Disclaimer: Los personajes y el potterverso son de J.K Rowling.

Este fic es para Roxy Scamander y ha sido escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Las fundadoras

I

(Huida)

Helga escucha a su madre con los codos sobre la mesa y la cabeza apoyada sobre las manos. A su lado un líquido morado burbujea en un caldero colocado en la chimenea. Helga lo mira con la mirada perdida y no puedo evitar soltar un sonoro bostezo.

—¿Qué te pasa, Helga? ¿Tan aburrido te parece aprender a realizar una poción revitalizante? —le recrimina la señora Hufflepuff

Helga niega con la cabeza y esboza una sonrisa a modo de disculpa. Su madre es la mejor alquimista de todo el reino y a ella le encanta que le enseñe todo lo que sabe. Se siente halagada. Su madre no tuvo la paciencia de enseñar a sus hermanos mayores, fue su padre el que se ocupó de ese menester, así que ellos solo saben usar la varita, pero ella en cambio recibe lecciones tanto de su madre como de su padre.

Trata de concentrarse, pero no puede evitar mirar por la ventana cada dos segundos. El sol cada vez está más alto en el cielo y eso la pone nerviosa.

—¿Se puede saber qué te pasa hoy? —pregunta su madre con cariño. No es normal que su hija no le haga caso. Suele ser una alumna aplicada a la que le encanta aprender.

—Tengo que ir al pueblo. Henry vino corriendo cuando salía el sol para decirme que Peter tiene algo que enseñarme. Que fuera lo más pronto posible a nuestro árbol. Me muero por saber que quieren mostrarme. Henry estaba muy misterioso y no me quiso decir nada.

La señora Hufflepuf frunce los labios. No le gusta que Helga tenga una relación tan estrecha con los niños del pueblo, pero su hija es una niña sociable a la que le encanta estar con niños de su edad. Sus tres hermanos mayores ya son adultos, no pueden ser sus compañeros de juegos y ella no quiere condenar a su hija al ostracismo y a la soledad, así que se ve obligada a ceder a que Helga juegue con sus compañeros del pueblo. Aunque la inquieta que alguno de ellos pueda descubrir su secreto.

La señora Hufflepuf suspira sonoramente, no puede evitar pensar que la culpa de todo la tiene ella. Fue ella la que se empeño en vivir en la casa familiar donde había crecido y donde su abuela se había convertido en una reputada alquimista. Amaba demasiado sus tierras como para dejarlas atrás y había tenido la suerte de casarse con un hombre al que no le había importado renunciar a todo para irse a vivir con ella y cuidar de su herencia. Aunque eso suponía vivir muy lejos de cualquier comunidad mágica.

La señora Hufflepuf sacude la cabeza para expulsar sus pensamientos y volver a centrase en el momento actual. Su hija la mira a los ojos y ella no puede evitar ablandarse.

—Entonces no te haré perder más tiempo. Vete y descubre lo que Peter quiere enseñarte. Cuando vuelvas a casa me lo cuentas todo. —La mujer guiña un ojo a su hija, pero mientras Helga se pone una capa amarilla con capucha encima de su vestido para protegerse del frío, no puede evitar añadir — Acuérdate de no hacer o decir nada que les haga sospechar sobre la magia. Ya sabes cual es el castigo por ser bruja.

—Sí —responde Helga alargando la palabra. Su madre le repite siempre lo mismo, pero ella no es tonta, sabe perfectamente que no debe decir nada acerca de su condición. A las brujas las queman en la hoguera, aunque ella no ha visto ni sabe de nadie que haya muerto en esas ejecuciones. En lo más profundo de su cabeza Helga cree que su madre es una exagerada.

La niña abre la puerta y sale de casa a la carrera. Enseguida llega al bosque que marca el límite con uno de los campos de su propiedad y que hace frontera con el pueblo. Un árbol grande situado en las lindes del bosque es el lugar de encuentro habitual con sus amigos. El árbol en cuestión tiene un hueco en el tronco y allí sentado están Peter y Henry.

—Has tardado mucho en venir —la acusa Peter al verla.

—Perdón. Mi madre no me dejaba salir. ¿Qué es eso que tienes que enseñarme? —pregunta impaciente.

El niño se introduce más en el hueco del árbol y sale cargado con una manta. En el medio de la manta puede distinguir un animal. Helga se acerca más para contemplarlo de cerca. Es un tejón y está muy herido. Helga que siempre ha sentido una conexión especial con los animales puede sentir como el pequeño mamífero agoniza.

—Se está muriendo —dice lastimosamente.

Peter asiente con la cabeza como si el hecho no le importara demasiado. Lo que de verdad le interesa es el ser el centro de atención y lo está logrando.

—Le he tratado de dar calor, pero no mejora —explica Henry que sí parece preocupado por el animalillo.

Helga le arrebata el tejón a Peter y lo observa con cuidado. Busca alguna herida que pueda ser la causante del mal del animal. La encuentra debajo de una pata, allí puede ver un corte no demasiado grande, pero con un aspecto muy feo. Hay hasta un gusano muy pequeño en él. Helga no duda y lo quita de la herida cogiéndolo con el dedo índice y pulgar y tirándolo al suelo.

