**Katniss's POV**

Volver al Distrito ha sido como recibir un bofetón en la cara. Da igual que haya vuelto acompañada, eso no cambia el estado en el que se encuentra mi cuidad. Me llega el olor a quemado y a polvo e inmediatamente cubro con mi mano la boca de Willow. No quiero que respire esto, sea lo que sea (o quién sea). Me la aprieto fuertemente al pecho mientras corro con ella hacia la Aldea de los Vencedores, la única zona que no ha quedado reducida a cenizas. Solo cuando llegamos a la pequeña plaza consigo relajarme un poco. A pesar de ser consciente de que estoy en un distrito en ruinas y de que la muerte nos rodea, es imposible no tener la sensación de cruzar a otro mundo cuando llegas a la Aldea, ya que estas casas lujosas y aún en pie dan la ilusión de que aún queda algo de lo que una vez mi vida llegó a ser. Aunque fuera solo durante unos meses.

Me giro para ver a mis acompañantes y descubro que me han seguido con más o menos entusiasmo en esta carrera. Para mi sorpresa Peeta es el que ha quedado rezagado, porque a pesar de haber dormido durante todo el trayecto, aún se le ve cansado. Haymitch es quién me ha seguido a paso ligero, como ha saqueado el avión en busca de alcohol supongo que espera con ansias el momento de dejarse caer en su sillón para dedicarse exclusivamente a empinar el codo durante las próximas horas. Está deseoso de reencontrarse con su viejo hábito, lo que me entristece y preocupa a la vez, pero no puedo hacer nada para remediarlo.

- Nos vemos chicos –dice pasando por mi lado con su mochila tintineante de bebida a sus espaldas.

Peeta y yo intercambiamos una breve mirada antes de dirigirnos a mi casa. No lo hemos hablado, pero parece que es la decisión más lógica; aquí es donde nos reuníamos todos y donde alguna vez se respiró un ambiente cálido y familiar. Era lo más cerca que nunca estuvimos de vivir una normalidad, mientras que su casa desprende frío y soledad, su familia nunca se dignó ni siquiera a pisarla y Peeta hacía más vida en mi casa que en la suya propia, así que parece la decisión acertada. Sin hablarlo, juntos entramos en la que automáticamente se convierte en "nuestra" casa.

Cuando Peeta abre la puerta y la oscuridad y el frío de su interior me engulle, me invade la misma sensación que cuando nos cambiaron de compartimento en el 13. "¿Y ahora qué?". Peeta empieza a abrir las ventanas para iluminar el lugar y me doy cuenta de que alguien ha venido a arreglarnos la casa; hay cajas con comida y está bastante limpia, incluso hay un montoncito de leña apilado junto a la chimenea.

- Katniss –sigo su voz hasta la sala de estar con cautela, aun sujetando firmemente a Willow, y me encuentro con una cuna de madera. Alguien nos la ha regalado. La toco con mis dedos sintiéndome todavía más aún como en el Distrito 13. Siempre parece haber una mano invisible detrás de todo– ¿Qué te parece?

- Le falta una mano de pintura –digo disimulando mi verdadero temor. Sin embargo Peeta me sonríe; sabe a lo que me refiero. La cuna es bonita y de madera, pero la falta de flores pintadas es alarmantemente notoria.

- Yo me encargo –sé que lo hará. Sigo dándome una vuelta por el lugar, como si fuera la primera vez que viera estas paredes, estos muebles, estas habitaciones… la mano de Peeta en mi hombro me sobresalta–. ¿Estás bien?

No, no lo estoy, y no me sé explicar el por qué. Aún me siento en peligro, aún me siento aturdida. Es como si me hubieran encerrado en una caja, me hubieran zarandeado hasta volverme loca, y ahora me devolvieran de donde me arrancaron como si no hubiera pasado nada. Tampoco ayuda saber que la habitación de Prim estará siempre vacía.

- Me costará adaptarme –digo simplemente. Una cosa es sobrevivir en ambientes hostiles, que es a lo que estoy acostumbrada y, la otra, vivir en paz en tu hogar. No concibo lo segundo. Al igual que cuando salí de mi primera arena; no me fio de lo que es bonito y limpio, la experiencia me ha enseñado a desconfiar. Esta calma no puede ser real, aunque lo es.

- Todo esto aún está muy vacío y con cajas por deshacer. Tenemos que hacer que esta casa sea nuestra otra vez –estoy a punto de preguntar cómo planea hacer eso cuando recuerdo lo que hizo con nuestra habitación en esa prisión subterránea.

