NOTA DE AUTOR: Aquí estoy con esta historia. Tratará sobre la transformación de Harry luego de la selección en el Torneo de los Tres Magos. Sé que ya hay varias historias que adoptaron el enfoque que voy a utilizar. Por lo que seguramente encontrarán muchas similitudes acá. Intentaré añadirle mis ideas y giros a la trama. También me apegaré al canon en lo más grueso, pero con los detalles y situaciones que me gusten y que quiero escribir.

Por favor tengan paciencia, no soy escritor y estoy incursionando en esto, a pesar de ser un ávido lector.

Pido encarecidamente que dejen reseñas, con comentarios sobre lo que les gusta, lo que no, sugerencias, ideas, consejos. Estoy completamente abierto a todo, y espero que las críticas no sean con mala intención. Estoy convencido que las críticas constructivas basadas en el respeto son lo mejor que les puede pasar a los escritores.

Desde ya, les agradezco por su tiempo y la lectura.

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: No soy dueño de los derechos de Harry Potter. Este fantástico mundo pertenece a JK Rowling.


Un sentimiento de hundimiento y una sensación de pavor y terror se hicieron presentes en Harry Potter cuando el Cáliz de Fuego cambió sus llamas por cuarta vez, y expulsó otro trozo de pergamino. En su interior, ya sabía lo que iba a suceder. Ese trozo de pergamino tenía su nombre. No había forma de que no fuera así. Todos los Halloween desde que comenzó en Hogwarts sucedía algo que lo involucraba de alguna manera, y parecía que este año no iba a ser la excepción. Durante todo el día tuvo ese cosquilleo interno que auguraba y esperaba lo inevitable.

Aún así, mantenía las esperanzas de que nada pasara. Suspiró de alivio cuando el nombre de Cedric Diggory salió elegido. Estaba un poco triste que su compañera de quidditch Angelina no saliera elegida, pero creía que Cedric era una buena elección, más allá que no lo conocía muy bien. Estaba confiando que lo peor ya había pasado y que él no iba a ser elegido en el Torneo de los Tres Magos No quería participar, y menos cuando se anunció que sólo podían participar estudiantes mayores de edad.

Desde el anuncio en el banquete de bienvenida, hasta hoy mismo, tuvo que aguantar las quejas y los discursos de Ron, de la mayoría de sus compañeros de casa en Gryffindor, y algunos comentarios que había oído distraídamente del resto del alumnado. Desde que sería la oportunidad perfecta para obtener fama, gloria, reconocimiento, hasta el hecho de ser probado y reconocido por todo el mundo mágico por superar las tareas impuestas.

Luego de que Hermione había anunciado, luego de una extensa investigación, que la competencia se había suspendido hacía un par de siglos por la muerte de los 3 participantes y la mayoría de las personas que asistían como espectadores, Harry realmente no entendía por qué querrían participar en algo así. Pero obviamente Ron no había hecho caso y siguió con su diatriba diaria sobre lo injusto que era que no lo dejaran ingresar su nombre.

Pero acá estaba, viendo como el Gran Salón estaba totalmente enmudecido, mientras el trozo de pergamino levitaba lentamente por el aire, hasta que se acercó lo suficiente a Albus Dumbledore para que pudiera agarrarlo. Harry se encogió, sabiendo lo que iba a suceder a continuación, y pensando que así podía evitarlo.

"Harry Potter" susurró el director, con la mirada atónita en el pergamino chamuscado que tenía en sus dedos. Por el silencio en el que se encontraban todos, fue como si lo hubiese gritado. Instantáneamente, todas las miradas se dirigieron hacia donde el joven de cabello azabache estaba sentado.

"¡Harry Potter!" entonó ahora con voz clara, levantando la vista y buscando al indicado.

Harry empezó a negar con la cabeza. A pesar de que una parte de él sabía que algo así podía suceder, no quería ser parte de esto. Pero algo le decía que no iba a tener escapatoria. Una vez más.

