Harry se quedó congelado en su asiento. No podía creerlo. No quería creerlo.

'Una parte de Voldemort vive en mí. Una parte de Voldemort vive en mí' repetía su mente constantemente. Una y otra vez.

Por eso le ardía. Por eso tenía esos sueños. Por eso tuvo esas visiones en el verano. Estaba conectado a Voldemort. Él. Voldemort. Una conexión. Única.

Harry comenzó a temblar. De rabia. De angustia. De dolor.

Quien era el responsable de su sufrimiento, de no haber crecido con padres que lo amaran, de no haber vivido la infancia que todo niño debería tener, de causarle una vida llena de dolor, tenía una parte de su alma conviviendo con la suya.

Se sintió enfermo. Asqueado consigo mismo por llevar en su interior esa repugnancia. Sentía arcadas, y no las detuvo. Exteriorizó todo lo que había ingerido no hacía mucho tiempo. Pero no le importaba. El dolor en su garganta por el esfuerzo era un bálsamo con respecto al dolor que sentía por dentro.

Podía sentir un veneno corrosivo en su sangre. Casi sentía su presencia ahora que era consciente de lo que habitaba en él.

Los temblores en su cuerpo fueron aumentando, su vista volvió a nublarse. Su sistema auditivo ya no captaba lo que Salazar le decía, o si en realidad decía algo. Creía que estaba sentado, o quizás estaba de rodillas en el piso luego de vomitar. No lo sabía. No sentía su boca. No era capaz de discernir ningún aspecto físico en él. Sólo la rabia. Pura rabia que emanaba de él. Era levemente consciente de que su magia había empezado a salir dentro de él en ráfagas. No le importaba.

En realidad, se alegraba. Necesitaba expulsarlo. Necesitaba arrancarse esa abominación de él. Y matarlo. Desaparecerlo de la existencia.

Las ráfagas de viento se arremolinaban a su alrededor. El aura dorada una vez se hizo presente a su alrededor, pero ahora más fuerte que cuando había sucedido en la Torre de Gryffindor. El retrato de Salazar sintió como un leve temblor sacudía su marco, el asiento donde estaba colocado y todo el área del estudio.

"¡Harry, ve a la zona de práctica!" gritó Salazar. Sabía que si emanaba un pulso de magia probablemente destruiría toda la zona. O al menos dañaría gravemente todo, a su pintura incluida. Al menos la cámara de magia podría contenerla. No era su objetivo, pero funcionaría de mejor manera que la parte donde se encontraban en ese momento.

"¡La cámara de magia! ¡VE ALLÍ!" gritó con todas sus fuerzas, rogando que el sonido penetrara toda esa magia condensada alrededor del joven. Estaba muy sorprendido por lo que sus ojos veían, pero a la vez estaba preocupado por lo que podía pasar si no iba a esa zona.

Mientras Salazar intentaba gritarle, Harry seguía acumulando poder. Su magia canalizaba todas las emociones que estaban corriendo por dentro.

Levemente oyó algo de cámara y magia. No supo cómo, pero de alguna manera instintiva se dio cuenta que allí donde se encontraba no podía expulsar su magia como quería. Se puso de pie tentativamente mientras su contorno seguía creciendo. No sabía si respiraba, si veía, si escuchaba. No sabía nada. Sólo la necesidad de sacarlo afuera inmediatamente.

Sin darse cuenta llegó a la cámara de magia. Toda blanca. Y cuando estuvo dentro, de alguna manera supo que no podía contenerlo más.

Gritó con todas sus fuerzas por el esfuerzo. Se produjo una explosión y Harry sintió como su magia se exteriorizaba con todas sus fuerzas.

Lo último que vio fue negro, antes de desmayarse por completo.

Luego de lo que a Harry le parecieron días, tentativamente abrió los ojos. Se sentía desorientado y agotado. Le dolían todos los músculos del cuerpo, y todos los huesos también. Veía todo borroso. ¿Era algo blanco o gris lo que estaba viendo?.

Sentía que estaba acostado sobre una superficie plana, que le resultaba incómoda. Estaba con los brazos estirados a los costados. Intentó levantarse para apoyarse en sus codos, sólo para fallar debido al dolor que sentía, y caer nuevamente y golpearse la cabeza.