- Vale, enséñame cómo –esta vez no me voy a quedar de brazos cruzados, quiero colaborar y sentir que he construido esto con mis propias manos. Hasta que no tome el control de mi vida, no me voy a quedar tranquila.

Empezamos por atender las necesidades más inmediatas de Willow y mientras ella duerme la siesta en su nueva cuna (y después de asegurarnos de que no pasara frío y que estuviera cómoda) nos ponemos a limpiar y a organizar la casa. No tenemos muchas pertenencias pero las trasladamos todas a la habitación grande (la que era de mi madre, pero como ya no va a volver, nos adueñamos del cuarto). Peeta trae de su casa la poca ropa que le queda y algunos lienzos y pinturas que guarda en el despacho. A mí me parece bien que se quede con ese espacio por supuesto, no he sido capaz de volver a relajarme en esa sala desde que el desgraciado de Snow sentó su asqueroso culo en el escritorio.

Por la noche estamos agotados y nos apretujamos todos en la misma cama, no sé si es porque ya estamos acostumbrados a convivir en espacios reducidos o porque nos sentimos tan inseguros que necesitamos mantenernos unidos. Quizás sea un poco de ambos. Por la mañana voy a cazar y me aseguro de llevarme el arco conmigo de vuelta a casa porque sigo sintiéndome en peligro y necesito la sensación de seguridad que me da tener el arco a mano. Otra costumbre que adquiero es la de quedarme unos diez minutos al día de pie delante de la puerta cerrada de la habitación de Prim. Soy incapaz de entrar y de encontrármelo todo tal y como ella lo dejó, como si no hubiera pasado nada, cuando en realidad todo es diferente, especialmente teniendo en cuenta que Prim ya no va a volver a pisarla. Peeta no me presiona, así que sigo con esta costumbre hasta que ya no puedo retrasar lo inevitable y me decido a hacerlo. No porque quiera ni porque sea bueno para mi salud mental, sino que me obligo por Willow, quién crece de manera escandalosa y necesita una habitación propia. Peeta me dejó a mí la decisión, pero coincidió conmigo cuando le dije que creía que la mejor manera de hacer honor a mi hermana (a parte de las Prímulas que tenemos plantadas en el jardín), es hacer que Willow Primrose Everdeen-Mellark utilice su habitación y la llene de vida, quizás así esta sala deje de acarrearme tantísimo dolor.

Aunque no fue una tarea fácil, con solo ver sus cosas y sentir su olor impregnada en su ropa me vine completamente abajo. Necesité varios días y derramar muchas, muchísimas lágrimas, para ser capaz de empaquetarlo todo y acceder a que Peeta redecorase la habitación y la transformara por completo, pintándola de arriba abajo y cambiando completamente los muebles y su disposición. Peeta tampoco falló a su palabra de preparar la mejor comida que Willow hubiera podido desear, nunca más le hizo ascos a ninguna papilla ni a nada que su padre le preparara. El salón se nos llenó de juguetes y trastos, porque de algún modo u otro siempre todos encontrábamos la manera de darle cosas a Willow: teníamos dos cómodas enteras solo con sus cosas y me temía que eso seguiría en aumento exponencial (medicinas, ropa, juguetes, cepillos, pañales, toallas…). Peeta y yo podíamos vivir con lo que cupiera en una mochila, pero con la pequeña era diferente, claro. Igualmente, no había ningún ciudadano del Distrito 13 para quejarse de este despliegue de cosas, así que hicimos lo que quisimos.

De un día para otro Willow aprendió a andar y a hablar. Técnicamente no hablaba, pero sí era capaz de chapurrear palabras sueltas y Peeta y yo aprendimos rápidamente su idioma mientras ella aprendía el nuestro. Pasamos de tener que sostenerla siempre en brazos a tener una pequeña sombra que nos seguía a todos lados e imitaba nuestras acciones, igualita que mis queridas Prim y Rue. Desgraciadamente una de las primeras palabras que aprendió fue la de "pesadilla". Eso es lo que le decíamos cuando entraba en nuestro cuarto en plena noche después de oírnos gritar.

- No pasa nada, mamá solo ha tenido una pesadilla… –le dijo Peeta a la pequeña sombra que se erguía a nuestros pies. Llevaba el pelo enmarañado y le cubría gran parte de la cara, pero sus ojos estaban bien abiertos, clavados en mí. Es una desgracia que tenga el sueño tan ligero, por eso tuvimos que ponerla en otra habitación.