Alguien lo tomó bruscamente del brazo y lo levantó, empujándolo fuera de su asiento. Sus pies lo llevaron automáticamente. No era consciente de sus pasos hacia el centro del Gran Salón, donde el director lo estaba esperando con la mano extendida para entregarle el pergamino. Una rápida mirada confirmó que tenía su nombre, aunque su visión estaba nublada debido al aturdimiento que sentía. Una histeria colectiva se desató.

"¡Es un tramposo!" gritó una voz.

"¡No es mayor de edad!" gritó otra.

A medida que avanzaba hacia el cuarto donde los otros campeones se habían retirado una vez seleccionados, Harry apenas se daba cuenta de su entorno. Escuchaba gritos contra él, susurros amenazadores, y muchas, muchas miradas hostiles, pero no las distinguía. Todo estaba borroso para él, y se sentía todo muy lejano.

Una vez que llegó a la puerta que daba paso a la habitación, la abrió con manos temblorosas e ingresó. Vislumbró brevemente a los otros 3 participantes. Fleur Delacour estaba sentada en una postura muy delicada, Victor Krum estaba parado estoicamente con el ceño levemente fruncido, y Cedric estaba apoyado contra una mesa con los brazos cruzados. Los tres lo observaron confundidos, pero fue el Hufflepuff el que habló.

"¿Qué pasa Harry? ¿Quieren que regresemos?" preguntó sin entender su presencia allí.

Harry lo miró, todavía aturdido y sin poder creer realmente lo que había sucedido. De alguna manera todo lo sentía irreal.

"Yo.." fue todo lo que pudo decir, antes de que varios gritos y pasos se hicieran cada vez más fuertes en el pasillo de entrada. Un pelotón de gente ingresó, rompiendo la calma de la habitación en un alboroto. Todos gritaban, mientras se acercaban corriendo hacia donde estaba Harry. Fue Dumbledore el que primero lo alcanzó, tomándolo frenéticamente de los hombros.

"Harry, ¿pusiste tu nombre o le pediste a alguien mayor que lo hiciera?" preguntó el anciano con una voz seria que Harry nunca lo había oído hablar.

"N-no" tartamudeó, sin poder recuperarse de todo el shock.

"¿Estás seguro?" insistió, clavando sus ojos azules en los de él. Harry sintió un leve cosquilleo en su mente, e instintivamente cerró los ojos.

"No director, no hice ninguna de las dos cosas" se las arregló para decir un poco más firme.

"¿Qué es esto Dumbledore? Claramente el chico miente" dijo Madame Maxine en un acerado francés.

"Hogwarts tiene dos campeones ahora, exijo que Durmstrang tenga otro participante para igualar" dijo Karkaroff, mirando con odio tanto a Harry como a Albus.

"¡El campeón de Hogwarts es Cedric, no quiero participar!" dijo Harry, fulminando con la mirada al director de la escuela extranjera.

Eso calló levemente el alboroto que seguía en la habitación, y Cedric le dirigió una mirada interrogante y confusa.

"Vamos Potter, como si no aprovecharas la oportunidad para intentar atraer más atención" se burló Snape. Harry lo miró con odio, y antes de que pudiera responderle, Dumbledore se le adelantó.

"Por favor Severus, ahora no. Barty, te dejo esto en tus manos, es tu decisión" dijo Albus, mirando al mago de aspecto regio, con su sombrero y su bigote perfectamente recortado. Todos en la habitación se quedaron en silencio, esperando su respuesta. Harry recordaba levemente que era un empleado del Ministerio, quizás un jefe de un departamento. Seguro que tenía algo que ver con la organización de esta locura.

"Me tema que el Sr. Potter no tiene alternativa" respondió gravemente, luego de un segundo de silencio. "El cáliz de fuego lo nombró como un campeón, así que debe participar".

"Pero tengo 14 años, soy menor de edad, eso ya es suficiente para que se invalide mi elección" dijo Harry desesperadamente, estaba seguro que con eso no lo iban a dejar participar.

"Se generó un contrato mágicamente vinculante Sr. Potter, por lo tanto, mágicamente usted es mayor de edad" explicó brevemente.

