se unieron a los suyos, otorgándole así un acto sincero de su amor. Expresándose en ese beso todo cuanto quería transmitirle su corazón, porque no todo era amor, también había culpa, tristeza por el tiempo que pudieron seguir juntos aunque como naciones no pudieran, si podían como humanos. Saboreando aquellos finos labios que tenían un toque de café con chocolate, pero igualmente eran únicos. Sin darse cuenta había dejado el café en una de las mesas del exterior para poder tomarle de la mano y sentirle mas cerca, al mismo tiempo que su otra mano seguían en aquella mejilla acariciándola con el pulgar. Sentía como la felicidad inundaba todo su ser, su corazón latía con fuerza queriendo llegar al del contrario. Sin embargo, tristemente, todo lo bueno tenia que llegar al final y lentamente se separo de esos labios perteneciente a quien le robo el corazón. Mirando el brillo de esos hermosos ojos de color amatista, quedando completamente hipnotizados por ellos y esperando una respuesta que todo su ser anhelaba.

Se había quedado completamente estático sin poder reaccionar a ese beso como se merecía el español. Le había pillado tan de sorpresa que su mente se había quedado completamente en blanco, por esa razón ni si quiera pudo corresponderlo. Pero si pudo saborear de nuevo esos labios que durante las travesías que realizaba el contrario echaba de menos. Cuando se separaron sus mejillas seguían estando sonrojadas y una sonrisa había aparecido en sus labios, le alegraba que Antonio sintiera lo mismo, porque al igual que él pensaba que le odiaba o pensaba esas cosas que escuchaba e intentaba no hacer caso. Ver esos hermosos ojos le hicieron darse cuenta de cuanto los había extraño, de cuanto tiempo quiso verlos de nuevo. Su cuerpo guiado por ese amor apoyo la cabeza en el pecho del español, mientras ahora su sonrisa parecía la típica de una colegiala enamorada que podía estar junto con la persona que amaba. Aun sostenía su café sin derramar ni una sola gota y esperando ser abrazado, algo que no tardo en sentir aunque sabia que debía de dar una respuesta a esa confesión de amor, pues parecía que Antonio no se había enterado de que le amaba y de ahí que estuviera dolido tras el divorcio.

– Te amo, Antonio Fernandez Carriedo. –Dijo el austriaco tras separarse unos segundos solo para poder mirarle a la cara, así vería que estaba hablando de manera sincera e intentando expresar ese sentimiento que inundaba su corazón.

Nada mas escuchar esas palabras, una enorme sonrisa apareció en sus labios había esperado por mucho tiempo el oír de nuevo esas palabras. –Y yo te amo a ti, Roderich Edelstein. –

Esas palabras de amor le llegaron al corazón, siendo el impulso que necesitaba para en esta ocasión ser él quien le diese un beso en los labios. Quería poder expresarse mejor, que la gente entendiera como se sentía a pesar de tener ese rostro serio. Pero ahora solo quería que fuera el español quien viera eso, no cometer los errores del pasado y ser capaz de contarle todo incluso cuando alguien se metía con él por ser un viejo tacaño o solo simplemente contarle cuan enamorado le tenía. Puede que el beso no fuera el mas largo de la historia pero estaba siendo la prueba de ese amor correspondido. Pues el ojiverde estaba correspondiéndole no solo en ese beso sino también de forma sentimental. Degustando aquellos labios antes de verse obligado a separarse lentamente de ellos.

Nuevamente sus miradas se cruzaban tras ese acto de amor, nunca se cansaría de ver el brillo de esos ojos violetas junto con esa sonrisa sincera y llena de felicidad dibujándose en los labios del austriaco. Pero era también consciente de que tarde o temprano iban a tener que volver a la reunión. Posiblemente muchos se les quedarían mirando, sin embargo… ¿Acaso eso importaba? No, no importaba porque finalmente estaba junto con la persona que amaba. Besándole en la frente esperando ser capaz de darle todo el apoyo necesario para enfrentarse a ese momento, todo ese apoyo que no pudo darle cuando estaba en travesías. No hicieron falta las palabras pues al tomarse de la mano y tomar su vaso de café fueron juntos de nuevo hacia el edificio en donde se celebraba la reunión. Sintiendo como Roderich se le acercaba más a él como solían hacer las parejas, no pudo evitar mostrar una amplia sonrisa llena de felicidad ante ese gesto. Puede que el contrario no supiera expresarse como los demás pero también tenia sus formas de hacerlo aunque no lo dijera. El calor del interior del inmueble no tardo en abrazarles y alejar el frio de sus cuerpos, tal vez debieron tomar los abrigos y no salir tan rápido de allí. Pero no pudo evitarlo, el ver al austriaco con ese collar le conmovió el corazón avivando esa pequeña esperanza que finalmente broto y ahora volvían a estar unidos por el lazo del amor.