Un aullido de dolor escapó de su garganta, que ardió debido a la sequedad que sentía. El dolor de cabeza producto del golpe contra el suelo se sumó a todo el agarrotamiento que sentía. Se quedó acostado intentando normalizar su respiración, para ver si la punzada en la parte posterior de la cabeza donde se produjo el impacto disminuía. Intentó mover su cuerpo una vez más, sólo para notar más dolor en lugares que no sabía que existían. Era como si al menos diez bludgers lo hubieran golpeado sin cesar por horas y horas sin poder defenderse ni moverse.

No supo por cuánto tiempo estuvo allí tendido. Su vista seguía borrosa, percatándose de que en algún momentos sus lentes deben haber volado de su rostro. Lentamente el recuerdo de lo que había sucedido inundó su mente. Otra vez había perdido el control de su magia. Y esta vez debió haber sido mucho peor para haber perdido el conocimiento.

Con un gemido de dolor, probó levantarse por segunda vez, y a pesar de la protesta de su cuerpo, pudo sentarse. Tocó alternativamente a su alrededor buscando a tientas sus gafas, y cuando las localizó, se las puso, sólo para encontrar uno de los cristales rajados. No podía arreglarlos debido a que no tenía varita.

"Dobby" exclamó débilmente. Necesitaba agua.

El elfo apareció con un chasquido a su alrededor y lo miró preocupado.

"¡Maestro Harry, ¿se encuentra bien?!" preguntó.

"Si, estoy bien Dobby, necesito dos favores" dijo cerrando los ojos por la punzada en su cabeza.

"Lo que sea para el Maestro Harry."

"¿Puedes arreglar mis gafas? Y necesitaría una copa de agua por favor".

Dobby chasqueó los dedos y el cristal que estaba roto se arregló sin problemas. Luego una copa de plata se materializó flotando enfrente de ellos. Harry lo tomó y bebió el agua que estaba fría, y fue una caricia para su garganta necesitada. La vació en dos tragos, y volvió a llenarse. Su segunda copa fue terminada con un poco más de calma.

"Muchas gracias Dobby" expresó Harry muy agradecido y con su voz un poco mejor.

El elfo sonrió y se fue.

"¿Vas a quedarte ahí para siempre niño?" preguntó una voz desde el otro cuarto.

Harry escuchó, e intentó ponerse de pie. Se tambaleó para enviar una rodilla al piso y evitar caerse de bruces hacia adelante. Haciendo un esfuerzo mayor, pudo levantarse completamente, y a paso lento salió de la recámara y dirigirse a la zona central. Una vez en la silla, se sentó pesadamente. Se sentía exhausto.

"Bien, veo que estás vivo y aparentemente sano" exclamó Salazar, relajando su expresión.

"Siento que me pasó una manada de centauros por encima".

"Si, supongo que es una expresión adecuada".

"¿Qué me sucedió?".

"Bueno, aunque muy impresionante debo admitir, perdiste el control y expulsaste tu magia. Por suerte pudiste escucharme y te dirigiste a la otra habitación, que contuvo la explosión. Si te hubieras quedado, habrías destruido esta zona, incluyéndome, y probablemente toda mi creación" lo reprendió exasperado.

"Lo siento, creo que lo perdí completamente" dijo cerrando los ojos. La revelación que le soltó Salazar volvió al frente de sus pensamientos, revolviendo su estómago.

"Si, puedo apreciar que te sientas así" dijo comprensivo.

"Es algo atroz" dijo Harry con voz trémula.

"Sin dudas".

"¿Qué puedo hacer? No quiero vivir ni un segundo más con esa abominación en mi" dijo con desesperación en su voz.

"Bueno, claramente has destruido un Horrocrux con veneno de basilisco. Pero ya tienes el veneno en tu sangre y fue neutralizado por las lágrimas de fénix" empezó Salazar pensativo. "Por lo que tendremos que buscar otra alternativa".

"Haré lo que sea para sacar esta cosa de mí" dijo decidido. Luego de unos segundos, su expresión se volvió una de terror. "¿Y si esta pieza del alma de Voldemort pudiera apoderarse de mi cuerpo?".

Salazar frunció el ceño y lo pensó con seriedad. Luego de varios segundos habló.

