Descargo de responsabilidad: Akatsuki no Yona pertenece a la maravillosa Kusanagi sensei.

Este fic participa en la actividad Momentos perdidos del foro "El feliz grupo de hambrientos".

Personaje seleccionado: Yun-Ho. Arco: Alianza con Soo-Won.

¡Feliz Año Nuevo!


ARMAS DE MUJER

Todos le dijeron que estaba loca…

Que no debía viajar tan pronto.

Que el bebé era muy pequeño para viajar, que ella no estaba del todo recuperada, y blablablá, blablablá…

Tonterías.

Su bebé era el hijo del general Lee Geun-Tae, héroe de la tribu de la Tierra, personificación viva de fuerza y honor. Así que sí, a su pequeño un viaje 'corto' no le iba a suponer ninguna molestia. Pero si no hacía más que dormir, criaturita bendita…

Así que una vez dejados sus asuntos en orden (porque ella una mujer de negocios responsable), Yun-Ho se apresuró a preparar el viaje. Porque viajarían a la capital, todos juntos, así tuviera que llevar un ejército de niñeras, un par (o dos) de nodrizas, una carreta llena de pañales y no-sé-cuántos escoltas, porque ni de broma iba a dejar a su guapísimo marido solo en la capital, con tanta pelandusca suelta…

Pero claro, su marido era muy testarudo, y cuando se le metía una idea en la cabeza, no salía de ahí (Yun-Ho jamás reconocería en voz alta que pecaba exactamente de lo mismo…).

—Que no, mujer. No irás —le ordenó él, cruzándose los brazos sobre el pecho y dando por finalizada la discusión—. Es mi última palabra.

Yun-Ho suspiró y negó con la cabeza… Aún le quedaba un recurso… No quería llegar a esos extremos, pero si no había más remedio… Una mujer hace lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo…

Ella no dijo nada. No le discutió tal decisión, no le llevó la contraria, sino tan solo avanzó tres pasos hacia él, reduciendo a la nada el espacio que los separaba, hasta que pudo sentir su aliento sobre su cabeza, revolviéndole suavemente el pelo. Luego, alzó muy despacio el rostro, atrapando su mirada en la suya. Le siguió un deliberado aleteo de pestañas, el brillo de alguna lágrima invocada y por último, entreabrió los labios y volvió a suspirar, permitiendo que su aliento le volara sobre la piel. A él, pobre hombre, las fosas nasales se le dilataron y una exhalación brusca escapó de su garganta. Y cuando por fin su respiración se aceleró, en breves y rápidas ingestas de aire, Yun-Ho supo que ya casi lo había conseguido.

—¿En tan poca estima me tienes, esposo mío —le dijo ella con voz queda, tan baja que él tuvo que hacer un esfuerzo para escucharla—, que me condenas a la soledad de tantas noches sin ti? —Luego se puso de puntillas sobre sus propios pies hasta alcanzar su oreja y entonces volvió a susurrar, cerca, muy cerca—. Mi tiempo de reposo termina en breve…, y nuestro lecho se siente demasiado grande y vacío con tu ausencia…

Y rubricó las palabras susurradas con un roce 'accidental' de sus labios en el lóbulo de la oreja masculina. A continuación apoyó con suavidad una mano en su pecho desnudo (medio descamisado, para no variar) y sintió su corazón latir enloquecido bajo su mano.

Después de eso todo fue muy rápido: el abrazo brusco que casi la levantó del suelo y el beso hambriento que le redujo las rodillas a metafórica mantequilla.

Había ganado. Ella, una cosita menudita, bajita y poca cosa, tenía a todo un general comiendo de la palma de su mano… Ella había ganado.

Por todos los dioses, qué dulce sabía la victoria dentro de su boca y entre sus brazos…


Ya en Kuuto, el día del torneo, cuando lo vio allí en la arena, luchando contra los dragones legendarios, golpeado pero no vencido, Yun-Ho casi no podía respirar. Jamás le había parecido Geun-Tae tan apuesto, tan digno… Tan heroico y majestuoso como ahora, al borde mismo de la derrota… Pero cuando se cargó a la espalda al mismo hombre contra el que combatía, con tanta nobleza y respeto, Yun-Ho sintió una oleada de afecto y admiración recorrerla desde las puntas de los pies hasta la cabeza, y que la dejó con el corazón en llamas y las mejillas encendidas.

Ese era su hombre, su esposo…

Y ella siempre será su mayor fan…