"No pueden estar hablando en serio. Es un niño, ¿y esperan que compita contra nosotros?" preguntó incrédula Fleur. A pesar de que no quería competir, a Harry le molestó ser subestimado de esa manera.

"Me temo que está más allá de nuestras manos. El cáliz es un artefacto muy poderoso y antiguo. Es el juez en esto y el Sr. Potter está obligado a participar, a menos que quiera poner en riesgo su magia y su vida". Un gemido salió exclamado de la boca de Harry. La alternativa de no competir no era viable. Todos los presentes lo miraron con expresiones diferentes. Dumbledore y McGonagall lo miraban con aprensión. Moody lo miraba sin delatar ninguna emoción. Snape con su habitual mirada de repulsión y odio. Miradas parecidas de los dos directores de las escuelas extranjeras. Fleur lo miraba enojada, Cedric con el ceño aún fruncido, y Viktor era indiferente. La otra persona que no había hablado y que Harry lo recordaba vagamente como otro encargado de la organización y de apellido Bagman, lo miraba con emoción. Fue éste quien habló nuevamente.

"¿Quién lo hubiera pensado? ¡Un cuarto campeón!" dijo aplaudiendo y riendo. De alguna manera logró que todos lo miraran a él con disgusto.

"Recomiendo que te vayas a tu habitación Harry. Ha sido una noche larga para todos" dijo Dumbledore, con una orden implícita. Harry asintió y sin mirar atrás ni emitir una palabra se fue del cuarto rumbo a la Sala Común de Gryffindor.


El trayecto hacia la torre pasó como una estrella fugaz. Apenas recordaba haber salido de donde estaban reunidos y ahora se encontraba frente al retrato de la Dama Gorda, que lo miraba con una expresión entre enojo y decepción. Pero Harry no lo reconoció y apenas susurró la contraseña, inconscientemente. Ella pronunció más su gesto de enojo, y apenas se abrió para darle paso, sólo para cerrarse abruptamente detrás de él.

Apenas dio un paso dentro la habitual cálida sala común, cuando un repentino y abrupto silencio cayó como un balde de agua fría. Una sensación de vacío se apoderó de él. De alguna manera se lo esperaba, pero bien en el fondo deseaba que no sucediera.

"Vaya vaya, parece que al fin el tramposo se dignó a aparecer" dijo una voz, rompiendo el silencio. Le sonó demasiado familiar, y en lo más profundo de su corazón quería no estar acertado en el dueño, pero al dirigir la mirada a la persona que había hablado, ese deseo se hizo añicos por completo. Frente a él estaba Ron, con una mirada de profundo desprecio, y las orejas enrojecidas, algo que no era buena señal. No se dio cuenta que no había respondido.

"¿No tienes nada que decir?" preguntó otra voz, y giró la cabeza, para ver a una Angelina que lo miraba de la misma manera, y con decepción también en la mezcla.

"Yo no sé qué fue lo que sucedió". Su voz salió áspera, dándose cuenta de lo seca que sentía su garganta.

Una risa irónica explotó de la boca del pelirrojo.

"No juegues con nosotros. Está claro lo que sucedió. Siempre quieres todo para ti, ¿no? Fama, gloria, atención, riqueza". La voz acusadora de Ron salió disparada con una connotación de celos e ira desde lo más profundo de su interior. Harry en ese momento se dio cuenta que esa siempre fue la verdadera esencia de su mejor amigo.

Ahí fue cuando Harry se percató de todo lo que lo rodeaba. Prácticamente toda la casa Gryffindor estaba en la Sala Común. Casi en su totalidad lo miraban con las mismas expresiones. Enojo, decepción, ira, desprecio. Rechazo. Otra vez como en segundo año. Otra vez condenado al ostracismo. Negó con la cabeza lentamente.

"Voy a decir esto una sola vez. No puse mi nombre, no le pedí a nadie más que lo hiciera. No quiero participar en esta locura" su voz era tranquila, aunque amagaba con un temblor imperceptible. Un bufido de incredulidad se escuchó en la mayoría de los estudiantes, aún más acentuado en Ron y Angelina. No le gustaba esta situación, lo odiaba. Lo había sufrido toda su vida antes de Hogwarts y hace dos años también. Pero el hecho de que casi todos sus compañeros leones, la casa de la supuesta lealtad y compañerismo, se alinearan así contra él, lo enfermaba. Miró más detalladamente a su alrededor, buscando algún signo de empatía.