"Como dije, no me familiaricé en estas atrocidades, pero puedo deducir que no es imposible, aunque poco probable" dijo lentamente. "Primero, no creo que Riddle sea consciente de que una pequeña parte de él resida en ti, por lo que no va a instigar a que tome control de tu cuerpo. Y segundo, tampoco creo que esa pieza sea lo suficientemente grande o poderosa para hacerlo. De nuevo, son sólo conjeturas. Mi mejor sospecha es que apenas es una astilla, un remanente de lo que era un alma ya varias veces fracturada e inestable".

Harry exhaló un suspiro de alivio que no sabía que estaba sosteniendo. Una leve calma inundó su sistema. No quería convertirse en Voldemort.

"Aún así, estoy haciendo lo que sea necesario para eliminarlo completamente" dijo decidido.

"Como debe ser" asintió Salazar. "Pero tenemos mucho que tratar todavía. Lo primero que tenemos que resolver es que consigas una nueva varita. Así puedes lanzar el encantamiento del tiempo, y será mejor para ti".

Harry asintió. Era urgente obtener una nueva. Necesitaba ponerse al día. Tenía un millón de cosas en la cabeza. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que bajó a la Cámara, y muchos se deben estar preguntando su ubicación.

"Al no tener experiencia y práctica con la aparición, necesitas encontrar un fabricante de varitas. Mi conocimiento de esa rama era elevado, creé mi propia varita. Pero se requiere mucho estudio, años para una comprensión básica, y no tenemos ese tiempo ni mi ayuda será mucha" reconoció Salazar.

"Si, hay un fabricante en el Callejón Diagon, fue él quién me vendió la que tenía" dijo Harry. "Pero no puedo salir del castillo" gimió.

"Esta cámara está exenta de los resguardos y barreras del castillo. No puede localizarse, ni nadie recordará su ubicación a menos que tú lo permitas. Desde esta zona puedes ir y venir con tranquilidad que nadie sospechará".

"Eso es algo impresionante" admitió Harry, sabiendo que no se podía aparecer en Howgarts.

"Por supuesto" dijo engreídamente. "No crees que iba a dejar que alguien indeseado supiera o pudiera encontrar de esta maravilla que construí. Ahora, volviendo al tema de la varita, tengo un par de ideas. Mi varita era del cuerno de mi basilisco. Y al tener su veneno en tu sistema, creo que puede ser algo que sirva de compatibilidad. Recomiendo que cortes un trozo de la piel de Baskil y un poco de su veneno que hay en el gabinete. Si es un creador competente, estará entusiasmado con la idea de usar esos ingredientes" dijo Salazar.

Harry asintió y luego se le ocurrió otra idea.

"Dijiste que el hecho de que el veneno estuviera en mi sistema quizás hiciera que una nueva varita fuera compatible. Ya que tengo también lágrimas de fénix en mi sangre, que resultó ser el mismo fénix que entregó la pluma que tenía en mi núcleo, ¿crees que si consiguiera unas gotas de sus lágrimas también funcionará?".

Salazar consideró con seriedad sus palabras, mientras acariciaba a su familiar.

"Eso es una idea excepcionalmente brillante e inusual, y pienso que el fabricante estará eufórico si puedes llevarle todo para que trabaje" reconoció muy impresionado. "Sugiero que lleves también los restos de tu varita rota, sobre todo el núcleo. Después de todo, los fénix resurgen de las llamas, por lo que quizás pueda usarse" dijo más para sí mismo. "Si lo logra será una varita extraordinaria."

Harry sonrió ante la idea de tener una varita de ese calibre, y rápidamente se dirigió al laboratorio a buscar el veneno. Lo encontró enseguida en viales separados con la etiqueta "Veneno de Baskil". Luego encontró una daga que le serviría para cortar un trozo de la corteza de la serpiente, y también agarrá un vial vacío para almacenar las lágrimas de Fawkes, si es que el ave accedía a entregárselas.

Luego se dirigió fuera del estudio, donde el pasillo le resultó muchísimo más corto que cuando ingresó, y se dirigió hacia el cadáver de la serpiente. Si era posible, le parecía aún más imponente y aterrador estando a unos pocos centímetros, y una pequeña parte de él estaba aterrorizado temiendo que despertara y lo atacara.

Negando la cabeza, se acercó y cortó un trozo de la piel. Le resultó extremadamente difícil. Sabía que su piel era de lo más mágicamente resistente, y parecía tan imperforable como un diamante. Luego de varios minutos renegando para obtener un pequeño trozo que esperaba que fuera suficiente para Ollivander, se alejó de la bestia.