—Puaj —imita una arcada Peter —ya no lo quiero, te lo puedes quedar.

Pero Helga no lo escucha. Está muy concentrada. Ha puesto una mano sobre la herida y ha sentido un cosquilleo que le resulta familiar. Trata de concentrarse en esa sensación. Siente como la magia fluye por todo su cuerpo y se concentra en las yemas de su dedo. Cuando quiere darse cuenta la herida ha desaparecido de la piel del tejón y este parece recuperar la salud porque lucha por deshacerse del agarre de la niña.

Helga deja al animalillo en el suelo,. El tejón escapa a la carrera. Se gira para mirar a sus amigos con una sonrisa de satisfacción, pero la sonrisa se le hiela en la cara. Peter y Henry la miran con horror, como si en vez de salvar al tejón lo hubiera asesinado a sangre fría.

—¿Cómo has hecho eso? —el miedo hace que las palabras de Henry sean tan solo un murmullo.

—No he hecho nada —se defiende Helga con lágrimas en los ojos dándose cuenta de que acaba de desvelar su mayor secreto.

—¡Es una bruja! —Peter reaccionar por fin y emprende una carrera en dirección al pueblo, al tiempo que apremia a su compañero—¡Hay que avisar al alcalde, vamos Henry!

Henry mira dubitativo primero a Helga y luego a Peter. Como si sopesara qué debe hacer. Al final debe decidir que es mejor seguir el consejo de su amigo y delatar a Helga porque corre tras de él.

Helga también echa a correr, pero en dirección contraria. A su casa. Se ha metido en un gran problema. Por su culpa ella y toda su familia pueden acabar en la hoguera. Las lágrimas le salen a raudales por los ojos y le dificultan la visión lo que le hace tropezar y caer dos veces.

Cuando llega a casa sigue llorando y tiene las medias llenas de sangre. Su madre y su padre que están en la vivienda notan enseguida que algo no va bien.

Helga les cuenta todo. Está tan excitada que su relato es muy confuso y a sus padres les cuesta entender lo que dice. Tardan cinco minutos en darse cuenta de que el problema es realmente serio.

—Voy a buscar a Peter y a Henry y a tratar de solucionar esto —concluye el señor Hufflepuff saliendo de la casa visiblemente alterado.

Pasa más de media hora hasta que el padre de Helga regresa. Su cara no presagia nada bueno. Está agitado y lanza una única orden.

—Recoged vuestras cosas. ¡Nos vamos!

—¿Qué ha pasado? —pregunta la madre aparentemente tranquila. Es la única que parece conservar la calma.

—No he conseguido encontrar a Peter. Cuando lo he localizado ya era tarde, había hablado con el alcalde. Le han creído enseguida. Todos dicen que ya sospechaban de ti —explica el hombre —que todas esas recetas que elaboras deben tener algo de mágico. Quieren detenernos y juzgarnos.

La señora Hufflepuff suspira. Siempre ha disfrutado de que su maña para hacer todo tipo de pociones que sirven para hacer la vida más sencilla a la gente. Ese siempre ha sido el don de las mujeres de su familia, que lleva viviendo en ese páramo más de 200 años. Antes incluso era reconocidas y honradas por su trabajo, pero algunas mentes son demasiado estrechas y prefieren atacar todo lo que no entienden antes que hacer un esfuerzo por tratar de comprender.

—¿Y Henry? —se atreve a preguntar Helga

—A Henry lo encontré antes. Lo convertí en sapo.

—¿Pero por qué? Es mi amigo —protesta Helga indignada.

—Porque no quería dejarlo como un vegetal. No sé hacer hechizos desmemorizantes, lo único que consigo es dejar a la persona sin raciocinio y no quería hacerle eso a un niño. —Viendo la cara de horror que pone Helga trata de suavizar sus palabras. Al fin y al cabo, su pequeña solo tiene nueve años, para ella todo esto es demasiado duro —No te preocupes por él, el efecto solo dura un día o dos. En una semana Henry volverá a ser el mismo.

Helga asiente con la cabeza. Los ojos le escuecen de tratar de contener el llanto.

—Basta de cháchara —se hace cargo de la situación su madre —Enseguida llegarán a buscarnos. Habrán pedido la ayuda de la guardia para detenernos. ¿Alguna idea de a dónde ir?

—He estado pensando y creo que podemos ir a la comunidad mágica que mi amigo Slytherin ha creado. Es un lugar seguro y creo recordar que él tiene un hijo de la edad de Helga. Seguro que nos encuentra un sitio y podemos construir allí nuestra nueva casa.

La señora Hufflepuff asiente conforme, pero en su cara se ha dibujado una mueca de tristeza. Lamenta abandonar su casa. Es la última en cruzar la chimenea para ir a su destino y cuando lo hace trata de conservar una última imagen del hogar que tanto ha amado.

Nota: He decido que el padre de Helga convirtiera a Henry en un sapo porque me parece que era un hechizo que hacían mucho los magos. De algún lugar tuvieron que salir los cuentos muggles.

Espero que te haya gustado el primer capítulo. Serán un total de cuatro.

Por cierto, siento el cutre título no se me ocurrió nada y mira que le di vueltas.