Seamus y Dean, compañeros de cuarto aparte de Ron, mostraron los mismos gestos que la mayoría. Ambos habían expresado sus intenciones de participar, por lo que estaba seguro que él mentía.

Los cursos menores lo miraban entre disgustado como si se les cayera un héroe del pedestal. Hasta Colin lo miraba con la mayor decepción, como si no creyera posible que su ídolo fuera capaz de algo así. Los cursos mayores lo miraban con el desprecio de alguien que no era digno de llevar los colores de Gryffindor. Entre ellos estaban Alicia y Katie. Su cercanía con Angelina prácticamente las colocaba en la misma situación, dirigiéndole miradas asesinas.

Y finalmente Hermione. Estaba encogida, como si quisiera evitarlo completamente. Su gesto era indescifrable, y eso era algo, teniendo en cuenta que Harry creía que la conocía perfectamente. Estaba a la mitad entre creerle y dudar de él. Como si quisiera creerle, pero ante las evidencias ya hubiera hecho la sentencia de que fue culpable. Y esto fue lo que más le dolió. Si había alguien de quien esperaba apoyo, era de ella.

Los únicos, que no expresaron ningún gesto negativo eran los gemelos, y sorprendentemente Neville, que lo miraba como si le creyera. Internamente les estaba agradecido en cierta forma, aunque le gustaría que dieran un paso frente y lo apoyaran públicamente.

'Supongo que es demasiado pedir' pensó Harry amargamente.

"Eso no es creíble, ¿cómo saldría tu nombre en ese caso?" preguntó irónicamente la que este año iba a ser capitana del equipo de quidditch.

Harry suspiró con decepción, era obvio que dijera lo que dijera no iba a ser posible que le creyeran.

'Bien, allá ellos' pensó, antes de negar con la cabeza y encaminarse hacia las escaleras. Estaba agotado mentalmente y quería dormir una semana entera y desaparecer del mundo.

"¿A dónde crees que vas?" preguntó Ron, deteniéndolo al agarrarlo del brazo. "¿Te crees que estás por encima de nosotros?" gritó con furia.

"Suéltame" siseó Harry fríamente. No quería una confrontación.

"No lo creo imbécil". Ron lo giró, y cuando notó que Harry deslizó su varita en su mano, y pensando que iba a atacarlo, no dudó y se abalanzó sobre él, propinándole un puñetazo en el rostro. Harry no se lo esperaba, y no tuvo tiempo de reaccionar. Ni para esquivarlo ni para lanzarle algún hechizo defensivo.

Con el envión del golpe que conectó en el pómulo de Harry fuertemente, Ron se cayó con todo el peso de su cuerpo hacia adelante, llevándose consigo a su víctima. Cuando ambos cayeron al duro piso de la Sala Común, se escuchó claramente un ruido de madera quebrándose.

Todos se quedaron atónitos frente a la escena que se desarrolló rápidamente sin posibilidad que alguien pudiera interferir para separarlos de alguna manera. Todos jadearon cuando se dieron cuenta de lo que había sucedido. Los únicos que no se percataron fueron los dos involucrados en la confrontación.

Una vez que Harry se percató de lo que había sucedido, y con su mirada borrosa y un fuerte dolor en su rostro y en su cabeza, tuvo la intención de hechizar a su ahora ex-mejor amigo, sólo para no encontrar su varita en su mano. Recobrando la compostura, buscó a tientas a su alrededor, ya que sus anteojos habían volado de su rostro, hasta que sintió en sus dedos algo unos trozos de madera y lo que parecía una pluma.