- ¿Mami? –la pequeña, que no medía más de tres palmos, necesitaba asegurarse de que estaba bien, tenía que confirmárselo. Me senté como pude, me aparté el pelo de la cara, hice de tripas corazón y traté de hablar en voz firme.

- Estoy bien Willow, anda vuelve a dormir, es muy tarde… –sus ojos me analizaron.

- Vamos, te acompaño –dije Peeta bajándose de la cama para coger a la pequeña en brazos–. Dale las buenas noches a mamá.

- Buenas noches mamá –repitió con su vocecita aguda y yo le sonreí como pude. Cuando Peeta se la llevaba era cuando se desmoronaba mi fachada y volvían los temblores. Por suerte Peeta nunca tardaba mucho en volver para consolarme.

Siempre la obligábamos a volver a su habitación por su propia seguridad, pero a veces sus ojos azules me perforaban el alma y terminaba aceptando que durmiera con nosotros mientras la abrazaba fuertemente y hacía unos esfuerzos terribles por no llorar, porque sabía bien que las pesadillas me perseguirían siempre.

Pero también había días buenos. Muy buenos.

Una buena mañana le dije a Peeta que quería ir a comer a la pradera, como tantas otras veces habíamos hecho. Él no era muy partidario de las excursiones al bosque porque le recordaban demasiado a los Juegos, pero siempre estaba dispuesto a ir de picnic, y especialmente hoy le hacía ilusión, ya que era uno de los pocos días de verano que quedaban antes de adentrarnos en el frío de otoño. Preparamos bocadillos, cogimos mantas y vestimos a Willow para la ocasión, lo que significaba ataviarla con un sombrerito para protegerla de los rayos del sol y con unos pantaloncitos largos para que no se pinchara con nada. La pequeña ya tenía casi cuatro años y ya era lo suficientemente alta como para que pudiera andar entre las hierbas sin problemas.

- Aún me acuerdo cuando le daba miedo andar por aquí… –susurró Peeta con nostalgia mientras veíamos a Willow corretear en zigzag a través del campo.

- Sí, menudos gritos pegaba… –yo también me acordaba de los chillidos estridentes que soltaba cuando la dejabas en el suelo, con hierbajos casi tan altos como ella. Pobrecita, era normal que les tuviera miedo.

Llegamos al sitio de siempre y desplegamos el mini campamento mientras Willow seguía correteando por ahí.

- Mamá, mamá, mira –decía levantando los brazos como si fuera un pájaro y trazando círculos.

- Muy bien cariño –le respondí con entusiasmo aunque apenas le prestaba atención porque ese día mi cabeza iba por otro lado.

- Siempre quiere impresionarte –susurró Peeta dejándose caer a mi lado.

- ¿Tú crees?

- Claro. Eres demasiado espectacular, es normal que quiera imitarte, es su forma de acercarse a ti.

- ¿Acercarse? Lo dices como si yo fuera inaccesible o algo –me quejé.

- No, yo no he dicho eso. Lo que digo es que su madre es la heroína de Panem…

- Ella no sabe nada sobre eso –le corté rápidamente. Además si algo no era yo, era una heroína.

- Pero no es tonta, ve el respeto con el que te trata la gente. Y además eres la reina del bosque, te ha visto disparar. Te admira un montón –me aseguró. No negaba que Willow me quisiera, porque yo también la quería con locura, pero no podía entender a lo que se refería.

- No más que a ti, siempre te mira embelesada mientras cocinas y le encanta dibujar contigo –en realidad siempre pasaban mucho tiempo haciendo actividades juntos y eso me daba un poquito de celos. Esperaba con ansias que llegara el momento en que Willow fuera lo bastante mayor como para que pudiera llevármela al bosque conmigo y enseñarle a disparar. Peeta negó con la cabeza.

- Sigues sin darte cuenta del efecto que produces en los demás. Incluso con tu propia hija.

- ¡Mamá, mamá mira! –trajo un palo con un gusano enredado en la punta. Peeta hizo una mueca de asco pero yo me reí.

- No le molestes, déjale donde lo has encontrado –le di una palmadita en la espalda, devolviéndola en dirección al campo, y Willow volvió a corretear manteniendo el palo en alto hasta depositar el gusano en el punto exacto de donde lo había sacado. La pequeña era bastante revoltosa pero siempre me hacía caso.

- Es igualita a ti.