"Veamos si esto funciona" dijo en un susurro. "¡Fawkes!" gritó con voz clara.

Esperó un par de segundos, y cuando se estaba desanimando y creyendo que no iba a ser posible, un gran estallido de fuego frente a sus hijos apareció. Frente a él, el majestuoso fénix color escarlata revoloteaba cantando una melodía que alegraba el corazón de Harry, y lo hizo sonreír. Luego de un par de vueltas, aterrizó frente a él.

Harry se arrodilló, y acarició el plumaje que estaba caliente al tacto, pero que extendía su calor por la mano y todo el brazo de Harry. Si él tuviera que adivinar, estaba en su máxima expresión de lo bien que se veía.

"Eres increíble Fawkes" susurró con reverencia, sin dejar de sonreír. Le debía la vida a la criatura por los sucesos de segundo año, y el hecho de que una de sus plumas haya sido su núcleo le daba la sensación de que compartían una conexión única.

"Sé que es mucho lo que te pido, pero quería saber si podrías entregarme una o dos lágrimas. Mi varita se rompió, y como ya corren por mi sangre, pienso que sería una buena idea ver si son compatible con tu pluma y el Sr. Ollivander puede crear una nueva varita con tu pluma amigo" dijo Harry suavemente, mirando al fénix a los ojos y esperando que entendiera su necesidad. "De otra forma jamás te lo pediría, sé lo que te cuesta desprenderte de ellas" susurró.

Fawkes lo miró fijamente por unos momentos, ladeando su cabeza, como si lo analizara. Harry se sintió atravesado por sus ojos negros, como si lo estuviera juzgando por su petición. Luego de lo que a Harry le parecieron segundos eternos, el ave extendió sus alas y emitió un nuevo y hermoso canto, dándole a Harry la confirmación que accedía a su pedido.

El joven sonrió ampliamente, y cuando sacó el vial vacío, el fénix se inclinó hacia adelante, llorando y derramando tres lágrimas dentro de él. Luego recobró su postura, y Harry tapó el vial, guardándolo cuidadosamente en su bolsillo donde descansaban los restos de su varita.

"Muchas gracias Fawkes, eres brillante" dijo Harry con sinceridad y agradecimiento sin perder su gran sonrisa, y acariciando una vez más el plumaje.

El ave parpadeó un par de veces, antes de tomar vuelvo, volver a lanzar unas notas de canto alegre y desaparecer del lugar con otro estallido de fuego.

Harry se quedó allí arrodillado unos minutos, deleitándose todavía ante la sensación reconfortante y de paz que el fénix había generado en el ambiente, antes de ponerse de pie y llamar a Dobby.

El elfo apareció con un suave 'pop', y se enfocó en Harry.

"¿Qué puede hacer Dobby por el Maestro Harry?" dijo ansiosamente.

"Dobby, ¿puedes llevarme al Callejón Diagon?".

"Si Maestro Harry, Dobby puede hacer eso" asintió con entusiasmo.

"Muy bien. Oh, espera un segundo" dijo rápidamente antes de tomar la mano que le extendía el elfo.

Volvió corriendo al estudio, y entró con rapidez en el estudio, ante la interrogante mirada del retrato. Hurgó en su baúl, y tomó la capa de invisibilidad. No sería prudente que alguien lo viera en el Callejón.

Cuando volvió con Dobby, tomó su mano y le pidió que lo llevara a una parte del distrito comercial donde nadie los viera. El elfo los apareció en un pequeño espacio entre dos tiendas, que estaba medio escondido y pasaba desapercibido para la mayoría de los transeúntes. Afortunadamente para Harry, estaba prácticamente vacío. Suponía que era tarde, y rogaba que la tienda de Ollivander estuviera abierta.

Colocándose su capa, salió del espacio donde había llegado, y comenzó a caminar hacia la tienda que tenía como destino. Cruzó una o dos personas lo suficientemente lejos como para que no escucharan sus pasos, y una vez que llegó a la tienda, primero se aseguró que nadie mirara, antes de abrir la puerta lo menor posible e ingresar.

Una vez dentro, esperó a que Ollivander se asomara detrás de uno de los pasillos donde estaba hurgando, y cuando frunció el ceño ante la recepción vacía, se quitó la capa dando a conocer su presencia.