Consiguiendo sus gafas que estaban a su lado y colocándoselas nuevamente, notó qué era lo que había sentido. Su varita, su querida varita de acebo y pluma de fénix partida a la mitad, aparentemente sin posibilidad de arreglo. Un fino hilo de la pluma escarlata unía los dos extremos. Harry estaba conmocionado. Se le atragantaron las palabras. No escuchaba nada. Sólo tenía la vista fija en lo que había sido su compañera en estos tres años en el mundo mágico. Sabía lo que esto significaba. Había escuchado en sus años que las varitas rotas era perder una parte de sí mismo, y que la próxima no iba a responderle tan bien como la que se obtuvo por primera vez.

Harry sintió un millón de emociones revolviéndose en su interior. Rabia, enojo, ira, decepción, tristeza, humillación. Y muchas sensaciones más.

"Harry, yo lo siento.." empezó a decir Ron, antes de detenerse abruptamente. El aire alrededor de la Sala Común empezó a ponerse espeso. Todos sentían la electricidad, las ondas de magia pura, que les impedía respirar correctamente. Y todo provenía desde Harry. Él seguía arrodillado sosteniendo en sus manos los resto de su varita, mientras que desde su cuerpo comenzaba a emitirse un aura dorada. Se notaba que respiraba dificultosamente, todavía mirando la palma de sus manos. Cuando escuchó que alguien dijo su nombre, levantó la vista.

Ron dio un paso atrás al ver como las ondas crecían y cada vez el olor a ozono se hacía más pronunciado. Pero ver los ojos de Harry lo aterrorizó tanto que tropezó y cayó nuevamente al piso.

Los cálidos y amables ojos verdes, eran eléctricos y despiadados. Brillaban de una forma que nadie había visto. Todos quedaron shockeados y sin palabras por lo que estaba sucediendo. Harry irradiaba poder. Poder puro, incontrolable. Eran látigos dorados que se arremolinaban y salían despedidos desde su cuerpo. Todos se alejaron, por temor a que uno los alcanzara.

Harry no estaba muy consciente de lo que estaba sucediendo. No le importaba tampoco. Llegó a su límite con la ruptura de su varita. Su selección, la obligación de competir, el rechazo de sus compañeros de casa. Las palabras del que consideraba su mejor amigo. El no apoyo de la que consideraba su mejor amiga. Su varita rota. No pudo más. Necesitaba explotar.

"Sr. Potter" dijo una voz mayor.

Harry miró hacia quien había hablado. Minerva McGonagall estaba mirándolo con una expresión de sorpresa y un poco de temor. Las ondas seguían expandiéndose, necesitaba expulsar todo el contenido. Las ventanas se agrietaron y el fuego se apagó por las ráfagas de magia.

"Cálmese Sr. Potter" dijo suavemente.

Harry parpadeó y la miró. De alguna manera logró controlar sus emociones, y el aura que desprendía volvió a su cuerpo. Sin decir ni una palabra, tomó el resto de su varita, lanzó una mirada fría general y se dirigió a las escaleras. Los estudiantes que estaban obstruyendo la subida, al ver que quería subir, rápidamente le dieron paso antes que él se acercara más.

El resto quedó en silencio, sin poder creer lo que habían presenciado. La mayoría estaba aterrorizado de ver el poder que Harry irradiaba, incrédulos de que alguien pudiera ser capaz de exteriorizar de esa forma su magia, y de congelarlos en su lugar sin poder moverse.

Lentamente el aire volvió a su normalidad, y todos sacudieron la cabeza. Una vez que la tranquilidad se asentó, comenzaron los susurros, comentando la inocencia o no de Harry, la pelea, y la demostración de lo que sea que haya sido por el joven de cuarto año.

"Estoy muy decepcionada con el comportamiento de mi casa" amonestó McGonagall, silenciando nuevamente a todos. "Esperaba algo mucho más digno de la noble casa de los leones. Después de todo, ese es el espíritu de Gryffindor" dijo más ácidamente.

"Pero Potter hizo trampa" se escuchó una voz de uno de los mayores.