- ¿Tú crees? –dije sin estar convencida, Willow prestaba mucha atención en las clases de cocina de Peeta y parecía disfrutar de verdad con eso.

- ¿Tienes que preguntarlo de verdad? Yo no jugaba con bichos y no hace falta que nadie me lo diga para que sepa que tú hacías eso y más –dijo riéndose y yo me encogí de hombros. La verdad es que tenía razón; siempre llegaba a casa con alguna que otra mascota.

- Quizás el próximo sí se parezca a ti.

- ¿Qué próximo? –preguntó distraído devolviéndole el saludo a Willow, que movía la mano con entusiasmo en nuestra dirección.

- El próximo hijo –Peeta dejó de saludar a Willow y se giró muy serio hacia mí. Me avancé a su pregunta–. Estoy embarazada de nuevo.

Peeta tardó unos segundos en reaccionar pero la sonrisa que se le formó fue tan gigantesca que parecía que iba a partirle la cara en dos.

- ¿Lo dices de veras? –preguntó apenas siendo capaz de contener la emoción.

- Claro que sí –dije sin poder evitar sonreír como él. Me había perecido imposible, pero Peeta ensanchó aún más su sonrisa.

- Eso es… –no pudo terminar la frase y se abalanzó sobre mí con muy poca sutileza y elegancia. Básicamente estampó sus labios contra los míos con tanta fuerza que casi me hizo perder el equilibrio– oh, Katniss… –empezó a balbucear incongruencias y yo le volví a besar para ahorrarle hacer el ridículo de esa manera. Después de un largo beso fue capaz de terminar la frase– ¡es fabuloso!

Peeta se entusiasmó de mala manera, empezó a hacerme preguntas y a hacer un millón de planes, como que no dejaría que yo levantara peso y que empezaría a cocinar de manera distinta y luego empezó a fantasear: ¿cuál sería su sexo? ¿A quién se parecería? ¿Le gustaría dibujar?

- ¿Cuál será su nombre? –esa pregunta me congeló.

- Otra vez no… –dije poniendo los ojos en blanco. Odiaba el proceso de escoger nombre, me daba pánico.

- Necesitará un nombre –me recordó.

Tuve un flashback del día que escogimos el nombre de Willow en la sala de los colibríes y me di cuenta que la situación era bastante parecida, aunque esta vez la naturaleza que nos rodeaba era real. Estaba tumbada apoyando mi cabeza en el regazo de Peeta, él me acariciaba el pelo mientras Willow dormía apoyada en mi vientre, junto a su futuro hermanito.

- No quiero volver a pasar por eso, escoge tú el nombre y ya está –dije con la sincera esperanza de poder evitar enfrentarme a esa interminable tarea. Peeta se rio.

- ¿De verdad tan duro te parece?

- Mira, mientras no le llames Brutus o algo por el estilo cualquier nombre me servirá.

- Como Cato, ¿no? –oírle decir ese nombre en voz alta me removió las entrañas. No solo porque hirió a Peeta de gravedad y porque protagonizó mis pesadillas durante años, sino porque ahora, después de tanto tiempo, ya no le tenía miedo sino pena. Era una víctima más. No podía evitar preguntarme si de no haber sido tributo, ahora también tendría su propia familia.

Se produjo un silencio muy incómodo en el que yo me dediqué a centrarme en acariciar la mejilla de Willow y a sentir los dedos de Peeta en mi pelo para distraerme de esos pensamientos.

- Rye –dijo él de repente.

- ¿Qué?

- El nombre de mi hermano –intenté recordar a mi cuñado pero apenas sabía nada de él, solo que era el hermano del medio y que ganó a Peeta en la competición de lucha libre–. Me gustaría que si fuera niño le llamásemos así –Rye, centeno, tenía un significado dentro de la familia de panaderos Mellark, al igual que lo tenía el nombre de Peeta. Me parecía justo que uno de los niños tuviera nombre de flor como yo, mientras que el otro tuviera un nombre con el mismo significado de pan que el de Peeta.

- No sabía que os llevarais tan bien… –dije con tanta sutileza como pude en un intento de conseguir más información sobre él, porque la verdad es que nunca había llegado a hablar con ese chico.