"¡Sr. Potter!" exclamó muy sorprendido por su repentina presencia. "Tengo que decir que es un placer que esté aquí, aunque me resulta muy intrigante" dijo escudriñándolo.

"Buenas tardes Sr. Ollivander, para mi también es un placer estar acá, aunque las circunstancias no sean ideales. Verá, tuve un pequeño altercado, y mi varita se partió por la mitad" dijo apenado.

"Oh, eso es algo lamentable Sr. Potter, y me duele decir que si busca una nueva varita no será igual de eficaz que la que tenía" dijo arqueando las cejas.

"Si, lo entiendo perfectamente. Pero se me ocurrió una idea" dijo Harry con una pequeña sonrisa, sacando su varita rota unida por un filamento rojo brillante y colocándola en el mostrador.

Ollivander alzó las cejas ante el escenario.

"Me temo que esto está más allá de alguna posible reparación Sr. Potter" dijo suavemente, acunando los restos en sus manos con una delicadeza extrema. "Siempre es doloroso ver una de mis creaciones destruidas de tal manera".

"Puedo entender el sentimiento Sr." admitió Harry. Le dolía lo que quedaba de su antigua compañera. Pero la perspectiva de una varita mejor lo animó.

"Verá, hace dos años, tuve un enfrentamiento con un basilisco. Tuve la desgracia de que me mordiera y su veneno se filtrara en mi sistema. Por suerte para mi, el mismo fénix dueño de la pluma de mi varita derramó lágrimas curándome".

Si Ollivander estaba sorprendido, con esta revelación sus cejas se alzaron tanto que parecía que tocaran su cabello.

"Había escuchado rumores, como todos, pero saberlo con certeza es algo sorprendente e inquietante" dijo.

"Si, no lo dudo" respondió con una pequeña sonrisa. "Volviendo a mi idea, me las arreglé para obtener un trozo de la piel de la serpiente que amablemente me dio su veneno, que también traje conmigo, y el fénix gentilmente me entregó unas lágrimas. Quería saber si era posible que usted pudiera combinar esos tres elementos con la pluma que residía en mi antiguo núcleo, considerando las.. inusuales circunstancias de todos ellos en mi" terminó, intentando mantener una voz monótona, y esperando que a Ollivander no le resultara ridícula la idea. "No tengo idea de si son funcionales entre sí, sólo me desconsuela la idea de perder la pluma que poseía" admitió en voz baja.

Ollivander lo miró fijamente durante varios momentos, con una expresión de total concentración en su rostro y el ceño levemente fruncido.

"Esa es una idea excepcionalmente… inusual Sr. Potter" comenzó lentamente. "Considerando que el veneno y las lágrimas corren por su sangre, y considerando que está intrínsecamente conectado a los otros dos elementos, supongo vagamente que es posible. Considerando que son un basilisco y un fénix son bestias totalmente opuestas, me resultaría todo un desafío crear una varita de ese calibre" dijo más para sí mismo que para Harry. "Asumo que tiene todos los componentes con usted".

Harry asintió y colocó encima del mostrador el pedazo de piel, y los dos viales con el líquido.

"Muy bien Sr. Potter. Primero acompáñeme a la parte trasera, probaremos algunos tipos de madera para su varita, y ver si se siente atraído por algún material específico. Después tendré que probar cómo podrían funcionar los componentes entre sí" explicó Ollivander, dirigiéndose a una puerta en la parte de atrás del local, con Harry detrás de él.

Ingresaron en una habitación con una gran mesa donde descansaban numerosas cajas con muestras de distintos tipos de madera.

"Por favor Sr. Potter, cierre los ojos y pase caminando con su mano extendida. Y sienta, si puede, alguna conexión con un tipo de madera en particular".

Harry asintió, y cerró los ojos concentrándose. Extendió su mano y comenzó a caminar. Dio varios pasos hasta sin sentir nada, hasta que de repente un cosquilleo recorrió su mano. Abrió los ojos y miró a su mano sobre una de las cajas.

"Aquí sentí un leve cosquilleo creo" dijo Harry inseguro.

"Está muy bien Sr. Potter. Esto es nogal negro. No es común eso puedo informarle. Fíjese si puede sentir alguna otra conexión".