"Más allá de las circunstancias de la elección del Sr. Potter, estoy profundamente consternada por la actitud de todos. Jamás me había pasado que me sienta avergonzada de ser la Jefa de esta casa. No representan lo que Godric Gryffindor pregonaba, y estoy seguro que estaría muy disgustado con todos ustedes" dijo con dureza. Muchos bajaron la cabeza claramente con vergüenza, y algunos levantaron la barbilla en desafío. "Serán 300 puntos de Gryffindor.." un par de quejas se escucharon. "..Y si alguien dice una palabra más serán 100 más y una semana de detención". Todos se callaron y no dijeron ninguna otra palabra.

Minerva los observó con severidad, antes de enfilarse hacia las escaleras, rumbo al dormitorio de cuarto año, con la intención de intentar hablar e intercambiar algunas palabras con Harry. Abrió la puerta suavemente, esperando no interrumpir, pero se encontró con la habitación vacía. Se acercó a donde estaba la cama que pertenecía a Harry, para no encontrar nada. Se pellizcó el puente de la nariz y un dolor de cabeza empezó a formarse. No había rastro de Harry Potter.


Cuando Harry llegó a su cuarto, tuvo el instinto de romper todo a su paso. No sabía muy bien qué era lo que había sucedido ahí abajo. Sólo que las palabras de la Profesora McGonagall lo habían reprimido de hacer estallar algo, que era algo que estaba considerando seriamente.

Lágrimas amenazaron con formarse en su rostro al ver los restos de su varita. Su querida compañera estaba rota, y estaba seguro que no tenía arreglo. Se sentó en su cama, y a pesar del cansancio que tenía, y del agotamiento, la cabeza le iba a una velocidad increíble. Todos pensamientos cruzados de lo que había sido la noche. Quería cerrar los ojos y que se detuvieran, y dormir. Merlín sabía que su mente y su cuerpo lo pedían a gritos.

Pero no podía quedarse ahí. En la habitación con Ron, Seamus, Dean. Y definitivamente no en la torre con todos los que lo acusaron. Eso era el dolor que más lo afectaba. Todos, o casi todos, se habían puesto en su contra. Nadie había dado un paso al frente para defenderlo. A pesar de algunos gestos de simpatía, todos estaban en su contra.

'Muy bien, el mundo está en contra mía. Que así sea.' pensó furiosamente.

Tomó su capa de invisibilidad, y guardó la varita rota en su bolsillo. Se dirigió a la salida, y cuando bajó escuchó lo que McGonagall dijo. Estaba conmovido por lo que había dicho, y ella fue una de las pocas, sino la única, que realmente parecía creerle. Vio cómo subía los escalones, aparentemente buscándolo a él, pero no lo iba a encontrar. Se quedó en la entrada, esperando que volviera y abriera el retrato. Iba a ser muy obvio si se abría y misteriosamente no entraba o salía alguien.

Una vez que la Profesora McGonagall volvió a la Sala Común, les lanzó mirada de advertencia a los cuchicheos que estaban teniendo lugar en ese momento, y se dirigió a la salida. Harry no estaba de humor para ponerse a escuchar lo que susurraban los que se habían quedado, y una vez que estaba fuera de la torre lejos de su jefa de casa, empezó a vagar por el castillo, sin rumbo fijo y con sus pensamientos inundando su mente. Necesitaba un lugar donde pensar y estar solo.

Inconscientemente sus pasos lo llevaron al baño del segundo piso.

'Por supuesto. La Cámara de los Secretos, nadie puede encontrarme ahí' pensó aliviado.

Una vez que comprobó que Myrtle no estaba, se colocó enfrente del lavabo que no funcionaba.

"Ábrete" siseó en pársel, imaginándose que la serpiente tallada en el grifo estaba viva. Una vez que dijo las palabras, la entrada se abrió, mostrando el profundo túnel oscuro.

"Escaleras" dijo nuevamente, probando si había otro método para bajar. Para su sorpresa, una escalera en espiral se formó a un costado, y comenzó a bajar los escalones. Por lo que le parecieron diez minutos, continuó bajando, hasta que llegó a la gran puerta con las serpientes. Estaba abierta de la vez anterior que había estado allí.