- Mis padres no se querían, o quizás lo hicieron hace tiempo pero yo eso ya no lo viví. Siempre tuve la sensación que yo fui el que arruiné la familia con mi llegada, especialmente por cómo me trataba mi hermano mayor, que siempre me culpaba de todas nuestras desgracias. Nos llevábamos demasiados años, él siempre me vio como un incordio e incluso me llevé algún que otro bofetón suyo. Decía que era demasiado débil, demasiado sensible… era de la misma opinión que mi madre. Mi padre sí me quería pero fallaba a la hora de protegerme de mi madre y de mi hermano, Rye era el único que me trataba con relativa simpatía y me ayudaba de vez en cuando. Es decir, nos peleábamos casi siempre y solíamos entrenar juntos para la lucha libre, lo que significa que me llevé más de una vez un buen moratón por su culpa, pero una vez que estaba enfermo me hizo los deberes y cuando me equivoqué con las cantidades y eché a perder una tarta carísima él me encubrió diciendo que había sido culpa suya para evitarme la paliza de mi madre.

Mi familia distaba mucho de ser perfecta. A menudo os veía a ti y a tu hermana y me preguntaba qué debía sentir uno al tener un hermano que te quisiera tanto, porque los episodios de simpatía de Rye eran más bien esporádicos. Cuando te dije que no había nadie que me quisiera lo decía de verdad, y no solo lo decía por mi familia, yo tenía amigos en la ciudad pero con solo veros a ti y a Gale sabía que mis amistades distaban mucho de ser lo que veía en vosotros. Teníais una mirada que decía que haríais lo imposible por proteger al otro. Eso siempre me gustó de ti, la ferocidad con la que querías a tu gente. Quizás no tuvieras muchos amigos pero estabas dispuesta a dar la vida por ellos, literalmente. Yo no tenía nada remotamente parecido ni siquiera dentro de mi propia familia, y eso quedó más que claro el día de la Cosecha cuando nadie se presentó voluntario por mí.

Cuando volví de la arena todo el mundo se alegró de verme, incluso mi madre. No hay nada como ver a tu hijo moribundo como para ablandarte el corazón. Pero no fue el abrazo de mi madre ni el de mi padre el que me conmovió, sino el de Rye. Esperó a que todos terminaran de saludarme para poder abrazarme tan fuerte que apenas pude respirar. Estaba llorando. Sé que casi todo el mundo lloró ese día, pero créeme, él nunca hubiera llorado por mí y la forma en que él lo hizo fue sincera. Me sostuvo en sus brazos más de lo estrictamente considerado correcto, temblando, y me pidió perdón por haberme fallado como hermano. Sentaste un precedente Katniss, y le dolía no haber tenido la voluntad suficiente de hacer lo mismo por mí que hiciste tú por Prim. Yo intenté restarle importancia, diciendo que eso era normal y que no se lo tenía en cuenta, pero él insistió en fustigarse porque le habías abierto los ojos. Se dio cuenta de que no me quería como debería y de que nadie más en mi familia lo hacía. Traté de tranquilizarlo pero no pude, se sentía profundamente culpable.

Durante los días siguientes todos se mostraron amables conmigo tal y como cabría esperar, pero pronto nació una especie de envidia por el nuevo estatus que había adquirido. Al parecer se les olvidó cómo había conseguido el dinero y la fama, por no decir que todo eso había sido un regalo envenenado, pero no querían comprenderlo. El único que siguió tratándome como una persona normal fue Rye. Él siempre tuvo esa mirada que decía "te compensaré" y se encargaba de normalizar la situación con mi familia y de recordarles que daba igual cuántas casas tuviera a mi nombre, que yo seguía siendo humano y, por encima de todo, un Mellark. Me defendía abiertamente delante de ellos y no a escondidas como había hecho alguna vez en el pasado.

Nuestra relación siguió siendo débil y nunca intimamos demasiado pero al final le vi brillar levemente esa pasión en la mirada que tú siempre sentiste por Pim. Si pudiera volver atrás intentaría colaborar con él para romper esa barrera que nos separaba. Quién sabe, quizás hubiera podido ser un buen confidente. Creo que siempre esperó a que acudiera a él y le abriera mi corazón, pero fui incapaz de ello, había demasiadas pesadillas, demasiado miedo, demasiadas secretos que no podía contarle a nadie, ni siquiera a ti o a Haymitch… no me dejé ayudar por su propio bien y murió sin haber podido conseguir esa relación de hermanos prácticamente utópica conmigo.

Entonces Peeta se quedó en silencio, visualizando a su hermano en su mente, trasladado a tiempos lejanos. No supe qué decir, yo no tenía ni idea de todo esto aunque sí podía identificarme con lo de sentir una barrera con tus seres queridos por culpa de los secretos que estábamos forzados a guardar. Yo sufrí en soledad pero Peeta también.