Harry volvió a asentir, y trató de sentir algo más. Se quedó de pie, intentando conectarse de alguna manera con su entorno, pero creía que no estaba teniendo éxito. Estaba por rendirse, cuando sintió una sensación de calor que le atraía. Sin pensarlo demasiado, se dejó llevar unos pasos de dónde estaba, hasta que llegó a donde ese presentimiento se hizo muy fuerte. Era algo instintivo, y se sentía bien. Abrió los ojos, para encontrarse con una caja que contenía un único trozo pequeño de madera dentro.

"Este de aquí" dijo Harry seguro. "Sentí que me atraía de una forma natural" explicó.

Ollivander lo miró por unos segundos, antes de negar con la cabeza.

"Usted está lleno de sorpresas Sr. Potter. Eso es acacia. Es un tipo de madera inusual, y como verá, tengo una sola muestra para trabajar" reconoció, mirando la madera con sorpresa. "Muy bien, vaya al frente y espéreme, no puede ser testigo de la creación de la varita, los fabricantes tenemos que guardar los secretos del oficio" dijo Ollivander con una sonrisa afable. "No será una tarea sencilla, por lo que puede que me lleve un par de horas" admitió.

"No hay problema señor, esperaré sin problemas" dijo Harry encogiéndose de hombros.

Luego volvió a la parte delantera de la tienda y tomó asiento disponiéndose a esperar, mientras Ollivander iba a otra puerta más atrás para empezar con su trabajo. El cansancio levemente comenzó a filtrarse en Harry, y sus párpados comenzaron a cerrarse. No supo cuánto tiempo estuvo esperando dormido, hasta que el ruido del golpe de unos apresurados pasos lo sobresaltaron. Abrió los ojos sorprendido por haberse quedado dormido y los enfocó en la figura del fabricante que venía entusiasmado y una expresión de orgullo en su rostro.

"Tome Sr. Potter, por favor, pruébela" dijo con éxtasis el anciano, abriendo una caja donde reposaba una varita con un color negro tornasolado que le daba un aspecto de lo más extravagante. "Me costó muchísimo trabajo y esfuerzo, y puedo decir sin dudas que es la mejor varita que he creado en toda mi carrera. Una varita renacida de la pluma de un fénix, algo que jamás escuché que haya sucedido" expresó con un inusual tono de voz. Se notaba que estaba muy excitado con esta nueva varita.

Harry se puso de pie, y tentativamente estiró el brazo y tomó el delicado trozo de madera. Al principio no sintió nada, luego de un par de segundos una pequeña electricidad, como si esta nueva varita lo estuviera probando, y después de lo que parecieron horas, se produjo un resplandor dorado y plateado que provenía de su mano que se fue haciendo más cada vez más grande, cegándolos y haciendo que tuvieran que entrecerrar los ojos, hasta que un pulso de energía salió despedido de ese resplandor.

Harry sintió algo especial recorriendo su mano, su brazo, y luego por todo su cuerpo, llenándolo de magia completamente. Se sentía en una sintonía que jamás sintió con su vieja varita, y podía sentir el poder que emanaba. Necesitaba usarla, la varita le pedía a gritos que hiciera magia inmediatamente.

"¡Es increíble!" exclamó Harry, sin poder creer lo que estaba sintiendo.

Ollivander estaba sin palabras ante lo que había sucedido delante de sus ojos. Y luego de unos momentos donde le costó recobrar la compostura, asintió eufóricamente.

"Sin dudas es la mejor creación que he hecho. Y puedo decir que vaticino que podrá realizar magia de manera extraordinaria Sr. Potter. En todos mis años de profesión, jamás presencié algo como lo que acaba de suceder. Creo que el hecho de que los componentes estén tan conectados a usted, hace que su conexión con esta nueva varita sea la más estrecha que cualquier mago o bruja puede requerir de una varita. Y dudo seriamente que alguien más pueda conseguir ese nivel de complicidad" explicó, observando todavía el lugar donde Harry sostenía el peculiar trozo de madera.

"Sentí que me estaba juzgando al principio" reconoció Harry.

"Como ya le he dicho la anterior vez que me visitó Sr. Potter, la varita elige al mago. Quizás por sus circunstancias vividas puede que esté más inclinado a los elementos en el interior de su varita, pero mi suposición es que puso a prueba para ver si era digno de su poder" dijo el anciano.