Con un suspiro, ingresó en la Cámara. A medida que caminaba y miraba a su alrededor, los recuerdos de lo que había sucedido volvieron a su mente. De alguna manera se sentía entrañable. Llegó a la gran serpiente que estaba del revés, exactamente en la misma posición que cuando Harry asestó el golpe mortal. Estaba intacta. De alguna manera le parecía más grande y más aterradora que cuando luchó contra ella. Supuso que con la adrenalina del momento no alcanzó a dimensionar el tamaño. Debía medir al menos 25 metros de largo, sino más. De alguna manera estaba consternado que algo tan magnífico tuviera que morir. No se arrepentía, pero viendo ahora con otra perspectiva, no quería que la bestia tuviera que morir.

Un vistazo alrededor de la cámara, y todo estaba como lo recordaba. Las tuberías que daban inicio a distintos caminos, la humedad en el piso y en las estatuas de serpientes, el manchón de tinta negra que había salido del diario de Riddle, y la gran representación de lo que suponía era Salazar Slytherin. Negó con la cabeza. ¿Quién se hubiera imaginado que alguna vez encontraría consuelo en la infame Cámara de los Secretos?.

Ya más tranquilo, se desplomó en el suelo. Y de repente, todos los acontecimientos de la convulsionada noche llegaron a él. Su selección, el interrogatorio, la obligación de participar, la confrontación en la Sala Común, su varita rota, su descarga de magia. Se sentía agotado. Física, mental, y mágicamente. Pero no podía dejar de pensar.

Otra vez estaba solo. Otra vez la constante en su vida. El rechazo. El rechazo de Dumbledore de dejarlo con sus tíos. El rechazo de Sirius al no hacerse cargo de él como su padrino. El rechazo de Remus de no haber estado en contacto con él durante tanto tiempo. El rechazo de los Dursley y el maltrato durante toda su infancia. El rechazo de los otros niños que temían juntarse con él por temor a las represalias de su primo. El rechazo en su segundo año de casi toda la escuela. El rechazo de ahora de sus compañeros de casa. El rechazo de Ron y Hermione. Estaba solo. Solo como en el armario durante nueve años. Nadie más que consigo mismo.

De pronto la comprensión de lo que se avecinaba en los próximos meses lo golpeó. Estaba en un torneo en el que sólo participaban mayores de edad. Los otros tres contrincantes tenían más años de educación mágica, más control de su magia, más experiencia. Él era sólo un joven de 14 años, que podía lanzar un patronus, pero que más allá de eso, había sido un mago, en el mejor de los casos, promedio. En primer y segundo año la suerte estuvo de su lado. La protección de su madre, la ayuda de Fawkes. No había sido su habilidad o su conocimiento de la magia. Había sido suerte.

Dio un puñetazo al piso y siseó de dolor. Las lágrimas amenazaban con salir, y no las estaba reprimiendo. Se dio cuenta que no estaba aprovechando todo lo que podía ser. Sus padres se habían sacrificado para que él pudiera vivir, y él simplemente se conformaba con aprobar sus exámenes y hace lo justo y necesario.

"Ya no más" dijo con furia. "Voy a honrarlos. Voy a hacer que se sientan orgullosos de mí, mamá, papá. Voy a ser que sus muertes no hayan sido en vano. Y me convertiré en el mejor mago" dijo con las lágrimas corriendo por su rostro y clara rabia en su voz casi siseando. "Me convertiré en el más grande de todos" esto último salió inconscientemente con el siseo del idioma de las serpientes.

Apenas terminó con el silbido, escuchó un ruido en la estatua de Slytherin. Levantó la vista, y vio que donde una vez se había abierto una entrada para dar salida al basilisco, ahora se formó una pared lisa de piedra verde y plateada.

Con el ceño fruncido, se levantó y se acercó al estanque que separaba su posición de donde estaba la pared recién formada. Cuando llegó al borde donde estaba el agua negra, una plataforma salió de las profundidades, dándole un puente y camino hacia la puerta. Intrigado por esta nueva interacción en este lugar, se acercó cautelosamente a la pared.

La contempló buscando alguna perilla para abrir o alguna ranura que le diera indicio de cómo traspasar lo que él consideraba que era una puerta. Estaba confundido, porque pensaba que ahí siempre estaba el lugar donde descansaba la gran serpiente, pero esto era otra cosa.