- Por todo esto quisiera llamarle Rye –ya había olvidado que había empezado a contarme todo esto para escoger el nombre de nuestro segundo hijo. Había estado demasiado metida en la historia–, para que sepa que fue un buen hermano, que yo no necesitaba a alguien perfecto, sino que yo solo le necesitaba a él, tal y como era, porque comprendí que ya había sido un buen hermano para mí incluso antes de que él empezara a tomar conciencia de ello y empezara a comportarse como tal. Además, mi infancia con él es una de las cosas que el Capitolio no logró borrar de mi mente y me enorgullezco de ello –lo dijo como si aún necesitara más motivos para querer llamar a mi hijo Rye, como si no me hubiera conmovido lo suficiente ya–. ¿Qué te parece?

- ¿Que qué me parece? Pues me parece que de verdad espero que sea niño porque necesito llamarlo Rye –él sonrió tímidamente.

- Entonces, ¿te gusta el nombre de verdad? –me preguntó con las mejillas ligeramente sonrosadas.

- ¿Estás de broma? Es perfecto –tiré de su cabeza y lo obligué a que se agachara para así poder besarle– Willow y Rye.

Unos meses después nació el pequeño Rye Finnick Everdeen-Mellark, tan sonrosado y rubio que tuve la sensación de tener a una mezcla entre Prim y Peeta entre mis brazos. El pequeño tenía salud y unos ojos tan grises como los míos. Con él llenamos el cupo de habitaciones en casa y completamos nuestra familia.

Haymitch siguió llamándoles Sinsajito y Patito respectivamente, mucho tiempo después de que ambos cumplieran la mayoría de edad.

FIN

Este fanfic ha sido escrito entre el 16 de junio de 2020 y el 26 de setiembre de 2021. Ha sido publicado en fanfiction de manera semanal regular desde el 27 de diciembre de 2020 hasta el 2 de octubre de 2021 (y con un período similar en wattpad también). Total de palabras: 130,295 (unas 200 páginas a word), total de capítulos: 36. ¿Horas dedicadas? Imposible de contabilizar.

La publicación de este fanfic concluye la misma semana que termina también el "Hunger Games Global Fanart Scene Cellebration", para el cual he estado 4 meses haciendo dibujos de los juegos en mi cuenta de instagram. Amo dibujar y escribir, pero lidiar con estas dos cosas y con un trabajo, ha terminado por pasarme factura a lo bestia. Creo que necesito un descanso, aunque ya siento el vacío que me deja terminar con una rutina adquirida durante tanto tiempo.

La buena noticia es que seguiré escribiendo y dibujando pero sin horarios tan estrictos. Muy probablemente añadiré capítulos extra a fanfics que ya tengo publicados. Tengo pensado algo muy especial para "Los Everdeen-Mellark" pero no prometo fechas ni nada, algún día saldrá, seguramente dentro de varios meses (si os activáis las notificaciones se os avisará).

Por cierto, si os habéis quedado con ganas de leer sobre la vida de Willow y Rye, podéis leeros Los Everdeen-Mellark, aunque cuando lo escribí aún no sabía sus nombres y les puse Dandelion y Josh, hice lo que pude (¿Qué queréis?, Llevo solo año y medio en el fandom, con una cuenta de dibujos dedicada a ello y con 5 fanfics publicados, la pandemia me ha cundido que da gusto).

Con respecto a este capítulo, no esperaba poner este monólogo de Peeta, pero hace poco hablé con alguien en el fandom que me contó que es medio canon que el hermano mediano se llamaba Rye, así que lo he incluido. Solo espero de corazón que os haya gustado.

Finalmente quiero daros las gracias a todxs por leerme, pero especialmente a aquellxs que me han apoyado en fanfiction regularmente como hadramine y sobre todo a BlackRose03 y a por comentarme rigurosamente en cada capítulo. Gracias de corazón.

Finalmente me hubiera gustado terminar con una noticia súper espectacular en relación a un proyecto personal en el que estoy trabajando, y aunque ya está muy encaminado, aún no puedo anunciarlo. Así que os avisaré por mi instagram ( angela_moiras_art) cuando sea oportuno y me gustaría contar con vuestro apoyo en eso también, así no me enfronto a este tremendo reto yo sola y os llevo conmigo ;)

Muchas gracias por todo y espero que este fanfic os haya ayudado de un modo u otro. Un besazo enorme y hasta pronto!

Ángela