"Verá, haré una excepción y le contaré un poco cómo pude lograr esta obra de arte. Primero enrollé la pluma de fénix de su viejo núcleo en la piel de basilisco, que es lo que originalmente iba a ser el nuevo núcleo; y luego mezclé el veneno y las lágrimas, dos componentes totalmente opuestos. El veneno que es de lo más letal y destructivo, y las lágrimas que son lo más puro y curativo que existe en el mundo. Juntos conformaron una sustancia altamente mágica, explosiva e inestable, y tuve que apresurarme a rociarla sobre lo que iba a ser el nuevo núcleo. Al entrar en contacto los dos componentes, se creó un nuevo elemento, único en sus características. Un filamento capaz de producir tanto magia destructiva como constructiva a niveles que no deberían ser posibles." explicó, con orgullo en su voz por haber logrado lo que claramente era una hazaña.

"Luego tuve el dilema con la madera. La acacia por sí sola no era capaz de contener el poder que emanaba ese núcleo, por lo que tuve que improvisar diluyendo el nogal negro, y luego colocándolo encima de la acacia. El resultado fue ese color tan llamativo a la vista. La unión de las propiedades mágicas de los dos tipos de madera que estaban en sintonía con usted, tan distintas entre sí, de alguna manera rara logró no sólo contener el núcleo, sino redirigirlo de para que cuando usted blanda la varita, pueda aprovechar al máximo el potencial disponible".

"Impresionante señor. Usted es un artesano sin dudas" dijo admirando su nueva varita, moviéndola y deleitándose con los efectos que generaba a la visión. "¿Cuánto le debo?" preguntó luego, muy contento.

"Mis varitas cuestan 7 galeones Sr. Potter, ni más ni menos. Aunque debo cobrarle 10 galeones extras por utilizar mi última reserva de acacia. A cambio le fabriqué esta exquisita funda para su varita con la piel de basilisco restante. Creo que lo encontrará muy apropiado y dudo que alguien pueda convocar su nueva adquisición cuando la esté guardando dentro" dijo con una divertida risa, entregándole la funda.

Harry pagó sin problemas, el precio no era nada a cambio de una varita tan excepcional, y recibió la funa, que rápidamente colocó en su antebrazo. Le sorprendió lo bien que se adaptó, prácticamente no la sentía, y con un mínimo e imperceptible movimiento de su muñeca era capaz de deslizar su varita a su mano. ¡Era algo increíble!

"Esto es fantástico Sr. Ollivander" dijo con admiración en su voz. "¡Muchas gracias!" dijo con una gran sonrisa.

El anciano se rió alegremente ante sus palabras.

"Yo soy el que debe darle las gracias Sr. Potter, me planteó un desafío de lo más exigente que surgió de una idea suya, y me permitió trabajar con componentes tan exóticos y distintos entre sí, que dudo que vuelva a siquiera verlos. Y sobre todo el conocimiento que adquirí a través de esta experiencia, sin dudas serán invaluables para las generaciones futuras de fabricantes de varitas".

"El único consejo que puedo darle, es que no permita que otra persona manipule su varita. Dudo que alguien pueda al menos sostenerla sin consecuencias por algo más de unos segundos, y si quisieran usarla, bueno, digamos que no sería agradable. No mencionemos si alguien lo quisiera hacer en su contra, eso sería severo" dijo con una risa maliciosa.

Harry asintió, alegrándose internamente de que nadie más podría usar su varita. Eso tenía un valor incalculable.

"Adiós Sr. Ollivander, gracias por todo volvió a agradecer, y se dispuso a ponerse la capa al lado de la puerta, para abrirla y evitar que alguien lo viera salir. El anciano lo vio volverse invisible, y abrió los ojos muy sorprendido, recordando la forma en que el joven se materializó de la nada en su recepción cuando llegó. Vio que su puerta se abría levemente y lo llamó.

"¡Sr. Potter!" vio que la puerta se abría y permanecía abierta. "Como dije, usted está lleno de sorpresas. Es un artefacto único el que posee. De alguna manera no me sorprende. Sólo le sugiero que lea 'Los cuentos de Beedle el Bardo'. Creo que la lectura será de lo más informativa para usted".

La puerta permaneció abierta por unos segundos más, antes de que se cerrara con suavidad. Ollivander suspiró y negó con la cabeza. A veces la magia era tan impredecible.