Al no encontrar nada, acercó lentamente su mano derecha a la pared, para tocar la superficie. Siseó de dolor y alejó la mano rápidamente cuando sintió un pinchazo en su palma. Miró con el ceño fruncido como en el medio de la pared, donde había apoyado su mano, se había materializado una serpiente plateada con una punta filosa, que ahora estaba manchada de rojo, con lo que parecía ser su sangre. Observó su mano para encontrar un punto rojo que confirmaba el pinchazo.

Volvió su vista a la pared, y vio como la pequeña serpiente desaparecía, y la pared empezó a emitir un resplandor verde y plateado, para luego desaparecer, y la pared abrirse en dos.

Harry observó con cautela el pasillo delante de él, con un par de antorchas con llamas verdes prendidas bien en la entrada y más adelante solamente veía oscuridad. Dio un paso adelante y luego otro, hasta que estuvo en el pasillo. La pared detrás de él se cerró. Por lo que sólo tenía espacio para caminar hacia adelante hacia la oscuridad.

'Bueno, aquí va mi valentía Gryffindor. Espero que no haya otro basilisco esperando al final, sea donde sea que conduzca esto' pensó con gravedad.

A medida que caminaba por el pasillo, las antorchas de llamas verdes se iban encendiendo y las que dejaba atrás se apagaban. Caminó por unos metros, hasta que llegó nuevamente a otra pared, aunque esta tenía dos basiliscos tallados en oro, enfrentándose uno a otro, con dos esmeraldas bien brillantes en sus ojos.

Apenas llegó a la puerta, se abrieron hacia dentro, dando paso a lo que era un estudio bien iluminado. Le recordaba a la oficina del director, aunque en otros tonos. Predominaban el verde, el plateado y el negro.

'Típico de Slytherin' pensó.

Había una gran alfombra con un basilisco en ella, un elegante escritorio negro contra la pared del fondo, con una gran silla que parecía más un trono. A los costado había cuatro puertas, con una serpiente tallada en cada una, dos en cada extremo.

Ingresó más en el estudio, mirando alrededor la decoración. Se aventuró en la primera puerta de su derecha, que le dio paso, sin ninguna orden, para encontrar lo que parecía un laboratorio de pociones. Observó que había varios calderos de diferentes materiales, muchos elementos necesarios como cuchillos, cucharones y viales, y al fondo un gran armario, donde suponía que podría haber ingredientes.

Recorrió con la vista, antes de volverse e ingresar a la puerta que estaba al lado. Dio un paso dentro, para fruncir el ceño. La habitación no tenía nada. Era completamente blanca, sin absolutamente nada. Se encogió de hombros y volvió a lo que era la zona central.

Se dirigió al otro extremo y la puerta que le dio paso lo llevó a una biblioteca. Abrió los ojos. Esto era algo de un valor incalculable. Los conocimientos que podría adquirir de esos libros era algo invaluable, porque dudaba que existieran copias que se puedan conseguir en otro lado, y estaba convencido que esto eran los aposentos de Salazar Slytherin. Mil años de historia en esos libros.

Reprimió el deseo de abrir uno de los tomos. Con el cansancio que cargaba, dudaba que pudiera entender una palabra de lo que leyera. Salió de la biblioteca y se dirigió a la última puerta. Era una habitación, con una gran cama, un poco más del doble del tamaño de la de su habitación en la torre de Gryffindor. Tenía sábanas verdes de lo que parecía seda. Un armario de gran tamaño en un costado, y una puerta que daba lugar a lo que pensaba que era un baño. Sus ojos prácticamente se cerraban del agotamiento, así que se acercó a la cama y sin desvestirse se acostó, en lo que a él le pareció el colchón más suave y agradable que alguna vez haya sentido. Cerró los ojos y se durmió instantáneamente.

Nunca se percató que en el gran sillón detrás del escritorio, un marco con una pintura se materializaba. Salazar Slytherin abrió sus brillantes ojos esmeralda.