Ambos andaron sin preocupación alguna por los pasillos, ignorando a esos humanos que les miraban un tanto sorprendidos porque ambos estuvieran juntos de esa manera. Pero a ninguno de los dos le importaba eso, ahora solo disfrutaban de esa felicidad nacida de su unión. Desconociendo también que los amigos del español al ver como se marchaban esos dos decidieron prepararles algo único y especial, logrando que todos dejaran de pelearse, viéndose así unos cuantos involucrados en el pequeño plan que denominaron "Muérdago".

La caminata hasta donde estaban trabajando a pesar de ser corta para el austriaco le trajo los recuerdos de esas caminadas nocturnas que daba con Antonio cuando estaban casados. Le enseño a ver el mundo de manera diferente y oir sus historias del nuevo mundo que descubrió en sus travesías. La sonrisa que se había dibujado en sus labios aun se mantenía e incluso cada vez se mostraba mas sincera. El poder estar al lado de su amado otra vez era casi como un milagro de navidad, nunca tuvo muchas esperanzas de que eso ocurriera. Dejo que este abriera la puerta de la sala de reuniones en la cual se encontraba, suponía que deberían de disimular por el momento y por eso con gran pesar se separo de este. Sin embargo estaba un tanto confundido por lo que estaba ocurriendo nada mas que terminaron de abrir la puerta.

Había llegado la hora de la verdad, quería anunciarles a todos que Austria y él finalmente lograron aclararse, que habían vuelto juntos y se darían la oportunidad de volver a intentarlo, aunque confiaba que esta vez si iban a salir las cosas bien. Pero al abrir la puerta se sonrojo fuertemente, no se esperaba que Prusia y Francia hicieran eso, ¡Pensaba que cuando lo dijeron borrachos no lo llevarían acabo si pasaba que se declaraba de nuevo al austriaco! Habían decorado todo el lugar con guirnaldas de papel con forma de corazón, incluso había alguno que otro navideño que combinaban perfectamente con la poca decoración navideña, ¿De donde la habrían sacado? Estaba convencido de que la tomaron "prestada" de alguna otra sala o de los pasillos.

– Hey, parejita, estáis bajo el muérdago kesesesese. –Dijo Gilbert con los brazos cruzados en una pose "awesome", permaneciendo al lado de su hermano.

– L'amour…est magnifique et beau, mes amis. –Hablo el francés con tono romántico, no era el país del amor por nada.

Tanto el austriaco como el español miraron hacia arriba al escuchar lo del muérdago, todo el mundo sabia que pasaba cuando dos personas se encontraban debajo de este. El rostro del ojivioleta estaba mucho mas sonrojado que el de España, lo cual a muchos les sorprendió un poco ya que este no solía mostrar sus sentimientos y mantenerse en una expresión neutral. Además ninguno de los dos había planeado contarlo tan rápidamente a todos, pero…mejor así porque así sabrían todos que ese amor había resurgido y era mas fuerte que la primera vez. Antonio apoyo la mano en la mejilla de su pareja haciendo que le mirase, dedicándole una mirada tranquilizadora y una sonrisa llena de confianza, no tenia de que preocuparse porque ahora iba a estar a su lado pasara lo que pasara, demostrándole que le amaba y no se ocultaría ni arrepentiría por culpa de ser muy devoto religiosamente. Apartándole un mechón castaño del rostro aprovechando para acariciarle, no haría nada que no quisiera el contrario pero al ver como se acercaba se acerco a este.

Solo existían ellos dos, sus miradas estaban fijas en cada uno, quedando hechizado en aquel brillo que reflejaba el amor que dos corazones muestran al estar unidos. Acercándose sus labios nuevamente, los cuales se unieron finalmente bajo aquel muérdago que les bendeciría en el amor durante esas fechas navideñas y unirían sus corazones en uno solo.

….

Espero que os haya gustado este pequeño fanfic de solo un capítulo de Hetalia, como suelo decir siempre, los personajes de la serie no me pertenecen, pero si la historia que hago con ellos. No olviden comentar dando su opinión, y ¡Felices fiestas, feliz navidad y feliz año nuevo! Que el amor también os llegue a ustedes en estas fechas.